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      <titleStmt>
        <title>Parecer de don Francisco de Córdoba acerca de las <hi rend="i">Soledades</hi>, a
          instancia de su autor</title>
        <author key="Fernández de Córdoba, Francisco (abad de Rute)">Francisco Fernández de Córdoba</author>
        <editor>Muriel Elvira</editor>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>OBVIL</edition>
        <respStmt>
          <name>Mercedes Blanco</name>
          <resp>relecture</resp>
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        <respStmt>
          <name>Pedro Conde Parrado</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Jaime Galbarro</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Sara Pezzini</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Hector Ruiz</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Sorbonne Université, LABEX OBVIL</publisher>
        <idno>http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1614_parecer</idno>
        <date when="2015"/>
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            >http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/fr/</licence>
        </availability>
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        <bibl>BFBM, B106-V1-36: 131r-145v [antigua referencia cuando el manuscrito estaba en
          Madrid: Registro 6454, signatura: 18/10/11]</bibl>
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      <p>L’édition comporte trois niveaux de notes. note[@place="bottom"] : notes d’éditeur (décimal
        par défaut) note[@place="margin"] : notes marginales de l’auteur (pas de numérotation)
        note[@type="app" rend="I"] : notes d’apparat (I = romain) </p>
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        <date when="1614"/>
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      <langUsage>
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  <text>
    <!--
      <div>
        <head>Datos bibliográficos</head>
        <table>
          <row>
            <cell>Editor científico</cell>
            <cell>Muriel ELVIRA</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Autor</cell>
            <cell>Francisco Fernández de Córdoba, abad de Rute</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Destinatario / dedicatario</cell>
            <cell>Luis de Góngora y Argote</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Título</cell>
            <cell><hi rend="i">Parecer de don Francisco de Córdoba acerca de las</hi> Soledades, <hi rend="i">a instancia de su autor</hi></cell>
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          <row>
            <cell>Fecha</cell>
            <cell>1614</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Fuentes</cell>
            <cell>BFBM, B106-V1-36, f. 131r-145v [antigua referencia cuando el manuscrito estaba en Madrid: Registro 6454, signatura: 18/10/11]</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Ediciones modernas</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">Orozco (1969c: 130-145)</p>
              <p rend="noindent">Carreira (2008: II, 493-513)</p>
              <p rend="noindent">Martínez Arancón (1978: 13-28)</p>
              <p rend="noindent">Sliwa (2004: 572-587).</p>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Responde a otro texto</cell>
            <cell>[Alguna carta perdida de Góngora de 1613]  1614_parecer</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Referencias a la polémica</cell>
            <cell>1613_carta-valencia</cell>
          </row>
        </table>
      </div>
      -->
    <body>
      <div type="introduction">
        <head>Introducción</head>
        <div>
          <head>1. [Título] <lb/>El parecer, un género de la literatura polémica</head>
          <p>El <hi rend="i">Parecer</hi> es una carta escrita por Francisco Fernández de Córdoba,
            abad de Rute, a su amigo Góngora para darle su opinión sobre las <hi rend="i"
              >Soledades</hi>. Góngora, consciente de la novedad de su poema, quiso conocer la
            valoración de algunos de los mejores lectores de su tiempo, antes de difundirlo en la
            Corte. Mandó primero las <hi rend="i">Soledades</hi> al humanista Pedro de Valencia para
            solicitar su juicio y éste redactó dos cartas censorias para responderle: una que sirvió
            de borrador y que probablemente nunca envió, de junio de 1613, y la carta que debió de
            ser remitida a Góngora con fecha de 30 de junio de 1613<note place="bottom">Véase Pérez
              López (1988). Este libro contiene la edición de las dos cartas y un estudio
              preliminar.</note>. El segundo lector seleccionado del que nos queda constancia fue el
            abad de Rute. Góngora le hizo llegar las <hi rend="i">Soledades</hi> entre finales de
            1613 y principios de 1614<note place="bottom">Emilio Orozco, que descubrió y editó el
              texto, propuso la fecha de febrero de 1614 y, hasta donde me alcanza, nadie la puso en
              tela de juicio después. Lo único seguro en realidad es que el <hi rend="i"
                >Parecer</hi> fue compuesto entre el invierno de 1613-1614 y el verano de 1614, pues
              el abad de Rute habla de la carta de Pedro de Valencia que vio «el verano pasado», es
              decir durante el verano de 1613, en casa de un amigo común (Orozco 1969b: 57, n.
              4).</note>, a través de un amigo común, Francisco de Gálvez, nombrado al principio del
              <hi rend="i">Parecer</hi>. El abad de Rute le contestó mediante la carta erudita que
            editamos a continuación.</p>
          <p>Estas son las más conocidas, aunque no las únicas contribuciones que conservamos de la
            primera etapa de la polémica gongorina, en la cual Góngora reunió opiniones autorizadas
            sobre su poema. También conservamos otro «parecer» anónimo, editado por Antonio Carreira
            en fecha reciente<note place="bottom">Carreira (1998).</note>, y tenemos constancia de
            la posible existencia de un tercero, hoy perdido, firmado por Tomás Tamayo de Vargas,
            así como de la promesa que Baltasar Elisio de Medinilla le hizo a Góngora de darle su
            opinión por escrito<note place="bottom">Góngora escribe a Juan de Villegas el 4 de
              septiembre de 1614: «Baltasar de Medinilla, [1585-1620] grande amigo un tiempo de Lope
              de Vega, ingenio toledano que, si cumple lo que promete por su carta, será digno de
              toda estimación» (Alonso 1982c: 402 y 414). La posible existencia de un parecer
              escrito por Tomás Tamayo de Vargas se deduce de la carta del 18 de junio de 1614 que
              Góngora remitió al famoso historiador: «mas ya con lo que vuesa merced me ha escrito
              de lo que me ha favorecido y patrocinado, se ha hecho deuda el afecto; reconoceréla
              siempre y muy firmada de mi nombre, suplicándole a vuesa merced me tenga muy en su
              gracia, me honre, me enseñe y, enseñado, me defienda de tanto crítico, de tanto
              pedante, como ha dejado la inundación gramática en este Egipto moderno» (Góngora 2008:
              299). No está claro si Góngora se refiere a un parecer escrito por Tamayo de Vargas o
              a unas palabras pronunciadas por el historiador para favorecer a Góngora.</note>. Es
            posible que en los próximos años aparezcan más cartas censorias o pareceres, si se
            siguen explorando archivos y fondos antiguos de bibliotecas particulares.</p>
          <p>El título de <hi rend="i">Parecer</hi> es pues una categoría genérica y no el nombre
            que dio voluntariamente el abad de Rute a su primera intervención en la polémica
            gongorina. Este título le fue dado por el compilador del llamado «manuscrito Gor», único
            testimonio que recoge la carta de Fernández de Córdoba, en el que se introduce el texto
            de la siguiente manera: «Parecer de don Francisco de Córdoba acerca de las <hi rend="i"
              >Soledades</hi> a instancia de su autor». Nombre genérico, decimos, porque los
            pareceres son una categoría tradicional de la literatura polémica, como lo atestiguan
            por ejemplo el <hi rend="i">Parere in difesa dell’ Ariosto</hi> de Francesco Patrizi, de
            1584, escrito a raíz de la polémica entre los partidarios de Tasso y los de Ariosto; o
            también, esta vez entre las piezas de la polémica de Dante, el <hi rend="i">Parere del
              Dubbioso intorno alla riposta del primer argomento del Castravilla</hi>, escrito por
            Francesco Bonciani, en una fecha desconocida<note place="bottom">Véase al respecto
              Weinberg (1961), especialmente los capítulos titulados «The quarrel over Ariosto and
              Tasso» (1961: 2, 954-1073) y «The quarrel over Dante» (1961: 2, 819-876).</note>.</p>
          <p>Como su propio nombre indica, el <hi rend="i">Parecer</hi> es una opinión personal, una
            valoración de las obras de Góngora contenida en una carta íntima, aunque pensada para
            ser leída por un grupo de personas alrededor del poeta. Que el abad de Rute esperaba ser
            leído por un grupo de personas, y no sólo por Góngora, es evidente, porque la lectura
            pública de cartas de temas literarios era una práctica común en aquel entonces y, sobre
            todo, porque el autor del <hi rend="i">Parecer</hi> escribe que leyó la correspondencia
            semi-privada, semi-pública entre Pedro de Valencia y Góngora, lo cual indica que sabía
            que su propia epístola era susceptible de conocer la misma difusión. En efecto, un
            estudio atento de la documentación disponible demuestra que alguien como Juan de
            Villegas, alcalde de Luque, coleccionaba las cartas de Pedro de Valencia (y quizás de
            otros admiradores de Góngora), seguramente para organizar la defensa del poeta<note
              place="bottom">Juan de Villegas era un amigo de Góngora, como lo prueba el soneto que
              éste le dedicó («En villa humilde sí, no en vida ociosa») y el mensaje que le remitió
              el 4 de septiembre de 1614, para hablarle de cómo estaba organizando su propia defensa
              (Alonso1982c). En este documento, Góngora pide a Villegas que devuelva «la carta de
              Pedro de Valencia», para entregarla a Pedro Díaz de Rivas que la quiere ver. Lo más
              probable es que la carta aludida por Góngora sea diferente del parecer de Pedro de
              Valencia antes presentado. En efecto, Pedro Díaz de Rivas publicó un corto fragmento
              de otra epístola de Pedro de Valencia, fechada el 6 de mayo de 1614, al final de los
                <hi rend="i">Discursos apologéticos.</hi> Se puede leer en (Góngora 2008: II, 518).
              Sería lógico que Góngora hablara de la carta publicada por Díaz de Rivas, porque
              corresponde con la utilización que ese amigo de Góngora efectivamente hizo de ella.
              También coincide con la cronología que conocemos: la misiva publicada por Díaz de
              Rivas le llegó a Góngora en mayo, se la pasó a Juan de Villegas durante el verano y el
              4 de septiembre el alcalde de Luque todavía la tenía. En cambio cuesta imaginar que
              Juan de Villegas haya podido conservar la carta censoria de Pedro de Valencia desde
              1613 y que solo en septiembre de 1614 Góngora se la reclame. Coincidimos pues con
              Dámaso Alonso (1982c), pese a las objeciones de Joaquín Roses (1994: 13).</note>. El
            abad de Rute sabía que las cartas eruditas acerca de la poesía de Góngora se leían y
            discutían en casa del alcalde de Luque, pues a él acudió antes de redactar su parecer, y
            bien podía pensar que su carta también se difundiría y comentaría, ya fuera en esta
            tertulia, ya en otras, como de hecho se produjo<note place="bottom">Véase más adelante
              el estudio de la difusión del <hi rend="i">Parecer</hi>.</note>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>2. [Autor] <lb/> Un erudito formado en Italia</head>
          <p>La autoría del <hi rend="i">Parecer</hi> es segura: el título del manuscrito de Gor,
            por el cual conocemos este texto, atribuye explícitamente el <hi rend="i">Parecer</hi>
            al abad de Rute y todos los indicios biográficos diseminados en la carta lo confirman.
            Francisco Fernández de Córdoba habla de su antigua amistad con Góngora; se presenta como
            muy ocupado por las responsabilidades de la iglesia (era racionero de la catedral de
            Córdoba), que le dejan ya poco tiempo para la escritura poética; alude al proceso de
            corrección de la recién terminada <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi>, que estaría a
            punto de imprimirse en Lyon por estas fechas de 1614<note place="bottom">Nicolás Marín
              López ha aclarado la cronología de la escritura y edición de la <hi rend="i"
                >Didascalia multiplex</hi> (Marín López 1972).</note>. Además, el estilo de este
            texto y la forma de componerlo no dejan la menor duda de que su autor es el mismo que el
            de la <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi>: el abad de Rute despliega, en ambos
            escritos, una erudición considerable, y reutiliza en el <hi rend="i">Parecer</hi> todo
            un utillaje conceptual elaborado en diferentes capítulos de la <hi rend="i"
              >Didascalia</hi><note place="bottom">Por ejemplo, el abad de Rute reutiliza, en el <hi
                rend="i">Parecer</hi>, el capítulo XX de la <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi>
                («<hi rend="i">Cual sea el fin de la poesía. Lugares de algunos autores
                concordados»</hi>) y también recurre al capítulo I («<hi rend="i">De mira Dæmonis
                impostura, qua nominum mentibus ante Christi servatoris adventum illusit; poëtarum
                loca aliquot explicata»</hi>), donde Fernández de Córdoba estudió el origen del
              grito de las Bacantes, para convencer a Góngora de que las lascivas Bacantes no
              constituyen una metáfora idónea para evocar las castas zagalas de la primera <hi
                rend="i">Soledad</hi>. Toda esta larga digresión está un poco lejos del poema de
              Góngora, pero muestra que el abad de Rute tenía el tema en mente.</note>. En ambos
            escritos se observa la misma meticulosidad en las referencias marginales de las citas y
            el mismo humorismo que irrumpe de manera bastante inesperada en medio de una reflexión
            muy seria<note place="bottom">Sobre el humor del abad de Rute, véase Orozco
              (1969b).</note>. En uno y otro caso, el autor demuestra una perfecta asimilación de la
            cultura literaria italiana de su tiempo, fácilmente explicable por su estancia de diez
            años en Roma: cita numerosos poetas y tratadistas italianos y hace referencia a varias
            polémicas literarias que se desarrollaron hasta finales del siglo XVI.</p>
          <p>Francisco Fernández de Córdoba nació alrededor de 1565 en Baena, pequeña ciudad cerca
            de Córdoba. Don Francisco era un vástago ilegítimo de la poderosa familia de los
            Fernández de Córdoba, que acumuló los títulos de nobleza. Entre sus antepasados se
            contaba el Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), primer duque de
            Sessa, un destacado jefe militar de la Reconquista y de las campañas militares en
            Italia, en las cuales se ganó el sobrenombre. La hija del Gran Capitán se casó con don
            Luis Fernández de Córdoba, IV conde de Cabra, tío abuelo de nuestro erudito. El hermano
            de éste, don Pedro de Córdoba, abuelo de nuestro abad de Rute, no heredó el título de
            conde de Cabra por ser segundón de la familia, aunque sí obtuvo el cargo de corregidor
            de la ciudad de Toledo y otras dignidades. Su hijo (padre de don Francisco), llamado don
            Luis Fernández de Córdoba, fue menino de Felipe II y desempeñó un papel militar activo
            en la rebelión de los moriscos de Granada y en la batalla naval de Lepanto<note
              place="bottom">Fernández de Córdoba (1962: vol. 83, 387-388).</note>. El padre de
            nuestro abad de Rute tuvo dos hijos de un matrimonio con una señora principal; fuera de
            este matrimonio nació Francisco Fernández de Córdoba de unos amores ilegítimos con una
            tal María de la Cruz, mujer humilde que terminó sus días en un convento de Córdoba<note
              place="bottom">Alonso (1982a: 204-208).</note>.</p>
          <p>El hecho de ser hijo ilegítimo llevó a don Francisco a abrazar la condición
            eclesiástica, como era habitual en esta familia<note place="bottom">De los tres hijos
              ilegítimos de don Luis Fernández de Córdoba dos fueron religiosos: el abad de Rute y
              su hermano «Fray Pedro, profeso en San Jerónimo de Granada». Una generación antes,
              ocurrió lo mismo con los hijos de Pedro de Córdoba, abuelo del abad de Rute, como éste
              lo explica en su <hi rend="i">Historia de la casa de Córdoba</hi>: «Hasta aquí son los
              hijos legítimos del Conde, además de los cuales tuvo algunos fuera de matrimonio cuyos
              nombres son: don Martín, don Bernardino, don Luis, don Diego de Cabra, y doña Leonor.
              Detrás de estos hijos hace mención el mismo Conde en su testamento, y aunque sin
              declarar los nombres: Mando (dice) a los muchachos que sabe Rodrigo de Valenzuela, <hi
                rend="i">que se procure con ellos que sean religiosos</hi>» (Fernández de Córdoba
              1962: vol. 83, 395).</note>. Pese a la bastardía, obtuvo beneficios y rentas «de
            acuerdo con la mentalidad nobiliaria de amplia solidaridad familiar tan propia de esta
            época», según escribe Raúl Molina Recio<note place="bottom">Molina Recio (2011:
              761).</note>. Francisco Fernández de Córdoba fue abad de Rute y racionero de la
            catedral de Córdoba, como lo dice explícitamente en sus obras<note place="bottom">En el
              capítulo que dedica a su padre, don Luis Fernández de Córdoba, el abad de Rute escribe
              acerca de sí mismo: «Dejó más por hijos aquel gran caballero don Luis Fernández de
              Córdoba, a don Francisco Fernández de Córdoba, abad de Rute, racionero en la Santa
              Iglesia de Córdoba, autor de esta descripción de la casa de Córdoba, y a doña Mariana,
              […] y a Fray Pedro, […]». (Fernández de Córdoba 1962: vol. 83, 389).</note>. Sin
            embargo nunca llegó a gozar el título de abad de Rute en plenitud, porque lo recibió
            únicamente con derecho a la sucesión de un primo lejano suyo, Fernando de Córdoba y
            Cardona, (¿?-1642), hijo del V duque de Sessa, quien murió muchos años después de don
            Francisco.</p>
          <p>Don Francisco se crió y se educó en Granada<note place="bottom">En medio del relato de
              la vida del tercer conde de Cabra, intercala una larga descripción de Granada y la
              concluye con estas palabras: «Esta ha sido digresión demasiada para historia.
              Perdónesele a quien debe a esta ciudad crianza y estudio» (Fernández de Córdoba 1962:
              vol. 83, 375).</note>, tal vez porque allí estaba la colegiata más adaptada a su
            futura condición. Es probable que haya estudiado en el colegio de los jesuitas de esta
            ciudad, porque en algún fragmento de su <hi rend="i">Historia</hi>, evoca con cariño la
            antigua colegiata de los santos Justo y Pastor que sirvió de sede al colegio de la
              Compañía<note place="bottom">Escribe don Francisco: «don Pedro de Castro, arzobispo de
              Granada entonces y después de Sevilla, prelado de eterna y loable memoria, fundador de
              la insigne iglesia colegiata de aquel santo lugar, cuyos sujetos, abad y canónigos,
              con su colegio de clérigos, la hermosean con letras y doctrinas y virtud, no menos que
              con su bien entendida fábrica, suntuosidad y riqueza, el edificio, iglesia y
              sacristía» (Fernández de Córdoba 1962: vol. 83, 381).</note>. Las numerosísimas
            menciones que hace de jesuitas en sus obras quizás puedan venir de las relaciones que
            trabó durante estos años con otros alumnos del mismo colegio<note place="bottom">En el
                <hi rend="i">Parecer</hi>, el abad de Rute cita al padre Juan Luis de la Cerda,
              famoso jesuita, autor de comentarios a las obras de Virgilio y Tertuliano que, según
              dice, releyó la <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi> y le corrigió pequeños errores.
              Los poemas preliminares de esta obra corren a cargo de los siguientes jesuitas: «<hi
                rend="i">Petri Manjonij societatis Iesu Theologi</hi> […] <hi rend="i">epigrama»,
                «P. Ioannis Baptistae Benitez Societatis Iesu Theologi</hi> […] <hi rend="i"
                >epigrama»; «P. Benedicti Sojo Societatis Iesu Theologi et in Cordubensi Collegio
                Eloquentiae Professoris</hi> […] <hi rend="i">epigramma</hi>» (ese Benito Sojó fue
              lector de teología en la universidad de Vilna en la Provincia de Lituania). A
              continuación se lee una carta de alabanza del abad de Rute firmada por «<hi rend="i"
                >Petrus de Hojeda Societatis Iesu Theologus</hi>» (Ese Pedro de Hojeda fue teólogo,
              catedrático de escritura del Colegio de la Compañía de Córdoba, autor de una <hi
                rend="i">Información en defensa de la Limpia Concepción de la Madre de Dios</hi>,
              Sevilla, 1616). En cambio no me consta que los dos siguientes firmantes de poemas
              preliminares pertenecieran a la Compañía de Jesús: «Joannis Aquilarii humaniorum
              literarum antiquariae doctoris […] epigramma» y un tal Gonzalo de Córdoba, teólogo.
              Además, dentro de la obra, el autor aprovecha la explicación de un fragmento del <hi
                rend="i">Libro de Job</hi> (párrafo 31) para hacer la alabanza de dos jesuitas que
              explicaron el mismo lugar, aunque en esta circunstancia no está de acuerdo con ellos:
              Martín de Roa (tío de su amigo Díaz de Rivas y autor de una <hi rend="i">Historia de
                los jesuitas en Andalucía</hi>) y Juan de Pineda (Fernández de Córdoba, <hi rend="i"
                >Didascalia multiplex</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon, 1615, p. 21). A su
              vez, el abad de Rute participó en 1611 en los preliminares de otra obra publicada por
              un padre de la Compañía: el <hi rend="i">Arte Retórica</hi> de Francisco de Castro,
              catedrático de retórica en Córdoba.</note>.</p>
          <p>Francisco Fernández de Córdoba completó su formación en Roma, donde pasó por lo menos
            diez años de su vida, a la sombra del V duque de Sessa, don Antonio Fernández de
            Córdoba, su primo segundo, quien lo llevó consigo cuando fue nombrado embajador español
            en la Santa Sede, desde el 21 de junio de 1590<note place="bottom">Esta fecha la da el
              propio abad de Rute en la <hi rend="i">Historia de la casa de Córdoba</hi> (Fernández
              de Córdoba 1958: vol. 77, 211).</note> y hasta una fecha situada entre 1600 y
              1603<note place="bottom">El expediente de limpieza de sangre de Francisco Fernández de
              Córdoba, conservado en el archivo de la catedral de Córdoba, es de 1603, por lo que
              nuestro hombre ya estaba en Córdoba por esta fecha, quizás un poco antes. Agradezco a
              Antonio J. Díaz, que ha investigado acerca del cabildo de Córdoba, la información. La
              fecha hipotética de 1604, dada por Dámaso Alonso, para situar la vuelta a España de
              nuestro erudito queda pues invalidada (Alonso 1982). Nicolás Marín López ya había
              adelantado esta fecha a 1600, fundándose en el hecho de que la información
              bibliográfica de la que dispone el abad de Rute, y que demuestra un profundo
              conocimiento de las polémicas más candentes de la escena literaria italiana, se
              termina justo antes de 1600. Además, en 1599, el V duque de Sessa envió a su hijo a
              casarse en España y mandó con él una parte de la servidumbre que lo acompañaba en
              Roma. Es muy probable, conjeturaba Nicolás Marín López, que el futuro abad de Rute
              participara en el viaje (Marín López 1994c: 66, n. 3).</note>. A su protección debió
            las rentas y los beneficios que recibió. Tenemos pocos datos sobre sus actividades en
            Roma. Lo único seguro es que allí leyó mucho e hizo acopio de libros, bien para él, bien
            para el V duque de Sessa, porque muchos de los que cita fueron editados en Italia antes
            o durante su estancia.</p>
          <p>De vuelta a España (como muy tarde en 1603), la vida de don Francisco transcurrió
            principalmente en Rute, donde residió de modo permanente, aunque con viajes frecuentes a
            Córdoba, Baena, Granada y Luque, como lo indican los fragmentos publicados de su
            correspondencia. En cambio, no vivió en Andújar, ni recibió allí las <hi rend="i"
              >Soledades</hi>, como se puede leer a veces<note place="bottom">Creemos necesario
              rectificar la interpretación, quizá algo apresurada, que de un pasaje del <hi rend="i"
                >Parecer</hi> daba Joaquín Roses (1994: 15). El fragmento es el siguiente: «Digo,
              pues, volviendo, como dicen los juristas, <hi rend="i">post liminio</hi>, por no decir
              ‘a cabo de rato, a Andújar’, al recaudo que se me dio en nombre de V. m […]» Andújar
              no es la ciudad donde recibió las <hi rend="i">Soledades</hi>, sino que forma parte de
              un refrán, utilizado para ponderar graciosamente la larga digresión que ha hecho. El
              error ha circulado, e incluso se hace eco de él Robert Jammes, justamente admirado por
              su escrupuloso rigor (Jammes 1996: 626).</note>. No se sabe con seguridad cómo y
            cuándo se conocieron Góngora y el abad de Rute. Emilio Orozco Díaz escribe que debieron
            de conocerse en Granada, en sus años mozos, cuando el abad de Rute ya residía en esta
            ciudad y Góngora se fue de visita a ésta (¿1585?), pero no justifica esta hipótesis con
            ninguna prueba documental<note place="bottom">Orozco Díaz 1968b: 68.</note>. El único
            dato seguro es que coincidieron en el cabildo de la catedral de Córdoba, a partir de
            1603.</p>
          <p>La amplia formación humanística y la erudición de don Francisco se pusieron de
            manifiesto, vuelto ya a España, en diferentes trabajos. Su libro más conocido, por el
            cual ha pasado a la posteridad, es la <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi>, una
            miscelánea de erudición en latín, que pertenece al género de las <hi rend="i">variae
              lectiones</hi>. La obra se publicó en 1615, pero estaba terminada en noviembre de
            1611, como lo prueba la fecha de la aprobación de Bernardo Aldrete, canónigo de la
            catedral de Córdoba<note place="bottom">La obra tardó en publicarse por razones que
              desconocemos, puesto que los demás textos de los preliminares se extienden a lo largo
              de cuatro años: 1612 (aprobación de Juan de la Cerda), 1613 (texto de Pedro de
              Hojeda), noviembre de 1614 (aprobación de Meschatin la Faye y Horatio Cardon, el
              librero) y diciembre de 1614 (Claudius Deville). La obra lleva en portada la fecha de
              1615.</note>. Cabe observar que el abad de Rute utiliza la expresión de «trabajos de
            juventud» para hablar de esta obra, en la dedicatoria que escribe al VI duque de
              Sessa<note place="bottom">Estas son las palabras de la dedicatoria: «<hi rend="i"
                >Primos laborum meorum fructus (vereor ne praecoces et insuaves) excellentissime
                Dux, cui potius quam tibi Cordubensis familiae in Vaënae domo principatum tenenti
                dicarem ego ex eadem ortus familia, ac in eodem oppido Vaëna (Baniana, ut credo,
                Ptolemai) natus et altus</hi>?». ¿A quién mejor que a ti, que tienes el principado
              de la familia de Córdoba en la Casa de Baena, podría dedicar yo los primeros frutos de
              mis trabajos, me temo que agrios por falta de madurez, siendo como soy salido de la
              misma familia, nacido y criado en la ciudad de Baena? (Fernández de Córdoba, <hi
                rend="i">Didascalia</hi>…, 1615, f. *2rv).</note>. El calificativo procede de que
            ésta fue escrita bajo el estímulo del encuentro con el humanismo italiano y que en esta
            miscelánea retoma materias por las cuales debió de interesarse durante su periodo de
            formación (tanto en España como en Italia): cuestiones científicas, teológicas,
            literarias, ecdóticas, etc.</p>
          <p>La obra contiene dos capítulos de teoría literaria, uno dedicado a las tragedias de
            final feliz y el otro a investigar las finalidades de la poesía<note place="bottom"
              >Fernández de Córdoba, <hi rend="i">Didascalia</hi>…, 1615, cap. XX, p. 2011 y cap.
              XXI, p. 222. Estos capítulos fueron traducidos al español y analizados por Nicolás
              Marín López (Marín López 1994b y 1994c).</note>. Este interés por la literatura debió
            de cimentar la amistad con don Luis de Góngora. Concurrió, junto con el famoso poeta, a
            unas justas poéticas en 1610 en Córdoba, por la beatificación de San Ignacio, en las
            cuales compitió con dos composiciones. También se conocen de él un soneto en italiano
            publicado en el paratexto de <hi rend="i">Antigüedad y excelencias de Granada</hi> de
            Francisco Bermúdez de Pedraza, Madrid, 1608 y un epigrama en latín publicado en el <hi
              rend="i">De arte rhetorica</hi> de Francisco de Castro, Córdoba, 1611. Además el abad
            de Rute habla en su correspondencia con Pedro Díaz de Rivas (1623) de un epigrama que
            compuso y le corrigió el licenciado Juan de Aguilar; y, en el <hi rend="i">Parecer</hi>,
            menciona haber escrito una silva titulada <hi rend="i">Prometeo</hi> que nadie hasta
            ahora ha podido localizar<note place="bottom">Todos estos datos han sido ya señalados
              por Eunice Joiner Gates (Gates 1951). Los <hi rend="i">documentos gongorinos</hi> de
              la misma autora no recogen estas informaciones (Gates 1960).</note>. Sin embargo,
            cuando el abad de Rute escribe el <hi rend="i">Parecer</hi>, a principios de 1614, ya ha
            dejado de componer versos, según confiesa. Esto no le impidió participar activamente en
            la polémica gongorina entre los años 1614 y 1620 con tres contribuciones: el <hi
              rend="i">Parecer</hi> que editamos a continuación, la <hi rend="i">Apología</hi> y el
              <hi rend="i">Examen</hi>.</p>
          <p>Estos trabajos no eran por entonces lo principal de su actividad como escritor, puesto
            que desde la década de 1610 estaba trabajando en su <hi rend="i">Historia y descripción
              de la antigüedad y descendencia de la Casa de Córdoba</hi>, la obra que le ocupó más
            años y permaneció inédita hasta el siglo XX<note place="bottom">Conservamos dos
              manuscritos en la BNE, ambos sin fecha. Uno de los dos parece ser autógrafo, por estar
              lleno de fragmentos tachados, añadiduras y correcciones en los márgenes (BNE, ms.
              3271); el otro, una versión sacada en limpio, con un título diferente: <hi rend="i"
                >Historia de la ciudad de Córdoba y origen de la Casa de Alcaudete</hi>, que retoma
              únicamente fragmentos seleccionados del primero (BNE, ms. 2077). La Real Academia de
              Córdoba la editó por entregas entre 1954 y 1972 en su <hi rend="i">Boletín</hi> (es
              decir, entre los números 71 y 92) con paginación separada (Fernández de Córdoba
              1954-1972).</note>. El propio don Francisco anunciaba en la dedicatoria de la <hi
              rend="i">Didascalia</hi> al duque de Sessa que publicaría alguna obra histórica sobre
            la casa de Córdoba (prueba de que ya la había empezado) y, cosa significativa, en el <hi
              rend="i">Carmen phaleucium</hi> que abre la miscelánea se le identificaba primero como
              historiador<note place="bottom">«<hi rend="i">In te nobilitas refulget ingens: / Qui,
                cum plurima signa plurimorum / Heroum referas, imaginesque, / Maioresque tuos Duces,
                Dynastas, / Multos adnumeresque Marchiones</hi>» (Fernández de Córdoba, <hi rend="i"
                >Didascalia</hi>…, 1615, f. *4v).</note>. La lectura de la <hi rend="i">Historia de
              la casa de Córdoba</hi> revela el inmenso trabajo de investigación que realizó en los
            archivos de Baena, de la catedral de Córdoba, de los señores de Luque, de Lucena, etc. y
            las lecturas exhaustivas que realizó de los grandes historiadores locales o nacionales.
            Su correspondencia, que de momento sólo se conoce a partir de los fragmentos editados
            por Dámaso Alonso, nos muestra también a un hombre de letras que se apasiona ya no por
            la teoría literaria, sino por la historia antigua y las antigüedades, tomando partido a
            propósito del escándalo de los falsos cronicones que por aquellas fechas interesaba a
            los eruditos andaluces.</p>
          <p>En estas cartas también se ve cómo toma sus distancias con respecto a Góngora, que deja
            de ser un tema de conversación con Díaz de Rivas. Critica incluso la adulación excesiva
            que mostró Góngora en el <hi rend="i">Panegírico</hi> hacia el duque de Lerma<note
              place="bottom">Alonso (1982a: 254).</note>. La poesía parece haber sido una pasión de
            juventud, que abandonó en su madurez por temas seguramente considerados por él más
            serios. Así, en 1620 escribe muy claramente a su amigo Pedro Díaz de Rivas: «digo que yo
            estoy muy remoto ya de estas cosas [las cuestiones literarias] y con poco gusto de
            tratar dellas por tener otras de más consideración entre manos»<note place="bottom"
              >Alonso (1982b: 225). La carta está fechada en Rute, a 29 de junio de 1620.</note>.
            Tuvo tiempo de darle fin a la <hi rend="i">Casa de Córdoba</hi> (carta de abril de 1626)
            poco tiempo antes de morir, el 26 de julio de 1626.</p>
          <p>Así, el abad de Rute aparece como un erudito de gran curiosidad intelectual y un
            historiador escrupuloso. Compartió con otros historiadores el interés por la poesía y
            los debates teóricos acerca de poética. Por su cercanía con diferentes miembros de la
            alta nobleza (el VI duque de Sessa en particular) era un aliado de peso en las
            contiendas literarias.</p>
        </div>
        <div>
          <head>3. [Cronología] <lb/> En los albores de la polémica</head>
          <p>Las circunstancias de redacción del <hi rend="i">Parecer</hi> se deducen de las
            primeras líneas de la carta. El carácter semi-público de la carta explica que Fernández
            de Córdoba se haya molestado en recordarlas, pues un lector exterior que descubriera la
            carta del abad de Rute tenía que enterarse de qué tipo de texto estaba leyendo.</p>
          <quote>Vino a mis manos, por las del señor Francisco de Gálvez, la primera parte de sus
              <hi rend="i">Soledades</hi> de vuestra merced, y lo que tiene hecho de la segunda, con
            que me intimó un mandato de vuestra merced preciso: que las viese y le dijese mi
            sentimiento.</quote>
          <p>El abad de Rute subraya que no tuvo la iniciativa del escrito que introduce en estas
            líneas, reforzando así el parentesco entre su carta y la de Pedro de Valencia, escrita
            también a petición de Góngora. Tanto Pedro de Valencia como Fernández de Córdoba alaban
            encarecidamente la obra, ennobleciendo sus expresiones elogiosas con versos latinos.
            Ambos autores no solo se contentan con dar una opinión acerca de la obra en su conjunto,
            sino que señalan los fragmentos que, según ellos, merecen ser corregidos. Tienen el
            mismo deseo de «aprovechar» a Góngora, es decir, de serle útil, para que éste «dé partos
            propios y dignos de su ingenio»<note place="bottom">Pérez López (1988: 79).</note>, como
            escribe Pedro de Valencia, «y que parezcan todas sus obras dignos partos (y no abortos)
            de su ingenio»<note place="bottom">Hay más fragmentos que demuestran la voluntad de que
              Góngora corrija sus obras: «Podrá ser que, <hi rend="i">multiplicatis
                intercessoribus</hi>, restituya vuesa merced a su casa la claridad y venustidad
              antigua, con que han salido y sido tan justamente celebradas por el mundo sus obras».
              O también: «El primero [pecadillo] más grave, y en que (si hubiese lugar de
              penitencia) sería bien usar de enmienda, es…», etc.</note>, como escribe a su vez
            Fernández de Córdoba. La continuidad del proyecto es palpable en la combinación
            ingeniosa de las metáforas, los «partos no dignos» y «abortos», muy propia ésta del
            espíritu juguetón del abad de Rute. Además, los motivos de crítica coinciden en varios
            puntos: la oscuridad, el exceso de hipérbatos, las voces peregrinas, la repetición de
            algunas palabras o giros sintácticos, etc. Esto no quiere decir que el abad de Rute
            copie a Pedro de Valencia, porque por otra parte su respuesta tiene la coherencia y la
            viveza de una obra personal, pensada profundamente. Por lo demás, abundan las
            diferencias entre el <hi rend="i">Parecer</hi> y la carta censoria del zafrense, como
            por ejemplo el diferente aprecio que les merecen los poetas italianos. Pedro de Valencia
            aconseja a Góngora que no los imite, mientras que Francisco Fernández de Córdoba coloca
            a los poetas italianos en un puesto de honor en su Parnaso. También discrepan los dos
            lectores en su apreciación de las alusiones burlescas diseminadas en las <hi rend="i"
              >Soledades</hi><note place="bottom">Este último elemento quizás se deba
              exclusivamente, como pensó Robert Jammes, al hecho de que la versión de las <hi
                rend="i">Soledades</hi> que llegó al abad de Rute ya había sido «depurada» de la
              mayoría de las alusiones burlescas tachadas por Pedro de Valencia. Es verdad, pero
              cabe añadir que quedaban algunas cuantas, más discretas eso sí, y que, si se juzga por
              la manera de escribir del abad de Rute, que se caracteriza por un desfase constante
              entre una materia seria, austera a veces, y la inserción de refranes, juegos de
              palabras, alusiones chistosas, palabras familiares, etc., bien podemos sospechar que
              este aspecto de la escritura gongorina no le debió de disgustar (Jammes 1995:
              128).</note>.</p>
          <p>Una lectura atenta del <hi rend="i">Parecer</hi> demuestra que, si bien la carta
            censoria de Pedro de Valencia es el primer texto que conservamos de la polémica, no fue
            el primero de esta naturaleza en escribirse. Descubrimos, en efecto, que Góngora hizo
            llegar a Francisco Fernández de Córdoba la <hi rend="i">Canción a la toma de
              Larache</hi> y el <hi rend="i">Polifemo</hi>, antes de consultar a Pedro de Valencia
            sobre sus poemas. El abad de Rute le contestó por escrito, puesto que su opinión circuló
            y fue comentada y criticada por otras personas. Se perdió la correspondencia entre
            Góngora y el abad de Rute de fecha anterior al documento que editamos, pero sabemos de
            su existencia por el propio Fernández de Córdoba:</p>
          <quote>
            <p>A lo primero [ver las <hi rend="i">Soledades</hi>] obedecí con muy buen gusto, pero
              no a lo segundo [dar mi parecer], porque tengo, y no sin fundamento, por tan
              sospechosas y mal acreditadas para con vuestra merced mis advertencias como mi
              silencio. De éste [el silencio] hice prueba en la <hi rend="i">Canción al
              Larache</hi>, donde se juzgó por culpable en mí lo que otros advirtieron del «si, no»
              demasiadamente frecuentado. De aquéllas [las advertencias] en lo que, por mandado de
              vuestra merced, advertí acerca del <hi rend="i">Polifemo</hi>, en que, diciendo (Dios
              me es testigo) sinceramente mi sentimiento, con notar lo que pudiera, a mi parecer
              (por ventura mal fundado) reformarse, vuestra merced, por algunas razones que debe
              tener, <hi rend="i">dimisso ablegatoque consilio</hi>, siguió su dictamen.</p>
          </quote>
          <p rend="noindent">El abad de Rute expresa sin rodeos su decepción de que Góngora no
            aprovechara mejor su primera contribución al debate y tampoco disimula cierta
            contrariedad. En cambio, el detalle de lo que pasó en esta etapa anterior de la polémica
            no está muy claro. Hay una aparente contradicción entre el «silencio» que el abad de
            Rute dice haber mantenido en el caso de la <hi rend="i">Canción a la toma de
              Larache</hi> y, por otra parte, la mención de unos reproches sobre el uso excesivo del
            giro sintáctico «si, no». Entonces, ¿guardó silencio o expresó reparos acerca de este
            poema? Se puede entender el fragmento de la forma siguiente: Francisco Fernández de
            Córdoba dice que guardó silencio acerca de la <hi rend="i">Canción a la toma de
              Larache</hi> y podemos creerlo, no dijo nada. Sin embargo Góngora pensaría que el abad
            de Rute era la fuente «de lo que otros advirtieron del “si, no” demasiado frecuentado» e
            imaginaría que Fernández de Córdoba le hacía llegar sus críticas por la mediación de
            otras personas, lo que crearía una pequeña tensión entre los dos<note place="bottom"
              >Existe una segunda lectura del fragmento que tampoco se puede descartar: el abad de
              Rute censuraría en un primer tiempo un detalle –el uso excesivo del «si, no»– que
              otras personas ya habían advertido; pero que tuviera la audacia de decírselo a Góngora
              produciría una pequeña polémica entre los admiradores de Góngora; y los llamados
              «otros» se lo reprocharían al abad de Rute. Un crimen de lesa majestad, por así
              decirlo. Por eso decidió atenerse al silencio y no intervino más acerca de este poema.
              El silencio llegaría pues solo en una segunda etapa. Sea cual sea la lectura exacta
              (solo una de las dos cosas realmente pasó, eso es cierto, pero es difícil elegir por
              el carácter alusivo de la frase), el resultado es el mismo: la <hi rend="i">Canción a
                la toma de Larache</hi> fue la ocasión de una desavenencia entre los dos
              amigos.</note>. Posteriormente, en el caso del <hi rend="i">Polifemo</hi>, el abad de
            Rute sí expresó directamente una serie de censuras, para que su amigo pudiera corregir
            el poema, pero fueron desaprovechadas por Góngora. No sabemos qué contenido exacto
            tuvieron estas advertencias. Es probable que el abad de Rute criticara ya la oscuridad y
            el exceso de ornato que señala también acerca de las <hi rend="i">Soledades</hi> en el
              <hi rend="i">Parecer</hi> y es posible que recomendara a Góngora elegir una materia
            más grave y heroica, en vez de una simple fábula de amores y transformaciones, con la
            esperanza de que un ingenio tan eminente como el suyo diera a España el gran poema épico
            que le faltaba. En efecto, cuando alude a este mismo tema al principio del <hi rend="i"
              >Parecer</hi>, parece recordar sus antiguos consejos desatendidos por Góngora:</p>
          <quote>
            <p>[…] me corre obligación de saber la excelencia de los [poemas] de vuestra merced, la
              ventaja que hacen a los demás, sus agudezas peregrinas, la eminencia de su ingenio ya
              mejor aplicado que hasta aquí a cosa que participa de lo serio y continuado. Ojalá
              fuera la materia más grave, heroica, como algunas veces lo he procurado, si bien no he
              podido persuadir a vuestra merced, y no quedara nuestra España (como está hoy) sin
              alabanza alguna en ese género.</p>
          </quote>
          <p>Esta situación algo espinosa explica las precauciones que Fernández de Córdoba toma
            antes de dar su opinión a Góngora esta vez en el <hi rend="i">Parecer</hi>. Primero, no
            escatima las alabanzas, para que quede bien clara su admiración por la obra de su amigo.
            Segundo, justifica la necesidad de hacer revisar sus obras: el amor propio puede cegar a
            uno; dos pares de ojos ven mejor que uno. Alega como ejemplo su propia actitud cuando
            supo aceptar la censura de otros en el momento en que publicó sus obras. Saca a relucir
            la calidad de su propio censor, el sapientísimo Juan Luis de la Cerda, autor de unos
            comentarios modélicos a la obra de Virgilio y dice que la censura que éste hizo de su
              <hi rend="i">Didascalia</hi> no le restó ni prestigio, ni autoridad. Esta pequeña
            puesta en escena tiene la ventaja de presentarle ahora en la posición del padre de la
            Cerda, comentando al nuevo Virgilio de las letras españolas: Góngora. Como tercer
            argumento, achaca la defensa a ultranza de la obra gongorina, pese a sus «evidentes»
            defectos, a dos vicios: la adulación o la pretensión (alardear de listo e ingenioso para
            demostrar que sí se pueden entender fácilmente los versos de Góngora). En cuarto lugar,
            presume de ser muy amigo de don Luis y, en nombre de esta amistad, le promete darle su
            parecer con mucha sinceridad, para que éste pueda corregir y mejorar sus obras. Tomadas
            todas estas precauciones, pasa a dar su opinión que consiste en una serie de reparos,
            entre los cuales el de la oscuridad es desarrollado con mayor énfasis y detalle.
            Detectamos orgullo herido en la respuesta del abad de Rute, por el poco caso que le hizo
            Góngora, al no responder a su censura del <hi rend="i">Polifemo</hi> y advertencias
            sobre la <hi rend="i">Canción a la toma de Larache</hi>.</p>
          <p>Otro punto que pudo desagradar a Fernández de Córdoba fue la tardanza con que le
            llegaron oficialmente las <hi rend="i">Soledades</hi>, casi un año después que a Pedro
            de Valencia<note place="bottom">Como me hace observar Jaime Galbarro, lo más probable es
              que el abad de Rute ya conociera las <hi rend="i">Soledades</hi> desde el verano de
              1613, cuando vio la carta de Pedro de Valencia en Granada. Difícilmente se puede
              imaginar que leyera la censura del erudito zafrense sin tener a mano una copia del
              poema gongorino. Pero no cambia el hecho de que para un hombre como el abad de Rute,
              para quien la caballerosidad y los compromisos entre personas de calidad parecen tener
              tanta importancia, pudo ser un pequeño agravio que Góngora solicitara tan tarde su
              valoración de la obra.</note>. De hecho es bastante sorprendente la «prudente salida»,
            según la expresión de Begoña López Bueno<note place="bottom"><p>López Bueno
                (2011).</p><p>Entre otras ventajas, esta cronología permite entender la
                reutilización que harán las <hi rend="i">Advertencias</hi> y las cartas de Lope y
                Góngora de fragmentos del <hi rend="i">Parecer.</hi></p></note>, que hicieron las
              <hi rend="i">Soledades</hi> fuera de Córdoba, seguida por este aparente retroceso.
            También extraña que Góngora esperara varios meses, después de obtener la respuesta de
            Pedro de Valencia, para pedir el juicio del abad de Rute. Lo cierto es que en el momento
            de redacción del <hi rend="i">Parecer</hi> (entre finales de 1613 y principios de 1614),
            la polémica silva había circulado bastante, pues el abad de Rute menciona otras
            reacciones críticas a la obra gongorina:</p>
          <quote>
            <p>Bien sé, mi señor, que a vuestra merced le han advertido de esto [la oscuridad es
              mala] antes de ahora, y avisádole que sienten lo mismo en Córdoba, en Granada, en
              Sevilla, en Madrid, pues de allí un hombre de tanta erudición cuanto cualquiera otro
              de este siglo, y de juicio igual a la erudición, que es Pedro de Valencia, lo escribió
              y advirtió a vuestra merced.</p>
          </quote>
          <p rend="noindent">Cuando le llegaron oficialmente las <hi rend="i">Soledades</hi> a
            Fernández de Córdoba, venían precedidas por un rumor de discusiones apasionadas y
            posiciones enfrentadas: «Crea vuestra merced que muchos ven esto [la oscuridad es mala]
            aunque se lo digan pocos, parte de los cuales lo dejan por no confesarse menos agudos en
            el entender, parte por no atreverse, parte por mostrarse eruditos», escribió también el
            abad de Rute a Góngora en el <hi rend="i">Parecer</hi>, haciendo eco a estas discusiones
            que estaban a punto de cuajar en verdadera polémica. Tal vez esta circunstancia explique
            en parte el tono de malhumor de las primeras líneas de la carta y que se sintiera
            injustamente relegado el fiel amigo de Góngora.</p>
          <p>Aunque solo se conserve un testimonio manuscrito del <hi rend="i">Parecer</hi>, este
            texto tuvo una amplia difusión, como lo muestra la reutilización de varios elementos
            (argumentos, citas, referencias, maneras de enfocar el debate) por otros polemistas.
            Lope de Vega lo aprovechó tanto en sus cartas «anónimas» contra Góngora –detalle que
            permitió rectificar la fecha de composición de las cartas en cuestión<note
              place="bottom">Como demostraron Begoña López Bueno (2007b) y Joaquín Roses (2011), la
              redacción del <hi rend="i">Parecer</hi> es inmediatamente anterior al cruce epistolar
              entre los círculos de Lope y Góngora, que hay que situar en los años
            1615-1616.</note>– como en el «Papel de la poesía nueva», contenido en <hi rend="i">La
              Filomena</hi><note place="bottom">Véase Elvira (2014b).</note>. También las <hi
              rend="i">Advertencias</hi> de Almanza y Mendoza recogen ideas e imágenes del <hi
              rend="i">Parecer</hi> («aborto de su ingenio»), lo que aboga en favor de una
            anterioridad de este texto, con respecto al <hi rend="i">Parecer</hi><note
              place="bottom">López Bueno (2011).</note>.</p>
          <p>De forma más sorprendente también lo aprovechó Juan de Jáuregui en el <hi rend="i"
              >Antídoto contra la pestilente poesía</hi>, como señalaron Saiko Yoshida y José Manuel
            Rico García<note place="bottom">Yoshida (1994) y Rico García (2002).</note>. En nuestro
            artículo «Del <hi rend="i">Parecer</hi> al <hi rend="i">Examen</hi>» tratamos de
            recopilar y comentar las coincidencias entre ambos textos<note place="bottom"> Elvira
              (2014a).</note>. Que un amigo cercano de Góngora se atreviera a escribir el <hi
              rend="i">Parecer</hi> seguramente fue un factor desencadenante para que Jáuregui se
            lanzara a escribir su panfleto, y utilizó el <hi rend="i">Parecer</hi> como fuente de
            ideas, referencias, argumentos y citas.</p>
          <p>Al final del <hi rend="i">Parecer</hi> el abad de Rute se comprometía a defender a
            Góngora, en el caso de que éste fuera atacado. Resulta irónico que su propio texto
            sirviera de cantera de argumentos para el peor adversario de las <hi rend="i"
              >Soledades</hi>. Por eso, la difusión del <emph>Antídoto</emph> y el reconocimiento
            por Fernández de Córdoba de su contribución involuntaria a la génesis del texto de
            Jáuregui puso al abad de Rute en la obligación de cumplir su promesa. ¿Cómo podía
            Fernández de Córdoba reparar el involuntario traspié? Tratando de rebatir los argumentos
            que él mismo había contribuido a forjar en su <emph>Parecer</emph> y tomando sus
            distancias con la «crítica turba<note place="bottom">Dicha expresión de «crítica turba»
              procede de un soneto de Góngora, escrito en 1615, contra los que censuraron su
                <emph>Polifemo</emph>. Empieza: «Pisó las calles de Madrid el fiero / monoculo galán
              de Galatea» y continúa así en los v. 5-8: «rígido un bachiller, otro severo, / <hi
                rend="i">crítica turba</hi> al fin, si no pigmea, / su diente afila…» (Góngora 2008:
              I, 449).</note>» de los enemigos de Góngora que, a partir de 1615, unían sus fuerzas
            contra el poeta cordobés: Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Juan de Jáuregui.</p>
          <p>En este contexto en que los enemigos de Góngora cerraban filas, el enemigo principal
            con el que Francisco Fernández de Córdoba se propuso lidiar fue Jáuregui, seguramente
            porque era el que más lo había comprometido ante los ojos de Góngora. A él tenía que
            contestar y, remontándose a la fuente de sus improperios, a los argumentos que había
            lanzado en su <emph>Parecer</emph>. Por eso, en muchas de sus partes, el <hi rend="i"
              >Examen</hi> es un ejercicio de reescritura de la argumentación del <hi rend="i"
              >Parecer</hi><note place="bottom">Elvira (2014a: §. 28).</note>, escrito desde una
            perspectiva absolutamente favorable a Góngora. También el tiempo pudo haber obrado en la
            apreciación de Francisco Fernández de Córdoba y conducido a una mayor aceptación de las
            novedades de la obra gongorina.</p>
        </div>
        <div>
          <head>4. [Estructura] <lb/> Las Soledades: una obra excelente… pero llena de
            defectos</head>
          <p>La estructura del <hi rend="i">Parecer</hi> está muy clara y se puede describir de la
            siguiente forma. En el exordio, el autor recuerda en qué circunstancias le llegó el
            texto de las <hi rend="i">Soledades</hi>, cómo Góngora le pidió su parecer y por qué
            accedió a darlo, pese a sus reticencias iniciales. También convence a Góngora de que
            tiene que aceptar los consejos ajenos para mejorar su obra y se cita como ejemplo de
            autor que supo aceptar las correcciones de los «reformadores», en el proceso de revisión
            de la <hi rend="i">Didascalia</hi>.</p>
          <p>Luego viene la primera parte, de solamente un párrafo<note place="bottom">Empieza a
              partir de «Viniendo, pues, en particular…».</note> donde elogia la obra y cita los
            mejores fragmentos de ella, superiores a los modelos de la Antigüedad. Justamente porque
            la obra es excelente, no debería oscurecerla ningún defecto.</p>
          <p>Así empieza la segunda parte, muy extensa, dedicada esencialmente a mostrar que la
            oscuridad, causada por una sobrecarga de tropos, es el mayor defecto que afea la obra.
            Después de los argumentos de autoridad, antiguos y modernos, el abad de Rute ataca la
            oscuridad poética desde diferentes frentes, acumulando <hi rend="i">rationes</hi>, es
            decir, argumentos dialécticos<note place="bottom">Los escritos del abad de Rute llevan
              la marca de la <hi rend="i">disputatio</hi> medieval, codificada por la escolástica y
              así defininida por la profesora Béatrice Périgot (2007: §. 7): «La dispute implique
              l’usage de la dialectique, c’est-à-dire l’usage d’un raisonnement codifié par Aristote
              d’abord, puis par Boèce et par les traités de logique qui vont se succéder durant le
              moyen âge. La dialectique ne s’appelle presque jamais <emph>dialectique</emph>, au
              moyen âge, mais <emph>logique</emph>. Ce sont les humanistes qui vont privilégier le
              terme de <emph>dialectique</emph>. Le raisonnement logique qu’on appellera scolastique
              fait appel à deux types d’arguments : les <emph>rationes</emph>, les raisons,
              arguments dialectiques que l’on va s’employer au fil des traités de logique à rendre
              de plus en plus techniques, et les <emph>auctoritates</emph>, les autorités,
              c’est-à-dire les citations d’auteurs anciens ou de Pères de l’Église ou d’auteurs du
              premier moyen âge comme Boèce».</note>. Esta segunda parte se clausura con una serie
            de reparos sobre la acumulación de voces «peregrinas» (extranjerismos y cultismos), de
            giros estilísticos, de conceptos, de palabras o de figuras de estilo que, o cansan al
            lector, o nivelan el poema, impidiendo que resalten los mejores fragmentos.</p>
          <p>En la tercera parte, el autor censura otros siete «pecadillos», es decir, una serie de
            detalles que también desmerecen del conjunto: versan sobre la propiedad de algunas
            metáforas, la corrección de algún giro gramatical o la licitud de utilizar determinados
            tropos en español, de uso tradicional en otros idiomas pero no en castellano.</p>
          <p>En la conclusión, el abad de Rute pondera que, a pesar de los defectos, la obra sigue
            siendo meritoria y se compromete a defenderla, si fuera necesario.</p>
          <p>Esta organización rigurosa de la argumentación es completada por la seriedad y la
            exhaustividad con la que el abad de Rute quiso aportar a su amigo referencias precisas y
            agumentos de autoridad. Por eso acumula en su carta citas, sacadas principalmente de
            Aristóteles, Quintiliano y Horacio, y sus respectivos comentaristas modernos. Lo hace
            con los libros abiertos en la mesa de trabajo, de forma precisa, detallada: ha releído
            estas fuentes y ha seleccionado los fragmentos que mejor servirán para su demostración e
            indica en el margen la referencia exacta de los fragmentos. Por lo general, no comenta
            estas autoridades y a veces solo menciona el autor, seguido por la cita. Se trata de
            ofrecer un material explotable para que Góngora se deje convencer de que tiene que
            corregir sus obras.</p>
          <p>Existe un contraste entre, por un lado, el rigor de la estructura general y la seriedad
            del contenido y, por otra parte, cierta libertad redaccional que deja espacio para
            digresiones, paréntesis, ocurrencias graciosas que dan mucha naturalidad al discurso y
            amenizan la lectura. La progresión de las ideas está muy controlada siempre, pero se
            desarrolla con una estética de la espontaneidad.</p>
          <p>El hecho de que este parecer sea una carta deja una inconfundible huella en su diseño
            retórico: todo el exordio lleva la marca de este carácter epistolar con el recordatorio
            de cómo nació el <hi rend="i">Parecer</hi> y la alusión a los pareceres anteriores que
            seguramente tuvieron el mismo formato epistolar. Fernández de Córdoba se dirige
            continuamente a Góngora, al que trata de vuestra merced, y entabla un imaginario diálogo
            con él, prestándole posibles objeciones y descartándolas mediante nuevos argumentos. Así
            ocurre en el siguiente fragmento, en el que Fernández de Córdoba pone en boca de Góngora
            dos argumentos para defender la licitud de la oscuridad: «Dirame vuestra merced a esto
            dos cosas: la primera, que […]; la segunda, que […]. Respondo a lo primero que […]. A lo
            segundo respondo que […]». Del mismo modo, toda la tercera parte del <hi rend="i"
              >Parecer</hi>, dedicada a censurar «pecadillos», se presenta retóricamente como una
            serie de respuestas del abad de Rute a cosas que <hi rend="i">dijo</hi> Góngora: «Dice
            luego vuestra merced de los muchos conejos que […] está bien dicho, pero […]. También en
            la primera parte dijo vuestra merced […] y extraño esto». Vemos, pues, cómo dentro de un
            largo monólogo, Fernández de Córdoba recupera algo que normalmente es característico del
            diálogo: el enfrentamiento de ideas y la rapidez de los intercambios. Se pone en escena
            la contienda entre dos posiciones enfrentadas, como en un diálogo socrático o una de sus
            imitaciones renacentistas. Que este modelo esté presente en la mente del abad de Rute es
            seguro, porque cita una obra que tiene este formato: <hi rend="i">Navagero. Della
              poetica</hi>, de Girolamo Fracastoro, 1555. Imaginar las posibles objeciones del
            interlocutor es lo que hace avanzar la discusión, según una mayéutica al final poco
            alejada de la que se construye en los diálogos renacentistas, donde un autor único
            (Girolamo Fracastoro en el ejemplo citado) se desdobla en dos personajes y crea
            artificialmente posiciones enfrentadas, una progresión de las ideas y, en el mejor caso,
            la emergencia de una verdad consensuada entre los dos dialogantes. Cabe observar que el
            abad de Rute volverá a utilizar y perfeccionar este diseño retórico en el <hi rend="i"
              >Examen</hi>. En esta obra también el monólogo avanza en forma de falso diálogo,
            aunque con tintes mucho más agresivos, gracias a las herramientas proporcionadas por la
            dialéctica aristotélica, a su vez desarrollada por la escolástica. En efecto la
            escritura del abad de Rute recibe también la influencia de la forma de pensar y escribir
            de Tomás de Aquino, por ejemplo, en la <hi rend="i">Summa theologiae</hi>, que progresa
            a partir de preguntas (<hi rend="i">quaestio</hi>), de tesis, y refutaciones (<hi
              rend="i">refutatio</hi>) de las mismas tesis, que aparentemente se oponen a la tesis.
            Se trata de escrutar las posibles contradicciones del pensamiento y de resolverlas con
            el uso de la lógica. El formalismo lógico y la jerga utilizada («lo bueno de su
            naturaleza es comunicable a todos, según los filósofos») son caractéristicos de esta
            tradición intelectual.</p>
          <p>La inscripción de las dos cartas (el <hi rend="i">Parecer</hi> y el <hi rend="i"
              >Examen</hi>) en esta doble tradición de los diálogos greco-renacentistas y de la
            escolástica favorece un tono un poco vivo, picante, irónico a veces, obviamente con
            diferencias de grado entre los dos textos, ya que Góngora es un amigo y Jáuregui un
            enemigo. Pero cabe reconocer que el peso de estos modelos, seguramente presentes
            inconscientemente en el momento de redacción del <hi rend="i">Parecer</hi>, ha podido
            favorecer cierta agresividad involuntaria en este texto<note place="bottom">Como en el
              siguiente fragmento: «no debe vuestra merced procurar escribir para solos los doctos,
              porque de esta suerte le entenderán y gustarán de sus obras muy pocos; parte por no
              serlo en esta facultad, parte porque no querrán gastar el tiempo y sus juicios en
              adivinar qué quiso decir vuestra merced (que no profesó escribir enigmas, como en
              Simposio), reduciendo a trabajo lo que había de ser meramente gusto, y matándose por
              entenderlo o no entenderlo: <hi rend="i">Ut quos, obscuri victos ambagibus oris, /
                legimus infandae Sphinga dedisse neci</hi>».</note>. Algunos procedimientos
            habituales de la sátira, como la ironía, los conceptos por acomodación de cita o incluso
            cierto gracejo en el tono, están utilizados para contestar a Góngora y serán movilizados
            de nuevo en el <hi rend="i">Examen</hi>, esta vez para zaherir, sin tapujos ni remilgos,
            a Jáuregui.</p>
        </div>
        <div>
          <head>5. [Fuentes] <lb/> Un enfoque retoricista y erudito</head>
          <p>Los autores que son la base de la reflexión del abad de Rute son Aristóteles (la <hi
              rend="i">Poética</hi> y la <hi rend="i">Retórica</hi>), Horacio (el <hi rend="i">Arte
              poética</hi>), Quintiliano (<hi rend="i">Institución oratoria</hi>) y, en menor
            medida, Cicerón (<hi rend="i">Del supremo bien y del supremo mal, Cuestiones académicas,
              De la naturaleza de los dioses</hi>). Fernández de Córdoba ha releído atentamente los
            capítulos claves de algunas de estas obras, con seguridad de las cuatro primeras, para
            construir una reflexión sólida sobre la claridad de la elocución<note place="bottom">El
              abad de Rute parece tener menos familiaridad con Cicerón.</note>. Que cite
            indiferentemente estos libros demuestra que para él las reglas de la retórica se aplican
            sin el menor problema a la creación poética. El buen poeta debe cuidar la elocución y
            para eso el dominio de la retórica es imprescindible. El enfoque «retoricista» de la
            reflexión aparece de forma nítida, si se observa que las dos citas de la <hi rend="i"
              >Poética</hi> son sacadas del mismo capítulo 22 de dicho tratado –lleva el número 21
            en la edición manejada por nuestro autor–, es decir, el consagrado a la calidad de la
            elocución, donde Aristóteles desarrolla ideas muy afines a las de la <hi rend="i"
              >Retórica</hi>. El abad de Rute deja de lado toda la esencia y novedad de este
            tratado: nunca habla de imitación, ni de fábula poética, etc. El Aristóteles del abad de
            Rute es esencialmente el autor de la <hi rend="i">Retórica</hi>.</p>
          <p>La observación de las fuentes modernas confirma esta impresión. El siglo XVI
            corresponde en Italia al momento del redescubrimiento de la <hi rend="i">Poética</hi> a
            través de numerosas ediciones, traducciones y comentarios. Además, muchos autores
            italianos se dedicaron a escribir poéticas, desde los planteamientos de la <hi rend="i"
              >Poética</hi> aristotélica, pero extendiendo las consideraciones a otros campos no
            abordados por el Estagirita en su obra. Pues, aunque el abad de Rute cite a muchas
            autoridades modernas italianas, no cita a ninguno de los grandes comentaristas de la <hi
              rend="i">Poética</hi> y a pocos autores de poéticas que escribieron desde esta
            perspectiva (con la salvedad de Escalígero, Minturno y Tasso, de los cuales volveremos a
            hablar). He aquí, en orden alfabético, la «biblioteca moderna» empleada en el <hi
              rend="i">Parecer</hi> tal y como pudimos reconstruirla:</p>
          <list rend="-" type="ul">
            <item>Julio César Escalígero, <hi rend="i">Poetices libri VII</hi>, Lugduni: apud
              Joannem Crispinum, 1561. Esta ambiciosa poética, de gran transcendencia en Europa, fue
              escrita durante la década de 1550, en los últimos años de vida de Escalígero y
              publicada después de que éste falleciera en 1558<note place="bottom">Uno de los
                mejores estudios sobre la <hi rend="i">Poética</hi> de Scalígero sigue siendo el
                canónico Weinberg (1942).</note>.</item>
            <item>Girolamo Fracastoro, <hi rend="i">Navagero. Della poetica</hi>. Se trata de un
              diálogo compuesto entre los años 1548 y 1549, pero editado por primera vez en las <hi
                rend="i">Obras completas</hi> del autor, después de su muerte en 1555<note
                place="bottom">Girolamo Fracastoro, <hi rend="i">Hieronymi Fracastorii veronensis
                  opera omnia</hi>, Venetiis: apud haeredes Lucaeantonii Juntae, 1555.</note>, en el
              cual los participantes tratan de definir la poesía y sus finalidades. Se caracteriza
              por su gran eclecticismo en el manejo de fuentes<note place="bottom">Véase el estudio
                introductorio de Murray W. Bundy en Fracastoro (1984) y el de Enrico Peruzzi en
                Fracastoro (2005). Sobre la vida y las obras de Fracastoro es también de utilidad la
                síntesis de Roccasalva (2008).</note>.</item>
            <item>Giovanni Andrea Gilio da Fabriano, <hi rend="i">Topica poetica</hi> […], in
              Venetia: appresso Oratio de’ Gobbi, 1580. La escritura de este tratado, que enumera
              figuras y tropos y los ilustra con poetas italianos, se remonta, según afirma el
              propio autor en el prefacio, a muchos años antes de su publicación –hasta donde me
              alcanza, la crítica moderna no le ha puesto fecha más precisa<note place="bottom">Hay
                poca bibliografía moderna sobre Gilio da Fabriano. La mejor síntesis que pude
                consultar ha sido de Di Monti (2000).</note>.</item>
            <item>Marco Girolamo Vida, <hi rend="i">De arte poetica</hi>, Romae: apud Ludovicum
              Vicentinum, 1527. Esta elegante poética versificada fue escrita en dos etapas: una
              primera versión, escrita entre 1516 et 1517, conoció una amplia difusión manuscrita.
              El texto fue retocado y publicado en 1527 – el abad de Rute cita la versión
                publicada<note place="bottom">Las dos versiones del <hi rend="i">De arte
                  poetica</hi> han sido editadas por Ralph G. Williams en Vida (1976). El mejor
                estudio introductorio es el de la reciente edición de Jean Pappe (Vida 2013).
                También es de interés el capítulo 14 de Weinberg titulado «The new arts of poetry»
                (1961: 715-719).</note>.</item>
            <item>Francisco Luisio, <hi rend="i">in librum Quinti Horatii Flacci de Arte poetica
                commentarius</hi>, Venitiis: apud Aldi filios, 1554. Como su nombre lo indica, se
              trata de un comentario del <hi rend="i">Arte poética</hi> de Horacio, cuya fecha de
              composición se desconoce<note place="bottom">Véase el capítulo titulado «The tradition
                of Horace’s <hi rend="i">Ars poetica</hi>: II. The confusion with Aristotle», en
                Weinberg (1961: I, 111-155).</note>.</item>
            <item>Antonio Minturno, <hi rend="i">De poeta</hi>, Venetiis: [apud Franciscum
              Rampazetum], 1559. Se trata de una poética, escrita en forma dialogada, que ambiciona
              cubrir todos los ámbitos de la poesía, desde la poesía mélica, hasta todas las facetas
              de la poesía escénica. Se considera que fue escrita poco antes de su fecha de
                publicación<note place="bottom">Sobre el <hi rend="i">De poeta</hi> son interesantes
                los estudios siguientes: Miguel Mora (1997 y 2000).</note>.</item>
            <item>Torcuato Tasso, <hi rend="i">Discorsi del poema heroico del signor Torquato
                Tasso</hi>, Napoli: nella Stamparia dello Stigliola, [1594?]. Estos discursos fueron
              escritos alrededor de 1565, muchos años antes de su primera publicación (1587)<note
                place="bottom"><hi rend="i">Discorsi del signor Torquato Tasso dell’ Arte poetica et
                  in particolare del Poema heroico</hi>, in Venetia: ad instanza di Giulio y
                Vassalini libraro a Ferrara, 1587.</note> y posterior modificación en 1594. El abad
              de Rute cita esta última edición, la única que contiene un libro IV, citado en el <hi
                rend="i">Parecer</hi>. Constituyen un tratado de poética en el que se plantea, de
              modo metódico y ordenado, cuál es la mejor manera de componer un poema heroico, desde
              la elección de la materia para el argumento, hasta la expresión verbal. Se trata de
              definir un género apenas esbozado en la <hi rend="i">Poética</hi> del Estagirita,
              desde los planteamientos de éste<note place="bottom">Weinberg (1961:
              646-653).</note>.</item>
          </list>
          <p>Es obvio que el abad de Rute leyó atentamente la mayoría de estos tratados (o por lo
            menos algunos capítulos claves que podía seleccionar a partir de la tabla de materias) y
            que escribió su <hi rend="i">Parecer</hi> después de un tiempo de lecturas o, mejor
            dicho, de relecturas. Prueba de ello es que se inspira a menudo de la argumentación de
            cada uno de estos autores y, antes o después, cita escrupulosamente una frase o dos para
            dejar un discreto testimonio del préstamo que hizo, cuando en realidad todo el fragmento
            lleva la huella de lo que precede o sigue la cita en su contexto original. En las notas
            de la edición señalamos estos préstamos<note place="bottom">Ocurre con Quintiliano, con
              Escalígero, con Juan Andrea Gilio, etc.</note>.</p>
          <p>Cabe observar en segundo lugar que estas obras son relativamente antiguas en cuanto a
            su concepción y, en menor medida, en cuanto a su difusión. Esto contribuye a que la
            mayoría de ellas mantengan un enfoque exclusivamente retoricista. El <hi rend="i">Arte
              poética</hi> de Vida, escrito en 1517, es claramente anterior a todo el movimiento de
            lectura, traducción y comentario de la <hi rend="i">Poética</hi><note place="bottom">El
              pionero comentario de Robortello es de 1548 y será seguido por muchos otros entre los
              años 1570 y finales del XVI. Para una presentación eficaz de estos comentarios véase
              Magnien (1990).</note>. Como escribe Bernard Weinberg: «el <hi rend="i">De arte
              poetica</hi> […] existe en un mundo pre-platónico y pre-aristotélico, en el cual no
            existe ninguna de las fructíferas ideas de estas dos tradiciones. Son casi únicamente
            Horacio y los grandes rétores [Quintiliano y Cicerón, se aclara a continuación] quienes
            constituyen el contexto de esta obra<note place="bottom">Weinberg (1961: 2, 715),
              traduzco la cita.</note>». Es verdad que el comentario por Luisini del <hi rend="i"
              >Arte poética</hi> de Horacio compara la obra de Horacio con la de Aristóteles, pero
            se trata de un Aristóteles poco «aristotélico» todavía, y muy «horacianizado», si así se
            puede decir<note place="bottom">Michel Magnien (1990: 49) escribe: «[este tipo de
              comentario] intent[a] esclarecer a Horacio gracias a Aristóteles. Esto retrasa el
              descubrimiento del verdadero sentido de los análisis del Estagirita; cada fragmento
              seleccionado solo lo es desde una perspectiva horaciana, retórica, […] bastante
              alejada del proyecto aristotélico» (traducción propia).</note>. También es muy
            significativo que el abad de Rute cite el <hi rend="i">De poeta</hi> de Minturno, de
            1559, todavía muy marcado por los preceptos de Cicerón, en vez de su <hi rend="i">Arte
              poetica</hi>, de 1564, más claramente aristotélico<note place="bottom">María del
              Carmen Bobes Naves muestra que, entre la primera versión en latín de la poética
              minturniana (el <hi rend="i">De poeta</hi> de 1559, citado por el abad de Rute) y la
              segunda versión en italiano (el <hi rend="i">Arte poetica</hi> de 1564) se produce,
              además del paso de un idioma a otro, un cambio de orientación filosófica hacia un
              «aristotelismo moderado» (Minturno 2009: 13). En efecto, como Carlos de Miguel Mora
              explica, el <hi rend="i">De poeta</hi> tiene todavía una fuerte impronta retoricista,
              y de hecho Minturno se apoya en primerísimo lugar en el diálogo <hi rend="i">De
                oratore</hi> de Cicerón (Miguel Mora 2000). Lo confirma también Michel Magnien
              (1990: 56): en el <hi rend="i">De oratore</hi>, dice, «los análisis aristotélicos se
              difuminan […] entre los de otros teóricos antiguos (Platón, Horacio, Quintiliano),
              porque el eclectismo de Minturno lo lleva a utilizar las informaciones de la <hi
                rend="i">Poética</hi>, antes que a seguir su estética o su método. La fuerte
              influencia de la retórica ciceroniana en la totalidad de sus teorías hace del público,
              de sus expectativas y exigencias, el propio fundamento de su reflexión poética»
              (traduzco la cita).</note>. Finalmente, un tratado como la <hi rend="i">Topica
              poetica</hi> de Gilio da Fabriano es la culminación de este enfoque retoricista de la
            reflexión sobre la poesía: «este tratado de “retórica poética”, que constituye una
            pervivencia tardía de los catálogos tópicos, propone un catálogo de lugares de la
            invención, ilustrados por citas de poetas exclusivamente italianos. En el fondo, el
            único elemento poético de este tratado son los ejemplos, sacados de poetas; si no fuera
            el caso, nada lo distinguiría de una retórica» explica Teresa Chevrolet<note
              place="bottom">Chevrolet (2007: 552).</note>.</p>
          <p>Obviamente no entran en esta categoría de «obras ajenas al redescubrimiento de la <hi
              rend="i">Poética</hi> aristotélica» el <hi rend="i">Poetices libri VII</hi> de
            Escalígero y los discursos de Tasso, dos autores que fueron justamente lectores atentos
            de la <hi rend="i">Poética</hi> y divulgadores de su contenido en Europa. Sin embargo,
            el abad de Rute hace una lectura muy selectiva de estas obras y cita exclusivamente
            fragmentos que tratan de la <hi rend="i">elocutio</hi>. Del <hi rend="i">Discurso del
              poema heroico</hi> menciona un fragmento donde, significativamente, Tasso comenta al
            Aristóteles de la <hi rend="i">Retórica</hi> y concluye que la principal virtud de la
            elocución es su claridad. De la misma forma, utiliza del tratado de Escalígero (que
            ofrecía, sin embargo, una teoría sistemática del arte poética, cuya relación complicada
            con Aristóteles no podemos desarrollar aquí<note place="bottom">Véase al respecto
              Weinberg (1942), quien estableció la deuda y también la independencia de Escalígero
              con respecto a Aristóteles.</note>) un fragmento del libro IV, dedicado a estudiar la
            ornamentación del poema, gracias a la elección de un estilo conveniente y de las figuras
            adecuadas: de ahí saca una confirmación de que se debe evitar la oscuridad. A veces
            también utiliza a Escalígero de manera más anecdótica, para emitir juicios sobre el
            valor de algunos poetas, siempre enfocando el juicio desde la calidad de la elocución:
            Valerio Flacco y Persio son demasiado oscuros; Bembo y Pontano repiten demasiado algunas
            palabras.</p>
          <p>Vemos también que las obras modernas son utilizadas siempre para confirmar las
            autoridades antiguas: Vida expresa con mayor fuerza aún que Horacio, dice el abad de
            Rute, el ideal renacentista de una obra que dé una engañosa sensación de facilidad al
            lector; Vida y Fracastoro concuerdan con Horacio sobre la necesidad de utilizar para
            cada género un estilo adecuado; como ya vimos, Tasso confirma a Aristóteles, etc. Es
            posible que en algunos casos haya sido la autoridad moderna la que condujo al abad de
            Rute a la autoridad antigua<note place="bottom">Da esta sensación el fragmento en el que
              cita a Tasso explicando un fragmento de Aristóteles.</note>, aunque siempre empiece
            ofreciendo la fuente antigua de las ideas que presenta y después la confirme con la
            moderna. El efecto buscado por el abad de Rute es demostrar a Góngora que todas las
            autoridades, antiguas y modernas, coinciden en censurar la oscuridad y que, por lo
            tanto, tiene que renunciar a esta nueva forma de escritura. Eso lo lleva a cierta
            radicalización de las doctrinas presentadas, eliminando matices o ideas que no vayan en
            el sentido de lo que quiere presentar<note place="bottom">El abad de Rute fuerza los
              textos hacia una condena radical de la oscuridad, cuando en realidad presentan a veces
              posiciones más matizadas. Véase al respecto Azaustre Galiana (2005) y Elvira
              (2014a).</note>.</p>
          <p>Otra fuente utilizada por Fernández de Córdoba es la literatura polémica publicada en
            Italia, al final del siglo XVI. En el <hi rend="i">Parecer</hi> cita explícitamente la
            polémica entre Tasso y la Academia de la Crusca, cuando aborda el tema de los
            neologismos:</p>
          <quote>
            <p>[introducir neologismos] viene a ser lenguaje pedantesco fidentiano, de que le culpa
              a Torcuato Tasso, como a usurpador y frecuentador de palabras peregrinas, la Academia
              de la Crusca en la defensa del <hi rend="i">Furioso</hi>, diciendo que Aristóteles
              concedió que cayese en los poemas agua de palabras forasteras, pero no que
              tempestase.</p>
          </quote>
          <p>El abad de Rute se muestra atento a un detalle que ya fue objeto de polémicas en otra
            área lingüística y cultural. Reconoce en la poesía gongorina una característica común
            con la de Tasso, que también podría ser objeto de críticas; los ataques sufridos por el
            poeta italiano son un precedente que justifica las advertencias a Góngora.</p>
          <p>Otras veces utiliza herramientas conceptuales o categorías lógicas que fueron empleadas
            con anterioridad en otras polémicas italianas. Así los términos de «fin arquitectónico»
            y «fin instrumental», utilizados para analizar las finalidades de la poesía, proceden de
            Aristóteles, pero fue Giambattista Guarini quien los introdujo en el debate literario
            para comparar y distinguir la tragedia, la comedia y la tragicomedia<note place="bottom"
              >Primera intervención del autor del <hi rend="i">Pastor Fido</hi> en esta polémica:
              Guarini, <hi rend="i">Il Verrato, ovvero difesa di quanto ha scritto M. Giason
                Denores, contra le tragicomedie et le pastorali, in uno suo discorso di poesia</hi>,
              in Ferrara: ad instanza di Alfonso Caraffa, 1588. Segunda intervención: Guarini, <hi
                rend="i">Il Verato secondo overo replica dell’ Attizzato accademico ferrarese in
                difesa del Pastor Fido</hi>, in Firenze: per Filippo Giunti, 1593. Reunió los
              elementos teóricos de la discusión en: Guarini, <hi rend="i">Compendio della poesia
                tragicomica</hi>, Venecia, appresso Gio. Battista Ciotti, 1601. Citaré siempre por
              Guarini (2008).</note>. Guarini, autor del <hi rend="i">Pastor Fido</hi>, respondió a
            los ataques de Jasón Denores, que le echaba en cara el carácter supuestamente monstruoso
            de la tragicomedia, inconciliable con la <hi rend="i">Poética</hi> de Aristóteles.
            Guarini replicó haciendo un análisis detallado de las partes de la tragedia y de la
            comedia y de sus finalidades respectivas. Después de definir la tragicomedia como poema
            mixto, expone la finalidad instrumental de la tragicomedia (imitar cosas trágicas y
            cómicas mezcladas) y su finalidad arquitectónica (purgar la melancolía, como en el caso
            de la comedia)<note place="bottom">Guarini (2008: 231).</note>. El abad de Rute utiliza
            estas mismas herramientas lógicas, en un contexto totalmente diferente, para definir las
            finalidades de la poesía en general (¿sirve para aprovechar, para deleitar o para las
            dos cosas a la vez?) y así comprobar que la poesía gongorina no cumple con el fin
            instrumental (deleitar), ni con el fin arquitectónico (ser útil) de la poesía. En
            realidad, el injerto de estas categorías lógicas en el discurso literario del abad de
            Rute se realizó en el capítulo XX de la <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi><note
              place="bottom">Fernández de Córdoba, <hi rend="i">Didascalia</hi>…, 1615, cap. XX, p.
              211: «quid sit poeticae finis, aliquot autorum conciliata loca».</note>. Quizás eso
            explique que, ni en el <hi rend="i">Parecer</hi>, ni en el <hi rend="i">Examen</hi>
            donde se volverán a utilizar estas categorías, Fernández de Córdoba mencione la
            fuente.</p>
          <p>Otra influencia que dejó el intercambio de discursos y panfletos entre Guarini y Jasón
            Denores en el <hi rend="i">Parecer</hi> es cierta definición del decoro, entendido como
            adaptación del estilo a un determinado género literario<note place="bottom">Ni Guarini,
              ni Denores fueron los únicos literatos de su tiempo en definir el decoro como la
              adaptación o conveniencia de un estilo para un género poético determinado. Jerónimo
              Vida (<hi rend="i">De arte poetica</hi>, III, v.170-176) y Girolamo Fracastoro (2005:
              82-84), citados por el abad de Rute, también desarrollan esta idea. Sin embargo, es
              muy probable que el hecho de utilizar la noción de decoro para criticar el estilo de
              las <hi rend="i">Soledades</hi> venga de Guarini y Denores, lectura de predilección de
              Fernández de Córdoba, pues ambos lo utilizan para atacar o defender una obra
              literaria.</note>. Denores criticó la tragicomedia, con el argumento de que el estilo
            bajo, característico de la comedia, y el estilo magnífico, característico de la
            tragedia, eran incompatibles en un mismo texto<note place="bottom">Denores, <hi rend="i"
                >Discorso intorno a que' principii, cause et accrescimenti che la comedia, la
                tragedia et il poema eroico ricevono dalla filosofia morale e civile e
                da'governatori delle republiche</hi>, in Padova: appresso Paolo Meieto, 1586, f. 39
              v.</note>. Y también criticó que la lengua utilizada en el <hi rend="i">Pastor
              Fido</hi> fuera demasiado figurada, con ornamentaciones más propias del estilo lírico
            que de una obra dramática<note place="bottom">Denores, <hi rend="i">Apologia di
                Jason</hi> [sic] <hi rend="i">Denores contra l’autor del</hi> Verato en GUARINI, <hi
                rend="i">Delle opere del cavalier Battista Guarini</hi>, in Verona: per Giovanni
              Alberto Tumermani, 1737, II, p. 323.</note>. La respuesta de Guarini se mantiene en
            perfecta continuidad con la noción de decoro propuesta por Denores. Tanto Guarini como
            Denores acuden a la autoridad de Demetrio de Falero para explicar que a cada género
            literario corresponde un estilo literario propio. Lo que hace Guarini, después de haber
            demostrado la legitimidad del nuevo género literario que ha creado, es tratar de definir
            el estilo propio de la tragicomedia: un estilo «templado», es decir un estilo humilde
            realzado por elementos graves o un estilo grave moderado por los procedimientos
            habituales del estilo bajo<note place="bottom">Guarini (2008: 245).</note>. Es muy
            probable que esta manera de enfocar el problema del estilo, conveniente para una
            categoría genérica determinada, llevara al abad de Rute a preguntarse si el estilo
            sublime empleado por Góngora en las <hi rend="i">Soledades</hi> era adaptado al género
            bucólico, dentro del cual sitúa las <hi rend="i">Soledades</hi> en esta primera etapa de
            la polémica<note place="bottom">Sabemos que en el <hi rend="i">Examen</hi> cambiará de
              opinión al respecto y considerará que las <hi rend="i">Soledades</hi> pertenecen al
              género lírico.</note>. Contestando negativamente, dictamina que si las <hi rend="i"
              >Soledades</hi> son un poema bucólico, no es lícito utilizar en ellas un estilo
            sublime y, así, la oscuridad (que sí sería legítima en un poema sublime) no es apropiada
            para las <hi rend="i">Soledades</hi>. Vemos pues que, como en el caso precedente,
            Fernández de Córdoba se inspira de algún argumento y de una manera de pensar y los
            utiliza en un contexto y con una finalidad distinta que en la polémica del <hi rend="i"
              >Pastor Fido</hi>.</p>
          <p>Además de las obras teóricas, el abad de Rute cita numerosos versos de poetas, para
            expresar una idea personal con palabras prestadas o adornar con versos ajenos la
            reflexión propia. Es un uso mundano de la erudición, destinado a crear una connivencia
            con el interlocutor. El Virgilio de la <hi rend="i">Eneida</hi> es el poeta más citado;
            el de las <hi rend="i">Bucólicas</hi>, menos. Ovidio ocupa el segundo lugar más
            importante en el panteón personal del abad de Rute: se le cita por los <hi rend="i"
              >Amores</hi>, los <hi rend="i">Fastos</hi>, las <hi rend="i">Metamorfosis.</hi>
            Fernández de Córdoba muestra una gran familiaridad con este poeta y da la sensación de
            citar de memoria diferentes fragmentos breves que pasaron a ser frases hechas para las
            personas cultas de su tiempo («<hi rend="i">non oculi tacuere tui», «medio ibis
              tutissimus</hi>»). También cita a menudo la <hi rend="i">Biblia</hi> y, de hecho, en
            un fragmento del <hi rend="i">Examen</hi> explicará que ésta contiene verdaderos
            fragmentos de poesía lírica<note place="bottom">Artigas (1925: 427).</note>. Los demás
            poetas se citan de forma más escasa. Se puede llegar a sospechar el uso de repertorios
            de citas o diccionarios latinos, porque a veces varios versos se ensartan unos detrás de
            otros y llegamos a intuir a partir de qué palabra clave hizo la búsqueda<note
              place="bottom">Es indudable a partir de las palabras «tirso» o «bacante» en la parte
              final del <hi rend="i">Parecer</hi>.</note>. Hasta ocurre en algunos casos que, por
            desconocimiento del contexto, utilice algunas citas de manera un poco alejada a su
            sentido original y sospechamos que este desfase no siempre es voluntario. Pero, en otros
            momentos, es indudable que conoce el contexto y el poema, como cuando cita a Policiano
            seguramente de memoria (por los dos errores literales, si bien el sentido se respeta),
            después de haber dicho que él mismo imitó este fragmento en su silva <hi rend="i"
              >Prometeo</hi>. Las otras obras citadas son: las <hi rend="i">Elegías</hi> de
            Propercio, las <hi rend="i">Silvas</hi> de Estacio, la <hi rend="i">Farsalia</hi> de
            Lucano, los <hi rend="i">Idilios</hi> de Teócrito (en traducción latina), las <hi
              rend="i">Silvas</hi> de Policiano, <hi rend="i">La Andriana</hi> de Terencio y <hi
              rend="i">Pséudolo</hi> de Plauto. Además de citar, pondera a varios poetas: a Catulo
            por sus epitalamios; a Persio como paradigma de dificultad reprobable; a Torcuato Tasso
            como contramodelo de poeta que pulió demasiado sus obras, en detrimento de la obra
            corregida, convirtiendo a la <hi rend="i">Gerusalemne liberata</hi> en la <hi rend="i"
              >Conquistata</hi>; a Tibulo, modelo de aparente facilidad y <hi rend="i">labor
              limae</hi>. Luego, «Teócrito, Bión, Virgilio, Calpurnio, Severo, Petrarca, Sannazaro,
            Pontano, Marco Rosiglia, Gerónimo Benivieni, Bernardo Tasso, Luis Alemanni y el divino
            Garcilaso» son citados como poetas bucólicos que han escrito en un estilo claro. Valerio
            Flaco y Estacio son presentados como modelos de poetas cuya oscuridad es tolerable
            porque escriben poemas heroicos. También se mencionan los <hi rend="i">Epigramas</hi> de
            Marcial, el <hi rend="i">De plantis</hi> de Teofrasto (en traducción latina), los <hi
              rend="i">Endecasílabos</hi>, los <hi rend="i">Epitafios</hi> y los <hi rend="i"
              >Túmulos</hi> de Bembo y los <hi rend="i">Triunfos</hi> de Petrarca.</p>
          <p>La prosa es citada o mencionada con menor frecuencia: diálogos, obras dramáticas,
            trabajos de historiadores, científicos o padres de la Iglesia. En este caso también
            utilizó probablemente diferentes herramientas de erudición o diccionarios que organizan
            temáticamente las citas de los prosistas siguientes: Plauto, <hi rend="i"
              >Mostellaria</hi>; Luciano de Samosata, traducido al latín: <hi rend="i">Jupiter
              tragœdus (Júpiter trágico</hi>); Máximo de Tiro, en traducción latina, <hi rend="i"
              >Sermones sive Disputationes XLI</hi>; Eliano, <hi rend="i">De varia historia
              (Historias curiosas</hi>); San Jerónimo, <hi rend="i">Comentario a Ezequiel</hi> o <hi
              rend="i">Comentario a Nahum</hi>; Plinio, <hi rend="i">Historia natural</hi>; Cornelio
            Tácito, <hi rend="i">Anales</hi>; y Diodoro Sículo, <hi rend="i">Bibliotheca historica,
              sive historiae priscae</hi>.</p>
          <p>Finalmente, podemos rastrear la utilización de obras no citadas explícitamente, pero de
            las cuales echa mano para sacar citas. Que el abad de Rute utilice diccionarios,
            manuales, <hi rend="i">Tesoros</hi> o antologías no es de extrañar, pues eran muy
            comunes en la época, y no por eso desmerece su cultura, que es verdaderamente asombrosa
            por su extensión y variedad. Por ejemplo, según pudimos advertir, finge citar un verso
            de las <hi rend="i">Bacantes</hi> de Eurípides, en alguna traducción al latín, sin
            precisar que lo que de verdad reproduce es la paráfrasis que Natale Conti dio de este
            fragmento en sus <hi rend="i">Mythologiae</hi><note place="bottom">Remito a las notas de
              la edición para el detalle.</note>. Pero esto ocurre muy pocas veces. Al contrario,
            cuando Fernández de Córdoba utiliza un instrumento de erudición, suele confesarlo. Así,
            por ejemplo, deja entrever que debe una cita de Aulo Gelio a Conrado Licóstenes,
            compilador que, a su vez, la sacaba de los <hi rend="i">Adagia</hi> de Erasmo. La
            honradez intelectual prevalece al final por encima de las ganas de lucir erudición.</p>
          <p>De todo lo dicho se desprende que el abad de Rute es un lector muy culto, que sabe
            manejar instrumentos de erudición variados. Sabe a la perfección cómo y dónde encontrar
            fuentes de información. Es más un compilador del saber y de las ideas ajenas que un
            autor capaz de inventar conceptos nuevos.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. [Conceptos debatidos] <lb/> Un amplio abanico de temas, con énfasis en el de la
            oscuridad</head>
          <p>El abad de Rute establece las bases de las futuras discusiones sobre la oscuridad en
            los textos posteriores de la polémica<note place="bottom">Sigue siendo imprescindible el
              estudio de Joaquín Roses (1994).</note>, enfocando el problema desde múltiples
            perspectivas. Para Fernández de Córdoba, la oscuridad es condenable porque impide la
            perspicuidad, a la que tiene que tender toda producción poética, como cualquier otro
            discurso escrito. Observamos aquí el resultado del enfoque retoricista de su reflexión:
            el abad de Rute define la claridad de la «narración» (utiliza la expresión) y aplica
            esta reflexión al discurso poético. Es particularmente intolerable la oscuridad en las
              <hi rend="i">Soledades</hi>, porque procede de un exceso de figuras y, en particular,
            de tropos. Cada tropo puede potencialmente convertirse en una fuente de oscuridad; una
            acumulación de tropos acentúa aún más este riesgo. Debe huirse de la oscuridad, dice,
            porque impide alcanzar las dos finalidades propias de la poesía: deleitar y enseñar.
            Francisco Fernández de Córdoba concede que puede haber un placer de leer cosas
            difíciles, por lo menos para los lectores más doctos, pero, dice, la oscuridad no
            permite que los lectores menos cultos entiendan a fondo el contenido moral y por eso no
            podrán aprovecharse de la obra. Además, una obra absolutamente buena no puede tener
            ninguna parte mala, ni le puede faltar nada: que le falte perspicuidad es contradictorio
            con la idea de perfección.</p>
          <p>Luego acude a otro argumento, totalmente nuevo en la polémica y que tendrá bastante
            transcendencia en las futuras discusiones: la oscuridad es intolerable en el caso de las
              <hi rend="i">Soledades</hi> porque no hablan de misterios de religión que deban
            permanecer escondidos. Matiza después la idea de que pueda existir un placer de leer
            cosas difíciles, diciendo que seguramente sus lectores se van a cansar de descifrar
            enigmas. Y subraya que la sensación de pérdida que experimenta el lector cuando trata de
            entender la obra gongorina es intolerable, porque le hace sentir como si estuviera
            leyendo un idioma extranjero y no fuera capaz de entenderlo. Cuestiona que sea el lector
            quien no esté a la altura de la obra. Otro tema presente y estrechamente vinculado al
            anterior es la identidad de lo que podríamos llamar el censor legítimo de la poesía:
            ningún poeta, afirma el abad de Rute, puede prescindir de la aprobación popular; el
            pueblo es un censor legítimo de las creaciones literarias. De ahí se deriva la
            ilegitimidad de escribir solo para los doctos, en lenguaje cifrado o con enigmas a los
            que solo unos escasos lectores muy cultos tendrían acceso. La obra realmente buena es
            aquella que goza de una aprobación universal.</p>
          <p>Acaba enunciando un ideal estético muy difundido y que podemos considerar típicamente
            clásico: que la complejidad y dificultad de composición de la obra permanezcan
            escondidas y que el lector experimente una engañosa sensación de facilidad. «Venustidad
            y perspicuidad virgiliana», equilibrio, buen gusto y elegancia: así se puede cifrar el
            ideal estético del abad de Rute. El buen poeta es aquel que conoce perfectamente la
            tradición poética e imita a los mejores modelos grecolatinos e italianos. El abad de
            Rute se cita como ejemplo de poeta que practicó la <hi rend="i">imitatio</hi> en su
            silva <hi rend="i">Prometeo</hi><note place="bottom">El poema está perdido. Puede que
              haya sido escrito en latín como hace pensar el buen grado de maestría en este idioma
              por el autor y la cantidad de poemas neolatinos citados en el <hi rend="i"
                >Parecer</hi>.</note>, donde reinterpretó un fragmento de Teócrito y Policiano (éste
            ya había imitado a aquél). Un buen poeta también tiene a su disposición un amplio
            vocabulario y es capaz de crear conceptos ricos y variados. Góngora es «rico y abundante
            de esta mercancía, como todo el mundo sabe», pero, por afectación y no por incapacidad,
            prefirió repetir palabras y figuras varias veces.</p>
          <p>El abad de Rute es heredero de una jerarquía de los estilos, en la cual el heroico es
            el más digno de todos. Por eso animó a Góngora (en sus pareceres perdidos sobre el <hi
              rend="i">Polifemo</hi> y la <hi rend="i">Canción a la toma de Larache</hi>) a cultivar
            este género, en el cual no cree que entren las <hi rend="i">Soledades</hi>. Está,
            implícita en toda esta reflexión, la noción de decoro que supone que conviene utilizar
            el estilo adecuado al género en que uno escribe. Fernández de Córdoba reconoce que los
            recursos estilísticos que utiliza Góngora en las <hi rend="i">Soledades</hi> (y que
            crean la oscuridad) son buenos en sí, pero son propios del estilo sublime y no del
            bucólico.</p>
          <p>Otro tema muy presente en el <hi rend="i">Parecer</hi> es la repetición de palabras y
            de ideas y el uso excesivo de determinadas figuras. El abad de Rute nota la creación de
            una especie de idiolecto, la repetición y transformación de metáforas en base a la
            asociación de las mismas palabras claves. También critica el uso excesivo de dos tropos:
            hipérbatos e hipérboles, propios del estilo sublime que definió anteriormente.</p>
          <p>El tema de la «propiedad» de las imágenes, es decir su adaptación a la realidad, está
            también diseminado en todo el <hi rend="i">Parecer</hi>. No es conveniente escribir que
            una campesina tiene la tez blanca, porque no puede tenerla, al trabajar siempre fuera.
            La propiedad también se entiende como adaptación a la realidad de la mitología,
            establecida por la tradición de los poetas: las doncellas de la <hi rend="i"
              >Soledad</hi> I no deberían ser calificadas de «bacantes» ya que están desarmadas y no
            llevan tirso, al contrario de cómo las representaron los buenos poetas. Lo sorprendente
            en esta manera de pensar es que, incluso cuando el abad de Rute se pregunta si una cosa
            puede existir en el mundo real (la tez blanca de una campesina o un barco de haya) busca
            la respuesta en las obras de los poetas y en la tradición literaria. Tiene mucho sabor
            el fragmento en el que el autor del <hi rend="i">Parecer</hi> se presenta, junto a su
            amigo Francisco de Gálvez, revisando en Teofrasto y Plinio si pueden existir navíos de
            haya. Bastaría con que alguna autoridad hubiera utilizado esta sinécdoque para que fuera
            aceptable en Góngora. En efecto, la mejor forma de imitar la naturaleza es imitar a los
            poetas que ya la imitaron. Encontramos aquí el germen de la futura actitud crítica de
            los comentaristas (Díaz de Rivas, Salcedo Coronel, Pellicer) que intentarán justificar y
            disculpar la novedad de las <hi rend="i">Soledades</hi>, a partir de la tradición
            poética, acumulando presuntas fuentes.</p>
          <p>El tema de la novedad o modernidad de la poesía gongorina se cierne sobre todas las
            reflexiones acerca de la utilización de tropos. El abad de Rute cita por ejemplo una
            serie de hipálages o metonimias en latín, otras en italiano y se pregunta si la poesía
            en lengua española tendrá capacidad para integrar las figuras arriesgadas y el ornato
            difícil que admiten idiomas de mayor tradición poética. También censura la excesiva
            audacia de algunas construcciones anfibológicas, subrayando que lo que está en juego no
            es la comprensión literal de los fragmentos, sino la excesiva maleabilidad de las
            estructuras gramaticales: «aunque todos lo entiendan, será bien aclararlo más», dice. La
            defensa de la novedad y de la libertad creativa serán afirmadas más rotundamente aún en
            el <hi rend="i">Examen</hi><note place="bottom">Artigas (1925: 425).</note>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>7. [Otras cuestiones] <lb/> Un esbozo de los grandes comentarios</head>
          <p>Si el principal interés del <hi rend="i">Parecer</hi> es ofrecer, dentro de la polémica
            gongorina, la primera reflexión ordenada y completa sobre la noción de oscuridad,
            también constituye un primer esbozo de lo que serán, en las siguientes décadas, los
            comentarios de la obra de don Luis, bajo la pluma de Díaz de Rivas, Salcedo Coronel y
            Pellicer. Pocos versos son comentados en el <hi rend="i">Parecer</hi>, y lo son desde
            una perspectiva esencialmente crítica, para señalar los fragmentos que merecen ser
            enmendados, cuando los tres citados comentaristas tuvieron como objetivo principal
            defender e ilustrar la obra de Góngora. Sin embargo, pese a esta diferencia esencial, la
            metodología es similar. Cuando un fragmento presenta alguna dificultad, el abad de Rute
            (y los comentaristas señalados) buscan en otras autoridades grecolatinas versos que
            hablen del mismo tema o que contengan el mismo tipo de figuras. Se trata de legitimar o
            deslegitimar las audacias estilísticas y las creaciones poéticas de Góngora a partir de
            otras obras canónicas. Por ejemplo, que ninguna autoridad griega o latina haya utilizado
            la sinécdoque de materia «haya» para designar un barco es motivo suficiente para
            censurar su uso en la obra de Góngora. Este tropo no tiene legitimidad porque no tiene
            tradición literaria suficiente. Al revés los tres comentaristas se empeñarán en acumular
            fragmentos de autores canónicos para avalar la escritura de Góngora. Por otra parte, el
            abad de Rute no cree que un poeta español se pueda permitir tanta audacia como la que
            usaron los poetas grecorromanos o italianos. De momento, la lengua castellana no ha
            alcanzado aún un grado de madurez suficiente para que sea el caso. De hecho, Góngora
            podría contribuir a realzar la lengua castellana, piensa el abad de Rute, si accediera a
            escribir el gran poema heroico que España necesita. Por ejemplo, el uso de la metonimia
            le parece perfectamente lícito en las obras de Virgilio o Petrarca, pero duda en
            recomendarla en castellano: «En nuestro vulgar no sé si puede usarse, creo que, a poder,
            no fuera tan ridículo».</p>
          <p>Para encontrar lugares con los cuales comparar los fragmentos que comenta, el abad de
            Rute utiliza las mismas herramientas de erudición que los demás comentaristas:
            diccionarios, índices de las obras completas de algún autor, manuales de retórica, obras
            comentadas de un clásico. Y cae en la misma tentación de acumulación de erudición que
            sus seguidores. Por ejemplo, cuando comenta la metáfora de las bacantes, encuentra en el
              <hi rend="i">Diccionario</hi> de Calepino referencias de textos que hablen de tirsos.
            Localizadas las citas, acude a las obras completas de los autores en cuestión y de allí
            copia la cita (una escrupulosidad de la que no siempre harán gala los demás
              comentaristas<note place="bottom">Pellicer en particular no siempre averigua las citas
              que aduce, como demostró Dámaso Alonso (1937).</note>). El resultado es un largo
            fragmento que nos habla más de la curiosidad personal del abad de Rute por la mitología
            que de la obra de Góngora.</p>
        </div>
        <div>
          <head>8. [Conclusión]</head>
          <p>El <hi rend="i">Parecer</hi> es un compendio de erudición escrito para convencer a
            Góngora de que debía corregir sus poemas y restituir su obra a la claridad y
            perspicuidad virgiliana que solía tener antes de que se lanzara a escribir el <hi
              rend="i">Polifemo</hi> y las <hi rend="i">Soledades</hi>. No cabe duda de la profunda
            admiración que don Francisco tenía por la obra de Góngora: absolutamente sincera es su
            convicción de que es Góngora el mejor poeta de España, como dictaminará en la <hi
              rend="i">Apología</hi>. Pero, en esta etapa de la polémica, considera que la nueva
            propuesta literaria de Góngora es errónea y que el poeta todavía está a tiempo de
            corregir el tiro. La oscuridad es «afectada», analiza, es decir, buscada deliberadamente
            y ninguna autoridad puede respaldarla. También otros «pecadillos» afean la obra,
            desmereciendo del conjunto, y todos tienen que ver con una <hi rend="i">elocutio</hi>
            sobrecargada de tropos. Seguramente las circunstancias previas a la escritura del <hi
              rend="i">Parecer</hi> pudieron predisponer al abad de Rute a responder con cierta
            irritación a Góngora (éste acudió tarde a su amigo para valorar las <hi rend="i"
              >Soledades</hi> y desatendió los primeros consejos del abad de Rute, redactados en
            unos pareceres hoy perdidos sobre el <hi rend="i">Polifemo</hi> y la <hi rend="i"
              >Canción a la toma de Larache</hi>) pero, en el fondo, lo que resalta es la falta de
            adhesión inicial del abad de Rute a la nueva propuesta estética de Góngora. El ataque de
            Jáuregui, que cosechó en el <hi rend="i">Parecer</hi> numerosos argumentos en contra de
            las <hi rend="i">Soledades</hi>, puso al abad de Rute en la obligación de reconsiderar
            su argumentación y reescribirla en parte en el <hi rend="i">Examen</hi>. La evolución de
            una posición a otra muestra que, incluso entre los lectores a priori más favorables a la
            obra de Góngora, la revolución poética de las <hi rend="i">Soledades</hi> no se impuso
            sin sobresaltos.</p>
        </div>
        <div>
          <head>9. [Establecimiento del texto]</head>
          <p>De momento solo contamos con un manuscrito que recoja el <hi rend="i">Parecer</hi>: el
            llamado manuscrito Gor<note place="bottom">BFBM, ms. B106-V1-36.</note> (al que en
            adelante llamaremos G). La edición que ofrecemos a continuación solo se pudo hacer
            corrigiendo <hi rend="i">ope ingenii</hi> las erratas que contiene y, en el caso de los
            abundantes errores que contenían las citas en latín e italiano, remontándonos a la
            fuente consultada por Fernández de Córdoba. Si aparecieran otros testimonios de este
            texto, quizás permitieran corregir otros errores que pasaron desapercibidos.</p>
          <p>Para subsanar las citas nos fue útil identificar las ediciones que manejó el abad de
            Rute, de los autores que cita, guiándonos por las peculiaridades de las citas. El abad
            de Rute cita la <hi rend="i">Poética</hi> de Aristóteles en la edición y traducción de
            Alessandro Pazzi, publicada por primera vez en Venecia en 1536<note place="bottom"><hi
                rend="i">Aristotelis Poetica per Alexandrum Paccium, patritium florentinum, in
                latinum conversa</hi>, Venetiis, in aedibus Aldi et Andreae Asulani soceri,
              1536.</note>. Fernández de Córdoba no utilizó la <hi rend="i">princeps</hi>, puesto
            que ésta presenta el texto latino a continuación del texto griego en un solo bloque, sin
            indicación de los capítulos<note place="bottom">Hemos manejado el ejemplar de la BNE,
              R34461.</note>. Los capítulos fueron introducidos en un sinfín de <hi rend="i">Obras
              completas</hi> de Aristóteles, que reutilizaron la traducción de Pazzi. Nótese que el
            orden de los capítulos varía con respecto a las ediciones modernas. Luego, Fernández de
            Córdoba cita la <hi rend="i">Retórica</hi> de Aristóteles en la edición y traducción de
            Jorge de Trebizonda<note place="bottom"><hi rend="i">Rhetoricorum Aristotelis ad
                Theodecten libri tres, Georgio Trapezuntio interprete</hi>, Lugduni: apud Seb.
              Gryphium, 1545.</note>, pero no sabemos si manejó la <hi rend="i">princeps</hi> o
            alguna reimpresión, pues dicha traducción fue reeditada varias veces a lo largo del
            siglo XVI.</p>
          <p>Las numerosísimas citas de la <hi rend="i">Institución oratoria</hi> presentan
            características que nos permiten afirmar que el abad de Rute no utilizó la edición más
            difundida del siglo XVI, establecida por Pellegrino Pasquali y Dionigi Bertocchi en
            Venecia en 1482 y reimpresa muchas veces. Las citas corresponden todas con una edición
            parisina mucho menos conocida: <hi rend="i">De institutione oratoria libri XII</hi>,
            Parisiis, apud Audoënum Parvum, in via quae est ad D. Iacobum, sub insigni Lilii, 1549.
            Las diferencias entre ésta y las demás ediciones citadas, antiguas y modernas, son
              numerosas<note place="bottom"><p rend="noindent">Cito la edición parisina (<hi
                  rend="i">M. Fabii Quintiliani, oratoris eloquentissimi, De institutione
                  oratoria…</hi>, 1549) y, entre corchetes, el texto de la edición antigua más
                difundida: <hi rend="i">Institutiones oratoriae</hi>, [Paulus de Ferraria],
                Dionysius [Bertochus] Bononiensis et Pereginus [de Pasqualibus], Treviso: 22 octubre
                1482:</p><p><hi rend="i">Quid si plerumque accidit, ut faciliora sint ad
                  intellegendum et lucidiora multo, quae a doctissimo quoque dicuntur? Nam et prima
                  est eloquentiae virtus perspicuitas</hi>, et quo quisque [en vez de «quis» en la
                edición de 1482; así como en Quintiliano 1975-1980 y Quintiliano 2009] <hi rend="i"
                  >ingenio minus valet, hoc se magis attollere et dilatare conatur, ut statura
                  breves in digitos eriguntur et plura infirmi minantur. Nam tumidos et corruptos et
                  tinnulos et quocumque alio cacozeliae genere peccantes, certum habeo non virium,
                  sed infirmitatis vitio laborare, ut corpora non robore, sed valetudine inflantur
                  et recto itinere lapsi</hi> [lassi] <hi rend="i">plerumque divertunt</hi>
                [devertunt]. <hi rend="i">Erit ergo obscurior etiam</hi> [etiam oscurior] <hi
                  rend="i">quo quisque deterior.</hi></p><p rend="noindent">También el siguiente
                fragmento :</p><p><hi rend="i">Plus tamen est obscuritatis in contextu et
                  continuatione sermonis, et plures modi. Quare nec sit tam longus, ut eum prosequi
                  non possit intentio: nec trajectione tam tardus, ut in hyperbaton</hi> [nec
                transjectone ultra modum hiperbati] <hi rend="i">finis ejus differatur. O éste: In
                  hoc malum etiam a quibusdam laboratur</hi> [In hoc malum a quibusdam etiam
                laboratur…]; <hi rend="i">neque id novum vitium est</hi> […]</p><p rend="noindent"
                >Para terminar veamos la definición de la hipérbole: <hi rend="i">ementiens
                  superjectio</hi> (Quintiliano, <hi rend="i">De institutione oratoria</hi>, 1549),
                en vez de lo que se lee en todas las ediciones modernas: «<hi rend="i">Est haec
                  decens veri superjectio</hi>» (Quintiliano 2009 y 1975-1980); o en las demás
                ediciones antiguas publicadas en Venecia que rezan así: «<hi rend="i">est haec de
                  mensuris subjectio</hi>» (Quintiliano, <hi rend="i">Institutiones oratoriae</hi>,
                1482). En mi edición he respetado pues el texto de Quintiliano, <hi rend="i">De
                  institutione oratoria</hi> 1549, enmendando solamente los evidentes errores de
                ortografía.</p></note>: es muy probable que el abad de Rute haya manejado algún
            ejemplar de dicha edición parisina, a no ser que tuviera entre las manos otra versión
            que no pudimos localizar y sigue la misma tradición textual deturpada.</p>
          <p>En cambio no pudimos encontrar qué edición del <hi rend="i">Arte poética</hi> de
            Horacio utiliza, porque las citas no presentan errores, ni variantes características
            (solo son de notar algunas aproximaciones, que parecen indicar que el abad de Rute
            restituye algunos fragmentos de memoria). Por la misma razón tampoco pudimos encontrar
            en qué edición cita las obras de Cicerón: <hi rend="i">De finibus</hi>, [<hi rend="i"
              >Del supremo bien y del supremo mal</hi>], <hi rend="i">Academicorum</hi> […] <hi
              rend="i">liber</hi> [<hi rend="i">Cuestiones académicas</hi>], <hi rend="i">De natura
              deorum</hi> [<hi rend="i">De la naturaleza de los dioses</hi>]; las de Elio Donato:
              <hi rend="i">Ars grammatica major</hi>; y las de Diomedes: <hi rend="i">Diomedis artis
              grammaticae libri III</hi>; si es que las consultó directamente.</p>
          <p>La «bibliografía hipotéticamente consultada por el polemista» que logramos reconstruir
            a partir de las particularidades de la traducciones al latín de unos textos inicialmente
            escritos en griego (Diodoro de Sicilia, Eliano, Diogenio Laercio, Luciano de Samosata,
            Máximo de Tiro…) nos permitió corregir numerosos errores de transcripción del
            copista.</p>
          <p>Decidimos ofrecer una traducción al español de todas las citas que utiliza el abad de
            Rute en su texto. En la mayoría de los casos, las traducciones son nuestras, salvo en
            aquellos casos en que utilizamos alguna traducción publicada, y así lo mencionamos.</p>
        </div>
        <div>
          <head>10. [Bibliografía]</head>
          <div>
            <head>10.1 Obras hipotéticamente citadas o consultadas por el polemista</head>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alamanni</hi>, Luigi:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">La Coltivazione di Luigi Alamanni al christianissimo re Francesco
                primo</hi>, stampata in Parigi: da Roberto Stephano, regio stampatore, 1546.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aristóteles</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Aristotelis Poetica per Alexandrum Paccium, patritium florentinum,
                in latinum conversa</hi>, Venetiis: in aedibus Aldi et Andreae Asulani soceri,
              1536.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Rhetoricorum Aristotelis ad Theodecten libri tres, Georgio
                Trapezuntio interprete</hi>, Lugduni: apud Seb. Gryphium, 1545.</bibl>

            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Calepino</hi>, Ambrosio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Ambrosii Calepini dictionarium, in quo restituendo atque exornando
                haec praestitimus</hi>, Venetiis: in aedibus Manutianis, 1573.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Calpurnio</hi> (Titus Calpurnius Siculus):</p>
            <bibl>—, Calpurnii Eclogae VII. Nemesiani Eclogae IV, Romae: typis Conradi Sweynheym et
              Arnoldi Pannartz, 1471.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cerda</hi>, Juan Luis de la:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Publii Virgilii Maronis Bucolica et Georgica argumentis,
                explicationibus et notis illustrata a Joanne Ludovico de la Cerda</hi>,
              [Francofurti]: e nobilis Francorum vadi collegio Paltheniano, 1608.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Publii Virgilii Maronis priores sex libri Aeneidos argumentis,
                explicationibus, notis illustrati, auctore Joanne Ludovico de la Cerda</hi> […],
              Lugduni: sumptibus Horatii Cardon, 1612.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Publii Virgilii Maronis posteriores sex libri Aeneidos argumentis,
                explicationibus, notis illustrati, auctore Joanne Ludovico de la Cerda</hi> […],
              Lugduni: sumptibus Horatii Cardon, 1617.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Conti</hi>, Natale, (Natale Comitis):</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Natalis</hi>
              <hi rend="i">Comitis Mythologiae</hi>, <hi rend="i">sive explicationis fabularum libri
                decem</hi>, Parisiis: apud Arnoldum Sittart, 1583.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Denores</hi>, Giasone:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Discorso intorno a que' principii, cause et accrescimenti che la
                comedia, la tragedia et il poema eroico ricevono dalla filosofia morale e civile e
                da'governatori delle republiche</hi>, in Padova: appresso Paolo Meieto, 1586.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Apologia contra l’auttor del Verato di Iason De Nores. Di quanto
                ha egli detto in un suo discorso delle tragicomedie et delle pastorali</hi>, in
              Padova: appresso Paolo Meietti, 1590.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Diodoro de Sicilia</hi> (también llamado Diodoro
              Sículo):</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Bibliotheca historica, sive historiae priscae, libri I-VI</hi>
                (<hi rend="i">i. e.</hi> I-IV) <hi rend="i">a Poggio Florentino conversae</hi>,
              Venetiis: Philippus Pincius, 1493.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Eliano</hi>, Claudio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Aeliani variae historiae libri XIIII editio postrema multo quam
                antehac emendatior</hi>, Lugduni: apud Joan Tornaesium, 1601. (Edición bilingüe
              griego-latín con capítulos).</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Endelequio</hi>, Severo Santo (Severus Sanctus
              Endelechius, también llamado Severus Retor):</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Epigrammata et poematia vetera. Quorum pleraque nunc primum ex
                antiquis codicibus et lapidibus, alia sparsim antehac errantia, jam undecunque
                collecta emendatiora eduntur</hi>, Parisiis: excudebat Dionysius Duvallius,
              1590.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Severi Endeleichi carmen bucolicum de mortibus boum cum notis M.
                Johannis Weitzii</hi>, Francoforti: apud Egenolphum Emmelium, 1612.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Escalígero</hi>, Julio César:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Poetices libri VII</hi>, Lugduni: apud Joannem Crispinum,
              1561.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Fernández de Córdoba</hi>, Francisco:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon,
              1615.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Fracastoro</hi>, Girolamo:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Hieronymi Fracastorii veronensis opera omnia</hi>, Venetiis: apud
              haeredes Lucaeantonii Juntae, 1555.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Gilio da Fabriano</hi>, Giovanni Andrea:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Topica poetica di M. Giovanni Andrea Gilio da Fabriano, Nella
                quale con bell’ordine, si dimostrano le parti principali, che debbono havere tutti
                quelli, che poetar disegnano. Et oltre di questo, se insegna à conoscere, il genere,
                i luochi topici, e con bel modo, ancora le figure</hi>, in Venetia: appresso Oratio
              de’ Gobbi, 1580.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Guarini</hi>, Giambattista:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Il Verrato, ovvero difesa di quanto ha scritto M. Giason Denores,
                contra le tragicomedie et le pastorali, in uno suo discorso di poesia</hi>, in
              Ferrara: ad instanza di Alfonso Caraffa, 1588.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Il Verato secondo overo replica dell’ Attizzato accademico
                ferrarese in difesa del Pastor Fido</hi>, in Firenze: Per Filippo Giunti,
              1593.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Compendio della poesia tragicomica</hi>, Venecia: appresso Gio.
              Battista Ciotti, 1601.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Laercio</hi>, Diogenes:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Laertiou Diogenous Peri bion dogmaton kai apophthegmaton ton en
                philosophia eudokimesanton Biblia I' = Laertii Diogenis de vitis dogmatis et
                apophthegmatis eorum qui in philosophia claruerunt libri X / Thoma Aldobrandino
                interprete. Cum adnotationibus ejusdem</hi>, Romae: apud Aloysium Zanettum,
              1594.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Luciano de Samosata</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Elegantissima aliquot Luciani opuscula, jam recens per Vincentium
                Opsopoeum latinitate donata</hi> […], Haganoae: per Joan. Sec, 1529.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Luciani Samosatensis opera quae quidem extant omnia cum argumentis
                et annotationibus ejusdem passim adjectis, e graeco sermone in latinum, partim jam
                olim diversis autoribus, partim nunc demum per Jacobum Micyllum, quaecunque reliqua
                fuere translata</hi>, Francoforti: apud Christianum Egenolphum, 1538.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Luciani Samosatensis Opera, quae quidem extant, omnia a graeco
                sermone in latinum conversa, nunc postremum multo diligentius et melius quam ante,
                ad graecum exemplar correcta et emendata</hi>, Parisiis: ex officina Michaelis
              Vascosani, 1546.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Loukianou Hapanta. Luciani Samosatensis opera, quae extant omnia
                Graece et Latine, in quatuor tomos divisa quorum elenchos post aliquot paginas
                reperies. Una cum Gilberti Cognati Nozereni et Joannis Sambuci annotationibus
                utilissimis</hi> […], Basileae: per Henricum Petri, 1563.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Luisio</hi>, Francesco (también llamado Francesco
              Luigini o Franciscus Luisinus Utinensi o también Franciscus Lovisini):</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Francisci Luisini Utinensis in librum Quinti Horatii Flacci de
                arte poetica commentarius</hi>, [1554] en <hi rend="i">Opera Q. Horatii Flacci
                Venusini, grammaticorum antiquiss. Helenii Acronis, et Porphirionis commentariis
                illustrata</hi>, Basileae: apud Henrichum Petri, 1555, vol. 2. Disponible en:
                &lt;<ref
                target="http://www.univ-paris3.fr/html/horace/Horace%20BALE/Lovisini%20Ars.pdf"
                >http://www.univ-paris3.fr/html/horace/Horace%20BALE/Lovisini%20Ars.pdf</ref>&gt;.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Licóstenes</hi>, Conrado:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Apophthegmata ex probatis graecae latinaeque linguae scriptoribus
                a Conrado Lycosthene collecta</hi>, [Genavae]: excudebat Jacobus Stoer, 1609.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Major</hi>, Georg:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Sententiae veterum poetarum per locos communes digestae</hi>,
              Lipsiae: Johannes Rhamba excudebat, 1564.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Máximo de Tiro</hi>:</p>
            <bibl>—,<hi rend="i"> Maximi tyrii philosophi Platonici Sermones sive Disputationes XLI.
                Ex Cosmi Paccii Archiepiscopi Florentini interpretatione. Ab Henrico Stephano</hi>
                […]<hi rend="i"> enmendata</hi>. Ex oficina Henrici Stephani Parisiensis typographi,
              1547.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Minturno</hi>, Antonio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i"><ref
                  target="http://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=436356">De poeta, ad
                  Hectorem Pignatellum vibonensium ducem libri sex</ref>
              </hi>[...], Venetiis: apud Franciscum Rampazetum, 1559.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Policiano</hi>, Ángel:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Angeli Politiani Sylvae, nutricia, manto, rusticus, ambra
                illustratum per Franciscum Sanctium Brocensem</hi>, Salmanticae: excudebat Andreas a
              Portonariis, 1554.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Quintiliano</hi>, Marco Fabio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">M. Fabii Quintiliani, oratoris eloquentissimi, De institutione
                oratoria libri XII</hi>, Parisiis: apud Audoënum Parvum, in via quae est ad D.
              Iacobum, sub insigni Lilii, 1549.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Rosiglia</hi>, Marco:</p>
            <bibl>—,<hi rend="i"> Miscelanee</hi> [sic] <hi rend="i">nova del p[re]clarissimo poeta
                maestro Marcho Rasilia da Foligno et altri auctori</hi> […] Sta[m]pata i[n] Venetia:
              p[er] Nicolo dicto Zopino, [c. 1510-1515].</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Salviati</hi>, Lionardo:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Degli accademici della Crusca difesa dell’ Orlando furioso dell’
                Ariosto contra’l dialogo dell’epica poesia di Cammillo Pellegrino. Stacciata
                prima</hi>, in Firenze: per Domenico Manzani, stampator della Crusca, 1584.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Simposio</hi> (también llamado Symposius o
              Symphosius):</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Aenigmata Symposii poetae cum scholiis Josephi Castalionis
                Anconitani</hi>, Romae: apud Franciscum Zannettum, 1581.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tasso</hi>, Torcuato:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Discorsi del poema heroico del signor Torquato Tasso</hi>, Napoli:
              nella Stamparia dello Stigliola, [¿1594?].</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Teócrito</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Theocriti Syracusani Idyllia triginta sex, latino carmine reddita
                Helio Eobano Hesso interprete</hi>, Haganoae: Per Joan. Secerium, 1530.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Teofrasto</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Theophrasti sparse de plantis sententiae in continuatam seriem ad
                propria capita revocatae</hi>, Boloniae: apud Alexandrum Benaccium 1561</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vida</hi>, Marco Girolamo:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Marci Hieronymi Vidae cremonensis de arte poetica libri III</hi>,
              Romae: apud Ludovicum Vicentinum, 1527.</bibl>
          </div>
          <div>
            <head>10.2.1 Otras referencias bibliográficas del editor (manuscritos e impresos
              anteriores a 1800)</head>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Antonio</hi>, Nicolás:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Bibliotheca Hispana Nova</hi>, Matriti: apud Joachimum de Ibarra,
              1783-1788.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Benivieni</hi>, Girolamo en:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Bucolica (Tr: Bernardo Pulci). Add: Francesco de Arsocchi:
                Bucolica. Girolamo Benivieni: Bucolica. Jacopo Fiorino de Boninsegni: Bucolica</hi>,
              Firenze: Antonio Miscomini, 1481/82.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Covarrubias</hi>, Sebastián:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Tesoro de la lengua castellana o española</hi>, en Madrid: por
              Luis Sánchez, impresor del rey, 1611.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Denores</hi>, Giasone:</p>
            <bibl>—, en <hi rend="sc">Guarini</hi>, Batista, <hi rend="i">Delle opere del cavalier
                Battista Guarini</hi>, in Verona: per Giovanni Alberto Tumermani, 1737, II, p.
              313-375. (Esta edición de las obras de Guarini incluye la <hi rend="i">Apologia di
                Jason</hi> [sic]<hi rend="i"> Denores contra l’autor del</hi> Verato).</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Diogeniano</hi>:</p>
            <bibl>—, «<hi rend="i">Diogeniani vulgaria proverbia</hi>» en<hi rend="i"> Adagia sive
                proverbia graecorum ex Zenobio, seu Zenodoto, Diogeniano et Suidae partim edita nunc
                primum, scholiisque parallelis illustrata, ab Andrea Schotto</hi>, Antuerpiae: ex
              officina Plantiniana, apud viduam et filios Joannis Moreti, 1612.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Eliano</hi>, Claudio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Aeliani De varia historia libros XIIII Jacobus Laureus Venetus e
                graeco in latinum vertebat</hi>, in Venetia: appresso Gabriel Giolito di Ferrari,
              1550.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Aeliani De varia historia libri XIIII, nunc primum et latinate
                donati et in lucem editi, Justo Vulteio Veterano interprete</hi>, Lugduni: apud Joan
              Tornaesium et Guil Gazeium, 1553.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Eurípides</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Euripides poeta tragicorum princeps in latinum sermonem
                conversus</hi> […], <hi rend="i">autore Gasgaro Stiblino</hi>, Basileae: apud
              Oporinum, 1562a.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Tragoediae quae hodie extant, omnes latine soluta oratione
                redditae</hi> […].<hi rend="i"> E praelectionibus Philippi Melanthonis</hi>,
              Francofurti: apud L. Lucium, 1562b.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Euripidis Tragoediæ XIX / Euripidou Tragodion tmema deuterou:
                Euripidis Tragoediarum pars altera, latinam interpretationem M. Aemilius Portus
                F.P.C.F. passim ita correxit et expolvit ut nova facie nitidoq[ue] cultu nunc primum
                in lucem prodeat; carminum ratio ex Gul. Cantero diligenter observata; additis
                ejusdem in totum Euripidem notis</hi>, Heidelbergæ: typis Hieronymi Commelini[is],
              1597.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Euripides tragoediae quae extant, cum latina Gulielmi Canteri
                interpretatione</hi>, Ginebra: excudebat Paulus Stephanus, 1602.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Fernández de Córdoba</hi>, Francisco:</p>
            <bibl>—, BNE, ms. 3271, <hi rend="i">Historia de la casa de Córdoba</hi>.</bibl>
            <bibl>—, BNE, ms. 2077, <hi rend="i">Historia de la ciudad de Córdoba y origen de la
                casa de Alcaudete por el racionero don Francisco de Córdoba</hi>.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Guarini</hi>, Giambattista:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Delle opere del cavalier Battista Guarini</hi>, in Verona: per
              Giovanni Alberto Tumermani, 1737, 4 vol.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lope de Vega</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">La Filomena</hi>, Barcelona: por Sebastián de Cormellas,
              1621.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Minturno</hi>, Antonio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">L’arte poetica di Antonio Minturno, della quale si contengono i
                precetti eroici, tragici, comici e d’ogn’altra poesía, con le postille del dottor
                Valvassori</hi>, in Venetia: per Gio. Andrea Valvassori, 1564.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Quintiliano</hi>, Marco Fabio:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Institutiones oratoriae</hi>, Tarvisii: [Paulus de Ferraria],
              Dionysius [Bertochus] Bononiensis et Pereginus [de Pasqualibus], 22 octubre
              1482.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Rosiglia</hi>, Marco:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">La conversione de sancta Maria Magdalena e la vita de Lazaro e
                Martha in octava rima hystoriata. Composta pel dignissimo poeta maestro Marcho
                Rosiglia da Foligno. Opera nova &amp; devotissima</hi>, stampata in Venetia: per
              Nicolo dicto Zopino &amp; Vincentio compagni, 1513 adi XIIII de marzo.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tasso</hi>, Bernardo:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Libro primo de gli amori di Bernardo Tasso</hi>, in Vinegia: G.
              Antonio e fratelli da Sabbio, 1531.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Libro primo</hi> [<hi rend="i">secondo</hi>]<hi rend="i"> de gli
                amori</hi>, in Vinegia: per Joan. Ant. da Sabio, XXXIV del mese di settembre,
              1534.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Libro terzo de gli amori di Bernardo Tasso</hi>, in Vinegia: per
              Bernardino Stagnino, 1537.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Rime di messer Bernardo Tasso divise in cinque libri nuovamente
                stampate</hi>, in Vinegia: appresso Gabriel Giolito de’ Ferrari, 1560.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tasso</hi>, Torcuato:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Discorsi del signor Torquato Tasso dell’ Arte poetica et in
                particolare del Poema heroico</hi>, in Venetia: ad instanza di Giulio y Vassalini
              libraro a Ferrara, 1587.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vaca de Alfaro</hi>, Enrique:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Justa poética a la pureza de la Virgen Nuestra Señora, celebrada
                en la parroquia de San Andrés de la ciudad de Córdoba, en quinze de enero, de
                1617</hi>, impreso en Sevilla: por Gabriel Ramos Bejarano en la calle de Génova,
              [1617].</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vulgata</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">La Biblia vulgata latina traducida en español y anotada conforme
                al sentido de los santos padres y expositores católicos por el padre Felipe Scio de
                San Miguel</hi>, en Valencia: en la oficina de Joseph y Thomas de Orga,
              1790-1793.</bibl>
          </div>
          <div>
            <head>10.2.2 Otras referencias bibliográficas del editor (impresos posteriores a
              1800)</head>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alatorre</hi>, Antonio:</p>
            <bibl>—, «Notas sobre las <hi rend="i">Soledades.</hi> (A propósito de la edición de
              Robert Jammes)», <hi rend="i">Nueva Revista de Filología Hispánica</hi>, 44, n.º 1,
              1996, p. 57-98.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alonso</hi>, Dámaso:</p>
            <bibl>—, «Góngora y la censura de Pedro de Valencia», <hi rend="i">Temas gongorinos,
                Revista de filología española</hi>, XIV, 1927, p. 347-368.</bibl>
            <bibl>—, «Todos contra Pellicer», <hi rend="i">Revista de filología española</hi>, XXIV,
              1937, p. 320-342.</bibl>
            <bibl>—, «La lengua poética de Góngora» (1ª ed. 1932), <hi rend="i">Obras
              completas</hi>, t. V, Madrid, Gredos, 1978, p. 9-240.</bibl>
            <bibl>—, «Sobre el Abad de Rute: algunas noticias biográficas», <hi rend="i">Obras
                completas</hi>, t. VI, Madrid, Gredos, 1982a, p. 203-218. (1ª ed. en E. de Bustos
              (dir.), <hi rend="i">Studia Hispanica in honorem R. Lapesa</hi>, I, Madrid,
              Cátedra-Seminario Menéndez Pidal, 1972, p. 93-104).</bibl>
            <bibl>—, «Góngora en las cartas del Abad de Rute»<hi rend="i">, Obras completas</hi>, t.
              VI, Madrid, Gredos, 1982b, p. 219-260. (1ª ed. <hi rend="i">Homenaje a la memoria de
                D. Antonio Rodríguez-Moñino (1910-1970)</hi>, Madrid, Castalia, 1975,
              p. 27-58).</bibl>
            <bibl>—, «La carta autógrafa más antigua que conservamos de Góngora», <hi rend="i">Obras
                completas</hi>, t. VI, Madrid, Gredos, 1982c, p. 399-421.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Amo Lozano</hi>, Milagros del:</p>
            <bibl>—, «Tres capítulos de teoría literaria en F. F. de Córdoba», A. M. Aldama Roy
              (dir.), <hi rend="i">De Roma al siglo XX. La cultura occidental ante el mundo
                latino</hi>, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1996, t. II,
              p. 647-654.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aristóteles</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Poética</hi>, Valentín García Yebra (trad.), Madrid, Gredos,
              1974.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Ethique de Nicomaque</hi>, Jean Voilquin (ed. y trad.), Paris,
              GF-Flammarion, 1992.</bibl>
            <bibl>—, <hi rend="i">Retórica</hi>, Quintín Racionero (trad.), Madrid, Gredos,
              1994.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Artigas</hi>, Miguel:</p>
            <bibl>—, (ed.), Fernández de Córdoba, Francisco, <hi rend="i">Examen del Antídoto o
                Apología por las Soledades de don Luis de Góngora contra el autor del Antídoto</hi>
              en <hi rend="i">Don Luis de Góngora y Argote. Biografía y estudio crítico</hi>,
              Madrid, Real Academia Española, Tip. de Revista de Archivos, 1925, Apéndice VII, p.
              400-467.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aulo Gelio</hi>:</p>
            <bibl>—, <hi rend="i">Noches áticas. Noctes atticae</hi>, libros 1-10, Manuel-Antonio
              Marcos Casquero y Avelino Domínguez García (trad.), León, Universidad de León,
              2006.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Azaustre Galiana</hi>, Antonio:</p>
            <bibl>—, «Citas de autoridades y argumentación retórica en las polémicas literarias
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          </div>
        </div>
      </div>
      <div>
        <index indexName="resp" n="Francisco Fernández de Córdoba"/>
        <index indexName="resp" n="Góngora, Luis de"/>
        <index indexName="date" n="1614"/>
        <pb
          facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f131r.png"
          n="f. 131r"/>
        <head>Parecer de don Francisco de Córdoba acerca de las <title>Soledades</title> a instancia
          de su autor</head>
        <p>Vino a mis manos, por las del señor Francisco de Gálvez<note place="bottom">Como ha
            estudiado Antonio Cruz Casado (2000: 292), quien intentó reconstruir el panorama
            literario de la Córdoba de principios del siglo XVII, tenemos pocos datos sobre el poeta
            y licenciado Francisco de Gálvez. Tan solo sabemos que participó, junto con Pedro de
            Cárdenas y Ángulo, José Pérez de Rivas, Juan de Peñalosa, Andrés López de Robles,
            Antonio de Paredes, Maestro Márquez, Pedro Díaz de Rivas, Luis de Góngora y Enrique Vaca
            de Alfaro, a una <hi rend="i">Justa poética a la pureza de la Virgen nuestra Señora,
              celebrada en la parroquia de San Andrés de la ciudad de Córdoba, en quinze de enero de
              1617</hi>, como reza la relación que se hizo de dicha justa (Sevilla: por Gabriel
            Ramos Bejarano, 1617). La presencia en estas justas de numerosos participantes
            renombrados de la polémica gongorina alrededor de su campeón confirma que Francisco de
            Gálvez se contaba entre los partidarios y defensores activos de Góngora. Escribió para
            la ocasión un soneto que empieza así: «Este imperioso soberanamente / purísimos candores
            coronado…» (Fernández Ariza 2005). Además, Fernández de Córdoba lo vuelve a nombrar en
            el <hi rend="i">Parecer</hi> más adelante, y lo presenta en plena lectura de Plinio y
            Teofrasto, para investigar si el haya puede ser la materia prima de los navíos y, por lo
            tanto, si la metonimia de llamar haya a un barco es lícita o no.</note>, la primera
          parte de sus <title>Soledades</title> de vuestra merced y lo que tiene hecho de la
          segunda, con que me intimó<note place="bottom"><hi rend="i">intimar</hi>: «notificar
            jurídicamente por auto y fe […], términos forenses» (Cov.).</note> un mandato de vuestra
          merced preciso: que las viese y le dijese mi sentimiento. Acudí a lo primero con mucho
          gusto, por ser en favor mío, que no le<note place="bottom"><hi rend="i">le</hi>: se
            refiere al gusto.</note> tengo por pequeño el comunicarme vuestra merced sus obras tan
          para estimar de todo el mundo, y en particular de mí, o por la antigua amistad, o porque,
          como he visto<note place="bottom" type="app" rend="I">he visto <hi rend="i">em</hi>. : a
            visto <hi rend="i">G</hi></note> algún tanto en poetas y poemas antiguos y modernos<note
            place="bottom">El abad de Rute subraya su conocimiento de la poesía antigua y moderna y
            afirma así su legitimidad como censor o, como diríamos hoy, crítico literario.</note>,
          me corre obligación de saber la excelencia de los de vuestra merced, la ventaja que hacen
          a los demás, sus agudezas peregrinas, la eminencia de su ingenio ya mejor aplicado que
          hasta aquí a cosa que participa de lo serio y continuado. Ojalá fuera la materia más
          grave, heroica, como algunas veces lo he procurado, si bien no he podido persuadir a
          vuestra merced, y no quedara nuestra España (como está hoy) sin alabanza alguna en este
            género<note place="bottom">Podemos suponer que este consejo (que la materia de las obras
            de Góngora fuera heroica) formaba parte de los argumentos desarrollados por el abad de
            Rute en su parecer perdido sobre el <hi rend="i">Polifemo</hi>. Sobre esta etapa de la
            polémica de la cual no conservamos testimonio escrito, véase el apartado 3 de la
            introducción. Fernández de Córdoba lamenta que no exista en España ningún poeta heroico
            de la talla de Homero para las letras griegas, Virgilio para las latinas o Torcuato
            Tasso para la literatura italiana y aspira a que Góngora llene el vacío. Sobre la
            «demanda del poema heroico», a principios del siglo XVII, véase Blanco (2012a).</note>.
          Ello, al fin, es tal que puede dar cuidado o quitarles de él a cuantos tratan de
            componer<note place="bottom">Entiéndase: «la ausencia de poetas heroicos en España es
            tal que es preocupante o puede disuadir a los que escriben poesía de probar este
            género».</note>, pues con razón lo que de las de <persName type="authority"
            key="Virgilio" precision="4" unit="quote" quantity="1">Virgilio</persName> diremos de
          sus composiciones de vuestra merced:<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f131v.png"
            n="f. 131v"/></p>
        <quote><persName type="authority" key="Propercio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Cedite romani scriptores, cedite Graii,</l>
          <l>Nescio quid majus nascitur Iliade<note place="bottom">Propercio,
              <title>Elegías</title>, II, 34, v. 65-66. «Silencio, escritores romanos, silencio,
              griegos: algo está naciendo superior a la <hi rend="i">Iliada</hi>» (traducción
              propia). Así hablaba Propercio de la <hi rend="i">Eneida</hi>, aún en gestación,
              cuando escribió estos versos. El abad de Rute compara la novedad que causarán las <hi
                rend="i">Soledades</hi> aún inacabadas, con la novedad que causó la <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, también inacabada, cuando fue conocida y valorada por Propercio. El
              uso ingenioso de estos dos versos para ponderar la idea de que una obra moderna es
              capaz de superar una obra canónica de la antigüedad era bastante común en el
              Renacimiento. Ralph G. Willliams explica que el Papa León X utilizó estos mismos
              versos para saludar el inicio de la escritura de los <hi rend="i">Christiados libri
                sex</hi> de Vida (uno de los autores de predilección del abad de Rute) y sugerir que
              Vida era un poeta épico incluso mejor que Virgilio (Vida 1976: XIX).</note>;</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">y cierto que, si dijo <persName type="authority" key="Estacio"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Estacio Papinio</persName> en el
            <title>Genethliaco</title> de nuestro cordobés <persName type="authority" key="Lucano"
            precision="1">Lucano</persName>:</p>
        <quote>
          <l>Graio nobilior Melete Baetis<note place="bottom" type="app" rend="I">Baetis <hi
                rend="i">em</hi>. : Boetis <hi rend="i">G</hi></note>,</l>
          <l>Mantua, Baetim<note place="bottom" type="app" rend="I">Baetim <hi rend="i">em</hi>. :
              Boetim <hi rend="i">G</hi></note> provocare noli<note place="bottom">Estacio, <hi
                rend="i">Silvae</hi>, lib. II, 7, v. 34-35. El «Genethliacon Lucani ad Pollam» es un
              poema escrito para celebrar el nacimiento de Lucano. «Río Betis, más famoso que el
              Melete griego; Mantua, no provoques al Betis» (traducción propia inspirada en Estacio
              1995: 114). Los tres topónimos citados son metonimias para designar a los poetas que
              los vieron nacer: el río Betis designa a Lucano, nacido en Bética, la actual
              Andalucía; Mantua, ciudad a orillas del Po, es la patria de Virgilio; y el Melete es
              un río de Jonia, a cuyas orillas se supone que había nacido Homero. Estacio dice pues
              en estos versos que la poesía de Lucano supera la de Virgilio y Homero, y Fernández de
              Córdoba extiende esto a Góngora. La comparación tácita entre Lucano y Góngora es muy
              oportuna, porque los dos eran de Córdoba. Obsérvese que la edición moderna de
              referencia de la biblioteca de Oxford ofrece una versión ligeramente diferente en el
              v. 35, sin que por eso cambie el sentido: «Baetim, Mantua, provocare noli» (Estacio
              1905).</note>,</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">que sin escrúpulo de consciencia lo podremos aplicar a vuestra
          merced.</p>
        <p>Y de mí confieso que, cuando por otros fines y ocupaciones no hubiera dado de mano<note
            place="bottom"><hi rend="i">Dar de mano</hi>: despreciar.</note> a la poesía, lo hubiera
          hecho por conocerme incapaz de arribar a la alteza que posee vuestra merced en esta
            arte<note place="bottom">Sobre la producción poética del abad de Rute, véase el punto 2
            de la introducción.</note> que no admite medianía, conforme al juicio de <persName
            type="authority" key="Horacio" precision="3">Horacio</persName> tan experimentado a
          costa de muchos<note place="bottom">Alusión a Horacio, <hi rend="i">Ars poetica</hi>, v.
            372-373: «<hi rend="i">Mediocribus esse poetis / non homines, non Di, non concessere
              columnae</hi>». «Ni los hombres, ni los Dioses, ni las columnas [de los pórticos bajo
            los cuales solían estar las tiendas de los libreros en Roma] permitieron que los poetas
            fuesen mediocres» (traducción propia inspirada en Horacio 1961: 221). El juicio de
            Horacio es calificado de «tan experimentado a costa de muchos» porque, reconoce el abad
            de Rute, hay muchos poetas mediocres e intolerables.</note>. Dé vuestra merced gracias a
          Dios que ha pasado muy arriba de este grado y que, confesándolo así todos, sin que sobre
          esto pueda movérsele guerra de consideración,</p>
        <quote><persName type="authority" key="Lucano" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Nubes excedit Olympus […]</l>
          <l>Pacem summa tenent<note place="margin">Luca. lib 2º</note>
            <note place="bottom">Lucano, <title>Farsalia</title>, lib. II, v. 271 y 273. El
              fragmento completo es el siguiente: «…<hi rend="i">nubes excedit Olympus. / Lege deum
                minimas rerum discordia turbat; / Pacem summa tenent</hi>». «El olimpo está más
              arriba de las nubes. Por una ley de los dioses, la discordia conturba a los seres más
              pequeños; los grandes conservan la paz» (Lucano 1984: 68).</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">Y, si ya no es profanar la sagrada escritura (<foreign 
            >quod absit a nobis<note place="bottom">Locución latina de autoría desconocida: «lejos
              de mí esta idea».</note></foreign>), está hecho vuestra merced <quote>«mons Dei <hi
              rend="n">(que en aquel lenguaje quiere decir altísimo, inaccesible)</hi> mons, in quo
            beneplacitum est Deo habitare in eo»</quote><note place="margin">psl 67</note>
          <note place="bottom"><title>Biblia, Psalmo</title> 68 (67 en la <hi rend="i"
            >Vulgata</hi>), v. 17: «montaña de Dios […] montaña donde a Dios le place residir». Es
            una manera de decir que la poesía de Góngora es «divina», es decir, muy buena,
            valiéndose también del lugar común según el cual el buen vate es inspirado de los
            dioses, como lo confirman las líneas posteriores de la carta.</note>. Pues como dijo ese
          otro:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Ovidio" precision="4" unit="quote" quantity="2"/>
          <l>Et sacri vates et divum cura vocamur.</l>
          <l>Sunt etiam qui nos numen habere putent<note place="bottom">Ovidio,
                <title>Amores</title>, lib. III, elegía 9, v. 17-18. Elegía por la muerte de
              Propercio: «a los poetas se nos llama seres sagrados y favorecidos por la divinidad;
              hay incluso quien considera que tenemos algo de divino» (Ovidio 1989: 327). Los dos
              versos que siguen en el poema de Ovidio son también de interés: «<hi rend="i">Scilicet
                omne sacrum mors importuna profanat, / omnibus obscuras inicit illa manus</hi>».
              «Pero la muerte inoportuna profana todo lo sagrado y pone por igual en todos su
              invisible mano». Permiten observar que en Ovidio la descripción de los vates como
              seres que participan de lo divino se oponía a la mortalidad de los poetas, reflexión
              nacida a raíz de la muerte de Propercio. El abad de Rute solo conserva la idea de la
              divinidad de los poetas y abandona tanto el contexto de elegía, como la idea de que
              los poetas también son mortales, no haciendo excepción a la ley común de los
              hombres.</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">y</p>
        <quote>
          <l>Est deus in nobis agitante, calescimus illo<note place="bottom">Ovidio,
                <title>Fastos</title>, lib. VI, v. 5. «Hay un dios en nosotros; cuando él nos agita,
              entramos en calor» (Ovidio 1988: 200). El abad de Rute no cita el v. 6, inmediatamente
              posterior, aún más explícito: <hi rend="i">Impetus hic sacrae semina mentis
              habet</hi>: «Este impulso produce la simiente de una mente consagrada». Esta cita y la
              anterior eran tópicas en los siglos XVI y XVII para hablar de la inspiración y del
              entusiasmo, propios de la creación poética. Cervantes las utiliza en el mismo orden en
                <hi rend="i">El licenciado Vidriera</hi> (Cervantes 1994: 662) y aparecen en varias
              antologías de lugares poéticos selectos, por ejemplo: <hi rend="i">Sententiae veterum
                poetarum per locos communes digestae</hi> de Georg Major, Lipsiae, Johannes Rhamba
              excudebat, 1564, f. 27r, posible fuente, entre otras.</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent"><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f132r.png"
            n="f. 132r"/> Respecto de lo cual son casi convertibles poeta y profeta, según la
          autoridad irrefragable de <persName type="authority" key="San Pablo" precision="4"
            unit="quote" quantity="2">San Pablo</persName>: <quote>«ut dixit quidam ex illis
            proprius ipsorum propheta»</quote><note place="margin">ad Titum, cap. 1°</note>
          <note place="bottom"><title>Biblia, Tito</title>, 1, 12 «Como lo dijo uno de ellos [un
            cretense] su propio profeta». La cita de San Pablo, destinada a refrendar con una
            autoridad «irrefragable», por sagrada, la equivalencia entre poeta y profeta, tiene en
            su contexto un sentido mucho más equívoco, puesto que este individuo «que entre ellos
            pasa por profeta» es Epiménides el cretense, tratado con desprecio por el santo, como
            sus compatriotas, y traído a colación por mentiroso y sofista, más que por poeta. La
            continuación de la epístola dice «<hi rend="i">cretenses semper mendaces, malae bestiae,
              ventres pigri</hi>» («los de Creta siempre son mentirosos, malas bestias, vientres
            perezosos»).</note>, hablando de <persName type="authority" key="Epiménides cretense"
            precision="1">Epiménides cretense</persName>; y el nombre de vates comprehende a
          ambos.</p>
        <p>Digo, pues, volviendo (como dicen los juristas <hi rend="i">post liminio</hi><note
            place="bottom"><hi rend="i">post liminio</hi>: ley del derecho romano que permitía
            reintegrar, con todos los derechos a la vida ciudadana, a aquellos que habían sido
            prisioneros del enemigo. Aquí la expresión es empleada en sentido metafórico,
            equivalente a «después de una larga interrupción», como lo confirma la otra locución que
            sigue (Heineccius 1842: 59).</note>, por no decir <quote>«a cabo de rato, a
            Andújar»</quote><note place="bottom">Gonzalo Correas (1924: 7) registra un refrán muy
            parecido: «A cabo de rato, Andújar» y lo explica así: «porque los de Andújar llegaron
            tarde, después de vencida una batalla contra los moros de Granada; o se lo machacan por
            matraca».</note>) al recaudo que se me dio en nombre de vuestra merced: a lo
            primero<note place="bottom"><hi rend="i">lo primero</hi>: ver las <hi rend="i"
              >Soledades</hi>.</note> obedecí con muy buen gusto, pero no a lo segundo<note
            place="bottom"><hi rend="i">lo segundo</hi>: darle a Góngora su parecer sobre las <hi
              rend="i">Soledades</hi>.</note>, porque tengo, y no sin fundamento, por tan
          sospechosas y mal acreditadas para con vuestra merced mis advertencias como mi
            silencio<note place="bottom">Sobre el malentendido surgido a causa del silencio de
            Góngora que no contestó al primer parecer del abad de Rute, véase la introducción,
            apartado 3.</note>. De éste<note place="bottom"><hi rend="i">éste</hi>: el
            silencio.</note> hice prueba en la <title>Canción al Larache</title>, donde se juzgó por
          culpable en mí lo que otros advirtieron del «si, no» demasiadamente frecuentado<note
            place="bottom">No está muy claro este fragmento por su carácter alusivo. El sentido más
            probable es que Góngora debió de entender que las críticas que «otros» formularon sobre
            el exceso del giro «si, no» venían del abad de Rute, y que éste se las hacía llegar por
            ese intermediario. Véase el apartado 3 de la introducción donde se reconstruyen los
            acontecimientos anteriores a la redacción del <hi rend="i">Parecer</hi>.</note>. De
            aquéllas<note place="bottom"><hi rend="i">aquéllas</hi>: las advertencias.</note> en lo
          que, por mandado de vuestra merced, advertí acerca del <title>Polifemo</title>, en que,
          diciendo (Dios me es testigo) sinceramente mi sentimiento, con notar lo que pudiera a mi
          parecer (por ventura mal fundado) reformarse, vuestra merced, por algunas razones que debe
          tener, <quote>«dimisso ablegatoque consilio»</quote><note place="bottom">Locución latina
            procedente de Cicerón, <hi rend="i">In Verrem actionis secundae</hi>, II, 2, 76: «Siendo
            olvidado y descartado mi consejo».</note> siguió su dictamen:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Plauto" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Neque quod dixi flocci aestimat<note place="margin">Plaut in Most</note>
            <note place="bottom">Plauto, <title>Mostelaria</title>, acto I, escena 1, v. 76. Las
              ediciones modernas leen el verso de esta forma: «<hi rend="i">neque quod dixi flocci
                existumat</hi>» (Plauto 1961: 21), lo que no cambia el sentido del texto: «No le
              importa para nada lo que dije».</note>;</l>
        </quote>
        <p>antes<note place="bottom"><hi rend="i">Antes</hi>: conjunción adversativa con el sentido
            de «antes bien».</note> el efecto que hicieron:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Ovidio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>non oculi tacuere tui<note place="margin">Ovid. amor. 2° eleg 5ª</note>
            <note place="bottom">Ovidio, <title>Amores</title>, lib. II, elegía 5, v. 17: «Tus ojos
              no supieron callar».</note>.</l>
        </quote>
        <p>Y así me pareció que era impertinente cualquier <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f132v.png"
            n="f. 132v"/>aviso en materia de las <title>Soledades</title>, pues no había de obrar
          más que los pasados y, por dicha o desdicha mía, caería crudo sobre indigesto<note
            place="bottom">Alusión a los primeros consejos que dio el abad de Rute sobre el <hi
              rend="i">Polifemo</hi> que no fueron bien «digeridos» por Góngora, por lo que dudó en
            dar su parecer sobre las <hi rend="i">Soledades</hi>: «lo crudo». El abad de Rute
            acomoda graciosamente una frase hecha, que pertenece al vocabulario de la medicina,
            aplicándola a la vida moral. Se atribuía a Avicena o Galeno el consejo de «no comer
            crudo sobre indigesto» como lo prueba este fragmento del <hi rend="i">Quijote</hi> de
            Avellaneda: «Yo beso a vuesa merced las manos –respondió don Álvaro–, señor don Quijote,
            por la merced que me hace, pero no podré servirle, porque no acostumbro comer cosa
            alguna sobre cena, que me daña y tengo larga esperiencia en mí de la verdad del aforismo
            de Avicena o Galeno que dice que lo crudo sobre lo indigesto engendra enfermedad»
            (Fernández de Avellaneda 2001: f. 14v).</note>, principalmente no pudiéndole yo dar de
            palabra<note place="bottom"><hi rend="i">de palabra</hi>: oralmente.</note> por las
          ocupaciones de la Iglesia, aspereza del tiempo y otros impedimentos precisos de lo que
          fuera tan de mi gusto. Pero rendime, al fin, a los ruegos del que trajo el papel y a la
          amistad que debo a vuestra merced y deseo que tengo de servirle y que parezcan todas sus
          obras dignos partos (y no abortos) de su ingenio. Y prometo a vuestra merced, como
          cristiano, que en esta parte<note place="bottom"><hi rend="i">en esta parte</hi>: se
            refiere a la capacidad de saber aceptar las críticas.</note> soy tan tímido y me
            reduzco<note place="bottom">reducirse: aquí con el sentido de «dejarse convencer».
            Aunque <hi rend="i">reducere</hi> no tiene exactamente este sentido en latín, este uso
            de «reducir» recupera el sentido etimológico de <hi rend="i">reducere</hi> (devolver a
            alguien a algún lugar) para significar metafóricamente: «atraer a alguno con razones y
            argumentos a su propio dictamen» (<hi rend="i">Aut.</hi>).</note> tan fácilmente que mi
          libro de la <title>Didascalia</title><note place="bottom" type="app" rend="I">Didascalia
              <hi rend="i">em</hi>. : discalia <hi rend="i">G</hi></note> le vieron muchos padres de
          la Compañía<note place="bottom"><hi rend="i">la Compañía</hi>: la Compañía de Jesús, es
            decir los jesuitas. Sobre las relaciones amistosas y profesionales del abad de Rute con
            diferentes jesuitas, véase el apartado 2 de la introducción.</note> y otras personas
          doctas y, conforme a su censura, reformé muchas cosas, y últimamente conforme a la del
          padre <persName type="authority" key="Cerda, Juan Luis de la" precision="3">Juan Luis de
            la Cerda</persName><note place="bottom">Juan Luis de la Cerda (1558-1643) fue un
            destacado humanista, conocido principalmente por tres obras: el <hi rend="i">Arte
              regia</hi>, un método de enseñanza del latín, que se publicó por primera vez en Madrid
            en 1598, y varios tomos de comentarios a las obras de Tertuliano y Virgilio.
            Particularmente revelantes, en el contexto de la polémica gongorina, son los comentarios
            virgilianos: el primer volumen (que comenta las <hi rend="i">Bucólicas</hi> y las <hi
              rend="i">Geórgicas</hi>) salió en Madrid en 1608; el segundo (sobre los seis primeros
            libros de la <hi rend="i">Eneida)</hi> en 1612; el tercero (sobre los seis últimos
            libros de la <hi rend="i">Eneida</hi>) en 1617. Es interesante que el abad de Rute
            mencione a este humanista en uno de los primeros textos de la polémica, porque sus
            comentarios quizás pudieran servir de modelo a los futuros comentaristas de Góngora
            (Díaz de Rivas, Pellicer, Salcedo Coronel). Así lo conjeturan Blanco (2013) y Romanos
            (1990: 417 y 1986: 120).</note>, cosa que constará por la carta que yo tengo suya y que
          él tiene mía, en que le concedí y quité por su parecer algunas, y di razón en defensa mía
          de otras; y no reparé en que dijese nadie que habían enmendado en mi libro algunas
          menudencias, pues al fin el todo era trabajos míos, y con este nombre los había de ver el
          mundo, y no con el de los reformadores<note place="bottom">El abad de Rute invita a
            Góngora a aceptar críticas sobres detalles de su obra, como él aceptó las del padre de
            la Cerda sobre su <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi>. Explica que la intervención de
            un «reformador», es decir de un lector crítico, no le quita ningún mérito al autor, ni
            el crítico se atribuye por eso la paternidad de la obra. Que el abad de Rute dedicara
            varios años a la revisión de su <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi> nos lo indica el
            gran lapso de tiempo que separa la primera aprobación (1611) y la impresión de la obra
            (1614), aunque la obra lleve en la portada la fecha de 1615. Sobre estas circunstancias,
            véase Marín López (1972).</note>; y que los<note place="bottom"><hi rend="i">los</hi>: o
            los errores o los reformadores (ambas lecturas tienen sentido).</note> haya en obras
          grandes y pequeñas, y con razón, no es maravilla, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f133r.png"
            n="f. 133r"/> pues <quote><persName type="authority" key="Horacio" precision="4"
              unit="quote" quantity="1"/>«quandoque bonus dormitat Homerus»</quote><note
            place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 359, «el buen Homero duerme a
            veces», lo que significa que incluso los mejores pueden o equivocarse o no estar a la
            altura del resto de su obra. Los tropiezos ocasionales de un gran poeta se perdonan
            fácilmente, no la mediocridad habitual de los poetas malos.</note>. Y la <hi rend="i"
            >philautia</hi> o amor proprio ciega los hombres y hace parecer <quote><persName
              type="authority" key="Cicerón" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>«suum cuique
            pulchrum»</quote><note place="bottom">Sentencia procedente de Cicerón, <title>Tusculanae
              disputationes</title>, lib. 5, 22: «Lo que hace uno siempre le parece
          hermoso».</note>; y más ven cuatro ojos que dos; y más que el que juega el que mira. Y
          como refiere por proverbio griego <persName type="authority" key="Aulo Gelio"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Agelio</persName><note place="bottom"> <hi
              rend="i">Agelio</hi>: contracción habitual por Aulo Gelio, autor de las <hi rend="i"
              >Noches áticas</hi>.</note>:</p>
        <quote>
          <l>Saepe etiam est olitor valde opportuna locutus<note place="margin">Lib 2° cap.
              6º</note>
            <note place="bottom">«A menudo incluso el hortelano dice cosas muy oportunas». El abad
              de Rute finge citar directamente a Aulo Gelio, pero no es así. En efecto, Aulo Gelio
              cita en griego una locución de contenido similar pero literalmente diferente en sus
                <hi rend="i">Noctes Atticae (Noches Áticas</hi>), lib. II, 6 (Πολλάκι καὶ κηπωρὸς
              ἀνὴρ μάλα καίριον εἶπειν) y la traduce y parafrasea así: «<hi rend="i">Nemo quisquam
                tam efflictis est moribus quin faciat aut dicat nonnumquam aliquid quod laudari
                queat</hi>». Macrobio, <hi rend="i">Saturnalia</hi> (<hi rend="i">Saturnales</hi>),
              lib. 6, 7 retoma escrupulosamente de Aulo Gelio la cita en griego y su paráfrasis en
              latín. Un refrán parecido aparece también en <hi rend="i">Adagia sive proverbia
                graecorum ex Zenobio, seu Zenodoto, Diogeniano et Suidae partim edita nunc primum,
                scholiisque parallelis illustrata, ab Andrea Schotto</hi>, Antuerpiae: ex officina
              Plantiniana, apud viduam et filios Joannis Moreti, 1612, VII, 8. En realidad fue
              Erasmo quien acuñó la fórmula tal como la cita el abad de Rute en los <hi rend="i"
                >Adagios</hi> IV, X, 40 (Erasmo 2011: 2430), pero es muy probable que el abad de
              Rute encontrara la cita en Licóstenes, a quien menciona a continuación. Se podría
              señalar como sinónimo el refrán español siguiente: «Por necio que el necio sea, dice y
              hace alguna cosa buena».</note>;</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">que Apeles, pintor sumo (según de otros refiere <persName
            type="authority" key="Conrado Licóstenes" precision="3">Conrado
            Licóstenes</persName><note place="margin">In Apophte, Hº de iuditº in re ignota, nº
            infdo</note>
          <note place="bottom">Conrado Licóstenes (1518-1561) es el autor de unos <hi rend="i"
              >Apophthegmata</hi> que organizan en orden temático los de Erasmo. La anécdota del
            hortelano aparece en el apartado titulado «De judicio in re ignota non ferendo».
            Fernández de Córdoba deja entender que ésta fue su fuente para citar la sentencia,
            apresuradamente atribuida a Aulo Gelio, sentencia que sólo aparece en las ediciones más
            tardías de los <hi rend="i">Apophthegmata</hi>, las aumentadas por el impresor Jacobus
            Stoer (<hi rend="i">Apophthegmata ex probatis graecae latinaeque linguae scriptoribus a
              Conrado Lycosthene collecta</hi> [Genavae]: excudebat Jacobus Stoer, 1609, anécdota
            p. 364, cita p. 490.).</note>), no se desdeñó de enmendar en un cuadro suyo lo que
          advirtió el zapatero conforme a las reglas de su arte. Y así de ordinario todo cuanto he
          escrito de poca o de mucha consideración lo he comunicado con personas inteligentes y,
          conforme a su censura, enmendádolo, acordándome de lo que dice el sabio: <quote>«Sapiens
            corde praecepta suscipit et stultus caeditur labiis»</quote><note place="margin">Prover.
            10</note> <note place="bottom"><title>Biblia, Proverbios</title>, 10, 8: «El sabio de
            corazón recibe los preceptos: el necio es herido por los labios» (<hi rend="i">La Biblia
              vulgata latina traducida en español y anotada conforme al sentido de los santos padres
              y expositores católicos por el padre Felipe Scio de San Miguel</hi>, en Valencia: en
            la oficina de Joseph y Thomas de Orga, 1790-1793, vol. V, p. 473). En nota el traductor
            explica así este proverbio: «Escucha y da oídos a los avisos que se le dan; pero estos
            mismos avisos y correcciones son intolerables para los necios, porque los miran como un
            azote y se irritan con lo que se les dice. Puede también exponerse en este otro sentido:
            el necio se hiere y lastima por sus mismos labios o por las necedades y locuras que
            profiere».</note> y, más adelante: <quote>«Qui diligit disciplinam, diligit scientiam,
            qui autem odit increpationes, insipiens est»</quote><note place="margin">cap. 12</note>
          <note place="bottom"><title>Biblia, Proverbios</title>, 12, 1: «El que ama la corrección,
            ama la ciencia, mas el que aborrece las reprensiones es insipiente». (<hi rend="i">La
              Biblia vulgata latina</hi>, 1790-1793, vol. V, p. 475)</note>. Y al menos en esta
          parte he procurado no serlo<note place="bottom"><hi rend="i">serlo</hi>: ser ignorante
              (<hi rend="i">insipiens</hi> en la cita).</note>.</p>
        <p>Viniendo, pues, en particular a lo que juzgo de las <title>Soledades</title>, hálloles
          tanto bueno que no sé por dónde comience a loarlas, ni por dónde acabe, porque, habiendo
          sujeto capaz de ponderación inmensa, me sucede lo que a <persName type="authority"
            key="Teócrito" precision="4" unit="quote" quantity="1">Teócrito</persName> cuando en el
            <title>Eydilio 17</title> a Ptolomeo Filadelfo dijo:</p>
        <quote>
          <l>Arboribus densam veniens signator in Idam,</l>
          <l>Anxius ingentis circumspicit omnia silvae,</l>
          <l><pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f133v.png"
              n="f. 133v"/> Unde opus incipiat, quae primo justa labori</l>
          <l>Causa sit: haud alia mentem ratione fatigat</l>
          <l>Nunc mihi materiae pondus grave fine carentis<note place="bottom">Teócrito, <hi
                rend="i">Eydillia</hi>, XVII, v. 15-19. El texto citado es <hi rend="i">Theocriti
                Syracusani Idyllia triginta sex, latino carmine reddita Helio Eobano Hesso
                interprete</hi>, Haganoae: per Joan. Secerium, 1530. Esta traducción en latín
              realizada por Helio Eobano Hesso, en hexámetros dactílicos, se aleja en muchas
              ocasiones del original griego. Doy aquí una traducción literal del latín: «Llegando el
              leñador al monte Ida con su apretada arboleda, ansioso, recorre con inquieta mirada la
              inmensa selva, [para saber] dónde empezará la labor, a qué árbol dedicará justamente
              su primer esfuerzo: no por una razón diferente la pesada carga de una materia
              desprovista de término cansa ahora mi mente».</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">que después imitó <persName type="authority" key="Policiano"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Policiano</persName> en la
          <title>Manto</title>:</p>
        <quote>
          <l>Unde ego tantarum repetam primordia laudum?</l>
          <l>Aut qua fine sequar? Facit ingens copia laudis [sic]</l>
          <l>Ancipitem [sic]<note place="bottom">El texto citado por el abad de Rute es correcto
              gramaticalmente, pero no se corresponde con ninguna de las ediciones que pude
              consultar, que rezan: «<hi rend="i">Aut qua fine sequar? Facit ingens copia rerum</hi>
              [y no <hi rend="i">laudis</hi>] / <hi rend="i">Incertum</hi> [y no <hi rend="i"
                >ancipitem</hi>]…» (Policiano 1987). Es probable que el abad de Rute conociera el
              texto de Policiano por la edición anotada de Sánchez de las Brozas, pero que cite
              estos versos de memoria (<hi rend="i">Angeli Politiani Sylvae, nutricia, manto,
                rusticus, ambra illustratum per Franciscum Sanctium Brocensem</hi>, Salmanticae:
              excudebat Andreas a Portonariis, 1554).</note>. Sic frondifera lignator in Ida,</l>
          <l>Stat dubius, vastae quae primum robora sylvae</l>
          <l>Vulneret, […]<note place="bottom">Policiano, <hi rend="i">Silvae</hi>, «Manto»,
              v. 39-43. «¿Por dónde empezaré a cantar sus alabanzas? ¿Por dónde proseguiré y
              terminaré? La abundancia de cosas que loar me vuelve inseguro. Lo mismo hace el
              leñador en el Monte Ida frondoso, se mantiene dudoso preguntándose qué encina del
              bosque herirá primero» (traducción propia).</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">y yo imité de ambos en mi silva <title>Prometeo</title><note
            place="bottom">Este poema se ha perdido.</note>. Y así, dejando como cosa <quote>«per se
            nota»</quote><note place="bottom"><hi rend="i">per se notus/a</hi>: perfectamente
            conocidido/a. Construcción elíptica: el abad de Rute deja las alabanzas porque el valor
            de la obra de Góngora es universalmente reconocido: huelga celebrarla, pues.</note> y
            debida<note place="bottom"><hi rend="i">debida</hi>: construcción elíptica. «Y [dejando
            como cosa] debida a más facundia que a la mía sus alabanzas».</note> a más facundia que
          a la mía sus alabanzas<note place="bottom">El abad de Rute dice que renuncia también a
            celebrar la obra de Góngora porque no está a la altura para conseguirlo: no tiene
            bastante facundia (elegancia en el hablar) para loarla a su justo nivel.</note>, pues
          cualesquiera serán inferiores a las que merecen la descripción de la vida rústica en
          aquellos amebeos<note place="bottom"><hi rend="i">amebeos</hi>: versos en los cuales dos
            personajes, a menudo pastores, hablan alternativamente y compiten entre sí sobre el
            mismo tema, según el modelo de la tercera égloga de Virgilio.</note>:</p>
        <quote>
          <l><ref xml:id="ref1001"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.94"
            >Oh bienaventurado</ref></l>
            <l>albergue, a cualquier hora<note place="bottom">[OC264B.94-95]</note>,</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">la de la navegación del océano, la de los juegos de carrera y lucha, y el
          epitalamio (superior, a mi juicio, a los de <persName type="authority" key="Catulo"
            precision="3">Catulo</persName><note place="bottom">Los epitalamios son composiciones
            poéticas líricas, escritas para celebrar una boda. Los de Catulo, el <hi rend="i"
              >carmen</hi> 61 y el 62, son modélicos y, de hecho, Góngora se inspiró en varios
            rasgos formales y temáticos para escribir el suyo de la primera <hi rend="i"
              >Soledad</hi> (v. 767-844)</note>) y lo que en esta segunda parte con buen acuerdo
          mejoró vuestra merced, dándole habla al peregrino que, en la primera, no sé si justamente,
          calló siempre entre tantas ocasiones de romper el silencio<note place="bottom">Estas
            líneas nos indican que el abad de Rute recibió de la segunda <hi rend="i">Soledad</hi>
            un fragmento que llegaba por lo menos hasta el verso 171, final del canto del peregrino.
            Corresponde con lo que dice al principio de su carta: «Vino a mis manos […] la primera
            parte de sus <hi rend="i">Soledades</hi> de vuestra merced, y lo que tiene hecho de la
            segunda».</note>, que no quiero descender a los particulares de versos y pensamientos
          divinos.</p>
        <p>Juzgo, mi señor, que lo que a la hermosura de estas <title>Soledades</title> y vago
          lienzo de Flandes<note place="bottom">El abad de Rute valora positivamente la composición
            agregativa de la obra, concebida como una suma de cuadros, de suma belleza. En las <hi
              rend="i">Soledades</hi>, escribirá más adelante, «se hallan tales y tantos pedazos de
            belleza». Implícitamente reconoce la falta de una trama narrativa clara, pero no valora
            negativamente esta ausencia de fábula, al contrario de lo que hará Jáuregui en el <hi
              rend="i">Antídoto</hi>. El único reparo que expresa entre líneas es que, en la primera
              <hi rend="i">Soledad</hi>, el personaje principal es inconsistente, defecto que, según
            él, corrigió Góngora, haciéndole hablar en la segunda parte del poema. Sobre el
            significado de la métafora del «lienzo de Flandes», véase Roses (1994: 85-86), Blanco
            (1996) y Huard (2012).</note> ofusca<note place="bottom"><hi rend="i">ofuscar</hi>:
            oscurecer y hacer sombra</note> y hace sombra (efecto suyo proprio) es la oscuridad:
          cuanto más afectada y puesta en práctica<note place="bottom"><hi rend="i">afectada</hi>:
            latinismo semántico, aquí con el sentido de «buscada deliberadamente» (de <hi rend="i"
              >adfectare</hi>, «procurar»). <hi rend="i">Puesta en práctica</hi> indica que la
            oscuridad de las <hi rend="i">Soledades</hi> es una posición de principio del poeta,
            luego llevada a la práctica, no un descuido, efecto de la naturaleza profunda del
            poeta.</note>, tanto más viciosa, pero seguida <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f134r.png"
            n="f. 134r"/>de vuestra merced; a quien yo no quiero persuadir con autoridad mía (que no
          me atribuyo tanta), sino con la de los más graves autores del mundo, que procuran
          desterrarla de los escritos bien formados.</p>
        <p><persName type="authority" key="Aristóteles" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Aristóteles</persName>, maestro mayor de esta obra, en su <title>Poética</title>,
          hablando de la virtud de la dicción: <quote>«Dictionis autem virtus, ut perspicua sit non
            tamen humilis»</quote><note place="margin">cap 21</note> <note place="bottom"
            >Aristóteles, <hi rend="i">Poética</hi>, cap. 22, 1458 A: «La excelencia de la elocución
            consiste en que sea clara sin ser baja» (Aristóteles 1974). La numeración de los
            capítulos de la <hi rend="i">Poética</hi> ha cambiado con respecto a las ediciones
            antiguas.</note>. <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Quintiliano</persName>: <quote>«Quid si plerumque accidit, ut
            faciliora sint ad intellegendum et lucidiora multo, quae a doctissimo quoque dicuntur?
            Nam et prima est eloquentiae virtus perspicuitas, et quo quisque ingenio minus valet,
            hoc se magis attollere et dilatare conatur, ut statura breves in digitos eriguntur et
            plura infirmi minantur. Nam tumidos et corruptos et tinnulos et quocumque alio
            cacozeliae genere peccantes, certum habeo non virium, sed infirmitatis vitio laborare,
            ut corpora non robore, sed valetudine inflantur et recto itinere lapsi plerumque
            divertunt. Erit ergo obscurior [etiam] quo quisque deterior»</quote><note place="margin"
            >lib. 2° cap. 3ª</note> <note place="bottom">Quintiliano, <title>De institutione
              oratoria</title>, lib. II, cap. 3, §. 8. «Y ¿por qué extrañarse si ocurre la mayoría
            de las veces que las frases pronunciadas por un maestro muy docto son más fáciles de
            entender y mucho más claras? En efecto la primera calidad de la elocuencia es la
            claridad y uno trata tanto más de engreírse e inflarse, cuanto menos espíritu tiene,
            como ocurre con los hombres bajos de estatura que más se yerguen de puntillas para
            parecer más altos y con los más débiles, que son los que más amenazas dicen. En efecto
            considero como seguro que la hinchazón, la corrupción del estilo, la afectación y todos
            los defectos que se aproximan al amaneramiento traicionan la debilidad del espíritu y no
            su fuerza, de la misma forma que los cuerpos son inflados no por la salud, sino por una
            enfermedad, de la misma forma que los que se han apartado del buen camino se pierden la
            mayor parte del tiempo. Concluyamos pues que cuanto menos hábil es un maestro, más
            oscuro es». El abad de Rute cita a Quintiliano en una edición muy deturpada
            (Quintiliano, <hi rend="i">M. Fabii Quintiliani, oratoris eloquentissimi, De
              institutione oratoria libri XII</hi>, Parisiis: apud Audoënum Parvum, in via quae est
            ad D. Iacobum, sub insigni Lilii, 1549, p. 23). Sobre este tema ver la
            introducción.</note>. Y en el capítulo segundo del libro cuatro: <quote>«Nam et per
            totam actionem vitanda est obscuritas»</quote><note place="bottom">Quintiliano, <hi
              rend="i">De institutione oratoria</hi>, lib. IV, cap. 2, § 35. «En efecto es en todo
            el alegato donde hay que evitar la oscuridad».</note>, y más abajo: <quote>«Non minus
            autem cavenda erit, quae nimium corripientes omnia sequitur, obscuritas; satiusque est
            aliquid narrationi superesse, quam deesse»</quote><note place="bottom">Quintiliano, <hi
              rend="i">De institutione oratoria</hi>, lib. IV, cap. 2, §. 44. «No menos habrá que
            prevenirse contra la oscuridad que afecta a los que lo resumen todo en exceso, es
            preferible pecar por exceso de detalles que porque falten cosas necesarias».</note>.
            <persName type="authority" key="Diomedes" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Diomedes</persName>: <quote>«Vitia orationis generalia sunt tria: obscurum, inornatum,
            barbarum»</quote><note place="margin">lib 2º de orat<hi rend="sup">e</hi></note><note
            place="bottom">Diomedes, <title>De oratore</title>, lib. II. «Los vicios de las
            oraciones generalmente son tres: la oscuridad, la falta de ornamentos y las
            incorrecciones».</note>. Pero si de mi juicio, siguiendo a los antiguos, cual otro</p>
        <quote><persName type="authority" key="Tasso, Torquato" precision="4" unit="quote"
            quantity="1"/>
          <l>Raimondo imitator della severa,</l>
          <l>Rigida antichità […]<note place="bottom">Torcuatto Tasso, <title>Gerusalemne
                liberata</title>, canto V, octava 39, v. 1-2. «Raymundo, imitador de la severa,
              rígida Antigüedad».</note>,</l>
        </quote>
        <p><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f134v.png"
            n="f. 134v"/> se apelare para los modernos, oigamos a <persName type="authority"
            key="Minturno, Antonio" precision="4" unit="quote" quantity="1">Antonio
            Minturno</persName>, hombre judiciosísimo en los libros que hizo<note place="bottom"
            >Después de haber traído a colación referencias de la antigüedad, el abad de Rute acude
            a fuentes modernas italianas para demostrar que la oscuridad debe ser evitada: Antonio
            Minturno (1500-1574), poeta, crítico y comentador de Aristóteles; Julio César Escalígero
            (1484-1558), humanista autor, entre otras obras, de <hi rend="i">Poetices libri
            VII</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon, 1561; Francisco Luisio, también conocido
            como Francesco Luigini, Franciscus Luisinus Utinensis o Franciscus Lovisini (1524-1568)
            –según los habituales cambios de nombres de los humanistas en el siglo XVI– que fue un
            filósofo, poeta, maestro y secretario de Alejandro Farnesio, autor de un <hi rend="i"
              >Commentarius</hi> a las obras de Horacio en 1554; Torquato Tasso (1544-1595), citado
            aquí como tratadista y no como poeta, autor del <hi rend="i">Discurso del arte
              poética</hi> y del <hi rend="i">Discurso del poema heroico</hi>; y un poco más abajo
            Marco Girolamo Vida (1480-1566), llamado aquí Jerónimo Vida, humanista y poeta, autor
            del <hi rend="i">De arte poetica</hi>.</note>. <title>De poeta</title>: <quote>«Nec vero
            (ut quibus horum utendum sit ad plane ornateque dicendum, cognoscamus) ignorandum est
            locutionis esse virtutem, ut perspicua illa sit, non humilis, non abjecta»</quote><note
            place="margin">Lib. 6º</note> <note place="bottom"><hi rend="i">Antonii Sebastiani
              Minturni de poeta, ad Hectorem Pignatellum, Vibonensium ducem, libri sex</hi>,
            Venetiis, [apud Franciscum Rampazetum], 1559, lib. VI, p. 447. «Pero (para que
            conozcamos qué recursos hace falta utilizar para decir las cosas de forma clara y
            ornada) no hay que ignorar que la virtud de la elocución es que sea clara, no humilde,
            ni descuidada».</note>. <persName type="authority" key="Escalígero" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Julio César Escalígero</persName>, regla para muchos, en la
            <title>Poética</title> en el libro cuarto de ella: <quote>«At perspicuum idem quod
            pellucidum vulgus transparens vocat, etc<note place="bottom">El fragmento eliminado
              contiene una palabra en griego que, probablemente, el copista no entendió. El impreso
              original reza así: «<hi rend="i">At perspicuum idem quod pellucidum: vulgus
                transparens vocat: Graeci διαϕανές</hi>:». Conservo la puntuación del original,
              coherente con el corte realizado en el texto original.</note>.Talis esse debet oratio,
            etenim in obscura»</quote>
          <quote>haeret animus, neque transmittit se ad rem quam significat; in
            perspicua nihil obstat menti nostrae, quin aciem suam ad rem usque ipsam
            appellat»</quote><note place="margin">cap 1º</note>
          <note place="bottom">Julio César Escalígero, <hi rend="i">Poetices libri VII</hi>, 1561,
            lib. IV, cap. 1, p. 176D. «Pero “lo claro”, lo mismo que lo nítido, el vulgo lo llama
            “transparente” […]. Así debe ser la elocución, en efecto en la oscuridad la mente se
            detiene y no llega a la cosa designada; en la claridad nada impide que nuestra mente
            dirija su mirada hacia la cosa en sí».</note>. <persName type="authority"
            key="Luisio, Francisco" precision="4" unit="quote" quantity="1">Francisco
            Luisio</persName>, intérprete del <title>Arte poética</title> de <persName
            type="authority" key="Horacio" precision="3" unit="quote" quantity="1"
            >Horacio</persName>: <quote>«tres virtutes in omni narratione requiruntur: perspicuitas,
            brevitas, probabilitas, quae, si omnes adhibitae sunt, oratio omnes numeros
            habet»</quote><note place="margin">Lib 4º</note>
          <note place="bottom">Francesco Luisio <hi rend="i">Francisci Luisini Utinensis in librum
              Quinti Horatii Flacci de arte poetica commentarius</hi>, 1555, p. 1045. «Tres virtudes
            son requeridas en cualquier narración: la claridad, la brevedad y la verisimilitud, las
            cuales, si son aplicadas todas, el discurso tiene todas sus partes».</note>. <persName
            type="authority" key="Tasso, Torcuato" precision="4" unit="quote" quantity="1">Torcuato
            Tasso</persName>, cuya autoridad equivale a la de todos los modernos, en su<note
            place="bottom" type="app" rend="I">su <hi rend="i">em</hi>. : sus <hi rend="i"
            >G</hi></note>
          <title>Discurso del poema heroico</title>: <quote>«Ma la virtù della elocuzione<note
              place="bottom" type="app" rend="I">elocuzione <hi rend="i">em</hi>. : elocutione <hi
                rend="i">G</hi></note>, se crediamo ad<note place="bottom" type="app" rend="I">ad
                <hi rend="i">em</hi>. : a <hi rend="i">G</hi></note> Aristotele, è che sia chiara,
            non umile»</quote><note place="margin">Lib. 6º.</note>
          <note place="bottom">Torcuato Tasso, <hi rend="i">Discorsi del poema heroico del signor
              Torquato Tasso</hi>, Napoli: nella Stamparia dello Stigliota, [1594?], lib. IV,
            p. 111. «Pero la virtud de la elocución, si creemos a Aristóteles, es que sea clara, sin
            ser humilde».</note>. Y después, conforme a lo cual, cuan loable y para ser procurada en
          las narraciones es la perspicuidad, tan culpable y para ser huida es su contraria, la
          oscuridad; y si ésta naciera en las <title>Soledades</title> de brevedad fuera menos mal,
          pues por buscar una virtud se diera en un vicio <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f135r.png"
            n="f. 135r"/>cercano a ella; quien en vez de liberal da en pródigo, pase; y quien
          buscando la fortaleza da en temerario:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Horacio</persName>
          <l>Decipimur specie recti, brevis esse laboro</l>
          <l>Obscurus fio […]<note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 24-25.
              «[Nosotros los poetas] somos engañados por la apariencia del bien. Procuro ser breve,
              me vuelvo oscuro» (Horacio 2008).</note>.</l>
        </quote>
        <p>Pero nace en esta composición la oscuridad de la demasía de tropos y esquemas,
          paréntesis, aposiciones, contraposiciones, interposiciones, sinécdoques, metáforas y otras
          figuras artificiosas y bizarras cada una de por sí, y a trechos y lugares convenientes,
          mas no para amontonadas. Porque ¿quién duda que para aumentar la hermosura de las damas se
          inventasen para la cabeza apretadores, rosas de diamantes, rubíes, esmeraldas, plumas de
          la misma materia; para las orejas, zarcillos, arracadas de oro y pedrería; para el cuello
          y pecho, cadenas, cabestrillos<note place="bottom"><hi rend="i">cabestrillo</hi>: cadena
            delgada de oro, plata o aljófar, que se llevaba al cuello.</note>, bandas, sartas de
          perlas y brincos<note place="bottom"><hi rend="i">brinco</hi>: joyel pequeño que colgaba
            de las tocas.</note>? Pero si alguna fuese más amiga de joyas que considerada<note
            place="bottom" type="app" rend="I">considerada <hi rend="i">em</hi>. : considerara <hi
              rend="i">G</hi></note> <note place="bottom"><hi rend="i">considerado</hi>: el que
            actúa con meditación y reflexión.</note>, y se cargase la cabeza de apretadores, rosas,
          plumas; las orejas, de arracadas; el cuello y los pechos, de cadenas, cabestrillos,
          bandas, sartas y brincos, granjearía opinión de rica, pero no de cuerda ni de hermosa,
          pues serviría de ofuscar<note place="bottom"><hi rend="i">ofuscar</hi>: oscurecer y hacer
            sombra.</note> y encubrir su hermosura, antes que de acrecentarla, tal concurso y
          muchedumbre de joyas con que ni ella luciría, ni <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f135v.png"
            n="f. 135v"/> lucirían ellas, por preciosa que fuese cada una<note place="bottom">Este
            fragmento se inspira en gran parte en el proemio del libro VIII del <hi rend="i">De
              Institutione oratoria</hi> de Quintiliano. Prueba de que tenía en mente este texto el
            abad de Rute es que lo cita explícitamente algunas líneas más adelante. La única
            diferencia es que Quintiliano aplicaba la imagen a un cuerpo masculino, en vez de un
            cuerpo femenino.</note>. Así sucede en la poesía y en cualquiera elocución: no han de
          ser áridas, ni desnudas, no, ni por imaginación, pero ni tan llenas de adorno que con él
          se desadornen, ahoguen y confundan; que igualmente sin duda está expuesto a injurias del
          tiempo y de los hombres el que en todos tiempos anduviese desnudo, como el que
          descomunalmente cargado de ropa:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Singula quaeque locum teneant sortita decenter<note place="margin">Horat in arte</note>
            <note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 92: «Que cada género tenga
              su lugar y que se repartan según la conveniencia todos los géneros». Es decir «úsese
              para cada género el estilo conveniente». El sentido de la cita es que hay que adaptar
              el estilo que se emplea (y en particular el uso de tropos) en función del tema y
              género de cada poema.</note>;</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">porque según, tratando de lo mismo, afirma <persName type="authority"
            key="Vida, Marco Girolamo" precision="4" unit="quote" quantity="1">Jerónimo
            Vida</persName><note place="bottom" type="app" rend="I">Jerónimo Vida <hi rend="i"
              >em</hi>. : Hieronimo de Vida <hi rend="i">G</hi></note>:</p>
        <quote>
          <l>Obscuros aliter crepitus et murmura vana</l>
          <l>Miscebis, ludesque sonis fallacibus aures<note place="margin">Poet. lib 3º</note>
            <note place="bottom">Marco Girólamo Vida, <title>De arte poetica</title>, lib. III, v.
              341-342. «De otra forma [si no hablas claro] mezclarás estrépitos oscuros y murmullos
              vanos y burlarás los oídos con sonidos falaces». (traducción propia inspirada en Vida
              1976).</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">Oigamos a <persName type="authority" key="Aristóteles" precision="4"
            unit="quote" quantity="3">Aristóteles</persName>, en el tercero de la
            <title>Retórica</title>: <quote>«Praeterea, incongrua sit oratio, cum nos reddideris,
            nisi conjunxeris utrique congruentiam; ut, sonum aut colorem videre quidem commune non
            est, sentire vero. Obscurum autem etiam cum dicis non apponendo, sed multa interserendo,
            hoc pacto. “Constitui enim, cum tecum haec atque haec et sic collocutus essem,
            proficisci”»</quote><note place="margin">cap. 5º</note>
          <note place="bottom">Aristóteles, <hi rend="i">Retorica</hi>, lib. III, cap. 5, 61, 1407b
            20. El abad de Rute cita la <hi rend="i">Retórica</hi> en la traducción de Jorge de
            Trebizonda (<hi rend="i">Rhetoricorum Aristotelis ad Theodecten libri tres, Georgio
              Trapezuntio interprete</hi>, Lugduni: apud Seb. Gryphium, 1545). Traduzco la cita del
            abad de Rute literalmente: «Además la frase se vuelve incorrecta [Aristóteles habla de
            «solecismos» en el original griego] cuando se produce una falsa atribución, si no se une
            a dos palabras coordinadas otra que sea congruente con ambas; por ejemplo “ver” no es
            común al sonido y al color, mientras que “sentir” sí lo es. La frase es oscura si, antes
            de acabar lo que uno había empezado, se quieren interponer dentro de la frase otras
            muchas cosas, por ejemplo: “en efecto decidí, después de haber hablado con él, cuando
            ocurrieron tales y tales cosas y de tal manera, salir”, [en vez de decir: “en efecto
            decidí salir después de haber hablado con él; pero después ocurrieron tales y tales
            cosas y de tal manera”]». En fragmento entre corchetes no es citado por el abad de Rute,
            pero se añade para mayor claridad.</note>, y el mismo en la <title>Poética</title>:
            <quote>«Peregrinum voco varietatem linguarum, translationem, extensionem, tum quodcumque
            a proprio alienum est. Verum si quis haec omnia simul congerat, vel ænigma efficiet vel
            barbarismum; ænigma quidem, si translationes; barbarismum <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f136r.png"
              n="f. 136r"/>vero, si linguas»</quote><note place="margin">cap. 21</note>
          <note place="bottom">Aristóteles, <hi rend="i">Poética</hi>, cap. 22. [La numeración de
            los capítulos de la <hi rend="i">Poética</hi>, editada por Alejandro Paccio, es distinta
            de las ediciones modernas]. Para mejor comprensión pongo entre corchetes el fragmento
            inmediatamente anterior a la cita: «[Mas la dicción resultará majestuosa y alejada de lo
            vulgar si se sirve de nombres extraños al uso]. Y llamo extraños al uso los nombres
            peregrinos, la metáfora, el alargamiento y todo lo que va contra el uso dominante. Mas
            si se compusiera con todos ellos resultara o enigma o barbarismo; enigma, si se compone
            la dicción de metáforas; barbarismo, si de palabras peregrinas» (Aristóteles 1974). En
            su contexto la cita no significa que Aristóteles condene el uso de dichos tropos. Pero,
            al aislar el fragmento en el cual Aristóteles evoca sus consecuencias negativas, parece
            que sí. De hecho, en el <hi rend="i">Examen</hi> el abad de Rute utilizará el fragmento
            inmediatamente anterior para demostrar que los mismos tropos son buenos porque dan
            grandeza al discurso.</note>. Y más abajo: <quote>«Atque mensura eaque omnibus partibus
            regula est, nam si quis translationibus, linguis, cæterisque hujus generis, vel
            indecenter, vel afectate usus fuerit, pari ratione ridicula struxerit»</quote><note
            place="bottom">Aristóteles, <hi rend="i">Poética</hi>, cap. 21, 1458b. «No hay que dejar
            ver a plena luz el uso de tales medios, que sería ridículo; sea, por el contrario, la
            mesura norma común a todas estas partes. Porque si se usan inconvenientemente metáforas,
            palabras peregrinas y demás especies por el estilo será como si de intento se las
            empleara para hacer reír» (Aristóteles 1974).</note>. <persName type="authority"
            key="Quintiliano" precision="4" unit="quote" quantity="1">Quintiliano</persName> en el
          proemio del libro octavo y en el capítulo segundo del mismo dice así: <quote>«Plus tamen
            est obscuritatis in contextu et continuatione sermonis, et plures modi. Quare nec sit
            tam longus, ut eum prosequi non possit intentio: nec trajectione tam tardus, ut in
            hyperbaton finis ejus differatur. Quibus adhuc pejor est mixtura verborum, qualis in
            illo versu<note place="bottom">Quintiliano, <title>De institutione oratoria</title>,
              VIII, cap. 2. El texto de Quintiliano citado por el abad de Rute está deturpado, sigue
              la traducción textual de este impreso: <hi rend="i">De institutione oratoria libri
                XII</hi>, 1549, p. 119. Después de hablar de la oscuridad procedente de algunas
              palabras aisladas, Quintiliano pasa a hablar de la oscuridad de una frase larga o de
              un discurso: «Sin embargo, la oscuridad se encuentra más a menudo en la contextura y
              la continuidad de un discurso y puede darse de varias maneras. Por eso, que no sea el
              discurso tan largo que la atención no pueda seguirlo, y que su final no sea diferido
              de forma excesiva por la trasposición del hipérbaton. Peor aún es la mezcla de
              palabras, como ocurre en este verso…» (Quintiliano 1887).</note>: <persName
              type="authority" key="Virgilio" precision="2" unit="quote" quantity="1"/> “Saxa vocant
            Itali mediis quae in fluctibus, aras”»</quote>
          <note place="bottom">Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, I, v. 109. «Estas rocas en medio
            del oleaje que los italianos llaman «altares». Verso que ejemplifica cómo se puede
            alterar en la poesía el orden «natural» de las palabras.</note>.</p>
        <p>El <persName type="authority" key="Tasso, Torcuato" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Tasso</persName>, perpetuo discípulo de Aristóteles, en el libro cuarto de
          sus ya referidos <title>Discursos</title>: <quote>«Ma quella sarà<note place="bottom"
              type="app" rend="I">sarà <hi rend="i">em</hi>. : sera <hi rend="i">G</hi></note>grave,
            laquale userà<note place="bottom" type="app" rend="I">userà vocaboli <hi rend="i"
                >em</hi>. : usaravo caboli <hi rend="i">G</hi></note>vocaboli affatto peregrini;
            peregrini chiama <persName type="authority" key="Aristóteles" precision="1"
              >Aristotele</persName> la varietà delle lingue, l’accorciamento e l’allungamento, e
            ciascuno altro nome, che non sia proprio. Ma s’alcuno<note place="bottom" type="app"
              rend="I">s’alcuno <hi rend="i">em</hi>. : se alcuno <hi rend="i">G</hi></note>
            mescolasse insieme tutte queste cose farebbe enigma o barbarismo»</quote><note
            place="bottom">Torcuato Tasso, <hi rend="i">Discorsi del poema heroico</hi>, IV. «Pero
            la elocución será grave si usa vocablos totalmente peregrinos. Aristóteles llama
            peregrinos la mezcla de los idiomas, la elisión, el alargamiento y todo lo que no sea un
            nombre propio. Pero si alguien sumara todos estos procedimientos, produciría un enigma o
            un barbarismo».</note>. Cierto que, cuando faltaran autoridades de tan doctos hombres,
          me parece que la razón sola bastara a persuadimos el huir la oscuridad. ¿El fin de la
          poesía no es deleitar o aprovechar o ambas cosas juntas, como dijo <persName
            type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Horacio</persName>?<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f136v.png"
            n="f. 136v"/></p>
        <quote>
          <l>Aut prodesse volunt aut delectare poetae</l>
          <l>Aut utrumque simul<note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 333-334.
              Es probable que el abad de Rute cite de memoria, puesto que el v. 334 es inexacto. El
              texto original es el siguiente: «<hi rend="i">Aut simul et jucunda et idonea dicere
                vitae</hi>» (Horacio 1961). La cita del abad de Rute se podría traducir así: «Los
              poetas quieren o que sus obras sean instructivas, o divertidas, o las dos cosas a la
              vez».</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">que es lo más cierto, siendo el fin ultimado y arquitectónico el
          aprovechar, y el deleitar el subordinado (según lo probé<note place="bottom" type="app"
            rend="I">probé <hi rend="i">em</hi>. : probre <hi rend="i">G</hi></note> en mi
            <title>Didascalia</title>)<note place="bottom">Fernández de Córdoba hace referencia al
            capítulo XX de su <hi rend="i">Didascalia multiplex</hi> titulado: «Cual sea el fin de
            la poesía. Lugares de algunos autores concordados» (Marín López 1994c). Las nociones de
            «fin arquitectónico» y «fin subordinado» (o instrumental) son aristotélicas, definidas
            por ejemplo en <hi rend="i">Ética nicomáquea</hi>, I, 1. Como el nombre lo indica, la
            finalidad «subordinada» está supeditada a otra, superior a ella, la llamada
            «arquitéctonica», que dirige y organiza las otras finalidades.</note>. Si esto es así,
          ¿a quién ha de aprovechar y a quién deleitar lo que no es entendido? Dirá vuestra merced
          que solo escribe para los doctos. Ya será eso conseguir solo el fin menos principal,
          porque los doctos podrán bien deleitarse con este género y estilo de poesía, pero
          aprovecharse no, siendo de cosas que no deben ignorarlas. Demás de que, si a pocos se
          comunica, pierde la razón de bueno por dos razones: la primera, porque lo bueno de su
          naturaleza es comunicable a todos, según los filósofos<note place="bottom">Alusión a un
            gran principio aristotélico: lo bueno es lo que procuramos alcanzar en todas
            circunstancias, en cualquiera de nuestras acciones, creaciones, etc. Véase por ejemplo
            Aristóteles, <hi rend="i">Ética</hi>, lib. I, cap. 1 (Aristóteles 1992: 21). Lo
            realmente bueno es potencialmente alcanzable y comunicable por todos, aunque en la
            realidad la mayoría de las veces nos equivocamos y no lo alcanzamos.</note>; luego lo
          que no lo es no participa enteramente la razón de bueno<note place="bottom">Lo que no es
            bueno no participa a la bondad de la obra. Es una tautología. Para ser totalmente buena
            una obra necesita ser buena en cada una de sus partes. Cualquier parte que no sea buena
            perjudica la bondad de la totalidad.</note>. La segunda, porque para que una cosa sea
          perfectamente buena ha de serlo en todas sus partes. Fáltale a esta obra, para ser digna
          del ingenio de vuestra merced (esto es, perfectísima), la perspicuidad, que es bondad y
          requisito necesario en género de narración: luego no tiene la suma bondad que debiera por
          de tal dueño, y es lástima que no sea tal<note place="bottom"><hi rend="i">tal</hi>: de
            suma bondad, lo cual incluye que sea clara.</note> obra de vuestra merced y en quien se
          hallan tales y tantos pedazos de belleza<note place="bottom">Los «numerosos pedazos de
            belleza» se oponen a la «suma bondad» de las líneas precedentes: a falta de alcanzar una
            bondad perfecta (lo cual supondría que ninguna parte fuera mala), las <hi rend="i"
              >Soledades</hi> solo acumulan una suma de partes buenas, por el vicio de la
            oscuridad.</note>, solo por querer su dueño que sea poco inteligible y dar con esto en
          qué entender a tantos. No se la perdonó, pues, otro tanto <persName type="authority"
            key="Luciano de Samosata" precision="4" unit="quote" quantity="1">Luciano</persName> a
          Apolo: <quote>«Itaque et Apollinem in dandis oraculis rideri <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f137r.png"
              n="f. 137r"/> a nonnullis video, dum multa securo animo involvit et data opera
            obscurat, ne omnino audientes otio indulgeant, sed expendant versiculos»</quote><note
            place="margin">in Iove tragedo.</note> <note place="bottom">Luciano de Samosata
            (¿125?-¿181?), <title>Jupiter tragoedus</title> (<hi rend="i">Júpiter trágico)</hi>,
            principio del diálogo, intervención de Mercurio. El abad de Rute cita esta obra en la
            primera traducción al latín de Vincentius Opsopoeus (<hi rend="i">Elegantissima aliquot
              Luciani opuscula, jam recens per Vincentium Opsopoeum latinitate donata</hi> […],
            Haganoae: per Joan. Sec, 1529). El abad de Rute pudo consultar cualquiera de las
            ediciones posteriores que recogen esta traducción: nuestra bibliografía menciona las de
            1538, 1546, 1563. Traduzco literalmente del latín: «Así veo cómo se ríen de Apolo cuando
            da sus oráculos, cuando encubre muchas palabras sin vacilar y oscurece las profecías que
            da, para que los oyentes no se abandonen completamente a la ociosidad y, al contrario,
            examinen atentamente sus versos». Doy a continuación la traducción directa del griego al
            español de Andrés Espinosa Alarcón, bastante diferente: «Veo, por ejemplo, cómo se ríen
            de Apolo ante algunos oráculos, pese a que la oscuridad del lenguaje cubre los más de
            los defectos, dado que los oyentes no tienen demasiado tiempo para analizar los versos»
            (Luciano 1996: 332).</note>. Pues no es este poema misterios de religión ni profecía, de
          que no deben hacerse participantes muchos, conforme a la doctrina de <persName
            type="authority" key="San Jerónimo" precision="4" unit="quote" quantity="1">san
            Jerónimo</persName>
          <title>in Ezechielem</title>: <quote>«Multa dicuntur <hi rend="n">(dice él)</hi> in
            parabolis et ænigmatibus<note place="bottom" type="app" rend="I">Ænigmatibus <hi
                rend="i">em</hi>. : enigmatibus <hi rend="i">G</hi></note>, ut qui habet aures
            audiendi, audiat. Omnisque prophetia in obscuritate continet veritatem, ut discipuli
            intrinsecus audiant: vulgus ignobile, et foris positum, nesciat quid
            dicatur»</quote><note place="margin">cap. 45 in prin°</note>
          <note place="bottom">San Jerónimo, <hi rend="i">Comentario a Ezequiel</hi>, lib. XIV, cap.
            45, vers. 10. «Muchas cosas son expuestas en parábolas y enigmas, como “el que tenga
            oídos para oírlas, que oiga”; cada profecía oculta la verdad en su oscuridad, con el fin
            de que los discípulos la oigan dentro, mientras el pueblo llano, que está fuera, no
            entienda lo que se dice» (San Jerónimo 2006: 432-433).</note>. Y el mismo santo sobre
            <title>Nahum</title>: <quote>«Et dicemus, ideo scripturam sanctam his difficultatibus
            esse contextam, et maxime prophetas qui enigmatibus<note place="bottom" type="app"
              rend="I">Ænigmatibus <hi rend="i">em</hi>. : enigmatibus <hi rend="i">G</hi></note>
            pleni sunt, ut difficultatem sensuum difficultasquoque sermonis involvat, ut non facile
            pateat sanctum canibus, et margaritae porcis, et prophanis sancta
            sanctorum»</quote><note place="margin">cap. 3º</note> <note place="bottom">San Jerónimo,
              <hi rend="i">Comentario a Nahum</hi>, cap. 3, vers. 8-12. «Es preciso decir que la
            escritura santa, y especialmente los profetas que resultan tan enigmáticos, entraña
            tales problemas que la dificultad de entenderlos conlleva la dificultad de explicarlos,
            siendo muy difícil exponer el santo a los perros y las perlas a los cerdos e igualmente
            exponer los misterios más elevados a los profanos» (San Jerónimo 2003: 80-82).</note>.
          Pero esta razón no corre aquí; que todos querrían (y yo lo deseo no poco) y deberían (si
          pudiesen) de sus obras de vuestra merced, como solían, sacar gusto y provecho:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Tu quid ego, et populus mecum desideret, audi<note place="margin">Horat. in Arte</note>
            <note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v.153. «Escucha lo que yo, y
              conmigo el pueblo, echamos de menos».</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent"><persName type="authority" key="Terencio" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Terencio</persName>, en el prólogo de su <title>Andria</title>, profesa
          solamente querer dar gusto al pueblo:</p>
        <quote>
          <l>Poeta cum primum animum ad scribendum appulit,</l>
          <l>Id sibi negoti credidit solum dari,</l>
          <l>Populo ut placerent quas<note place="bottom" type="app" rend="I">quas <hi rend="i"
                >em</hi>. : quae <hi rend="i">G</hi></note> fecisset fabulas<note place="bottom"
              >Terencio, <hi rend="i">La Andriana</hi>, prólogo, v. 1-3. «El poeta, cuando por
              primera vez tomó la decisión de escribir, creyó que la única preocupación que se le
              ofrecía era la de dar gusto al público con las comedias que escribiera» (Terencio
              2008).</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent"><persName type="authority" key="Máximo de Tiro" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Máximo Tirio</persName> dijo del poeta: <quote>«Poeta autem<pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f137v.png"
              n="f. 137v"/> mollis habetur, et multitudinem oblectat, ut pote qui propter voluptatem
            a populo diligitur»</quote><note place="bottom">Pequeño error de copia del abad de Rute
            o del copista (<hi rend="i">diligitur</hi> en vez de <hi rend="i">diligatur</hi>, en la
            edición manejada por el polemista) que no cambia el sentido de la frase.</note> <note
            place="margin">Serm. 29</note> <note place="bottom">Máximo de Tiro, <title>Disertaciones
              filosóficas</title>. El abad de Rute cita por una traducción al latín de Paccio (<hi
              rend="i">Maximi tyrii philosophi Platonici Sermones sive Disputationes XLI. Ex Cosmi
              Paccii Archiepiscopi Florentini interpretatione. Ab Henrico Stephano</hi> […] <hi
              rend="i">enmendata</hi>. Ex oficina Henrici Stephani Parisiensis typographi, 1547,
            sermo XXIX, p. 224). Máximo de Tiro (Cassius Maximus Tyrius en latín) fue un filósofo
            griego (125-185), afín al platonismo. En el fragmento citado, Máximo de Tiro compara el
            filósofo que «ofrece al vulgo una enseñanza gravosa y difícil» con el poeta. Traduzco
            literalmente: «El poeta en cambio es considerado como agradable y es apreciado de la
            muchedumbre, como podrá hacerlo cualquiera que es valorado por el placer que procura».
            También doy la traducción del griego al español de Juan Luis López Cruces que, como
            suele ocurrir, es bastante diferente: «El poeta en cambio ofrece una enseñanza elegante
            y popular, estimada por el goce que procura, pero cuya virtud es ignorada» (Tiro 2005:
            IV, 159).</note>. Así que no debe vuestra merced procurar escribir para solos los doctos
          porque, de esta suerte, le entenderán y gustarán de sus obras muy pocos, parte por no
          serlo en esta facultad, parte porque no querrán gastar el tiempo y sus juicios en adivinar
          qué quiso decir vuestra merced (que no profesó escribir enigmas, como en <persName
            type="authority" key="Celio Firmiano Simposio" precision="3">Simposio</persName><note
            place="bottom">Alude a Celio Firmiano Simposio, también denominado Symposius o
            Symphosius, poeta latino del que se conoce muy poco y cuya obra se difundió en esta
            época a partir de varias ediciones, como <hi rend="i">Aenigmata Symposii poetae cum
              scholiis Josephi Castalionis Anconitani</hi>, Romae: Apud Franciscum Zannettum,
            1581.</note>), reduciendo a trabajo lo que había de ser meramente gusto, y matándose por
          entenderlo o no entenderlo:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Ovidio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Ut quos, obscuris victos ambagibus oris,</l>
          <l>Legimus infandae Sphinga dedisse neci<note place="margin">Ouid in ibim</note>
            <note place="bottom">Ovidio, <hi rend="i">Ibis</hi>, v. 377-378. «Como los que, vencidos
              por los enigmas oscuros de su boca, leemos que entregó la Esfinge a nefanda muerte».
              Antes de que Edipo lograra descifrar el enigma de la Esfinge, ésta solía devorar a los
              viajeros de Tebas. El abad de Rute juega aquí con el sentido figurado del verbo matar
              del que se vale en su prosa («matándose por entender») y el sentido propio,
              actualizado por la cita de Ovidio (no entender un enigma conduce a la
            muerte).</note>;</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">y dirán lo que de <persName type="authority" key="Heráclito"
            precision="1">Heráclito</persName>, escritor oscurísimo, dijo <persName type="authority"
            key="Cicerón" precision="4" unit="quote" quantity="1">Cicerón</persName>:
              <quote>«Qui<note type="editor"><hi rend="i">Qui</hi> es una variante textual en la
              transmisión de este texto. <hi rend="i">Quem</hi> en otras ediciones.</note> quoniam
            quid diceret intelligi noluit, omittamus»</quote><note place="bottom">Cicerón, <title>De
              natura deorum</title>, lib. III, cap. 14, §. 35: «En efecto, no le hagamos caso al que
            no quiso que fuese entendido lo que decía» (traducción propia).</note>. Hase de decir de
          sus versos y pensamientos de vuestra merced lo que el Pséudolo de <persName
            type="authority" key="Plauto" precision="4" unit="quote" quantity="1">Plauto</persName>
          dijo de las letras de una carta:</p>
        <quote>
          <l>Has quidem Pol credo, nisi Sybilla legerit,</l>
          <l>Interpretari alium posse neminem<note place="margin">Act. 1º scena 1ª</note>
            <note place="bottom">Plauto, <title>Pséudolo</title>, Acto 1, escena 1. «Realmente, por
              Pollux, creo que a menos que la Sibila pueda leer [estas letras], nadie podrá
              entenderla» (traducción propia). El abad de Rute saca la cita de su contexto, pues
              Pséudolo hablaba de la letra (la caligrafía) y no de la oscuridad del texto que
              lee.</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">No, por amor de Dios, que a la verdad es terrible cosa que en mi lengua
          materna haya yo de andar como en un <persName type="authority" key="Aristóteles"
            precision="3">Aristóteles</persName> o en un <persName type="authority" key="Persio"
            precision="3">Persio</persName><note place="bottom">Persio (34-62 d. C.), poeta latino,
            conocido por su oscuridad y autor de <hi rend="i">Sátiras</hi>.</note>, o en otro autor
          difícil griego o latino, juntando partes, construyendo y adivinando qué quiso decir en
          aquello o en eso otro. Bien habló a este propósito <persName type="authority"
            key="Cicerón" precision="4" unit="quote" quantity="1">Cicerón</persName> en lo <title>De
            finibus</title>: <quote>«Satisne igitur videor vim verborum tenere, an<note
              place="bottom" type="app" rend="I">an <hi rend="i">em</hi>. : aut <hi rend="i"
              >G</hi></note> sum etiam nunc græce<pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f138r.png"
              n="f. 138r"/> loqui vel latine docendus? Et tamen vide, ne, si ego non intelligam,
            quid Epicurus loquatur, cum græce, ut videor, luculenter sciam, sit aliqua culpa ejus,
            qui ita loquatur ut non intelligatur»</quote><note place="bottom">Cicerón, <hi rend="i"
              >De finibus</hi>, lib. II, §. 5. «Así pues, ¿te parece que conozco suficientemente el
            significado de las palabras, o debo todavía aprender a hablar en griego y en latín? Por
            lo demás no vaya a suceder que, si yo no entiendo lo que dice Epicuro, a pesar de saber,
            según creo, perfectamente el griego, sea por culpa de quien habla de manera que no se le
            entiende» (Cicerón 1987: 104).</note>. Culpa es y culpa antigua de algunos escritores
          afectar oscuridad. <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Quintiliano</persName>: <quote>«In hoc malo<note place="bottom"
              type="editor">Pequeño error de copia del abad de Rute o del copista (<hi rend="i">in
                hoc malo</hi> en vez de <hi rend="i">in hoc malum</hi>, en la edición consultada por
              el polemista) que no cambia el sentido de la frase.</note> etiam a quibusdam
            laboratur, neque id novum vitium est, etc. Unde illa scilicet egregia laudatio, “tanto
            melior; ne ego quidem intellexi”»</quote><note place="margin">Lib 8° cap 2°</note> <note
            place="bottom">Quintiliano, <title>De institutione oratoria</title>, lib. VIII, cap. 2,
            §. 18. «Algunos incluso caen a propósito en este defecto; y esta imperfección no es
            nueva. […] De ahí viene por supuesto aquel elogio excelente: “vaya, incluso yo no
            entendí”».</note>. El artificio del poeta en lo que debe emplearse es en hacer y
          trabajar los versos de suerte que, de fáciles, cualquiera piense que podrá hacer otros
          tales, sin descubrir en ellos el arte y cuidado, cuales los hizo <persName
            type="authority" key="Plauto" precision="3">Tibulo</persName>, que, con ser tan culto y
          limado, es tan suave y fácil en el decir que parece se estaba dicho lo que él dijo<note
            place="bottom">Entiéndase: lo que ha dicho Tibulo es tan claro que da una sensación de
            evidencia y parece que ya lo sabíamos («ya estaba dicho»).</note>. <persName
            type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Horacio</persName>:</p>
        <quote>
          <l>Ex noto fictum carmen sequar; ut sibi quivis</l>
          <l>Speret idem: sudet multum frustraque laboret</l>
          <l>Ausus idem<note place="margin">in arte</note>
            <note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 240-242. «Partiendo de lo
              conocido, iré tras un nuevo poema, tal que si alguno pretende lo mismo, sude no poco y
              en vano se esfuerce en su intento» (Horacio 2008: 297).</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">y <persName type="authority" key="Vida, Marco Girolamo" precision="3"
            >Jerónimo Vida</persName><note place="margin">De arte Poet. Lib 3º</note> <note
            place="bottom">Girolamo Vida, <title>De arte poetica</title>, III, v. 148-152 (Vida
            1976: 94). En particular el v. 152: «<hi rend="i">Ne nimiam ostendas, quaerenda talia,
              curam</hi>». «Tenga cuidado en no mostrar demasiado esfuerzo, procurando estas cosas»,
            es decir, el ornamento de sus versos a partir del uso de figuras.</note>; porque el
          demasiado cuidado descubierto hace parecer después las cosas con menos gracia y
          venustidad, como hechas a fuerza, según dijo Apeles a Protógenes viendo aquella excelente
          pintura de Yáliso, en que había gastado siete años; refiérelo <persName type="authority"
            key="Eliano" precision="3">Eliano</persName>, libro 12, capítulo <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f138v.png"
            n="f. 138v"/> 12<note place="bottom"><hi rend="i">12</hi>: Error de lectura achacable al
            abad de Rute (en realidad se trata del capítulo 42), que se explica por la mala
            impresión del número del capítulo (el «XLI» se confunde con un «XII»), en la edición
            consultada (referencias en la nota siguiente).</note>
          <title>De varia historia</title><note place="bottom">Eliano, <hi rend="i">Historias
              curiosas</hi>, lib. XII, cap. 41. Eliano (175-235), sofista y profesor de retórica
            conocido por su manejo perfecto del griego, refiere la siguiente anécdota: «El pintor
            Protógenes, según se cuenta, terminó su cuadro de Yáliso después de haber trabajado en
            él más de siete años. Cuando Apeles lo vio, al principio se quedó mudo, fuera de sí por
            tan increíble visión. Pero después, considerándolo mejor dijo: “Grandes son tanto el
            trabajo como el artista, pero el cuadro carece de esa gracia que, si este hombre la
            hubiera encontrado, habría hecho que su obra tocara el cielo”» (Eliano 2006: 250). Es
            muy probable que el abad de Rute consultara <hi rend="i">Aeliani variae historiae libri
              XIIII</hi> […] <hi rend="i">editio postrema multo quam antehac emendatior</hi>,
            Lugduni: apud Joan Tornaesium, 1600, p. 328, porque es una edición bilingüe
            griego-latín, que numera los capítulos contrariamente a las ediciones anteriores y
            porque el número del capítulo 41 impreso en números romanos (XLI) se lee mal y se parece
            a un XII. Sin embargo la obra se cita con el título <hi rend="i">De varia historia</hi>,
            usado en ediciones anteriores (véase bibliografía) y que debía de ser el título
            habitual.</note>. De que remito el ejemplo a las <title>Gerusalemmes</title> del
            <persName type="authority" key="Tasso, Torcuato" precision="3">Tasso</persName><note
            place="bottom" type="app" rend="I">las Gerusalemmes del Tasso <hi rend="i">em</hi>. :
            las Hierusalemes del Taso <hi rend="i">G</hi></note>, <title>liberata</title> y<note
            place="bottom" type="app" rend="I">y <hi rend="i">em</hi>. : et <hi rend="i"
            >G</hi></note>
          <title>conquistata</title>, la primera mejor, con menor cuidado, la segunda con mayor y
          menos buena<note place="bottom">Se sabe que Torcuato Tasso terminó de escribir su gran
            poema heroico en 1575, y que éste fue publicado sin su consentimiento bajo el título de
              <hi rend="i">Gerusalemme liberata</hi> en 1581. Aunque recibiera una calurosa acogida,
            Tasso se quedó insatisfecho y sometió su obra a las críticas de cuatro literatos
            elegidos por él. Dedicó cinco años de esfuerzos –de 1588 a 1593– a remodelarlo y
            pulirla. Aún así, el resultado (la <hi rend="i">Jerusalén conquistada</hi>) fue juzgado
            entonces, y sigue siendo considerado hoy, como muy inferior. El abad de Rute alude a
            este proceso de reescritura vano que no permitió mejorar la calidad de la obra, sino que
            la aminoró. Mercedes Blanco señaló que las vivencias de Tasso pudieron servir de
            advertencia para Góngora, en el proceso de gestación de las <hi rend="i">Soledades</hi>
            (Blanco 2012a: 23-29).</note>. Refiriose arriba la misma doctrina de <persName
            type="authority" key="Quintiliano" precision="3">Quintiliano</persName>. Y con bonísimo
          acuerdo dijo <persName type="authority" key="Cicerón" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Cicerón</persName> en sus <title>Académicas</title>: <quote>«Itaque ea
            nolui scribere, quae nec indocti intelligere possent, nec docti legere
            curarent»</quote><note place="bottom">Cicerón, <hi rend="i">Academicorum posteriorum
              liber primus</hi>, lib. I, cap. 2. «Por eso no quise escribir nada que los ignorantes
            no pudiesen entender y los doctos no quisiesen leer».</note>.</p>
        <p>Dirame vuestra merced a esto dos cosas: la primera, que la oscuridad causada de
          locuciones extraordinarias, palabras peregrinas y muchedumbre de figuras hace y engendra
          el hablar grande y estilo sublime; la segunda, que hay otros muchos poetas de los de más
          nombre oscuros y, con dificultad, inteligibles. Respondo a lo primero que es así que el
          hablar figurado demasiadamente y con palabras peregrinas (como no dé en<note
            place="bottom"><hi rend="i">dar en enigma</hi>: convertirse en enigma.</note> enigma, ni
          barbarismo) engendra el estilo sublime; testigos: <persName type="authority"
            key="Aristóteles" precision="3">Aristóteles</persName>, <persName type="authority"
            key="Escalígero" precision="3">Escalígero</persName>, <persName type="authority"
            key="Tasso, Torcuato" precision="3">Torcuato</persName> y otros que en varios lugares
          varias veces lo afirman<note place="bottom">El abad de Rute menciona a tres autoridades
            que defendieron la idea de que la oscuridad y el estilo grande o sublime son
            inseparables, pero no lo desarrolla. En el <hi rend="i">Examen</hi> volverá a utilizar
            estas mismas referencias, dando esta vez más detalles: cita primero la <hi rend="i"
              >Poética</hi> de Aristóteles y después los <hi rend="i">Discursos</hi> de Torcuato
            Tasso («<hi rend="i">Da una medisima cagione suol nascer l’obscurità e la grandeza, e
              derivar quasi da un medisimo fonte</hi>»). En cuanto a Escalígero tan solo citará un
            fragmento en el cual valora la obra de Horacio, diciendo que, aunque lírica, es sublime
            y grande. Pero no alude a ningún fragmento en que asocie explícitamente oscuridad y
            estilo sublime.</note>. Pero eso se entiende, según ellos, en poema grave, trágico,
          heroico u otro semejante; que, siendo de su naturaleza ilustres, piden estilo y modo de
          decir fuera del vulgar, como lo hiciera vuestra merced si aplicara su ingenio<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f139r.png"
            n="f. 139r"/> y genio a lo épico, de que diera mejor que otro ninguno. Pero un poema,
          cuando no lírico, de materia humilde, bucólico en lo<note place="bottom" type="app"
            rend="I">lo <hi rend="i">em.</hi> : la <hi rend="i">G</hi></note> que descubre hasta
          ahora, no<note place="bottom" type="app" rend="I">no <hi rend="i">add.</hi></note> ha de
          correr parejas con lo heroico<note place="bottom">El argumento desarrollado es que las <hi
              rend="i">Soledades</hi> son un poema bucólico y que, por lo tanto, el estilo <hi
              rend="i">no</hi> ha de correr parejo con el heroico.</note>, desdiciendo mucho del
          decoro que se debe a las personas.<persName type="authority" key="Virgilio" precision="4"
            unit="quote" quantity="1"> Virgilio</persName> en el Sileno<note place="bottom"><hi
              rend="i">el Sileno</hi>: designa la <title>sexta bucólica</title> de Virgilio porque
            en ella se reproduce el canto de Sileno.</note>:</p>
        <quote>
          <l>                  […] Cynthius aurem</l>
          <l>Vellit et admonuit: «Pastorem, Tytire, pingues</l>
          <l>Pascere oportet oves deductum dicere carmen»<note place="bottom">Virgilio,
                <title>Bucólicas</title>, VI, v. 3-5. «[Dispuesto yo a cantar reyes y batallas], me
              tiró de la oreja Cintio [=Apolo] y me advirtió “Conviénele al pastor apacentar sus
              pingües ovejas, Títiro, y recitar versos ligeros”» (Virgilio 1990: 195). Es probable
              que el abad de Rute cite las <hi rend="i">Bucólicas</hi> por la edición comentada del
              padre de la Cerda: <hi rend="i">Publii Virgilii Maronis Bucolica et Georgica
                argumentis, explicationibus et notis illustrata a Joanne Ludovico de la Cerda</hi>,
              [Francofurti]: e nobilis Francorum vadi collegio Paltheniano, 1608,
            p. 109.</note>,</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">enseñanza no poco repetida de <persName type="authority" key="Horacio"
            precision="3">Horacio</persName> en su <title>Arte</title>, ni olvidada de <persName
            type="authority" key="Vida, Marco Girolamo" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Jerónimo Vida</persName> en la suya<note place="margin">Lib 3º</note>
          <note place="bottom">Alusión al v. 92 del <hi rend="i">Arte poética</hi> de Horacio (este
            fragmento será citado más adelante) y a los versos 170-176 del tercer libro del <hi
              rend="i">De arte poetica</hi> de Vida. Ambos fragmentos plantean la cuestión del
            decoro en términos muy similares. Los versos de Vida dicen: «<hi rend="i">Iamque age,
              verborum qui sit delectus habendus / Quae ratio (nam nec sunt omnia versibus apta, /
              Omnia nec pariter tibi sunt uno ordine habenda) / Versibus ipsa etiam divisa, et
              carmina quantum / Carminibus distant, tantum distantia verba / Sunt etiam inter se,
              quamvis communia multa / Interdum invenies versus diffusa per omnes</hi>». «Pasemos
            ahora a la elección de las palabras: porque no todas las palabras son aptas para la
            poesía, ni para el mismo género de poesía. Cada género poético tiene sus proprias
            palabras, que son tan diferentes entre ellas, como la diferencia entre los géneros
            mismos, aunque muchas palabras son comunes a todos los géneros».</note>. Divinamente
          enseña esto <persName type="authority" key="Fracastoro, Girolamo" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Fracastoro</persName><note place="bottom" type="app" rend="I"
            >Fracastoro <hi rend="i">em</hi>. : Fracastorio <hi rend="i">G</hi></note> en el diálogo
            <title>Naugerio, sive de Poetica</title>: <quote>«Sicut enim vestis aurea, quamquam per
            se pulcherrima sit, apposita tamen rustico non modo decorem et ornatum non afferet<note
              place="bottom" type="app" rend="I">afferet <hi rend="i">em</hi>. : affert <hi rend="i"
                >G</hi></note>, sed risum concitabit magis; ita et si rebus comicis majestatem
            heroicam addas, omnia facies indecora. Hac ergo concinnitate et convenientia si<note
              place="bottom" type="app" rend="I">si <hi rend="i">em</hi>. : sic <hi rend="i"
              >G</hi></note>omnia scribas, et comedia, et lyrica, et alia [partes erunt
            poeticae]»</quote><note place="bottom">Girolamo Fracastoro, <hi rend="i">Naugerius, sive
              de poetica dialogus.</hi> El diálogo fue compuesto alrededor de 1540. El abad de Rute
            pudo consultar la <hi rend="i">princeps</hi> (<hi rend="i">Hieronymi Fracastorii
              veronensis opera omnia</hi>, Venetiis, apud haeredes Lucaeantonii Juntae, 1555, que
            contiene la primera ed. del diálogo «<hi rend="i">Naugerius, sive de poetica
              dialogus</hi>», compuesto alrededor de 1540) u otra posterior. «En efecto, de la misma
            forma que un traje bordado en oro, por muy bonito que sea, llevado por un campesino, no
            le traerá ni decencia ni elegancia, sino que suscitará la risa más bien; de la misma
            forma, si tratas un argumento cómico con majestad heroica, todo quedará sin decoro. En
            cambio, si todo lo que escribes, lo escribes de modo armonioso y conveniente, la
            comedia, los versos líricos y todo lo demás será poético» (traducción propia inspirada
            en Fracastoro 1984: 160 y 2005: 82-84).</note>. Mírense los que han escrito semejantes
          materias, antiguos y modernos, griegos, latinos, toscanos, españoles: <persName
            type="authority" key="Vida, Marco Girolamo" precision="3">Teócrito</persName><note
            place="bottom">Poeta bucólico por antonomasia, citado por los <hi rend="i">Idilios</hi>,
            poema fundador del género.</note>, <persName type="authority" key="Bión de Esmirna"
            precision="3">Bión</persName><note place="bottom" type="app" rend="I">Bión <hi rend="i"
              >em</hi>. : *ion <hi rend="i">G</hi> La primera letra ha sido tachada y resulta
            imposible leerla, prueba de que el copista dudó entre Bión (la lección correcta) y
            Dión.</note> <note place="bottom">El abad de Rute hace referencia a Bión de Esmirna
            (finales del siglo II a. C.) y no a Dión de Prusa (¿30?-¿116?), como lo entendió Orozco
            (1969c). Lo confirma el fragmento siguiente del <hi rend="i">Examen del Antídoto</hi>,
            donde Fernández de Córdoba volverá a evocar esta figura, al lado de otros poetas
            bucólicos: «Teócrito, Mosco y Bión en sus <hi rend="i">Eydillos</hi> y Ausonio en los
            suyos; […] Virgilio, Olimpio, Nemesiano, Tito, Calpurnio en sus <hi rend="i"
              >Bucólicas</hi>» (Artigas 1925: 417, modernizo la ortografía).</note>, <persName
            type="authority" key="Virgilio" precision="3">Virgilio</persName><note place="bottom"
            >Citado por las <hi rend="i">Bucólicas</hi>, poema que definió el género de la
            égloga.</note>, <persName type="authority" key="Titus Calpurnius Siculus" precision="3"
            >Calpurnio</persName><note place="bottom">Titus Calpurnius Siculus, poeta latino
            contemporáneo de Nerón, autor de <hi rend="i">Églogas</hi>. Primera edición: <hi
              rend="i">Calpurnii Eclogae VII. Nemesiani Eclogae IV</hi>, Romae: typis Conradi
            Sweynheym et Arnoldi Pannartz, 1471.</note>, <persName type="authority"
            key="Severus Sanctus Endelechius" precision="3">Severo</persName><note place="bottom"
            >Severo Santo Endelequio (en latín, Severus Sanctus Endelechius), también llamado
            Severus Retor (fines del siglo IV d. C.), fue un poeta latino cristiano. Francisco
            Fernández de Córdoba lo cita por su <hi rend="i">Carmen bucolicum de virtute signi
              crocis Domini</hi>, también conocido como <hi rend="i">De mortibus boum</hi> es decir
            «De la mortandad de los bueyes» (Endelequio 1984). Se trata de una apología del
            cristianismo bajo la apariencia de una fábula bucólica. La escasez de ediciones antiguas
              (<hi rend="i">Severi Endeleichi carmen bucolicum de mortibus boum cum notis M.
              Johannis Weitzii</hi>, Francoforti: apud Egenolphum Emmelium, 1612) nos hace pensar
            que el abad de Rute pudo conocer el poema a través de alguna antología de poetas latinos
            menores, por ejemplo: <hi rend="i">Epigrammata et poematia vetera. Quorum pleraque nunc
              primum ex antiquis codicibus et lapidibus, alia sparsim antehac errantia, jam
              undecunque collecta emendatiora eduntur</hi>, Parisiis: excudebat Dionysius Duvallius,
            1590. El poema de Severo Santo Endelequio está en las p. 448-452.</note>, <persName
            type="authority" key="Petrarca" precision="3">Petrarca</persName><note place="bottom"
            >Petrarca es mencionado por su <hi rend="i">Bucolicum carmen</hi>, compuesto entre 1346
            y 1357, y constituido por doce églogas sobre temas amorosos, políticos y morales
            (Petrarca 1906).</note>, <persName type="authority" key="Sannazaro" precision="3"
            >Sannazaro</persName><note place="bottom">Sannazaro es citado por su <hi rend="i"
              >Arcadia</hi>, escrita entre 1483 y 1501 y publicada en Venecia por primera vez en
            1502, sin el permiso del autor. Se trata de una especie de novela compuesta por doce
            églogas precedidas de una introducción en prosa (Sannazaro 2013).</note>, <persName
            type="authority" key="Pontano, Giovanni" precision="3">Pontano</persName><note
            place="bottom">Giovanni Pontano (1429-1503), poeta neolatino, citado por diferentes
            églogas, cuya fecha de composición conocemos de manera aproximada: «Coryle» (1463-1464);
            «Quinquennius» (1474); «Maeon» (1475); «Meliseus» (1493); «Lepidina» (1496), y el poema
            geórgico <hi rend="i">De hortis Hesperidum</hi> (1501). Véase une edición moderna de
            estas églogas en Pontano (2011).</note>, <persName type="authority"
            key="Rosiglia, Marco" precision="3">Marco Rosiglia</persName><note place="bottom">El
            abad de Rute se refiere a Marco Rosiglia, a veces llamado Rasilia o Rasilio (Balsamo
            2007: II, 109). Se conocen pocos datos sobre este poeta de principios del XVI, que
            quizás viviera entre 1460 y 1508, como supone Matteo Largaiolli, uno de los escasos
            estudiosos que se ha ocupado de él. Escribió <hi rend="i">La conversione de sancta Maria
              Magdalena e la vita de Lazaro e Martha in octava rima hystoriata. Composta pel
              dignissimo poeta maestro Marcho Rosiglia da Foligno. Opera nova devotissima</hi>,
            stampata in Venetia: per Nicolo dicto Zopino &amp; Vincentio compagni, 1513 adi XIIII de
            marzo; y otras de sus composiciones fueron publicadas en una <hi rend="i">Miscelanea
              nova</hi> […] Sta[m]pata i[n] Venetia: p[er] Nicolo dicto Zopino, [c. 1510-1515],
            junto con las obras de otros poetas. Esta miscelánea incluye tres églogas de Marco
            Rosiglia a las que, con toda seguridad, se está refiriendo Fernández de Córdoba. Estas
            églogas cuentan con una reciente edición (Largaiolli 2010).</note>, <persName
            type="authority" key="Benivieni, Girolamo" precision="3">Gerónimo
            Benivieni</persName><note place="bottom">Girolamo Benivieni (1453-1542) fue autor de una
              <hi rend="i">Bucolica</hi>. La primera edición es de 1481/82 y se publicó junto con
            una traducción de la obra de Virgilio y otras <hi rend="i">Bucolicas</hi> en italiano de
            Francesco de Arsocchi y Jacopo Fiorino de Boninsegni, a los que no cita el abad de Rute,
            prueba de que no debió consultar este volumen: <hi rend="i">Bucolica (Tr: Bernardo
              Pulci). Add: Francesco de Arsocchi: Bucolica. Girolamo Benivieni: Bucolica. Jacopo
              Fiorino de Boninsegni: Bucolica</hi>, Firenze: Antonio Miscomini, 1481/82.</note>,
            <persName type="authority" key="Tasso, Bernardo" precision="3">Bernardo
            Tasso</persName><note place="bottom">Bernardo Tasso (1493-1569) escribió varias églogas
            insertas dentro de los tres primeros libros <hi rend="i">de gli amori</hi> (1531, 1534,
            1537) y luego reunidas en las <hi rend="i">Rime</hi>, la obra de mayor difusión del
            poeta (<hi rend="i">Rime di messer Bernardo Tasso divise in cinque libri nuovamente
              stampate</hi>, in Vinegia: appresso Gabriel Giolito de’ Ferrari, 1560). Edición
            moderna: Tasso (1995: I, 261-287).</note>, <persName type="authority"
            key="Alemanni, Luigi" precision="3">Luis Alemanni</persName><note place="bottom">Luigi
            Alemanni o Luigi Alamanni (1495-1556), poeta humanista italiano, fue autor de <hi
              rend="i">La Coltivazione</hi>, poema bucólico a imitación de las <hi rend="i"
              >Geórgicas</hi> de Virgilio, que habla del cultivo de la tierra y de las huertas (<hi
              rend="i">La Coltivazione di Luigi Alamanni al christianissimo re Francesco primo</hi>,
            stampata in Parigi: da Roberto Stephano, regio stampatore, 1546).</note>, y el divino
            <persName type="authority" key="Garcilaso" precision="3">Garcilaso</persName> y otros, y
            <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f139v.png"
            n="f. 139v"/> echarase de ver cuán claro estilo han seguido y cuán acomodado al sujeto
          de que trataron.</p>
        <p>A lo segundo respondo que, aunque haya habido poetas oscuros, no es bueno imitarlos en
          esa parte, siendo viciosa, sino seguir antes la majestad con la venustidad y perspicuidad
          virgiliana; demás de que (como he dicho) los más tomaron diferente asunto, y en quien es
          la oscuridad menos culpable, naciendo de afectar grandeza, como los<note place="bottom"
            type="app" rend="I">los <hi rend="i">em</hi>. : lo <hi rend="i">G</hi></note> heroicos
            <persName type="authority" key="Gaius Valerius Flaccus" precision="3">Valerio
            Flaco</persName><note place="bottom">Valerio Flaco (Gaius Valerius Flaccus), poeta épico
            latino del primer siglo después de Cristo (45-90), fue autor de las <hi rend="i"
              >Argonáuticas</hi>, que narran la búsqueda del vellocino de oro por algunos héroes
            griegos, montados en la nave Argos.</note>, <persName type="authority" key="Estacio"
            precision="3">Estacio Papinio</persName>,<note place="bottom">Estacio Papinio (cir.
            45-96) poeta latino, autor de dos epopeyas: la <hi rend="i">Tebaida</hi>, que cuenta,
            entre otras cosas, la guerra de los llamados «siete contra Tebas»; y la <hi rend="i"
              >Aquileida</hi>, que cuenta la infancia de Aquiles y su crianza por el centauro
            Quirón.</note> aunque también en el primero es notado de duro el estilo. <persName
            type="authority" key="Escalígero" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Escalígero</persName> el padre: <quote>«Est autem omnino duriusculus: penitus vero
            nudus gratiarum comitate»</quote><note place="margin">Lib Poet. 6°</note> <note
            place="bottom">Julio César Escalígero, <title>Poetices libri VII</title>, Lugduni: apud
            Joannem Crispinum, 1561, lib. 6, cap. 6, p. 323, B2. «Sin embargo [Valerio Flaco] es del
            todo áspero: y enteramente desprovisto de la amenidad de las gracias».</note>.
          Opondranme a <persName type="authority" key="Persio" precision="3">Persio</persName>
            satíro<note place="bottom"><hi rend="i">sátiro</hi>: adj. con el sentido de «mordaz». Es
            un italianismo (<hi rend="i">Persio satiro</hi> es la forma habitual de llamar a este
            poeta en italiano).</note> los que buscaren patrocinio a la oscuridad, pero miren cuál
          le pone el mismo <persName type="authority" key="Escalígero" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Escalígero</persName>: <quote>«Persii vero stilus morosus, et ille ineptus,
            qui cum legi vellet quae scripsisset, intelligi noluit quae legerentur»</quote><note
            place="margin">Ibidem</note>
          <note place="bottom">Julio César Escalígero, <hi rend="i">Poetices libri VII</hi>, 1561,
            lib. 6, cap. 6, p. 323, D1. «A decir verdad el estilo de Persio es abstruso y fue inepto
            queriendo que leyeran lo que había escrito y no queriendo que los que leyeren lo
            entiendan».</note>.</p>
        <p>Bien sé, mi señor, que a vuestra merced le han advertido de esto antes de ahora y
          avisádole que sienten lo mismo en Córdoba, en Granada, en Sevilla, en Madrid; pues de allí
          un hombre de tanta erudición, cuanto cualquiera otro de este siglo, y de juicio igual a la
          erudición, que es <persName type="polemist" key="Valencia, Pedro de">Pedro de
            Valencia</persName>, lo escribió y advirtió a vuestra merced<note place="bottom"
            >Referencia a la carta del humanista Pedro de Valencia [1613_carta-valencia]. Góngora le
            mandó su poema para que lo censurara y le diese su opinión.</note>. Vi la carta original
          en Granada el verano pasado en poder de Juan de Villegas,<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f140r.png"
            n="f. 140r"/> el gobernador de Luque<note place="bottom">Sobre esta carta véase la
            introducción.</note>, y, aunque no creo que tengo mayor facundia ni más viveza de
          razones que él para persuadir a vuestra merced, por lo que debo a nuestra amistad y desear
          que sus obras de vuestra merced no desdigan de suyas en cosa alguna, sino sean en todo y
          en parte perfectísimas, le he dicho tan por extenso mi sentimiento acerca de la oscuridad
          de las <title>Soledades</title>. Podrá ser que, <hi rend="i">multiplicatis
            intercessoribus</hi><note place="bottom"><hi rend="i">multiplicatis
            intercessoribus</hi>: multiplicando a los intercesores, es decir, los que sirven de
            intermediarios para convencer a Góngora de volver a la claridad y venustidad antigua,
            injustamente expulsadas de su obra. La expresión podría proceder de la común oración por
            todos los santos: «[…] <hi rend="i">ut, desideratam nobis tuae propitiatonis
              abundantiam, multiplicatis intercessoribus largiaris</hi>».</note>, restituya<note
            place="bottom" type="app" rend="I">restituya <hi rend="i">em</hi>. : restiya <hi
              rend="i">G</hi></note> vuestra merced a su casa la claridad y venustidad antigua con
          que han salido y sido tan justamente celebradas por el mundo sus obras<note place="bottom"
            >De las palabras del abad de Rute se deduce que los contemporáneos de Góngora
            percibieron, con la difusión de las <hi rend="i">Soledades</hi>, un cambio brusco en la
            obra del vate cordobés: un estilo claro («la claridad y venustidad antigua») en las
            obras anteriores a las <hi rend="i">Soledades</hi> y, con la aparición de esta
            composición, otro oscuro y difícil. Y eso, pese a los desmentidos de la crítica del
            siglo XX que, con la idea de devolver a Góngora un puesto de honor en la poesía
            española, se empeñó en demostrar que esta ruptura no existía y era invención de los
            detractores malintencionados de Góngora. Reconocer que muchas de las innovaciones de la
            lengua de las <hi rend="i">Soledades</hi> ya estaban en germen en la producción anterior
            a las <hi rend="i">Soledades</hi> no debería conducir a negar que los contemporáneos
            percibieron una ruptura (Alonso 1978).</note>. Crea vuestra merced que muchos ven esto,
          aunque se lo digan pocos, parte de los cuales lo dejan por no confesarse menos agudos en
          el entender, parte por no atreverse, parte por mostrarse eruditos defendiendo la oscuridad
          y otras cosillas (si las hay) en que se pudiera reparar, anteponiendo con esto la
          adulación y estimación de sus ingenios a la verdadera amistad:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Marcial" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Nobis non licet esse tam disertis</l>
          <l>Qui musas colimus severiores<note place="bottom">Marcial, <title>Epigramas</title>, IX,
              11, v. 16-17. «A nosotros, que rendimos culto a unas Musas más severas, no se nos
              permite ser tan expresivos» (Marcial 2003: 375). El verso de Marcial alude al hecho de
              que las reglas de la versificación latinas son más severas que las griegas, puesto que
              en latín no se permite la apócope de las vocales átonas que facilita la tarea del
              poeta griego. Por generalización, puede entenderse que los griegos son menos
              disciplinados y menos rigurosos de lo que dicen. El abad de Rute saca la cita de su
              contexto: dice que no puede adular a Góngora, porque se lo impide un ideal de poesía
              demasiado alto («<hi rend="i">musas severiores</hi>»).</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">Vuestra merced, por amor de Dios, se temple en esta parte, que como su
          servidor y amigo se lo suplico.</p>
        <p>Lo mismo deseo haga en el uso de palabras peregrinas, digo derivadas de latín y <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f140v.png"
            n="f. 140v"/> toscano; y no tanto en la muchedumbre de ellas, pues todas son muy buenas,
          y a la verdad eso es enriquecer nuestra lengua y muy conforme a los preceptos del arte
          (según <persName type="authority" key="Aristóteles" precision="3">Aristóteles</persName>,
            <persName type="authority" key="Horacio" precision="3">Horacio</persName>, <persName
            type="authority" key="Vida, Marco Girolamo" precision="3">Vida</persName>, <persName
            type="authority" key="Tasso, Torcuato" precision="3">Tasso</persName> y otros<note
            place="bottom">Horacio, <hi rend="i">Ars poetica</hi>, v. 46-72. Vida, <hi rend="i">De
              arte poetica</hi>, v. 276-287.</note>); pero en el frecuentarlas y repetirlas muy a
          menudo, pues, como a forasteras, se ha de ir poco a poco y con recato, dándoles entrada y
          lugar señalado si queremos que sean bien recibidas y estimadas en algo, que así nos lo
          encarga el lírico latino:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>In verbis etiam tenuis cautusque serendis<note place="margin">Horat. de arte</note>
            <note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 46. «Mostrándose fino y
              prudente al trenzar las palabras» (Horacio, 2008: 386).</note>;</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">pues, de otra suerte, viene a ser lenguaje pedantesco fidentiano<note
            place="bottom"><hi rend="i">fidentiano</hi>: alusión a los <hi rend="i">Cantici di
              Fidenzio</hi>
            <emph>Glottocrisio ludimagistro</emph>, cancionero amoroso jocoso, escrito por Camillo
            Scroffa (Vicenza, 1526 o 1527 – Vicenza, 1565), hacia 1550 y publicado en 1562. En este
            poemario el autor satiriza la manera pedante de hablar de un gramático llamado Pietro
            Fidenzio Giunteo da Montagnana, quien solía emplear muchos latinismos. Un lenguaje
            fidentiano designa, pues, una mezcla de latín y lengua vulgar, ridícula a pesar de su
            pretensión de elegancia culta.</note>, de que le culpa a <persName type="authority"
            key="Tasso, Torcuato" precision="3">Torcuato Tasso</persName>, como a usurpador y
          frecuentador de palabras peregrinas, la Academia de la Crusca en la defensa del
            <title>Furioso</title>, diciendo que <persName type="authority" key="Aristóteles"
            precision="1">Aristóteles</persName> concedió que cayese en los poemas agua de palabras
          forasteras, pero no que tempestase<note place="bottom">Alusión a uno de los más famosos
            debates literarios italianos que enfrentó a Torcuato Tasso con algunos miembros de la
            llamada Academia de la Crusca, defensores de Ariosto como parangón del buen estilo. José
            Manuel Rico García resume así las etapas de la polémica: «Pellegrino (<hi rend="i"
              >Carrafa overo dell’ epica poesía</hi>, Florencia, 1584) encareció los valores de la
            obra de Tasso, devaluando los méritos de la de Ariosto. Lionardo Salviati, Giovanni de’
            Bardi, Flaminio Mannelli y Rossi, académicos de la Crusca, reunieron sus esfuerzos para
            entronizar a Ariosto en el reinado de las letras italianas; de tal manera que
            antepusieron el <hi rend="i">Orlando</hi> al <hi rend="i">Amadigi</hi> de Bernardo Tasso
            y a la <hi rend="i">Gerusalemne</hi> de Torcuato Tasso. Salviati redactó bajo el título
            de <hi rend="i">Degli accademici della Crusca difesa dell’ Orlando furioso dell’ Ariosto
              contra’l dialogo dell’epica poesia de Cammillo Pellegrino: Stacciata prima</hi>
            (Florencia, 1585 [<hi rend="i">sic</hi>. 1584 en la portada]), una agria censura del
            texto de Pellegrino. Tasso respondió con la <hi rend="i">Apologia in Difesa de la
              Gerusalemme liberata</hi> (Ferrara, 1585). A partir de ese momento se desencadenó una
            encendida polémica literaria: los hitos más representativos fueron la <hi rend="i"
              >Lettera a Flaminio Mannelli</hi> (Florencia, 1585) de Rossi; la respuesta a ésta del
            Tasso, <hi rend="i">Riposta all’ Accademia della Crusca in difesa del suo dialogo Del
              piacer onesto</hi> (Ferrara, 1585). Durante el curso de 1585 interviene también
            Francesco Patrizi con el <hi rend="i">Parere in difesa di Ludovico Ariosto</hi>
            (Ferrara, 1585), al que responde Tasso con <hi rend="i">Discorso sopra il Parere fatto
              dal signor Francesco Patricio in difesa di Ludovico Ariosto</hi>» (Rico García 2002:
            XLVII, n. 70). El abad de Rute alude concretamente al ya citado diálogo de Salviati, <hi
              rend="i">De gli academici della Crusca difesa dell’ Orlando furioso</hi>,
            f. 32v.</note>. Una sola fuera de parecer que desterrara vuestra merced de todo punto y
          es «conculcado» y «conculcar», porque tiene mucha parte de «æschrología»<note
            place="bottom"><hi rend="i">æschrología</hi>: Señala al respecto Alatorre (1996): «Algo
            peor que el cacofatón es la escrología que el Abad de Rute encuentra en el <hi rend="i"
              >conculcado</hi> de I: 415, reprobadísimo por él evidentemente porque, al leerlo, de
            manera espontánea e irresistible su imaginación le representaba una palabra “de sucio
            significado en el sonido”: ¡culo!».</note>, figura viciosa, que es uso de verbo u
          oración de sucia significación en el sonido y, así, no siendo necesario el usarlo, yo no
          lo usara<note place="bottom">Resulta raro que el abad de Rute censure la repetición de
            esta palabra porque solo se emplea una vez en la primera <hi rend="i">Soledad</hi>: <ref
              xml:id="ref1002"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.415"
              >«Conculcado hasta allí de otro ninguno»</ref> [OC264B.415] ¿Será que consultó una
            versión de las <hi rend="i">Soledades</hi> todavía diferente de las que conocemos de
            momento? También la emplea una vez en el <hi rend="i">Polifemo</hi>: <ref
              xml:id="ref1003"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255#l255.469"
              >«mas conculcado el pámpano más tierno»</ref> [OC255.469]. ¿Recordaba esta palabra por
            haberla censurado ya en su parecer del <hi rend="i">Polifemo</hi>? Podía llamar la
            atención por tratarse de un cultismo. Joaquín Roses escribe: «Dámaso Alonso documenta la
            aparición del vocablo en el Marqués de Santillana y, como censura anticultista, en el
              <hi rend="i">Libro de todas las cosas</hi> de Francisco de Quevedo. Figura también en
            el <hi rend="i">Universal vocabulario</hi> (1490) de A. de Palencia, en el <hi rend="i"
              >Tesoro de las tres lenguas francesa, italiana, española</hi> (Ginebra, 1609) de
            Hierosme Víctor Bolonois […]. Tampoco a Juan de Jáuregui le agradará el vocablo, que
            será censurado en su <hi rend="i">Antídoto</hi>» (Roses 1994: 155, n. 2).</note>.</p>
        <p>Pero no solo en la repetición de las extranjeras<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f141r.png"
            n="f. 141r"/> querría se fuese vuestra merced a la mano<note place="bottom"><hi rend="i"
              >irse a la mano</hi>: con cautela y moderación.</note>, mas aun de las propias y
          comunes nuestras, no frecuentando el «ya», ni el «si, no»; pues, aunque con este modo se
          formen gallardas contraposiciones, no ha de ser a cada paso, que el almíbar empalaga; y lo
          mismo digo de otras algunas palabras, pues sabe vuestra merced mejor cuánto gusto da el
          que reitera muchas veces unas mismas, ora sea por escrito, ora de palabra, en púlpitos o
          en conversaciones. Y si esto no es loable, menos lo será repetir los pensamientos, las
          comparaciones y aposiciones. En la primera y segunda parte dice vuestra merced no sé qué
          veces <quote>«mariposa de cristal», «mariposa de esto», «mariposa de eso
            otro»</quote><note place="bottom">Las metáforas que utilizan la palabra mariposa son
            dos: <ref xml:id="ref1004"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.86"
              >«y la que desvïada / luz poca pareció, tanta es vecina, / que yace en ella robusta
              encina, / mariposa en cenizas desatada»</ref> [OC264B.86-89] y en la <hi rend="i"
              >Soledad</hi> segunda: <ref xml:id="ref1005"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.1"
              >«Éntrase el mar por un arroyo breve / que a recibillo con sediento paso / de su roca
              natal se precipita, / y mucha sal no solo en poco vaso, / mas en su ruina bebe, / y a
              su fin, cristalina (mariposa / no alada, sino undosa) / en el farol de Tetis
              solicita»</ref> [OC264C.1-8].</note>; en ésta del novillo: <quote><ref
              xml:id="ref1006"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.19"
              >«mal lunada la frente»</ref></quote><note place="bottom">[OC264C.19]</note>; del toro
          en la primera:</p>
        <quote>
          <l><ref xml:id="ref1007"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.3"
            >media luna las armas de su frente</ref><note place="bottom">[OC264B.3]</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">En la primera hace vuestra merced navíos y en ésta barcos de
            <quote>«haya»</quote><note place="bottom">[<ref xml:id="ref1008"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.375"
              >OC264B.375</ref>] y [<ref xml:id="ref1009"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264C.45"
              >OC264C.45</ref>]</note> muchas veces, demás de que, como advertí en el
            <title>Polifemo</title>, no la usa la navegación, si no es en remos; y, para
          certificarme más, busqué con Francisco de Gálvez lo que dicen de ese árbol <persName
            type="authority" key="Teofrasto" precision="3">Teofrasto</persName>, <title>De
            plantis</title>, <persName type="authority" key="Plinio el Viejo" precision="3"
            >Plinio</persName> y otros<note place="bottom">El abad de Rute menciona a Teofrasto (ca.
            371–ca. 287 a. C), filósofo griego, autor de una <hi rend="i">Historia de la
              plantas</hi>, y Plinio el Viejo (23 –79), autor de una <hi rend="i">Historia
              natural</hi>, dos autoridades canónicas para la botánica. Por el título de la obra de
            Teofrasto, deducimos que el abad de Rute pudo consultar la siguiente traducción al
            latín: <hi rend="i">Theophrasti sparse de plantis sententiae in continuatam seriem ad
              propria capita revocatae</hi>, Boloniae: apud Alexandrum Benaccium 1561.</note>; y, ni
          en ellos, ni en poetas algunos hallamos que la aplicasen a la navegación. Aquí dice
          vuestra merced <quote>«bisagra de una y otra playa»</quote><note place="bottom">La
            repetición de la metáfora de la bisagra desaparece en la versión definitiva de las <hi
              rend="i">Soledades</hi>, prueba de que Góngora tomó en cuenta la advertencia del abad
            de Rute. La versión final es la siguiente: <ref xml:id="ref1010"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.47"
              >«…de una y otra playa / vínculo desatado, instable puente»</ref>
            [OC264C.47-48].</note>; allá <quote>«bisagra de un océano y otro»</quote><note
            place="bottom">La cita exacta es la siguiente: <ref xml:id="ref1011"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.472"
              >«cuando halló de fugitiva plata / la bisagra (aunque estrecha) abrazadora / de un
              océano con otro, siempre uno»</ref> [OC264B.472-474].</note>;
            <quote>«leños»</quote><note place="bottom">[<ref xml:id="ref1012"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.21"
              >OC264B.21</ref>], [<ref xml:id="ref1013"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.127"
              >OC264B.127</ref>], [<ref xml:id="ref1014"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.397"
              >OC264B.397</ref>], [<ref xml:id="ref1015"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.430"
              >OC264B.430</ref>] y [<ref xml:id="ref1016"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.54"
              >OC264C.54</ref>].</note> tantas veces por navíos; <quote>«cuernos»</quote><note
            place="bottom">[<ref xml:id="ref1017"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.203"
              >OC264B.203</ref>], [<ref xml:id="ref1018"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.159"
              >OC264B.159</ref>], [<ref xml:id="ref1019"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.18"
              >OC264C.18</ref>], [<ref xml:id="ref1020"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.52"
              >OC264C.52</ref>], [<ref xml:id="ref1021"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.307"
              >OC264C.307</ref>] y [<ref xml:id="ref1022"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.331"
              >OC264C.331</ref>].</note> de esto y de lo otro. Si <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f141v.png"
            n="f. 141v"/> reprehende <persName type="authority" key="Escalígero" precision="4"
            unit="quote" quantity="2">César Escalígero</persName> en los
            <title>Endecasílabos</title> del <persName type="authority" key="Bembo, Pietro"
            precision="1">Bembo</persName> la repetición de <quote>«elegancias,
            facetias, lepores»</quote>, y en los <title>Epitafios</title>
          <quote>«charites, veneres, cupidines, lirios»</quote><note place="bottom"
            >Escalígero, <title>Poetices libri VII</title>, 1561, p. 309, C1. El abad de Rute
            parafrasea y traduce un fragmento del texto de Escalígero dedicado al defecto, común
            entre los poetas, de repetir de forma excesiva sintagmas, sean imitados o no de Cicerón:
              «<hi rend="i">Iccirco nemo est qui non aliquid de Echo. In</hi> Hendecasyllabis, <hi
              rend="i">elegantiarum, facetiarum, leporum: in</hi> Epitaphiis <hi rend="i">Charites,
              Veneres, Cupidines, Lilia, et ejusmodi</hi>».</note>, y en los <title>Túmulos</title>
          de <persName type="authority" key="Pontano, Giovanni" precision="2" unit="quote"
            quantity="1">Pontano</persName> la de <quote>«rosas, violas, lilios, jacintos,
            primavera, coronas, Marte, Palas, Venus, <hi rend="i">charites</hi>, laurel, mirto,
            ungüento, lágrimas, mirra, musas, Clío, Aganipe»</quote> y otros<note place="bottom"
            >Escalígero, <hi rend="i">Poetices libri VII</hi>, 1561, p. 312, D2. El abad de Rute
            parafrasea y traduce este fragmento dedicado a Pontano: «Tumulorum <hi rend="i">libri
              pene constant universo verbis hisce: Rosae, Violae, Lilia, Hyacinthi, Blanditiae,
              Nequitiae, Lusus, Ioci, Decor, Nardus, Ver, Corolla, Thus, Mars, Pallas, Venus,
              Charis, Crocum, Laurus, Myrtus, Unguenta, Costum, Lacryme, Myrrha, Muse, Clio,
              Aganippe, Aon, Pieris</hi>».</note>; si en <persName type="authority" key="Tibulo"
            precision="2" unit="quote" quantity="1">Tibulo</persName> la de <quote>«casas, fuegos,
            campos, bosques, husillos, espigas, sacrificios»</quote><note place="bottom">Escalígero,
              <hi rend="i">Poetices libri VII</hi>, 1561; p. 332, A2. El abad de Rute parafrasea y
            traduce el siguiente fragmento: «<hi rend="i">Facilius e Tibulli locis expediemus
              censuram nostram. Uniformis ille pene totus est: vixque discedens ab seipso, eodem
              pene gyro concluditur. Audis enim casas, focos, rura, nemora, prela, spicas, sacra tum
              saepe tum multum</hi>».</note>, no le perdonara a vuestra merced, sin duda, la<note
            place="bottom"><hi rend="i">la</hi>: la repetición.</note> de palabras, cuanto más de
          conceptos, que suele argüir escasez de ellos<note place="bottom">La repetición de palabras
            y conceptos suele revelar («argüir») escasez de ellos, aunque no es el caso de Góngora.
            Para evitar que algunos crean que Góngora carece de palabras y conceptos, debería evitar
            dichas repeticiones.</note>, como dijo <persName type="authority" key="Horacio"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Horacio</persName>:</p>
        <quote>
          <l>[…] Et fortasse cupressum</l>
          <l>Scis simulare<note place="bottom">Horacio, <title>Ars poetica</title>, v. 19-20.
              Reproduzco aquí un fragmento más extenso: «…<hi rend="i">Et fortasse cupressum / scis
                simulare;</hi> [<hi rend="i">quid hoc si fractis enatat exspes / navibus, aere dato
                qui pingitur</hi>?]». «También sabes, tal vez, representar un ciprés; pero eso ¿a
              qué viene, si quien te paga lo hace para que lo pintes a él nadando desesperado
              después de un naufragio?» (Horacio 2008).</note>,</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">siendo vuestra merced tan rico y abundante de esta mercancía como todo el
          mundo sabe y, cual lo estuviéramos ambos, de hacienda.</p>
        <p>El hipérbaton con todas sus especies (sea tropo o figura, que en duda lo pone <persName
            type="authority" key="Quintiliano" precision="3">Quintiliano</persName> e importa
            poco<note place="margin">Lib 9° cap 1° et 3°</note> <note place="bottom">Quintiliano,
              <hi rend="i">De institutione oratoria</hi>, lib. IX, cap. 1 expone la diferencia entre
            tropos y figuras; y en el lib. IX, cap. 4, §. 3 explica que el hipérbaton puede
            pertenecer a ambas categorías.</note>) sirve sin duda grandemente al ornato, turbando el
          orden de las palabras con anteposiciones, interposiciones y postposiciones que realzan el
          hablar y le hacen numeroso y nada vulgar, respecto de lo cual le alaba mucho el referido
            autor<note place="margin">Lib 8° cap ultº</note>
          <note place="bottom">Quintiliano, <hi rend="i">De institutione oratoria</hi>, lib. VIII,
            cap. 6, §. 62-67. Alusión al fragmento siguiente: «Con razón contamos también entre las
            virtudes del lenguaje al hipérbaton, esto es el trastorno de las palabras; el cual
            frecuentemente requiere la naturaleza y hermosura de la composición. Porque muchísimas
            veces se hace la oración áspera y dura, lánguida y malsonante si las palabras se reducen
            a su riguroso orden y se juntan con las inmediatas según se presentan, aun cuando no se
            puedan unir. Débense, pues, dejar unas para otro lugar y anteponer otras; y como sucede
            en las fábricas de piedras toscas, cada una debe colocarse en el lugar en que mejor
            viene. Porque no somos nosotros capaces de recortarlas ni pulirlas de manera que puestas
            juntas tengan mejor unión entre sí mismas, sino que se ha de hacer uso de ellas tales
            cuales son, y se les ha de acomodar el puesto que más les cuadre» (Quintiliano
            1887).</note>. Pero no ha de ser todo hipérbaton, que será menester traer en la manga un
          intérprete que a los oyentes o lectores declare el sentido de lo que queremos decir, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f142r.png"
            n="f. 142r"/> que, de otra suerte, parecerán bernardinas<note place="bottom"><hi
              rend="i">bernardinas</hi>: «bernardinas son unas razones que ni atan, ni desatan, y no
            significando nada, pretende el que las dice, con su disimulación, engañar a los que le
            están oyendo. Pienso tuvo su origen en algún mentecato llamado Bernardino, que razonando
            decía muchas cosas sin que una se atase con otra» (<hi rend="i">Cov</hi>.). Sobre el uso
            de «bernardinas» en el Siglo de Oro en el contexto de las sátiras anticultas, véase
            Sobejano (1966).</note> y así, a mi juicio, debe vuestra merced moderarse en él.</p>
        <p>De la hipérbole juzgo lo mismo; porque si la hipérbole es <quote>«dictio aut sententia
            fidem excedens augendi minuendive causa»</quote>, como dicen <persName type="authority"
            key="Diomedes" precision="4" unit="quote" quantity="1">Diomedes</persName> y <persName
            type="authority" key="Donato" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Donato</persName><note place="margin">Lib 2° de orat<hi rend="sup">e</hi>. Donat. de
            tropis.</note> <note place="bottom">Diomedes, <title>Diomedis artis grammaticae libri
              III</title>, «<hi rend="i">De vitiis et ornatibus orationis</hi>». Esta es la
            definición completa: <hi rend="i">«hyperbole est dictio fidem veritatis excedens, sive
              sententia augendi minuendive gratia: augendi, ut nive candidior, velocior euro:
              minuendi, sicut tardior testudine leviorque foliis; item ut “extractam puteo situlam
              qui ponit in horto / ulterius standi non habet ipse locumˮ</hi>». (Diomedes 1857: 1,
            461). Elio Donato, <hi rend="i">Ars grammatica. Ars major. De tropis</hi>, 16. «<hi
              rend="i">Hyperbole est dictio fidem excedens augendi minuendive causa: augendi, ut
              nive candidior, minuendi, ut tardior testudine</hi>» (Donato 2007: §. 17).</note>, o,
          como <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Quintiliano</persName>, <quote>«ementiens superjectio»</quote><note place="margin"
            >Quint lib 8° cap. ultº.</note> <note place="bottom">Quintiliano, <title>De institutione
              oratoria</title>, lib. VIII, cap. 6, §. 67. Traducción propia: «una ponderación que
            miente». Recordemos que la versión del <hi rend="i">De Institutione oratoria</hi>, 1549,
            que usa el abad de Rute está muy deturpada. En este fragmento las ediciones modernas dan
            la siguiente definición de hibérbole: «<hi rend="i">Est haec decens veri
              superjectio</hi>» (Quintiliano 2009 y 1975-1980). También el texto establecido por
            Dionisio Bertocchi, Paolo da Ferrara y Pellegrino de Pasquali, en 1482, es diferente y
            reza así: «<hi rend="i">est haec de mensuris subjectio</hi>».</note>, cierto es que se
          ha de usar raras veces y cum modis et formis<note place="bottom">Locución latina: «con
            medida y ornato».</note>, si queremos que no pierda<note place="bottom" type="app"
            rend="I">pierda <hi rend="i">em.</hi> : pierde <hi rend="i">G</hi></note> lo verosímil
          el poema, y se quede a buenas noches<note place="bottom"><hi rend="i">quedarse a buenas
              noches</hi>: «quedarse a oscuras» (<hi rend="i">Aut.</hi>).</note>. Aconséjalo así el
          mismo <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Quintiliano</persName>: <quote>«Sed hujus quoque rei servetur mensura quaedam. Quamvis
            enim est<note place="bottom" type="app" rend="I">est <hi rend="i">add.</hi> Enmiendo a
              partir de <hi rend="i">De institutione oratoria</hi>, 1549.</note> ommis hyperbole
            ultra fidem, non tamen esse debet<note place="bottom" type="app" rend="I">esse debet <hi
                rend="i">alt.</hi> debet esse <hi rend="i">G</hi>. Enmiendo a partir de <hi rend="i"
                >De institutione oratoria</hi>, 1549.</note> ultra modum: nec alia via magis in
            cacozeliam itur. Piget referre plurima hinc orta vitia, cum praesertim minime sint
            ignota et obscura»</quote><note place="margin">ubi 1ª</note>
          <note place="bottom">Quintiliano, <hi rend="i">De institutione oratoria</hi>, lib. VIII,
            cap. 6, §. 73-74. (Quintiliano, <hi rend="i">De Institutione oratoria</hi>, 1549, p.
            132, A). Traducción propia: «Pero en esto también debe observarse una cierta medida.
            Porque aunque toda hipérbole es decir más de lo que se cree, sin embargo no debe ser
            desmesurada; pues por ninguna otra vía se incurre más en la cacocelía o afectación.
            Vergüenza causa hacer relación de los muchísimos vicios que de aquí han tenido su
            principio, especialmente no teniendo nada de desconocidos ni ocultos».</note>. La
          «cacocelia» ya sabe vuestra merced que es vicio por afectación de ornato demasiado. ¿Todo
          ha de ser sumo, ir por esos cielos o por los abismos?</p>
        <quote><persName type="authority" key="Ovidio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>Medio tutissimus ibis<note place="bottom">«Por el medio irás muy seguro». Advertencia
              extraída de Ovidio, <title>Metamorfosis</title>, II, v. 137. Se trata de un consejo
              dado por Apolo a su hijo Faetón, antes de que éste condujera el carro del sol, para
              que no volara demasiado alto, ni demasiado bajo, para no quemar ninguna de las
              constelaciones celestes. Se utiliza para recomendar cautela y evitar extremos. He aquí
              la cita completa: «<hi rend="i">medio tutissimus ibis / neu te dexterior tortum
                declinet ad Anguem, / neve sinisterior pressam rota ducat ad Aram, / inter utrumque
                tene</hi>!». Sobre el uso del mito de Ícaro y Faetón en el contexto de la polémica
              gongorina véase Rico García (1999).</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">¿Cómo se ha de ver lo grande sin oposición de lo pequeño? Si todo es en
          grado superlativo, ¿qué harán del positivo y comparativo los pobres gramáticos?<note
            place="bottom">En gramática se suele considerar que los adjetivos tienen tres posibles
            grados: el grado positivo que indica simplemente la cualidad de un nombre; el grado
            comparativo que indica la cualidad de un sustantivo comparado con otro; y el grado
            superlativo que indica la cualidad de un sustantivo en su mayor intensidad (trátese de
            un superlativo absoluto o relativo). El uso de esta jerga gramatical para expresar
            simplemente la idea de que hay demasiada intensidad en la poesía gongorina, tiene un
            efecto cómico seguro. Nótese que en la <hi rend="i">Apología</hi>, [1615_apologia] el
            abad de Rute se calificará de «teólogo gramatical o gramático teologal» (Gates 1951: 22,
            modernizo la ortografía).</note></p>
        <p>Esto es, en común, lo que siento de las <title>Soledades</title> y en particular de la
          primera. Confesaré algunos pecadillos, o al menos que yo <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f142v.png"
            n="f. 142v"/> los he juzgado por tales. El primero, más grave, y en que (si hubiese
          lugar de penitencia) sería bien usar de enmienda, es el encontrarse la dedicación de esta
          obra con la del <title>Polifemo</title>, pues, aunque cada una de por sí es excelente, no
          es bien que a todos los príncipes los ocupemos en esta misma acción de caza, habiendo
          otras en que.</p>
        <p>Reparo después en aquellos versos:</p>
        <quote>
          <l><ref xml:id="ref1023"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.271"
            >El sileno buscaba</ref></l>
            <l>de aquellas que la sierra dio bacantes,</l>
            <l>ya que ninfas les niega ser, errantes,</l>
            <l>el hombro sin aljaba,<note place="bottom">[OC264B.271-274]</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">porque en este lugar cosa cierta es que quiere decir vuestra merced que
          el hombro desarmado de aljaba mostraba no ser ninfas las zagalas. Supuesto lo cual (aunque
          no era impedimento para ser o parecer ninfas el dejar de traer aljaba, pues, de ellas,
          solas las dedicadas al servicio y ejercicio de Diana andaban cargadas de semejante
          pesadumbre), digo que tampoco podían parecer bacantes, pues no traían tirsos en las manos
          (tirso era, como vuestra merced mejor sabe, una lanza cubierta de pámpanos o yedra, que
          era lo más ordinario; y así lo afirma <persName type="authority" key="Eurípides"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Eurípides</persName>: <quote>«hederaque thyrsum
            tradidi illo tempore»</quote><note place="margin">in Bacchis</note>
          <note place="bottom">Eurspides, <title>Las Bacantes</title> [<hi rend="i">Bacchae</hi>],
            v. 25. Aparentemente el abad de Rute cita las <hi rend="i">Bacantes</hi> de Eurípides en
            una traducción al latín, pero he comprobado que no se trata ni de la traducción de
            Gasparo Stiblino (1562), ni la de Felipe Melanctón (1562), ni la de Aemilius Portus
            (1597), ni la de Giulielmus Canterus (1602), que citamos en la bibliografía. En
            realidad, el abad de Rute no cita directamente la tragedia de Eurípides, sino que cita
            la glosa que de ella hizo Natale Conti en su obra <hi rend="i">Mythologiae sive
              explicationum fabularum libri X</hi>, Parisiis: apud Arnoldum Sittart, 1583, lib. V,
            cap.13 «De Baccho», p. 478. He aquí la cita completa: «<hi rend="i">Consuevit et pro
              sceptro thyrsum gestare, quae hasta erat frondibus vitium aut haederae aliquando
              suaviter ornata, et cervi pellem, quam nebrida vocabant, ut scripsit Euripides in
              Bacchis</hi>: [aquí aparece el texto citado en griego, seguido por lo que se presenta
            aparentemente como una traducción, pero que es en realidad una glosa o paráfrasis del
            griego en latín] <hi rend="i">Thebasque primas urbem adivi Graecia, / Ibi fremuique,
              pelle sumpta nebride, / Hederaque thyrsum tradidi illo tempore</hi>». Es decir: «Tuvo
            por costumbre también llevar, en lugar de cetro, un tirso, que era una lanza
            graciosamente adornada con ramas de vid o, algunas veces, de hiedra, y una piel de
            ciervo, que llamaban nébride, según escribió Eurípides en las <hi rend="i"
            >Bacantes</hi>: ‘A Tebas, la primera de esta tierra helena, la he hecho vibrar con mis
            gritos ciñendo al cuerpo la nébride y entregando en sus manos el tirso, dardo de
            hiedra’ «(Conti 1988: 354).</note>); <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f143r.png"
            n="f. 143r"/> y que no lo trujese confiésalo vuestra merced, llamándolas cuatro versos
          después: <quote><ref xml:id="ref1024"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.278"
              >«escuadrón de amazonas desarmado»</ref></quote><note place="bottom"
            >[OC264B.278]</note>. Que los y las bacantes, o bacos, trajesen tirsos en las manos
          pruébase con muchos lugares de autores; referiré algunos: <persName type="authority"
            key="Ovidio" precision="4" unit="quote" quantity="2">Ovidio</persName> en sus
            <title>Metamorfosis</title> introduce a Penteo que, reprehendiendo a los que seguían a
          Baco, dice:</p>
        <quote>
          <l>[…] Vosne acrior aetas</l>
          <l>O juvenes, propriorque meae, quos arma tenere,</l>
          <l>Non thyrsos, galeaque tegi, non fronde, decebat?<note place="margin">Lib 3º</note>
            <note place="bottom">Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, III, v. 540-542. «Vosotros,
              de más áspera edad, más cercana a la mía, oh jóvenes, a los que era más conveniente
              sostener armas, no tirsos, y de gálea cubriros, no de fronda» (Ovidio
            2008).</note>,</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">y después:</p>
        <quote>
          <l>Prima suum misso violavit Penthea thyrso</l>
          <l>Mater<note place="bottom">Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, III, v. 712-713: «su
              madre fue la primera en violentar al Penteo suyo, arrojándole su tirso» (Ovidio
              2008).</note> […];</l>
        </quote>
        <p rend="noindent"><persName type="authority" key="Tácito" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Cornelio Tácito</persName>, tratando de la buena emperatriz Mesalina,
          cuando a vuelta de cabeza<note place="bottom"><hi rend="i">a vuelta de cabeza</hi>: al
            menor descuido.</note> de su marido Claudio, que se había llegado a Ostia, casó con
          Silio su amigo: <quote>«At Messalina non alias solutior luxu, adulto autumno simulacrum
            vindemiae per domum celebrabat. Urgeri prela, fluere lacus; et feminae pellibus
            accinctae adsultabant ut sacrificantes vel insanientes Bacchae; ipsa crine fluxo thyrsum
            quatiens, juxtaque Silius haedera vinctus, gerere cothurnos, jacere caput, strepente
            circum procaci choro»</quote><note place="margin">Lib 11º</note> <note place="bottom"
            >Cornelio Tácito, <title>Anales</title>, lib. XI, 31 «Por su parte Mesalina, más
            desenfrenada que nunca en su lujuria, como el otoño estaba ya avanzado, simulaba un
            simulacro de vendimia en su propia casa. Se apretaban las prensas, se llenaban los
            lagares. Y unas mujeres vestidas con pieles iban saltando como las bacantes cuando hacen
            sus sacrificios y enloquecen. Ella, con los cabellos sueltos y sacudiendo un tirso, y a
            su lado Silio con una corona de hiedra, calzaban coturnos, sacudían la cabeza, mientras
            a su alrededor alborotaba un coro desvergonzado» (Tácito 1993: 368-369).</note>. Pero,
          mejor que todos, <persName type="authority" key="Diodoro Sículo" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Diodoro Sículo</persName>: <quote>«Unde et in multis graecis
            urbibus triennio Bacchides mulieres conveniunt<pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f143v.png"
              n="f. 143v"/> apud quas de more virgines thyrsum ferunt in honorem dei bacchantes.
            Eique per cœtus sacrificantes»</quote><note place="margin">Lib 5° cap 1º</note>
          <note place="bottom">Diodoro Sículo (o Diodoro de Sicilia), <title>Biblioteca
              histórica</title>, vol. 2, lib. IV, cap. 3. «Por esta razón, en muchas ciudades
            griegas, cada tres años, se reúnen bandas báquicas de mujeres, y es costumbre que las
            vírgenes lleven tirso y entren en trance gritando «¡evohé!» y honrando al Dios, mientras
            que las mujeres, en grupo, ofrecen sacrificios al Dios, [celebran los misterios báquicos
            y, en suma, alaban con cantos la presencia de Dionisio]» (Diodoro 2004: 25). Nótese que
            en esta edición moderna el fragmento está ubicado en otro libro y en otro capítulo que
            los mencionados en la nota marginalia. El abad de Rute cita la traducción al latín de
            Poggio Florentino (primera edición en Venecia, 1476-1477), que fue utilizada para
            numerosas ediciones en latín en varias ciudades europeas. El abad de Rute pudo utiliza
            cualquiera de éstas: Parisiis: apud Simonem Colinaeum; Basileae: per Henrichum Petri,
            1548; Lugduni: apud Seb. Gryphium, 1552, etc.</note>. Dejo aparte que las bacantes
          hacían, dondequiera que estaban, confuso ruido de alarido y voces descompasadas, con
          visajes y meneos descompuestos, como llenas de vino al fin, y a éstas las pinta vuestra
          merced que venían, aunque bailando algunas, con <quote>«ojos honestos»</quote> y
            <quote>«métrica armonía»</quote><note place="bottom">La primera cita no conserva el
            grecismo del v. 257: <ref xml:id="ref1025"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.257"
              >«mas los ojos honesta»</ref> [OC264B.257]. La segunda cita corresponde al v. 270
              [<ref xml:id="ref1026"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.270"
              >OC264B.270</ref>]. Nótese que la expresión de <hi rend="i">métrica harmonía</hi>
            debió de ser muy comentada. Fue percibida como típicamente gongorina, porque aparece en
            la sátira antigongorina de Quevedo, la <hi rend="i">Receta para hacer Soledades en un
              día</hi>: «Quien quisiere ser culto en sólo un día, / la jeri (aprenderá) gonza
            siguiente: / fulgores, arrogar, joven, presiente, / candor, construye, métrica armonía»
            (Quevedo 1963: 1085).</note>; en lo que reparo es cómo las pueda llamar bacantes,
          excluyéndolas de ninfas por no armadas.</p>
        <p>Dice luego vuestra merced de los muchos conejos que uno traía a cuestas:</p>
        <quote>
          <l><ref xml:id="ref1027"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.307"
            >trofeo ya su número es a un hombro,</ref></l>
            <l>si carga no y asombro<note place="bottom">[OC264B.307-308]</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">Que sean trofeo y carga a un hombro muchos conejos está bien dicho, pero
          que le sean asombro no sé cómo pueda decirse, porque el asombro se causa en el corazón o
          la imaginativa<note place="bottom">La «imaginativa» es una de las tres facultades del alma
            (la que permitía imaginar), junto con el entendimiento y la memoria, y tenía su sede en
            el corazón, al contrario de las otras dos que tenían su sede en el cerebro. Para una
            presentación sintética de esta topología de los ingenios, inspirada en Aristóteles,
            véase Huarte de San Juan, <hi rend="i">Examen de Ingenios</hi> (1989: 36). El abad de
            Rute observa que atribuir una capacidad de asombro al hombro es, <hi rend="i">stricto
              sensu</hi>, incorrecto, salvo que se entienda como una hipálage, muy común en la
            poesía latina (en particular en Virgilio que será citado a continuación), pero todavía
            escasa en castellano, como herramienta capaz de contribuir a la forja de un estilo
            grande. Véase Blanco (2013: 29). En esta etapa de la polémica, Fernández de Córdoba duda
            que el castellano haya alcanzado un grado de madurez suficiente para poder permitírselo.
            Corregirá esta idea en el <hi rend="i">Examen</hi> (Artigas 1925: 465) escribiendo: «Los
            modos referidos […] han sido y son de los poetas griegos y latinos, de los toscanos y
            españoles, de aquéllos por necesidad, de éstos por gala; por tales los han frecuentado
            el Chiabrera, el Tasso, Monseñor de la Casa, el Guarini, el Marino y otros. Véanse sus
              <hi rend="i">Rimas</hi> sembradas de ellos; pues ¿qué tiene nuestra lengua? ¿es tenida
            en menos cuenta que las demás, para que sea incapaz del ornato que reciben ellas? ¿es
            alabanza de algún idioma venderse por estrecho de tragaderas? No pienso yo tal»
            (modernizo la ortografía).</note>; el pie, la mano y el hombro no son capaces de él en
          modo alguno, de carga sí; y vuestra merced lo junta todo. Si fuera ése poema latino,
          salváramos el tal atributo con nombre de hipálage, que así llaman los retóricos (según
            <persName type="authority" key="Cicerón" precision="1">Cicerón</persName>, alegado por
            <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="3">Quintiliano</persName><note
            place="margin">Quint. lib 8° cap. ultº.</note> <note place="bottom">Alusión a
            Quintiliano, <title>De institutione oratoria</title>, lib. VIII, cap. 6. En este
            capítulo, destinado a estudiar el uso conveniente de los diferentes tropos, Quintiliano
            indica, de paso, que Cicerón llama «hipálage» a la metonimia, antes de dar diferentes
            ejemplos y aconsejar un uso cauteloso de dicho tropo.</note>) al tropo que los
          gramáticos metonimia: <quote>«bella figura <hi rend="n">(dice <persName type="authority"
                key="Fabriano, Giovanni Andrea Gilio da" precision="3">Juan Andrea
              Gilio</persName>)</hi> ma più usata da latini che da Toscani poeti»</quote><note
            place="margin">En su Topica poetica lib 3°</note>
          <note place="bottom">Giovanni Andrea Gilio da Fabriano, <title>Topica poetica</title>
            <hi rend="i">di M. Giovanni Andrea Gilio da Fabriano, Nella quale con bell’ordine, si
              dimostrano le parti principali, che debbono havere tutti quelli, che poetar disegnano.
              Et oltre di questo, se insegna à conoscere, il genere, i luochi topici, e con bel
              modo, ancora le figure</hi>, in Venetia: appresso Oratio de’ Gobbi, 1580, f.
            51r.</note>; y se comete cuando la calidad <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f144r.png"
            n="f. 144r"/> y propiedad de una cosa se atribuye a otra, como:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Virgilio" precision="4" unit="quote" quantity="3"/>
          <l>[…] dare classibus austros<note place="bottom">Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, III,
              v. 61. Literalmente «dar los vientos a la flota», en vez de «dar la flota a los
              vientos», citado después.</note></l>
          <l>[…] tepidaque recentem</l>
          <l>Caede locum […]<note place="bottom">Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, VIII, v.
              455-456. Literalmente «el lugar reciente de la tibia matanza», en vez de «el lugar
              tibio de la matanza reciente».</note></l>
          <l>[…] socii cesserunt aequore jusso<note place="bottom">Virgilio, <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, X, v. 444. Literalmente «los compañeros se retiraron del espacio
              ordenado» en vez de «los compañeros obedientes a la orden se retiraron del
              lugar».</note>,</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">en vez de <hi rend="i">dare classes austris, locum tepidum recenti caede,
            socii iussi cesserunt aequori</hi><note place="bottom">Todos estos ejemplos de Virgilio
            aparecen, con otros no recogidos aquí, en Andrea Gilio, <hi rend="i">Topica
            poetica</hi>, 1580, f. 51. Sin embargo, para el segundo ejemplo, el abad de Rute corrige
            ligeramente la traducción en prosa de Andrea Gilio, manteniéndose más fiel al texto
            virgiliano. Andrea Gilio escribía como equivalente de la hipálage: «<hi rend="i">tepidus
              locus novae caedis, sive pro nova caede</hi>».</note>. Del <persName type="authority"
            key="Petrarca" precision="2" unit="quote" quantity="1"> Petrarca</persName> trae un
          ejemplo el mismo <persName type="authority" key="Fabriano, Giovanni Andrea Gilio da"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Juan Andrea Gilio</persName>:</p>
        <quote>
          <l>L’altro è colui che’l re di Siria cinse</l>
          <l>D’un magnanimo cerchio,<note place="bottom">Petrarca, <title>Trionfi</title>, «Trionfo
              della Fama», I, 76-78. La cita proviene de Andrea Gilio, <hi rend="i">Topica
                poetica</hi>, 1580, f. 51r., que modifica el texto original de Petrarca: «<hi
                rend="i">Eravi quei che’l re di Siria cinse / d’un magnanimo cerchio, e co la fronte
                / e co la lingua a sua voglia lo strinse</hi>».</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">en que dio el epíteto de magnánimo al cerco, debiéndosele a Popilio<note
            place="bottom"><hi rend="i">Cayo Popilio Lenate</hi>: embajador de Egipto que trató de
            convencer a Antíoco IV de Siria de que se retirara de aquel país al que había invadido.
            Como Antíoco demoraba su respuesta (sobre si iba o no a dejar de hacer la guerra al
            reino de Egipto), el embajador romano Popilio, con un bastón, dibujó en torno a él un
            círculo (el «cerco») y le prohibió atravesarlo sin haber dado la mencionada respuesta.
            Véase Petrarca (2003: 255).</note> que le<note place="bottom" type="editor"><hi rend="i"
              >le</hi>: el cerco.</note> hizo. En nuestro vulgar no sé si puede usarse; creo que, a
          poder, no fuera tan ridículo<note place="bottom"><hi rend="i">a poder, no fuera tan
              ridículo</hi>: si fuera posible (usar hipálages en las lenguas romances), no sería tan
            ridículo.</note>:</p>
        <quote>
          <l>La nueva es más peregrina</l>
          <l>que ha llegado a tus narices<note place="bottom">No sé cuál es el origen de esta cita
              que puede ser un fragmento de comedia, un refrán, o simplemente una frase inventada y
              fraguada según el modelo de los refranes. ‘Nueva’ significa aquí novedad. El abad de
              Rute ha subrayado antes que las hipálages no se adaptaban bien a los idiomas latinos
              pero, en un segundo momento, concede que, si se pudieran usar, no serían tan
              ridículas. De forma chistosa subraya que Góngora es muy innovador.</note>.</l>
        </quote>
        <p>En este fragmento de la segunda <title>Soledad</title> dudo por cuál razón llame vuestra
          merced <quote><ref xml:id="ref1028"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.10"
              >«centauro espumoso»</ref></quote> a la ría o arroyo<note place="bottom"
            >[OC264C.10]</note>, porque si por ser de dos naturalezas, también lo eran los Panes o
          Faunos, también el Minotauro, y lo son otros animales; cuanto más que la agua de la mar y
          la de los ríos no son de diferentes especies, como el hombre y el caballo de que era
          compuesto el<note place="bottom" type="app" rend="I">el <hi rend="i">em</hi>. : en <hi
              rend="i">G</hi></note> centauro, sino esencial y substancialmente una: difieren en el
          sabor y grosedad, que son diferentes.<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f144v.png"
            n="f. 144v"/></p>
        <p>Al <quote><ref xml:id="ref1029"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.18"
              >«bien nacido cuerno»</ref></quote> no le hallo sujeto capaz de<note place="bottom"
            type="app" rend="I">de <hi rend="i">add.</hi></note> epíteto tan honrado; «de bien o mal
          crecido», sí<note place="bottom">[OC264C.10-21] Fernández de Córdoba censura el uso del
            epíteto «nacido», en realidad un participio pasado, en vez de «crecido», que le parece
            preferible para hablar de los cuernos salientes del novillo. En efecto, «nacido» tiene
            connotaciones aristocráticas que se adaptan mal a la realidad prosaica de los cuernos,
            objeto de muchas burlas en la poesía satírico-burlesca y, por eso, realidad degradada
            que se acomodaba mal a las connotaciones positivas del verbo nacer.</note>.</p>
        <quote>
          <l><ref xml:id="ref1030"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.37"
            >Ruiseñor en los bosques, no, más blando</ref></l>
            <l>el verde robre, que es barquillo ahora,</l>
            <l>saludar vio el Aurora<note place="bottom">[OC264C.37-39] El abad de Rute censura que
                el verbo «ver» se pueda construir aparentemente con dos sujetos (la Aurora y el
                ruiseñor) así como el verbo «saludar» (el ruiseñor y el robre). Sin embargo la
                principal dificultad del verso no es dicha anfibología, que, como señala el abad de
                Rute «se entiende», sino la confusión entre el plano real (el joven que canta en el
                barco) y el plano metafórico (el ruiseñor que canta en un árbol).</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">es anfibológico y, aunque todos lo entiendan, será bien aclararlo
          más.</p>
        <p><quote>«Cándidas»</quote> llama vuestra merced a las hijas del pescador, y creyera yo que
          daba ese epíteto a su bondad<note place="bottom">Este fragmento sobre el sentido de
            cándido (¿de color blanco o bueno, puro?) lleva la marca de una micro polémica
            literaria, originada por la edición de las obras de Garcilaso. El abad de Rute se
            decantó en la discusión contra el Brocense, en el capítulo 17 de su <hi rend="i"
              >Didascalia multiplex</hi>. El objeto del debate era la edición e interpretación
            correcta de los versos siguientes de la primera égloga de Garcilaso: «La blanca Filomena
            / casi como dolida / la compación movida / dulcemente responde al son moroso». El
            Brocense pensó que el epíteto «blanca» era una errata y lo enmendó por «la blanda
            Filomena» (Marín López 1994a).</note>, pero luego se declara que no, sino a la blancura,
          diciendo:</p>
        <quote>
          <l><ref xml:id="ref1031"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.220"
            >[…] a quien debe</ref></l>
            <l>su púrpura la rosa, el lilio nieve<note place="bottom"
            >[OC264C.220-221]</note>.</l>
        </quote>
        <p rend="noindent">También en la primera parte dijo vuestra merced lo mismo de las serranas
          y vaqueras<note place="bottom">Alusión posible a los versos 244, 545-549 y 627 que tratan
            de la blancura de las serranas [<ref xml:id="ref1032"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.244"
              >OC264B.244</ref>], [<ref xml:id="ref1033"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.545"
              >OC264B.545-549</ref>], [<ref xml:id="ref1034"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.627"
              >OC264B.627</ref>] y clara referencia a los versos 875-878 [<ref xml:id="ref1035"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.875"
              >OC264B.875-878</ref>], que describen la blanca mano de una vaquera. Es de notar que
            Juan de Jáuregui [jauregui] censurará el mismo fragmento en el <hi rend="i"
              >Antídoto</hi> [1614_antidoto].</note>, y extraño esto, porque no sé que se halle
          blancura en serranas y gente de playa curtidas al sol y al agua. <persName
            type="authority" key="Virgilio" precision="3">Virgilio</persName> al menos no da tal
          atributo a pastora alguna, sacando a Galatea, a quien todos le dan, porque su nombre
          significa eso mismo (pues quiere decir láctea<note place="bottom" type="app" rend="I"
            >láctea <hi rend="i">em</hi>. : lacteas <hi rend="i">G</hi></note> o de leche) y a la
            esposa<note place="bottom" type="app" rend="I">y a <hi rend="i">add</hi>.</note> en los
            <title>Cantares</title> que excusa halla a su color moreno: <quote><persName
              type="authority" key="Biblia" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>«Nolite me
            considerare quod fusca sim quia decoloravit me sol»</quote><note place="margin">Cantic.
            1°</note> <note place="bottom"><title>Biblia Sacra Vulgata, Canticum canticorum</title>,
            1, 5. Literalmente: «No me despreciéis si soy morena, es que el sol me ha curtido la
            piel». Traducción canónica: «No me reparéis en que soy morena, porque el sol me hizo
            mudar de color» (Vulgata 1790-1793: vol. VI, p. 10).</note>. La experiencia lo muestra y
          la imitación poética debe seguir lo verosímil.</p>
        <p>Yo he dicho lo que he sentido sinceramente, a ley de cristiano<note place="bottom"><hi
              rend="i">a ley de cristiano</hi>: modismo utilizado para apoyar la verdad que se
            declara.</note> y amigo, como lo he protestado<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f145r.png"
            n="f. 145r"/> y profesado en cuanto alcanza mi juicio. Vuestra merced con el suyo, pues
          es tan bueno, lo pondere y vea lo que se debe hacer; y consúltelo (si le pareciere) con
          hombres de letras, y echará de ver que le aconsejo como hombre de bien y servidor suyo,
          según <persName type="authority" key="Horacio" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Horacio</persName> en el <title>Arte</title>:</p>
        <quote>
          <l>Vir bonus et prudens versus reprehendet inertes;</l>
          <l>Culpabit duros; incomptis allinet atrum</l>
          <l>Transverso calamo signum; ambitiosa recidet</l>
          <l>Ornamenta; parum claris lucem dare coget,</l>
          <l>Arguet ambigue dictum, mutanda notabit:</l>
          <l>Fiet Aristarchus. Nec<note place="bottom"><hi rend="i">Nec</hi> es una variante textual
              en la transmisión de este texto. <hi rend="i">Non</hi> en otras ediciones.</note>
            dicet : «Cur ego amicum</l>
          <l>Offendam in nugis?» Hae nugae seria ducent</l>
          <l>In mala derisum semel exceptumque sinistre<note place="bottom">Horacio, <hi rend="i"
                >Ars poetica</hi>, v. 445-452. «El hombre honrado y sabio criticará los versos sin
              arte, los duros los condenará, y a los pocos esmerados les pondrá con el cálamo de
              través una negra señal; los adornos pretenciosos los podará y obligará a iluminar los
              puntos oscuros; censurará las ambigüedades y anotará lo que deba cambiarse. Hará de
              Aristarco, y no dirá: ¿Por qué voy a molestar a un amigo con cosas de poca
              importancia? Esas cosas sin importancia lo pondrán en aprietos muy serios, cuando se
              ríen de él y lo acojan de mala manera» (Horacio 2008: 409).</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">A mí me ha tocado esto, y a vuestra merced el hacer lo que aconseja en su
            <title>Arte</title> monseñor <persName type="authority" key="Vida, Marco Girolamo"
            precision="3">Vida</persName> en el libro 3, y no traigo el lugar por ser largo, aunque
          excelente y loado por tal de <persName type="authority" key="Escalígero" precision="3"
            >Escalígero</persName><note place="bottom">Alusión a Vida, <hi rend="i">De arte
              poetica</hi>, v. 477-487, unos versos efectivamente citados y alabados por Escalígero,
              <title>Poetices libri VII</title>, 1561, cap. 4, p. 311. Dice Escalígero al respecto:
              «<hi rend="i">In hoc autem libro tanta est talium frequentia locorum, ut cento quasi
              quidam judicari possit. Multa nihilominus divina sunt, atque omni majora
              obtrectatione. Nam qualia illa de enmendatione</hi>?» Y sigue la larga cita del texto
            de Vida: «<hi rend="i">Carmina, quae tantum ante recens confecta placebant / Miratur
              tacitus, nec se cognoscit in illis / Inmemor, atque operum piget, ac sese increpat
              ultro. / Tum retractat opus, commisa piacula doctae / Palladis arte luens. Nunc haec,
              nunc rejicit illa, / Omnia tuta timens, melioraque sufficit illis, / Attondetque comas
              strigens, silvamque fluentem, / Luxuriemque minutatim depascit inanem / Exercens durum
              imperium, dum funditus omnem / Nocturnis instans operis, operisque diurnis / Versibus
              eluerit labem et commissa piarit</hi>». «Los versos recién compuestos que antes tanto
            le gustaban / los mira en silencio y no se reconoce en ellos, / no se acuerda de ellos,
            se avergüenza de su obra y se censura a sí mismo demasiado. / Entonces corrige su obra,
            expiando los pecados cometidos / gracias al arte de la docta Palas. A veces rechaza esta
            parte, a veces aquella otra, / y, recelando incluso de las buenas, las reemplaza por
            otras mejores, / angustiado corta todo lo que sobra, y esta selva abundante e inútil /
            la suprime, podando poco a poco la menor rama que sea de más, / ejerciendo un control
            duro, hasta que, / trabajando día y noche a su obra, / purifica totalmente sus versos y
            expía los crímenes cometidos».</note>. Yo he andado no corto, ni mi ánimo lo es, ni será
          en deseos de servir a vuestra merced. Si este papel no le pareciere tal como él<note
            place="bottom"><hi rend="i">Si este papel no le pareciere tal como él [mi ánimo]</hi>.
            (Quizás «él» sea una errata por «es»). El abad de Rute puede garantizar que se siente
            movido por el deseo de ser útil a Góngora. Pero si resulta que el papel no lo demuestra,
            entonces Góngora lo podrá tirar. Fernández de Córdoba admite que su carta podría crear
            un malentendido (se cura en salud, ante el precedente que consistuyó el parecer
            malinterpretado del <hi rend="i">Polifemo</hi>) y afirma que su intención fue
            pura.</note>, dele la pena que mereciere con manos o fuego, que el que le ha hecho
          quedará gustoso, servidor y amigo de vuestra merced como siempre, y tan su amigo y
          servidor que, resolviéndose vuestra merced a proseguir ese poema con el estilo hasta aquí,
          sin mudar de frasis ni modos, si hubiere (que no habrá) tan atrevido presuntuoso que le
            impugne,<pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1614_parecer/1614_parecer_f145v.png"
            n="f. 145v"/> estando tan bien defendido con solo el nombre de su autor, <quote>«tecum
            paratus sum, et in carcerem et in mortem [ire]»</quote><note place="bottom"
              ><title>Biblia, Lucas</title>, 22, 33. «Yo estoy dispuesto a ir a la cárcel y aun a la
            muerte misma».</note>:</p>
        <quote><persName type="authority" key="Virgilio" precision="4" unit="quote" quantity="1"/>
          <l>[…] comitem casus amplector in omnes</l>
          <l>[…]</l>
          <l>Seu pacem, seu bella geram, tibi maxima rerum</l>
          <l>Verborumque fides […]<note place="margin">Virg. Enei. 9°.</note>
            <note place="bottom">Virgilio, <title>Eneida</title>, IX, v. 277 y v. 279-280.
              Reproducimos un fragmento traducido más extenso. La parte citada por el abad de Rute
              está al final: «En cuanto a ti, muchacho digno de todo honor, yo, cuyos años siguen
              tan de cerca a los tuyos, te doy entrada en mi alma desde ahora y te abrazo y te tomo
              por compañero mío, en cada trance; en paz y en guerra pondré en ti toda mi confianza
              en obras y en palabras» (Virgilio 1992: 417).</note></l>
        </quote>
        <p rend="noindent">dende luego me ofrezco (gustando vuestra merced) a ser su campeón y salir
          en defensa suya a cualquiera estacada, armado de pluma y libros; y de mi gentil ánimo de
          servir a vuestra merced, a quien guarde Dios largos años. De casa…<note place="bottom"
            >Concluye de forma truncada esta copia de la carta del abad de Rute, pues era frecuente
            concluir las misivas con la fórmula «[…] guarde Dios largos años. De casa […]», seguida
            de la fecha, que desafortunadamente en este caso fue omitida.</note></p>
      </div>
    </body>
  </text>
</TEI>
