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      <titleStmt>
        <title>Anotaciones a la Segunda Soledad</title>
        <author key="Díaz de Rivas, Pedro">Pedro Díaz de Rivas</author>
        <editor>Melchora Romanos et Patricia Festini</editor>
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        <edition>OBVIL</edition>
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          <name>Mercedes Blanco</name>
          <resp>relecture</resp>
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        <respStmt>
          <name>Pedro Conde Parrado</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Jaime Galbarro</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Felipe Joannon</name>
          <resp>stylage et édition word</resp>
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        <respStmt>
          <name>Hector Ruiz</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Aude Plagnard</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
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      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Sorbonne Université, LABEX OBVIL</publisher>
        <idno>http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1617_soledad-segunda-diaz</idno>
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            >http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/fr/</licence>
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      </publicationStmt>
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        <bibl>BNE Ms. 3906: 248-281</bibl>
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      <p>L’édition comporte trois niveaux de notes. note[@place="bottom"]: notes d’éditeur (décimal
        par défaut) note[@place="margin" n="A"]: notes marginales de l’auteur (pas de numérotation)
        note[@type="app" rend="I"]: notes d’apparat (I = romain) </p>
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        <date when="1617"/>
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  <text>
    <!--
      <p rend="noindent"><ref target="https://docs.google.com/spreadsheet/ccc?key=0AjY-3NJyasEFdGFGZmY0U0paQzA3WHVId2UtUUVsQlE#gid=0"
          >1616_soledad-segunda-diaz</ref> [diaz]</p>
      <div>
        <head>Datos bibliográficos</head>
        <table>
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            <cell>Editor científico</cell>
            <cell>Melchora Romanos  y Patricia Festini</cell>
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          <row>
            <cell>Autor</cell>
            <cell>Pedro Díaz de Rivas</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Destinatario / dedicatario</cell>
            <cell>No hay</cell>
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            <cell>Título</cell>
            <cell>Anotaciones a la Segunda Soledad</cell>
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          <row>
            <cell>Fecha</cell>
            <cell>1624</cell>
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          <row>
            <cell>Fuentes</cell>
            <cell>Ms. BNE 3906</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Ediciones modernas</cell>
            <cell>No</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Responde a otro texto</cell>
            <cell>No</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Referencias a la polémica</cell>
            <cell>No de un modo directo</cell>
          </row>
        </table>
      </div>
        -->
    <body>
      <div type="introduction">
        <head>Introducción</head>
        <div>
          <head>1. Título: De la polémica epistolar a los grandes comentarios</head>
          <p>El documento que presentamos es la trascripción de las <hi rend="i">Anotaciones a la
              Segunda Soledad de don Luis de Góngora por Pedro Díaz</hi><note place="bottom"
              >Mientras Díaz de Rivas da como título de las <hi rend="i">Soledades, Primera</hi> y
                <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>, es más habitual en las ediciones modernas
              llamarlas <hi rend="i">Soledad Primera</hi> y <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>. En
              nuestro estudio usamos indistintamente una u otra forma.</note>, título que encabeza
            la única versión –conocida hasta ahora– que se conserva en el ms. nº 3906 de la B.N.E.
            ff. 248r-281r<note place="bottom">En el mismo códice se encuentran los <hi rend="i"
                >Discursos Apologéticos…</hi> con indicación precisa de su autoría (ff. 68r-91v),
                <hi rend="i">Anotaciones al Polifemo</hi> (ff.103r-141r) sin indicación de autor;
                <hi rend="i">Anotaciones a la Primera Soledad</hi> (ff. 183r-247v), en nota marginal
              junto al título dice: «Parece ser estas Notas de D. Francisco de Amaya». Es una
              atribución errónea pues son indudablemente de Díaz de Rivas como puede comprobarse por
              las referencias que el autor hace remitiendo a sus comentarios. Véase, por ejemplo, en
              el caso de las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> las notas 20,
              OC264C.108, f. 251r; 25, OC264C.128, f. 252v; 32, OC264C.177-178, f. 254v; 111,
              OC264C.603-604, f. 271r y 147, OC264C.815, f. 278v.</note>. El vocablo «anotaciones»
            asignado a esta obra es el que aparece en la mayoría de los manuscritos que contienen
            los comentarios realizados por Pedro Díaz de Rivas a las <hi rend="i">Soledades</hi> y
            al <hi rend="i">Polifemo</hi> de Góngora, mientras que, únicamente en el caso del ms. nº
            3726 de la misma Biblioteca aparece el siguiente título: <hi rend="i">Anotaciones y
              defensas a la Primera Soledad</hi><note place="bottom">A continuación de la copia de
              las dos <hi rend="i">Soledades</hi> que finaliza en el f. 71v, encontramos a modo de
              portada el f. 72r con este título: <hi rend="i">Discursos Apologéticos por el estylo
                del Poliphemo y Soledades</hi>, obras en verso del Homero de Hespaña D. Luis de
              Góngora y Argote. Por Pedro Díaz de Rivas natural de Córdoba. Con <hi rend="i"
                >Annotaciones y defensas al mismo Poliphemo y Soledades y a la Canción de
                Alarache</hi> por el mismo Pedro Díaz. anno de 1624. </note>. Es evidente que, en
            este caso, se intenta destacar la actitud defensiva con la que el autor, a la vez que
            explicaba los poemas mayores según los criterios exegéticos vigentes, respondía a las
            agudas y malintencionadas críticas del <hi rend="i">Antídoto</hi> de Juan de Jáuregui
            centradas particularmente en la <hi rend="i">Primera Soledad</hi>. Esto le confiere un
            particular carácter dialógico presente en menor grado en el <hi rend="i">Polifemo</hi> y
            casi ausente de la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>.</p>
          <p>El conjunto de estas inéditas <hi rend="i">Anotaciones</hi> nació, en época muy
            temprana, al calor de los primeros fuegos cruzados de la polémica que provocaron los
            poemas mayores de Góngora y, como obra de verdadero erudito, fueron creciendo de modo
            tal que se constituyeron en una coordenada insoslayable de su recepción en el siglo
            XVII. Dámaso Alonso las considera «en general inteligentes y sensatas y con mucha y
            buena erudición»<note place="bottom">Alonso (1998: 79). </note>, y este mérito se
            acrecienta por el hecho de que constituyen el punto de partida de la tarea
            interpretativa de la obra de don Luis que otros comentaristas como García de Salcedo
            Coronel y José de Pellicer, con mejor suerte editorial, llevaron a cabo y publicaron más
              tarde<note place="bottom">Estos comentaristas publicaron sus obras con posterioridad a
              la censurada edición de López de Vicuña de las obras de Góngora (1627): Salcedo
              Coronel, <hi rend="i">Polifemo</hi> (1629), <hi rend="i">Soledades</hi> (1636), <hi
                rend="i">Sonetos</hi> (1645), <hi rend="i">Canciones y Panegírico</hi> (1648);
              Pellicer, <hi rend="i">Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Góngora</hi>
              comprenden el <hi rend="i">Polifemo</hi>, las <hi rend="i">Soledades</hi>, el <hi
                rend="i">Panegírico</hi> y la <hi rend="i">Fábula de Píramo y Tisbe</hi>
              (1630).</note>.</p>
          <p>En el caso de las <hi rend="i">Anotaciones a la Segundad Soledad</hi>, al no contar con
            el condicionamiento crítico pautado por el <hi rend="i">Antídoto</hi>, Díaz de Rivas
            reduce el carácter defensivo sin abandonar el elevado nivel encomiástico surgido de la
            sincera admiración que estas obras provocaban en las huestes gongorinas. Es también muy
            significativo el hecho de que, si bien el número de versos de la inacabada <hi rend="i"
              >Soledad Segunda</hi> es inferior a los de la <hi rend="i">Soledad Primera</hi>, la
            anotación resulta ser proporcionalmente menor, fenómeno que también se repite en los
            otros comentaristas<note place="bottom">La versión utilizada por Díaz de Rivas de la <hi
                rend="i">Soledad Segunda</hi> es la de 936 versos y cuenta con 161 notas; la <hi
                rend="i">Soledad primera</hi> de 1091 versos cuenta con 239 notas; el <hi rend="i"
                >Polifemo</hi> de 504 versos cuenta con 156 notas. La referencia consignada es tan
              solo cuantitativa por cuanto es difícil contabilizar los logros interpretativos.
              <space/></note>.</p>
          <p>No cabe duda del importante papel que desempeñaron estos trabajos en la consolidación
            del gongorismo puesto que las <hi rend="i">Anotaciones</hi> son los famosos «comentos»
            que López de Vicuña, en los preliminares de su edición de las <hi rend="i">Obras en
              verso del Homero Español</hi> (1627), prometía para la segunda parte nunca publicada.
            El editor señala que: «Y aun se aumentará el volumen con los comentos del <hi rend="i"
              >Polifemo</hi> y <hi rend="i">Soledades</hi>, que hizo Pedro de Rivas, lucido ingenio
              cordobés»<note place="bottom">En «Al lector» en los preliminares sin foliar, Madrid,
              1627, edición facsímil de Dámaso Alonso (1963).</note>. Por consiguiente, en 1627, ya
            debían estar terminadas por lo que se impone como uno de los iniciadores del movimiento
            exegético que, como ya señalamos, se intensificará en la obra de otros comentaristas
            después de la muerte de don Luis.</p>
          <p>En cuanto a su estatuto genérico, proviene de una larga tradición grecorromana y por su
            condición de reflexión metatextual sobre una obra, con la que se dialoga a través de la
            lectura e interpretación, se constituye en una de las formas de la crítica literaria
            pues si bien los comentarios podían formularse acerca de textos filosóficos o de
            carácter poético fueron estos últimos los de mayor raigambre y tradición<note
              place="bottom">Un interesante planteo de la configuración del género desarrolla
              Julieta Cardigni (2013) en su libro <hi rend="i">El comentario como género
                tardoantiguo: «Commentarii in Somnium Scipionis» de Macrobio</hi>, cap. 2 «Los <hi
                rend="i">Commentarii</hi> y el género comentario».</note>. En efecto, en el siglo
            IV, Servio consolidaba el paradigma con sus comentarios a las obras de Virgilio,
            destinados a la enseñanza en su propia escuela de gramática al determinar un esquema
            fijo que consistía en una <hi rend="i">enarratio</hi> filológica, retórica y también
            histórica que procede palabra por palabra, precedida por una introducción general y
            básica a la que describe, de este modo, en el prefacio de su <hi rend="i"
              >Comentario</hi> a la <hi rend="i">Eneida</hi>: «<hi rend="i">In exponendis auctoribus
              haec consideranda sunt: poetae vita, titulus operis, qualitas carminis, scribentis
              intentio, numerus librorum, explanatio</hi>»<note place="bottom">Servio, <hi rend="i"
                >Comm. In Aen</hi>. Praef.: «En la exposición de los autores debemos considerar las
              siguientes cosas: la vida del poeta, el título de la obra, el género del poema, la
              intención del escritor, el número de libros, el orden de los libros y la explicación»
              (Traducción de J. Cardigni 2013: 166). En la Bibliografía la edición citada de Servio
              por esta autora es: Rand, E. K. <hi rend="i">et al.</hi> 1946. <hi rend="i"
                >Servianorum in Vergilii carmina commentariorum: editionis Harvardianae</hi>.
              [Lancaster, Pa.], Societatis Philologicae Americanae cura et impensis. </note>.</p>
          <p>En el Renacimiento, los filólogos humanistas potenciarán los alcances del
            «comentarismo» en sus ediciones anotadas de los más importantes autores clásicos, entre
            las cuales las de Virgilio se prodigaron y reconvirtieron con los materiales que
            ofrecían Servio y Donato, a los que se sumaron una larga cadena ininterrumpida de buena
            y mala erudición, de enciclopedismo y de acumulación de fuentes como<hi rend="i">
              auctoritates</hi> determinantes de la intertextualidad.</p>
          <p>De igual modo y en consonancia con estos trabajos de exégesis de los escritores
            latinos, fueron surgiendo comentarios a las obras de escritores modernos entre los que
            se encuentran los de la <hi rend="i">Divina Comedia</hi> de Dante y los de las <hi
              rend="i">Rime</hi> de Petrarca que ofrecen una tipología muy diversa que se pone de
            manifiesto en la variedad de títulos con que están encabezados<note place="bottom">José
              Manuel Rico García, en el «Estudio preliminar» a su edición crítica del <hi rend="i"
                >Antídoto</hi> de Jáuregui, en el apartado en que analiza las vinculaciones de este
              texto con el género de los comentarios (2002: XLVIII-LIII), aporta interesantes
              observaciones críticas acerca de la pluralidad de criterios y técnicas en la
              orientación de los comentarios. </note>. Sin embargo, pese a las diferencias entre las
            modalidades del comentario practicado en la edad del humanismo, ciertos criterios
            comunes permiten concluir que «la pluralidad es solo reflejo de las modalidades y
            variantes de un género que creció en la variedad»<note place="bottom">Rico García (2002:
              L).</note>.</p>
          <p>En España, Díaz de Rivas contaba también con modelos próximos de este procedimiento
            aplicado a un creador en lengua romance: Garcilaso de la Vega. Se trata de las ediciones
            anotadas de sus obras: la primera publicada por el Maestro de Retórica de Salamanca,
            Francisco Sánchez de las Brozas, en 1574, y la segunda, en 1580, del poeta sevillano
            Fernando de Herrera titulada <hi rend="i">Obras de Garcilaso de la Vega con
              Anotaciones</hi>, que ejerció notoria influencia sobre nuestro autor –como veremos más
            adelante– por cuanto establece las pautas de análisis de un poeta moderno al situarlo en
            el mismo plano de un clásico. Las divergencias que caracterizan el trabajo de ambos
            intérpretes son la muestra de la contrapuesta finalidad con la que un <hi rend="i"
              >rhetor</hi>, condicionado por prácticas de larga tradición, y un poeta culto, deseoso
            de mostrar los fundamentos de la erudición poética, abordaron la lectura de
              Garcilaso<note place="bottom">Sobre estas connotaciones de los comentarios del
              Brocense y Herrera hay interesantes observaciones en el artículo de Carmen Codoñer,
              «Comentaristas de Garcilaso» (1986: 185-200).</note>. Sobre los modelos renacentistas
            de comentarios de autores del mundo grecorromano y sobre los de autores más cercanos,
            construye nuestro polémico anotador la tarea destinada tanto a esclarecer las
            indiscutibles dificultades que presentan los poemas mayores de don Luis como a
            fundamentar algunas de sus más audaces innovaciones.</p>
        </div>
        <div>
          <head>2. Autor: «Un lucido ingenio cordobés» defiende a Góngora</head>
          <p>La participación de Pedro Díaz de Rivas (1587-1653) cobra significativa importancia en
            la polémica recepción de la «nueva poesía», pues forma parte del conjunto de figuras de
            gran relieve intelectual, próximas a la amistad de Góngora, que escribieron eruditas
            respuestas en las que aportan facetas doctrinales e interpretativas más sustanciales. En
            efecto, en el <hi rend="i">Opúsculo inédito contra el «Antídoto» de Jáuregui y en favor
              de don Luis de Góngora por un curioso</hi>, el desconocido autor pondera en estos
            términos la calidad e importan­cia de quienes se avinieron a responderle<note
              place="bottom">Obsérvese que menciona a Díaz de Rivas como «un particular ingenio de
              Córdoba» con una calificación semejante a la utilizada por el editor López de Vicuña.
            </note>:</p>
          <quote>[...] lo han hecho otros buenos ingenios como es el señor Don Francisco de Córdoba
            Abad de Rute, y racio­nero de la Santa Iglesia de Córdoba, singular ingenio versado en
            muy aventajadas Letras, grande humanista, y muy docto y versado en poesías, como se
            podrá ver en su escrito, a quien intitula <hi rend="i">Examen del An­tídoto</hi>, [...]
            otro es el licenciado Pedro Díaz de Rivas, particular ingenio de Córdoba, y muy versado
            en todas buenas letras, y lenguas, el cual hizo unas ilustra­ciones en favor y defensa
            del <hi rend="i">Polifemo</hi>, y <hi rend="i">Soledades</hi> y las demás obras de Don
            Luis de Góngora [...]<note place="bottom">El <hi rend="i">Opúsculo</hi> fue publicado
              por Miguel Artigas, en <hi rend="i">Don Luis de Góngora. Biografía y estudio
                crítico</hi> (1925: 396) y, recientemente, por José Manuel Rico García (véase <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1624_opusculo-curioso/"
                >1624_opusculo-curioso)</ref>. R. Jammes lo califica de «muy divertido» y «escrito
              con acento sevillano», su autor podría ser Juan de Salier­ne (1994: 671-672). En
              cuanto a «las demás obras» de don Luis solo conocemos sus <hi rend="i">Anotaciones a
                la Canción de Larache</hi> publicadas por Eunice Joiner Gates
            (1961).</note>.</quote>
          <p>La pertenencia al círculo de personalidades vinculadas a Góngora está documentada en la
            carta de septiembre 4 de 1614 que don Luis escribe a Juan de Villegas, alcalde mayor de
            Luque. En el «núcleo literario de la carta» –tal como lo califica Dámaso Alonso– le
              dice<note place="bottom">Esta pieza epistolar ha sido analizada y publicada por Dámaso
              Alonso (1982: 399-421), con una detenida identificación de los personajes mencionados
              por don Luis.</note>: «Escribiendo esta, entró el señor licenciado Pedro Díaz,
            acusando a vuesa merced la omisión de la carta de Pedro de Valencia. Restitúyanosla
            vuesa merced brevemente»<note place="bottom">Góngora (OC, 2000: II, 300-301). La carta
              de Pedro de Valencia que reclama Góngora es la que transcribe fragmentariamente Díaz
              de Rivas en los <hi rend="i">Discursos Apologéticos</hi>, que puede leerse en Góngora
              (2000: II 518). Véase en la «Introducción» al <hi rend="i">Parecer</hi> de Francisco
              Fernández de Córdoba, Abad de Rute, la nota nº 6 en la que Muriel Elvira detalla con
              precisión el trasiego de cartas entre los gongoristas en los primeros meses de la
              polémica <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1614_parecer/front-1#note6"
                >(1614_parecer)</ref>. </note>. Además de estos dos escritores ya nombrados, el
            cónclave literario que menciona Góngora estaba integrado por Andrés de Almansa y
            Mendoza, el no muy prestigioso correveidile encargado de la difusión de los nuevos
            poemas, don Pedro de Cárdenas y Angulo, un noble cordobés protector de poetas que fue
            quien llevó a Madrid las <hi rend="i">Soledades</hi> y el <hi rend="i">Polifemo</hi>
            para obtener la opinión de Pedro de Valencia, don Tomás Tamayo de Vargas, un erudito
            cronista defensor de Góngora y comentarista de las obras de Garcilaso (Madrid, 1622). En
            la parte final de la carta, es mencionado don Antonio de Paredes, poeta que dedicó un
            soneto a los <hi rend="i">Discursos apologéticos</hi> de Pedro Díaz de Rivas y al que
            este también va a dedicarle un soneto a su muerte con el que cierra la edición póstuma
            de sus <hi rend="i">Rimas</hi><note place="bottom"><hi rend="i">Rimas</hi> de don
              Antonio de Paredes. A don Pedro de Cárdenas y Angulo, Córdoba, por Salvador Cea Tesa,
              1622. Gallardo (1888: 1084-1087), en su Asiento bibliográfico 3343, dice que el
              prólogo es de Díaz de Rivas. </note>.</p>
          <p>Todos estos datos consignados en la temprana carta constituyen una muestra muy valiosa
            de la programática convergencia y movilización de amigos que el mismo Góngora, con
            motivo de la difusión del <hi rend="i">Polifemo</hi> y las <hi rend="i">Soledades</hi>,
            convocaba para su defensa pues era consciente de que sus audaces innovaciones podrían
            despertar reacciones no siempre favorables. Las distintas instancias de los debates que
            se fueron generando nos ayudan a evocar las voces con las que dialoga y nos permiten
            aprehender el modo en que se lo criticaba, defendía y explicaba.</p>
          <p>Entre esas voces, la del Licenciado Pedro Díaz de Rivas se consolida con elevado
            registro si nos atenemos a las referencias que encontramos sobre este escritor del que
            Nicolás Antonio, en la <hi rend="i">Bibliotheca Hispana Nova</hi>, señala su origen,
            enumera algunas de sus obras y a los autores que lo mencionan:</p>
          <quote><hi rend="i">Petrus Diaz de Rivas</hi>, Cordubensis, Martini de Roa, jesui­tae
            scriptis suis assatim celebris, nescio quo ex latere, nepos, Presbyter, Theologus, et
            antiquitatis peritus, scripsit: <hi rend="i">El Arcángel San Rafael</hi> [...] <hi
              rend="i">Declaración magis­tral a las «Soledades» de D. Luis de Góngora</hi>. Laudat
            hanc D. Martinus del Pulgar in opuscu­lo, <hi rend="i">Epístolas
              satis­facto­rias</hi><note place="bottom">Angulo y Pulgar señala en la «Dedicatoria»
              de esta obra: «[…] Don Francisco de Córdoba, abad de Rute, y el L. Pedro Díaz de
              Rivas, que le comentó el <hi rend="i">Polifemo</hi> y <hi rend="i">Soledades</hi>,
              como la primera el señor D. Francisco de Amaya, oidor de Valladolid, y todos tres
              respondieron doctos y eruditos al discurso de cierto <hi rend="i">Discurso</hi> contra
              ellas», <hi rend="i">apud</hi> Gallardo (1863: 213). </note> etc., nuncupato, pro
            eodem Poeta. Meminit hujus cum modesta laude Martinus de Roa in suo libro <hi rend="i"
              >Écija</hi><note place="bottom">Nicolás Antonio (1672: 150). En una nota marginal de
              las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi>, ms. 3906, f. 248, con distinta
              letra y tinta se remite a esta primera edición. Es bueno recordar que Nicolás Antonio
              era también un gongorista, véase el trabajo de R. Jammes, «Études sur Nicolás Antonio.
              Nicolás Antonio commentateur de Góngora» (1960). </note>.</quote>
          <p>Esta cita nos permite apreciar ya el juego de interrelacio­nes que caracteriza al mundo
            de los comentaristas, eruditos y estudiosos que se citan entre ellos y promueven su
            propia obra y las de sus allegados, tanto por amistad e intereses comunes como por lazos
            de familia<note place="bottom">Tal como indica Nicolás Antonio, Martín de Roa, autor
              entre otras obras de una <hi rend="i">Historia de los jesuitas de Andalucía</hi>, era
              tío de Díaz de Rivas quien, en la nota 132 al v. 728 de la <hi rend="i">Segunda
                Soledad</hi>, f. 275, al citarlo como autoridad señala que es su «tío y maestro».
              Sobre las vinculaciones de Francisco Fernández de Córdoba con miembros de la Compañía
              de Jesús véase Muriel Elvira, «Introducción» al <hi rend="i">Parecer</hi>, nota nº 18
                <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1614_parecer/front-2#note18"
                >(1614_parecer)</ref>. <space/></note>. Un mayor aporte biográfico, con datos más
            precisos y completos que los reseñados por el eminente bibliógrafo andaluz, encontramos
            en la obra de Rafael Ramírez de Arellano, quien señala que nuestro autor nació en
            Córdoba, en junio de 1587, y que fue hijo de Andrés Díaz de Rivas y de doña Isabel de
            Roa, hermana de Martín de Roa. Se dedicó al estado eclesiásti­co aunque no tomó más que
            órdenes menores y estudió en el Colegio de la Compañía de Jesús<note place="bottom">En
              dos de las cartas que el Abad de Rute le escribe a Díaz de Rivas lo insta a ordenarse
              sacerdote: carta 8, de Baena, 31 de marzo de 1621 y carta 12, de Granada, 30 de agosto
              de 1622. Véase el estudio sobre esta correspondencia en Dámaso Alonso, «Góngora en las
              cartas del Abad de Rute» (1982: 219-260). La referencia a la ordenación en 223-224.
              Esta correspondencia ha sido analizada por Muriel Elvira (2016) en un artículo
              reciente: «La biblioteca en construcción del Abad de Rute». </note>. Es este un dato
            interesante por cuanto muchas de las obras que menciona en sus <hi rend="i"
              >Anotaciones</hi> pertenecen a miembros de esa misma orden, como veremos más adelante.
            Según nos dice su biógrafo: «Gastaba su dinero en libros y antigüedades y llegó a reunir
            un buen monetario»<note place="bottom">Rafael Ramírez de Arellano (1921-1923), vol. I,
              p. 181-186; la cita en p. 181a. Eunice Joiner Gates ha trazado una detallada biografía
              y reseña de las obras en la «Introducción» a su edición de los <hi rend="i">Discursos
                apologéticos</hi> (1960: 9-30). </note>.</p>
          <p>Precisamente su tío, en la cita a la que hace referencia Nicolás Antonio, al hablar de
            unas piedras de los romanos llamadas «memorias», relacionadas con las que se conservaban
            en Córdoba, dice que: «las ha recogido estos días el Licenciado Pedro Díaz de Rivas mi
            sobrino, que acabados con buena satisfacción y esperanzas los estudios mayores de la
            sagrada Teología, se solicita de la curiosidad y gusto de las cosas anti­guas»<note
              place="bottom">En: <hi rend="i">Écija, sus santos, su antigüedad eclesiástica y
                seglar</hi>, por el P. Martín de Roa de la Compañía de Jesús, Sevilla, Manuel de
              Sande, 1629, f. 158. Se trata de la cita a que hace referencia Nicolás Antonio que es
              posterior a la redacción de las <hi rend="i">Anotaciones a la «Segunda Soledad»</hi>.
              Modernizamos la ortografía.</note>.</p>
          <p>Según parece, pensaba escribir la histo­ria de Córdoba para lo que había reunido un
            buen número de materiales, pero muere en 1653 sin haber concretado su proyecto. Sus
            obras, tanto las publicadas como las que se conservan manuscritas, son en su mayoría de
            temas histórico-religiosos aunque, Ramírez de Arellano menciona algunos ejemplos de su
            parti­cipación en certámenes poéticos como el dedicado a Santa Teresa en 1614 y en el de
            San Andrés en honor de la Concepción de 1617<note place="bottom">En la B.N.E. se
              encuentran las siguientes obras: <hi rend="i">De las antigüeda­des y excelencias de
                Córdoba</hi>, Córdoba, Salvador de Cea Tesa, 1625 y la segunda edición de 1627.
              Estos volúmenes incluyen, además de la obra del título, otros ensayos menores que
              Ramírez de Arellano describe bajo los números 530, 531 y 533. Otro libro es: <hi
                rend="i">El Arcángel San Rafael, particular custodio y amparo de la ciudad de
                Córdoba</hi> [...], Córdoba, Salvador de Cea Tesa, 1650 y la segunda edición de
              1681. Puede completarse una mayor información bibliográfica en José Simón Díaz (1971:
              IX, 404-406).</note>, que revelan su interés por la poesía y su conocimiento de las
            novedades literarias en los primeros decenios del siglo XVII.</p>
          <p>Las aportaciones de Díaz de Rivas a la polémica gongorina son, sin duda, las muestras
            más importantes de su producción intelectual. Su posición decididamente defensiva se
            despliega en dos líneas de combate para enfrentarse particularmente al <hi rend="i"
              >Antídoto</hi> de Jáuregui: por una parte escribe un tratado de tono doctrinal, sus
              <hi rend="i">Discursos apologéticos</hi>, y por otra, elabora trabajos más extensos
            que, a partir de sus apostillas al <hi rend="i">Antídoto</hi> de Jáuregui, se van
            desarrollando en las <hi rend="i">Anotaciones y defensas a la «Soledad primera» y al
              «Polifemo»</hi>, las <hi rend="i">Anotaciones a la «Segunda Soledad»</hi>, y las <hi
              rend="i">Anotaciones a la Canción de la toma de Larache</hi>, como valiosos ejemplos
            de exégesis textual y conocimiento profundo de la poética gongorina.</p>
          <p>Contamos con testimonios indiscutibles de la difusión e importancia de estos documentos
            de la polémica gongorina, pues Salcedo Coronel en sus propios comentarios lo cita,
            mientras que, en el caso de Pellicer, sabemos que Díaz de Rivas se sentía muy molesto
            pues consideraba que «habiendo favorecídose de mucho de lo que él ha escrito sobre el
              <hi rend="i">Polifemo</hi> y las <hi rend="i">Soledades</hi> de don Luis» no se
            acordase de citarlo como lo hicieron otros<note place="bottom">Se trata de una carta de
              Francisco Torreblanca Villalpando al mismo Pellicer (7 de abril de 1631) que, junto
              con otra con el mismo reclamo de Francisco de Amaya (30 de julio de 1630), reproduce
              Luis Iglesias Feijoo (1983). La cita en p. 186-190. </note>. Este azaroso mundo de los
            comentaristas, conformado por curiosas y complejas personalidades, cuenta con sus
            propias guerras en las que se enfrentaron con acusaciones de pillaje y piratería
            intelectual, o con denuestos acerca de la incapacidad de comprensión del valor poético
            de algún pasaje o verso, o por la prioridad en el hallazgo de la cita más recóndita o la
            lectura más pertinente<note place="bottom">M. Romanos (2002).</note>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>3. Cronología: La redacción de los comentarios de la inacabada <hi rend="i">Soledad
              Segunda</hi></head>
          <p>El único manuscrito de las <hi rend="i">Anotaciones a la «Segunda Soledad»</hi> que ha
            llegado a nosotros es el conservado en los folios 248r-281r del códice nº 3906 de la
            BNE, denominado Cuesta Saavedra<note place="bottom">Se trata de un importante volumen de
              700 folios formado en su totalidad por una amplia variedad de textos y comentarios de
              la controversia gongorina.</note>, y como carece de fecha, se hace necesario
            considerar ciertos datos de la difusión de los comentarios de Díaz de Rivas para poder
            determinar su cronología. Las <hi rend="i">Anotaciones a la «Primera Soledad»</hi> y las
            dedicadas a la <hi rend="i">«Fábula de Polifemo»</hi> fueron comenzadas a escribir
            después de la difusión del<hi rend="i"> Antídoto</hi> en 1616, ya que es indudable el
            tono abiertamente polémico y la inclusión de pasajes del texto de Jáuregui para refutar
            sus opiniones, como ya hemos señalado anteriormente. Ahora bien, en el códice nº 3726 de
            la BNE que reúne un conjunto de los trabajos de nuestro comentarista, en el folio 72r, a
            modo de portada, se lee: «<hi rend="i">Discursos Apologéticos por el estilo del Polifemo
              y Soledades</hi>, obras poéticas del Homero de España, D. Luis de Góngora y Argote,
            por Pedro Díaz de Rivas natural de Córdoba. Con <hi rend="i">Anotaciones y defensas al
              mismo Polifemo y Soledades y a la Canción de Alarache</hi> por el mismo Pedro Díaz,
            año de 1624»<note place="bottom">M. Sánchez Mariana (1987: 206-207) considera que la
              recopilación de los textos de este manuscrito tiene todo el aspecto de un auténtico
              «homenaje» a Góngora. </note>.</p>
          <p>Aun a pesar de que en esta recopilación no se incluye el texto de las <hi rend="i"
              >Anotaciones a la «Segunda Soledad»</hi>, consideramos que es muy importante para
            delimitar el término <hi rend="i">ad quem</hi> de la redacción de este trabajo. En
            primer lugar, contiene una copia del poema de 936 versos, que corresponde a las
            versiones posteriores a 1617 que concluyen en el verso: «heredado en el último
            graznido». Este texto coincide precisamente con el que ha anotado Díaz de Rivas y se
            trata de una copia posterior a la de la edición de Vicuña que tan solo tenía 840
              versos<note place="bottom">D. Alonso (1963: LIII-LIV), estima que el manuscrito que
              sirvió de base a esta edición, publicada en 1627, se compiló en Córdoba entre 1614 y
              1616 pues a partir de 1617, instalado Góngora en Madrid, la tarea del colector se vio
              dificultada. Esto se comprueba con el texto de la <hi rend="i">Soledad segunda</hi>
              pues tan solo llega al v. 840 («al viento esgrimirán cuchillo vago»). </note>. Como
            característica particular presenta la inclusión de un número considerable de enmiendas y
            escolias que reproducen, en forma completa o parcial, algunas de las 161 notas de Díaz
            de Rivas aunque estas apostillas concluyen en el v. 579 («invidia califique mi figura»)
            mientras que las <hi rend="i">Anotaciones</hi> cubren desde el v. 1 hasta los vv.
            931-932.</p>
          <p>Otro dato más que significativo para determinar el año 1624 como posible fecha de la
            conclusión de las <hi rend="i">Anotaciones a la «Segunda Soledad»</hi> es que, en la
            nota nº 96 al verso «y, sierpe de cristal, juntar le impide»<note place="bottom"><ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.426"
                >OC264B.426</ref></note> de las <hi rend="i">Anotaciones y defensas a la «Primera
              Soledad»</hi> conservadas en el ms. 3726, Díaz de Rivas remite a sus propias
            anotaciones: «elegantemente se comparan los arroyos, los ríos o los brazos de mar a
            sierpes, etc., como consta de los ejemplos y autoridad que citamos en las notas a la <hi
              rend="i">Segunda Soledad</hi>»<note place="bottom">Ms. 3726 BNE, f. 143 r.</note>. Las
            notas mencionadas son la nota 60 al verso «Ella, pues, sierpe, y sierpe al fin
              pisada»<note place="bottom"><ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.320"
                >OC264C.320</ref></note> y la nota 150 «más sabandijas de cristal que a Egipto»<note
              place="bottom"><ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.829"
                >OC264C.829</ref></note>.</p>
          <p>Además, dado que la lista de las obras impresas citadas por nuestro comentarista no
            supera el año 1620, se podría considerar que este dato avala la perspectiva de que la
            fecha de 1624 sea la más aceptable<note place="bottom">Véase M. Romanos (1990: 414).
            </note>. Sin embargo, R. Jammes sostiene la hipótesis de que «es posible pues que esta
            parte de sus comentarios (o por lo menos las últimas notas) sea posterior a 1624» pero
            no aporta pruebas que permitan convalidar esa suposición<note place="bottom">Jammes
              (1994: 651). </note>.</p>
          <p>Por otra parte, como el poema no estaba acabado, Chacón le pidió que lo continuara y
            Góngora hizo el esfuerzo y añadió 43 versos más, probablemente, entre 1619 y 1626<note
              place="bottom">Jammes (1994: 17-21). </note>. Pellicer en sus <hi rend="i">Lecciones
              solemnes</hi> advierte sobre la existencia de este fragmento: «Hasta aquí llegan mis
            ms. de las <hi rend="i">Soledades</hi> de don Luis, pero sabiendo que añadió un
            fragmento de 43 versos a su <hi rend="i">Soledad 2</hi>, hice diligencia para haberle»,
            y lo halló «en la excelentísima y copiosísima biblioteca Olivarense»<note place="bottom"
              >Pellicer (1630: col.608).</note>, donde se conservaban las obras de Góngora reunidas
            a expensas de don Antonio Chacón. No obstante, Díaz de Rivas no parece haber conocido la
            existencia de este fragmento porque cierra sus comentarios en el verso 932.</p>
          <p>Por último, no debemos olvidar que si Díaz Rivas, tal como hemos visto, en el texto
            fechado en 1624 remite a las notas 60 y 150 de la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>, es
            posible considerar que ya estaba concluido su trabajo. Otro elemento a aportar para la
            datación es que en el comienzo de las <hi rend="i">Anotaciones a la Canción de la toma
              de Larache</hi>, para explicar la comparación río = sierpe («En roscas de cristal
            serpiente breve»), Díaz de Rivas remite a sus «notas a la primera y segunda <hi rend="i"
              >Soledad</hi>»<note place="bottom">Ms. 3726, f. 321 v. 1. Sobre estas interrelaciones,
              véase Festini (2017). </note>. Por lo tanto, resulta poco convincente suponer que las
            once notas restantes de la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi> no estuvieran terminadas en
            esa misma fecha.</p>
        </div>
        <div>
          <head>4. Estructura: El «hilo de oro, que guíe sin error a los demás por los
              laberintos»<note place="bottom">Martín Vázquez Siruela, <hi rend="i">Discurso sobre el
                estilo de don Luis de Góngora y carácter legítimo de la Poética, a Don García
                Coronel de Salcedo</hi>, (1995: 89-106); la cita en p.104.</note></head>
          <p>El conjunto de las <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Pedro Díaz de Rivas a las dos <hi
              rend="i">Soledades</hi> y al <hi rend="i">Polifemo</hi> que suman en total 556 notas
            –tan diversas en extensión como variadas en contenido– determina, en principio, la
            imposibilidad de trazar un análisis minucioso y pormenorizado. Por consiguiente, es
            necesario establecer ciertas coordenadas básicas sobre las cuales intentaremos realizar
            una síntesis de los principales criterios que rigen la elaboración de estos comentarios
            a los que bien podríamos adscribir las palabras con que Juan Luis de la Cerda define los
            alcances de su tarea, en el prólogo <hi rend="i">Ad Lectorem</hi> de sus comentarios a
            las obras de Virgilio: «<hi rend="i">In Notis multa est rerum varietas pro ipsa rerum
              varietate, quibus Poeta est plenus</hi>»<note place="bottom">Sin paginación en los
              preliminares de P. VIRGILII MARONIS <hi rend="i">BVCOLICA GEORGICA</hi> Argumentis,
              Explicationibus, notis illustrata, AUCTORE IO. LVDOVICO DE LA CERDA TOLETANO,
              Societatis Iesu, […]. LVGDVNI, Sumptibus Horatii Cardon, M.DC.XIX. Esta obra tiene una
              enorme vinculación con las <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Díaz de Rivas como se verá
              más adelante.</note>.</p>
          <p>Una de las más significativas características de la repercusión de la obra de don Luis
            de Góngora la constituye, sin duda alguna, la programática convicción con la que se
            propuso poner en marcha la difusión de sus obras mayores pues era consciente de que iban
            a generar debates. Por lo tanto, si su estrategia consiste en la estructuración de un
            texto que juega con la potencial complejidad del enunciado –las <hi rend="i"
              >Soledades</hi>– para el que configura un lector, para nada indocto, «que vacilando el
            entendimiento, en fuerza de discurso trabajándolo […] alcance lo que así en la lectura
            superficial de sus versos no pudo entender»<note place="bottom">«Respuesta de don Luis
              de Góngora…» (<hi rend="i">OC</hi> 2000: II, 297).</note>, es evidente que su función
            actualizadora estará condicionada para responder a un alto grado de producción de
            significaciones. En este auténtico manifiesto poético, Góngora valora con justicia la
            novedad del estilo de las <hi rend="i">Soledades</hi> considerando, pues, que la
            dificultad conscientemente buscada por él es una fuente de placer estético, un deleite
            provocado por la necesaria indagación a la que el lector docto debe someterse para
            alcanzar la comprensión de sus versos, un juego constante de sutiles insinuaciones que
            se esconden tras la potencia generadora de cada palabra.</p>
          <p>Entendida en estos términos la creación poética, parece incuestionable que quien se
            aproxime a las obras de Góngora para penetrar sus misterios y aclarar sus dificultades,
            como es el caso de Díaz de Rivas, se vea forzado en sus comentarios a cubrir un amplio
            panorama de perspectivas. A esta dimensión exegética apuntan las palabras de Martín
            Vázquez Siruela dirigidas a don García de Salcedo Coronel: «Aún no habían salido las
            flechas de la aljaba de Píndaro, esto es los versos de la pluma, que con este nombre los
            llama, y ya tenía puestos los ojos en los intérpretes conociendo que necesitaba de su
            ilustración para ser entendido»<note place="bottom">M. Vázquez Siruela (1995:
              104).</note>. De este modo, surge la ingente metaliteratura formada por los inmensos
            comentarios que se sucedieron en el siglo XVII, a propósito de la interpretación de los
            poemas.</p>
          <p>Por cierto, el procedimiento seguido por Díaz de Rivas, al igual que el del resto de
            los comentaristas, no difiere del que emplearon los eruditos humanistas en las ediciones
            comentadas de los clásicos, aunque en este caso se diferencia en que no transcribe un
            fragmento de los versos y la glosa correspondiente con su explicación, sino que opera
            con notas numeradas, al modo de notas al pie, habituales en las ediciones antiguas y
            modernas. Esto supone la necesidad, por parte del lector, de contar previamente con el
            texto que el intérprete va apuntando por lo que en los códices se suelen reproducir los
            poemas tal como ya lo hemos señalado.</p>
          <p>El modo de operar consiste, en primer lugar, en aislar los versos, sintagmas o palabras
            a anotar, luego da su interpretación o explica el sentido cuando el caso lo requiere,
            develando más o menos encubiertas alusiones mitológicas, o precisando referencias
            históricas, geográficas o de cualquier otro campo del saber humano; también analiza los
            alcances de imágenes y metáforas y señala el uso de construcciones sintácticas. Pero,
            sobre todo, y en la más elevada proporción de notas se detiene a puntualizar, conforme a
            lo que la tradición literaria exigía, los ejemplos de usos similares imitados,
            parafraseados o traducidos de autores latinos e italianos y, aunque muy ocasionalmente,
            también acude a los españoles, por cuanto la creación literaria es entendida como
            combinación y reelaboración de modelos y el poeta actúa condicionado por la constante
            confrontación con el paradigma elegido, cuya fuerza generadora tanto refrena como
            impulsa su propia expresión. El ideal buscado, en gran medida, supera a la apropiación
            de temas e ideas de la Antigüedad grecolatina y procura más bien una asimilación de las
            fórmulas estilísticas y de los recursos retóricos ya convertidos en <hi rend="i"
              >topoi</hi> por la tradición.</p>
          <p>No hay nada más atinado para entender la situación central y excluyente que la doctrina
            de la imitación ocupaba en la actividad de todo escritor del Renacimiento, que estas
            palabras del Brocense en el prólogo Al lector de la segunda edición de sus <hi rend="i"
              >Anotaciones</hi> a las obras de Garcilaso, publicada en Salamanca en 1581:</p>
          <quote>... digo y afirmo, que no tengo por buen Poeta al que no imita los excelentes
            antiguos. Y si me preguntan, por qué entre tantos millares de Poetas, como nuestra
            España tiene, tan pocos se pueden contar dignos de este nombre, digo, que no hay otra
            razón, sino porque les faltan las ciencias, lenguas y doctrina para saber imitar. [...]
            ansí tomar a Homero sus versos y hacerlos proprios, es erudición, que a pocos se
            comunica. Lo mismo se puede decir de nuestro Poeta, que aplica y traslada los versos y
            sentencias de otros Poetas, tan a su propósito, y con tanta destreza, que ya no se
            llaman ajenos, sino suyos; y más gloria merece por esto, que no si de su cabeza lo
              compusiera<note place="bottom"><hi rend="i">Apud</hi>. A. Gallego Morell (1966:
              25-26). Modernizamos la ortografía. Todas las referencias y citas a los comentarios
              del Brocense y de Herrera se hacen por esta edición.</note>.</quote>
          <p>Este principio esencial de las concepciones estéticas dominantes en el Renacimiento
            constituye la urdimbre en la que se tejen los hilos de la tarea exegética de su
            comentarista, quien va revelando múltiples conexiones subyacentes, de modo tal que la
            tendencia a trazar paralelos con otros textos y a evocar las voces anteriores o actuales
            del contrapunto dialógico –por cierto con técnica tanto más acumulativa que selectiva–
            resulta notoria dentro de las perspectivas interpretativas adoptadas. Aun cuando en
            algunas ocasiones puede soprender el exceso de referencias a veces no tan apropiadas, es
            indiscutible la enorme utilidad que tienen estas anotaciones para entender los muchos
            matices en que se desenvuelve la confluencia de otros autores en el sutil y continuo
            juego dialógico que Góngora propone en cada verso del <hi rend="i">Polifemo</hi> y de
            las <hi rend="i">Soledades</hi>.</p>
          <p>En verdad, es indudable que al elaborar sus obras mayores dentro de los estrechos
            límites de la tradición renacentista ciñe su libertad compositiva al logro de una poesía
            que tiene como sustancia esencial la misma creación poética y, por consiguiente, el
            único método válido para la exégesis interpretativa estará condicionado por la
            discriminación y búsqueda de fuentes. La peculiar modalidad compositiva aceptada y
            puesta en práctica por los humanistas, tras las huellas de Petrarca<note place="bottom"
              >Fernando Lázaro (1979: 95) señala que Petrarca había adoptado este principio de
              Séneca tal como lo atestigua la cita de una de las <hi rend="i">Epistolae
                familiares</hi> (I, 8).</note>, consistía en el procedimiento de la «imitación
            compuesta», puesto que el poeta no debía ceñirse a un único modelo, sino tratar de
            imitar a varios autores, a los que será necesario asimilar e incorporar al propio
            impulso creador. Además debe evitar ser identificado con alguno en particular, y así
            logrará obtener la mayor originalidad en los cauces de la tradición. De este modo,
            define Fernando Lázaro Carreter, el quehacer de estos intépretes:</p>
          <quote>Se trata de actuar con el mismo espíritu con que procedieron los humanistas en el
            comentario de los poetas. No puede caber duda de que en su esfuerzo por descubrir
            influencias, traducciones o adaptaciones había un componente de autocomplacencia:
            hallarlas en el escritor admirado representaba descubrirle un secreto, hombrearse con
            él, atraerse parte de su prestigio. Pero había también el noble intento de entender y de
              glorificar<note place="bottom">F. Lázaro Carreter (1979: 98-99).</note>.</quote>
          <p>Esta breve enumeración de las muchas posibilidades comprendidas en las
              <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Díaz de Rivas nos enfrenta con la necesidad,
            anteriormente formulada, de trazar para esta Introducción ciertas coordenadas básicas de
            análisis. La lectura pormenorizada de los textos y un exhaustivo análisis de sus
            contenidos nos llevó a agrupar el material en tres categorías, en correspondencia con
            tres de las fases de elaboración del discurso según la retórica clásica: 1) <hi rend="i"
              >inventio</hi>: búsqueda de los argumentos e ideas, temas, "lu­gares" (<hi rend="i"
              >topoi</hi> ‑ <hi rend="i">lo­ci</hi>); 2) <hi rend="i">dispositio</hi>: distribución
            y ordenación de las partes del discurso; 3) <hi rend="i">elocutio</hi>: elección y
            disposición de las palabras y frases.</p>
          <p>Al estar estas tres fases estrechamente vinculadas con la conformación de la creación
            literaria es comprensible, pues, que las explicaciones, comentarios y observaciones se
            encuentren también relacionados con ellas. Ahora bien, en la medida en que en nuestra
            distribución les asignamos un sentido aproximativo, conviene ante todo determinar los
            criterios adoptados al agrupar el material en cada uno de estos aspectos.</p>
          <p>Así es como en lo que corresponde a la <hi rend="i">inventio</hi> hemos considerado el
            voluminoso corpus de notas en las que nuestro comentarista señala los «lugares», tanto
            se trate de fragmentos como de versos o expresiones, que Góngora ha imitado de autores
            antiguos y modernos, o sea, todo aquello que constituye el caudal de temas y de textos
            reelaborados en cumplimiento de la doctrina de la imitación. Asimismo consideramos las
            notas explicativas sobre cuestiones relacionadas con los más diversos asuntos y temas
            tratados por el poeta (mitología, historia, geografía, ciencias naturales, conocimientos
            seudo‑científicos, etc.). La variedad es realmente asombrosa y abundante, en correlación
            por supuesto ‑como ya señalamos‑ con la diversidad de nociones incluidas en los
            poemas.</p>
          <p>En cuanto a la <hi rend="i">dispositio</hi>, las escasas pero interesantes
            observaciones hechas al respecto por Díaz de Rivas atañen por lo general a la
            distribución de la materia poética, a las distintas partes que constituyen cada obra, a
            las modificaciones y correspondencias con modelos anteriores puestas de manifiesto en el
            tratamiento de la fábula.</p>
          <p>Por último, el ámbito de la <hi rend="i">elocutio</hi> resulta ser también, tanto
            cualitativa como cuantitativamente, muy importante pues como puntualiza María Rosa Lida
            es notorio que el trabajo de los comentaristas «es un comentario analítico del estilo,
            ya que en el estilo radicaba la principal novedad de Góngora»<note place="bottom">«El
              hilo narrativo de las <hi rend="i">Soledades</hi>», en su <hi rend="i">La tradición
                clásica en España</hi> (1975: 241-251). La cita en p. 249.</note>. Así es como Díaz
            de Rivas dedica buena parte de sus <hi rend="i">Anotaciones</hi> a los constituyentes de
            esa lengua poética tan conscientemente elaborada en el plano léxico y en el sintácti­co,
            a las figuras retóricas más frecuentes, a la interpretación del significado de algunos
            sintagmas y pasajes difíciles, critica­dos por los muchos detractores que se opusieron a
            las audaces innova­ciones gongorinas.</p>
          <p>El criterio que hemos adoptado para mostrar los lineamientos de estos comentarios es
            obviamente selectivo, procurando elegir aquellas notas de mayor significación o que
            mejor representen las variadas modalidades interpretativas de Pedro Díaz de Rivas.
            Finalmente, es necesario aclarar que a veces una misma nota, en razón de sus diferentes
            contenidos, puede ser considerada en más de un aspecto de los incluidos en nuestra
            clasificación, pues toda división tajante y concluyente resulta imposible por atender en
            su comentario en forma conjunta a diversos niveles de la elaboración poética.</p>
          <div>
            <head>4.1. La <hi rend="i">inventio</hi> en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda
                Soledad</hi></head>
            <div>
              <head>4.1.1. Notas sobre la imitación de autores</head>
              <p>En cuanto al entramado específico de la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>, el
                manuscrito contiene 161 notas pero como de la 48 al v. 283<note place="bottom">Nota
                  48, OC264C.283, ff. 256v-257r.</note> pasa a la 50 al v. 284<note place="bottom"
                  >Nota 50, OC264C.284, f. 257r.</note>, en realidad contamos con 160 solamente. Es
                probable que el mismo intérprete o tal vez el copista se haya confundido al
                numerarlas por cuanto se trata de dos versos seguidos pero, aunque no cabe la
                posibilidad de que haya omitido una nota, hemos conservado la numeración tal como
                está en la copia. La muestra de las conexiones subyacentes entre versos de Góngora y
                aquéllos sobre los que fueron modelados, en este caso, se eleva a 60 notas en las
                que se señalan imitaciones.</p>
              <p>La evocación suele hacerla comúnmente Díaz de Rivas por medio de ciertas fórmulas
                codifi­cadas que con distintos matices de significación se reiteran de manera
                constante en las notas. El modo más habitual y directo consiste en afirmar
                abiertamente la imitación a través de las siguientes fórmulas: «Es imitación
                  de...»<note place="bottom">Notas 55, f. 258r; 58, f. 258v; 87, f. 265r.</note>;
                «…nuestro poeta imita en este lugar a…»<note place="bottom">Nota 18, OC264C.98, f.
                  255r.</note>. En otras ocasiones las fórmulas adquieren menos contundencia al
                emplear verbos como ‘aludir’ o ‘usar’ para matizar la relación directa de las
                imitaciones: «…aludiendo a dichos de elegantes poetas…»<note place="bottom">Nota 9,
                  OC264C.21, f. 249v.</note>; «Mucho alude a él lo que dice…»<note place="bottom"
                  >Nota 40, OC264C.220-221, f. 255v.</note>; «…aludió elegantemente a un
                  lugar…»<note place="bottom">Nota 53, OC264C.291-292, f. 157v.</note>; «Es
                pensamiento usado de muchos poetas…»<note place="bottom">Nota 98, OC264C.570, f.
                  267r.</note>. También suele establecer Díaz de Rivas la conexión de textos con
                sintagmas que indican semejanza o igualdad: «De la misma manera...»<note
                  place="bottom">Nota 134, OC264C.745-746, f. 276r.</note>; «Al mismo mo­do...»<note
                  place="bottom">Nota 128, OC264C.722, f. 274r.</note>; «...con la misma
                  frasi...»<note place="bottom">Nota 76, OC264C.415, f. 262r.</note>. Por último,
                resulta asimismo interesante destacar ciertas fórmulas restrictivas que muestran
                dudas acerca de la probable imitación: «Parece imita a...»<note place="bottom">Nota
                  142, OC264C.790, f. 277r.</note>; «Parece alude el poeta a...»<note place="bottom"
                  >Nota 137, OC264C.768, f. 276v.</note>; «Algunas señales de este pensamiento hay
                en los poetas…»<note place="bottom">Nota 102, OC264C.579, f. 268r.</note>.</p>
              <p>Con este diseño de variados matices y significación va perfilando Díaz de Rivas en
                sus <hi rend="i">Anotaciones</hi> la confrontación de modelos, la cita evocadora de
                versos de Virgilio y Claudiano o de Tasso, Marino y Chiabrera, las voces que se
                ocultan tras el uso de una palabra, los eslabones de las coincidentes cadenas
                temáticas, y todo para mayor gloria del poeta que es capaz de superar a aquellos en
                que se inspira.</p>
              <p>Para tratar las notas sobre la imitación de autores las ordenaremos en dos grupos:
                autores de la tradición clásica (griegos y romanos) y autores modernos (italianos,
                españoles y de otros orígenes). De todos modos, como vamos a ver, hay un buen número
                de casos de los que Antonio Vilanova denomina cadenas temáticas, en las que se
                enlazan en consecución de los <hi rend="i">topoi</hi>, autores de épocas distintas
                en la común reelaboración de materiales coincidentes, obtenidos de los grandes
                manuales poéticos y enciclopedias mitológicas del siglo XVI<note place="bottom"
                  >Antonio Vilanova (1957), vol. I, 34-37. Se refiere, por cierto, a obras como <hi
                    rend="i">Epithe­to­rum opus</hi> (1518) de Ravisio Textor y los <hi rend="i"
                    >Poetices libri septem</hi> (1561) de Julio César Escalígero, que incluyen
                  catálogos de temas, símiles, descripciones, alusiones mitológicas, registros de
                  voces acompañadas de sus epítetos clásicos, que permiten encontrar los modelos
                  probables que simultáneamente se proyectan sobre un texto.</note>.</p>
              <div>
                <head>4.1.1.1. Autores de la tradición clásica</head>
                <p>En esta aproximación a las múltiples menciones y citas de autores griegos y
                  latinos, que Díaz de Rivas va enlazando en sus <hi rend="i">Anotaciones a la
                    Segunda Soledad</hi>, nos limitaremos a trazar algunas constantes y frecuencias
                  de mayor significación para poder apreciar así las fuentes y los materiales sobre
                  los que ha trabajado.</p>
                <p>Una primera observación de importancia, lograda del análisis que realizamos, es
                  que el mayor caudal de referencias corresponde a los autores latinos, ya que la
                  proporción de los griegos es muy inferior. Además, cuando no son simplemente
                  nombrados sino que se citan versos o fragmentos de sus obras, estos aparecen en
                  versiones latinas y en muy rara ocasión en su lengua original. Por consiguiente,
                  la lectura de los escritores helénicos por parte de Díaz de Rivas proviene de las
                  traducciones de los humanistas y sus citas son obtenidas de segunda mano. El modo
                  de conseguirlas procedía seguramente de los repertorios y obras de consulta donde
                  se reunían los modelos, pero también –como veremos– nuestro comentarista se nutría
                  ampliamente de las ediciones anotadas de otros autores que utilizaba con
                  frecuencia.</p>
                <p>Esta circunstancia formaba parte del contexto cultural de la época
                  y Góngora no resulta ser una excepción, ya que el influjo ejercido sobre sus obras
                  por los grandes escritores de Grecia, de acuerdo con lo que se puede observar en
                  las <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Díaz de Rivas, es menor que el de los poetas
                  latinos. Desconociendo el grado de erudición de Góngora, debe tenerse en cuenta,
                  además, que es probable que dicho influjo proceda de las reelaboraciones de los
                  poetas latinos e italianos. De este modo, es evidente que las técnicas seguidas
                  por el comentado y el comentarista no son más que el fiel reflejo de una realidad,
                  en la medida en que la simple acumulación de antecedentes ilustres era evidencia
                  suficiente de erudición poética. No sorprende entonces que al comentar algún verso
                  de Góngora se sienta obligado Díaz de Rivas a recorrer, en ascendente línea
                  retrospectiva, el camino que lleva hasta los primitivos creadores de una metáfora
                  o de un tópico. Tal es el caso de la nota al verso <hi rend="i">en mármol
                    engastada siempre undoso</hi>, al tratar la metáfora mármol = mar, enlaza
                  ejemplos de Virgilio, Lucrecio, Catulo, Ennio, Silio Itálico para concluir con
                  esta aseveración: «los griegos usaron antes la misma locución»<note place="bottom"
                    >Nota 69, OC264C.368, f. 261r.</note>. En alguna ocasión, concreta las
                  referencias a los textos de los escritores griegos mencionados, solo que, como ya
                  dijimos, en traducciones latinas. Así puede observarse al analizar el sintagma «no
                  es sordo el mar»<note place="bottom">Nota 31, OC264C.172, f. 254r.</note>, que
                  propone entre los antecedentes a Homero y Eurípides con sus correspondientes
                    citas<note place="bottom">En la nota 31, f. 254r, la cita de Homero, en el
                    manuscrito, va precedida de caracteres ilegibles que intentan reproducir el
                    texto griego pero que resultan indescifrables. Hemos reconstruido el texto a
                    partir de la anotación de Herrera al v. 564 de la <hi rend="i">Égloga
                      segunda</hi> de Garcilaso de la Vega que Díaz de Rivas cita en la misma cadena
                    temática. En otros ejemplos, Eurípides está presente con citas en latín
                    extraídas de sus comentaristas: notas 22, OC264C.113, f. 251v y 82, OC264C.444,
                    f. 263v.</note>.</p>
                <p>Para concluir, y sin pretender hacer un exhaustivo inventario de los modelos
                  griegos, diremos que, al margen de los que acabamos de destacar por su
                  importancia, también se encuentran nombrados, entre otros: Apolonio de Rodas<note
                    place="bottom">Nota 22, OC264C.113, f.251v.</note>, Calímaco<note place="bottom"
                    >Nota 102, OC264C.579, f.268r.</note>, Nonno<note place="bottom">Nota 9,
                    OC264C.21, f.249v.</note>, Máximo Tirio<note place="bottom">Nota 22, OC264C.113,
                    f.251v.</note>, Arato<note place="bottom">Nota 60, OC264C.320, f.258v.</note>.
                  Como puede observarse, reina una diversidad notable de épocas y de géneros,
                  resultante sin duda de las técnicas de acumulación con las que opera nuestro
                  comentarista.</p>
                <p>De tal modo, creemos que en cuanto se refiere a los escritores griegos
                  considerados como posibles modelos imitados por Góngora en la <hi rend="i">Segunda
                    Soledad</hi>, el aporte que hace Díaz de Rivas al respecto es muy general y
                  carece de importancia para poder determinar el grado de influencia que pudieran
                  haber ejercido sobre la creación gongorina.</p>
                <p>El panorama se complica mucho más, en cambio, al abordar los autores latinos
                  porque su caudal es tan enorme como crucial su importancia, ya que ahora nos
                  enfrentamos con algunos de los paradigmas elegidos con fines de emulación
                  artística conscientemente buscada por Góngora. La primera sorpresa ante el
                  material surge de la notoria diferencia resultante de comparar el caudal de citas
                  y menciones de Virgilio con el resto de los autores. En efecto, la proporción es
                  por demás significativa, ya que sobre el total de las 160 notas de la <hi rend="i"
                    >Segunda Soledad</hi> aparece mencionado en 45 ocasiones. Debe tenerse en
                  cuenta, además, que en bastantes casos en una misma nota pueden darse varias citas
                  de distintas obras del poeta latino.</p>
                <p>Si bien es evidente que tan copioso corpus virgiliano puede ser el resultado de
                  una voluntaria imitación por parte del poeta español, no es menos cierto que los
                  importantes comentarios a los poemas de Virgilio constituían instrumentos
                  utilísimos para poner en práctica las técnicas interpretativas basadas, casi
                  exclusivamente, en la determinación de múltiples y sucesivas imitaciones, así como
                  en la exposición de una amplia gama de conocimientos para ilustrar la expresión
                  poética. Por consiguiente, pensamos que el enorme caudal crítico de erudición
                  acumulada de siglo en siglo es el factor determinante de la frecuencia con que
                  Díaz de Rivas recurre a lugares de Virgilio para relacionarlo con expresiones
                  gongorinas cuya conexión, al margen de las coincidencias que guarden entre sí, se
                  establece fundamentalmente a partir de herramientas prácticas de consulta del tipo
                  del <hi rend="i">Index Erythraei</hi><note place="bottom">El <hi rend="i">Índice
                      Eritreo</hi> contiene el vocabulario completo de las obras de Virgilio,
                    palabra por palabra, y fue confeccionado por el humanista veneciano Nicola Rossi
                    (conocido como Nicolaus Erythraeus), quien editó las obras del mantuano. Según
                    los catálogos consultados, se conservan ediciones fechadas entre 1539 y 1613.
                  </note>, tan útil para el acopio de casos en que una misma palabra aparece en
                  versos distintos, o para localizar cierto epíteto sorpresivo modificando algún
                  inesperado sustantivo<note place="bottom">Como ejemplo, véase la nota 2 al verso
                    OC264C.4 («y mucha sal no solo en poco vaso») en la cual DR ilustra el verso de
                    Góngora con tres pasajes de Virgilio extraidos de las cinco referencias
                    consignadas <hi rend="i">s.v. salis</hi> del <hi rend="i">Index Erythraei</hi>
                      (<hi rend="i">Georg</hi>., III, 397; <hi rend="i">Aen.</hi>, I, 39; III, 385;
                    V, 848; X, 214). </note>.</p>
                <p>Sobre la base de tales premisas y ante la importancia asignada a este gran poeta
                  de la latinidad, prestamos particular atención en nuestra investigación a los
                  escoliastas virgilianos que Díaz de Rivas nombra: el fundamental Servio, a quien
                  cita en los comentarios a la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi> en dos
                    oportunidades<note place="bottom">Notas 4, OC264C.10, f. 248v; 95, OC264C.558,
                    f. 266r.</note>, y el Padre Juan Luis de la Cerda, sacerdote toledano miembro de
                  la Compañía de Jesús nacido <hi rend="i">circa</hi> 1560 y muerto en 1643 y por lo
                  tanto contemporáneo de Góngora y de su anotador, al que nos remite también dos
                    veces<note place="bottom">Notas 4, OC264C.10, f. 248v; 132, OC264C728, f. 275r.
                  </note>. Este erudito profesor de teología, lógica, elocuencia y poesía es el
                  autor de ediciones, extensamente anotadas, de las <hi rend="i">Bucólicas</hi> y
                  las <hi rend="i">Geórgicas</hi> en un volumen publicado en 1608 y de la <hi
                    rend="i">Eneida</hi> en dos volúmenes, el primero de 1612 y el segundo de 1617
                  con valiosos índices en cada tomo, incluyendo en el último el ya mencionado <hi
                    rend="i">Index Erythraei</hi>, «<hi rend="i">ad faciliorem vocum
                    disquisitionem</hi>»<note place="bottom">Para la descripción bibliográfica del
                    tomo de las <hi rend="i">Bucólicas</hi> y <hi rend="i">Geórgicas</hi> que
                    corresponde a la 2ª ed., que es la que consultamos, véase supra. Los otros
                    volúmenes son los siguientes: P. Virgilii Maronis <hi rend="i">Priores sex libri
                      Aeneidos argumentis</hi>, Explicationibus notis illustrati, Auctore Ioanne
                    Ludouico de la Cerda..., Editio quae non ante lucem vidit. Cum indicibus
                    nece­ssariis. Lvgdvni, Sumptibus Horatii Cardon, M.DC.XII. <hi rend="i"
                      >Posteriores sex libri Aeneidos</hi> Argumentis, Explicationibus notis
                    illustrati, Auctore Ioanne Ludouico de la Cerda..., Editio que non ante lucem
                    vidit. Accessit ad ealtem [sic] Index Erythraei ad faciliorem vocum
                    disquisitionem. Lvgdv­ni, Sumptibus Horatii Cardon, M.DC.XVII.</note>.</p>
                <p>Ahora bien, el hecho de tratarse de libros tan cercanos a la génesis del trabajo
                  de Díaz de Rivas y de características tan similares, determinó nuestra consulta no
                  solo para comprobar las citas concretas que el comentarista hacía de de La Cerda,
                  sino que revisamos todas las notas en que aparecía citado Virgilio. La tarea fue
                  sumamente provechosa porque nos permitió comprobar que existe una estrecha
                  vinculación entre ambos, ya que Díaz de Rivas en muchas oportunidades extrae sus
                  notas de las explicaciones, ya sea en forma íntegra o fragmentada, con las que de
                  La Cerda ilustra los correspondientes lugares de Virgilio<note place="bottom"
                    >Véase M. Romanos (1986a). </note>.</p>
                <p>De este modo, resulta evidente que para determinar las relaciones existentes
                  entre Góngora y Virgilio, a la luz de las <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Díaz de
                  Rivas, hay que precisar previamente hasta qué punto la recreación de los textos es
                  válida como tal ya que es indudable que los grandes poemas gongorinos constituyen
                  el término más ambicioso de la pastoral española del Renacimiento, o si, por el
                  contrario, la aportación de sucesivas imitaciones está solo determinada por el
                  manejo de obras de consulta que facilitaban este procedimiento.</p>
                <p>Una muestra de esta técnica de consignar referencias la encontramos en la nota 33
                  en la que para explicar el sintagma «yace en el mar»<note place="bottom">Nota 33,
                    OC264C.190, f. 254v.</note>, es evidente que ha utilizado el <hi rend="i">Index
                    Erythraei</hi> pues aporta tres ejemplos en los que Virgilio utiliza el verbo
                    <hi rend="i">iacere</hi>: «Los latinos frecuentemente usan de este verbo para
                  significar el sitio de una isla llana y humilde. Virgilio, lib. 3 <hi rend="i"
                    >Eneida: Sicanio praetenta sinu iacet insula contra</hi><note place="bottom"><hi
                      rend="i">Eneida</hi>, lib. 3, v. 692.</note>. El mismo, allí: <hi rend="i"
                    >Tapsumque iacentem</hi>; <hi rend="i">iacet insula Ponto»</hi><note
                    place="bottom"><hi rend="i">Eneida</hi>, lib. 3, v. 689 el primer sintagma y v.
                    104 el segundo.</note>. Dentro de la significativa proporción de citas
                  virgilianas, encontramos notas en las que Díaz de Rivas establece una simple
                  relación de dependencia de los versos de Góngora con su prestigioso modelo. Así,
                  por ejemplo, en la nota 54 al comentar la metáfora «oro brillando vago» en
                  relación con el vuelo de la abeja<note place="bottom">Nota 54, OC264C.294, f.
                    258r.</note>, señala: «Porque la reina de las abejas tiene las alas doradas.
                  Virgilio, lib. 4, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, hablando de la misma: <hi rend="i"
                    >alter erit maculis auro squalentibus ardens</hi>»<note place="bottom"><hi
                      rend="i">Geórgicas</hi>, lib. 4, v. 91.</note>.</p>
                <p>Pero es aun más interesante, en cuanto a la valoración de la <hi rend="i"
                    >imitatio</hi>, la nota 53<note place="bottom">Nota 53, OC264C.291-292, ff.
                    257v-258r.</note>, donde explica el pasaje en el que Góngora describe el
                  enjambre de abejas que se encuentra en el hueco de un fresno, pues allí cita
                  nuestro intérprete un fragmento del canto I de la <hi rend="i">Eneida</hi> (vv.
                  427-430 y vv. 434-440) en el que Virgilio traza una comparación entre el
                  movimiento de los Tirios mientras construyen Cartago y la actividad de las abejas
                  en un enjambre. Al margen de la posible interrelación entre uno y otro poeta es
                  muy significativo el siguiente comentario: «Pero, el poeta aludió elegantemente a
                  un lugar del lib. 1 de la <hi rend="i">Eneida</hi> porque suele trocar las
                  comparaciones usadas por otros poetas. Ansí, habiendo Virgilio comparado la obra
                  de Dido en Cartago y el gobierno de su república, nuestro poeta, al contrario, la
                  república y la obra de las abejas compara a la de Dido»<note place="bottom">Ff.
                    257v-258r.</note>. Este modo compositivo de Góngora que consiste en reelaborar o
                  trocar el modelo aludido suele ser uno de los que nuestro intérprete pone más en
                  relieve en sus <hi rend="i">Anotaciones</hi>.</p>
                <p>Los frecuentados <hi rend="i">topoi</hi> de la bucólica, reelaborados por
                  Virgilio, junto con las sucesivas imitaciones que a lo largo del tiempo se van
                  dando en otros escritores, no podían estar ausentes a la hora de señalar nuestro
                  comentarista la tradición poética en la que Góngora está inmerso. Así, encontramos
                  en la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>, entre otros, el del canto amebeo de los
                  dos pescadores, Lícidas y Micón<note place="bottom">Nota 87, OC264C.518, f. 265r;
                    y 88, OC264C.522, f. 265r-f. 265v.</note>.</p>
                <p>Nuestra enumeración podría extenderse mucho más, pero creemos haber logrado
                  reseñar al menos las líneas en que se encauza la comparación. La huella de
                  Virgilio adquiere en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> de
                  Díaz de Rivas una notoriedad que no puede equipararse con la de ningún otro autor
                  de los muchos citados. Frente a la agigantada presencia virgiliana la posición
                  alcanzada por los otros autores latinos resulta mucho menos significativa, sobre
                  todo si nos atenemos específicamente a los límites de la <hi rend="i"
                    >imitatio</hi>. Quienes ocupan lugares destacados por la frecuencia de las citas
                  son: Claudiano (doce notas); Ovidio (doce notas); Séneca (ocho notas); Lucano
                  (siete notas); Catulo (seis notas); Horacio (cuatro notas). El panorama es por
                  cierto variado y resultaría imposible un análisis pormenorizado de cada uno en
                  particular que no nos llevaría, por otra parte, a resultados muy diversos ni
                  originales por lo cual nos referiremos tan solo a algunos casos de interés.</p>
                <p>Los modos de establecer las asociaciones son circunstanciales y, a veces, surgen
                  a partir de una palabra que evoca relaciones próximas pero que no necesariamente
                  resultan ser similares. Así es como Claudiano aparece como posible muestra de
                  imitación en dos notas a versos de Góngora en los que se menciona la púrpura de
                    Tiro<note place="bottom">Nota 95 al verso «ni del que enciende el mar tirio
                    veneno» (OC264.558, f. 266r); y nota 142 al verso «cuyo pie tiria púrpura
                    colora» (OC264C.790, f.277r). </note>. En la nota 95, la relación es bien
                  concreta pues dice: «Llámala tirio veneno imitando a Claudiano <hi rend="i">in
                    Epigramma de Phoenice: tyrio pinguntur crura veneno</hi>»<note place="bottom"
                    >Claudiano, <title>Carminum Minorum Corpusculum</title>, XXVII (XLIV): <hi
                      rend="i">Phoenix</hi>., v. 20</note>. En cuanto a la nota 142,
                  traza una relación atenuada: «Parece imita a Claudiano <hi rend="i">in Epigramma
                    de Phoenice</hi>, donde describiéndolo [al azor britano] dice:<hi rend="i">
                    tyrio pinguntur crura veneno</hi>».</p>
                <p>En relación con los modelos de autores, resulta significativo señalar la
                  referencia a las tragedias de Séneca cuya materia, a primera vista, podría
                  parecernos algo distante de las composiciones de nuestro poeta<note place="bottom"
                    >Sobre las relaciones entre Séneca y Díaz de Rivas, véase Melchora Romanos
                    (1990). Sobre la <hi rend="i">Medea</hi> de Séneca y Góngora, véase Mercedes
                    Blanco (2012).</note>. Nos encontramos aquí ante otro ejemplo valioso de las
                  evidentes muestras de la utilización, por parte de Díaz de Rivas, de los
                  comentarios a los autores clásicos para obtener material para los suyos propios.
                  En efecto, el hecho de que entre las autoridades a las que remite se destacara la
                  presencia del Padre Martín Antonio del Río, otro erudito jesuita, autor de una
                  importante colección publicada en 1593, en la que compila a los trágicos latinos,
                  nos llevó a consultar esta obra<note place="bottom">Martini Antonii del Rii ex
                    Societate Iesu. <hi rend="i">Sintagma Tragoediae Latinae</hi>. In tres partes
                    distinctum. Antverpiae, Ex officina Plantiniana, apud Viduam, et Ioannem
                    Moretum, M.D.XCIII. Parte Secunda L. Annaei Senecae Tragoediae novem. Parte
                    Tertia Commentarius novus in easdem, et indicibus totius syntagmatis. </note>.
                  Así es como hallamos que la <hi rend="i">Pars secunda</hi> contiene la edición de
                  las tragedias de Séneca anotadas, a las que agrega aun más amplios comentarios en
                  la <hi rend="i">Pars ultima</hi> y que estos le sirvieron a Díaz de Rivas para
                  organizar casi la mitad de las notas en que cita a este escritor.</p>
                <p>Una muestra se encuentra en la nota 62 en la que explica el significado de
                    ‘tirsos’<note place="bottom">Nota 62 al verso «tirsos eran del griego dios…»
                    (OC264C.329, f. 259v).</note>: «Tirso era un asta ceñida de hiedra, traíala
                  Baco. No hay cosa más repetida en los poetas, de ahí le llamaron <hi rend="i"
                    >thyrsigero</hi>. Séneca <hi rend="i">in Medea, actu</hi> 1: <hi rend="i"
                    >candida thyrsigeri proles generosa Lyaei</hi>. Palladio, <hi rend="i">De
                    insitionibus</hi>, lib. 12:<hi rend="i"> robora thyrsigero platani concordia
                    Baccho</hi>». En este caso, la cita de Palladius Rutilius la reproduce el Padre
                  del Río en una nota marginal de su comentario al v. 110 de <hi rend="i"
                    >Medea</hi><note place="bottom">Del Río, 1593: II, 9.</note>. De igual modo, se
                  detiene en otras ocasiones Díaz de Rivas a establecer las mutuas relaciones de los
                  distintos autores que confluyen en los <hi rend="i">topoi</hi> de larga tradición,
                  y así en la nota 70 ilustra la bienaventuranza de la vida del rústico pescador que
                  no debe alejarse nunca de su isla<note place="bottom">Nota 70, OC264C.370, f.
                    261r-261v.</note>, con una cita de Séneca, también de <hi rend="i">Medea</hi>,
                  de la que extrae las referencias a Claudiano, y al «antiguo escoliador de
                    Juvenal»<note place="bottom">Del Río, 1593: II, 15, la referencia a Claudiano y
                      <hi rend="i">Pars ultima</hi>, 40, la del «antiguo escoliador de
                    Juvenal».</note>, y además agrega a Marco Antonio Flaminio, Valerio Máximo y
                  Plinio.</p>
                <p>De este modo, se van conformando estas <hi rend="i">Anotaciones</hi> en la línea
                  de la imitación de los autores clásicos. Su autoridad y su prestigio dan a la
                  creación de Góngora distin­tas perspectivas, evocadas desde sus versos en los que
                  sus palabras cobran nuevas dimensiones. Porque nadie como él «ha sentido el
                  encanto de esa belleza representada en las voces de los poetas antiguos»<note
                    place="bottom">D. Alonso (1998: 764).</note>. La ayuda que presta Díaz de Rivas
                  para reencontrarlas es valiosa, en especial, desde nuestra posición de lectores
                  que han perdido el hábito de libar en las fuentes de la tradición grecolatina.</p>
              </div>
              <div>
                <head>4.1.1.2 Autores modernos</head>
                <p>El panorama que estas <hi rend="i">Anotaciones</hi> nos ofrecen acerca de los
                  escritores modernos, cuyo número es bastante menor, propone también interesantes
                  vinculaciones intertextuales, sobre todo por la contemporaneidad y por las
                  coincidencias temáticas o lingüísticas de algunos de ellos con Góngora. Por otra
                  parte, es indudable que la cultura de nuestro poeta se halla cimentada tanto
                  directamente en la tradición clásica como en las recreaciones de una misma
                  trayectoria evolutiva llevadas a cabo por los italianos y españoles que lo
                  preceden. <space rend="tab"> </space></p>
                <p>Entre los autores modernos son, sin duda alguna, los italianos quienes alcanzan
                  un lugar preponderante como modelos señalados por Díaz de Rivas, y resulta de
                  enorme interés comprobar cómo, desde los primeros comentarios, ciertas pre­sencias
                  cobran significativo relieve en evocaciones direc­tas o en juegos de relaciones e
                  interdependencias mu­tuos<note place="bottom">M. Romanos (1986b).</note>. Para el
                  caso particular de Góngora, ciertos nombres, cier­tas voces evocadas por su
                  comentarista, como ya veremos, nos conducen a un rico conjunto de probables
                  conexiones de las lecturas que le sirvieron de trama modeladora, en razón de que
                  el enorme caudal de la tradición iniciada por Petrarca llega hasta él consolidada
                  por el impulso transformador y revitali­zador de los poetas petrarquistas del
                  siglo XVI, tanto italia­nos como españoles.</p>
                <p>Así es como Torcuato Tasso, que alcanzó un enorme presti­gio ya entre sus
                  contemporáneos y cuya fama se proyectó en España no solo por su creación
                  fundamental, la <hi rend="i">Jerusalén liberada</hi>, sino también por su <hi
                    rend="i">Aminta</hi>, su lírica y su condi­ción de teorizador del poema heroico,
                  resulta ser uno de los escritores más citados, pues su nombre es propuesto en
                  trece notas como paradigma para ilustrar lugares de la <hi rend="i">Segunda
                    Soledad</hi>. No puede sorprendernos su mención modélica pues, si bien su
                  in­fluencia en los sonetos de la época juvenil de la producción gongorina es
                    notoria<note place="bottom">Sobre la imitación de Góngora de los seis sonetos de
                    Tasso que Salcedo Coronel señaló en sus comentarios, véase J. G. Fucilla (1953:
                    252-253).</note>, tam­bién parece eviden­­te –aunque menos estudiada– la
                  pervivencia de estructuras fónico‑semánticas tassescas entre las que se destacan
                  la bimembración del endecasílabo, los acusativos griegos, el traslado de versos o
                  el uso de ciertos vocablos caracterizadores de la lengua del poeta italia­no en
                  los grandes poemas<note place="bottom">Véase para aspectos de la influencia de
                    Tasso en Góngora: J. Arce (1973: 76-79); los sonetos de Tasso que Góngora imitó
                    son estudiados en p. 87-91; y Mercedes Blanco, <hi rend="i">Góngora heroico. Las
                      Soledades y la tradición épica</hi> (2012).</note>. <space rend="tab"
                  > </space></p>
                <p>Ahora bien, la manifiesta admiración por Torcuato Tasso se enlaza con una de las
                  tendencias características de la evolución general del pensamiento estético,
                  adoptadas por los hombres de letras en los últimos años del siglo XVI y primeros
                  del XVII, que postula una poesía esencialmente rica en ornamentos formales y sobre
                  todo en metáforas, aunque para lograrla se sacrifique muchas veces la claridad
                  expresiva. En Italia, fueron precisamente los partidarios de Tasso quienes
                  defendieron esta posición en la polémica en torno de la pree­minencia de la <hi
                    rend="i">Jerusalén</hi>, poema que restauraba la perfec­ción de la epopeya
                  antigua, frente a los admiradores del <hi rend="i">Orlando furioso</hi> que
                  preferían el arte más simple de Ariosto. Esta confrontación de criterios, que
                  entre los italianos alcanzó una enorme intensidad en el plano teórico, está
                  pre­sente también en muchas de las opiniones vertidas por defen­sores y opositores
                  de la «nueva poesía» de las <hi rend="i">Soledades</hi><note place="bottom">Véase
                    M. Chevalier (1966: 307).</note>. Por todo ello es que las conexiones que
                  establece Díaz de Rivas entre pasajes de Tasso y Góngora cobran enorme
                  importan­cia, porque nos acercan la visión coetánea de la influencia ejercida, a
                  la vez que nos abren la posibilidad de reconsiderar aspectos no explorados o
                  apenas esbozados por la crítica en relación con un estudio compara­tivo entre
                  ambos autores.</p>
                <p>En cuanto a las obras de Tasso que para nuestro comentarista constituyen el
                  caudal del que Góngora parece seleccionar y recrear mate­riales, en el caso de la
                    <hi rend="i">Segunda Soledad</hi> es importante destacar que si bien la <hi
                    rend="i">Jerusalén</hi> resul­ta ser comprensiblemente la más citada (cinco
                    notas)<note place="bottom">Notas 31, OC264C.172, f. 254r; 45, OC264C.247,
                    f.256r; 73, OC264C.379, f.262r; 75, OC264C.402, f. 262r; 110, OC264C.601,
                    f.270r. </note>, tam­bién se mencionan otras menos frecuentadas: el poema
                  didáctico <hi rend="i">Las siete jornadas del mundo creado</hi> (tres notas)<note
                    place="bottom">Compuesto en los años 1592‑1594 y publi­cado póstumo en 1607, en
                    fecha muy cercana a la elaboración del <hi rend="i">Polifemo</hi> y de la <hi
                      rend="i">Soledad Primera</hi>. Su título en italiano: <hi rend="i">Le sette
                      gior­nate del mondo creato</hi>, es citado por Díaz de Rivas como <hi rend="i"
                      >Divina settimana</hi>. Se trata de las notas 54, OC264C.294, f.256r; 67,
                    OC264C.354-355, f.260v; 148, OC264C.816-817, f. 278v.</note>; las <hi rend="i"
                    >Rimas</hi> (dos notas)<note place="bottom">Notas 60, OC264C.320, f.259; 66,
                    OC264C.350, f.260v.</note>; la fábula pastoril dramá­tica <hi rend="i"
                    >Aminta</hi> (una nota)<note place="bottom">Publicada en 1573. Nota 99,
                    OC264C.573, f.267v. Recuérdese que Juan de Jáuregui tradujo el <hi rend="i"
                      >Aminta</hi> en su estancia en Roma donde lo publicó en 1607.</note>. Por otra
                  parte, cabe señalar que tan solo en una ocasión la presencia del italiano es
                  considerada como único modelo anterior de un verso anotado, pues es más habitual
                  que nuestro comentarista se incline a mostrar líneas de dependencia entre
                  distintos auto­res y a desentrañar aspectos de la tarea combinatoria<note
                    place="bottom">Véase la nota 67 (OC264C.354-355, f. 260v), con una cita de la
                      <hi rend="i">Divina settimana</hi> a la que agrega un ejemplo de tercetos de
                    Góngora.</note>. Ese afán por poner en evidencia, con alarde de experimentado
                  erudito, el sustrato sobre el que se han cimentado las sucesivas elaboraciones de
                  una misma metáfora o de un mismo sintagma, se da en ocasiones a partir de las
                  fuentes latinas que se fusio­nan en la creación tassesca y que son retomadas
                  luego, según propone Díaz de Rivas, por nuestro autor.</p>
                <p>Los casos pueden constituirse con una única voz como en la nota 75 en la que para
                  el epíteto ‘voraz’, aplicado al océano, propone ejemplos de Tasso y de
                    Cicerón<note place="bottom">Nota 75 (OC264C.402, f. 262r) al sintagma «ese
                    voraz». </note>. Sin embargo, lo más común es la asociación encadenada de varios
                  autores como sucede en la nota 60 en la que ilustra la metáfora ‘arroyo = sierpe’
                  con citas de Lucano, Séneca y Tasso<note place="bottom">Nota 60, OC264C.320, f.
                    259r.</note>. Ahora bien, esta línea de enlace ascendente, que cuenta con
                  variados ejemplos, se reduce significativamen­te a autores modernos al tratar en
                  la nota 110 el tópico del <hi rend="i">carpe diem</hi>, presente en el canto
                  amebeo de Lícidas y Micón en la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>. Allí, Díaz de
                  Rivas nos remite a los «elegantísimos lugares de muchos poetas, que ilustraron con
                  varios matices estos pensamientos», reunidos por Fernando de Herrera en sus
                  comentarios al <hi rend="i">Soneto 23</hi> de Garcilaso de la Vega, pero justifica
                  su aporte personal de textos de Camoens, Tasso y Marino con estas palabras: «Yo
                  trairé algu­nos que suplan con su amenidad y delicias las espinas de mis
                    anotaciones»<note place="bottom">Nota 110, OC264C.601, ff. 269v-270v.</note>.
                  Una vez más la tarea de nuestro comentarista se centra en mostrar cómo son
                  recreadas formas expresivas y tópi­cos literarios heredados de una larga y fecunda
                  tradición cultural.</p>
                <p>No parece necesario seguir abundando en esta perspectiva en que se perfilan
                  progresivamente clásicos y modernos en cadenas temáticas, por cuanto no hallamos
                  variables más signi­ficativas que las que hemos elegido y en las que se atiende
                  fundamentalmente al magisterio que ejerció sobre Góngora la cuidadosamente
                  ornamentada lengua de Tasso<note place="bottom">Otros ejemplos pueden apreciarse
                    en la nota 31, OC264C.172, f. 254 y en la nota 66, OC264C.350, ff. 260-260v.
                  </note>. Es evidente que, en el curso de este período, la incli­nación manifestada
                  por los españoles hacia el prestigio de algunos escritores italianos conlleva en
                  sí la adaptación a sus propias necesidades expresivas de un código cuya autoridad
                  se vive y se siente como ejemplar<note place="bottom">En el caso de Tasso, esta
                    influencia, en los últimos años, ha cobrado mayor interés por parte de la
                    crítica, como puede verse en los trabajos de Mercedes Blanco (2012).</note>.</p>
                <p>Un problema fundamental al respecto nos plantea la figura de otro italiano cuyo
                  nombre se ha asociado constantemente con el de Góngora por tratarse del jefe de la
                  escuela poética barroca italiana: el Caballero Juan Bautista Marino. Desde el ya
                  clá­sico ensayo de Lucien‑Paul Thomas<note place="bottom">L.-P. Thomas
                    (1911).</note>, en el que no alcanza a decidir de forma conclusiva quién influye
                  en quién, la cuestión está aún sin resolver sobre todo porque pesan en gran medida
                  los plagios hechos por Marino de obras de Lope de Vega, aparte de otras deudas
                  impor­tantes con la literatura española, ya ampliamente analizados, entre otros
                  críticos, por Dámaso Alonso y Juan Manuel Ro­zas<note place="bottom">D. Alonso ha
                    reunido en su libro <hi rend="i">En torno a Lope: Marino, Cervantes, Benavente,
                      Góngora, los Cardenios</hi> (1972), los trabajos sobre Marino y Lope de Vega
                    que abarcan la primera parte con el título: «Marino deudor de Lope (y otras
                    deudas del poeta italiano)», p. 13-108. J. M. Rozas es autor de una puesta a
                    punto de esta cuestión en <hi rend="i">Sobre Marino y España</hi>
                  (1978).</note>. Este último aborda tanto la influen­cia de España en Marino como a
                  la vez la del italiano en los escrito­res españoles y, en el ensayo con el que
                  cierra el volumen<note place="bottom">Se titula «Para el cono­cimiento de Marino
                    en España en el siglo XVII», p. 107-127.</note>, reúne información acerca de lo
                  que los españo­les pensaron y dijeron de Marino, un autor extranjero que debió de
                  ser muy leído por ellos a partir de 1602. Se muestra sorprendido Rozas, porque en
                  comparación con Petrarca y Tasso «la fama de Marino en España en el siglo XVII,
                  fue menor», aunque añade que esto es necesario considerarlo como una afirmación
                  algo provi­sional en razón de que se carece de suficientes estudios que permitan
                  deslindar las probables influencias<note place="bottom">Rozas
                  (1978:109).</note>.</p>
                <p>Al respecto, creemos que nuestro estudio de las <hi rend="i">Anota­ciones</hi> de
                  Pedro Díaz de Rivas permite ampliar la perspec­tiva del papel que el Caballero
                  Marino desempeñó, al menos, en el campo en que se midieron opositores y defensores
                  de la «nueva poesía». En efecto, si bien la afirmación de Rozas acerca de que «no
                  lo citan ni una sola vez Pellicer, Vázquez Siruela y Pedro Díaz; una sola,
                  Jáuregui y no en texto relacionado con don Luis» es correcta, lo es tan solo en
                  parte, por cuanto debe ser decantada en lo que se refiere a Díaz de Rivas<note
                    place="bottom">Rozas (1978: 112). Aquí mismo, el autor señala que es Salcedo
                    Coronel quien más cita a Marino, dada la extensión de sus comentarios. Por otra
                    parte, Salazar Mardones (<hi rend="i">Ilustración y defensa de la Fábula de
                      Píramo y Tisbe</hi>, 1636) menciona a Marino en cinco oportunidades, siempre
                    en relación con el <hi rend="i">Idilio VIII</hi> de su libro <hi rend="i"
                      >Sampogna</hi> (1620), en donde desarrolla la historia de Píramo y
                    Tisbe.</note>, ya que nuestro comentarista no cita a Marino en sus <hi rend="i"
                    >Discursos apologéticos por el estilo del «Polifemo» y las «Sole­dades»</hi>,
                  como bien aclara este crítico en nota al pie de página, pero en cambio, sí lo hace
                  en las <hi rend="i">Anotaciones</hi> a esos mismos poemas. <space rend="tab"
                  > </space></p>
                <p>Por lo tanto, creemos que esta ampliación del horizonte de las relaciones
                  propuestas por lectores coetáneos puede considerarse un aporte valioso para la
                  línea crítica proyectada por Rozas en su libro, al sumarse esta voz a las de los
                  otros dos comentaristas por él señalados, que recurren también a Marino: el Abad
                  de Rute y Salcedo Coronel. Ahora bien, para trazar los alcances de las principales
                  notas en que Díaz de Rivas menciona a Marino como autoridad paradigmá­tica para la
                  creación gongorina, en primer término, se impone una delimitación de la posible
                  coincidencia cronológica entre las obras de ambos poetas para validar su
                  comparación. Es muy probable que Góngora haya conocido las composiciones de Marino
                  por las fechas de redacción de las <hi rend="i">Soledades</hi>, pues hemos
                  encontrado un dato interesante y es que todos los ejemplos seleccionados por
                  nuestro comentarista corres­ponden únicamente a poesías de la <hi rend="i">Parte
                    prima</hi> y <hi rend="i">Parte seconda</hi> de las <hi rend="i">Rime</hi>
                  publicadas en 1602 –fecha de la primera edición en Venecia– mientras que, en 1614
                  se agrega la <hi rend="i">Parte terza</hi> al volumen que contenía solo las dos,
                  que a partir de la edición de 1608 pasó a llamarse <hi rend="i">La lira</hi><note
                    place="bottom">En ninguna de sus citas o referencias mencio­na el título de la
                    obra, ni como <hi rend="i">Rime</hi> ni como <hi rend="i">La lira.</hi> En el
                    caso de ejemplos de la <hi rend="i">Parte prima</hi> traduce las distintas
                    divisiones en que se agrupan los sonetos y el uso del femenino, tanto en
                    italiano como en español, denota por supuesto la concordancia con <hi rend="i"
                      >Rimas: Boscarechas</hi> por <hi rend="i">Boscherecce, Marítimas</hi> por <hi
                      rend="i">Marittime, Lúgubres</hi> por <hi rend="i">Lugubri</hi>. En cambio,
                    las poesías de la <hi rend="i">Parte seconda</hi>, se nombran por su título en
                    traducciones más o menos adecuadas, por ejemplo: «en la Canción de la belleza
                    caduca» por «Bellezza caduca, Canzone X»; o a veces únicamente por el número:
                    «en la Canción 4». En fin, reina aquí el desorden habitual en lo que a
                    precisio­nes bibliográficas corresponde.</note>. Es más, este hecho constituye,
                  junto con otras constataciones de fechas de obras de autores coetáneos, por una
                  parte, un término <hi rend="i">ad quem</hi> en cuanto a la determinación de
                  posibles influencias y, por otra, una delimitación cronológica en la elaboración
                  de las tempranas <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Díaz de Rivas.</p>
                <p>En cuanto al grado de valoración que Díaz de Rivas le asigna a Marino, si bien no
                  alcanza la categoría que con franca admiración le atribuye a Torcuato Tasso<note
                    place="bottom">Considera Díaz de Rivas que «merece lugar entre los mejores
                    poetas», nota 86 de las <hi rend="i">Anotaciones y defensas a la Primera
                      Soledad</hi>, ms. 3706 B.N.E., f. 140r.</note>, sus ejemplos son traídos por
                  considerarlo uno de los «elegantísimos poetas italianos»<note place="bottom">Nota
                    111, OC264C.603-604, f.271r.</note>. Un dato interesante a considerar es la
                  frecuen­cia con que aparece su nombre en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda
                    Soledad</hi> pues se encuentra en diez notas lo que sitúa su posición casi al
                  mismo nivel que Tasso<note place="bottom">Notas 27, OC264C.163, f. 253r; 73,
                    OC264C.379, f.261v; 81, OC264C.443, f.263v; 84, OC264C.458, f. 264v; 89,
                    OC264C.528, f.265v; 96, OC264C.563, f. 266v; 110, OC264C.601, f.269v; 111,
                    OC264C.603-604, f.271r; 134, OC264C.745-746, f.276r. </note>.</p>
                <p>Dado que la manifiesta tendencia de nuestro comentarista es probar que Góngora se
                  inserta en una línea que cuenta con notables predecesores, son escasos los
                  ejemplos –tal como ya hemos visto en el tratamiento de otros autores– en los que
                  solo está presente Marino como modelo imitado. Así, en la nota 89 al sintagma «sus
                  flechas remos»<note place="bottom">Nota 89, OC264C.528, f. 265v.</note>, muestra
                  la procedencia de esa imagen del Amor siguiendo a los pescado­res en una barca:
                  «Semejante pensamiento al del Marino en sus <hi rend="i">Maríti­mas, sonetto A
                    due</hi>..., que haciendo al Amor marinero de la concha de Venus dice: <hi
                    rend="i">egli l’arco timon, remi gli strali</hi>». Por último, hay un ejemplo en
                  que el modo de aproximar los dos textos podría hacernos pensar que supone una
                  imitación de Marino hacia Góngora. Se trata de la nota 84 en la que con indecisión
                  acude a una fórmula restrictiva para decir­nos: «Algo alude a esta, la descripción
                  del Marino en las <hi rend="i">Maríti­mas</hi>»<note place="bottom">Nota 84,
                    OC264C.458, f. 264v.</note>. No creemos que pretenda insinuar Díaz de Rivas la
                  posibilidad de que sea el italiano el que sigue aquí a nuestro poeta, sino que se
                  trata de la visión, desde el texto anotado, hacia otros en los que busca
                  relaciones y le parece encontrarlas<note place="bottom">Expre­siones semejantes se
                    encuentran al referirse a Tasso, del que no puede estimarse que haya imitado a
                    Góngora: «Toca el Tasso algo del concepto de nuestro poeta...», nota 166 <hi
                      rend="i">Anotaciones y defensas a la Primera Soledad</hi>, ms. 3726 B.N.E.,
                    f.159r. </note>.</p>
                <p>Frente a estos casos de una sola voz que dialoga, Díaz de Rivas prefiere siempre
                  hacer oír otras voces en un amplio panorama irradiante para comprobar movimientos
                  pendulares de imitado a imitador. Así lo hace en la nota 96 en relación con
                    Virgilio<note place="bottom">Nota 96, OC264C.563,f. 266v.</note>, pero, también
                  sopesa otras posibi­lidades de interrelaciones, como sucede en el comentario al
                  sintagma «peña escamada»<note place="bottom">Nota 81, OC264C.443, ff.
                    263r-263v.</note>, cuando después de transcribir el ejemplo en el que Marino
                  «hablando de un pescado semejante» lo de­scribe como «un <hi rend="i">pargoletto
                    scoglio</hi> [...] <hi rend="i">e di scaglie rigido e nodo­so</hi>...», nos
                  retrotrae al pasado ascendiente: «Y aun al mismo propósito dijo antes Valerio
                  Flaco, [...]. Imitándole Sannazaro...». Mientras que en la nota 134 lo hará, con
                  la misma intención, en línea ascendente a partir del poeta italiano, que
                  refirién­dose a un perro en las <hi rend="i">Boscherecce</hi> dice: <hi rend="i"
                    >col piede i lampi, i fulmini col morso</hi>, se remontará después a Ovidio que
                  emplea el mismo sustantivo <hi rend="i">fulmen</hi> para un jabalí, y a Marcial en
                  ejemplo muy próximo el adjetivo <hi rend="i">fulmineus</hi><note place="bottom">Se
                    trata de una anotación a los sintagmas «relámpago su pluma / rayo su garra.»
                    (Nota 134, OC264C745‑746, f. 276r).</note>. Como ya hemos comentado, estas
                  constelaciones en torno a un lexema están probablemente armadas desde
                  vocabularios. Asimismo, como es habitual en este tipo de comentarios, se encuentra
                  Marino integrando las cadenas temáticas en que Díaz de Rivas revisa el tratamiento
                  de algunos tópicos, y en el caso de su enfoque especial del <hi rend="i">carpe
                    diem</hi> –ya antes comentado– a los textos de Camoens y Tasso, agrega la
                  recreación de Marino del que transcribe dos estancias de la <hi rend="i"
                    >Canzone</hi> X, <hi rend="i">Belleza caduca</hi>, de la <hi rend="i">Parte
                    seconda</hi><note place="bottom">Nota 110, OC264C.601, ff.
                  269v-270v.</note>.</p>
                <p>Las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> de este cercano conocedor
                  de la obra gongorina nos permiten establecer ciertas coincidencias entre Góngora y
                  Marino, probablemente condicionadas por la tan específica materia marítima, que
                  nos remiten a una configuración peculiar del instru­mento poético, dado que ambos
                  se hallan en el límite del agotamiento de las formas petrar­quistas. Deslindar lo
                  que puede haber de semejanzas conscien­temente buscadas, de lo que pueden ser
                  respuestas consonantes ante un mismo problema, es algo que escapa a nuestra tarea
                  actual.</p>
                <p>En cuanto al resto de los autores italianos que Díaz de Rivas va enlazando en sus
                  diversas correlaciones mutuas al organizar sus confrontaciones sobre la imitación,
                  dada la menor frecuencia con que aparecen citados –muy inferior a la de Tasso y
                  Marino– no nos detendremos a analizarlos<note place="bottom">Encontramos
                    mencionados más de una vez a Sannazaro y Chiabrera; y una sola vez aparecen
                    Castiglione, Aníbal Caro, Molza, Pontano, Bernardo Tasso y otros. </note>. La
                  plena autoridad asignada a la palabra de los escrito­res de Italia, su condición
                  de modelos en los que se encon­traban estímulos para la transferencia de formas y
                  conteni­dos, quedan ampliamente comprobadas en nuestro recorrido por las
                  principales notas a la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi> en las que Díaz de Rivas
                  procura mos­trar que, junto a los autores clásicos, los modernos ita­lianos
                  cultiva­ban la poesía del mejor modo al que podía aspirarse.</p>
                <p>Por contrapartida, el lugar de los autores españoles resulta tan reducido frente
                  a los italianos que muy poco es, a la luz de las <hi rend="i">Anota­ciones</hi> a
                  esta segunda parte de las <hi rend="i">Soledades</hi>, lo que parecería deberle
                  Góngora a sus compatrio­tas. De un modo muy reducido, encontramos la presencia de
                  Garcilaso de la Vega, creador indiscu­tible de la poesía petrarquista en España,
                  ya que tan solo en tres ocasiones lo rememora nuestro comentarista<note
                    place="bottom">Contrasta este número con la abundante recurrencia de
                    confrontaciones en las <hi rend="i">Anotaciones y defensas al«Polifemo» y a la
                      «Primera Soledad»</hi> donde la condición de autoridad y modelo de Garcilaso
                    cobra su mayor importancia en las polémicas notas de defensa de los usos
                    poéticos gongorinos más criticados.</note>. En la nota 31<note place="bottom"
                    >Nota 31, OC264C.172, f. 254r.</note>, nos remite a la <hi rend="i">Égloga
                    segunda</hi>: «y más sorda a mis quejas que el ruido / embravecido de la mar
                  insana» y –tal como señalamos en nuestra nota a la edición del texto de las <hi
                    rend="i">Anotaciones</hi>– es evidente que Díaz de Rivas reconstruye su
                  comentario utilizando los materiales que Herrera aporta en su ilustración a los
                  versos de Garcilaso<note place="bottom">Garcilaso de la Vega, <hi rend="i">Égloga
                      segunda</hi>, vv. 564-565.</note>. Esta práctica recurrente entre los
                  anotadores resulta tan habitual que ya no nos sorprende pues el reciclaje de
                  materiales es inconmensurable<note place="bottom">Véase a propósito de Fernando de
                    Herrera el trabajo de Bienvenido Morros (1997), «Las fuentes y su uso en las <hi
                      rend="i">Anotaciones a Garcilaso</hi>». </note>. Siempre sobre el mismo
                  mecanismo de reescrituras, la vigencia del poeta toledano se reitera en los <hi
                    rend="i">topoi</hi> pastoriles con polifónica ejecución. Así en la nota 87<note
                    place="bottom">Nota 87, OC264C.518, f. 265r.</note>, nos encontramos con la
                  reelaboración de Garcilaso de dos versos famosos de la <hi rend="i">Egloga
                    VII</hi> de Virgilio (<hi rend="i">ambo florentes aetatibus, Arcades ambo</hi> /
                    <hi rend="i">et cantare pares et respondere parati</hi>)<note place="bottom"
                    >Virgilio, <hi rend="i">Egloga</hi> 7, vv. 4-5; Garcilaso de la Vega, <hi
                      rend="i">Égloga III</hi>, v. 301: «mancebos de una edad de una
                  manera».</note>. Tampoco podía faltar, en las <hi rend="i">Anotaciones a la
                    Segunda Soledad</hi>, el reconocimiento al introductor, o al menos iniciador en
                  metro italiano, de uno de los tópicos de la poesía renacentista más frecuentados:
                  el del <hi rend="i">carpe diem</hi> para el que remite a las <hi rend="i"
                    >Anotaciones</hi> de Herrera al soneto 23 y agrega –como ya señalamos– otros
                    autores<note place="bottom">Nota 110, OC264.601,ff.269v‑270v.</note>. Es
                  evidente, pues, que Góngora conocía y admiraba la poesía de Garcilaso, ese autor
                  que ya en su siglo –como sucederá con don Luis– mereció ser comentado e imitado a
                  la par de los grandes escritores latinos y, asimismo, que para Díaz de Rivas su
                  carácter de modelo preva­lece siempre en sus juicios mediatizados por los comentos
                  de Herrera.</p>
                <p>En el juego de asociacio­nes que estamos describiendo, resulta ciertamente
                  inesperada la presencia del poeta aragonés Bartolomé Leonardo de Argensola,
                  coetáneo de Góngora pero de muy distante relación, pues, como fiel seguidor de la
                  tradi­ción clásica de los poetas del XVI, se mantuvo alejado del gongo­rismo, pues
                  cultivó una poesía de estilo natural y de expresión impecable y severa. En este
                  sentido, cabe señalar la opinión de José Manuel Blecua cuando destaca «su
                  fidelidad a una estética y a unos propósitos literarios que no abandonó jamás, sin
                  sentir las tentaciones culteranas o gongorinas de sus contemporáneos»<note
                    place="bottom">Blecua (1974: XXIII). </note>. Situación que se refleja en el
                  soneto que Lope de Vega le dirige en sus <hi rend="i">Rimas de Tomé de
                    Burguillos</hi><note place="bottom">Se trata del soneto que comienza «La nueva
                    juventud gramaticanda» y cuyos tercetos parecen invitar a Bartolomé Leonardo a
                    participar en el debate: «Vos, que los escribís limpios y tersos / en vuestra
                    docta y cándida poesía, / de toda peregrina voz diversos, / decid (si lo sabéis)
                    ¿qué valentía / puede tener, leyendo ajenos versos, / copiar de noche y murmurar
                    de día?» (vv. 9-14).</note>.</p>
                <p>En el caso concreto de las <hi rend="i">Anotaciones a la Soledad Segunda</hi>,
                  las conexiones establecidas no pasan de ser reminiscencias temáticas
                  reite­radamente repeti­das, como en la nota 27<note place="bottom">Nota 27,
                    OC264C.163, ff.252v‑2­53r.</note>, y en la nota 97 al sin­tagma «un Neptuno y
                  otro», alusión al Mediterráneo y al Atlántico, donde Díaz de Rivas considera que
                  «con la misma frasi dijo Argensola: “el gran comercio de los dos Neptunos”»<note
                    place="bottom">Nota 91, OC264C539, f. 265v. </note>. Convengamos que la
                  presencia circunstancial de Bartolomé Leonardo de Argensola no cumple una función
                  modélica por lo que, tal vez, se trate de una muestra del gusto personal de
                  nuestro comentarista<note place="bottom">En el caso de la <hi rend="i">Soledad
                      Segunda</hi>, los ejemplos corresponden a la <hi rend="i">Elegía a la muerte
                      de la Reina Doña Margarita, nuestra señora</hi>. Sin embargo, su dedicación al
                    estudio de la historia puede ser el motivo para que, en la <hi rend="i">Soledad
                      Primera</hi>, junto a textos poéticos, remita a la <hi rend="i">Conquista de
                      las Islas Malucas</hi>, obra seguramente leída por Góngora, como señala
                    Mercedes Blanco (2012).</note>.</p>
                <p>Este complejo juego de interrelaciones y dependencias de la tradición cultural,
                  en la que se sustenta Góngora, está preferentemente delineado en las <hi rend="i"
                    >Anota­ciones a la Segunda Soledad</hi> de Díaz de Rivas a través de sus
                  pormenorizadas conexiones que nos conducen de los antiguos a los modernos
                  italianos y nos alejan de las raíces castizas en lo que atañe a la <hi rend="i"
                    >inventio</hi> de sus poemas mayores. Continuemos, pues, con el análisis de las
                  notas de este ámbito en las que atiende a desentrañar el cúmulo de co­nocimientos
                  históricos, geográfi­cos, mitológicos, etc. que cons­tituyen el lastre de
                  erudición de la poesía culta barroca.</p>
              </div>
            </div>
            <div>
              <head>4.1.2. Notas explicativas sobre conocimientos diversos</head>
              <p>El género del comentario al que se adscribe Díaz de Rivas tiene como uno de sus
                objetivos exegéticos el esclarecimiento total del texto, pues, más allá de los
                aspectos gramaticales y retóricos, era necesario atender a todos los saberes que don
                Luis desplegaba en su renovada propuesta poética. Precisamente como «el peso muerto
                que gravita sobre las alas de Góngora, la parte sorda de su poesía» define A. Reyes
                la dificultad surgida de la notoria erudición pues­­ta de manifiesto en muchos
                pasajes de sus obras mayores, que hoy no se podrían entender de no mediar la
                anotación de los comen­taristas<note place="bottom">En «Necesidad de volver a los
                  comentaristas» de sus <hi rend="i">Cuestiones gongorinas</hi> (1958: 146-151). La
                  cita en p. 150.</note>. En efecto, nuestro autor aporta información y cita
                autoridades de los más variados campos del conocimiento humano, con la intención de
                ilustrar pasajes dificultosos de los poemas, probar la amplitud del saber de don
                Luis, o defenderlo cuando es acusado de cometer errores, a la vez que despliega el
                grado de sus propios conocimientos y el particu­lar deseo de decirnos cuánto
                sabe.</p>
              <p>En un lugar preponderante se sitúan las muchas referencias mitológicas desplegadas
                en la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>, ya que Góngora se en­cuentra inmerso en la
                tradición grecolatina que hace de las representaciones míticas un sistema de
                fórmulas arquetípi­cas a las que se reduce todo el cosmos. Por lo tanto, las
                alusiones mitológicas son una constante de su código que por la recurren­cia con que
                se dan permiten un importante despliegue de erudi­ción enciclopédica.</p>
              <p>Una interesante muestra de este procedimiento encontramos en la nota 136<note
                  place="bottom">Nota 136, OC264C.760‑761, ff.276r‑276v.</note>, en la que Díaz de
                Rivas se detiene a explicar la existencia de más de un Hércules: «El monte Calpe o
                las columnas de Hércules erigidas en Cádiz, llamadas egipcias porque las levantó
                Hércu­les el egipcio, no el griego, a quien la fama común las atri­buye». Para
                fundamentar esta afirmación reproduce la cita latina del texto de Filostrato, agrega
                otras autoridades (Pomponio Mela y Arnobio), y concluye con la mención de un
                historiador andaluz: «Esto mismo refiere Juan Bautista Suárez en las <hi rend="i"
                  >Antigüedades de Cádiz</hi>…», que es de donde ha tomado el texto que
                  transcribe<note place="bottom">Se trata de las <hi rend="i">Grandezas y
                    Antigüedades de la isla y ciudad de Cádiz</hi> por Juan Baptista Suárez de
                  Salazar, Cádiz, 1610. Esta historia de los dos Hércules que interesaba
                  especialmente a los historiadores andaluces la desarrolla Díaz de Rivas, con
                  aportes de otras autoridades, en sus <hi rend="i">Anotaciones al Polifemo</hi>,
                  ms. nº 3906, al verso: «las columnas Etón, que erigió el griego», OC255.339, ff.
                  126r–126v, porque –como veremos– necesita­ explicar lo que parece ser un error de
                  Góngora.</note>. Como vemos la preocupación por cuestiones de esta índole
                sobrepasa la disputa de eruditos y llega a cristalizar en versos de la <hi rend="i"
                  >Soledad Segunda</hi> donde Góngora concede al Hércules egipcio la creación de las
                columnas.</p>
              <p>Sin embargo, no son tan solo matizaciones interpretativas las que comenta Díaz de
                Rivas, sino que se pueden ir siguiendo, a través de sus lecturas, los distintos
                procedimientos usados por el poeta para –como señala Dámaso Alonso– «establecer este
                cordón umbilical entre un fenómeno y su simbolización grecolatina»<note
                  place="bottom">La utilización de la mitología fue estudiada por el eminente
                  gongorista en «Alusión y elusión en la poesía de Góngo­ra» (Alonso, 1978: 318-338,
                  la cita en p. 326).</note>. En primer lugar la comparación directa, a la que
                recurre habitualmente, como por ejemplo la que destaca nuestro comen­tarista en la
                  <hi rend="i">Sole­dad Segunda</hi> del viejo pescador y sus hijas con el dios
                marino Nereo y las bellísimas ninfas descendientes suyas. Es muy oportuno el modo en
                que acomoda «la historia de este dios a lo que dice el poeta, siguiendo la
                comparación», y así establece un contrapunto entre los vv. 210 a 214 transcriptos en
                notas marginales y los distintos aspectos de la fábula del dios<note place="bottom"
                  >Nota 37, OC264C.210-214, ff. 255r‑255v.</note>.</p>
              <p>El segundo procedimiento, la perífrasis mitológica propiamente dicha, la
                encontramos, por ejemplo, en la nota 151 donde dice: «Toca la historia de la ninfa
                Siringa, la cual, huyendo del dios Pan, junto al río Ladón fue convertida en caña de
                las lagunas»<note place="bottom">Nota 151, OC264C.831, f. 279r.</note>. Y en la nota
                103 explica: «Perífrasis es de Adonis, a quien mató Marte celoso de Venus, en forma
                de jabalí»<note place="bottom">Nota 103, OC264C.582-583, f. 268v.</note>. Otro de
                los procedimientos consis­te en mostrar la huella impresa sobre animales, plantas,
                etc., asociados al desarrollo de un mito, y así la nocturnidad del búho es evocada
                como resultado del castigo de Proserpina a Ascálafo por su delación infernal, en los
                versos: «Grave, de perezosas plumas globo, / que a luz lo condenó incierta la ira /
                del bello de la estigia deidad robo», para los que Díaz de Rivas señala:
                «Descripción del búho por la narración de su fábula»<note place="bottom">Nota 143,
                  OC264C.791-793, f. 272v.</note>. Podríamos seguir aportando ejemplos del lugar
                asig­nado a la mitología en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi>
                pero creemos que la muestra es válida.</p>
              <p>Otra de las materias de mayor relevancia que se destaca en esta composición poética
                es, sin duda, la que atañe a las ciencias naturales pues encontramos abundantes
                referencias a seres del mundo vegetal y animal. Así, por ejemplo, es muy importante
                la posición de privilegio que ocupan las abejas y la miel, pues reúne nuestro
                comentarista una importante secuencia de notas destinadas a desarrollar las imágenes
                poéticas del fragmento comprendido entre los versos 283-301. Cobra aquí mayor fuerza
                la presencia de las abejas y de su reina comparada con la reina de las amazonas y
                con Dido, pero que gobierna «ejér­cito más casto y más bella república»<note
                  place="bottom">OC264C.291-292.</note>. Díaz de Rivas le dedica las notas 48 y 50
                al fresno en cuyo hueco labraban la miel<note place="bottom">Notas 48, OC264C.283, y
                  50, OC264C.284, ff. 256v‑257r.</note>; las 51, 52 y 53 a la comparación de la
                abeja reina ya aludida<note place="bottom">Notas 51, OC264C.289, 52, OC264C.291 y
                  53, OC264C.291-292, ff. 257r‑258r.</note>; las 54 y 55 a su vuelo y a lo que
                  liba<note place="bottom">Notas 54, OC264C.294 y 55, OC264C.295, ff.
                  258r‑258v</note>; y por último las notas 56 y 57 a los enjambres que eran como
                colo­nias de la del fresno<note place="bottom">Notas 56, OC264C.298 y 57,
                  OC264C.301, f. 258v</note>. En total nueve notas para diecinueve versos. Los
                autores más citados son Virgilio y Plinio junto a otros nombres entre los cuales se
                encuentran Claudiano, Pla­tón, Dión Crisóstomo, Tasso y Eliano. La belleza de la
                materia tratada por el poeta encuentra eco propicio en la interpreta­ción de su
                comentarista que no deja de destacar la importancia asignada al tema.</p>
              <p>Las aves configuran también una gran potencialidad poética, cuya presencia en los
                poemas gongo­rinos alcanza diversas dimensiones, pero lo que Díaz de Rivas destacará
                en sus <hi rend="i">Anotaciones</hi>, con especial interés, es la significación del
                fragmento que denomina «discurso de la cetrería» hacia el final de la <hi rend="i"
                  >Sole­dad Segunda</hi>, sobre todo «por ser argumento que hasta hoy ningún poeta
                de ninguna lengua ha tocado»<note place="bottom">Nota 133, OC264C.745, f.
                  275v.</note>. Por eso necesita aclarar que los antiguos no conocieron las
                diferencias y calidades de estas aves que el poeta va a describir, y que, en cambio,
                los modernos han investigado sobre las distintas especies y les han dado nombres,
                «como notó nuestro Antonio de Lebrija, <hi rend="i">in prologo ad
                Dictionarium</hi>». Esa nota y la siguiente<note place="bottom">Nota 134,
                  OC264C.745-746, f. 276r.</note>, se relacio­nan con la presencia del neblí; y
                asimismo encontramos que, con­tinuando con las descripciones precisas y rápidas de
                las aves que llevan los cazadores, anotará aspectos de la del aleto<note
                  place="bottom">Nota 139, OC264C.778, f. 276v</note>, de la del azor britano<note
                  place="bottom">Notas 141, OC264C.786-788 y 142, OC264C.790, f. 277r.</note>, y de
                la del búho<note place="bottom">Nota 143, OC264C.791, f. 277v.</note>.</p>
              <p>Después de esto el poema ofrece una secuencia de escenas de caza de altane­ría que
                se ven también reflejadas en comentarios como la del doral que es atrapado por un
                  baharí<note place="bottom">Notas 152, OC264C.836, f. 279v y 154, OC264C.874, f.
                  280r.</note>; la de la cuerva o corneja que, con «siniestra voz», convoca a una
                bandada de cuervas para atacar a un búho<note place="bottom">Notas 155, OC264C.883,
                  y 156, OC264C.907, f. 280r.</note>; y finalmente el fragmento en el que un
                gerifa­lte y un sacre arrinconan y matan a una de las cuervas<note place="bottom"
                  >Notas 157, OC264C.909, f. 280r y 158, OC264C.915; 159, OC264C.919 y 160,
                  OC264C.923. f. 280v.</note>. Hay, pues, una notable intención en Díaz de Rivas de
                poner en evidencia la originalidad del tratamiento de este tema por parte de Góngora
                y de mostrar sus hallazgos en la creación de cuadros de belleza formal y
                  pictórica<note place="bottom">Véase Mercedes Blanco (2014). </note>.</p>
              <p>Por la misma razón, el mundo marítimo en que se desarro­lla la acción de la <hi
                  rend="i">Soledad Segunda</hi>, que el poeta ha configu­rado en el límite entre la
                tierra y el agua, supone también la representación de los seres que viven allí y la
                necesa­ria puntualización que esclarezca las alusiones. Cuando al comienzo del poema
                describe la faena de la pesca que desde una barca realizan dos jóvenes y habla del
                «lascivo ostión», el comentarista precisa que las ostras son «un incentivo de la
                lujuria como dice el poeta», y agrega las autoridades que forta­lecen la elección
                del epíteto<note place="bottom">Nota 16, OC264C.83, f. 250v. En buena muestra de
                  erudición, las autoridades que aporta son: Paulo Giovio, al que Díaz de Rivas
                  llama Iovio por la versión latina de su apellido, <hi rend="i">De romanis piscibus
                    libe­llus</hi> (Basilea, 1561) y Bartolommeo Sacchi llamado «Il Platina», <hi
                    rend="i">De honesta voluptate et valetudine</hi> (Paris, 1530), cuyo Liber X,
                    <hi rend="i">De coquendis piscibus</hi>, es el que cita nuestro comentarista.
                </note>. Lo mismo ocurre con el con­grio, «un pez muy lúbri­­co», según Plinio<note
                  place="bottom">Nota 17, OC264C.93, f. 250v.</note>. En cambio, al nombrar al
                salmón y al robalo remitirá, en el primer caso, a la probable imitación de un lugar
                de Marcial<note place="bottom">Nota 18, OC264C.98, f. 250v-251r.</note> y, en el
                segundo, recurre al mismo poeta como una autoridad informa­tiva junto con Juvenal,
                Horacio y Persio<note place="bottom">Nota 19, OC264C.100, f. 251r.</note>.</p>
              <p>La secuencia en que el peregrino comparte, con el viejo pescador y su familia, la
                estancia en la isla es cauce para la descripción de las proezas entre náuticas y
                venatorias de las dos hijas del anciano. Este se erige en narrador para contar
                primero la abundancia de peces que obtienen sus hijos, un verdadero «vulgo nadante»
                sin nombre que merece la atención de Díaz de Rivas<note place="bottom">Notas 76,
                  OC264C.415 y 77, OC264C.415-416, ff. 262‑262v.</note>. Luego se centrará en la
                escena en que una de las hijas, Filó­doces, caza una foca<note place="bottom">Notas
                  78, OC264C.425 y 79, OC264C.428, ff. 262v‑263r; nota 81, OC264C443,
                f.263v.</note>; y pasa después a comentar aspectos de la hazaña de la otra hija,
                Éfire, que en arrojada acción mata a un monstruo marino<note place="bottom">Notas
                  84, OC264C.458 y 85, OC264C.461, f.264 v; nota 86, OC264C.473, f.265r.</note>.</p>
              <p>Al mar pertenece también el coral que le produce dificul­tades a Díaz de Rivas al
                comentar los versos de la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>: «las siempre desiguales
                / blancas primero ramas, después rojas», porque si bien insiste en que según la
                opinión de Plinio la fruta del coral «en el agua es blanca y tierna, y sacada de
                ella se torna dura y roja», reconoce que «comúnmente refutan a Plinio, negando casi
                todos los modernos que el coral produzga fruta [...] y juntamente dicen que hay tres
                especies de coral: blanco, rojo y negro pero ninguno afirma que las blancas se
                tornen después rojas, como dice nuestro poeta»<note place="bottom">Nota 106,
                  OC264C.591‑592, ff. 268v‑269r. </note>. Sin embargo, su afán de justificarlo lo
                lleva a encon­trar dos autoridades que consolidan su opinión: San Isidoro de Sevilla
                y Bercoreo<note place="bottom">Mencionamos al erudito francés Pierre Bersuire
                  (Petrus Berchorius), con el nombre hispanizado tal como aparece en las <hi
                    rend="i">Anotaciones</hi>.</note>. Siempre la actitud defensiva con la que
                aborda sus <hi rend="i">Anotaciones</hi> prevalece aun frente a aquello que reconoce
                como una afirmación poco sos­teni­ble.</p>
              <p>Veamos ahora otro aspecto de ese abrumador enciclopedismo que tanto pesa en los
                poemas de Góngora y que tanto nos fatiga en las páginas de sus intérpretes que
                tienden aun más a su ampli­ficación. Muchas noticias fantasiosas del mundo antiguo
                se reen­cuentran aludidas en los versos del <hi rend="i">Polifemo</hi> y las <hi
                  rend="i">Soleda­des</hi> que recogen cuantas fueron, sin duda, historias
                legendarias transmitidas en múltiples representaciones literarias o visuales. Un
                caso significativo es el de la fábula que en la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>
                nuestro comentarista despliega, con el apoyo de otros eruditos andaluces por él
                aducidos, para ilustrar un núcleo de versos en los que don Luis poetiza la creencia
                de que las yeguas del Guadalete eran fecundadas por el viento y así parían caballos
                muy veloces. A este pasaje le dedica cuatro notas y un considerable número de
                autoridades antiguas y modernas<note place="bottom">Se trata de las notas
                  siguientes: 129, OC264C.724-725, ff.274r-274v; 130, OC264C.726-727, f. 274v; 131,
                  OC264C.726, f. 275r; 132, OC264C.728, f.275r-275v. </note>. Comienza diciendo:
                «Fingieron los poetas, para significar la velocidad de algu­nos caballos, que sus
                madres por el verano, encen­didas de amor, abriendo las bocas recibían el viento
                Céfiro, y ansí, parían caballos velocísimos»<note place="bottom">Nota 129,
                  OC264C.724-725, f. 274r.-274v.</note>. Se apresura a corregir la opinión de Varrón
                que atribuye tal condición a las yeguas de Portugal para asumir una defensiva
                actitud localista aportando la opinión de Francisco Fernández de Córdoba y de su
                «amigo y doctísimo varón» don Tomás Tamayo de Vargas, que sostienen que son los
                caballos andaluces los más veloces de España por lo cual Góngora con mucha razón
                ads­cribe esta fábula a las yeguas del Guadalete, cuyo pasto era «florida ambrosía»
                con la que se alimentaban<note place="bottom">Nota 132, OC264C.728, f.
                  275r-275v.</note>. Y aun agrega que las riberas de este ameno río «son tan
                deleitosas y fe­races que fingieron los antiguos que eran los campos Elísios», como
                prueba su tío y maestro Martín de Roa, sin olvidar reproducir también lo que el
                Padre La Cerda dice en ala­banza de Andalu­cía<note place="bottom">La obra del tío
                  de Díaz de Rivas, el Padre Martín de Roa, se titula <hi rend="i">Discurso del
                    nombre, antigüedad, sitio de Xerez de la Frontera, valor de sus ciudadanos</hi>,
                  Sevilla, Alonso Rodríguez Gamarra, 1617. Obsérvese la proximidad cronológica de
                  estas obras. El elogio de Andalucía del P. La Cerda en su <hi rend="i"
                    >Aeneid.</hi>, lib. VI, v. 639, ed. cit., p. 716.</note>. La his­toria envuelta
                en tintes pa­trios no deja de ser una muestra más de esas ideas fabulosas que,
                provenientes de la antigüedad, se configuran en tradiciones locales y, aunque
                falsas, tienen la impronta de una ficción de poética belleza.</p>
              <p>En el curso de nuestra aproximación a los muchos temas presentes en estas <hi
                  rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> hemos podido comprobar cómo Díaz de
                Rivas se muestra interesado no solo en esclare­cer pasajes dificultosos, sino en
                demostrar que su saber no ado­lece de fallas, porque el mundo recreado de seres
                míticos y fabulosos, de lugares, plantas o animales próximos o leja­nos es un mundo
                de libros de cuyas páginas, más que de la expe­riencia real, surgen con entidad
                propia e inmutable. Lo enci­clopédico pasa de la elaboración poética de sus temas a
                la reelaboración autorizada con nombres de prestigio, que sus­tentan el derecho a
                ser materia poetizable. Tal es la esencia de esta barroca cosmovisión de la
                literatura.</p>
              <p>Dejamos ahora esta extensa fase de la <hi rend="i">inventio</hi>, tan ampliamente
                desarrollada, para iniciar la correspondiente a la <hi rend="i">dispositio</hi>, o
                sea a las observaciones atinentes a la distribución y ordenación de las partes del
                discurso, de menor importancia y de relativo significado.</p>
            </div>
          </div>
          <div>
            <head>4.2. La <hi rend="i">dispositio</hi> en las <hi rend="i">Anotaciones</hi> a la <hi
                rend="i">Segunda Soledad</hi></head>
            <p>Este campo de la elaboración del discurso no cuenta con aportes muy significativos
              acerca de la disposición de la materia poética, de la estruc­tura y componentes de la
                <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>, o sobre el trata­miento de la fábula en función
              de las modificaciones y corres­pondencias con modelos anteriores. La razón fundamental
              de esto se halla en que el empeño teórico y defensivo de las innovaciones de Góngora
              se desarrolla con mayor despliegue crítico en los comentarios al <hi rend="i"
                >Polifemo</hi> y a la <hi rend="i">Primera Soledad</hi> como veremos
              oportunamente.</p>
            <p>Entre los variados elementos del contenido de las <hi rend="i">Soleda­des</hi> se
              destacan las partes descriptivas y algunas enumeraciones. Entre las primeras no olvida
              Díaz de Rivas señalar en el comienzo de la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi> la
              descrip­ción de la ría, ponderando la elaboración poética del fragmen­to:
              «Convenientísimo principio es una descripción para entrar en la narración de cualquier
              obra poética y ansí por ella comen­zaron gravísimos escritores. El nuestro describe
              aquí un arroyo que entraba en el mar, desatan­do el de su fecundi­dad, elegancia y
              erudición en pin­tarlo…»<note place="bottom">Nota 1, OC264C.1, f. 248r.</note>.</p>
            <p>De igual modo pone de relieve: la «elegante descripción del albergue de los
              pescadores que estaba en una isla»<note place="bottom">Nota 20, OC264C.108, f.
                251r.</note>; la de la «casa de campo, donde estaba un prín­cipe para su recreación
              y para el uso de la caza y cetrería»<note place="bottom">Nota 127, OC264C.695, f.
                273v.</note>; la que se demora en retratar a este príncipe «llena de erudi­ción y
                elegancia»<note place="bottom">Nota 145, OC264C.809, f. 277v y nota 146,
                OC264C.811-812, f. 278r.</note>. Entre las enumera­ciones recuérdese la preferencia
              y puntualización que hace de la elaboración del discurso sobre la descripción de las
              aves de cetrería ya comentado: «En este discurso de la cetrería se sobrepuja nuestro
              poeta a sí mismo, ansí por ser sobre manera elegante como por ser argumento que hasta
              hoy ningún poeta de ninguna lengua ha tocado»<note place="bottom">Nota 133,
                OC264C.745, f. 275v.</note>.</p>
            <p>Tampoco puede pasar inadvertido por
              parte de nuestro comentarista el canto o «métrico llanto» del peregrino al que dedica
              una serie de notas en las que pondera la creación de Góngora, pues, como bien señala:
              «Esta canción es muy elegante, dulce y afectuosa. Habla el peregrino, al principio, de
              sus lágrimas y de sus quejas haciendo un elegante trueco de ambos dándole al uno las
              propiedades del otro…»<note place="bottom">Nota 23, OC264C.116, f. 252r. Además dedica
                Díaz de Rivas a este canto las notas: 24, OC264C.120, f. 252r; 25, OC264C.128, f.
                252v; 26, OC264C.142, f. 252v; 27, OC264C.163, ff. 252v-253r; 28, OC264C.168, ff.
                253r-253v; 29, OC264C.169, f. 253v; 30, OC264C.169, f. 254r. </note>. En las glosas
              que va desarrollando verso a verso, se puede apreciar el reconocimiento del valor
              lírico de esta pieza del género piscatorio que ha merecido elogios y estudios por
              parte de la crítica<note place="bottom">Un valioso e ineludible estudio es el de
                Joaquín Roses, «4. Pasos, voces y oídos: el peregrino y el mar en las <hi rend="i"
                  >Soledades</hi> (II, vv. 112-189)», en su <hi rend="i">Góngora: «Soledades»
                  habitadas</hi>, (2007: 79-95). </note>.</p>
            <p>Una advertencia a posibles críticas de los detractores de Góngora acerca de la <hi
                rend="i">dispositio</hi> se plantea al comentar la escena en que el viejo pescador
              cuenta las hazañas de pesca de sus hijas, Éfire y Filódoces. Se lanza a argumentar
              contra críticas probables por cuanto: «Parece peca el poeta contra los preceptos del
              arte, introdu­ciendo a estas pescadoras, que tiran dardos va­lientes, hieren peces
              fieros, los cuales parecen actos de ánimo viril y robus­to, por lo cual dijo
              Aris­tóteles que el poeta ha de pintar flacas a las mujeres». Satisface esta duda
              recordando que muchas veces la natura­leza o el uso muda su flaqueza y así «estas
              doncellas nacidas en la ribera del mar y ejercitadas en la pesquería de la fisga desde
              sus tiernos años, qué mucho, crecidas en edad, matasen pescados grandes». Pero, para
              fortalecer su intento, va a recurrir al con­cepto de originalidad, pues, concluye
              aduciendo que «como el fin del poeta sea admirar y deleitar con la novedad, muchos,
              contra el uso común, introdujeron en sus obras fuertes muje­res y valientes»<note
                place="bottom">Nota 83, OC264C.445, f.263v-264v.</note>. La confrontación entre
              tradición y originalidad, como vemos, no está ausente de estas <hi rend="i"
                >Anotaciones</hi>, y no podía estar­lo siendo el eje mismo de la contienda
              antigongorina.</p>
            <p>Como puede observarse, no son muy numerosas las notas que Díaz de Rivas les dedica a
              los problemas composi­tivos de la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>. Sin embargo, a
              través de ellas, puede percibirse que, junto al incondicional afán de justificar
              siempre la creación del poeta al que tanto admira, se descubre una actitud atenta a
              valorizar sus mayores logros y a destacar los detalles que despiertan su admiración.
              Su lectura está hecha con afán de reivindicación, pero, su deslum­bramiento es sincero
              como también lo es el querer mostrarnos sus causas.</p>
          </div>
          <div>
            <head>4.3. La <hi rend="i">elocutio</hi> en las <hi rend="i">Anotaciones</hi> a la <hi
                rend="i">Segunda Soledad</hi></head>
            <p>Para concluir con el análisis de las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda
                Soledad</hi> de Díaz de Rivas vamos a adentrarnos en el ámbito de la <hi rend="i"
                >elocutio</hi> con un significativo núcleo de notas, tanto cualitativa como
                cuantitativamente<note place="bottom">Véase M. Romanos (1987).</note>.</p>
            <p>Nuestra selección procurará acercarnos a las facetas más significativas que ilustren
              los criterios seguidos por Díaz de Rivas al intentar su personal y tan cercana
              inter­pretación de un complejo y dificil código poético. El material ha sido
              organizado, según su contenido, a partir de las notas sobre léxico, luego se tratará
              sobre las destina­das a esclare­cer el significado de sintagmas, versos o fragmentos,
              y finalmente las que dedica a distintos recursos estilísticos y figuras retóricas<note
                place="bottom">A diferencia de los otros comentarios de nuestro autor, no hallamos
                en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> notas sobre la sintaxis
                gongorina ni tampoco sobre métrica.</note>.</p>
            <div>
              <head>4.3.1. Notas sobre el léxico gongorino</head>
              <p>Una de las cuestiones más debatidas desde el momento mismo de la aparición de las
                  <hi rend="i">Soledades</hi>, fue el léxico, intensificadoramente cultista. Sobre
                él se centraron los ataques más violen­tos desde Jáuregui pasando por Lope de Vega
                hasta Quevedo, por solo nombrar a los más famosos contendientes. Y si bien las <hi
                  rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> no participan activamente de la
                polémica, encontramos la impronta defensiva de otros documentos, ya que en los
                comentarios se privilegian las zonas del léxico gongorino netamente latinizantes,
                que confirman la esencial condición de clave estilística dentro de su sis­tema
                poético. Así tienen lugar destacado los cultismos de acep­ción. Ejemplo de esto es
                la nota 33<note place="bottom">Nota 33, OC264C.190, f. 254v.</note>, en la que
                ‘yace’ aparece como el verbo que los latinos utilizan para significar el sitio de
                una isla llana, documentado en Virgilio; o la nota 88<note place="bottom">Nota 88,
                  OC264C.522, ff. 264v‑265r.</note>, donde la significación de ‘alternantes’ estará
                mediatizada por lugares de Virgilio y otros poetas.</p>
              <p>M. Molho, en un sugestivo trabajo sobre el cultismo, lo define como un fenómeno de
                filiación genética<note place="bottom">Maurice Molho, «Apuntes para una teoría del
                  cultis­mo» (1985: 479): «la solidaridad relacional existente entre una voz de un
                  idioma y otras voces del mismo idioma o, limitativamen­te, de otro idioma que se
                  representa como la base genética del primero. El étimo será, pues, la voz raíz de
                  otra voz: el substrato físico y mental del significante vivo».</note>. De esta
                concepción del cultismo, llegamos en Díaz de Rivas a casos extremos en los que para
                explicar el uso de voces de evolución tradicional recurre a sinonimias latinas o
                etimolo­gías greco‑latinas.</p>
              <p>Muy curiosa resulta la remisión etimológica que siente como necesaria para ilustrar
                la palabra ‘ostión’, que según Corominas todavía se usa en Andalucía y muchos países
                ameri­canos, derivada de la propiamente castellana <hi rend="i">ostia</hi><note
                  place="bottom">Joan Corominas-José A. Pascual, <hi rend="i">Diccionario crítico
                    etimológico castellano e hispánico</hi> (1981), vol. IV, s. v. <hi rend="i"
                    >ostra</hi>.</note>: «Llá­­­­­­­­­manle los griegos y latinos <hi rend="i"
                  >ostreum</hi> de la voz griega <hi rend="i">ostrea</hi> que significa la concha o
                hueso con que fortalece lo blando de la carne interior»<note place="bottom">Nota 16,
                  OC264C.83, f.250 v.</note>. Si bien, en realidad la forma griega es ὄστρεον y la
                latina <hi rend="i">ostrea</hi>, lo que interesa en este caso es comprobar sobre
                todo la manía cultista de Díaz de Rivas.</p>
              <p>Asimismo nos ha de informar que ‘cenit’<note place="bottom">Nota 157, OC264C.909,
                  f.280r.</note> y ‘trópico’<note place="bottom">Nota 159, OC264C.919,
                  f.280v.</note> pertenecen a la Astrología. En este último caso, aclara además que
                el poeta llama ‘grifaños’ a los trópicos «tomando de los italianos esta voz que
                significa cosa perteneciente a gavilanes o aves de rapiña».</p>
              <p>Como puede observarse, al destacar los atinados matices con que Góngora selecciona
                y emplea su vocabulario, demos­trando la erudición con que se maneja al hacerlo, y
                rastrean­do su génesis latina y por lo tanto noble, nuestro comentarista nos
                facilita la tarea de comprender las profundas latencias de una lengua «en su
                incesante actividad y trabajo por alcan­zar una definición más sutil y exacta de las
                organizaciones signifi­cantes»<note place="bottom">M. Molho (1985: 484).</note>.</p>
            </div>
            <div>
              <head>4.3.2. Notas de explicación del significado de sintagmas, versos o
                fragmentos</head>
              <p>En lo que se refiere al aspecto que nos ocupa en este caso, vamos a detenernos
                única­mente en ciertos ejemplos signi­ficativos que den cuenta del grado de
                comprensión alcanzado, en una tarea de tanta dificultad como la que supone la
                interpretación de algunos pasajes. La selección no puede, por cierto, intentar
                abarcar las múltiples posibilidades ofrecidas, pero servirá al menos para esbozar el
                perfil crítico en el que se inscriben.</p>
              <p>En la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi> encontramos algunos casos intere­santes de
                comentarios de Díaz de Rivas que muestran su espe­cial preocu­pación por desentrañar
                y esclarecer dificultades. Así se detiene al comienzo del canto del peregrino en la
                invoca­ción al mar. De este modo glosa la referencia al momento en que el joven casi
                muere ahogado después de un naufragio, al comenzar la <hi rend="i">Soledad
                  Primera</hi>: «La muerte, de piedad, me libró de sí. Es bizarra exageración decir
                que la causa de la muerte da vi­da»<note place="bottom">Nota 25, OC264C.128, f.
                  252v.</note>. Por consiguiente, el sentido que le asigna a los vv. 126-129 es que
                la muerte, movida de piedad lo sacó a la orilla remando como un forzado con su
                propia guada­ña. Esta interpreta­ción la reafirma Díaz de Rivas remitiendo a su
                explicación al v. 502 de la <hi rend="i">Soledad Primera</hi><note place="bottom"
                  >Nota 123, <hi rend="i">Anotaciones y defensas a la Primera Soledad</hi>, ms. 3726
                  B.N.E., f.149v.</note>, donde aclara que la memoria y el recuerdo del hijo del
                montañés, muerto en las exploraciones marítimas, es como el buitre de Sísifo que se
                alimenta y acrecienta cebándose en los pesares que nunca tienen fin. Se trataría en
                ambos casos de una hiperbólica magnificación del dolor expresada en térmi­nos
                extremos, en dos momentos distin­tos, pero que muestran la elección de los mismos
                recursos retóri­cos por parte del poeta<note place="bottom">Sobre las distintas
                  lecturas que se hace de este pasaje, véase lo que decimos en la nota 25 del texto
                  de Díaz de Rivas.</note>.</p>
              <p>Para continuar con otras líneas de aproximación al texto, nos detendremos ahora en
                los vv. 208-225. Se trata del momento en que el peregrino, en la barca conducida por
                dos pescadores, arriba a la isla en que estos habitaban y sale a recibirlos el
                padre, quien es comparado con Nereo, no tanto por vivir junto al mar, como porque
                así como este es padre de las Nereidas, él lo es de seis hijas que son «seis
                deidades bellas, / del cielo espumas y del mar estre­llas»<note place="bottom"
                  >OC264C.214-215.</note>. Este último verso, en que Góngora como es habitual, en
                una de sus fórmulas de metaforización de genitivo aposicional, entrecruza los
                atributos de los términos de comparación, merece un extenso comentario de Díaz de
                Rivas en el que se refiere al entrecruzamiento como «galanísimo trueque»<note
                  place="bottom">Nota 38, OC264C.214-215, f.255 v.</note>.</p>
              <p>Para seguir con nuestra selección de ejemplos de los crite­rios interpretativos de
                Díaz de Rivas, veamos otro caso en el que manifiesta la necesidad de explicar el
                pasaje correspondiente a los vv. 618-625, que está cimentado sobre alusiones
                mitológicas y astronómicas. Se trata de la nota 117 al v. 618 «mas, ¡ay!, que del
                ruïdo», en la que ofrece la siguiente versión:</p>
              <quote>La explicación gramatical de todo este lugar es menes­ter poner por fundamento,
                para entender toda su historia y erudi­ción. Dice que la música de los pesca­dores
                era tan suave que convocaba a escucharle las estrellas del Norte [= las dos Osas],
                mas impe­dido el cántico del ruido que formaban los ejes celestiales (porque ansí no
                le podían oír estas estrellas) quisie­ron abalanzarse al mismo mar cuya bajada
                estorbó Tetis<note place="bottom">Nota 117, OC264C.618, f. 272r.</note>.</quote>
              <p>Como puede apreciarse no solo es atinada su lectura sino que una vez más
                encontramos a nuestro comentarista preocupado por el desciframiento del no siempre
                accesible mensaje gongo­rino. Las notas siguientes (118, 119 y 120<note
                  place="bottom">Notas 118, OC264C.619, ff. 272r-272v; 119, OC264C.623, f. 272v y
                  120, OC264C.624, ff. 272v-273r.</note>) amplían detalles que quedan sin precisar
                en esta aproximación de conjunto al pasaje.</p>
              <p>Para finalizar este recorrido por algunas de las muchas notas de Díaz de Rivas que
                explican sintagmas y fragmentos, queremos destacar algunos casos en los cuales se
                fusiona el comentario puramente filológico con el interpretativo del texto.</p>
              <p>Por un lado, la nota 29 en la que propone tres disyuntivas en la interpretación a
                partir de la significación del verbo 'sellar':</p>
              <quote>Es voz muy familiar en el poeta, con que significa el cubrir con piedras o con
                otra inscripción la sepultura, tomando la metáfora del sello, pues, como con él se
                sellan y cubren las cartas, ansí con la losa se cubre el cuerpo sepultado; o, como
                en el sello están esculpidas las armas de su dueño, ansí en las losas sepulcrales
                está esculpido el nombre del muerto; o, por lo menos, porque la losa es señal del
                entierro, que <hi rend="i">sello</hi> o <hi rend="i">sygillum</hi> es lo mismo que
                  <hi rend="i">parvum signum</hi><note place="bottom">Nota 29, OC264C.169, f.
                  253v.</note>.</quote>
              <p>Las distintas posibilidades de interpretación que ofrece la anotación,
                fundamentadas en la referencia filológica, abren un abanico de lecturas de los
                versos gongorinos.</p>
              <p>Otro caso en el que también convergen distintos elementos para la explicación que
                Díaz de Rivas da del poema gongorino, es la nota 109, donde parte de la referencia
                mitológica a Mercurio y la mención al proverbio latino «<hi rend="i">talaria
                  induere</hi>», al que equipara al español «calzarse las de Villa Diego», para
                concluir señalando que: «A lo cual aludiendo nuestro poeta dice: <hi rend="i"
                  >calzándole talares mi deseo</hi>, dando a entender la ligereza con que deseaba el
                pescador viniese el dios Himeneo»<note place="bottom">Nota 109, OC264C.600, ff.
                  269r-269v.</note>. En ambos casos, la interpretación se fundamenta en la nota
                filológica y es a partir de ella que Díaz de Rivas logra iluminar el sentido del
                verso gongorino.</p>
              <p>Nuestro recorrido en procura de las lecturas interpre­tati­vas de las glosas de los
                pasajes más difíciles nos ha demostra­do que el modo de aproximación es, en términos
                de conjunto, acerta­do. Su tarea de comentarista se orienta al esclarecimiento del
                texto para rastrear influencias y descubrir ecos de otros autores, sin dejar de lado
                la impronta de alabanza que recorre las <hi rend="i">Anotaciones</hi>.</p>
            </div>
            <div>
              <head>4.3.3. Notas sobre recursos estilísticos y figuras retóricas</head>
              <p>En el contexto de la polémica antigongorina, una de las piezas claves del debate la
                constituye la frecuencia y prodi­gali­dad de las figuras retóricas, consideradas
                vicios de estilo por los que se acusó a don Luis, en especial en las <hi rend="i"
                  >Soledades</hi>. Por ello, resulta de interés observar cómo enfrenta nuestro
                comentarista este aspecto de ese código tan peculiar que dio en llamarse la «nueva
                poesía».</p>
              <p>Conviene señalar al respecto que, en el caso concreto de Díaz de Rivas, el núcleo
                de notas dedicadas a esta cuestión es mucho menor que el caudal acumulado en torno a
                referencias de probables imitaciones y, aun en muchas ocasiones, las notas sobre
                metáforas, comparaciones y demás figuras se encuentran sostenidas con citas latinas
                y también de escritores italia­nos. Además, y como ya hemos señalado en otros
                apartados, la intensidad del tono polémico disminuye en las <hi rend="i">Anotaciones
                  a la Segunda Soledad</hi>. Un recorrido por algunas de ellas nos permitirá
                ejemplificar estas cuestiones.</p>
              <p>El lugar preponderante le corresponde a la metáfora. Un rápido repaso de las notas
                dedicadas a este constituyente del sistema poético pone en evidencia, en primer
                lugar, que en muy contados casos emplea Díaz de Rivas la palabra metáfora para
                denominar al tropo. En efecto, en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda
                  Soledad</hi>, lo hace en tres notas<note place="bottom">Notas 29, OC264C.169, f.
                  253v; 60, OC264C.368, f. 261r y 126, OC264C.691, f. 273v.</note>.</p>
              <p>Una de ellas es la ya mencionada nota 29, en la que la metáfora del sello es
                utilizada para significar aquello que cubre la sepultura. Otro caso interesante lo
                constituye la nota 69, porque aquí Díaz de Rivas puntualiza un rasgo notable del
                estilo gongorino, la continuidad metafórica: «Habiendo llamado esmeralda bruta a la
                isla, prosigue la metáfora diciendo que está engastada en mármol undoso, y llama
                ansí al mar por la lisura y esplendor que muestra en su superficie»<note
                  place="bottom">Nota 60, OC264C.368, f. 261r.</note>. A continuación, agrega
                ejemplos de Virgilio, Lucrecio, Catulo, Ennio y Silio Itálico con la metáfora mar =
                mármol, que ilustran su autoridad.</p>
              <p>Otro ejemplo significativo, ya que se trata de un logro sin antecedentes destacado
                especialmente por Díaz de Rivas, es el comentario al v. 691 «en la cumbre modesta»,
                en la que tiene que justificar la atribución de un clasema 'animado' (= modesta) a
                un sustantivo del campo de lo 'inanimado' (= cumbre). En evidente la ponderación del
                comentarista por cuanto afir­ma: «Siempre me pareció esta metáfora muy bizarra
                aun­que no la he visto usada de otros poetas, pero, si decimos monte soberbio o
                cumbre soberbia a la que está levanta­da, por qué no podremos decir <hi rend="i"
                  >cumbre modesta</hi> a la que es humilde y pequeña».</p>
              <p>Para reafirmar esta opinión, recurre a un inesperado ejemplo del historiador Paolo
                Giovio, quien describiendo la fisonomía de Carlos V dice, a propósito de su nariz:
                  «<hi rend="i">Nassus a medio clementer assurgebat</hi>», pues –como sostiene Díaz
                de Rivas– «siendo historiador, habló quizá con mayor atrevimiento y novedad que
                nuestro poe­ta»<note place="bottom">Nota 126, OC264C.691, f. 273v.</note>.</p>
              <p>Ahora bien, el hecho de que en tan contadas ocasiones emplee el término metáfora
                para referirse a este tropo se debe, sobre todo, a que se inclina generalmente a
                presentarlo desde la perspectiva de la comparación implícita en la rela­ción
                analógica de los términos que lo conforman. Prevalece en esta actitud una intención
                explicativa y de justificación, sobre todo cuando se trata de defender audacias
                expresivas a las que Góngora era tan proclive, o de destacar sus originales
                propuestas. Veamos algunos ejemplos.</p>
              <p>Al comentar, en la nota 9, la metáfora, «a duro toro» señala: «También es comparado
                el mar, con mucha erudición, a un toro, aludiendo a dichos de elegantes poetas»<note
                  place="bottom">Nota 9, OC264C.21, f. 249v.</note>; para transcribir luego citas de
                Estacio, Nonno, San Crisóstomo y Hesíodo.</p>
              <p>Asimismo, no deja de reparar en otra notoria técnica metafó­rica frecuentada por
                don Luis, que consiste en entrecru­zar los atributos de los términos comparados,
                como bien puede apreciarse en el fragmento dedicado al v. 215 «del cielo espumas y
                del mar estrellas», ya mencionado al referirnos a las “Notas de explicación del
                significado de sintagmas, versos o fragmentos”. Escrito en tono ponderativo y con
                abundancia de superlativos denota en su lectura una atenta descodificación de la
                trama semántica:</p>
              <quote>Son elegantísimas comparaciones tomadas del mar. Que­riendo, pues, significar
                que las hijas del pes­cador eran bellísimas entre las demás, las compara a las
                estrellas y a las espumas, porque aquéstas son lo más blanco, lo más crespo y bello
                de las aguas, aquéllas lo más luciente y hermoso del cielo. Y, por parecerse tanto
                el color del mar al color del cielo, y las espu­mas a las estrellas, hace un
                galanísimo trueque llaman­do espumas a las estrellas y estrellas a las espumas<note
                  place="bottom">Nota 38, OC264C.215, f. 255v.</note>.</quote>
              <p>Un caso semejante lo encontramos en la nota 23, en el que también pondera la
                elegancia del entrecruzamiento: «Habla el peregrino, al principio, de sus lágrimas y
                de sus quejas haciendo un elegante trueco de ambos dándole al uno las propiedades
                del otro, llamando a las voces: dolientes lágrimas suaves, y a las lágrimas: voces
                de sangre»<note place="bottom">Nota 23, OC264C.126, f. 252r.</note>.</p>
              <p>En relación con los «elegantes truecos» y para finalizar con los ejemplos del
                tratamiento de las metáforas y comparaciones, resulta interesante la nota 53 en la
                que nuestro comentarista destaca, como un rasgo característico del estilo de
                Góngora, otro modo de entrecruzamiento, en este caso, el de las comparaciones usadas
                por otros poetas:</p>
              <quote>Pero, el poeta aludió elegantemente a un lugar del lib. 4 de la <hi rend="i"
                  >Eneida</hi> porque suele trocar las comparaciones usadas de otros poetas. Ansí,
                habiendo Virgilio comparado la obra de Dido en Cartago y el gobierno de su república
                al de las abejas, nuestro poeta, al contrario, la república y obra de las abejas
                compara a la de Dido<note place="bottom">Nota 53, OC264C.291-292, ff.
                  257v-258r.</note>.</quote>
              <p>Después de la metáfora, es la hipérbole –a la que se refiere generalmente como
                ‘exageración’– la que con más frecuencia comenta en las <hi rend="i">Anotaciones a
                  la Segunda Soledad</hi>, para ponderar su formulación y esta­blecer nexos con
                otros poetas.</p>
              <p>Así, en la nota 25, en la que anota el fragmento comprendido entre los versos 123 y
                129, dirá que «es bizarra exageración decir que la causa de la muerte da vida»<note
                  place="bottom">Nota 25, OC264C.128, f. 252v.</note>. Del mismo modo, en la nota 27
                subraya la «exageración con que desea todo el mundo por sepultura de su fe, porque a
                mayor fe se le debe mayor gloria de sepulcro, el cual, mientras más espacioso es más
                  glorioso»<note place="bottom">Nota 27, OC264C.163, f. 252v.</note>.</p>
              <p>En algunos casos, la explicación del recurso estilístico le sirve a Díaz de Rivas
                para equiparar a Góngora con otros poetas, como es el caso de la nota 40: «Dice que
                las hijas de los pescadores daban, con los matices de su rostro, colores a las rosas
                y lilios del huerto, el cual modo de exageración es tan elegante como frecuente en
                nuestro poeta y otros vulgares»<note place="bottom">Nota 40, OC264C.220-221, f.
                  255v.</note>.</p>
              <p>Por último, y para señalar la frecuencia de la hipérbole en la <hi rend="i">Soledad
                  Segunda</hi>, la nota 102 muestra la doble utilización del recurso. Por un lado,
                afirma que «es galana exageración decir que los mismos mancebos invidiosos y
                apasionados con quien competir, se juzgasen vencidos de él y lo alabasen», y luego
                complementa diciendo que «añade a esto otra exageración con que de uno solemos decir
                que sobrepuja a la invidia porque son tan manifiestas sus virtudes que los
                invidiosos las loan». Finalmente, fundamenta ambos argumentos con un número
                importante de autoridades, entre las que recurre a Virgilio que utiliza la hipérbole
                «para exagerar la música de un pastor» <note place="bottom">Nota 102, OC264C.579, f.
                  268r.</note>.</p>
              <p>Para concluir el tratamiento de los recursos estilisticos y figuras retóricas en
                las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi>, podemos rescatar algunas
                perífrasis típicamente gongorinas, formuladas para aludir y eludir los mitos, como
                la ya mencionada nota 103: «Perífrasis es de Adonis, a quien mató Marte celoso de
                Venus, en forma de jabalí»<note place="bottom">Nota 103, OC264C.582-583, f.
                  268v.</note>; o la 143, en la que la perífrasis está indicada como «Descripción
                del búho por la narración de su fábula»<note place="bottom">Ya hemos analizado estas
                  notas al ocuparnos de la perífrasis mitológica en el apartado dedicado a las notas
                  explicativas de conocimientos diversos. </note>.</p>
              <p>Estas son, pues, las más importantes apreciaciones que en el conjunto de las <hi
                  rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> están destinadas a puntualizar la
                peculiar instrumentación de los tropos y figuras con que Góngora enriquece su código
                en los grandes poemas.</p>
              <p>Las <hi rend="i">Anotaciones</hi> de Pedro Díaz de Rivas nos muestran su empeño
                encomiástico por esclarecer la construcción de metáfo­ras, las relaciones de
                comparación en que se apoyan, o la representa­ción alegórica en las que sustenta don
                Luis su creación poética. Las palabras con las que aquel cierra, en los <hi rend="i"
                  >Discursos apologé­ticos</hi>, su respuesta a la objeción sobre los «tropos
                frecuentísi­mos» pueden servirnos aquí como sínte­sis de su pensamiento: «Usa, pues,
                nuestro Poeta de estos tropos con tanto donaire y elegancia, imitando a los
                antiguos, que siempre va causando nueva admiración. En particular, se aprovecha con
                increíble gracia de la metáfora que llaman continuada o alegórica»<note
                  place="bottom">Gates (1960: 48). </note>.</p>
            </div>
          </div>
        </div>
        <div>
          <head>5. Fuentes: Los sinuosos modos de potenciar la «crítica hidráulica»<note
              place="bottom">Aludimos a la irónica expresión de Pedro Salinas.</note></head>
          <p>Al desarrollar en el punto anterior ciertas cuestiones del contenido de las notas o de
            los materiales, citas y referen­cias que aparecen en las <hi rend="i">Anotaciones a la
              Segunda Soledad</hi>, fueron surgiendo algunos autores y obras que constituirían las
            fuentes de las que Díaz de Rivas obtuvo buena parte de la información que utiliza para
            trazar sus comentarios. Es indudable que este despliegue enciclopédico nos sitúa ante un
            grado de conocimientos y erudición que R. Jammes destaca cuando, al referirse a una
            probable fuente aportada por este comentarista, reconoce que Díaz de Rivas es «más
            erudito que Salcedo y Salazar Mardones juntos»<note place="bottom">R. Jammes, 1994, <hi
                rend="i">Soledades</hi>, ed. cit., p. 522-524. Se refiere a la posible relación de
              imitación del v. 728, lib. VIII de la <hi rend="i">Eneida</hi>, y al hecho de que haya
              apuntado que a su vez Valerio Flacco en las <hi rend="i">Argonáuticas</hi> y Lucano en
              la <hi rend="i">Farsalia</hi> reiteran la misma fórmula. Véase nota 128, OC264C.722,
              f. 274r.</note>. De este modo, podemos intuir el perfil de nuestro autor y entender,
            en buena medida, las principales carac­te­rísticas con que aborda su tarea.</p>
          <p>Al proceder por unidades breves, para aclarar el significado de una metáfora o
            concep­to, señalar la imitación de autores antiguos o modernos, descifrar las alusiones
            mitológicas, precisar noticias histórico-arqueológicas, Díaz de Rivas necesa­riamente
            tiene que contar con fuentes autorizadas de donde extraer sus materiales. Su labor se
            asemeja en gran medida a la de un exégeta de proyección cultural y no exclusiva­mente
            limitado a un análisis del discurso poético, así como tampoco encontramos, en su
            aproximación a la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi> puntualizaciones teóricas ni obras o
            autores de preceptiva, como se hallan en otros textos de la polémica, aunque se deja
            entre­ver, de modo explícito, el clima belige­rante en que se hallaban inmersos los
            grandes poemas.</p>
          <p>Su posición intelectualista lo impele siempre a buscar fuentes o pasajes paralelos para
            ilustrar cada unidad expresiva, aun en el caso en que esta no debiera ser legitimada más
            que por su puro valor lírico. Por ello, resulta ser mínimo el porcentaje de notas en que
            Díaz de Rivas no cita ningún autor ya sea como fuente, como comparación o como autoridad
            para convalidar su explicación pues atiende, más bien, a acercar coincidencias en el
            plano expresivo, a demostrar la larga tradición acumulada de los <hi rend="i">topoi</hi>
            recreados, con el afán de destacar que Góngora se inserta en una línea de notorios
            antece­so­res que pertenecen a la corriente latino-italianizante de ver­tiente
            notoriamente cultista.</p>
          <p>Es indudable que, tal como señalamos al analizar la estructura de las <hi rend="i"
              >Anotaciones</hi>, el enorme caudal y la dispar variedad de referencias supera toda
            probabilidad de lectura directa de los materiales. Nos encontramos ante un despliegue de
            erudición poética grecola­tina obtenida, en parte, como información de segunda mano y
            extraída de manuales y enciclopedias consagrados por el saber humanístico. El problema
            más grave para nosotros consiste en que no estamos acostumbrados a frecuentar los libros
            que usaban los humanistas como fuentes de información de las que extraían sus
            referencias. Por lo tanto, vamos a tratar de enumerar las princi­pa­les obras utilizadas
            por Díaz de Rivas que logramos identificar, con el fin de evaluar la configuración de la
            labor exegética propuesta por este defensor de Góngora.</p>
          <p>Nuestro hilo de Ariadna salvador resultó ser el descubrimiento de su <hi rend="i">modus
              operandi</hi> al lograr desentra­ñar, después de una paciente búsqueda y consulta de
            algunas de estas fuentes mencio­nadas o aludidas, los mecanis­mos de composi­ción de
            ciertas notas saturadas de citas de autores diversos. Como ya vimos, la frecuencia con
            la que Virgilio aparecía citado sin otra precisión, fuera del libro y el título de la
            obra, nos llevó al hallazgo de las ediciones del Padre Juan Luis de la Cerda y, del
            mismo modo, el encontrar que Séneca, en su condición de autor trágico era otro de los
            modelos frecuentes, nos acercó al conocimiento del Padre Martín Antonio del Río.</p>
          <p>Por consiguiente, una de las principales líneas exegéticas a las que ha recurrido Díaz
            de Rivas es la de los intérpretes de autores clásicos próximos temporalmente a su tarea
            y, además, también miembros de la Compañía de Jesús como él mismo lo era. Se entiende
            entonces que ha trabajado con una perspectiva de cenáculo y con principios
            metodo­lógicos que debió aprender durante su formación intelectual<note place="bottom"
              >Véase en el tratamiento de la <hi rend="i">inventio</hi> en qué consisten los
              trabajos de ambos estudiosos y su utilización por parte de Díaz de Rivas.</note>. Es
            evidente, como ya vimos más arriba, que estos materiales podían también encontrarse en
            diccionarios y en otros repertorios del tipo del <hi rend="i">Epitheto­rum opus</hi> de
            Ravisio Textor que consti­tuían modelos de catálogos de temas, símiles, voces
            acompa­ñadas de sus correspondientes epíte­tos, en los que los poetas y por lo tanto
            también sus exégetas buscaban los modelos a imitar o reproducir<note place="bottom"
              >Sobre el tema de los repertorios, véase Pedro Ruiz Pérez (1990).</note>. Sin embargo,
            la confrontación realizada con las obras de de La Cerda y de Del Río nos permiten
            afirmar la estrecha vincula­ción que además habla a favor de Díaz de Rivas, por cuanto
            supone de su parte el conocimiento a fondo, el manejo y la lectura de estas valiosas
            obras de los dos erudi­tos.</p>
          <p>Otro caso muy significativo, tal como ya analizamos, resulta ser Fernando de Herrera
            que –como se recordará– es mencionado como anotador de Garcilaso al comentar el <hi
              rend="i">topos</hi> del <hi rend="i">carpe diem</hi><note place="bottom">Véase nota
              110, OC264C.601, ff. 269v. </note>. Sin embargo, recurre Díaz de Rivas a las <hi
              rend="i">Anotaciones a las Obras de Garcilaso de la Vega</hi> en más de una ocasión
            aunque no nos remita directamen­te a él. Es evidente que el trabajo del poeta sevillano
            no le era descono­cido, pero es notorio este silencio. Un ejemplo al que arribamos
            precisamente después de comprobar el <hi rend="i">modus operandi</hi> de Díaz de Rivas
            con los otros comentaris­tas, fue el de una nota en la que cita a Garcilaso como una
            autori­dad que nos llevó a encontrar la misma referencia a Sidonio Antipatro<note
              place="bottom">Nota 91, OC264C.539, f. 265v.</note>. De igual modo, pudimos
            reconstruir un caso de difícil lectura del texto del ms. 3906 de la <hi rend="i">Soledad
              Segunda</hi>, en donde aparecía una ilegible cita en griego de Homero<note
              place="bottom">Nota 31, OC264C.172, f. 254r.</note>, gracias a la anota­ción de
            Herrera que la transcribe en su comentario a los vv. 564-565 de la <hi rend="i">Égloga
              II</hi> de Garcilaso. Díaz de Rivas los cita junto con los de otros autores,
            Eurípides, Ovidio y Tasso, para ilus­trar el ejemplo.</p>
          <p>Por último, y entre las varias ediciones comentadas que aparecen mencionadas en las <hi
              rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi>, debemos destacar a Claudio Minois, el
            comentarista de Alciato, cuyo nombre aparece en un escolio marginal, en la nota 27<note
              place="bottom">Nota 27, OC264C.163, f. 252v.</note>, y que, evidentemente, es el mismo
            al que remite la nota 22<note place="bottom">Nota 22, OC264C.113, f. 251v.</note>, ya
            que su anotación al emblema X coincide con la temática desarrollada en la nota de Díaz
            de Rivas.</p>
          <p>Este círculo de interrelaciones, que se generan a partir de las probables obras
            imitadas por un poeta, construye un espacio de intertextualidades en profundidad, por
            cuanto ya no son solo los versos de un autor los que entrarán en el proceso de la <hi
              rend="i">imitatio</hi>, sino que también se integrarán a él sus intérpretes en un
            juego multiplicado de encadenadas y sucesivas referencias.</p>
          <p>De todas estas fuentes, nos interesa detenernos en la <hi rend="i">Didascalia
              Multiplex</hi><note place="bottom">D. Alonso (1998), en su <hi rend="i">Góngora y el
                Polifemo</hi>, hace notar con certera observación la significación que estas
              miscelá­neas tenían como receptáculo de temas que formaban parte de la conversación de
              estos eruditos. </note> de don Francisco Fernández de Córdoba, Abad de Rute, por
            cuanto este es uno de los destacados participantes de la polémica, autor del
            controversial <hi rend="i">Parecer acerca de las «Soledades»</hi>, y de su posterior <hi
              rend="i">Examen del «Antído­to»</hi>, en el que defiende al poeta cordobés de los
            ataques de Jáuregui, lo que lo sitúa, junto con nuestro comentarista, entre los primeros
            exégetas de las <hi rend="i">Soledades</hi>. Integra Díaz de Rivas un círculo de
            amistades en el que, junto con el abad de Rute, se encuentran, entre otros, Tomás Tamayo
            de Vargas, Gonzalo Argote de Molina, Juan Bautista Suárez de Salazar y Martín de Roa, de
            modo tal que las mutuas referencias le permiten ir anotando nombres y obras que
            constituyen la biblioteca del saber vigente, como ya hemos señalado al analizar,
            anteriormente, las notas explicativas sobre conocimientos diversos<note place="bottom"
              >Véase la nota 129, OC264C.724-725, f. 274r.-274v y la nota 132, OC264C.728, f.
              275r-275v.</note>. Esos saberes tan alejados hoy de nuestros intereses constituían la
            materia que pasaba de unos a otros, que se discutía y se citaba en una perpetua
            interacción que todo intelectual de la época debía manejar con mayor o menor grado de
            pedantería.</p>
          <p>Es indudable la imposibilidad de abarcar todas las fuentes consultadas por nuestro
            comentarista. Por eso, nos centraremos en las temáticas más acordes con el conjunto de
            la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>, comenzando con aquellos autores que son utilizados
            para desentrañar las muchas alusiones mitológicas que presenta este texto.</p>
          <p>En principio, mencionaremos algunos de los mitógrafos citados en apoyo de los
            comentarios, dejando a un lado las referencias continuas a las <hi rend="i"
              >Metamorfosis</hi> de Ovidio como fuente fundamental para las más famosas fábulas:
            Higino y sus <hi rend="i">Fabulae</hi><note place="bottom">Nota 37, OC264C.210, ff.
              255r-255v; nota 47, OC264C.260, f. 256v.</note> y Fornuto con su <hi rend="i">De
              natura deorum</hi><note place="bottom">Nota 37, OC264C.210, ff. 255r-255v.</note>.</p>
          <p>Un número importante de notas cubren aspectos de las ciencias naturales, como ya hemos
            señalado, para las cuales la presencia de Plinio es fundamental. Junto con su <hi
              rend="i">Naturalis historiae</hi>, Díaz de Rivas menciona la <title>Historia
              animalis</title><note place="bottom">Nota 52, OC264C.291, f. 257v.</note> o el <hi
              rend="i">Metheorologica</hi><note place="bottom">Nota 161, OC264C.931-932,
              f.281r.</note> de Aristóteles o el <hi rend="i">De rerum natura</hi><note
              place="bottom">Nota 69, OC264C.368, f. 261r.</note> de Lucrecio. También aparecen
              <title>Eliano</title><note place="bottom">Nota 56, OC264C.298, f. 258v.</note><title>,
              Dionisio Uticense</title><note place="bottom">Nota 54, OC264C.294, f.
              258r.</note><title> e, incluso</title>, una serie de autoridades que iluminan aspectos
            de la medicina como Galeno<note place="bottom">Nota 23, OC264C.116, f. 252r.</note>,
            Jerónimo Mercurial<note place="bottom">Nota 23, OC264C.116, f. 252r.</note>,
              Fracastoro<note place="bottom">Nota 45, OC264C.247, f. 256 r.</note> y Dioscórides con
            sus comentaristas, Andrea Mathioli y Andrés Laguna<note place="bottom">Nota 106,
              OC264C.591-592, f. 269r.</note>. Para cerrar, mencionaremos entre los historiadores a
              Plutarco<note place="bottom">Nota 83, OC264C.445, f. 264 v; nota 112, OC264C.608, f.
              271r y nota 156, OC264C.907, f. 280r.</note> y Paulo Giovio<note place="bottom">Nota
              16, OC264C.83, f. 250v; nota 126, OC264C.691, f. 273 v y nota 149, OC264C.820, ff. 278
              v-279r.</note>, mientras que, entre los geógrafos, se destaca Pomponio Mela<note
              place="bottom">Nota 136, OC264C.760-761, f. 276v; nota 150, OC264C.829, f.
              279r.</note>.</p>
          <p>Díaz de Rivas se manifiesta pues, en cuanto a la erudición y a los conocimientos
            demostrados en sus <hi rend="i">Anotaciones</hi>, como un muy buen conocedor de las
            estructuras de acceso al conjunto de la informa­ción que era indispensable ofrecer si se
            pretendía llegar a un núcleo de lectores doctos.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. Conceptos debatidos: La solapada polémica de las <hi rend="i">Anotaciones a la
              Segunda Soledad</hi></head>
          <p>Cualquier lector inadvertido que se aproximara a las <hi rend="i">Anotaciones a la
              Segunda Soledad</hi>, sin conocer el resto de los comentarios de Díaz de Rivas,
            observaría de inmediato que se encuentra ante un conjunto de explicaciones, referencias
            y materiales que le permitirán alcanzar un mayor grado de comprensión de algunos versos
            o pasajes del poema, mientras que, a la vez comprobaría el propósito encomiástico
            surgido de una sincera admiración por la obra. Sin duda, este lector se engañaría por no
            saber los motivos que lo llevaron a emprender una tarea tan ardua y por desconocer que
            su cometido se integra a las <hi rend="i">Anotaciones y defensas al Polifemo</hi> y a la
              <hi rend="i">Primera Soledad</hi>, obras concebidas en el fervor de la polémica y
            destinadas a defender esta nueva poesía de los ataques enemigos y del demoledor embate
            del <hi rend="i">Antídoto</hi> de Jáuregui.</p>
          <p>Es indudable que al no contar con el condicionamiento crítico pautado por el poeta
            sevillano, reduce en esta inacabada <hi rend="i">Soledad Segunda</hi> el carácter
            polémico y, por ello, la defensa de Don Luis se encuentra solapada y, aparentemente
            silenciados el tono argumentativo, la disua­sión y cierta zumbona ironía. Es también muy
            significativo el hecho de que, si bien el número de versos es inferior a los de la <hi
              rend="i">Soledad Primera</hi>, la anotación resulta ser proporcionalmente menor,
            fenómeno que también se repite en otros comentaristas gongorinos, pues, es como si
            llegaran abatidos por tan laboriosa empresa. Sin embargo, es notorio que ciertos rasgos
            de la <hi rend="i">elocutio</hi> de nuestro comentarista nos permiten advertir los
            recursos con los que ejerce su intencionali­dad sobre el lector.</p>
          <p>Díaz de Rivas, por su condición de hombre próximo al ambien­te de Córdoba en el que se
            gestaron las innovaciones de Góngora, se muestra como un hábil conocedor de muchos de
            los secretos compositivos que pueden haber sido motivo de comentarios en los círculos
            literarios que rodeaban al admirado poeta y, sin duda, estaba al tanto de las disputas y
            principales objeciones que acompañaron a la difusión de los poemas mayores por lo que su
            actitud se muestra en un plano siempre defensivo.</p>
          <p>De la lectura de estas <hi rend="i">Anotaciones</hi>, surge en primer lugar un evidente
            deseo del autor de involucrar al receptor mediante exhortaciones que se concretan en
            fórmulas imperativas como: «Mira a los comentaristas de Alciato, <hi rend="i"
              >Emblema</hi> 25»<note place="bottom">Nota 63, OC264C.329-330, f. 260r.</note>. De
            este modo, al apelar a la atención del lector lo introdu­ce en la prosa de sus
            comen­tarios, que por estar circuns­criptos a versos, sintag­mas o pala­bras se
            fragmentan como notas que deben necesariamente estar acompañadas por los textos poéticos
            para lograr su verdade­ra significación. Pero además, lo que resulta más destacado en la
            escritura de nuestro comentarista es la utilización de una rica adjetivación laudato­ria
            y de construcciones retóricas destinadas a expresar la admira­ción que la poesía de su
            coterráneo le producía. <space rend="tab"> </space></p>
          <p>En efecto, la constante expresión del deslumbramiento se pone de manifiesto en gran
            cantidad de los comentarios que junto con la explicación o interpretación
            correspondiente están valoriza­dos con la manifestación del deleite que le producen los
            hallaz­gos poéticos. Como ya se mencionó, al iniciar su comentario al primer verso de la
              <hi rend="i">Segunda Soledad</hi>, potencia con superlativos la elección de la
            descripción de la ría: «Convenientísimo principio es una descripción para entrar en la
            narración de cualquier obra poética […] y aunque parece algo larga la descripción,
            defiéndase con gravísimos poetas que a veces se dilatan solo por desplegar las velas de
            su elocuencia…». En el centro de esta defensa compara el modo en que describe «un arroyo
            que entraba en el mar» con «el de su fecundidad, elegancia y erudición en pintarlo»<note
              place="bottom">Nota 1, OC264C.1, f. 248r.</note>.</p>
          <p>Encontramos aquí la manifiesta expresión del circuito de ponderaciones, alabanzas y
            demostraciones del deleite que la poesía de Góngora provoca en su comentarista, pues sin
            duda, la condición y la califi­ca­ción más reiteradas son: ‘elegancia’ y ‘elegante’. Si
            bien no hemos intentado hacer un recuento exhaustivo y minucioso del empleo de estos
            vocablos, su presencia resulta ser muy significativa pues tanto le vale para destacar la
            «elegante descripción del albergue de los pescadores»<note place="bottom">Nota 20,
              OC264C.108, f. 251r.</note>, como el poético lirismo del canto del peregrino: «Esta
            canción es muy elegante, dulce y afectuosa»<note place="bottom">Nota 23, OC264C.116, f.
              252r. Otros ejemplos del adjetivo ‘elegante’ en las notas: 7, OC264C17, f. 249r; 24,
              OC264C.120, f. 252r; 40, OC264C.220-221, f. 255v; 96, OC264C.563, f. 266v; y 99,
              OC264C.573, f. 267r. </note>. También va a recurrir al grado superlativo,
            ‘elegantísimo/a’; al adverbio, ‘elegantemente’ y al superlativo adverbial,
              ‘elegantísimamente’<note place="bottom">El superlativo ‘elegantísimo/a’ en las notas:
              38, OC264C.215, f. 255v; y 111, OC264.603-604, f. 271r. El adverbio ‘elegantemente’ en
              la nota 53, OC264C.291-292, f. 257v. El superlativo adverbial ‘elegantísimamente’ en
              la nota 62, OC264C.329, f. 259v. </note>.</p>
          <p>Pero además al advertir lo ‘galano’ de una expresión va a atacar abiertamente a quienes
            no son capaces de apreciar el poema: «Un gran poeta de Sevilla alaba mucho este modo de
            decir, como quien sabía bien lo poético y galán que tiene, y si otros les cayera en
            suerte tan buen juicio hallaran en este divino poema mucho que admirar y poco que
            condenar». En una nota marginal se agrega el nombre del poeta: Juan de Arguijo<note
              place="bottom">Nota 28, OC264C.168, f. 253r.</note>, por lo que el ataque va dirigido,
            entre otros, al sevillano Juan de Jáuregui.</p>
          <p>Por consiguiente, de estos análisis de la <hi rend="i">elocutio</hi> de nuestro
            comentarista es posible concluir que su prosa se conforma en torno a ejes semánticos
            valorativos que intentan acrecentar la vertiente laudatoria, para poner siempre en
            eviden­cia la superio­ridad de la expresión poética de Góngora, la diferente y original
            manera de construir sus métaforas, de establecer sus comparacio­nes y hasta de imitar a
            los grandes poetas. De este modo, se perfilan modalidades de registros críti­cos en los
            que no tienen cabida los juicios negativos, donde son escasas las vacilaciones sobre el
            sentido y, por el contrario, se despejan las mayores dificultades interpretativas.</p>
          <p>Sobre estos parámetros de defensa y valoración de la poesía gongorina se formulan
            prácticamente las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> de Pedro Díaz de
            Rivas, por lo que resulta difícil establecer matiza­ciones en su labor exegética, ya que
            se nos ofrece como una construc­ción muy sólida pero con limitaciones producidas por una
            intencionalidad que no encuentra fisuras, ni falla alguna en lo que hace a la concepción
            misma de los poemas mayores.</p>
        </div>
        <div>
          <head>7. Otras cuestiones: Los primeros pasos del largo peregrinaje de los
            comentaristas</head>
          <p>Con las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> concluye por parte de Díaz
            de Rivas la etapa del proceso de defensa de los poemas mayores de Góngora que su
            coterráneo emprendió desde distintas modalidades discursivas: apostillas al texto del
              <hi rend="i">Antídoto, Discursos Apologéticos</hi> y en el conjunto de las <hi
              rend="i">Anotaciones.</hi> A nadie escapa el hecho de que si Góngora aspiraba a un
            receptor culto capaz de desentrañar el secreto de su poesía, sus comentaristas y
            defensores debían superar con creces ese nivel de expectativas y tratar de acrecen­tar
            con sus búsquedas y hallazgos los modos de desentrañar la difi­cultad del mensaje, la
            oscuridad que confundía a sus detrac­to­res y los enredaba en disputas y rencillas en
            las que no siempre prevalecía el interés filológico ni el afán esclarecedor.</p>
          <p>Esto dio lugar a una competencia entre sus exégetas por mostrarse cada uno como el
            dueño de la interpretación más acorde y mejor ilustrada de los poemas mayores gongorinos
            y se instauró una suerte de torneo intelectual por el acotado espacio crítico. No es
            factible, en esta Introducción, establecer un juego de posibles relaciones e influencias
            de las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> en otros intérpretes que
            publicaron sus comentarios. Sin embargo, hay que considerar que, tal como señalamos en
            la determinación de la cronología, su precedencia a la aparición de las <hi rend="i"
              >Lecciones solemnes</hi> de Pellicer que son de 1630 y de las <hi rend="i">Soledades
              de don Luis de Góngora</hi> comentadas por García de Salcedo Coronel, publicadas en
            1636, le confiere a Díaz de Rivas una posición destacada como probable paradigma y
            refe­rente de intentos similares.</p>
          <p>No cabe duda de que sus contemporáneos lo tuvieron presente para la propia
            elabo­ra­ción de sus obras que alcanzaron mejor suerte editorial y después de la muerte
            de don Luis vieron la luz a partir de 1629, pues es posible encontrar ecos de sus <hi
              rend="i">Anotaciones</hi> de un modo más vergonzoso en Pellicer que simula
            desconocerlo, o de uno más mesura­do en Salcedo Coronel que lo menciona<note
              place="bottom">Véase M. Romanos (1998). </note>. Con su discreta presencia, la
            lectura, por cierto bastante atinada, de las <hi rend="i">Anota­ciones a la Segunda
              Soledad</hi> de Pedro Díaz de Rivas, sus laboriosas interpretaciones se reciclan en
            nuevas propues­tas puesto que, el permanecer inéditas debió determinar esta posibli­dad
            de frecuentación escondida por parte de los eruditos lectores que encontraron mucho y
            buen material en sus páginas.</p>
          <p>Se trata, pues, de interrelaciones que no hacen más que mostrarnos cómo de uno a otro
            de sus comentaristas se va configurando tanto la recepción de los grandes poemas, como
            una suerte de «gongorismo añadido» o de «comentarismo» que a menudo parece complacerse
            en sí mismo<note place="bottom">Véase M. Romanos (2002).</note>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>8. Conclusión: El juego polifónico del género</head>
          <p>En tanto las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi> se integran en el
            conjunto mayor del proyecto de Pedro Díaz de Rivas por esclarecer, de manera cabal, las
            obras que dieron lugar a la polémica, las <hi rend="i">Soledades</hi> y el <hi rend="i"
              >Polifemo</hi>, se entiende que nuestras conclusiones acerca de su importancia y
            significación cobrarán mayor sentido al ser confrontadas con los resultados que
            obtengamos una vez que se haya completado nuestro aporte a este ciclo de edición
            digital.</p>
          <p>Es evidente que la tendencia a trazar paralelos con otros textos y a evocar las voces
            anteriores o actuales del contrapunto dialógico determina que sea, precisamente la <hi
              rend="i">inventio</hi> de la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>, uno de los aspectos
            más desarrollados, ya que, en una elevada proporción de notas, este amigo de don Luis se
            detiene a puntualizar los ejemplos de usos similares imitados. Esto produce, en el
            lector moderno, la dudosa sensación de que es imposible que tantos pasajes de tan
            variados autores citados puedan haber ejercido su influencia en un determinado momento
            de la creación poética del autor pero, a la vez, resulta indiscutible que un análisis de
            los grados de interrelación textual ayudaría a la comprensión de ciertas modalidades
            operativas adoptadas por Góngora.</p>
          <p>De igual modo, el aporte de autoridades que ofrece Díaz de Rivas sobre aspectos de los
            diversos conocimientos del ámbito de la mitología, la historia, la geografía, la
            medicina y las ciencias naturales, presentes en la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>,
            nos acercan a la variedad de materias y de erudición que confluyen en esta renovada
            propuesta poética, a la vez que nos develan las fuentes frecuentadas por los humanistas
            con las que su comentarista muestra, con pericia, una sabiduría enciclopédica. Por
            consiguiente, podríamos concluir que el despliegue del plano de la <hi rend="i"
              >inventio</hi> se centra en tratar de conciliar el doble eje de tensión compositiva
            entre la tradición poética renacentis­ta y la búsqueda de una originalidad que no podía
            desprenderse del peso de esa tradición.</p>
          <p>En cuanto al ámbito de la <hi rend="i">dispositio</hi>, no son muy numerosas las notas
            que Díaz de Rivas les dedica a los problemas composi­tivos de la <hi rend="i">Segunda
              Soledad</hi>, aunque ponen en evidencia una actitud atenta a valorizar sus mayores
            logros y a destacar los detalles que despiertan su admiración. De igual modo, sus
            apreciaciones sobre la <hi rend="i">elocutio</hi> están destinadas a puntualizar la
            peculiar instrumentación de los tropos y figuras con que Góngora enriquece su lenguaje
            poético en los grandes poemas y no cabe duda alguna sobre su esmero en defender los
            recursos privilegiados del sistema poético gongorino. Sus interpretacio­nes se balancean
            entre dos polos: la defensa de un recurso expresivo por la larga serie de poetas que lo
            han usado o su convalidación por lo inesperado y novedoso de su hallazgo. Esta doble
            vertiente genera­dora, que prevalece en las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda
              Soledad</hi>, va condicionando la impronta de su concepción exegé­tica al privilegiar
            una notoria perspectiva enaltecedora. De este modo, se perfilan modalidades de registros
            críti­cos en los que no tienen cabida los juicios negativos, donde son escasas las
            vacilaciones sobre el sentido y, por el contrario, se despejan las mayores dificultades
            interpretativas sin dejar lugar a dudas.</p>
          <p>Díaz de Rivas ha asumido de manera cabal su condición de lector docto que es capaz de
            «quitar la corteza» y «descubrir lo misterioso que encubren» las composiciones mayores
            de Góngora, en este caso su inconclusa <hi rend="i">Soledad segunda</hi>, y desde esa
            posición nos orienta con sus lecturas para poder encontrar el «hilo de oro, que guíe sin
            error a los demás por los laberintos».</p>
        </div>
        <div>
          <head>9. Establecimiento del texto</head>
          <p>Como ya hemos señalado, no existe más que un manuscrito con los comentarios de Díaz de
            Rivas a la <hi rend="i">Segunda Soledad</hi> de Góngo­ra, el conservado en el códice n°
            3906 B.N.E., denominado manuscrito Cuesta Saavedra, en adelante CS. Es un importante
            tomo de 700 folios formado en su totalidad por una amplia variedad de textos y
            comentarios de la controversia gongorina. Está encuadernado en cuero y en el lomo se lee
            «Don Martín de Angulo / ÉGLOGA FÚNEBRE / A DON LUYS / DE GÓNGORA». Este título se debe
            al hecho de que incluye en primer lugar la edición de dicha <hi rend="i">Égloga</hi>,
            escrita por Angulo con versos entresacados de las obras de Góngora e impresa en Sevilla
            en el año 1638, con 12 folios de preli­minares y 20 folios para el centón. Cuenta con un
            índice que ocupa el primer folio, recto y vuelto, que sigue a uno de guarda.</p>
          <p>Al final se indica la procedencia de este volu­minoso tomo: «Este libro de papeles
            varios manuscritos es de la Librería del Dr. D. Ambrosio de la Cuesta y Saavedra
            Canó­nigo de la Santa Iglesia de Sevilla». Como en el caso del ms. nº 3726 de la B.N.E.,
            nos encontramos con un ejemplar en el que un admirador de Góngora compila muestras de la
            poderosa atracción ejercida por su innovadora poesía. Las letras pertenecen a distintos
            copistas y, por ejemplo, en las <hi rend="i">Anotaciones a la Primera Soledad</hi> se
            alternan dos diferen­tes tipos de letras.</p>
          <p>Por consiguiente, la edición de las <hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad de
              don Luis de Góngora</hi> se limita a la versión que se encuentra en los ff. 248r-281r
            que contiene 161 notas. Como rasgo fundamental debemos señalar que los trazos
            caligráficos y las abundantes abreviaturas, particularmente en las citas latinas,
            dificultan en general la lectura pero su carácter de irremplazable lo convierte en un
            documento necesario aunque no es una versión óptima. Por otra parte, es evidente que el
            copista no parece ser muy versado en latines y que desconoce o equivoca nombres de los
            autores mencionados (Fortunato por Fornuto, por ejemplo).</p>
          <p>En nuestra transcripción del manuscrito, hemos desarrollado las terminaciones finales
            de las palabras y repuesto los diptongos latinos (ae&gt;e) que abundan en el texto, pues
            así aparecen en las ediciones próximas a la redacción de Díaz de Rivas. En cuanto al
            criterio adoptado al comprobar y localizar las numerosas referencias y autoridades
            citadas, en aquellos casos en que al cotejar los textos encontramos variantes,
            conservamos la versión del manuscrito, siempre que esta coincidiera con alguna edición
            cercana a nuestro comentarista. En algunas ocasiones, hemos enmendado <hi rend="i">ope
              ingenii</hi> los probables errores advertidos en la versión conservada que, ante la
            posible aparición de otros testimonios, podrían ser corregidos. En aquellos casos en que
            la cita esté incompleta, pues se menciona tan solo un sintagma o fragmento, en nuestra
            nota se transcribe entre corchetes el texto faltante.</p>
          <p>La búsqueda fue ardua pero muy satisfactoria, como oportunamente mostramos, sobre todo
            porque permitió desentrañar la técnica empleada por Díaz de Rivas para componer sus <hi
              rend="i">Anotaciones</hi>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>10. Bibliografía</head>
          <div>
            <head>10.1 Obras citadas o consultadas por el polemista</head>
            <p><hi rend="sc">Alciato,</hi> Andrea:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Andreae Alciati, Emblemata cum Claudii Minois I. C.
                comentariis</hi>, Antuerpiae: ex Officina Plantiniana Raphelengi, 1608. </bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alighieri,</hi> Dante:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">La Divina Commedia</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Apolonio de Rodas:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Argonautica</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Arato:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Arati Φαινομενων fragmentum, Germanico Caesare interprete. Eiudem
                Phaenomena Graece, cum interpretatione latina,</hi> en<hi rend="i"> C. Iulii Hygini
                Augusti Liberti Fabularum Liber, ad omnium poetarum lectionem mire necessarius &amp;
                ante hac nunquam excusus. Eiusdem Poeticon Astronomicon, libri quatuor</hi> […],
              Basileae: apud Ioan. Hervagium, 1535.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Argote de Molina</hi>, Gonzalo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Discurso sobre el Libro de la Montería que mandó a escribir el muy
                alto y muy poderoso Rey Don Alonso de Castilla y de León</hi>, Sevilla: por Andrea
              Pescioni, 1582.</bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Aristóteles</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De anima</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">De caelo</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">De historia animalium</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">De poetica</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Metaphysica</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Meteorologica</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Problemata</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ausonio,</hi> Décimo Magno:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Edyllia</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Berchorius</hi>, Petrus:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Reductorii moralis</hi>, […]<hi
                rend="i"> libri quattuordecim</hi>, Parissiis: apud Claudium Cheuallon, 1521.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Calímaco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Epigrammata</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Calpurnio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">M. Aurelii Olympii Nemesiani Carthaginiensis, T. Calphurnii Siculi
                Bucoli</hi> [...], Florentiae: apud Philippum Iunctam, 1590.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Camoens</hi>, Luis de:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rimas</hi></bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Caro</hi>, Aníbal:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rime del commendatore Annibal Caro</hi> […], in Venetia: Appresso
              Aldo Manutio, 1572.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Castiglione</hi>, Baltasar:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Carminum Liber</hi>, en <hi rend="i"
                >Carmine Quinque Illustrium Poetarum</hi> […], Venetiis: Presb. Hieronymus Lilius,
              et socii excudebant, 1558.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cerda,</hi> Juan Luis de la:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">P. Virgilii Maronis Bucolica Georgica Argumentis, explicationibus,
                notis illustrata, auctore Io. Lvdovico De La Cerda Toletano, Societatis Iesu, in
                curia Philippi Regis Hispaniae Primario Eloquentiae Professore, editio cum accurata,
                tum locupletata, et Indicibus necessariis</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon,
              1619.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">P. Virgilii Maronis Priores Sex Libri Aeneidos Argumentis,
                explicationibus notis illustrati, auctore Ioanne Ludouico De La Cerda</hi> [...]<hi
                rend="i">, editio quae non ante lucem vidit, cum indicibus necessariis </hi>,
              Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon, 1612.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">P. Virgilii Maronis Posteriores Sex Libri Aeneidos Argumentis,
                explicationibus notis illustrati, auctore Ioanne Ludouico De La Cerda [...], editio
                que non ante lucem vidit</hi> [...],<hi rend="i"> Index Erythraei ad faciliorem
                vocum disquisitionem,</hi> Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon, 1617.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Chiabrera</hi>, Gabriello:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rime del Sig. Gabriello Chiabrera</hi> [...]<hi rend="i">, Parte
                Prima</hi>, raccolta da Piergirolamo Gentile, in Venetia: apresso Sebastiano Combi,
              1610.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Delle Rime</hi> [...], <hi rend="i">Parte Seconda</hi>, raccolta
              da Giuseppe Pavoni, in Venetia: apresso Sebastiano Combi, 1610.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Delle Rime</hi> [...], <hi rend="i">Parte Terza</hi>, raccolta da
              Giuseppe Pavoni, in Venetia: apresso Sebastiano Combi, 1610.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cicerón</hi>, Marco Tulio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Marci Tullii Ciceronis omnia, quae in hunc usque diem extare
                putantur opera, in tres secta tomos</hi> [...], Basilea: ex aedibvs A. Cratandri,
              1528.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">M. Tullii Ciceronis ad Titum Pomponium Atticum</hi> [...], <hi
                rend="i">Epistolarum Libri XX</hi> [...], Parisiis: apud Simonem Colinaeum,
              1532.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cirilo de Alejandría</hi>:</p>
            <bibl>–, <title>Commentarius in Amos Prophetam</title></bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Claudiano</hi>:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Claudianus, Theod Pulmanni Craneburgii diligentia et fide</hi>
              [...] <hi rend="i">restitutus</hi> [...] cum M. A. del Rio notis [...], Antuerpiae:
              Officina plantiniana, 1607.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Conimbricenses</hi>, Padres:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Commentarii Collegii Conimbricensis Societatis Iesv,
                in Libros Meteororvm Aristotelis Stagiritae, Priuilegia, approbationes,
                facultatesque ad typographicam editionem horum librorum continentur in principio
                huius. Tomi ante exordium librorum de coelo,</hi> Ollisipone: Ex officina Simonis
              Lopesii, 1593.</bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cornuto</hi>, Lucio Anneo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Cornuti siue Phurnuti De natura deorum gentilium
                commentarius, et graeco in latinum conuersus, per Conradum Clauserum Tigurinum,
                Palaephati poeticarum fabularum explicationes, siue de non credendis fabulosis
                narrationibus</hi> [...], Basileae: s.n., 1543.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Juan Cris</hi>ó<hi rend="sc">stomo</hi>, San:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Ultimus tomus operum Divi Ioannis Crysostomi</hi> [...], Basileae:
              Officina Frobeniana, 1530.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Dion Cris</hi>ó<hi rend="sc">stomo</hi>:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Dionis Chrysostomi Orationes LXXX</hi> […],
              Lutetiae: ex officina Typographica Claudii Morelli, 1604.</bibl>
            <p rend="noindent sc">Dionisio Uticense:</p>
            <bibl>–, Casii Dionysii Uticensis, <hi rend="i">De Agricultura Libri
                XX</hi> [...], Lugduni: apud Antonium Vincentium, 1543.</bibl>
            <p rend="noindent sc">Dioscórides:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Pedacio Dioscorides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal, y
                de los venenos mortíferos</hi>, traducido de lengua griega, en la vulgar castellana
              e ilustrado con claras y substanciales annotationes, y con las figuras de innumeras
              plantas exquisitas y raras, por el Doctor Andres de Laguna [...], en Salamanca: por
              Mathias Gast., 1563.</bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Eliano:</p>
            <bibl>–, <title>De natura animalium</title></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Ennio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Annalium</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Escalígero</hi>, Julio César:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Exotericarum Exercitationum</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Estacio,</hi> Publio Papinio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Silvarum</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Estobeo</hi>, Juan de:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Ioannis Stobaei, Sententiae ex Thesauris Graecorum
                delectae, quarum authores circiter ducentos et quinquaginta citat: et in sermones
                sive locos communes digestae, a Conrado Gesnero Doctore Medico Tigurino in latinum
                sermonem traductae, sicut Latina Graecis e regione respondeant</hi> [...], Basileae:
              ex officina Ioannis Oporini, Sumptibus Christophori Froschoveri, 1559.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Estrabón:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Geografía</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Eurípides:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Euripides poeta tragicorum princeps, in Latinum
                sermonem conversus, adjecto e regione textu Graeco cum annotationibus et
                praefationibus in omnes ejus Tragoedias</hi>, autore Gasparo Stiblino [...],
              Basileae: per J. Oporinum, 1562.</bibl>
            <p/>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Fernández de Córdoba</hi>, Francisco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Francisci Fernandii de Cordova Cordubensis, Didascalia
                Multiplex</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon, 1615.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Filóstrato</hi>:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Apollonii Tyanei Vita</hi> en <hi rend="i">Photii Biblioteca</hi>
              [...] <hi rend="i">Andreae Schotti Antuerpiani</hi> [...], <hi rend="i">s.l.</hi>:
              Augustae Vindelicorum, 1606.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Firmiano Sinfosio</hi>, Celio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Aenigmata.</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Flaco,</hi> Valerio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Argonautica</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Flaminio,</hi> Marco Antonio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Carmine Quinque Illustrium Poetarum</hi> […] <hi
                rend="i">M. Antonii Flaminii libellis nunquam antea impressis</hi>,
              Venetiis: Presb. Hieronymus Lilius, et socii excudebant, 1558.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Fracastoro</hi>, Girolamo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Hieronymi Fracastorii, Syphilis, sive Morbus
                Gallicus</hi>, Basileae: Bebel, 1536.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Giovio, Paulo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Pauli Iovii Novocomensis episcopi Nucerini
                Historiarum sui temporis Tomus Secundus</hi>, Florentiae: in officina Laurentii
              Torrentini ducalis Typographi, 1552.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Pauli Iovii Novocomensis Medici et Episcopi Nucerini De Romanis
                piscibus libellus</hi>, Basileae: per Henricum Petri et Petrum Pernam, 1561.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Guarini,</hi> Gian Battista:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Il Pastor Fido, Tragicommedia Pastorale</hi> […], <hi
                rend="i">ora in questa XX, impressione di curiose, e dotte
                Annotationi</hi> […], in Venetia: Appresso Gio. Battista Ciotti, 1602.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Herrera,</hi> Fernando de:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Obras de Garci Lasso de la Vega con Anotaciones de Fernando de
                Herrera</hi> [...], en Sevilla: por Alonso de la Barrera, 1580.</bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Hesíodo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Hesiodo Ascraei quae extant, cum notis, ex probatissimis quibusdam
                Authoribus, brevissimis, selectissimisque</hi> [...], opera et studio Cornelii
              Schrevelii, Lugd. Batavorum: Typis Francisci Hackii, 1601.</bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Higino:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">C. Iulii Hygini Augusti Liberti Fabularum Liber, ad omnium
                poetarum lectionem mire necessarius &amp; ante hac nunquam excusus, eiusdem Poeticon
                Astronomicon, libri quatuor</hi> […]<hi rend="i">, liber I, Arati Φαινομενων
                fragmentum, Germanico Caesare interprete, eiudem Phaenomena Graece, cum
                interpretatione latina</hi> […], Basileae: apud Ioan. Hervagium, 1535.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Horacio Flaco,</hi> Quinto:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Carmina</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Satyrae</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Isidoro de Sevilla:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Isidori Hispalensis Episcopi Originum libri viginti ex antiquitate
                eruti</hi> [...], Basileae: per Petrum Pernam, 1577.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Justino:</p>
            <bibl>–, <title>Historiae Philipicae</title></bibl>
            <p rend="noindent sc">Juvenal:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Satyrae</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Leonardo de Argensola,</hi> Bartolomé de:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rimas</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Laguna,</hi> Andrés de</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum</hi> [...],
              Lugduni: apud Gulielmum Rouillium, 1554.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lucano,</hi> Marco Anneo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Pharsalia</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Lucrecio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De rerum natura</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Maiolo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Dies Caniculares, Illustrissimi et Reverendissimi
                Praesulis, Dn. Simonis Maioli Episcopi Vulturariensis</hi>, Moguntiae: Impensis
              Ioannis Theobaldi Schönwetter, 1615.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Marcial</hi>, Marco Valerio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Epigrammata</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Marino</hi>, Giovanni Battista:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rime di Gio. Battista Marino, Parte Prima, all’
                Illustrissimo et Reuerendiss Monsig. Melchior Crescentio Chierico di Camera, con
                privilegi, in questa sesta impressione corrette e accresciute dall’istesso
                autore</hi>, in Venetia: apresso Bernardo Ciunti et Cio. Batª Ciotti, 1609.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rime del Marino, Seconda Parte, Madrigali e Canzoni,
                  all’Illust.<hi rend="sup">mo</hi> Sig. Tomaso Melchiori, con privilegio</hi>, in
              Venetia: presso Gio. Batt. Ciotti, 1609.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Il Ritratto del Serenissimo don Carlo Emanuello duca
                di Saudia, Panegirico del Marino, al Figino, con privilegio e licenza de
                Superiori</hi>, in Venetia: apresso Bernardo Giunti et Gio. Batª Ciotti,
              1609.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mathioli,</hi> Andrea:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">I Discorsi di M. Pietro Andrea Matthioli</hi> […] <hi rend="i">nei
                sei Libbri di Pedacio Dioscoride Anazarbeo della materia Medicinale</hi></bibl>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Máximo de Tiro</hi>:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Maximi Tyrii Dissertationes philosophicae cum interpretatione et
                notis Danielis Heinsii</hi>, Lugduni Batavorum: apud Ioannem Patium, 1614.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mela,</hi> Pomponio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De Situ Orbis</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mercurial,</hi> Girolamo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De morbis cutaneis et omnibus corporis humani excrementis
                tractus</hi> […], Venetiis: apud Ivntas, 1601.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mignault</hi>, Claude:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Andreae Alciati, Emblemata cum Claudii Minois I. C.
                comentariis</hi>, Antuerpiae: ex Officina Plantiniana Raphelengi, 1608.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Molza,</hi> Francesco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Delle Poesie volgari e latine</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mureto,</hi> Marco Antonio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Catullus et in eum Commentarius M. Antonii
                Mureti</hi> […], Venetiis: apud Paulum Manutium, 1554.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Nebrija</hi>, Antonio de:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Dictionarium</hi> […] <hi rend="i"
                >Grammatici, Chronographi Regii</hi> [...], apud inclytam Granatam: s.n.,
              1552.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Nemesiano:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">M. Aurelii Olympii Nemesiani Carthaginiensis, T.
                Calphurnii Siculi Bucoli</hi> [...], Florentiae: apud Philippum Iunctam,
              1590.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Opiano:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Oppiani Anazarbei De piscatu libri V, Laurentio
                Lippio interprete, De venatione libri IIII</hi> [...], Parisiis: apud Guil.
              Morelium, 1555.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Osorio,</hi> Jerónimo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">D. Hieronymi Osorii Lusitani Episcopi Syluensis, de Regis
                institutione et diciplina, lib. VIII</hi> [...], Olysipponae: ex officina Ioannis
              Hispani, 1572.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ovidio Nasón</hi>, Publio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Amores</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Ars Amatoria</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Metamorphoses</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Palladio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De insitionibus</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Pausanias:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Pausaniae De Florentiss. Veteris Graeciae
                Regionibus</hi>, Basileae: per M. Isingrinium, 1557.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Persio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Satyrae</hi></bibl>
            
            <p><hi rend="sc">Petrarca</hi>, Francisco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Trionfi</hi></bibl>
            
            <p><hi rend="sc">Pico de la Mirándola</hi>, Juan Francisco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Opera omnia</hi>, Basileae: ex Officina Henricpetrina,
              1572.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Platón</hi>:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Omnia divini Platonis Opera tralatione Marsilii
                Ficini, emendatione, et ad graecum codicem collatione Simonis Grynaei</hi> [...],
              Lugduni: apud Godefridum et Marcellum Beringos, fratres, 1548.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Plinio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Naturalis Historiae</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Pontano,</hi> Giovanni Gioviano:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Amorum libri II, ejusdem De amore conjugali libri III, Tumulorum
                libri II</hi> [...], Argentinae: J. Knoblouch, 1515.</bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Plutarco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Moralia</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Vitae</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Propercio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Elegiae</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent sc"><hi rend="sc">Río</hi>, Martín del:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Martini Antonii Delrii ex Societate Iesu, Syntagma Tragoediae
                Latinae, in tres partes distinctum</hi>, Antverpiae: ex officina Plantiniana, apud
              Viduam et Ioannem Moretum, 1593.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Martini Antonii Delrii ex Societate Iesu, Syntagmatis Tragoediae
                Latinae, Pars Secunda, in qua L. Annaei Senecae Tragoediae</hi> [...], Antverpiae:
              ex officina Plantiniana, apud Viduam et Ioannem Moretum, 1593.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Martini Antonii Delrii ex Societate Iesu, Syntagmatis Tragici,
                Pars ultima, seu Novus Commentarius in decem Tragoedias, quae vulgo Senecae
                ascribuntur</hi> [...], Antverpiae: ex officina Plantiniana, apud Viduam et Ioannem
              Moretum, 1593.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Roa</hi>, Martín de:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Discurso del nombre, antigüedad, sitio de Xerez de la Frontera,
                valor de sus ciudadanos</hi>, Sevilla: Alonso Rodríguez Gamarra, 1617.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sabélico,</hi> Marco Antonio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rapsodiae Historiarum Enneadum Marci Antonii Coccii Sabellici ab
                orbe condito, Pars Prima quinque complectens Enneadis</hi> […], Lugduni: in aedibus
              Vicentii de Portonariis, 1535.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sacchi</hi>, Bartolommeo, llamado «Il Platina»:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Bap. Platinae Cremonensis, De honesta voluptate et valetudine, De
                ratione victus et modo vivendi, De natura rerum et arte conquendi, libri X</hi>,
              Parisiis: in aedibus Ioannis Parui, 1530.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Salustio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Bellum Catilinarium et Iugurthinum</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sannazaro</hi>, Jacopo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Arcadia di M. Iacopo Sannazaro nuovamente corretta,
                e ornata d’alcune Annotationi da Thomaso Porcacchi</hi> [...], Vinegia: apresso
              Gabriel Giolito de Ferrari, 1567.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Iacobi Sannazarii Opera quorum Indicem sequens
                pagella continet. His Adiecta Sunt selecta Poemata</hi> […], Roma: apud Iacobum
              Tornerium, 1590.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Séneca</hi>, Lucio Anneo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Martini Antonii Delrii ex Societate Iesu, Syntagma Tragoediae
                Latinae, in tres partes distinctum</hi>, Antverpiae: ex officina Plantiana, apud
              Viduam et Ioannem Moretum, 1593.</bibl>
            <bibl>–,<hi rend="i">Martini Antonii Delrii ex Societate Iesu, Syntagmatis Tragoediae
                Latinae, Pars Secunda, in qua L. Annaei Senecae Tragoediae</hi> [...], Antverpiae:
              ex officina Plantiniana, apud Viduam et Ioannem Moretum, 1593.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Martini Antonii Delrii ex Societate Iesu, Syntagmatis Tragici,
                Pars ultima, seu Novus Commentarius in decem Tragoedias, quae vulgo Senecae
                ascribuntur</hi> [...], Antverpiae: ex officina Plantiniana, apud Viduam et Ioannem
              Moretum, 1593.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Servio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Pvb. Virgilii Maronis Bvcolicorvm, Eclogæ X,
                Georgicorvm, libri IIII, et in ea, Mauri Servii Honorati</hi> [...], Coloniae
              Allobrogum: Excudebat Stephanus Gamonetus, 1610.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Silio Itálico:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Punicorum</hi></bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sipontino</hi>, Nicolò Perotti:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Cornucopiae seu latinae linguae commentarii
                locupletissimi, Nicolao Perotto, Sipontino pontifice autore denuo ad veteris
                codicis, &amp; scriptorum, unde illos deprompserat, fidem, diligentissime
                recogniti</hi> [...], Basileae: apud Valentinum Curionem, 1526.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Solino (C.</hi> Iulii Solini):</p>
            <bibl>–, <ref target="http://www.thelatinlibrary.com/solinus.html"><hi
                  rend="i">Collectanea rerum memorabilium</hi></ref>.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Stigliani,</hi> Tommaso:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Delle Rime del signor Tomaso Stigliani, Parte Prima</hi> […], in
              Venetia: presso Gio. Battista Ciotti, 1601.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Suárez de Salazar</hi>, Juan Bautista:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Grandezas y Antigüedades de la isla y ciudad de Cádiz</hi> […], en
              Cádiz: impresso por Clemente Hidalgo, año 1610.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Suetonio Tranquilo</hi>, Gayo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De vita duodecim Caesarum, libri XII</hi>, s.l.: in aedibus
              Joannis Prüss, 1520.</bibl>
            
            <p rend="noindent sc">Tácito:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Annales</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tamayo de Vargas</hi>, Tomás:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Historia General de España del P. D. Iuan de Mariana defendida por
                el Doctor Don Thomas Tamaio de Vargas contra las advertencias de Pedro
              Mantuano</hi>, en Toledo: por Diego Rodríguez, 1616.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tasso</hi>, Bernardo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Rime di messer Bernardo Tasso, divise in cinque libri nuovamente
                stampate, con la sua tavola per ordine di Alfabeto, con privilegio</hi>, Vinegia:
              appresso Gabriel Giolito de’Ferrari, 1560.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tasso</hi>, Torcuato:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Aminta</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">La Gerusalemme liberata</hi></bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">Le Sette Giornate del Mondo Creato</hi> […], in Milano: appresso
              Girolamo Bordoni, &amp; Pietro Martire Locarni, 1608.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Thevet,</hi> André:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">La Cosmographie Universelle d’André Thevet
                Cosmographe du Roy</hi> […], Paris: Pierre L’Huilier et Guillaume Chaudière,
              1575.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Teodoreto:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Theodoriti Cyrensis episcopi de Euangelicae
                veritatis ex Graecorum atque gentium philosophia cognitione, siue de Graecarum
                affectionum curatione, libri duodecim, Zenobio Acciaolo interprete</hi> [...],
              Antuerpiae: apud Ioannem Steelsium, in scuto Burgundiae, 1540.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Titelman,</hi> Francisco:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Compendium Naturalis Philosophiae, libri
                duodecim,</hi>
              <hi rend="i">per Patrem Franciscum Titelmannum Hassellensem</hi>,
              Parisiis: apud Ioannem Lodoicum Remensis, 1545.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Valerio Máximo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Valerii Maximi Dictorum factorumque memorabilium, libri IX,
                Infinitis mendis ex veterum exemplarium fide repurgati, atque in meliorem ordinem
                restituti per Stephanum Pighium Campensem</hi> [...], Antuerpiae: ex officina
              Christophori Plantini, Architypographi Regii, 1574.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Valerianus</hi>, Pierio:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Hieroglyphica, sive de sacris Aegyptiorum,
                aliarumque gentium literis [sic] commentarii, Ioannis Pierii Valeriani Bolzanii
                [...],</hi>
              <hi rend="i">a Caelio Augustino Curione duobus libris aucti &amp; multis
                imaginibus illustrati</hi>, Basileae: per Thomam Guarinum, 1575.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent sc">Varrón:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">De re rustica</hi></bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vida,</hi> Gerónimo:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Marci Hieronymi Vidae Cremonensis, Albae Episcopi Opera</hi>
              [...], Lugduni: apud Seb. Gryphium, 1554.</bibl>
            
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Virgilio</hi>: </p>
            <bibl>–, <hi rend="i">P. Virgilii Maronis Bvcolica Georgica Argumentis, Explicationibus,
                notis illustrata, auctore Io. Lvdovico De La Cerda Toletano, Societatis Iesu, in
                curia Philippi Regis Hispaniae Primario Eloquentiae Professore, editio cum accurata,
                tum locupletata, et Indicibus necessariis</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon,
              1619.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">P. Virgilii Maronis Priores Sex Libri Aeneidos Argumentis,
                Explicationibus notis illustrati, auctore Ioanne Ludouico De La Cerda..., editio
                quae non ante lucem vidit, cum indicibus necessariis</hi>, Lugduni: Sumptibus
              Horatii Cardon, 1612.</bibl>
            <bibl>–, <hi rend="i">P. Virgilii Maronis Posteriores Sex Libri Aeneidos Argumentis,
                Explicationibus notis illustrati, auctore Ioanne Ludouico De La Cerda, editio que
                non ante lucem vidit,</hi> [...],<hi rend="i"> Index Erythraei ad
                faciliorem vocum disquisitionem,</hi> Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon,
              1617.</bibl>
            <p/>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vives</hi>, Juan Luis:</p>
            <bibl>–, <hi rend="i">Io. Lodovici Vivis Valentini Opera, in duos distincta tomos:
                quibus omnes ipsius lucubrationes</hi> […], Basileae: per Nic. Episcopium Juniorem,
              1555.</bibl>
          </div>
          <div>
            <head>10.2 Obras citadas por el editor</head>
            <div>
              <head>10.2.1 Manuscritos</head>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Díaz de Rivas</hi>, Pedro:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Anotaciones a la "Primera Soledad"</hi>, ms. 3726, B.N.E., ff.
                104‑179.</bibl>
            </div>
            <div>
              <head>10.2.2 Impresos anteriores a 1800</head>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Antonio</hi>, Nicolás:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Bibliotheca Hispana sive Hispanorum</hi> […], Roma: Nicolai
                Angeli Tinassii, 1672, 1ra. ed.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Apolonio de rodas:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Apollonii Rhodi Argonauticorum Libri Quatuor, edidit nova fere
                  interpretatione illustravit, priorum editorum notas praecipuas selegit</hi> [...]
                  <hi rend="i">Joannes Shaw, A.M.</hi> [...] <hi rend="i">Tomus
                  Secundus</hi>, Oxonii: e tipographeo clarendoniano, 1777.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Aristóteles:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">De Historia Animalium</hi>, en <hi rend="i">Aristotelis
                  Stagiritae Peripateticorum Principis De Historia, Partibus, Incessuque Animalium,
                  ac de ipsa Anima libri omnes</hi> […], Pars Quinta, Venetiis: ad signum
                Seminantis, 1572.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Calímaco:</p>
              <bibl>–,<hi rend="i"> Novus Graecorum Epigrammatum et Poematon Delectus cum Nova
                  Versione et Notis, Opera Thomae Johnson A. M.</hi> [...], Londini: Typis J.
                Bettenham, impensis Gulielmi Innys, in vico vulgo dicto, Pater-noster Row,
                1751.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Camoens</hi>, Luis de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Rimas de Luis de Camoês Principe dos Poetas Portugueses,
                  Primeira, Segunda e Terceira Parte</hi> [...], Lisboa: na Officina de Antonio
                Craesbeeck de Mello, 1666.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Daniel</hi>, Petrus:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Pub. Virgilii Maronis Bucolicorum Eclogae X,
                  Georgicorum, libri IIII, Aeneidos, libri XII, et in ea, Mauri Servii Honorati</hi>
                [...], <hi rend="i">ex Bibliotheca Petri Danielis</hi> [...], Genevae:
                apud Petrum et Iacobum Chouët, 1636.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent sc">Erasmo:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Desiderii Erasmi Roterodami Proverbiorum Epitome</hi> [...],
                Lipsiae: sumtibus Haered Lankisian, 1759.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Escalígero</hi>:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Iulii Caesaris Scaligeri Exotericarum Exercitationum, liber XV,
                  De subtilitate, ad Hieronymum Cardanum, in fine sunt Indices, prior breuisculus,
                  continens sententias nobiliores, alter opulentissimus, pene omnia complectens, cum
                  gratia et privileg. S. Rom. Imp.,</hi> Hanoviae: Typis Wechelianis, sumptibus
                clementis Schleichii et Petri de Zetter, 1634.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Estacio</hi>:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">P. Papinii Statii, Silvarum Libri Quinque, ex vetustis
                  exemplaribus recensuit et Notas atque Emendationes adjetic Fer. Marklandus</hi>
                [...], Londini: Typis Guilielmi Bowyer, 1728.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Herrera,</hi> Fernando de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Versos de Fernando de Herrera, enmendados y divididos por él en
                  tres libros</hi> [...], Sevilla: Gabriel Ramos Vejarano, 1619.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Homero:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Poetarum omnium seculorum longe principis Homeri Ilias</hi>
                [...], <hi rend="i">Helio Eobano Hesso interprete</hi> [...], Basileae: in Officina
                Roberti Winter, 1540.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent sc">Justino:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Justini Historiae Philipicae</hi> [...], <hi
                  rend="i">The Third Edition,</hi> London: Hitch, Mumby, Mace and
                Hammond, 1742.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Juvenal</hi>:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Decii Junii Juvenalis et A. Persii Flacci,
                  Satyrae</hi> [...], Londini: Typis J. Brindley, 1744.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Leonardo de Argensola,</hi> Bartolomé de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Las Rimas que se han podido recoger de Lupercio y del Doctor
                  Bartolome Leonardo de Argensola</hi> [...], <hi rend="i">dedícalas al Rey don
                  Felipe nuestro S</hi><hi rend="u"><hi rend="i"><hi rend="sup">r</hi></hi></hi><hi
                  rend="i"> Cuarto deste nombre entre los reyes de Castilla</hi> [...], en Zaragoza:
                en el Hospital Real i General de Nuestra Señora de Gracia, 1634.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Lucrecio:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Titi Lucretii Cari, De Rerum Natura, libros Sex</hi> [...],
                Venetiis: apud Remondini, 1788.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mathioli</hi>, Pietro:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">I Discorsi di M. Pietro Andrea Matthioli</hi> […], <hi rend="i"
                  >nei sei Libbri di Pedacio Dioscoride Anazarbeo della materia Medicinale</hi> […],
                in Venezia: presso Nicolo Pezzana, 1712.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Molza,</hi> Francisco:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Delle Poesie volgari e latine</hi> [...]<hi rend="i">, corrette,
                  illustrate, ed accresciute colla vita dell’ autore, scritta da Pierantonio
                  Serassi, volume Primo contenente le cose altre volte stampate,</hi> in Bergamo:
                appresso Pietro Lancellotti, 1747.</bibl>
              <bibl>–, <hi rend="i">Delle Poesie volgari e latine</hi> [...], <hi rend="i">volume
                  Secondo contenente le cose inedite</hi> [...], in Bergamo: appresso Pietro
                Lancellotti, 1750.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Paredes</hi>, Antonio de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Rimas de don Antonio de Paredes, a don Pedro de Cárdenas y
                  Angulo</hi>, Córdoba: por Salvador Cea Tesa, 1622.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Pellicer de Salas y Tovar</hi>, José:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Góngora</hi>
                [...], Madrid: Imprenta del Reino, 1630.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Persio</hi>:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Decii Junii Juvenalis et A. Persii Flacci,
                  Satyrae</hi> [...], Londini: Typis J. Brindley, 1744.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Roa</hi>, Martín de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Écija, sus santos, su antigüedad eclesiástica y seglar</hi>, por
                el P. Martín de Roa de la Compañía de Jesús, Sevilla: Manuel de Sande, 1629.</bibl>
              
              <p><hi rend="sc">Salcedo Coronel</hi>, García de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">El Polifemo de Don Luis de Góngora comentado por García de
                  Salcedo Coronel [...]</hi>, en Madrid por Juan González, 1629, a costa de su
                autor.</bibl>
              <bibl>–, <hi rend="i">Soledades de Don Luis de Góngora comentadas</hi>, Madrid:
                Imprenta Real, 1636.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Salustio:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">C. Crispi Sallustii, Bellum Catilinarium, et
                  Iugurthinum</hi> [...], <hi rend="i">cum commentariis Joannis
                  Minellii</hi>, Matriti: apud Michaelem Escribano, 1775.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Siria</hi>, Pedro de:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Arte de la verdadera navegación</hi> [...]<hi rend="i">,
                  compuesta por Pedro de Syria</hi> [...], impresa en Valencia: en casa de Juan
                Chrysostomo Garriz, 1602.</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Tácito:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">C. Cornelii Taciti Opera</hi> [...], <hi rend="i">Tomus
                  Tertius</hi>, Parisiis: ex Typographia L. F. Delatour, 1776.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Textor</hi>, Ravisio:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Ioannis Ravisii Textoris nivernensis Epitheta</hi> [...],
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lucano,</hi> Marco Anneo:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">La guerre civile</hi> (<hi rend="i"
                  >La Pharsale</hi>). Tome I (Livres I-V) (texte établi et traduit par A. Bourgery),
                Paris, Les Belles Lettres, 1926.</bibl>
              <bibl>–, <hi rend="i">La guerre civile</hi> (<hi rend="i"
                  >La Pharsale</hi>). Tome II (Livres VI-X) (texte établi et traduit par A. Bourgery
                et Max Ponchont), Paris, Les Belles Lettres, 1929.</bibl>
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              <bibl>–, <hi rend="i">Épigrammes</hi>, Tome II 2° Parte (Livres
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Morros</hi>, Bienvenido:</p>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Moya del Baño</hi>, Francisca:</p>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ovidio Nasón,</hi> Publio:</p>
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                Gredos, 1992.</bibl>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Platón</hi>:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Platonis Dialogi Latine Juxta Interpretationem Ficini
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                traduit et commenté par Jean Beaujeu, Paris, Les Belles Lettres, 1950.</bibl>
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                traduit et commenté par A. Ernout, Paris, Les Belles Lettres, 1952.</bibl>
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                traduit et commenté par E. de Saint-Denis, Paris, Les Belles Lettres, 1961.</bibl>
              <bibl>–, <hi rend="i">Histoire Naturelle, Livre XI</hi>, Texte établi,
                traduit et commenté par A. Ernout et le Dr. R. Pépin, Paris, Les Belles Lettres,
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                traduit et commenté par J. André, Paris, Les Belles Lettres, 1962.</bibl>
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                établi, traduit et commenté par E. de Saint-Denis, Paris, Les Belles Lettres,
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              <bibl>–,<hi rend="i"> Historia natural</hi>, Libros XII-XVI, Francisco Manzanero Cano,
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ponce Cárdenas</hi>, Jesús:</p>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Rozas</hi>, Juan Manuel:</p>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ruiz Pérez,</hi> Pedro: </p>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sánchez Mariana,</hi> Manuel:</p>
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Séneca</hi>, Lucio Anneo:</p>
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              <p rend="noindent sc">Silio Itálico:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Caius Silius Italicus, Punicorum Libri
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Simón Díaz,</hi> José:</p>
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                  >Iterum recensvit, Th. Mommsen,</hi> Berolini, apud Weidmannos, 1895, consultado
                en la edición digital siguiente: <ref
                  target="https://archive.org/stream/collectanearerum00soliuoft#page/40/mode/2up"
                  >https://archive.org/stream/collectanearerum00soliuoft#page/n3/mode/2up</ref></bibl>
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              <bibl>–, <hi rend="i">La Gerusalemme liberata</hi>, Milano, Biblioteca Universale
                Rizzoli, 1950.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Thomas</hi>, Lucien-Paul:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Góngora et le gongorisme considérés dans leurs rapports avec le
                  marinisme</hi>, Paris, Champion, 1911.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vázquez Siruela</hi>, Martín:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Discurso sobre el estilo de don Luis de Góngora y carácter
                  legítimo de la Poética, a Don García Coronel de Salcedo</hi>, presentación,
                edición y notas de Saiko Yoshida, <hi rend="i">En torno a las «Soledades» de Luis de
                  Góngora</hi>, F. Cerdan y M. Vitse (eds.), Toulouse, Anejos de <hi rend="i"
                  >Criticón</hi>, nº 4, Presses Universitaires du Mirail, 1995, p. 89-106.</bibl>
              
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vega</hi>, Garcilaso de la:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Obras completas</hi>, Elías L. Rivers (ed.), Madrid, Castalia,
                1964.</bibl>
              <p/>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vilanova</hi>, Antonio:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Las fuentes y los temas del Polifemo de Góngora</hi>, Madrid,
                C.S.I.C., 1957, dos vols. (<hi rend="i">Revista de Filología Española</hi>, Anejo
                LXVI).</bibl>
              
              <p rend="noindent sc">Virgilio:</p>
              <bibl>–, <hi rend="i">Bucoliques</hi>, Jean-Pierre Néraudau (ed.), Paris, Les Belles
                Lettres, 1998.</bibl>
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                Ascención Recio García y Arturo Soler Ruiz (ed.), Madrid, Gredos, 1990.</bibl>
              <bibl>–,<hi rend="i"> Eneida</hi>. Volumen I, Libros I-III, Luis Rivero García (ed.),
                Madrid, Consejo superior de investigaciones científicas, 2009.</bibl>
              <bibl>–,<hi rend="i"> Eneida</hi>. Volumen II, Libros IV-VI, Luis Rivero García (ed.),
                Madrid, Consejo superior de investigaciones científicas, 2011.</bibl>
              <bibl>–,<hi rend="i"> Eneida</hi>. Volumen III, Libros VII-IX, Luis Rivero García
                (ed.), Madrid, Consejo superior de investigaciones científicas, 2011.</bibl>
              <bibl>–,<hi rend="i"> Eneida</hi>. Volumen IV, Libros X-XII, Luis Rivero García (ed.),
                Madrid, Consejo superior de investigaciones científicas, 2011.</bibl>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
      <div>
        <index indexName="resp" n="Díaz de Rivas, Pedro"/>
        <index indexName="date" n="1617"/>
        <head>ANOTACIONES A LA SEGUNDA SOLEDAD DE DON LUIS DE GONGORA POR PEDRO DIAZ<note
            place="margin" n="B"> Natural de Córdoba v<hi rend="sup">e.</hi> Bibl. Hisp. tomo 2 pág.
            150 –– v<hi rend="sup">e.</hi> hic pág. 68.</note><note place="bottom"> La nota marginal
            del manuscrito está escrita con letra y tinta diferente, evidentemente agregada con
            posterioridad dadas las fechas de la edición de Nicolás Antonio citada. La precisa
            referencia corresponde a la primera edición de la <hi rend="i">Bibliotheca Hispana</hi>
            de Nicolás Antonio, Roma: Nicolai Angeli Tinassii, 1672. En cuanto a la segunda remisión
              «v<hi rend="sup">e</hi>. hic pág. 68», se trata de otra nota marginal que aparece
            junto al nombre del autor, en el f. 68 del mismo ms. 3906, al comenzar el texto de los
              <hi rend="i">Discursos Apologéticos</hi>. Allí se lee: «Deste Autor hace Mención la
              <hi rend="i">Bibliotheca Hispana</hi> t.2. pág. 150 y cita este papel por noticias de
            D. Martín del Pulgar en sus <hi rend="i">Epístolas satisfactorias</hi> y del P<hi
              rend="sup">e</hi>. Martín de Roa en su <hi rend="i">Ecixa</hi> f. 158. donde le llama
            su sobrino y dice recogió las <hi rend="i">Antiguallas de Ecija</hi>», texto que glosa
            la entrada de Nicolás Antonio sobre Pedro Díaz de Rivas.</note></head>
        <p>[f. 248 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>1.<note place="bottom">En esta primera nota, en el manuscrito, aparece el número uno
            después del verso. Como se trata de un caso único, lo transcribimos siguiendo el modelo
            del resto de la anotación.</note>
          <quote rend="center"><l><ref xml:id="ref1001"
            target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.1"
            >Éntrase el mar por un arroyo breve</ref></l><note place="bottom">
                  OC264C.1</note><note place="bottom"> Díaz de Rivas (en adelante, DR) inicia su
                  comentario a la <hi rend="i">Soledad Segunda</hi>, poniendo de relieve el uso de
                  la descripción de la ría y ponderando la elaboración poética del fragmento; y, de
                  acuerdo con el criterio defensivo con que opera, se apoya en autoridades clásicas
                  y modernas para sostener su valoración positiva de
            Góngora.</note></quote></head>
        <p>Convenientísimo principio es una descripción para entrar en la narración de cualquiera
          obra poética, y ansí por ella comenzaron gravísimos escritores. El nuestro describe aquí
          un arroyo que entraba en el mar, desatando el de su fecundidad, elegancia y erudición en
          pintarlo, y aunque parece algo larga la descripción, defiéndase con gravísimos poetas que
          a veces se dilatan sólo por desplegar las velas de su elocuencia, ostentando la bizarría y
          fecundidad de su ingenio como lo hicieron <persName type="authority">Lucano</persName>,
            <persName type="authority">Virgilio</persName>, <persName type="authority"
            >Claudiano</persName>, el <persName type="authority">Tasso</persName>, etc.</p>
      </div>
      <div>
        <head>2. <quote><l><ref xml:id="ref1002"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.4"
          >y mucha sal</ref><note place="bottom">OC264C.4</note>
              </l></quote></head>
        <p>Llámale sal al mar como <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 1
            <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">vela dabant laeti et spumas</hi> salis <hi rend="i"> aere
              ruebant</hi>
            <note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. I, v. 39: «daban velas
              contentos y arrollaban espumas de sal con el bronce» (Virgilio 2009: 8). En las
              ediciones modernas, corresponde al verso 35. Hemos cotejado en todos los casos los
              versos de Virgilio citados por DR con la edición de la <hi rend="i">Eneida</hi> del
              padre La Cerda (<hi rend="i">Priores Sex Libri Aeneidos</hi>, Lugduni: Sumptibus
              Horatii Cardon, 1612; y <hi rend="i">Posteriores Sex Libri Aeneidos</hi>, Lugduni:
              Sumptibus Horatii Cardon, 1617), ya que de allí extrae un número significativo de
              notas. En algunos casos, el número de versos no coincide con las ediciones modernas.
              Es evidente que la operatoria de este comentarista se apoya en la utilización del <hi
                rend="i">Index Erythraei</hi> (que pertenece al segundo volumen –y el único
              conservado–, de las obras de Virgilio por Niccolò Eritreo, Venecia, 1539) incluido en
              esa edición; en este caso, mediante la búsqueda de la palabra ‘<hi rend="i"
              >salis</hi>’.</note>.</l></quote>
        <p>y lib. 5 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">mene salis placidi vultum fluctusque quietos</hi><note place="bottom"
              > Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. V, v. 848: «<hi rend="i">mene salis placidi
                vultum fluctusque quietos /</hi>[<hi rend="i">ignorare iubes</hi>?]»: «¿Me mandas
              que desconozca el rostro de la plácida sal y las olas en calma?» (Virgilio 2011: vol.
              II, 117).</note>.</l></quote>
        <p>y lib. 10 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et campos salis aere ruebant</hi><note place="bottom"> Si bien la
              tradición textual moderna ha fijado <hi rend="i">secabant</hi> por <hi rend="i"
                >ruebant</hi>, mantenemos la lección que recoje el manuscrito, ya que era válida en
              el s. XVII.</note><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. X, v.
              214: «[<hi rend="i">ibant / subsidio Troiae</hi>]<hi rend="i"> et campos salis aere
                ruebant</hi>»: «marchaban / en auxilio de Troya y con su proa de bronce removían los
              llanos de sal» (Virgilio 2011: vol. IV, 18).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>3. <quote><l><ref xml:id="ref1003"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.4"
          >no sólo en poco vaso</ref><note place="bottom">
              OC264C.4</note></l></quote></head>
        <p>Quiere decir que el arroyo con su breve vaso de aguas se va perdiendo y bebiendo la sal
          del mar.</p>
        
        <p>[f. 248 v]</p>
      </div>
      <div>
        <head>4. <quote><l><ref xml:id="ref1004"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.10"
          >centauro ya espumoso el Oceano</ref><note place="bottom">
                  OC264C.10</note></l></quote></head>
        <p>El centauro era de dos naturalezas: medio hombre y medio caballo. Ansí, el mar entrándose
          por la ría, ni bien era mar ni bien ría, porque para lo uno era pequeño y para lo otro
          grande, y mezclando sus aguas salobres con las dulces participaba de ambas naturalezas: de
          mar y de ría<note place="bottom"> Destaca la comparación entre la ría y un centauro por su
            doble naturaleza y el simil está elaborado sobre las notas de los comentaristas citados
            de Virgilio, ya que Servio señala la relación entre Neptuno y los caballos, al anotar
            los versos de las <hi rend="i">Geórgicas</hi>.</note>. Fuera de esto, es bien comparado
          el mar y las aguas a un centauro por lo que participa de caballo, pues según <persName
            type="authority">Servio</persName>, lib. 1 <title>Geórgicas</title>: <quote><hi rend="i"
              >ideo fingunt equum a Neptuno productum, quia hoc animal velox est et mobile ut mare:
              hinc etiam Pollux et Castor, quia eorum stellae velocissimae sunt, equos in tutela
              habere dicuntur</hi><note place="bottom"> La cita de Servio que hemos localizado
              coincide solo parcialmente con el manuscrito, por lo cual se respeta el texto.
              Transcribimos, de todos modos, el fragmento correspondiente del comentarista de la
              obra de Virgilio, mencionado por DR: «[...] <hi rend="i">Ut autem modo Neptunum
                invocet: causa eius muneris facit, quia de equis est dicturus in tertio: alioquin
                incongruum esset, si de agricultura locuturus, numen invocet maris. Equum autem a
                Neptuno progenitum alii Scythium, alii Schironem, alii Arionem dicunt fuisse
                nominatum. Et ideo dicitur equum invenisse: quia velox est eius numen, et mobile,
                sicut mare. Unde etiam Castor et Pollux, quia eorum velocissimae stellae sunt, equos
                in tutela habere dicuntur</hi>» (<hi rend="i">Pub. Virgilii
                Maronis</hi> [...] <hi rend="i">et in ea Mauri Servii Honorati
                Grammatici Commentarii</hi> […] Coloniae Allobrogum: Excudebat Stephanus Gamonetus,
              1610, p. 62): ‘De modo que para invocar a Neptuno hace referencia a aquel don suyo,
              porque hablará de los caballos en el libro tercero; de otro modo hubiera sido
              incongruente, tratando de agricultura, invocar al dios del mar. El caballo engendrado
              por Neptuno unos dicen que se llamó Escitio, otros Esquirón, otros Arión. Y he aquí
              por qué se le atribuyó a este dios esa invención: porque su genio es veloz e inquieto,
              como el del mar. Por lo mismo se dice que son protectores de los caballos Castor y
              Pólux, estrellas velocísimas.’</note></quote>.</p>
        <p>La fábula del primer caballo producido de Neptuno toca <persName type="authority"
            >Virgilio</persName> en el mismo lugar:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Tuque o, cui prima frementem</hi></l>
          <l><hi rend="i">fudit equum magno tellus percussa tridenti</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <title>Geórgicas</title>, lib. I, v. 12-13: «<hi rend="i"
                >Tuque o, cui prima frementem / fudit equum magno tellus percussa tridenti</hi>, /
                [<hi rend="i">Neptune</hi>]»: «Y tú, Neptuno, en cuyo honor la tierra
              herida por tu gran tridente brotó al punto el relinchante caballo» (Virgilio 1990:
              258). De igual modo que con el texto de la <hi rend="i">Eneida</hi>,
              cotejamos los versos citados de las <hi rend="i">Geórgicas</hi> y de las
                <hi rend="i">Bucólicas</hi> con la edición del padre La Cerda (<hi
                rend="i">Bucolica, Georgica Argumentis</hi>, Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon,
              1619).</note>.</l></quote>
        <p>y ahí lo explican largamente los comentadores <persName type="authority"
            >Servio</persName>, <persName type="authority">Mancinelo</persName><note place="bottom">
            Antonio Mancinelli (1452-1505), humanista italiano, anotador de la obra de Virgilio. Fue
            un importante erudito y profesor de gramática y de estudios literarios en Roma. De sus
            cursos dictados en la universidad, surgieron sus comentarios a las <hi rend="i"
              >Bucólicas</hi> y <hi rend="i">Geórgicas</hi> de Virgilio, que circularon primeramente
            en forma manuscrita y que luego se adjuntaron a los comentarios de Servio y de otros
            comentaristas de la obra virgiliana.</note> y el <persName type="authority">Padre
            Cerda</persName><note place="bottom"> El Padre La Cerda se refiere a este tema en la
            nota 18 (<hi rend="i">Equum</hi>) al verso 13 del libro I de las <hi
              rend="i">Geórgicas</hi>: «<hi rend="i">Producti equi a Neptuno fabula
              aliter a Servio narratur, aliter Varrone. Perstringam utrumque breviter, quod ad rem
              meam necessarium: contendebant Neptunus et Pallas uter nomen Athenis daret. Indicarunt
              Dii, ut is daret, qui melius munus mortalibus produxisset. Pallas oleam produxit,
              Neptunus equum. Indicatum est pro Pallade, victus Neptunus, nam olea equo praestare
              existimatae est. Itaque Pallas a se Athenas nominauit. Ita Servius. Sed Varro, cum
              paria narret, in hoc dissidet, quod a Neptuno in ea contentione aquam productam dicat,
              non equum</hi>: [...]<hi rend="i"> Hinc est, ut in versu Virgilii, quem
              habeo in manibus, aliqui legant, Fudit aquam magno Tellus percussa tridente, quod
              admonet Servius Danielis.</hi>» (<hi rend="i">Bucolica, Georgica Argumentis</hi>...,
            p. 183): ‘La fábula de cómo Neptuno produjo los caballos la cuenta Servio de una manera,
            y de otra Varrón. Resumiré brevemente, en los dos casos, lo que es necesario para mi
            propósito; contendían Neptuno y Palas por quién de los dos daría su nombre a Atenas. Los
            dioses declararon que el que produjera el mejor presente para los mortales. Palas
            produjo el olivo y, Neptuno, el caballo. Se declaró la contienda a favor de Palas, y
            Neptuno fue vencido porque se estimó que el olivo era superior al caballo. Y por ello
            Palas nombró a Atenas con su nombre de Atenea. Así lo cuenta Servio. Pero Varrón,
            narrando el mismo asunto, discrepa en que dice que lo que produjo Neptuno fue el agua
              (<hi rend="i">aquam</hi>) y no el caballo (<hi rend="i">equum</hi>) […] De ahí que en
            el verso de Virgilio que tengo entre manos [Georg, I, 12] algunos lean: <hi rend="i"
              >Fudit aquam magno tellus percussa tridente</hi>, como advierte Servio
          Daniel’.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>5. <quote><l><ref xml:id="ref1005"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.12"
          >dos veces huella la campaña al día</ref><note place="bottom">
                  OC264C.12</note></l></quote></head>
        <p>Por el flujo y reflujo<note type="app" rend="I"> reflujo <hi rend="i">em.</hi>: reflejo
              <hi rend="i">CS</hi></note> que hace el mar océano cada día dos veces, cuya oculta
          causa investigaron con curiosidad los antiguos y nunca con certeza la conocieron. Ansí lo
          dijo nuestro gran <persName type="authority">Lucano</persName>, lib. 1
            <title>Pharsalia</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">tu, quaecumque moues tam crebros</hi><note type="app" rend="I">
              crebros <hi rend="i">em.</hi>: creabros<hi rend="i"> CS</hi></note><hi rend="i"> causa
              meatus</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">ut superi volvere, lates</hi><note place="bottom"> Lucano, <hi rend="i"
                >Farsalia</hi>, lib. I, v. 418-19: «[<hi rend="i">at mihi semper</hi>] <hi rend="i">
                / tu, quaecumque moues tam creabros causa meatus, / ut superi uoluere, late</hi>»:
              «En cambio, por lo que a mí toca, tú, cualquiera que seas, causa que produces tan
              frecuentes movimientos, tal como lo han querido los dioses, permanece oculta para
              siempre» (Lucano 1984: 47). En el verso 419 se lee ‘<hi rend="i">lates</hi>’ que es
              una variante consignada en uno de los códices parisinos de la <hi rend="i"
                >Farsalia</hi>.</note>.</l></quote>
        <p>Pero nosotros sabemos ya con evidencia que lo causa con su movimiento la luna. Véase el
          doctísimo <persName type="authority">Escalígero</persName>, <title>Exercitatione
            52</title><note place="bottom"> Véase la nota siguiente sobre Escalígero.</note>, y
          otros muchos. </p>
        
        <p>[f. 249 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>6. <quote><l><ref xml:id="ref1006"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.13"
          >escalar pretendiendo el monte en vano</ref><note place="bottom">
                  OC264C.13</note></l></quote></head>
        <p>El flujo marino es mayor o menor en diferentes mares. La causa de esto véase en <persName
            type="authority">Escalígero</persName>, <title>Exercitatione 52 ad Cardanum</title><note
            place="bottom">
            <persName type="authority">Escalígero</persName>, <title>Exotericarum Exercitationum
              Liber XV De Subtilitate ad Hieronymum Cardanum</title> (Hanoviae: Typis Wechelianis,
            sumptibus clementis Schleichii, et Petri de Zetter, 1634). <hi rend="i"
              >Exercitatio LII, De maris motu</hi>, p. 186-193.</note>. En el mar Ligústico y
          Tirreno es breve o casi ninguno, pero en el mar Gótico<note place="bottom"> El mar Gótico
            es el mar Báltico, como puede comprobarse en el <hi rend="i">Arte de la
              verdadera navegación</hi> de Pedro de Siria (Valencia: Juan Chrysostomo Garriz, 1602):
            «[...] hace el Océano otro mar diferente entre Alemania y Dinamarca, nombrado el mar
            Gótico y nómbrase así porque antiguamente Dinamarca, que es la principal provincia que
            moja, se llamaba Gotia, de la cual bajaron los godos que poblaron España» (p.
            26-27).</note> de Flandes y de Portugal, es muy grande, y en el de Cambaya corre treinta
          leguas, como notan los <persName type="authority">padres Coimbrenses </persName><hi
            rend="i">in lib.</hi>
          <title>Metheororum</title>, <hi rend="i">tractatu</hi> 8, c. 3<note place="bottom">
            <hi rend="i">Comentarii Collegii Conimbricensis Societatis Iesu In Libros
              Meteororum Aristotelis Stagiritae</hi>, Olisipone: Ex officina Simonis Lopesii, 1593.
              <hi rend="i">Tractatu 8, c. 3, Varii motus, quibus mare cietur</hi>, p.
            78-79. Conimbricenses es el nombre por el que eran conocidos los jesuitas de la
            Universidad de Coimbra, en Portugal. Hacia finales del siglo XVI y principios del siglo
            XVII, la universidad produjo voluminosos comentarios sobre los escritos filosóficos de
            Aristóteles, a partir de las clases impartidas por los profesores jesuitas a sus
            alumnos.</note>. Aunque nuestro poeta describe que este mar con su creciente no podía
          escalar los montes vecinos, que este es curso más frecuente en los flujos.</p>
      </div>
      <div>
        <head>7. <quote><l><ref xml:id="ref1007"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.17"
          >Eral lozano así, novillo tierno</ref><note place="bottom">
                  OC264C.17</note></l></quote></head>
        <p>Con elegante y conveniente símil explica cómo el arroyo cedía atrás impelido de la
          violencia del flujo marino, para lo cual nota que los poetas comparan los ríos y arroyos a
          cuernos de toros<note place="bottom"> DR destaca la originalidad de la comparación de
            Góngora al establecer la vinculación de las rías con los cuernos de los toros, que
            reelabora sobre modelos de los autores clásicos. La verdad es que estos autores no los
            comparaban con cuernos sino con animales cornígeros, como se ve en la iconografía y en
            los textos citados; ninguno compara a los ríos con cuernos, sino con toros.</note>.
            <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et gemino auratus taurino cornu</hi><note type="app" rend="I">
              Mantenemos <hi rend="i">gemino cornu</hi>, como aparece en el manuscrito, en lugar de
              la lección moderna (<hi rend="i">gemina cornua</hi>), por tratarse de una variante de
              la tradición manuscrita.</note><hi rend="i">vultu</hi></l>
          <l><hi rend="i">Eridanus</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>,
              lib. IV, v. 371-372: «<hi rend="i">et gemina auratus taurino cornua
                vultu / Eridanus</hi>»: «y el Erídano, que ostenta en su faz taurina dos cuernos de
              oro» (Virgilio 1990: 375).</note>.</l></quote>
        <p>El mismo lib. 8 <title>Eneida</title>, hablando del Tíber:</p>
        <quote><l><hi rend="i">corniger</hi><note type="app" rend="I"> corniger <hi rend="i"
                >em.</hi>: coriger <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">Hesperidum fluuius
              regnator aquarum</hi><note place="bottom"> Virgilio, <title>Eneida</title>, lib. VIII,
              v. 77: «cornífero río, rey de las aguas de Hesperia» (Virgilio 2011: vol. III,
              74).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Horacio</persName>, lib. 4 Oda 13:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Sic tauriformis voluitur Aufidus</hi><note place="bottom"> Horacio,
                <title>Odas</title>, lib. IV, oda 14 (y no 13, como figura en el manuscrito), v. 25:
              «Así corre el tauriforme Áufido» (Horacio 2007: 472).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, lib. 3 <title>Panegyricus
            Stiliconis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">hinc Libyci fractis lugerent cornibus amnes</hi><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">De consulatu Stilichonis</hi>, lib. III, v. 24: «Por un lado
              llorarían los ríos de Libia con sus cuernos destrozados» (Claudiano 1993: vol. II,
              114).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 249 v] El mismo, in <title>Consulatu Probini</title>, pinta la deidad del Tíber con
          cuernos:</p>
        <quote><l><hi rend="i">taurina leuantur</hi></l>
          <l><hi rend="i">cornua temporibus raucos imitantia</hi><note type="app" rend="I"> En las
              versiones impresas consultadas se lee <hi rend="i">sudantia riuos</hi>.</note><hi
              rend="i">riuos</hi><note place="bottom">
              <persName type="authority">Claudiano</persName>, <title>Panegyricus dictus Probino et
                Olybrio consulibus</title>, v. 220-221: «De sus sienes se alzan dos cuernos de toro
              que vierten roncos arroyos» (Claudiano 1993: vol. I, 133).</note>.</l></quote>
        <p>Otros poetas dan a los ríos este atributo. La causa disputa y explica <persName
            type="authority">Valeriano</persName>, lib. 3 <title>Hieroglyphica</title><note
            place="bottom"> Se trata de la obra de Pierio Valerianus <ref
              target="http://www.cervantesvirtual.com/obra/hieroglyphica-sive-de-sacris-aegyptiorum-aliarumque-gentium-literis-commentarii-ioannis-pierii-valeriani-bolzanii/"
              >Hieroglyphica, sive de sacris Aegyptiorum, aliarumque gentium literis
              commentarii</ref> (Basileae: per Thomam Guarinum, 1575). Piero Valeriano Bolzani
            (1477-1558) fue un humanista italiano favorecido por los Médici, autor, entre otras
            obras, de la citada <hi rend="i">Hieroglyphica</hi>, un libro
            pseudo-egipcio de jeroglíficos, considerado el primer diccionario renacentista de
            símbolos. Valeriano diserta sobre los ríos en figura de toros en el cap. IX del libro
            III, p. 25. El célebre humanista cita como autoridades las mismas que menciona DR:
            Virgilio, Horacio y Ovidio. Evoca también el aspecto taurino de las representaciones de
            los dioses fluviales, aunque añade: ‘los atenienses, les daban un aspecto humano, solo
            que con cuernos en la frente, ya sea a causa del mugido que los ríos parecen emitir a la
            manera de los toros, o porque, al igual que los toros, son formidables, o, como dice
            Festo, porque se atribuyen cuernos a los ríos a causa de sus movimientos sinuosos’.
            Transcribimos el texto latino: «<hi rend="i">quem tamen Athenienses humana
              facie figurabant, cornibus tantum a fronte prominentivus: sive propter mugitum, quem,
              ut dictum, ciere flumina taurorum instar vindentur, &amp; taurorum instar atrocia
              sunt, ut Festus ait; sive quod cornua fluminibus ab flexuosis eorum lapsibus
              attribuuntur</hi>».</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>8. <quote rend="center"><l><ref xml:id="ref1008"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.19"
          >mal lunada la frente</ref><note place="bottom">
              OC264C.19</note></l></quote></head>
        <p>Porque traía los cuernos pequeños que aún no formaban una media luna. <persName
            type="authority">Claudiano</persName>, lib. 1 <title>De raptu</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">nec noua</hi><note type="app" rend="I"> nec noua <hi rend="i"
                >em.</hi>: nec bone <hi rend="i">CS</hi>. Este verso de Claudiano aparece utilizado
              en las <hi rend="i">Anotaciones a la Primera Soledad</hi> (ms. 3726, f. 112 r; y ms.
              3906, f. 249 v) citado correctamente.</note><hi rend="i">lunatae curuauit germina
              frontis</hi><note place="bottom"> Claudiano, <hi rend="i">De raptu Proserpinae</hi>,
              lib. I, v. 129: «ni ha curvado los incipientes pitones de su testuz semejante a la
              luna» (Claudiano 1993: vol. I, 202).</note>.</l></quote>
        <p>Hablando también <persName type="authority">Horacio</persName> de un novillo, lib. 4, Oda
          2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">me tener soluet vitulus</hi>,etc.</l>
          <l>[…]</l>
          <l><hi rend="i">fronte curuatos imitatus ignis</hi><note type="app" rend="I"> ignis <hi
                rend="i">em.</hi>: igne <hi rend="i">CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">tertium lunae referentis ortum</hi><note place="bottom"> Horacio,
                <title>Odas</title>, lib. IV, oda 2, v. 54 y 57-58: «[<hi rend="i">Te decem tauri
                totidemque uaccae</hi>,]<hi rend="i"> / me tener soluet uitulus</hi>, [<hi rend="i"
                >relicta / matre qui largis iuuenescit herbis / in mea uota</hi>,]<hi rend="i"> /
                fronte curuatos imitatus ignis / tertium lunae referentis ortum</hi>»: «Τú cumplirás
              con diez bueyes y otras tantas vacas, yo con un ternero recental que, abandonada ya la
              madre, se hace novillo en los copiosos prados y está a mis votos destinado. En su
              frente imita los curvados fuegos de la luna en su tercer retorno» (Horacio 2007: 443).
              Jaime Galbarro nos advierte que esta cita y parte del corte que se hace de ella
              coincide con la <hi rend="i">Soledad primera ilustrada y defendida</hi> (Osuna
              Cabezas, 2008). Este es uno de los muchos casos en los cuales no es posible determinar
              la precedencia de la cita y su procedencia, ya que era habitual la utilización de los
              mismos repertorios. Por otra parte, Melchora Romanos (2012) ha observado que existen
              algunas similitudes entre los <hi rend="i">Discursos apologéticos</hi> de DR y la
              introducción a la <hi rend="i">Soledad primera ilustrada y
          defendida</hi>.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>9. <quote><l><ref xml:id="ref1009"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.21"
          >a duro toro</ref><note place="bottom">
            OC264C.21</note></l></quote></head>
        <p>También es comparado el mar, con mucha erudición, a un toro, aludiendo a dichos de
          elegantes poetas. Unos llaman a los brazos del mar, cuernos. <persName type="authority"
            >Estacio Papinio</persName> dijo, lib. 3: <quote><hi rend="i">oceani</hi><note
              type="app" rend="I"> oceani <hi rend="i">em.</hi>: oceanus <hi rend="i"
              >CS</hi></note><hi rend="i">mugire domum</hi><note place="bottom"> Se refiere a Publio
              Papinio Estacio. La obra citada es la <title>Thebais</title> (<hi rend="i">La
                Tebaida</hi>), pero se trata del v. 273 del libro VIII y no del libro III, como se
              lee en el manuscrito: «<hi rend="i">Oceani mugire domum</hi> ('mugir el fondo del
              Océano').</note></quote>; <persName type="authority">Nono</persName>: <quote><hi
              rend="i">aquosum mugitum</hi><note place="bottom"> Nono de Panópolis,
                <title>Dionysiaca</title>, lib. II, cap. 3 «<hi rend="i">aquosum mugitum
                fundens</hi>». La cita fue comprobada en la nota del padre La Cerda al verso 554 del
              libro III de las <hi rend="i">Geórgicas</hi>: «<hi rend="i">Balatu pecorum, et crebris
                mugitibus amnes</hi>». Nono fue un poeta épico de la antigüedad tardía, nacido en
              Panópolis (Tebaida egipcia). Se cree que su obra <hi rend="i">Dionisíacas</hi> fue
              escrita hacia el 470 y es considerada el último poema épico griego de
              importancia.</note></quote>; <persName type="authority">San Crisóstomo</persName>,
            <title>Oratio 2 de Sanctum Romanum</title>: <quote><hi rend="i">mugientis
              maris</hi><note place="bottom"> San Juan Crisóstomo, <hi rend="i">In Sancto Martyre
                Romano, Oratio 2</hi>. El sintagma citado por DR probablemente se refiera al
              siguiente fragmento del sermón: «<hi rend="i">Idolatriae mari blasphemias
                mugiente</hi>» (‘al mar que mugía idólatras blasfemias’) (<hi rend="i">Divi Ioannis
                Crysostomi Archiepiscopi Constantinopolitani Operum. Tomus Sextus</hi> [...]
              Antuerpiae: apud viduam &amp; haeredes Petri Belleri, 1614, col. 133).</note></quote>;
          y aun <persName type="authority">Hesíodo</persName> in <title>Scuto</title> le da al
          océano por epíteto <quote><hi rend="i">taurinus</hi><note place="bottom"> Hesíodo, <hi
                rend="i">Scutum Herculis</hi>, v. 104: «honorat caput tuum et taurinus Neptunus»:
              ‘hasta el taurino Neptuno rinde homenaje a tu persona’.</note></quote>. Otros lo
          atribuyeron a Neptuno.</p>
      </div>
      <div>
        <head>10. <quote><l><ref xml:id="ref1010"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.21"
          >aun contra el viento armado</ref><note place="bottom">
                OC264C.21</note></l></quote></head>
        <p>Porque los toros bravos suelen menear la [f. 250 r] cabeza y alzándola como hiriendo al
            viento<note place="bottom"> Evidentemente, hay una falla sintáctica en la
            redacción.</note>. <persName type="authority">Catulo</persName>, in
            <title>Epithalamio</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sic domito saeuum prostrauit corpore taurus</hi><note type="app"
              rend="I"> En las versiones impresas consultadas se lee <hi rend="i"
              >Theseus</hi>.</note></l>
          <l><hi rend="i">nequiquam vanis iactantem cornua ventis</hi><note place="bottom">
                Catulo,<hi rend="i"> Epithalamio</hi>, LXIV, v. 110-111: «así Teseo, después de
              domar el cuerpo del monstruo, le hizo hincar sus rodillas, embistiendo en vano con sus
              cuernos a los vientos sin resistencia» (Catulo 1993: 144).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 3 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ventosque lacessit</hi><note type="app" rend="I"> lacessit <hi
                rend="i">em.</hi>: lascessit <hi rend="i"
            >CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">ictibus, et sparsa ad pugnam proludit arena</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. III, v. 233-234: «[...] <hi
                rend="i">temptat sese atque irasci in cornua discit / arboris obnixus trunco,</hi>]
                <hi rend="i">ventosque lacessit / ictibus, et sparsa ad pugnam proludit arena</hi>»:
              «pruébase a sí mismo y, luchando contra un tronco de árbol, aprende a servirse de los
              cuernos para ejercer su cólera y cansa al aire con sus embestidas y se ejercita para
              la lucha desparramando la arena» (Virgilio 1990: 336).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Papinio</persName>, lib. 2 <title>Thebais</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">nunc pede toruus humum, nunc</hi><note type="app" rend="I"> nunc ...
              nunc <hi rend="i">em.</hi>: nue ... nue <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >cornibus aera findens</hi><note place="bottom"> Papinio Estacio, <hi rend="i"
                >Thebais</hi>, lib. XI, v. 255: ‘ya golpeando torvo la tierra con el pie, ya
              hendiendo los aires con los cuernos’. En el manuscrito figura libro 2 por
              error.</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Molza</persName> en el soneto <hi rend="i">Se
          rotta</hi>...:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Duo tori, a cui molt’oro il capo cinga</hi></l>
          <l><hi rend="i">usi il vento ferir col duro corno</hi><note place="bottom"> Francesco
              Maria Molza, <title>Delle Poesie volgari e latine</title>. Soneto LIII: «<hi rend="i"
                >Se rotta l’asta del crudel tiranno</hi>». Se trata de los dos primeros versos del
              primer terceto: ‘dos toros [te consagro] con la cabeza ceñida de mucho oro / y
              acostumbrados a herir el viento con el duro cuerno’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>11. <quote><l><ref xml:id="ref1011"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.42"
          >Señas mudas</ref><note place="bottom">
            OC264C.42</note></l></quote></head>
        <p>Quiere decir que la gente que había de pasar con el peregrino a la otra parte, solamente
          hizo señas al barco que traía los músicos, significando que llegaron allá por no dar voces
          e impedir su música<note place="bottom"> En las notas 11, 12 y 13, DR explica y aclara el
            pasaje en el que el poeta describe el movimiento de la barquilla con dos pescadores y la
            barca que unía las dos riberas.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>12. <quote><l><ref xml:id="ref1012"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.49"
          >La prora diligente</ref><note place="bottom">
            OC264C.49</note></l></quote></head>
        <p>Esta es la construcción: este segundo barco no sólo dirigió la prora a la orilla donde
          estaba el peregrino, sino redujo el barquillo de los pescadores músicos que habían echado
          las redes al agua<note place="bottom"> DR, al glosar el pasaje que comenta, mantiene la
            acepción latina del verbo ‘reducir’: ‘trajo consigo’ y el cultismo ‘prora’ por ‘proa’,
            que se utilizaba en poesía (cfr. Fernando de Herrera, «rompió la prora en dura roca
            abierta», libro III, soneto 48). </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>13. <quote><l><ref xml:id="ref1013"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.54"
          >Los senos ocupó del mayor leño</ref><note place="bottom">
                  OC264C.54</note></l></quote></head>
        <p>Toda la tropa se entró en el barco mayor que llegó a la orilla y los había traído allí.
          El peregrino ocupó la popa del barco pequeño de los músicos, [f. 250 v] que ansí lo
          honraron como a huésped principal dándole su barco a él solo.</p>
      </div>
      <div>
        <head>14. <quote><l><ref xml:id="ref1014"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.74"
          >no a las redes</ref><note place="bottom">
            OC264C.74</note></l></quote></head>
        <p>A las redes que habían echado antes en los dos cuernos del mar.</p>
      </div>
      <div>
        <head>15. <quote><l><ref xml:id="ref1015"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.76"
          >sino a las que ambiciosas menos</ref><note place="bottom">
                  OC264C.76</note></l></quote></head>
        <p>Los pescadores que cantaban, calaron no solo redes mayores sino menores, pues, volviendo
          en el barco sacaron las menores, que las otras no pudieron sino desde la playa con ayuda
          de jabegueros<note place="bottom"> Se dice ‘jabegueros’ a los pescadores de las
            embarcaciones de pesca llamadas jábegas.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>16. <quote><l><ref xml:id="ref1016"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.83"
          >al lascivo ostión</ref><note place="bottom">
            OC264C.83</note></l></quote></head>
        <p>Llámanle los griegos y latinos <hi rend="i">ostreum</hi> de la voz griega <hi rend="i"
            >ostrea</hi> que significa la concha o hueso con que fortalece lo blando de la carne
          interior. Contábase entre las delicias de los romanos; fuera de esto, es incentivo de la
          lujuria como dice el poeta. Y ansí el <persName type="authority">Jovio</persName>
          <hi rend="i">in</hi>
          <title>tractatu de piscibus</title>: <quote><hi rend="i">In uniuersum ostrea, ut ait
              Galenus, falsum humorem aggenerant, et praesertim si cruda comendantur, propterea
              tentiginem</hi><note type="app" rend="I"> tentiginem <hi rend="i"
                >em.</hi>: tentoginem<hi rend="i"> CS</hi></note><hi rend="i">in
              salacibus plurimum adaugent</hi><note place="bottom"> Pauli Iovii Novocomensis Medici
              et Episcopi Nucerini, <hi rend="i">De Romanis piscibus libellus</hi>,
              Basileae: per Henricum Petri et Petrum Pernam, 1561. Cap. XLI <hi rend="i">De Ostreis
                et aliis testaceis</hi>, p. 177: ‘En general, las ostras, como afirma Galeno,
              generan un humor vicioso, sobre todo si se consumen crudas: y a causa de ello
              potencian la erección en los hombres lujuriosos’.</note></quote>; <persName
            type="authority">Platina</persName>, lib. 9. <title>De honesta voluptate</title>:
              <quote><hi rend="i">de ostreis dicamus, quae, quia demortuam etiam venerem</hi><note
              type="app" rend="I"> demortuam etiam venerem<hi rend="i"> em. et
                add</hi>: demortram venerem <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >excitant, apud lautos et libidinosos in precio sunt</hi><note place="bottom"> Sacchi,
              Bartolommeo, llamado «Il Platina», <hi rend="i">De honesta voluptate et
                valetudine</hi>…, Parisiis: In aedibus Ioannis Parui, 1530, f. I.XXXIX vº: ‘hablemos
              de las ostras que, porque estimulan la potencia sexual amortiguada, son muy apreciadas
              por los sibaritas y libidinosos’. La cita no corresponde al libro IX sino al X <hi
                rend="i">De coquendis piscibus, De Ostreis.</hi> Bartolomeo Sacchi, conocido como el
              Platina (1421-1481), humanista, escritor, maestro y gastrónomo, fue prefecto de la
              biblioteca del Vaticano. Es el autor del primer libro de cocina del siglo XV, impreso
              en los tiempos modernos (<hi rend="i">De honesta voluptate et
                valitudine</hi>, 1475), que es el aquí citado. Se le deben varias obras muy
              eruditas, entre las cuales se destaca una <hi rend="i">Vida de los
                papas</hi>.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>17. <quote><l><ref xml:id="ref1017"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.93"
          >el congrio</ref><note place="bottom">
          OC264C.93</note></l></quote></head>
        <p>El congrio es un pez muy lúbrico. <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 9,
          c. 20<note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis historiae</title>, lib. IX, c. 20. El
            adjetivo ‘lúbrico’ está tomado de la versión latina del texto original: «<hi rend="i"
              >Ideo pinnarum quoque fiunt discrimina, quae pedum uice sunt datae piscibus</hi> […]
              <hi rend="i">binae omnino, longis et lubricis, ut anguillis et congris</hi>»: «Se
            establecen también las siguientes diferencias por las aletas, que se han dado a los
            peces en función de pies [...]. Tienen sólo dos los peces alargados y de piel
            escurridiza, como las anguilas y los congrios» (Plinio el Viejo 2003:
          273-274).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>18. <quote><l><ref xml:id="ref1018"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.98"
          >pompa, el salmón, de las reales mesas</ref><note place="bottom">
                  OC264C.98</note></l></quote></head>
        <p>Aquello se dice pompa de las cosas que es excelente y singular [f. 251 r] entre ellas,
          como notamos en el <title>Polifemo</title>, allí:</p>
        <quote><l>pompa del marinero niño alado<note place="bottom">
              <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255C#l255C.115"
                >OC255C.115</ref></note>.</l></quote>
        <p>Pero nuestro poeta imita<note type="app" rend="I"> imita <hi rend="i">add.</hi>: imi <hi
              rend="i">CS</hi></note> en este lugar a <persName type="authority">Marcial</persName>,
          lib. 10, 31:</p>
        <quote><l><hi rend="i">mullus tibi quattuor emptus</hi></l>
          <l><hi rend="i">librarum cenae pompa caputque fuit</hi><note place="bottom"> Marcial,
                <title>Epigramas</title>, lib. X, 31, v. 3-4: «<hi rend="i">mullus
                tibi quattuor emptus / librarum cenae pompa caputque fuit</hi>»: «un salmonete de
              cuatro libras que compraste constituyó el menú y el plato principal de la cena»
              (Marcial 2001: vol. II, 178).</note>.</l></quote>
        <p><hi rend="i">Mullus</hi> es lo mismo que salmón en este lugar de Marcial.</p>
      </div>
      <div>
        <head>19. <quote><l><ref xml:id="ref1019"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.100"
          >el travieso robalo</ref><note place="bottom">
              OC264C.100</note></l></quote></head>
        <p>Este pez, llamado de los latinos <hi rend="i">rhombus</hi>, fue muy estimado entre ellos
          como significa <persName type="authority">Marcial</persName>, lib. 3.
            <title>Epigrama</title> 59<note place="bottom">Marcial, lib. III,
              <title>Epigramas</title>, 59 [60], v. 6: «<hi rend="i">res tibi cum rhombo est, at
              mihi cum sparulo</hi>»: «tú tienes que vértelas con un rodaballo, yo, en cambio, con
            un sargo» (Marcial 2001: vol. I, 154).</note>; <persName type="authority"
            >Juvenal</persName>, <title>Satura 4</title><note place="bottom"> Juvenal,
              <title>Sátiras</title>,<hi rend="i"> Satira</hi> IV, v. 39: «<hi rend="i">incidit
              Adriaci spatium admirabile rhombi / </hi>[<hi rend="i">ante domum Veneris</hi>]»: «un
            rodaballo del Adriático de tamaño excepcional cayó delante del templo de Venus» (Juvenal
            1996: 41).</note>; <persName type="authority">Horacio</persName>, <title>Satura
            II</title>, lib. 2<note place="bottom"> Horacio, <title>Sátiras</title>, lib. II, sat.
            2, v. 49: «<hi rend="i">tutus erat rhombus, tutoque ciconia nido</hi>»: «A buen seguro
            el rodaballo se hallaba, y la cigüeña en nido seguro» (Horacio 2008: 138).</note>;
            <persName type="authority">Persio</persName>, <title>Satura 6</title><note
            place="bottom">Persio, <title>Sátiras</title>, <hi rend="i">Satira</hi> VI, v. 22-23:
              «[...]<hi rend="i">Utar ego, utar / nec rhombos ideo libertis ponere lautus</hi>»: «En
            cuanto a mí, usaré de mis bienes, usaré de ellos, sí, pero no por ello seré tan delicado
            como para ofrecer rodaballo a mis libertos» (Persio 1991: 49).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>20. <quote><l><ref xml:id="ref1020"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.108"
          >al bienaventurado albergue pobre</ref><note place="bottom">
                  OC264C.108</note></l></quote></head>
        <p>Elegante descripción del albergue de los pescadores que estaba en una isla de quien se
          hace mención abajo. <persName type="authority">Musoneo</persName> en <persName
            type="authority">Estobeo</persName><note type="app" rend="I"> Estobeo <hi
              rend="i">em.</hi>: Strobeo <hi rend="i">CS</hi></note> atribuye a la
          vida rústica: <quote><hi rend="i">honestatem, pulchritudinem, felicitatem</hi><note
              place="bottom"> Se trata del Discurso LIV, <title>De Agricultura, quod bona
                sit</title>, escrito por Cayo Musonio Rufo, y que el Padre La Cerda debió de leer en
              la compilación de Estobeo (Véase Ioannis Stobaei, <title>Sententiae ex Thesauris
                Graecorum delectae</title> [...], Basileae: ex officina Ioannis Oporini, Sumptibus
              Christophori Froschoveri, 1559). Toda la nota 20 está armada sobre el comentario de La
              Cerda al verso 458 del libro II de las <hi rend="i">Geórgicas</hi> (<hi rend="i"
                >Bucolica, Georgica Argumentis...</hi>, p. 324-325). Musonio (C. Musonius Rufus), de
              Volsinii (Etruria), filósofo del nuevo estoicismo desterrado por Nerón hacia 65 d. de
              J.C. y llamado de nuevo por Tito, se destacó por haber difundido la mayor parte de las
              doctrinas morales características del estoicismo de la época imperial y por célebres
              apotegmas de la escuela. Se preocupó por deducir de la moral estoica normas para la
              vida cotidiana e influyó como modelo de vida moral. Algunas de sus máximas lo acercan
              al cinismo, otras son muy semejantes a las de Séneca. Se debate sobre su influencia en
              San Clemente de Alejandría por la semejanza de algunos de sus apotegmas. Conocemos las
              enseñanzas de Musonio principalmente a través de fragmentos recogidos en el <hi
                rend="i">Florilegio</hi> de Juan Estobeo. Este fue un compilador de textos
              (Macedonia, siglo V) que realizó la más amplia antología de textos literarios de la
              antigüedad griega. Un dato a tener en cuenta de la relación entre ambos autores es que
              la mayoría de las citas que suelen hacerse de Musonio Rufo pertenecen a la antología
              de Estobeo, como puede comprobarse en referencias de Foucault (entre otras, <hi
                rend="i">La hermenéutica del sujeto</hi>, Madrid: Akal, 2005, p. 398 y
            ss.).</note></quote>. <persName type="authority">Estacio</persName> dice, 1
            <title>Siluarum</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">parui beatus ruris honoribus</hi><note place="bottom"> Estacio, <hi
                rend="i">Silvarum</hi>, lib. IV, égloga V, <hi rend="i">Carmen Lyricum ad Sept.
                Severum</hi>, v. 1: «Dichoso con los frutos de mi modesto campo» (Estacio 2002:
              166). Corresponde al libro IV y no al I, como aparece en el
          manuscrito.</note>.</l></quote>
        <p>De esta bienaventuranza dije bastantemente en la <title>Primera Soledad</title><note
            place="bottom">
            <ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.94"
              >OC264B.94</ref> Se trata del tópico del <hi rend="i">beatus ille</hi> que DR define
            como de «las alabanzas de la vida rústica» y que desarrolla a partir de la nota 23 al v.
            94 (<hi rend="i">«¡Oh bienaventurado</hi>) hasta la nota 30 al v. 132 (<hi rend="i">ni
              de los rayos baja a las espumas</hi>).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>21. <quote><l><ref xml:id="ref1021"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.109"
          >que, de carrizos frágiles tejido</ref><note place="bottom">
                  OC264C.109</note></l></quote></head>
        <p>Describe las chozas de los pastores fabricadas<note type="app" rend="I"> fabricadas <hi
              rend="i">em.</hi>: fabricada <hi rend="i">CS</hi></note> de carrizos, como también
            <persName type="authority">Lucano</persName> el albergue del pescador Amiclas (pobres
            habitaciones),<note place="bottom"> DR hace referencia al pasaje de la <hi rend="i"
              >Farsalia</hi> en el cual, el barquero Amiclas, quien vive en una choza hecha de cañas
            y juncos, se encuentra con César. Este elogia la serenidad y sosiego con que viven los
            pobres.</note> lib. 5, <title>Pharsalia</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">haud procul inde domus, non ullo robore fulta</hi></l>
          <l><hi rend="i">sed sterili iunco cannaque intexta palustri</hi><note place="bottom">
              Lucano, <hi rend="i">Farsalia</hi>, lib. V, v. 515-517: «[<hi rend="i">rectorem
                dominumque ratis secura tenebat</hi>] <hi rend="i">/ haud procul inde domus, non
                ullo robore fulta / sed sterili iunco cannaque intexta palustri</hi>»: «Albergaba al
              piloto y dueño de la embarcación, no lejos de allí, una casa tranquila, que no se
              sostenía apoyada en vigas de madera, sino que estaba entretejida con juncos estériles
              y cañas de pantanos» (Lucano 1984: 160).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 251 v] Y convenientemente, porque<note type="app" rend="I"> porque <hi rend="i"
              >em.</hi>: por <hi rend="i">CS</hi></note> los carrizos se crían junto a los pantanos
          o ríos.</p>
      </div>
      <div>
        <head>22. <quote><l><ref xml:id="ref1022"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.113"
          >instrumento el bajel, cuerdas los remos</ref><note place="bottom">
                  OC264C.113</note></l></quote></head>
        <p>Al canto del peregrino sirvió de instrumento el barco que con el movimiento de los remos
          parece imitaba la consonancia de las cuerdas. Muchos poetas insinuaron este pensamiento,
          diciendo que los remos seguían loas, consonancias y conciertos de las cítaras<note
            place="bottom"> Es interesante cómo DR refiere distintos ejemplos de la relación
            remos/instrumentos de cuerdas, que van a vincularse con el emblema X de Alciato, con el
            que finaliza la nota.</note>. <persName type="authority">Apolonio</persName>, lib.
          2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ad Orphei citharam feriebant remis</hi><note place="bottom"> Apolonio
              de Rodas, <title>Las Argonauticas</title>, lib. I, v. 540: ‘herían [el mar] con sus
              remos al sonido de la cítara de Orfeo’.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Máximo Tirio</persName>, <title>Dissertatio</title> 23:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Triremis impulsa a remigibus ad tibiam</hi><note place="bottom"> ‘la
              trirreme, impulsada a golpes de remo al sonido de la flauta’. Véase Máximo Tirio, <hi
                rend="i">Dissertatio</hi> 23 (<hi rend="i">Bonum bono maius non esse</hi>),
                <title>Maximi Tyrii Dissertationes Philosophicae, cum interpretatione et notis
                Danielis Heinsii</title> […], Lugduni Batavorum, apud Ioannen Patium Iuratum […],
              1614, p. 234. Lamentablemente, la única edición que pudimos consultar, no coincide con
              la versión latina que da DR pero, por el sentido, es evidente que se trata del
              fragmento de esa <hi rend="i">Disertatio 23</hi>, en el que para ilustrar el concepto
              de armonía, relaciona el trirreme con la música. De todos modos, las citas de
              Apolonio, Máximo Tirio, Eurípides, Silio Itálico y Claudiano proceden todas del
              comentario de La Cerda a <hi rend="i">Eneida</hi> X, 208 (<hi rend="i">Posteriores Sex
                Libri Aeneidos</hi>..., p. 439).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Eurípides</persName>, <hi rend="i">in</hi>
          <title>Iphigenia in Tauris</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fistula montani Panos</hi></l>
          <l><hi rend="i">impellet sono remos</hi><note place="bottom"> Eurípides, <hi rend="i"
                >Ifigenia en Tauride</hi>, acto IV, v. 1127-1128: ‘la flauta de Pan que habita las
              montañas impele con su sonido los remos’. En la edición consultada (Basileae: per J.
              Oporinum, 1562, p. 373), existen variantes en la traducción con respecto al texto del
              manuscrito: «<hi rend="i">Fistula montani Panos / Incitabit
          remos</hi>».</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Silio</persName>, lib. 6</p>
        <quote><l><hi rend="i">Mediae stat margine puppis</hi><note type="app" rend="I"> puppis <hi
                rend="i">em.</hi>: puppes <hi rend="i">CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">qui voce alternos nautarum temperet ictus</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">et remis dictet sonitum, pariterque relatis</hi></l>
          <l><hi rend="i">ad numerum plaudat resonantia caerula tonsis</hi><note place="bottom">
              Cayo Silio Italico, <title>Punicorum</title>, lib. VI, v. 360-363: ‘Está de pie en el
              borde de la popa el que dirige con su voz los golpes alternados de los marinos e
              impone una cadencia a los remeros, de modo que a los golpes regulares de los remos
              respondan a compás las ondas cerúleas’.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, <title>Panegyricus</title> 2
            <title>Stilichonis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">taurinaque pulsu</hi></l>
          <l><hi rend="i">Baccharum pronos</hi><note type="app" rend="I"> Pedro Conde señala que, si
              bien en algunos textos de Claudiano aparece <hi rend="i">Bromios</hi> en lugar de <hi
                rend="i">pronos</hi>, esta «es una variante textual documentada en la tradición de
              Claudiano».</note></l>
          <l><hi rend="i">inuitant tympana remos</hi><note place="bottom"> Claudiano, <hi
                rend="i">De consulatu Stilichonis</hi>, lib. III, v. 364-365 (se trata
              del lib. III y no del II como se lee en el manuscrito): « <hi rend="i">taurinaque
                pulsu / Baccharum Bromios inuitant tympana remos</hi>»: «los tímpanos de piel de
              toro, batidos por las Bacantes, estimulan a los remeros de Bromio» (Claudiano 1993:
              vol. II, 128). </note>.</l></quote>
        <p>Fuera de esto, llama el poeta con mucha gala instrumento al bajel, y ansí <persName
            type="authority">Alciato</persName> en la Emblema 10, compara el laúd a un barco de
          pescadores:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Hanc citharam a lembi quae forma halieutica fertur</hi></l>
          <l><hi rend="i">vendicat et propriam Musa Latina sibi</hi><note place="bottom"> Alciato,
                <title>Emblemata</title> [...] (Antuerpiae: Ex Officina Plantiniana Raphelengi,
              1608) <hi rend="i">Emblema X</hi>, «<hi rend="i">Foedera. Ad Maximilianum Mediolani
                Ducem</hi>». Transcribimos los primeros versos del texto correspondiente: «<hi
                rend="i">Hanc citharam, a lembi quae forma halieutica fertur, / vendicat et propriam
                Musa Latina sibi</hi>, / [<hi rend="i">Accipe Dux</hi>]»: «Recibe, Duque, esta
              cítara, que por su forma de barquilla se llama haliéutica y que reivindica para sí la
              Musa Latina» (Alciato 1985: 40).</note>.</l></quote>
        <p>Donde significa que el laúd, llamado entre los italianos <hi rend="i">liutto</hi>, se
          dijo ansí de <hi rend="i">halieutica scapha</hi><note type="app" rend="I"> scapha<hi
              rend="i"> em.</hi>: scopha <hi rend="i">CS</hi></note>, <hi rend="i">id est
            piscatoria</hi><note place="bottom"> ‘barca haliéutica, o sea de pescadores’</note>,
          porque este instrumento, en la forma redonda, imita los barcos de los pescadores. Véanse
          los comentadores de Alciato<note place="bottom"> Al hablar de los comentadores de Alciato
            es probable que se refiera, al igual que en la nota 27, a Claude Mignault, ya que, en su
            comentario al emblema X, anota la expresión «<hi rend="i">a lembi quae forma
              halieutica</hi>»: «<hi rend="i">Halieutica autem per similitudinem scaphae
              piscatoriae</hi>»: ‘haliéutica, de hecho, por semejanza con la barca del pescador’
              (<hi rend="i">Andreae Alciati, Emblemata cum Claudii Minois I. C. comentariis</hi>.
            Antuerpiae: Ex Officina Plantiniana Raphelengi, 1608, p. 105).</note>.</p>
        
        <p>[f. 252 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>23. <quote><l><ref xml:id="ref1023"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.116"
          >Si de aire articulado</ref><note place="bottom">
              OC264C.116</note></l></quote></head>
        <p>Esta canción es muy elegante, dulce y afectuosa. Habla el peregrino, al principio, de sus
          lágrimas y de sus quejas haciendo un elegante trueco de ambos, dándole al uno las
          propiedades del otro, llamando a las voces ‘dolientes lágrimas suaves’, y a las lágrimas
          ‘voces de sangre’<note place="bottom"> La canción del peregrino está particularmente
            destacada por DR, como prueba la adjetivación con que la califica. Señala, en
            particular, el uso de la hipálage.</note>. Dice, pues, ‘de aire articulado’ porque según
          dice <persName type="authority">Aristóteles</persName>, lib. 2 <title>De anima</title>:
              <quote><hi rend="i">vox est ictus aeris respiratione attracti</hi><note place="bottom"
              > Aristoteles, <hi rend="i">De Anima</hi>, lib. II, cap. 8, (1887: p. 456): ‘la voz es
              un / golpe de aire atraído por la respiración’.</note></quote>. La voz del hombre, a
          diferencia de la de los brutos, se llama voz articulada con intención de significar porque
          se puede distinguir en artículos y partes, a quien corresponden diferentes
          significaciones, notas y caracteres. Véase <persName type="authority">Titelman</persName>,
            <hi rend="i">in </hi><title>Compendium naturalis philosophiae</title>, lib. 9, c.
            10<note place="bottom">Franz Titelmans, <hi rend="i">Compendium naturalis
              philosophiae</hi>, Parisiis: apud Ioannem Lodoicum Remensis, 1545. <hi
              rend="i">Liber Nonus. Considerationis Physicae, de sensibus exterioribus, eorumque
              organis et sensibilibus. Caput X. Quomodo respiratio item et lingua ad plura conducit,
              et vocali arteria.</hi> Franz Titelmans, franciscano flamenco que fue catedrático de
            la Universidad de Lovaina, se unió a la reforma de los capuchinos en Italia y terminó su
            vida asistiendo a los enfermos en el hospital romano de Santiago (Roma, 1537). Escribió
            comentarios sobre la filosofía de Aristóteles y las Sagradas Letras.</note>. Dice ‘voces
          de sangre’, porque las lágrimas se engendran de sangre, según la opinión de <persName
            type="authority">Empédocles</persName> y otros, como refiere <persName type="authority"
            >Galeno</persName>, lib. <title>De historia philosophica</title>. Aunque,
          verdaderamente, son las lágrimas una porción de humor contenida en el celebro que, por la
          dilatación o compresión de las venas que van a los ojos, salen fuera, como afirma entre
          otros <persName type="authority">Jerónimo Mercurial</persName>, lib. 3 <title>De
            excrementis</title>, c. 2<note place="bottom"> Jerónimo Mercurial, <hi rend="i">De
              morbis cutaneis et omnibus corporis humani excrementis tractatus</hi>. (Venetiis: apud
            Iuntas, 1601). Hemos comprobado que la referencia a Empédocles y a Galeno está tomada de
            ese mismo volumen: «<hi rend="i">Empedocles, ut habemus ex lib. Galeni de Historia
              philosophica, habuit hanc sententiam, quod lacrymae fiant ex attenuato, et eliquato
              sanguine</hi>»: ‘Empédocles, como lo sabemos por el libro de Galeno sobre la historia
            de la filosofía, sostenía que las lágrimas proceden de la sangre atenuada y
            clarificada’, p. 186. Jerónimo Mercurial (1530-1606) fue un médico, naturalista y
            filósofo italiano. En su obra, recupera las ideas de Galeno sobre el cuerpo humano, a
            las que unió su propio aporte para devolver el valor que la actividad física había
            perdido durante la Edad Media.</note>; <persName type="authority">Luis Vives</persName>,
          lib. 3 <title>De anima</title><note place="bottom"> Luis Vives, <hi rend="i">De anima et
              vita</hi> (Basileae: per Nic. Episcopium Juniorem, 1555). Se refiere al apartado <hi
              rend="i">De Lachrymis</hi>, del Libro III (tomo 2, p. 585).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>24. <quote><l><ref xml:id="ref1024"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.120"
          >Fíelas de tu calma</ref><note place="bottom">
              OC264C.120</note></l></quote></head>
        <p>Dice el peregrino: bien podré fiar mis quejas, ¡oh mar! de ti, pues estás tranquilo, si
          las fie de tu furor cuando canté quejándome y salí en una tabla. Y para exagerar su mala
          suerte, dice que más las fio del mar enojado que de su hado<note place="bottom"> DR, en su
            comentario, introduce la voz del peregrino, en principio, a través de la glosa del
            discurso directo, y luego resume su situación por medio del discurso indirecto.</note>.
          Es elegante pensamiento<note place="bottom"> Como es habitual, DR pondera el tratamiento
            de la fábula.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>25. <quote><l><ref xml:id="ref1025"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.128"
          >que ser quiso</ref><note place="bottom"> OC264C.128</note><note
                  place="bottom"> El pasaje comentado es bastante más extenso, pues corresponde a
                  los versos 123-129.</note></l></quote></head>
        <p>[f. 252 v] La muerte, de piedad, me libró de sí<note place="bottom"> Aquí aparece
            nuevamente la glosa del discurso en primera persona. La lectura de este pasaje, en el
            que DR afirma que la muerte movida de piedad lo salvó, cuenta con interpretaciones
            opuestas de Salcedo Coronel y Robert Jammes (1994), frente a Pellicer y Dámaso Alonso
            (1936), que coinciden con la lectura de DR.</note>. Es bizarra exageración decir que la
          causa de la muerte da vida, con la cual conviene lo que explicamos en la <title>Primera
            Soledad</title>, allí:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1026"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.440"
          >señas aun a los bueitres lastimosas</ref><note place="bottom"> OC264B.440 Se trata de la
                nota 100 de las <hi rend="i">Anotaciones y defensas a la Primera Soledad</hi>. En
                esa nota, nuestro comentarista también destaca el contraste emocional logrado por
                medio de la hipérbole, que califica elogiosamente de
          “bizarra”.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>26. <quote><l><ref xml:id="ref1027"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.142"
          >conservarán el desvanecimiento</ref><note place="bottom">
                  OC264C.142</note><note place="bottom">Siguiendo la versión de Antonio Carreira,
                  corregimos la errata evidente del manuscrito (‘desenvanecimiento’), inaceptable
                  por razones de métrica al tiempo que de
          morfología.</note></l></quote></head>
        <p>Porque su esperanza se quedó en vago, dice que su historia no ha de quedar impresa en el
          mar como la de Ícaro, sino en el aire<note place="bottom"> La expresión coloquial ‘en
            vago’ es una locución adverbial que significa: «Sin firmeza ni consistencia, o con
            riesgo de caerse, o sin apoyo en que estribar y mantenerse» (<hi rend="i">Aut.</hi>).
          </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>27. <quote><l><ref xml:id="ref1028"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.163"
          >urna suya el océano profundo</ref><note place="bottom">
                  OC264C.163</note></l></quote></head>
        <p>Exageración con que desea todo el mundo por sepultura de su fe, porque a mayor fe se le
          debe mayor gloria de sepulcro, el cual, mientras más espacioso es más glorioso<note
            place="bottom"> Una vez más, DR pone de relieve el valor de la hipérbole. </note>. Ansí,
          de los hombres insignes que hacen cosas dignas de memoria se puede decir que su sepultura
          es el orbe, pues viven en las memorias de todos, y el peregrino desea esta sepultura, o
          memoria de su fe, en todo el mundo<note place="margin" n="C"> Véase Claudio Minos sobre la
              <hi rend="i">Emblema 133</hi> de Alciato y en las notas posteriores, donde trae
            elegantes lugares a este propósito.</note>
          <note place="bottom"> La extensa anotación del comentarista de Alciato, entre otras
            autoridades, cita a Sabélico, de donde toma la cita DR (<hi rend="i">Andreae Alciati,
              Emblemata cum Claudii Minois I. C. comentariis...</hi>, p. 492 y ss.).</note>. El
            <persName type="authority">Sabélico</persName>, hablando de Pericles, dice ansí:
              <quote><hi rend="i">eorum laudes intulit qui pro tali patria fortiter bellando
              occubuissent, eos felices beatosque dictitans quibus perpetuum virtutis monumentum
              esset ante suorum ciuium oculos publice constitutum. In quo non magis ipsi siti
              essentquam sempiterna</hi><note type="app" rend="I"> sempiterna <hi
                rend="i">em.</hi>: sepiterna <hi rend="i">CS</hi></note><hi
              rend="i">ipsorum gloria. Caeterum illustrium virorum totam terram
              sepulchrum merito dici posse, neque enim domesticorum saxorum inscriptionem</hi><note
              type="app" rend="I"> inscriptionem <hi rend="i">em.</hi>: inscriptione
                <hi rend="i">CS</hi>
            </note><hi rend="i">defunctorum virtutem solum testari, sed si nulla etiam
              existeret, in exteras gentes virorum fortium memoriam extendi, magisque apud animum
              cuiusque quam apud urnam hospitari</hi><note place="bottom">
              <title>Rapsodiae Historiarum Enneadum Marci Antonii Coccii Sabellici ab orbe condito.
                Pars Prima quinque complectens Enneadis</title> […] (Lugduni: in aedibus Vicentii de
              Portonariis, 1535), <hi rend="i">Enneadis</hi> III, <hi rend="i">Liber</hi> V, p. 182:
              ‘Entre las alabanzas que les tributa está la de haber muerto valerosamente por
              semejante patria, y repetidamente aclama como felices y dichosos a aquellos a quienes
              se eleva públicamente un perpetuo monumento ante los ojos de sus conciudadanos. En él
              reposan no tanto ellos mismos cuanto su gloria sempiterna. Se puede decir con razón,
              por lo demás, que el sepulcro de los hombres ilustres es toda la tierra y que no son
              solo las inscripciones en los sepulcros de su tierra las que atestiguan el valor de
              los difuntos, sino que, aunque no hubiera ninguna, la memoria de aquellos hombres
              valientes se extendería a las naciones extranjeras, y viviría más en el ánimo de cada
              hombre que no en las tumbas. Marco Antonio Coccio, llamado Sabélico (1436-1506), fue
              un historiador italiano, profesor de elocuencia en Udine y bibliotecario en San Marcos
              de Venecia. El contenido de sus escritos es, sobre todo, anticuario e histórico.
              Anotó, además, muchas obras de autores latinos antiguos.</note>.</quote></p>
        <p>[f. 253 r] Este mismo pensamiento usurpó <persName type="authority">Lucano</persName>,
          lib. 8, hablando del túmulo de Pompeyo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Situs est, qua terra extrema refuso</hi></l>
          <l><hi rend="i">pendet in Oceano: Romanum nomen et omne</hi></l>
          <l><hi rend="i">imperium Magno tumuli est</hi><note type="app" rend="I"> est <hi rend="i"
                >add.</hi></note><hi rend="i">modus</hi><note place="bottom"> Lucano,
                <title>Farsalia</title>, lib. VIII, v. 797-799: «Se encuentra sepultado en el lugar
              donde la extremidad de la tierra flota en el Océano, que se repliega; el nombre romano
              y el imperio entero constituyen para el Magno el límite de su tumba» (Lucano 1984:
              260).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Séneca</persName>
          <hi rend="i">in</hi>
          <title>Eteo</title>, <hi rend="i">actu</hi> último, donde Alcmena habla de Hércules:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Quae tibi sepulchra nate, quis tumulus sat est</hi>? </l>
          <l><hi rend="i">Hic totus orbis. Fama erit titulus tibi</hi><note place="bottom"> Séneca,
                <hi rend="i">Hercules Oetaeo, Actus Quintus</hi>, v. 1824-1825: «¿Qué sepulcro,
              hijo, qué tumba es suficiente para ti? Este mundo entero. Tu fama te servirá de
              epitafio» (Séneca 1980: 343). Hemos cotejado los versos de Séneca con la edición del
              padre Martín del Río (<hi rend="i">Martini Antonii Delrii Ex Societate Iesu. Syntagma
                Tragoediae Latinae. In tres partes distinctum</hi>. Antverpiae: Ex officina
              Plantiana, apud Viduam, et Ioannem Moretum, 1593). La cita está en II, p. 200.
            </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Sannazaro</persName><note type="app" rend="I"> Sannazaro <hi
              rend="i">em.</hi>: Sanazaro <hi rend="i">CS</hi></note>, Égloga 4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sed et omnis terra sepulchrum</hi><note place="bottom"> Sannazaro,
                <title>Opera</title>, <hi rend="i">Égloga</hi> IV, <hi rend="i">Proteus</hi>, v. 91
              (Roma: apud Iacobum Tornerium, 1590, p. 74): «Grata quies patriae: sed et omnis terra
              sepulchrum»: ‘es grato que el cuerpo repose en la patria, pero es toda la tierra el
              sepulcro’.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Bernardo Tasso</persName> en el soneto <hi rend="i">Alza,
            Tebro</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">questa urna il grande Horatio</hi><note type="app" rend="I"> Horatio
                <hi rend="i">em.</hi>: Horacio <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">serra
            </hi></l>
          <l><hi rend="i">per la cui gloria il mondo è picciol vaso</hi><note place="bottom">
              Bernardo Tasso, <title>Rime</title>, soneto «<hi rend="i">Alza, Tebro
                dolente, un Mausoleo</hi>». Es el cuarto de los sonetos dedicados a la muerte del
              duque Horatio Farnese. La cita pertenece al primer terceto: «<hi
                rend="i">Con una inscrittion, ch’en breue carme / dica: questa urna el grande
                Horatio serra / per la cui gloria il mondo è picciol uaso</hi>» (Vinegia: appresso
              Gabriel Giolito de’Ferrari, 1560, p. 32): ‘Con una inscripción que diga en breve
              poema: esta urna encierra al gran Horacio, para cuya gloria es pequeño espacio el
              mundo’.</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Marino</persName>, en sus Lúgubres, soneto <hi rend="i"
            >Posciache</hi><note place="bottom"> Marino, <title>Rime</title>, <hi rend="i">Parte
              Prima, Rime Lugubri</hi>, «<hi rend="i">Poschiache degno à sì degn’ossa albergo</hi>»
            (In Venetia: Apresso Bernardo Ciunti et Cio. Batª Ciotti, 1609, p. 167).</note>.</p>
        <p>Nuestro <persName type="authority">Bartolomé de Argensola</persName> en la <title>Elegía
            a la muerte de la reina doña Margarita</title>:</p>
        <quote><l>y todo el globo ofrecerá la tierra</l>
          <l>para urna suya en los espacios donde</l>
          <l>encierra al mar, y donde el mar la encierra<note place="bottom"> Bartolomé de
              Argensola, <title>Rimas</title>. Se trata de la <hi rend="i">Elegía a la muerte de la
                Reina Doña Margarita nuestra señora</hi>, aunque el texto que cita DR presenta una
              variante con respecto al poema publicado en la edición impresa de las <hi rend="i"
                >Rimas</hi> de los Argensola, en 1634 («Demás que el globo le ofreció la tierra», p.
              421). En el volumen II de su edición de las <hi rend="i">Rimas</hi> (1951), José
              Manuel Blecua publica un texto que coincide con la versión del manuscrito en el
              apartado «Otros poemas auténticos no incluidos en las <hi rend="i">Rimas</hi> o
              atribuidos en distintos manuscritos», bajo el título <hi rend="i">Elexía a la muerte
                de la Reyna Doña Margarita de Austria</hi> (p. 580 y los versos correspondientes en
              p. 588). En ambos casos, se trata del verso 253. Cabe destacar la utilización como
              autoridad de Bartolomé Leonardo de Argensola, uno de los pocos poetas españoles
              mencionados por DR, de quien cita un poema cuya redacción, que data de 1611, fecha de
              la muerte de la reina, es, por consiguiente, casi contemporánea a la de las <hi
                rend="i">Soledades</hi>.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>28. <quote><l><ref xml:id="ref1029"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.168"
          >calle mis huesos</ref><note place="bottom">
            OC264C.168</note></l></quote></head>
        <p>Un gran poeta de Sevilla alaba mucho este modo de decir, como quien sabía bien lo poético
          y galán que tiene, y si otros les cayera en suerte tan buen juicio hallaran en este divino
          poema mucho que admirar y poco que condenar<note place="margin" n="D"> Don Jŭ de
            Arguijo.</note>
          <note place="bottom"> Juan de Arguijo (1567-1623) es definido por DR como un gran poeta
            sevillano, y al enfrentarlo en la nota a «otros» poetas, es evidente que se está
            refiriendo a Juan de Jáuregui, instalando también la polémica en la <hi rend="i">Soledad
              Segunda</hi>. </note>. Significa el poeta, que el mar quieto y tranquilo cubra sus
          huesos, no alborotado con el movimiento de las ondas. [f. 253 v] Y ansí, levanta de punto
          la frasi frecuente con que llaman aguas calladas las que no se mueven con ruido. <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 8 <title>Eneida</title>, dijo: <quote><hi
              rend="i">tacita unda</hi><note place="bottom"> El sintagma «<hi rend="i">tacita
                unda</hi>» procede probablemente de una anotación de La Cerda (<hi rend="i"
                >Posteriores Sex Libri Aeneidos..</hi>., p. 162). Se refiere a este lugar de
              Virgilio, <title>Eneida</title>, VIII, v. 86-87: «<hi rend="i">Thybris ea fluuium,
                quam longa est, nocte tumentem / leniit et tacita refluens ita substitit
                unda...</hi>» (‘El Tíber a lo largo de toda aquella noche, suavizó su corriente
              hinchada y con el reflujo el agua se detuvo de tal modo…’).</note>.</quote> El mismo,
          lib. 9 <persName type="authority">Eneida</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sedatis amnibus altus</hi></l>
          <l><hi rend="i">per tacitum Ganges</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Eneida</title>, lib. IX, v. 30-31: «[<hi rend="i">in septem surgens</hi>] <hi
                rend="i">sedatis amnibus altus / per tacitum Ganges, </hi>[<hi rend="i">aut pingui
                flumine Nilus</hi>]»: «cual Ganges que a través del silencio se alza profundo con
              sus siete / brazos en sosiego, o el Nilo de rica corriente» (Virgilio, 2011: vol. II,
              124).</note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Horacio</persName>, lib. 3, Oda 29:</p>
        <quote><l><hi rend="i">caretque</hi></l>
          <l><hi rend="i">ripa vagis taciturna ventis</hi><note place="bottom"> Horacio,
                <title>Odas</title><hi rend="i">, Oda</hi> 29, v. 23-24: «y la ribera callada echa
              en falta los vientos errantes» (Horacio 2007: 432). Es otro caso de referencia a
              partir de las anotaciones de La Cerda.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>29. <quote><l><ref xml:id="ref1030"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.169"
          >selle sí</ref><note place="bottom">
          OC264C.169</note></l></quote></head>
        <p>Es voz muy familiar en el poeta, con que significa el cubrir con piedras o con otra
            inscripción<note type="app" rend="I"> inscripción <hi rend="i">em.</hi>: inscrepción <hi
              rend="i">CS</hi></note> la sepultura, tomando la metáfora del sello, pues, como con él
          se sellan y cubren las cartas, ansí con la losa se cubre el cuerpo sepultado; o, como en
          el sello están esculpidas las armas de su dueño, ansí en las losas sepulcrales está
          esculpido el nombre del muerto; o, por lo menos, porque la losa es señal del entierro, que
          ‘sello’ o <hi rend="i">sigillum</hi> es lo mismo que <hi rend="i">paruum signum</hi><note
            place="bottom"> En la nota se destaca la propuesta de tres disyuntivas que abren un
            abanico de interpretaciones en torno de la metáfora de Góngora. Además, es un modelo de
            anotación filológica como surge de la etimología de ‘sello’ &lt; ‘<hi rend="i"
              >sygillum</hi>’.</note>. Y ansí, convenientemente a este propósito, dijo <persName
            type="authority">Lucano</persName>, lib. 4, hablando de la piedra que pusieron al cuerpo
          de Pompeyo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">interea paruo signemus litora saxo</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">ut nota sit busti, si quis placare peremptum</hi></l>
          <l><hi rend="i">forte volet</hi><note place="bottom"> Lucano, <title>Farsalia</title>,
              lib. VIII, v. 771-773: «<hi rend="i">interea paruo signemus litora saxo, / ut nota sit
                busti; siquis placare peremptum / forte uolet </hi>[<hi rend="i">plenos et reddere
                mortis honores, / inueniat trunci cineres et norit harenas / ad quas, Magne, tuum
                referat caput</hi>]»: «Entretanto, marquemos este sitio de la costa con una pequeña
              piedra, para que haya una señal de tu sepultura; si alguien deseara tal vez aplacarte,
              tras tu asesinato, y ofrecerte unas completas honras fúnebres, que encuentre las
              cenizas de tu tronco y reconozca las arenas a las que devolver, Magno, tu cabeza»
              (Lucano 1984: 260). DR extrajo los ejemplos de Lucano y Ovidio de la nota de la Cerda
              a los versos de Virgilio.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 7 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ossaque nomen</hi></l>
          <l><hi rend="i">Hesperia in Magna (si qua est ea gloria) signat</hi><note type="app"
              rend="I"> signat <hi rend="i">em.</hi>: signet <hi
                rend="i">CS</hi></note><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, lib. VII, v. 3-4: «[<hi rend="i">et nunc seruat honos
                sedem tuus</hi>]<hi rend="i">; ossaque nomen / Hesperia in Magna (si qua est ea
                gloria) signat»</hi>: «y ahora el honor tuyo protege tu sede y tu nombre marca / en
              la gran Hesperia –si es eso motivo alguno de gloria– tus huesos» (Virgilio, 2011: vol.
              II, 4).</note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 8 <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">signataque saxo</hi></l>
          <l><hi rend="i">nomina</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>,
              lib.VIII, v. 540-541: «[<hi rend="i">Affusaeque iacent tumulo</hi>] <hi rend="i"
                >signataque saxo / nomina </hi>[<hi rend="i">complexae lacrimas in nomina
                fundunt</hi>]»: «se inclinan sobre la tumba y la cubren con sus cuerpos y, abrazando
              el nombre grabado en la piedra, derraman lágrimas sobre ese nombre» (Ovidio 2012:
              110).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>30. <quote><l><ref xml:id="ref1031"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.169"
          >mas no oprima</ref><note place="bottom">
            OC264C.169</note></l></quote></head>
        <p>[f. 254 r] Alude a la costumbre antigua con que en los sepulcros escribían: <hi rend="i"
            >sit tibi terra leuis</hi><note place="bottom"> Es una locución latina que significa
            «que la tierra te sea leve», utilizada como epitafio en lápidas de la antigüedad romana.
            Se utilizaban también sus iniciales: <hi rend="i">S.T.T.L.</hi></note>. <persName
            type="authority">Juvenal</persName>, <hi rend="i">Satura 7</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">di maiorum umbris tenuem et sine pondere terram</hi><note
              place="bottom"> Juvenal, <title>Sátiras</title>, lib. VII, v. 207: «Dad a las sombras
              de los mayores, dioses, tierra fina y sin peso» (Juvenal 1996:
          100).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Séneca</persName>, <hi rend="i">in
            </hi><title>Hippolyto</title>, al fin:</p>
        <quote><l><hi rend="i">grauisque tellus impio capiti incubet</hi><note place="bottom">
              Séneca, <hi rend="i">Hipólito</hi>, acto V, v. 1275: «que sobre su impía cabeza caiga
              la tierra con todo su peso» (Séneca 1980: 83). En la nota de del Río, se encuentra
              parte de la explicación de DR, pues de allí selecciona el texto de Juvenal. En esa
              edición (<hi rend="i">Syntagma Tragoediae Latinae</hi> […] 1593), la cita está en II,
              p. 116. </note>.</l></quote>
        <p>Esto hacían entendiendo que las ánimas estaban en los sepulcros. Véase a <persName
            type="authority">Martín Antonio del Río</persName> sobre el lugar de Séneca<note
            place="bottom"> Esta remisión de DR al verso citado del <hi rend="i">Hipólito</hi> de
            Séneca permite comprobar que la nota está elaborada sobre las anotaciones del padre
            Martín Antonio del Río al v. 1275 (II, p. 116). Del Río, junto con el padre la Cerda,
            forma parte de las autoridades más frecuentadas por nuestro comentarista.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>31. <quote><l><ref xml:id="ref1032"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.172"
          >No es sordo el mar (la erudición engaña)</ref><note place="bottom">
                  OC264C.172</note></l></quote></head>
        <p>Suelen los poetas llamar sordo al mar porque no oye al marinero<note place="bottom"> Los
            ejemplos con que DR apoya la erudición confirman la creencia de que el mar es sordo,
            aunque Góngora lo niega en parte, ya que da dos opciones: a veces oye pero otras
            no.</note>.</p>
        <p><persName type="authority">Homero</persName>: <quote>κῦμα κωφὸν</quote><note
            place="bottom"> La cita en griego resulta ilegible porque el copista no parece conocer
            los caracteres del alfabeto. Se reconstruye mediante la cita de Herrera, H-570, de sus
              <hi rend="i">Anotaciones</hi>, al verso 564 de la <hi rend="i">Égloga II</hi>(Gallego
            Morell, 1966: 502). Es evidente que DR utilizó esta referencia para su anotación, dado
            que la cita de Garcilaso correspondiente a la <hi rend="i">Égloga II</hi>, transcripta
            más adelante, es precisamente la que Herrera comenta.</note>, id est <quote><hi rend="i"
              >sorda onda</hi></quote>.</p>
        <p><persName type="authority">Eurípides</persName>, in <title>Medea</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sed ut petra vel aequoreus fluctus audit</hi><note place="bottom">
              Eurípides, <hi rend="i">Medea</hi>, v. 28-29. En la edición consultada (Basileae: per
              J. Oporinum, 1562, p. 137), existen variantes en la traducción con respecto al texto
              del manuscrito: «<hi rend="i">sed ut rupes, aut aequoreus fluctus audit</hi>» (‘pero
              así oye como la roca o como las ondas del mar’), aunque DR lo cita a partir del
              comentario del padre Martín del Río al <hi rend="i">Hipólito</hi> (es decir, a la <hi
                rend="i">Fedra</hi>) de Séneca (<hi rend="i">Syntagma Tragoediae Latinae</hi> […]
              1593, III, p. 186). </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 13 <title>Metamorfosis</title>, en la
          canción de Polifemo: <quote><hi rend="i">surdior aequoribus</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. XIII, v. 804: ‘más sorda que el mar’.
            </note>.</quote> Y el mismo, in Epístolas:</p>
        <quote><l><hi rend="i">nec faciam surdis conuicia fluctibus ulla</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <title>Heroidas</title>, Epistola XVIII, v. 214: «y no insultaré a las sordas
              olas» (Ovidio 1994: 169).</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Tasso</persName>, can. 2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">il mar, ch'ai</hi><note type="app" rend="I"> ch’ai <hi rend="i"
                >em.</hi>: ai <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">preghi è sordo ed ai
              lamenti</hi><note place="bottom"> Torquato Tasso, <title>La Jerusalen
              liberada</title>, Canto II, octava 76, v. 3: ‘el mar, que es sordo a las plegarias y a
              los lamentos’.</note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Garcilaso</persName>, Égloga 2:</p>
        <quote><l>y más sorda a mis quejas que el ruido</l>
          <l>embravecido de la mar insana<note place="bottom"> Garcilaso de la Vega,
                <title>Obras</title>,<hi rend="i"> Égloga segunda</hi>, v.
          564-565.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>32. <quote><l><ref xml:id="ref1033"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.177"
          >canoro labrador, el forastero</ref></l>
              <l>en su undosa campaña<note place="bottom">
              OC264C.177-178</note></l></quote></head>
        <p>Cosa común es en los poetas fingir el mar como campaña y darle las propiedades que a ella
            le<note type="app" rend="I"> le <hi rend="i">em.</hi>: les <hi
              rend="i">CS</hi></note> vienen<note place="bottom"> Esta es otra de las
            notas en la que DR despliega autoridades reunidas por el padre La Cerda en sus
            comentarios a los versos citados de Virgilio.</note>. [f. 254 v] <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 6 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">camposque liquentes</hi><note type="app" rend="I"> liquentes <hi
                rend="i">em.</hi>: linquentis <hi rend="i">CS</hi></note><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. VI, v. 724: «[<hi rend="i">principio caelum,
                ac terras,</hi>] <hi rend="i">camposque, liquentis </hi>[<hi rend="i">/ lucentemque
                globum lunae Titaniaque astra / spiritus intus alit</hi>]»: «Para empezar, al cielo
              y a las tierras y líquidos campos / y al luminoso globo de la luna y a los astros del
              titán / desde dentro un espíritu los alimenta» (Virgilio 2011: vol. II, 166).
            </note>.</l></quote>
        <p>y lib. 9 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">arua Neptunia</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Eneida</title>, lib. VIII, v. 695: «<hi rend="i">arua </hi>[<hi rend="i"
                >noua</hi>]<hi rend="i"> Neptunia </hi>[<hi rend="i">caede rubescunt</hi>]»: «los
              labrantíos de Neptuno enrojecen con matanza nueva» (Virgilio 2011: vol. III,
              116).</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Chiabrera</persName> en sus Canzonette<note type="app"
            rend="I"> Canzonette <hi rend="i">em.</hi>: Canzonettas<hi rend="i"> CS</hi></note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">I campi immensi a l’Ocean vicino</hi><note place="bottom"> Chiabrera,
                <title>Rime</title>, <hi rend="i">Canzonette</hi>, Libro Primo, parte II, <hi
                rend="i">Per il medesimo</hi> [<hi rend="i">Per Emanuel Filiberto, Duca di
                Savoia</hi>], (In Venetia: apresso Sebastiano Combi, 1610, p. 10): ‘Los inmensos
              campos al vecino Océano’.</note>.</l></quote>
        <p>y, más a nuestro propósito:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Scossersi d’Adria le campagne ondose</hi><note place="bottom">
              Chiabrera, <title>Rime</title>, <hi rend="i">Canzonette</hi>, Libro Primo, parte II,
              estrofa nº 8, <hi rend="i">Per Nicola Orsino, Conte di Pitigliano</hi>, (In Venetia:
              apresso Sebastiano Combi, 1610, p. 15): ‘temblaron los undosos campos del
              Adriático’.</note>.</l></quote>
        <p>Especialmente se dice que el mar se ara. <persName type="authority">Virgilio</persName>,
          lib. 2 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et vastum maris aequor arandum</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. II, v. 780: «[<hi rend="i">Longa tibi exilia et
                uastum / maris aequor arandum</hi>]»: «Largos exilios te esperan, y por arar la
              vasta llanura marina» (Virgilio 2009: 96).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Ovidio</persName>, <title>I Ponto</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sulcauimus aequor</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i"
                >Epistulae ex Ponto</hi>, lib. I, ep. IV, <hi rend="i">VXORI</hi>, v. 35: «[<hi
                rend="i">Nos fragili ligno uastum</hi>]<hi rend="i"> sulcauimus aequor</hi>»: «Yo
              surqué el inmenso mar sobre una frágil embarcación» (Ovidio 1992:
          380).</note>.</l></quote>
        <p>Y esto dije más largamente en la <persName type="authority">Primera
            Soledad</persName><note place="bottom"> Hace referencia a la nota 73 al verso 370 de la
              <hi rend="i">Primera Soledad</hi>, <ref xml:id="ref1034"
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.370"
                >«<hi rend="i">surcó, labrador fiero</hi>»</ref> OC264C.370. Repite uno de los
            ejemplos de Virgilio y el de Ovidio pero, contrariamente a su valoración, es una nota
            muy corta. </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>33. <quote><l><ref xml:id="ref1035"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.190"
          >Yace en el mar</ref><note place="bottom">
            OC264C.190</note></l></quote></head>
        <p>Los latinos frecuentemente usan de este verbo para significar el sitio de una isla llana
          y humilde<note place="bottom"> A partir del verbo <hi rend="i">iacere</hi> (yacer),
            construye una nota filológica utilizando el <hi rend="i">Index</hi> de la edición del
            padre La Cerda.</note>. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 3
            <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Sicanio praetenta sinu iacet insula contra</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. III, v. 692: «<hi rend="i">Sicanio praetenta
                sinu iacet insula contra / </hi>[<hi rend="i">Plemyrium undosum</hi>]»: «Delante del
              golfo sicanio yace extendida una isla por frente / de Plemirio lleno de olas»
              (Virgilio 2009: 148). </note>.</l></quote>
        <p>El mismo, allí: <quote><hi rend="i">Tapsumque iacentem</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <title>Eneida</title>, lib. III, v. 689: «[<hi rend="i">uiuo praeteruehor
                ostia saxo / Pantagiae, Megarosque sinus</hi>], <hi rend="i">Thapsumque
                iacentem</hi>»: «soy llevado por el estuario de roca viva / del Pantagia, por el
              golfo megario y Tapso la baja [la yacente, literalmente]» (Virgilio 2009:
            148).</note>; <hi rend="i">iacet insula Ponto</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Eneida</title>, lib. III, v. 104: «[<hi rend="i">Creta Iouis magni
              medio</hi>] <hi rend="i">iacet insula Ponto</hi>»: «En medio del Ponto yace la isla de
              Creta, la de Júpiter el Grande» (Virgilio 2009: 109).</note>.</quote></p>
        <p>Y los italianos<note type="app" rend="I"> italianos <hi rend="i">em.</hi>: italiano <hi
              rend="i">CS</hi></note>, el <persName type="authority">Petrarca</persName>, can. 4 del
            <hi rend="i">Triunfo del amor</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">giace oltra ove l’Egeo sospira e piagne</hi></l>
          <l><hi rend="i">un’isoletta</hi><note type="app" rend="I"> un’isoletta <hi
                rend="i">em.</hi>: un issoleta <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >delicata e molle</hi><note place="bottom"> Petrarca, <title>Triunfos</title>, Canción
              IV, v. 100-101:‘yace más allá del Egeo que suspira y llora un islote delicado y
              blando’</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>34. <quote><l><ref xml:id="ref1036"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.195"
          >la arena, de las ondas repetida</ref><note place="bottom">
                  OC264C.195</note></l></quote></head>
        <p>Mucho tiene que ver con esta frasi el decir <persName type="authority">Lucano</persName>,
          lib. 4, ondas repetidas<note place="bottom"> DR puntualiza la fuente en la que, según su
            opinión, se inspiró Góngora.</note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Ac ne quid</hi><note type="app" rend="I"> Ac ne quid <hi
                rend="i">em.</hi>: aut nequit <hi rend="i"
              >CS</hi></note><hi rend="i">Sicoris repetitis audeat undis</hi><note place="bottom">
              Lucano, <title>Farsalia</title>, lib. IV, v. 141: «Y, para que el Segre no se atreva a
              nuevas inundaciones” (Lucano 1984: 118). De acuerdo con una observación de Pedro
              Conde, el verso de Góngora no tiene el mismo sentido del verso de Lucano puesto que en
              este el <hi rend="i">repetitis</hi> modifica a <hi rend="i">undis</hi> (‘aguas
              repetidas’), mientras que en Góngora ‘repetida’ se refiere a la ‘arena’, que es
              constantemente buscada e invadida (<hi rend="i">repetita</hi>) por las
            olas.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>35. <quote><l><ref xml:id="ref1037"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.197"
          >concha</ref><note place="bottom">
          OC264C.197</note></l></quote></head>
        <p>La parte de la isla que parece llama concha. Un lugar de <persName type="authority"
            >Aníbal Caro</persName> podrá ilustrar aqueste: [f. 255 r] habla de la Francia en
          aquella célebre canción <hi rend="i">Venite all’ ombra</hi><note place="bottom"> Anibal
            Caro (1507-1566) fue un célebre literato italiano del siglo XVI. Entre sus obras se
            destacan sus <hi rend="i">Rime</hi>, en las que siguió los lineamientos del
            petrarquismo. En los últimos años de su vida, trabajó en la traducción de la <hi
              rend="i">Eneida</hi> en la que alcanza el punto más elevado de su producción. Admiró
            el estilo ornamental del helenismo y tradujo la novela de Longo <hi rend="i">Dafnis y
              Cloe</hi>. La canción “<hi rend="i">Venite all’ombra dei gran gigli d’oro</hi>”, en
            elogio del rey de Francia, es efectivamente famosa, por haber originado una polémica
            entre el autor, Annibale Caro, y Lodovico Castelvetro, célebre comentarista de la <hi
              rend="i">Poética</hi> aristotélica. Hay, tal vez, aquí un indicio, aunque tenue, del
            entronque de la polémica gongorina con las sonadas controversias que dividieron el campo
            literario italiano a finales del XVI y principios del XVII. </note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Giace, quasi gran conca</hi><note type="app" rend="I"> conca <hi
                rend="i">em.</hi>: concha <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">infra due
              mari</hi></l>
          <l><hi rend="i">e due monti famosi, Alpe e Pirenne</hi><note place="bottom">’Yace, como
              una gran concha entre dos mares/ y dos montes famosos, Alpes y Pirineo”, en
                <title>Rime del commendatore Annibal Caro</title> […] (In Venetia: Appresso Aldo
              Manutio, 1572, p. 44), estancia segunda.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>36. <quote><l><ref xml:id="ref1038"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.200"
          >pobre su artificio</ref></l>
              <l>más aún que caduca su materia<note place="bottom">
                  OC264C.200-201</note></l></quote></head>
        <p>Dice que era más pobre el artificio del albergue que caduca su materia. Es bizarra
          alusión a<note type="app" rend="I"> a <hi rend="i">add.</hi></note> aquel célebre dicho de
            <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2 <title>Metamorfosis</title>, donde
          dice, para engrandecer la riqueza de la casa del sol, que era de oro:</p>
        <quote><l><hi rend="i">materiam superat opus</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i"
                >Metamorfosis</hi>, II, v. 5-7: «<hi rend="i">Materiam superabat opus; </hi>[<hi
                rend="i">nam Mulciber illic / aequora caelarat medias cingentia terras / terrarumque
                orbem caelumque, quod imminet orbi</hi>]»: «El trabajo era superior al material;
              pues Múlciber había cincelado los mares que rodean la tierra, el globo terrestre, y el
              cielo que se cierne sobre el globo» (Ovidio 2008: 273). En el manuscrito figura ‘<hi
                rend="i">superat</hi>’ en lugar de ‘<hi rend="i">superabat</hi>’, que es como
              aparece en la lección de la edición moderna. Mantenemos la forma del manuscrito ya que
              se ha convertido en una frase proverbial.</note>.</l></quote>
        <p>Y nuestro poeta al revés dice que el artificio de la choza era inferior a su materia para
          exagerar su pobreza<note place="bottom"> Señala las reminiscencias del verso de Ovidio y
            destaca la inversión de sentido que hace Góngora en la hipérbole al considerar que el
            artificio es aun inferior a la materia con que se construyó la choza. Sobre el
            tratamiento sistemático de la pareja forma-materia en las <hi rend="i">Soledade</hi>s,
            referido a los edificios y a la arquitectura, véase Mercedes Blanco, <hi rend="i"
              >Góngora o la invención de una lengua</hi>, León, Publicaciones de la Universidad de
            León, 2ª ed., 2016, p. 379-403.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>37. <quote><l><ref xml:id="ref1039"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.210"
          >del sagrado Nereo</ref><note place="bottom">
            OC264C.210</note></l></quote></head>
        <p>Acomodemos la historia de este dios a lo que dice el poeta, siguiendo la comparación<note
            place="bottom"> En esta nota interesa destacar cómo engarza la comparación entre el
            anciano pescador, su entorno y sus hijas con Nereo y las Nereides. Como en otros casos,
            DR utiliza el verbo ‘fingir’ con el sentido de ‘representar’. Además, cabe señalar el
            uso de ‘usurpar’ para describir la metonimia de Claudiano. </note>. Fue Nereo un dios
          marino, hijo de Tetis y del Océano, píntanlo los poetas muy viejo. <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title><note type="app"
            rend="I"> En el manuscrito se lee «<hi rend="i">georgi, eneid.</hi>», lo que es un
            evidente error del copista, ya que la <hi rend="i">Eneida</hi> aparece citada más
            abajo.</note>: <note place="margin" n="F"> no porque a par de los escollos vive– </note>
          <note place="bottom"> Glosa parte del verso 210 y el verso 211: «<hi rend="i">… no ya
              tanto / porque a la par de los escollos vive</hi>». </note></p>
        <quote><l><hi rend="i">hunc et Nymphae veneramur et ipse</hi></l>
          <l><hi rend="i">grandaeuus Nereus</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
                >Georgicas</hi>, lib. IV, v. 391-392: «<hi rend="i">hunc et Nymphae veneramur et
                ipse / grandaeuus Nereus</hi>»: ‘lo veneramos también las ninfas y el mismo anciano
              Nereo’.</note>,</l></quote>
        <p>Y, por ser deidad muy principal, en las aguas lo fingen con tridente. El mismo <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 2 <title>Eneida</title>:<note place="margin"
            n="E"> ni porque el mar preside comarcano. </note>
          <note place="bottom"> Glosa el verso 212: «<hi rend="i">porque en el mar preside
              comarcano</hi>». Se observa que repite la negación implícita en el v. 210.</note></p>
        <quote><l><hi rend="i">saeuitque tridenti</hi></l>
          <l><hi rend="i">spumeus, atque imo Nereus ciet aequora Ponto</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. II, v. 418-419: «[<hi rend="i">stridunt
                siluae</hi>]<hi rend="i"> saeuitque tridenti / spumeus atque imo Nereus ciet aequora
                fundo</hi>»: «silban las selvas y se ensaña con su tridente / el espumoso Nereo, y
              así de las honduras del fondo agita los mares» (Virgilio 2009:
          76).</note>.</l></quote>
        <p>Y lo usurparon por el mar <persName type="authority">Claudiano</persName>, lib. 1,
            <title>De raptu</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">rupit confinia Nereus</hi><note place="bottom"> Claudiano, <hi
                rend="i">De raptu Proserpinae</hi>, lib. I, v. 144: «Nereo rompió […] su adhesión»
              (Claudiano 1993: vol. II, 203).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 255 v] Véase <persName type="authority">Fornuto</persName><note type="app" rend="I">
            Fornuto <hi rend="i">em.</hi>: Fortunato <hi rend="i">CS</hi></note>, <title>De natura
            deorum</title>, el cual afirma también que es padre de cincuenta bellísimas ninfas hijas
          suyas, llamadas Nereides<note place="bottom"> Se trata en realidad de Fornuto (y no
            Fortunato, como figura en el manuscrito): <hi rend="i">Cornuti siue Phurnuti De natura
              deorum gentilium commentarius</hi>, (Basileae: s.n., 1543, p. 55): «<hi rend="i">De
              Nereo: Nereus mare est.</hi> […]<hi rend="i"> Fingunt Nereum uirum esse
              senem. Causa est, quod ceu canicies aliqua in mediis fluctibus spuma cernatur. Nam
              Leucothoe, quae Nerei filia est, tale quiddam indicat, quasi sit albedo spumae</hi>»:
            ‘Nereo es el mar. Representan a Nereo como a un anciano, porque la espuma, en medio del
            oleaje, se asemeja un poco al cabello canoso. Leucótoe, que es la hija de Nereo [y cuyo
            nombre que se relaciona con λευκός, blanco, lo revela], como si ella no fuese otra cosa
            que la candidez de la espuma’. Cornuto (L. Annaeus Cornutus), de Leptis o Testis
            (Libia), filósofo del llamado estoicismo nuevo, desterrado por Nerón a una isla hacia el
            año 66 d. de J. C. se destacó por sus escritos de interpretación alegórica helénica.
            Empleó a tal efecto los conceptos de la filosofía –especialmente de la cosmología y de
            la psicología– estoica. La obra exegética alegórica de Cornuto se titula Ἐpidromὴ tῶn
            katὰ tὴn Ἐllhnikὴn qeologίan paradedomέnwn, y es citada como <hi rend="i">De natura
              deorum</hi>, o también <hi rend="i">Compendium theologiae graecae</hi>. Generalmente,
            aparece mencionado como Fornuto o Phornuto.</note>. Hace de ellas mención <persName
            type="authority">Higinio</persName> in <title>Fabulis</title><note place="bottom">
            Higino, <hi rend="i">Fabularum Liber</hi> [...]<hi rend="i"> eiusdem Poeticon
              Astronomicon</hi> [...] (Basileae: apud Ioan. Hervagium, 1535, p. 8, <hi rend="i"
              >Fabularum</hi>). Cayo Julio Higino: con este nombre se conocen dos autores de épocas
            distintas. Uno es Higino el Bibliotecario. Fue puesto por Augusto al frente de la
            Biblioteca de Apolo Palatino. Solo se conocen los títulos de sus obras (tratado <hi
              rend="i">De Agricultura</hi> y el <hi rend="i">De Apibus</hi> muy alabado por
            Columela). Otro es Higino el Astrónomo, escritor llamado así para diferenciarlo del
            anterior, al que pertenecen el manual <hi rend="i">Astronomica</hi> o <hi rend="i"
              >Poeticon Astronomicon</hi>, que se ocupa de las transformaciones de los personajes
            mitológicos en estrellas o constelaciones, y otro de carácter mitológico en el que reúne
            una serie de <hi rend="i">Fábulas</hi> o genealogías de dioses y héroes; ambas obras
            derivan de fuentes griegas y resultan muy importantes debido a sus nociones sobre
            mitología, matemáticas y filosofía. </note> y <persName type="authority"
            >Hesíodo</persName> in <title>Theogonia</title><note place="bottom"> Hesíodo, <hi
              rend="i">Deorum Generatio</hi>, v. 233 y ss.: «<hi rend="i">Nereumque alienum a
              mendacio, et veracem genuit Pontus, </hi>[...]»: ‘El Ponto también engendró al veraz
            Nereo, que desconoce toda mentira’.</note>. <note place="margin" n="G"> cuanto / por
            seis hijas </note>
          <note place="bottom"> Copia parte de los versos 213-214: «… <hi rend="i">cuanto / por seis
              hijas, por seis deidades bellas</hi>,».</note></p>
      </div>
      <div>
        <head>38. <quote><l><ref xml:id="ref1040"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.215"
          >del cielo espumas y del mar estrellas</ref><note place="bottom">
                  OC264C.215</note></l></quote></head>
        <p>Son elegantísimas comparaciones tomadas del mar. Queriendo<note type="app" rend="I">
            queriendo <hi rend="i">em.</hi>: quiriendo <hi rend="i">CS</hi></note>, pues, significar
          que las hijas del pescador eran bellísimas entre las demás, las compara a las estrellas y
          a las espumas, porque aquestas son lo más blanco, lo más crespo y bello de las aguas,
          aquellas lo más luciente y hermoso del cielo. Y, por parecerse tanto el color del mar al
          color del cielo, y las espumas a las estrellas, hace un galanísimo trueque llamando
          espumas a las estrellas y estrellas a las espumas<note place="bottom"> Continúa DR en esta
            nota el desarrollo metafórico de Góngora y potencia con el superlativo ‘elegantísimas’
            la comparación de las hijas del pescador «a las estrellas y a las espumas», además de
            destacar la hipálage del v. 215 como un «galanísimo trueque».‘Trueque’ es el nombre que
            DR asigna a la figura llamada hipálage o cruce de atributos. Dámaso Alonso y Robert
            Jammes se ocupan de ella pero quien más se ha detenido en comentarlo es Jesús Ponce
            Cárdenas en sus <hi rend="i">Cinco ensayos polifémicos</hi> (2009).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>39. <quote><l><ref xml:id="ref1041"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.217"
          >y a su voz</ref><note place="bottom">
            OC264C.217</note></l></quote></head>
        <p>A la voz del viejo se aparecieron sus hijas<note type="app" rend="I"> hijas <hi rend="i"
              >em.</hi>: hijos <hi rend="i">CS</hi>. Evidentemente, el copista no percibe que en el
            poema se está hablando de tres de las hijas del pescador.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>40. <quote><l><ref xml:id="ref1042"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.220"
          >a quien debe,</ref></l>
              <l>si púrpura la rosa, el lilio nieve<note place="bottom">
                  OC264C.220-221</note></l></quote></head>
        <p>Dice que las hijas de los pescadores daban, con los matices de su rostro, colores a las
          rosas y lilios del huerto, el cual modo de exageración es tan elegante como frecuente en
          nuestro poeta y otros vulgares<note place="bottom"> DR no suele utilizar la palabra
            hipérbole sino que habitualmente habla de “exageración”. También Baltasar Gracián habla
            de “exageración” o “encarecimiento” para lo que hoy preferimos llamar “hipérbole”. No
            eran muy usados en España los nombres griegos de las figuras (tal vez sospechosos de
            pedantería), y se decía, por ejemplo, “similitud” o “semejanza” o “traslación” en vez de
            “metáfora”, “transposición” en vez de “hipérbaton” y así sucesivamente. </note>. Mucho
          alude a él lo que dice <persName type="authority">Virgilio</persName>
          <hi rend="i">in epigramma</hi>
          <title>De rosa</title>, para exagerar la belleza de las rosas de la mañana:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Ambigeres raperet ne rosis aurora ruborem</hi></l>
          <l><hi rend="i">an daret et flores tingeret orta dies</hi><note place="bottom"> «Es
              difícil decir si roba la Aurora su rubor a las rosas o si es ella la que lo da y la
              salida del día tiñe las flores.» (Ausonio 1990: 376). Se trata del epigrama <hi
                rend="i">De Rosa</hi>, que tanto se atribuyó a Virgilio como a Ausonio.
              Reconstruimos la cita por el texto que Herrera copia en sus <hi rend="i"
                >Anotaciones</hi> al soneto XXIII – H-137 de Garcilaso (Gallego Morel, 1966: p.
              347-355).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 256 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>41. <quote><l><ref xml:id="ref1043"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.228"
          >nubes pisa</ref><note place="bottom">
            OC264C.228</note></l></quote></head>
        <p>Porque todo el sitio estaba como nubes llenas de agua.</p>
      </div>
      <div>
        <head>42. <quote><l><ref xml:id="ref1044"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.233"
          >a los corteses juncos</ref><note place="bottom">
              OC264C.233</note></l></quote></head>
        <p>Cuando vieron al forastero soltaron los nudos<note type="app" rend="I"> los nudos <hi
              rend="i">em.</hi>: las nubes <hi rend="i">CS</hi>. Si bien en el texto del manuscrito
            se lee «las nubes», el sentido del fragmento corresponde a «los nudos», mencionados en
            el verso siguiente.</note> que labraban en los juncos.</p>
      </div>
      <div>
        <head>43. <quote><l><ref xml:id="ref1045"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.245"
          >los términos confunda de la cena</ref><note place="bottom">
                  OC264C.245</note></l></quote></head>
        <p>Porque la hora había de ser que ni fuera de comida ni de cena, ansí los manjares ni bien
          habían de ser comida, ni bien cena.</p>
      </div>
      <div>
        <head>44. <quote><l><ref xml:id="ref1046"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.248"
          >Impidiéndole el día al forastero</ref><note place="bottom">
                  OC264C.248</note></l></quote></head>
        <p>Va el viejo entreteniendo al forastero y enseñándole su hacienda<note place="bottom"> DR
            interpreta el cultismo de acepción de Góngora que utiliza el verbo ‘impedir’ con una
            significación metafórica (‘entretener’) válida en latín pero no en la acepción corriente
            del verbo. De hecho, Góngora recupera muchos de los sentidos figurados que poseía el
            verbo en latín. </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>45. <quote><l><ref xml:id="ref1047"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.247"
          >y todos no comprados</ref><note place="bottom">
              OC264C.247</note></l></quote></head>
        <p>Entre las felicidades de la vida rústica se cuenta el comer manjares no comprados.
            <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">dapibus mensas onerabat inemptis</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <hi rend="i">Georgicas</hi>, IV, v. 133: «cubría las mesas de manjares no comprados»
              (Virgilio 1990: 363).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Horacio</persName>, lib. <title>Epodos</title>, Oda 3<note
            place="bottom"> Los versos transcriptos no pertenecen a Horacio sino que corresponden a
            Claudiano (<title>In Rufinum</title>, lib. I, v. 206-207): «[<hi rend="i">ibi quaerit
              inanes luxuries nocitura cibos;</hi>] <hi rend="i">mihi donat inemptas / terra
              dapes</hi>»: «Allí la lujuria busca inútiles manjares para dañar la salud; a mí la
            tierra me ofrece manjares gratuitos» (Claudiano 1993: vol. I, 150). Probablemente, se
            trate de un error de copia dado que el verso de Horacio que falta es el del <hi rend="i"
              >Epodo</hi> 2, v. 48: «dapes inemptas apparet»: «prepara una comida no comprada»
            (Horacio 2007: 524).</note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">mihi donat inemptas</hi></l>
          <l><hi rend="i">terra dapes</hi>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Fracastoro</persName>, lib. 2 <title>Syphilidis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">At tibi si ex horto victus mensaeque deorum</hi></l>
          <l><hi rend="i">sunt animo atque olerum simplex et</hi><note type="app" rend="I"> et <hi
                rend="i">em.</hi>: atque <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">inempta
              voluptas</hi><note place="bottom"> Fracastoro, <hi rend="i">Syphilis, sive Morbus
                Gallicus</hi>, (Basileae: Bebel, 1536: II, v. 145-146): «<quote><hi rend="i">At tibi
                  si ex horto victus, mensaeque deorum / sunt animo, atque olerum simplex et inempta
                  voluptas, / non menthae virides, non laeta sisymbria desunt</hi>»: ‘Pero si son de
                tu gusto el manjar sacado del huerto, las mesas de los dioses, las hierbas simples y
                un festín gratuito, no faltan ni la verde hierbabuena ni el feliz erísimo’.</quote>
              Girolamo Fracastoro (Verona, 1478-1553) estudió medicina en Padua donde luego fue
              profesor de lógica. Médico, científico y humanista de gran ingenio y cultura
              enciclopédica, dedicó toda su vida al mejoramiento del cuerpo y del espíritu. Fue un
              apasionado cultivador de los grandes poetas Virgilio y Lucrecio a quienes procuró
              imitar en su poesía didáctica <hi rend="i">Syphilis</hi> o <hi rend="i">De morbo
                gallico</hi> (1530). Particular notoriedad alcanzó con sus obras de medicina
              científica, pues además del poema citado, escribió <hi rend="i">Del contagio y de las
                enfermedades contagiosas</hi>. Son también notables sus diálogos, entre ellos, el<hi
                rend="i"> Diálogo de la poética</hi> en el cual defiende la poesía frente a las
              tendencias platónicas.</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Tasso</persName>, can. 7:</p>
        <p>[f. 256 v]</p>
        <quote><l><hi rend="i">e questa greggia e l’orticel dispensa</hi></l>
          <l><hi rend="i">cibi non compri alla mia parca mensa</hi><note place="bottom"> Torquato
              Tasso, <title>La Jerusalén liberada</title>, Canto VII, Octava 10, v. 7-8: ‘y este
              rebaño y el huertecillo dispensan alimentos no comprados a mi mesa
            frugal’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>46. <quote><l><ref xml:id="ref1048"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.259"
          >sus pollos éste al mar conduce nuevos</ref><note place="bottom">
                  OC264C.259</note></l></quote></head>
        <p>Para enseñarlos a<note type="app" rend="I"> a <hi rend="i">em.</hi>: al <hi rend="i"
              >CS</hi></note> vivir en las aguas, propia habitación de los cisnes. <persName
            type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2 <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fit noua Cygnus auis nec se caeloque Iouique</hi></l>
          <l><hi rend="i">credit, ut iniuste missi memor ignis ab illo;</hi></l>
          <l><hi rend="i">stagna petit patulosque lacus ignemque perosus</hi></l>
          <l><hi rend="i">quae colat elegit contraria flumina flammis</hi><note place="bottom"
              >Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. II, v. 377-380: «Cicno se convierte en
              una nueva ave, y no se fía del cielo ni de Júpiter, acordándose del fuego injustamente
              enviado por él; busca los estanques y los lagos extensos, y, como odia el fuego, elige
              para vivir las aguas, enemigas de las llamas» (Ovidio 2008: 292).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>47. <quote><l><ref xml:id="ref1049"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.260"
          >de Espío y Galatea</ref><note place="bottom"> OC264C.260 «de Espío y de
                  Nesea», en la edición de Carreira.</note><note place="bottom"> Se trata de un
                  verso que tiene distintas lecturas. Para Carreira, es «de Espío y de Nesea», al
                  igual que en Pellicer. En el manuscrito Chacón, se lee «de Espío y de Nerea»
                  mientras que en Salcedo Coronel, Vicuña y DR se lee «de Espío y Galatea». Cfr. la
                  edición de Jammes (1994) que coincide con Carreira, nota al verso 260, p.
                  459-460.</note></l></quote></head>
        <p>Estas son hijas de Nereo, dichas Nereides, y ansí<note type="app" rend="I"> y ansí <hi
              rend="i">em.</hi>: y ansí y ansí <hi rend="i">CS</hi></note> las refiere entre las
          demás <persName type="authority">Hesíodo</persName> in <title>Theogonia</title>, <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title>, <persName
            type="authority">Higino</persName>
          <hi rend="i">in</hi>
          <title>Fabulis</title><note place="bottom"> En esta nota, se repiten algunas de las
            autoridades (Hesíodo, Virgilio e Higino) citadas en la nota 37 al verso 210.</note>.</p>
        <p>Dice, pues, el poeta para exagerar que las plumas de los cisnes eran invidia de estas
          ninfas, a quien fingen los poetas muy blancas. <persName type="authority"
            >Virgilio</persName> en este lugar:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Caesariem effusae nitidam per candida colla</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <title>Geórgicas</title>, lib. IV, v. 337: «[<hi rend="i">Eam circum Milesia
                uellera Nymphae / carpebant</hi> (...)<hi rend="i"> /Drymoque Xanthoque Ligeaque
                Phyllodoceque</hi>,] <hi rend="i">/ caesariem effusae nitidam per candida
              colla</hi>»: «En torno de ella hilaban las ninfas vellones milesios (...), Drimo y
              Janto, y Ligea y Filódoce, extendidas las brillantes cabelleras sobre sus cuellos
              resplandecientes» (Virgilio 1990: 373-374).</note>.</l></quote>
        <p>Especialmente a Galatea como a Leucotea le dieron este nombre por la blancura de las
            espumas<note place="bottom"> DR le dedica particular importancia a la etimología de
            Galatea, aunque, según las variantes mencionadas, su pertenencia al verso es
            discutible.</note>. <persName type="authority">Eritreo</persName>, in <title>Indice
            Virgiliano</title>, verbo Galathea<note place="bottom"> Alude a una extensa nota del <hi
              rend="i">Index Erythraei</hi>, citado especialmente por el padre La Cerda, que
            desarrolla con el apoyo de autoridades la trayectoria clásica de Galatea. Sobre el <hi
              rend="i">Index Erythraei</hi>, véase nuestra nota al verso 39 del lib. I de la <hi
              rend="i">Eneida</hi> (nota 2 de DR: «y mucha sal»).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>48. <quote><l><ref xml:id="ref1050"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.283"
          >Cóncavo fresno, a quien gracioso indulto</ref><note place="bottom">
                  OC264C.283</note></l></quote></head>
        <p>En el hueco de este fresno finge luego el poeta que labraban miel las abejas, bien porque
          todo género de robres (ora sean encinas, fresnos, hayas) es aptísimo para este ministerio.
          Ansí, dijeron los poetas [f. 257 r] que en la edad de oro sudaban miel las encinas.
            <persName type="authority">Virgilio</persName>, Égloga 4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et durae quercus sudabunt roscida</hi><note type="app" rend="I">
              roscida <hi rend="i">em.</hi>: rosida <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >mella</hi><note place="bottom"> Virgilio, <title>Bucólicas</title>, <hi rend="i"
                >Égloga</hi> 4, v. 30: «y las duras encinas destilarán el rocío de la miel»
              (Virgilio 1990: 189).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Horacio</persName>, 6 <title>Epodos</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">mella caua manant ex ilice</hi><note type="app" rend="I"> ilice <hi
                rend="i">em.</hi>: illice <hi rend="i">CS</hi></note><note place="bottom"> Horacio,
                <hi rend="i">Epodos</hi>. Se trata del <hi rend="i">Epodo</hi> 16, v. 47 y no del 6,
              como se lee en el manuscrito: «<hi rend="i">mella caua manant ex ilice</hi>»: «manan
              mieles de la encina hueca» (Horacio 2007: 557).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, 2 <title>De raptu</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ilex</hi><note type="app" rend="I"> ilex <hi rend="i">em.</hi>: illex
                <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">plena fauis</hi><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">De raptu</hi>, lib. II, v. 109: «el acebo, lleno de panales»
              (Claudiano 1993: vol. II, 216).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>50. <quote><l><ref xml:id="ref1051"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.284"
          >de su caduco natural permite</ref><note place="bottom">
                  OC264C.284</note><note place="bottom">Se aclara que en el manuscrito no existe la
                  nota 49. Sin embargo, probablemente se trate de un error del mismo DR, ya que la
                  nota 48 comenta el verso 283 y la 50, el verso
          284.</note></l></quote></head>
        <p>El fresno, aunque es vivaz, no es tanto como la encina, y aunque es hueco, no tanto como
          el alcornoque. A éste le permitía su natural que igualase a la encina y al<note type="app"
            rend="I"> al <hi rend="i">add.</hi></note> alcornoque en lo vivaz y en lo hueco.</p>
      </div>
      <div>
        <head>51. <quote><l><ref xml:id="ref1052"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.289"
          >que sin corona vuela y sin espada</ref><note place="bottom">
                  OC264C.289</note></l></quote></head>
        <p>Pinta a la reina de las abejas, y compárala a Dido y a la reina o capitana de las
          amazonas, y dice que, aunque no trae corona, es una Dido fundadora de más bella república,
          y aunque no trae espada, es una amazona capitana de más casto ejército<note place="bottom"
            > La explicación tiende a mostrar la riqueza de la descripción a través de la doble
            comparación ‘abejas’ = ‘Dido’ y ‘abejas’ = ‘capitana de las Amazonas’. Con esta nota, se
            inicia una larga disquisición sobre las abejas, sus costumbres y las metáforas que se
            generaron a partir de ellas en la tradición clásica. Buena parte de las autoridades
            citadas pertenecen a las anotaciones del padre La Cerda.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>52. <quote><l><ref xml:id="ref1053"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.291"
          >de ejército más casto</ref><note place="bottom">
              OC264C.291</note></l></quote></head>
        <p>Los poetas y los naturales llaman a la junta de las abejas <hi rend="i">agmen</hi>, y a
          sus guías <hi rend="i">duces</hi><note place="bottom"> La nota se divide en dos aspectos
            del sintagma de Góngora. En primer lugar, la metáfora de ‘ejército’ por el conjunto de
            las abejas, y luego el adjetivo ‘casto’, por la creencia en relación con la concepción
            de las abejas, que amplía el tópico clásico abejas/amazonas.</note>. <persName
            type="authority">Plinio</persName>, lib. 11<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XI, cap. 18: «<hi rend="i">Duce prenso totum
              tenetur agmen, amisso dilabitur migratque ad alios</hi>»: «Si se atrapa al jefe, se
            somete a todo el escuadrón; si lo pierden, se dispersan y se cambian a otro» (Plinio el
            Viejo 2003: 480).</note>; <persName type="authority">Claudiano</persName>, lib. 2
            <title>De raptu</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">cum cerea reges</hi></l>
          <l><hi rend="i">castra mouent: fagique caui demissus</hi><note type="app" rend="I"> En las
              versiones impresas consultadas se lee <hi rend="i">caua dimissus</hi>. </note><hi
              rend="i">ab aluo</hi></l>
          <l><hi rend="i">mellifer electis exercitus obstrepit herbis</hi><note type="app" rend="I">
              herbis <hi rend="i">em.</hi>: alis <hi rend="i">CS</hi></note><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">De raptu Proserpinae</hi>, lib. II, v. 124-127: «[<hi rend="i"
                >Credas examina fundi / Hyblæum raptura thymum,</hi>]<hi rend="i"> cum cerea reges /
                castra mouent, fagique caua dimissus ab aluo / mellifer electis exercitus obstrepit
                herbis</hi>»: «Hubieras creído que un enjambre se esparcía para conseguir el tomillo
              del Hibla, cuando sus reyes levantan el campamento de cera y el ejército que produce
              la miel, tras ser enviado desde el hueco vientre de un haya, zumba en sus flores
              preferidas» (Claudiano 1993: vol. II, 217).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 257 v] Y aun dicen que se ponen en arma los reyes de las abejas con sus escuadras.
          Virgilio en el lib. 4 de las <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sin autem ad pugnam exierint (nam saepe duobus</hi></l>
          <l><hi rend="i">regibus incessit magno discordia motu)</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. IV, v. 65-66: «Mas si, por el contrario, saliesen
              a campaña, pues con frecuencia con alboroto grande una discordia se origina entre los
              reyes» (Virgilio 1990: 360). El libro IV de las <hi rend="i">Geórgicas</hi> está
              dedicado a las abejas.</note><note place="margin" n="H"> Véase Maiolo, Colloquio 5,
              mihi pág. 225. </note><note place="bottom"> Simon Maioli (1520-1597) fue un obispo y
              autor italiano. Su enciclopedia <title>Dies Caniculares</title> trata temas de
              historia natural, demonología, e incluso hombres lobos. La primera impresión data de
              1597. En la edición consultada (Moguntiae: Impensis Ioannis Theobaldi Schönwetter,
              1615), la entrada ‘<hi rend="i">apes</hi>’ corresponde a las páginas
              93-95.</note>.</l></quote>
        <p>Dice el poeta: de más casto ejército que el de las amazonas, las cuales viven sin
          maridos, porque de las abejas dice Plinio, lib. 11, c. 16: <quote><hi rend="i">Fetus
              quonam modo</hi><note type="app" rend="I"> quonam modo <hi rend="i"
                >em.</hi>: quod ad modo <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >progenerarent magna inter eruditos et subtilis questio fuit</hi><note type="app"
              rend="I">] En las versiones impresas consultadas se lee <hi rend="i">fuit
                quaestio</hi>.</note><hi rend="i">: apium</hi><note type="app" rend="I"> apium <hi
                rend="i">em.</hi>: appum <hi rend="i">CS</hi></note><hi
              rend="i">enim coitus visus est numquam. Plures existimauere oportere confici</hi><note
              type="app" rend="I">] En las versiones impresas consultadas se lee <hi rend="i">ore
                confingi</hi>.</note><hi rend="i">floribus compositis apte atque utiliter</hi><note
              place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XI, cap. 16: «De qué
              modo se engendraban las crías ha sido entre los eruditos una cuestión importante y
              sutil, pues nunca se vio el apareamiento de las abejas. Muchos pensaron que se
              formaban en la boca, de flores combinadas adecuada y provechosamente» (Plinio El Viejo
              2003: 476).</note></quote> Lo mismo dice <persName type="authority"
            >Aristóteles</persName>, lib. 5 <title>Historia animalis</title>, c. 21 et 22<note
            place="bottom"> Aristóteles, <hi rend="i">De Historia Animalium</hi>, lib. V, caps. 21 y
            22. Se trata, efectivamente, de dos capítulos de la <hi rend="i">Historia de los
              animales</hi> en los que describe las costumbres de las abejas.</note>; <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Eneida</title><note place="bottom">
            Los versos de Virgilio pertenecen en realidad al lib. IV de las <title>Geórgicas</title>
            (v. 197-201). Es imposible determinar si el error se debe al copista o al
          autor.</note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">illum adeo placuisse apibus mirabere morem</hi></l>
          <l><hi rend="i">quod nec concubitu indulgent, nec corpora segnes</hi></l>
          <l><hi rend="i">in Venerem soluunt, aut foetus nixibus edunt</hi>: </l>
          <l><hi rend="i">verum ipsae foliis natos et suauibus herbis</hi></l>
          <l><hi rend="i">ore legunt</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
              >Geórgicas</hi>, lib. IV, v. 197-201: «Te maravillarás en gran manera de que a las
              abejas les haya agradado esta costumbre: que no se entregan al acoplamiento, ni
              perezosamente rinden sus cuerpos en honor de Venus, ni dan a luz sus crías con
              dolores, sino que ellas recogen con su trompa a los recién nacidos de las hojas y de
              las hierbas suaves» (Virgilio 1990: 366-367).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>53. <quote><l><ref xml:id="ref1054"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.291"
          >de más bella</ref></l>
              <l>república<note place="bottom">
            OC264C.291-292</note></l></quote></head>
        <p>Los naturales<note place="bottom">DR denomina naturales a los autores de lo que entonces
            se llamaba "filosofía natural". </note> llaman república y pueblo la junta de las
          abejas. <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 11<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XI, cap. 4: «[...] <hi rend="i">laborem
              tolerant, opera conficiunt, rem publicam habent, consilia priuatim, at duces gregatim,
              et, quod maxime mirum sit, </hi>[…]»: «soportan el trabajo, ejecutan su tarea, tienen
            su república, también toman decisiones en privado, pero tienen sus jefes en común y, lo
            que es sobre todo asombroso [...]» (Plinio el Viejo 2003: 461-462).</note>; <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">magnanimosque duces totius ex</hi><note type="app" rend="I">] En las
              versiones impresas consultadas se lee <hi rend="i">totiusque</hi>.</note><hi rend="i"
              >ordine gentis</hi></l>
          <l><hi rend="i">mores et studia et populos et proelia</hi><note type="app" rend="I"> En la
              edición de La Cerda se lee «praelia» en vez de «proelia».</note><hi rend="i">
              dicam</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. IV, v.
              4-5: «[<hi rend="i">Admiranda tibi leuium spectacula rerum,</hi>]<hi rend="i"> /
                magnanimosque duces totiusque ordine gentis / mores et studia et populos et proelia
                dicam</hi>»: «Voy a referir el espectáculo de pequeñas cosas que causarán tu
              admiración, magnánimos caudillos y, siguiendo un orden, las costumbres, aficiones,
              pueblos y combates de toda una nación» (Virgilio 1990: 357).</note>.</l></quote>
        <p>Y del gobierno de las abejas sacan los escritores ejemplos para la institución de las
          repúblicas: <persName type="authority">Dion Crisóstomo</persName>, <hi rend="i"
            >Oratione</hi> 44<note place="bottom"> Dionis Chrysostomi, <title>Orationes
            LXXX</title>, [Lutetiae: Ex officina Typographica Claudii Morelli, 1604], <hi rend="i"
              >Orat. 44</hi>: «<hi rend="i">Oratio beneuolentiae demonstratiua erga patriam, honores
              sibi decernentem</hi>». La cita en p. 510: «<hi rend="i">Namque intolerandum foret, si
              homines fierent apibus iniustiores</hi>»: ‘Porque resultaría insoportable si los
            hombres se tornaran más injustos que las abejas’. Dión Cocceyano Crisóstomo (ca. 40-ca.
            112 d.C): orador y filósofo griego. Dion, de Prusa en Bitinia, recibió el apodo de «boca
            de oro» a causa de su elocuencia. Tras comenzar una carrera oratoria en Roma, se vio
            influido posteriormente por la filosofía estoica. Su oposición a Domiciano tuvo como
            consecuencia su destierro. Se le atribuyen ochenta <hi rend="i">Discursos</hi>, pero no
            todos son auténticos. En relación con las <hi rend="i">Soledades</hi>, no debemos
            olvidar que María Rosa Lida (1975) considera que su «hilo narrativo» está inspirado en
            el <hi rend="i">Discurso VII</hi> de Dión Crisós­tomo, quien inserta en este escrito
            destinado a aconsejar la vida de campo, la historia del cazador de Eubea, de noto­rias
            coinciden­cias con el poema de Góngora.</note>; <persName type="authority"
            >Platón</persName>, lib. 8 <title>Político</title><note place="bottom"> Platón, <hi
              rend="i">Omnia diuini Platonis</hi> [...] (Lugduni: apud Godefridum et Marcellum
            Beringos, frates, 1548, p. 149). Se trata del <hi rend="i">Político</hi>, uno de los
            diálogos de Platón que en las traducciones latinas lleva por título <hi rend="i"
              >Politicus</hi> o <hi rend="i">Vir civilis, sive De regno</hi>. </note> y otros<note
            place="bottom"> La mención de Dion Crisóstomo y de Platón está tomada de la nota del
            Padre La Cerda a los versos 4-5 del libro IV de las <hi rend="i">Geórgicas</hi>.</note>.
          Pero el poeta aludió elegantemente a un lugar del lib. 4 de la <title>Eneida</title>
          porque suele trocar las comparaciones usadas de otros poetas. Ansí, habiendo Virgilio
          comparado la obra de Dido en Cartago y el gobierno de su república al de las abejas,
          nuestro poeta, [f. 258 r] al contrario, la república y obra de las abejas compara a la de
            Dido<note place="bottom"> Es notable la lectura que hace DR al destacar en este pasaje
            uno de los rasgos de estilo de Góngora. En este caso, al trastocar la comparación de
            Virgilio de la obra de Dido en Cartago con una colmena.</note>. Dice pues <persName
            type="authority">Virgilio</persName>:</p>
        <quote rend="i"><l>Instant ardentes Tyrii: pars ducere muros</l>
          <l>molirique arcem et manibus subuoluere saxa;</l>
          <l>pars optare locum tecto et concludere sulco.</l>
          <l>Iura magistratusque legunt sanctumque Senatum, </l>
          <l>[…]</l>
          <l>Qualis apes aestate noua per florea rura</l>
          <l>exercet sub sole labor, quum gentis adultos</l>
          <l>educunt foetus, aut quum liquentia mella</l>
          <l>stipant et dulci distendunt nectare cellas, </l>
          <l>aut onera accipiunt venientum<note type="app" rend="I"> venientum <hi
                rend="i">em.</hi>: venientium <hi rend="i">CS</hi>
            </note>aut agmine facto</l>
          <l>ignauum fucos<note type="app" rend="I"> fucos <hi rend="i">em.</hi>:
              fucor <hi rend="i">CS</hi></note>pecus a praesepibus arcent.</l>
          <l>Feruet opus redolentque thymo fragantia mella<note place="bottom"> Se
              trata del lib. I de la <hi rend="i">Eneida</hi> y no del lib. 4 (v. 427-430 y
              434-440). Además, no es un fragmento continuo pues omite los versos 431 a 433.
              </note><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib.
              I, v. 423-425 y 430-436: «Apremian fogosos los tirios, una parte para alzar los muros
              / y aprestar el alcázar y con sus manos voltear las piedras, / otra parte para elegir
              un lugar para casa y marcarlo con surco; / (...) como a las abejas, comenzando el
              verano, por los campos floridos / bajo el sol la labor las fatiga, cuando a las crías
              adultas / de su raza echan afuera, o cuando las líquidas mieles / almacenan y de dulce
              néctar hinchen las celdillas, / o bien reciben la carga de los que llegan o bien,
              alineadas, / ahuyentan de los comederos al ganado haragán de los zánganos / (hierve el
              trabajo y a tomillo huelen las aromáticas mieles)». El verso 426 (‘Se instauran leyes,
              unos magistrados y un Senado venerable’) no aparece en la edición moderna manejada. DR
              omite los versos 427-429: «<hi rend="i">hic portus alii effodiunt, hic alta theatri /
                fundamenta locant alii, immanesque columnas / rupibus excidunt, scaenis decora alta
                futuris</hi>»: «unos aquí excavan el puerto, aquí otros sitúan / los hondos
              cimientos del teatro e ingentes columnas / a las peñas les tallan, elevado adorno para
              el futuro escenario» (Virgilio 2009: 31-32).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>54. <quote><l><ref xml:id="ref1055"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.294"
          >oro brillando vago</ref><note place="bottom">
              OC264C.294</note></l></quote></head>
        <p>Porque la reina de las abejas tiene las alas doradas. <persName type="authority"
            >Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title>, hablando de la misma:</p>
        <quote><l><hi rend="i">alter erit maculis auro squalentibus ardens</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, IV, v. 91: «<hi rend="i">Alter erit maculis
                auro squalentibus ardens / </hi>[<hi rend="i">nam duo sunt genera</hi>]»: «Éste será
              el que brille con ásperas motas de oro, pues los hay de dos especies» (Virgilio 1990:
              361).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Dionisio Uticensi</persName>, lib. 15, c. 2: <quote><hi
              rend="i">Regum optimi sunt colore flaui</hi></quote><note place="bottom"> Casii
            Dionysii Uticensis, <title>De Agricultura Libri XX</title>; (Lugduni: Apud Antonium
            Vincentium, 1543, p. 295, lib. 15, c. 2): «<hi rend="i">Regum optimi sunt
              colore flaui, magnitudine sesquialtere pro portione apis</hi>»: ‘Los mejores de los
            reyes son de color de oro, y su tamaño es como el de una abeja y media’. Casio Dionisio
            de Útica (siglo II a.C.) fue un escritor griego que compiló un manual de cultivo basado,
            en parte, en la traducción de la obra del escritor púnico Magón. Su tratado <hi
              rend="i">De agricultura</hi> fue citado en varias ocasiones por
            Columela, Plinio el Viejo y Varrón. </note>. Y el <persName type="authority"
            >Tasso</persName> elegantemente, <hi rend="i">giornata</hi> 5 de la <title>Divina
            Settimana</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">e da natura ha le reali insegne</hi></l>
          <l><hi rend="i">d’oro lucenti onde s’adorna e splende</hi><note place="bottom"> Torquato
              Tasso, <hi rend="i">Il Mondo Creato</hi>, giornata 5: ‘y por naturaleza tiene las
              insignias reales de oro luciente por las que se ilustra y resplandece’. En la edición
              de 1608, cada Giornata lleva un <hi rend="i">Argomento</hi>, desde el que se remite a
              un <hi rend="i">Índice de Materia</hi>. En este caso, «<hi rend="i">La natura
                delle</hi> Api» (In Milano: Appresso Girolamo Bordoni, &amp; Pietro Martire Locarni,
              1608: p. 187).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>55. <quote><l><ref xml:id="ref1056"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.295"
          >o el jugo beba de los aires puros</ref><note place="bottom">
                  OC264C.295</note></l></quote></head>
        <p>Es imitación de <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 11, c. 12: <quote><hi
              rend="i">itaque tum prima aurora folia arborum melle roscida inueniuntur; ac si qui
              matutino sub diofuere, unctas liquore vestes</hi> [f. 258 v] <hi rend="i">capillumque
              concretum sentiunt, siue ille est caeli sudor, siue quaedam siderum</hi><note
              type="app" rend="I"> siderum <hi rend="i">em.</hi>: sideram <hi rend="i"
              >CS</hi></note><hi rend="i">saliua, siue purgantis se aeris succus</hi><note
              place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XI, cap. 12: «Y así,
              con la primera luz del amanecer las hojas de los árboles se encuentran bañadas de
              miel; y si alguno ha estado por la mañana al aire libre, se da cuenta de que sus ropas
              están humedecidas por un líquido y su cabello, apelmazado, sea aquél un sudor del
              cielo o una especie de saliva de los astros o un jugo del aire que se depura a sí
              mismo» (Plinio El Viejo 2003: 470). En el manuscrito figura «<hi
                rend="i">sub dio fuere</hi>» en lugar de «<hi rend="i">sub diu
                fuere</hi>», que es como aparece en la lección de la edición
            consultada.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>56. <quote><l><ref xml:id="ref1057"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.298"
          >burgo eran suyo el tronco informe</ref><note place="bottom">
                  OC264C.298</note></l></quote></head>
        <p>Alrededor de este fresno, en otros troncos menores, había enjambres<note place="bottom">
            En el manuscrito figura ‘ejambre’, pues en la época oscilaba con ‘enjambre’.</note> que
          eran como partes o colonias de los del fresno. Colonias hacen las abejas cuando hay gran
          copia de crías. <persName type="authority">Eliano</persName>, lib. 5, c. 13: <quote><hi
              rend="i">cum autem ex sobole alueus apibus redundat tamquam maximae urbes hominum
              multitudine redundantes, sic illae colonias deducunt</hi><note place="bottom"> La cita
              del texto de Eliano en latín está comprobada mediante la siguiente edición: Claudii
              Aeliani, <title>De natura animalium</title>, Jenae, 1832: ‘La colmena rebosa de
              retoños de abejas; así como las mayores ciudades rebosan de una multitud de hombres,
              así ellas extienden sus colonias’. En una búsqueda anterior, en la BNE, se encontró
              solamente el texto griego de Eliano. Sin embargo, Pedro Conde considera que es muy
              probable que, tanto esta nota como la siguiente nota de Plinio, estén tomadas de los
                <hi rend="i">Dies caniculares</hi> de Maioli.</note>.</quote>
          <persName type="authority">Platón</persName>, 4 <hi rend="i">De legibus</hi>: <quote><hi
              rend="i">colonias emittunt tanquam apum examina</hi><note place="bottom"> Platón, <hi
                rend="i">Omnia opera diuini Platonis</hi> [...], (Lugduni: apud Godefridum et
              Marcellum Beringos [...], 1548, p. 149). La cita de Platón pertenece a
                <title>Politicus</title> y no a <hi rend="i">De Legibus</hi>, como aparece en el
              manuscrito, ya que se trata del texto aludido en la nota 53 a los versos 291 y 292.
              Transcribimos la cita como figura en la edición consultada: «<hi rend="i">seu colonias
                tanquam apum examina emittant</hi>»: ‘o bien mandan colonias fuera, como los
              enjambres de abejas’.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>57. <quote><l><ref xml:id="ref1058"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.301"
          >plebeyo enjambre leve</ref><note place="bottom">
              OC264C.301</note></l></quote></head>
        <p>Porque no había reina en estos enjambres. <persName type="authority">Plinio</persName>
          lib. 11 c. 10<note type="app" rend="I"> c. 10 <hi rend="i">em.</hi>: c. 11
              <hi rend="i">CS</hi></note>: <quote><hi rend="i">Domos primum
              plebeis</hi><note type="app" rend="I"> En las versiones impresas consultadas se lee
                <hi rend="i">plebei</hi>.</note><hi rend="i">exaedificant, deinde regibus</hi><note
              place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XI, cap. 10: «Primero
              terminan la construcción de las casas para la plebe, después para los reyes» (Plinio
              el Viejo 2003: 468).</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>58. <quote><l><ref xml:id="ref1059"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.311"
          >redil las ondas y pastor el viento</ref><note place="bottom">
                  OC264C.311</note></l></quote></head>
        <p>Porque no tiene pastor que las cuide. Es imitación de <persName type="authority"
            >Claudiano</persName>, que hablando de un huerto siempre ameno y fértil, no teniendo
          agricultor que lo labrase, <title>De nuptiis Honorii et Mariae</title><note place="bottom"
            > Esta nota está mal redactada ya que, aunque se entiende el sentido, falta un verbo
            principal. </note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">intus rura micant: manibus quae subdita nullis</hi></l>
          <l><hi rend="i">perpetuum florent, Zephiro contenta colono</hi><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">Epithalamium de nuptiis Honorii Augusti</hi>, v. 60-61:
              «Dentro brilla la campiña, que florece perpetuamente sin ser estimulada por mano
              alguna, satisfecha con el Zéfiro como labrador» (Claudiano 1993: vol. II,
            242).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>59. <quote><l><ref xml:id="ref1060"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.312"
          >su nocivo diente</ref><note place="bottom">
            OC264C.312</note></l></quote></head>
        <p>Porque como si fuera veneno es pernicioso a los árboles. <persName type="authority"
            >Plinio</persName>, lib. 8, c. 50<note type="app" rend="I"> En las ediciones de la época
            –tal como puede verificarse en la Cerda–, corresponde al lib. 8, cap. 50 mientras que en
            las actuales el capítulo es el número 76.</note>: <quote><hi rend="i">morsus earum
              arbori exitialis</hi><note type="app" rend="I"> exitialis <hi rend="i">em.</hi>:
              exicialis <hi rend="i">CS</hi></note>. <hi rend="i">Oliuam lambendo quoque sterilem
              faciunt</hi><note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>: «Su
              mordisco es mortal para los árboles. También vuelven estéril al olivo con solo
              lamerlo» (Plinio el Viejo 2003: 208-209). </note></quote>; y en el lib. 12, [f. 259 r]
          c. 17<note type="app" rend="I"> lib. 12, c. 17 <hi rend="i">em.</hi>: lib.
            50, c. 8 <hi rend="i">CS</hi>. Parece que el copista, por error,
            transcribe los números de la cita anterior de Plinio, invirtiendo el orden. </note>:
              <quote><hi rend="i">capra maleficum frondibus animal</hi><note place="bottom"> En las
              ediciones de Plinio de la época –tal como puede verificarse en la Cerda–, corresponde
              al lib. 12, cap. 17, mientras que en las actuales, el capítulo es el número 37 de la
                <title>Naturalis Historiae</title>: «las cabras –animal dañino para la vegetación»
              (Plinio el Viejo 2010: 65). </note>.</quote> Por eso dijo <persName type="authority"
            >Virgilio</persName>, lib. 2 <title>Geórgicas</title>: <quote><hi rend="i">aut urentes
              culta capellas</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib.
              II, v 195-196: «o las cabras, que agostan los sembrados (...)» (Virgilio 1990:
              300).</note></quote>, y abajo de las mismas:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quantum illi nocuere greges durique venenum</hi></l>
          <l><hi rend="i">dentis et admorso signata in stirpe cicatrix</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. II, v. 378-379: «no le perjudicaron tanto
              cuanto los rebaños aquellos y el veneno de su duro diente y la cicatriz marcada sobre
              el mordido tronco» (Virgilio 1990: 309).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>60. <quote><l><ref xml:id="ref1061"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.320"
          >Ella, pues, sierpe, y sierpe al fin pisada</ref><note place="bottom">
                  OC264C.320</note></l></quote></head>
        <p>Sierpe llama al arroyo por su curso flexuoso y humilde<note place="bottom"> ‘humilde’ es
            aquí probable latinismo por ‘pegado a la tierra, cercano al suelo’, que es el
            significado primario de la palabra latina <hi rend="i">humilis</hi>.</note>. Rastro hay
          de esta locución en los antiguos<note place="bottom"> Hay un exceso de erudición para
            ampliar su explicación que no agrega nada a la interpretación de los versos de Góngora,
            pero que aporta la línea de un mismo tópico en distintas autoridades.</note>. <persName
            type="authority">Lucano</persName>, del río Rubicón, lib. 1: <quote><hi rend="i">perque
              imas serpit valles</hi><note place="bottom"> Lucano, <title>Farsalia</title>, lib. I,
              v. 215. Transcribimos los cuatro versos dedicados al Rubicón (213-216): «<hi rend="i"
                >Fonte cadit modico paruisque inpellitur undis / puniceus Rubicon, cum feruida
                canduit aestas, / perque imas serpit ualles et Gallica certus / limes ab Ausoniis
                disterminat arua colonis</hi>»: «De un manantial exiguo brota y con parva corriente
              se desliza el Rubicón bermejo cuando abrasa [el] verano candente, serpentea por valles
              profundos y separa, frontera cabal, las llanuras de la Galia de las que cultivan los
              ausonios» (Lucano 1984: 40).</note>.</quote></p>
        <p><persName type="authority">Séneca</persName>, in <title>Oetaeo</title>, actu 2, de un
          arroyo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Gracilisque vado serperet aequo</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">nec praecipitem volueret amnem</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi
                rend="i">Oetaeo</hi>, Acto II, v. 589-590, (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma
                Tragoediae latinae</hi>…, p. 169). Las ediciones modernas retuvieron la lección
              «gradu» en vez de «vado» que es la que figura en la edición de las tragedias por
              Martín del Río manejada por DR: «<hi rend="i">gracilisque gradu serperet aequo / nec
                praecipitem uolueret amnem / flauus rupto fonte Lycormas</hi>»: «empobrecido, iba
              serpeando con caminar sereno y el rojizo Licormas al cortarse la fuente no revolvía un
              caudal impetuoso» (Séneca 1980: 295).</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Tasso</persName> en las <title>Rimas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">per cui serpendo al mar dal’herbe ascoso</hi></l>
          <l><hi rend="i">porta limpido rio suoi dolci humori</hi><note place="bottom"> Bernardo
              Tasso, <hi rend="i">Rime amorose</hi>, Soneto XLI, 1er. cuarteto, v. 3 y
              4.</note>.</l></quote>
        <p>Al contrario, a la sierpe celeste que está entre las dos Osas llaman arroyo. El mismo
            <persName type="authority">Séneca</persName> in <title>Thyeste</title>, <hi rend="i"
            >choro</hi> 4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et qui medias diuidit ursas</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">fluminis instar, lubricus Anguis</hi><note type="app" rend="I"> Anguis <hi
                rend="i">em.</hi>: amnis <hi rend="i">CS</hi>
            </note><note place="bottom"> Séneca, <hi rend="i">Thyestes</hi>, acto IV, v. 868-869,
                (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma Tragoediae Latinae</hi>…, p. 226): «y la que,
              en medio de ellas, separa las dos Osas, la Sierpe escurridiza que parece un río»
              (Séneca 1980: 249).</note>.</l></quote>
        <p>Lo mismo dijo antes <persName type="authority">Arato</persName> in
            <title>Phaenomenon</title><note type="app" rend="I"> Phaenomenon <hi rend="i">em.</hi>
            Phenemone <hi rend="i">CS</hi></note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">has vero per ambas, qualis fluuii decursus</hi></l>
          <l><hi rend="i">volutatus draco</hi> etc<note place="bottom"> Arato Solensis, <hi rend="i"
                >Phaenomenon</hi>, v. 45-46 de la versión latina del texto bilingüe de Arato
              griego-latín (Basileae, 1535): ‘y pasando por medio de ellas, como el curso de un río’
              (El primer verso citado está completo mientras que del segundo solo cita el sintagma
                «<hi rend="i">volutatus draco</hi>». El verso completo es: «<hi rend="i">Volutatur
                (horrendum) ingens draco circumcirca distractus</hi>»: ‘el inmenso dragón se enrosca
              (¡pavoroso!) alrededor, con el cuerpo que se reparte todo
          alrededor’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>61. <quote><l><ref xml:id="ref1062"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.324"
          >las flores, que de un parto dio, lascivo,</ref></l>
              <l>aura fecunda<note place="bottom">
            OC264C.324-325</note></l></quote></head>
        <p>Atribúyenle muchos poetas al viento el engendrar las flores, [f. 259 v] principalmente al
          Céfiro. <persName type="authority">Catulo</persName> in <title>Nuptiis Pelei</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quos propter fluminis undas</hi><note type="app" rend="I"> undas <hi
                rend="i">em.</hi>: unas <hi rend="i">CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">aura parit flores tepidi foecunda Fauoni</hi><note place="bottom"> Catulo,
                <hi rend="i">Carmina</hi> 64, v. 279-283: «[<hi rend="i">aduenit Chiron portans
                siluestria dona: / nam quoscumque ferunt campi,</hi>] (…) <hi rend="i">/ quos
                propter fluminis undas / aura parit flores tepidi foecunda Fauoni / </hi>[<hi
                rend="i">hos indistinctis plexos tulit ipse corollis</hi>].»: «llegó Quirón con
              regalos silvestres, pues cuantas flores crían los campos, (…) las que engendra, a
              causa de las aguas de su río, la brisa fecunda del tibio Favonio, todas ellas las
              llevó él personalmente entrelazadas en guirnaldas sin artificio» (Catulo 1993:
              150).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Séneca</persName>, in <title>Hippolyto</title>, actu 1:</p>
        <quote><l><hi rend="i">qua rorifera mulcens aura</hi></l>
          <l><hi rend="i">Zephyrus vernas euocat herbas</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi
                rend="i">Hippolyto</hi>, Acto I, v. 9-12, (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma
                Tragoediae latinae</hi>…, II, p. 83): «<hi rend="i">Hac, hac, alii qua nemus alta /
                texitur alno, qua prata iacent / quae rorifera mulcens aura / Zephyrus uernas euocat
                herbas</hi>»: «Por acá unos, por acá los otros, por donde un bosque teje el alto
              aliso, por donde yacen prados que el zéfiro acaricia con un soplo cargado de rocío y
              hace salir las hierbas de la primavera» (Séneca 1980: 25).</note>.</l></quote>
        <p>Elegantísimamente, <persName type="authority">Claudiano</persName> hablando del mismo
          viento, lib. 2 <title>De raptu</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ille nouo madidantes</hi>
            <note type="app" rend="I"> madidantes <hi rend="i">em.</hi> la adición ‘madididantes’ de
                <hi rend="i">CS</hi>
            </note><hi rend="i">nectare pennas</hi></l>
          <l><hi rend="i">concutit et glebas foecundo rore maritat;</hi></l>
          <l><hi rend="i">quaque volat vernus sequitur color, omnis in herbas</hi></l>
          <l><hi rend="i">turget humus, medioque patent conuexa sereno</hi></l>
          <l><hi rend="i">sanguineo splendore rosas, vaccinia nigro</hi></l>
          <l><hi rend="i">induit et dulci violas ferrugine pingit</hi><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">De raptu Proserpinae</hi>, lib. II, v. 88-93: «sacude sus alas
              empapadas de un fresco néctar y fecunda el suelo con un fértil rocío. Por donde vuela,
              lo sigue el rubor de la primavera; toda la tierra brota con plantas y la bóveda del
              cielo se hace visible en medio de un tiempo sereno. Baña las rosas de un esplendor
              sanguíneo, los arándanos de negro y tiñe las violetas de un dulce púrpura oscuro»
              (Claudiano 1993: vol. II, 216). Es evidente que esta nota ha sido elaborada por DR a
              partir de las anotaciones del padre Martín del Río al <hi rend="i">Hipólito</hi>. En
              el muy dilatado índice (<hi rend="i">Index rerum et verborum</hi>) de la obra
              monumental del jesuita sobre las tragedias latinas, figura <hi rend="i">Favonius,
                flores parens</hi>, lo que parece corroborar que fue el índice, remitiendo a las
              notas que ilustran los textos de Séneca, el que le permitió a DR reunir las fuentes
              acerca del tema.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>62. <quote><l><ref xml:id="ref1063"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.329"
          >tirsos eran del griego dios</ref><note place="bottom">
                OC264C.329</note></l></quote></head>
        <p>Tirso era una asta ceñida de hiedra, traíala Baco. No hay cosa más repetida en los
            poetas<note place="bottom"> Se destaca la expresión para hablar de la reiteración del
            tópico en otros autores: «No hay cosa más repetida en los poetas».</note>, de ahí le
          llamaron tirsígero<note place="bottom"> Es otra nota elaborada sobre los comentarios del
            padre Martín del Río, en este caso a <hi rend="i">Medea</hi>. Precisamente, la
            referencia a Paladio aparece como nota marginal del comentario al verso de <hi rend="i"
              >Medea</hi>: «<hi rend="i">Palladius Rutilius, de insitionibus lib.
          12</hi>».</note>.</p>
        <p><persName type="authority">Séneca</persName> in <title>Medea</title>, actu 1:</p>
        <quote><l><hi rend="i">candida thyrsigeri</hi><note type="app" rend="I"> thyrsigeri <hi
                rend="i">em.</hi>: thyrsegeri <hi rend="i">CS.</hi>
              Corregimos la palabra en los tres lugares en que aparece en la anotación, puesto que
              en la edición de Martín del Río manejada por DR, la forma es la correcta.</note><hi
              rend="i">proles generosa Lyaei</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi rend="i"
                >Medea</hi>, Acto I, v. 110, (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma Latinae
                Tragoediae</hi>, II, p. 9): «Noble y radiante hijo de Lieo, el portador del tirso»
              (Séneca 1979: 295).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Palladio</persName>, <title>De insitionibus</title>, lib.
          12:</p>
        <quote><l><hi rend="i">robora thyrsigero</hi><note type="app" rend="I"> thyrsigero <hi
                rend="i">em.</hi>: thyrsegero <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">platani
              concordia Baccho</hi><note place="bottom"> La cita, mal situada en el manuscrito y en
              el comentario de Martín del Río, procede del <hi rend="i">De insitionibus</hi> (‘Sobre
              los injertos’), breve poema que forma el libro XIV del <hi rend="i">De re rustica</hi>
              de Palladio Rutilio: obra didascálica sobre agricultura compuesta de trece libros en
              prosa y de uno en verso. Véase <hi rend="i">Palladii Rutilii Tauri Emiliani viri
                illustris de re rustica libri XIII</hi> (Lugduni: apud Sebastianum Gryphium, 1540,
              p. 181): «<hi rend="i">Robora thyrsigero platani concordia Baccho / foetibus instituit
                plena rubere nouis</hi>»: ‘La concordia del plátano con Baco tirsígero enseñó a las
              encinas a enrojecer llenas de nuevos retoños’.</note>.</l></quote>
        <p>Y ansí, elegantísimamente, el poeta a unos olmos ceñidos de hiedra llama tirsos de Baco
          porque los abrazaban hiedras.</p>
      </div>
      <div>
        <head>63. <quote><l><ref xml:id="ref1064"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.329"
          >nacido</ref></l>
              <l>segunda vez<note place="bottom">
            OC264C.329-330</note></l></quote></head>
        <p>Porque Júpiter, abrazando a Semele, que estaba preñada de Baco, hijo de ambos, sacó al
          [f. 260 r] niño del vientre y lo metió en su muslo, que le sirvió de vientre hasta que el
          parto llegó a sazón. <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 3
            <title>Metamorfosis</title><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>,
            lib. III, v. 259 ss.</note>. Las demás fábulas que toca el poeta en la descripción de
          Baco son vulgares<note place="bottom"> En este comentario parece evitar un mayor número de
            citas pues considera ‘vulgares’ los saberes que cualquiera puede conocer o
            buscar.</note>. Mira a los comentadores con <persName type="authority"
            >Alciato</persName>, <hi rend="i">Emblema</hi> 25<note place="bottom"> Los comentarios a
            los que remite DR en la edición de <title>Andreae Alciati V. C. Emblemata cum Claudii
              Minois</title> […] (Antuerpiae: Ex Officina Plantiniana Raphelengi, 1608), son muy
            extensos (p. 160-171). El emblema al que hace referencia y que lleva el número XXV en
            esta edición de los <hi rend="i">Emblemas</hi> comentados por Claude Mignault se titula
              <hi rend="i">In statuam Bacchi</hi> y el largo epigrama toca alusivamente las
            principales historias o fábulas acerca del dios. Véase una utilización similar de la
            obra anotada de Alciato en la nota 22 de DR al verso 113: «<hi rend="i">instrumento el
              bajel, cuerdas los remos</hi>».</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>64. <quote><l><ref xml:id="ref1065"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.339"
          >mucha primavera</ref><note place="bottom">
            OC264C.339</note></l></quote></head>
        <p>Por las muchas flores. <persName type="authority">Virgilio</persName>,
            <title>Égloga</title> 9:</p>
        <quote><l><hi rend="i">hic ver purpureum</hi>:<note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Bucólicas</title>,<hi rend="i"> Égloga</hi> 9, v. 40: «<hi rend="i">Hic ver
                purpureum: </hi>[<hi rend="i">varios hic flumina circum / fundit humus
              flores</hi>]»: ‘Aquí resplandece la primavera, aquí a la orilla de los ríos esparce la
              tierra flores’.</note>
            <hi rend="i">id purpurei flores</hi><note place="bottom"> Según Pedro Conde, este
              segundo sintagma podría ser una explicación por parte de DR de la expresión
              virgiliana.</note></l></quote>
        <p><persName type="authority">Juvenal</persName>, <hi rend="i">Satura</hi> 7: <quote><hi
              rend="i">et in urna perpetuum ver</hi><note place="bottom"> Juvenal,
                <title>Sátiras</title>,<hi rend="i"> Sátira</hi> VII, v. 208: «y una primavera
              perpetua en su urna» (Juvenal 1996: 100).</note></quote></p>
        <p><persName type="authority">Pontano</persName>, <hi rend="i">in Tumulis</hi> lib. 1:
              <quote><hi rend="i">ver adsit et urnae</hi><note place="bottom"> Pontano, <hi rend="i"
                >Tumulorum</hi> (<hi rend="i">Amorum libri II. Ejusdem de amore conjugali libri III.
                tumulorum libri II.</hi> [...], Argentinae: J. Knoblouch, 1515, p. 166). La
              expresión pertenece al primer verso del epigrama fúnebre a Gregorio Typhernas, un
              erudito bizantino, v. 1-2: «<hi rend="i">Gregorio sit terra leuis, ver adsit et
                urnae</hi>» (‘Que a Gregorio la tierra sea leve, y que la primavera se acerque
              también a su sepulcro’). Giovanni Gioviano Pontano (1429-1503), poeta neolatino,
              historiador y humanista que descubrió el comentario de Donato a la obra de Virgilio.
              No solo escribió poesía sino también tratados de astrología y obras sobre temas
              morales. Se ocupó de la política en <hi rend="i">De principe</hi> y en su <hi rend="i"
                >De obedientia</hi>, que asume rasgos platónicos, aristotélicos y ciceronianos
              integrados en una visión armónica de la sociedad y del Estado.</note></quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>65. <quote><l><ref xml:id="ref1066"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.343"
          >Nieve hilada</ref><note place="bottom">
            OC264C.343</note></l></quote></head>
        <p>Ansí la llama a la lana hilada por su blancura. <persName type="authority"
            >Virgilio</persName>, lib. 3 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">munere sic niueo lanae (si credere dignum est)</hi><note
              place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. III, v. 391: «<hi rend="i"
                >Munere sic niueo lanae (si credere dignum est), / </hi>[<hi rend="i">Pan deus
                Arcadiae captam te, Luna, fefellit</hi> (...)]»: «Así con la ofrenda de un nevado
              vellón, si el hecho es digno de creerse, Pan, dios de la Arcadia, prendada, te sedujo
              a ti, oh Luna (...)» (Virgilio 1990: 344).</note>.</l></quote>
        <p>Y por la misma razón, Égloga 2 dijo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quam diues pecoris niuei</hi><note type="app" rend="I"> niuei <hi
                rend="i">em.</hi>: niues <hi rend="i">CS</hi></note><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Bucólicas</title>, <hi rend="i">Egloga</hi> 2, v. 20: «<hi
                rend="i">Quam diues pecoris niuei,</hi> [<hi rend="i">quam lactis abundans</hi>]»:
              «cuán rico en ganado y cuán abundoso en nívea leche» (Virgilio 1990:
          176).</note>.</l></quote>
        <p>Véase lo que dije en el <title>Polifemo</title> allí:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1067"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255#l255.147"
          >copos nieva en la otra mil de lana</ref><note place="bottom"> OC255.147-148 Remite a la
                nota 40 a los versos 147-148 del <hi rend="i">Polifemo</hi>: «pues si en la una
                granos de oro llueve, / copos nieva en la otra mil de lana». Al remitir al <hi
                  rend="i">Polifemo</hi>, establece relaciones temáticas entre las dos obras.
              </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>66. <quote><l><ref xml:id="ref1068"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.350"
          >cristalina sonante era tïorba</ref><note place="bottom">
                  OC264C.350</note></l></quote></head>
        <p>Suelen los poetas vulgares comparar las aguas corrientes a la música<note place="bottom">
            Es interesante el modo de señalar la diferencia entre las fuentes de autores modernos
            («poetas vulgares») y los latinos.</note>. Los latinos aun no<note type="app" rend="I">
            aun no <hi rend="i">em.</hi>: auno <hi rend="i">CS</hi></note> gustaron de tantas
          delicias, bien que tienen vestigios de ellas, y ansí dijo <persName type="authority"
            >Séneca</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">garruli gramen secuere riui</hi><note place="bottom"> Séneca,
                <title>Oedipus</title>, acto II, v. 493, (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma
                Tragoediae latinae</hi>…, II, p. 50): «murmurando surcaron los arroyos la hierba»
              (Séneca 1980: 116).</note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Calpurnio</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et obest arguti glarea riui</hi><note place="bottom"> Calpurnio,
                <title>In Bucolica Calphurnii</title>, <hi rend="i">Égloga</hi> VI, v.
              65 (Florentiae: Apud Philippum Iunctam, 1590: 154): ‘y molesta la grava del ruidoso
              arroyo’. Calpurnio Sículo (s. I d.C), poeta romano del tiempo de Nerón, autor de
              poesía bucólica de tipo virgiliano, inspirada también en el modelo de Teócrito. La
              crítica reconoce siete églogas como auténticas, cuatro de las cuales son de tema
              pastoril, otra canta a un próximo regreso de la Edad de Oro, otra celebra al emperador
              y la última describe los espectáculos del anfiteatro neroniano.</note>.</l></quote>
        <p>Los italianos pasaron más adelante diciendo [f. 260 v] que la música se acordaba al son
          de las aguas. El <persName type="authority">Sannazaro</persName> en su
            <title>Arcadia</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ed al soave suon di lucide onde</hi><note type="app" rend="I"> onde
                <hi rend="i">em.</hi>: unde <hi rend="i">CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">il cantar degli ucelli anchor si aggiunga</hi><note place="bottom">
              Sannazaro, <hi rend="i">Arcadia, Égloga XI</hi> (<hi rend="i">Ergasto solo</hi>), v.
              151-152 (Vinegia: apresso Gabriel Giolito de Ferrari, 1567: p. 174): ‘Y que al suave
              sonido de las claras ondas se una también el cantar de los
          pájaros.</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Tasso</persName> en las <title>Rimas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">cantando un core schivo</hi></l>
          <l><hi rend="i">al suon di aquesto rivo</hi><note place="bottom"> Bernardo Tasso, <hi
                rend="i">Rimas, Parte Seconda: Licori, Tirsi, Dafne</hi>, v. 28-29: ‘cantando un
              corazón esquivo al compás de este arroyo’. </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>67. <quote><l><ref xml:id="ref1069"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.354"
          >que, de pluma leve</ref></l>
              <l>engañada su culta lira corva<note place="bottom">
            OC264C.354-355</note></l></quote></head>
        <p>El <persName type="authority">Tasso</persName> a este modo en la <title>Divina
            settimana</title>, <hi rend="i">giorn.</hi> 5:</p>
        <quote><l><hi rend="i">le canori cicale i verdi boschi</hi></l>
          <l><hi rend="i">quasi nel petto habendo interna lira</hi></l>
          <l><hi rend="i">facciam suonar con quei continui accenti</hi><note place="bottom">
              Torquato Tasso, <hi rend="i">Il Mondo Creato</hi>, V, v. 1211-1214 (In Milano:
              Appresso Girolamo Bordoni, &amp; Pietro Martire Locarni, 1608, p. 197): ‘las
              cantarinas cigarras hacen resonar los verdes bosques con esa voz ininterrumpida como
              si tuvieran en el pecho una lira interior’.</note>.</l></quote>
        <p>El mismo don <persName type="authority">Luis de Góngora</persName> en unos tercetos
          hablando del ruiseñor:</p>
        <quote rend="i"><l><ref xml:id="ref1070"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem202#l202.28"
          >prodigio dulce que corona el viento,</ref></l>
            <l>en unas mismas plumas escondido</l>
            <l>el músico, la musa, el instrumento<note place="bottom"> OC202.28-30
              </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>68. <quote><l><ref xml:id="ref1071"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.357"
          >en idïomas cantan diferentes</ref><note place="bottom">
                  OC264C.357</note></l></quote></head>
        <p>Alude a la opinión de algunos filósofos que les concedían a las aves su propio lenguaje,
          el cual nosotros no entendíamos como también no conocemos los idiomas diferentes de los
          bárbaros. <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 10, c. 49, atribuye este
          parecer a Melampo y a Demócrito<note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis
              Historiae</title>, lib. X, cap. 49: «[…] <hi rend="i">Qui credat ista, et Melampodi
              profecto aures lambendo dedisse intellectum auium sermonis dracones non abnuat, uel
              quae Democritus tradit nominando aues quarum confuso sanguine serpens gignatur, quem
              quisquis ederit intellecturus sit alitum colloquia</hi>, […]»: «Quien crea esas cosas,
            que no vaya a negar tampoco que, en verdad, unos dragones, lamiendo las orejas de
            Melampo, le transmitieron la capacidad de comprender el lenguaje de las aves, o tampoco
            lo que cuenta Demócrito cuando se refiere a unas aves de cuya sangre, al ser mezclada,
            nace una serpiente tal que cualquiera que la coma puede comprender las palabras de las
            aves» (Plinio el Viejo 2003: 420-421).</note>. <persName type="authority">Juan Francisco
            Pico</persName> in <title>Examine doctrinae vanitate gentium</title>, lib. 5, c. 8, dice
          que tuvieron la misma opinión Tiresias, Tales, Apolonio Tianeo, Porfirio, etc<note
            place="bottom"> En esta nota, DR glosa el texto del <hi rend="i">Examen vanitatis
              doctrinae gentiun et veritatis Christianae disciplinae</hi> de Gianfrancesco Pico
            della Mirándola. En la edición consultada (<hi rend="i">Opera Omnia Ioannis Francisci
              Pici Mirandulae Domini</hi> […], Basileae: ex Officina Henricpetrina, 1572, p.
            1130-1131).</note>.</p>
        <p>[f. 261 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>69. <quote><l><ref xml:id="ref1072"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.368"
          >en mármol engastada siempre undoso</ref><note place="bottom">
                  OC264C.368</note></l></quote></head>
        <p>Habiendo llamado esmeralda bruta a la isla, prosigue la metáfora diciendo que está
          engastada en mármol undoso, y llama ansí al mar por la lisura y esplendor que muestra en
          la superficie. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 1
            <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et quando infidum remis impellere</hi>
            <note type="app" rend="I"> impellere <hi rend="i">em.</hi>: propellere <hi rend="i"
                >CS</hi></note>
            <hi rend="i"> marmor</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>,
              lib. I, v. 252-254: «y cuándo conviene impeler con los remos el inseguro mármol del
              mar» (Virgilio 1990: 273). Hemos retocado ligeramente la
          traducción.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Lucrecio</persName>, lib. 2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ut mare, cum magni commorunt aequora venti</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">vertitur in canos</hi>
            <note type="app" rend="I"> canos <hi rend="i">em.</hi>: canum <hi rend="i"
              >CS</hi></note>
            <hi rend="i">candenti marmore fluctus</hi><note place="bottom"> Lucrecio, <title>De
                rerum natura</title>, lib. II, v. 766-767: «tal es el caso del mar: cuando fuertes
              vientos remueven su superficie se trasforma en canosas olas de claridad marmórea»
              (Lucrecio 2003: 208). </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Catulo</persName> in Carmine de Berecynthia<note
            place="bottom">
            <hi rend="i">Berecintia</hi> es el sobrenombre que recibe Cibeles en la mitología
            frigia, por el monte y lugar de Frigia donde se le rendía culto. Comprobamos que con
            este título aparece el poema en ediciones del siglo XVI. </note> et Atti:</p>
        <quote><l><hi rend="i">tenerumque videt Attin prope marmora pelagi</hi><note place="bottom">
              Catulo, <title>Carmina</title> 63, v. 88: «ve al tierno Atis cerca de la superficie
              marmórea del mar» (Catulo 1993: 136). En la edición moderna en vez de ‘<hi rend="i"
                >tenerumque</hi>’ se lee ‘<hi rend="i">teneramque</hi>’ y al héroe se le denomina
              “la delicada Atis”. Cabe señalar que en el poema de Catulo el personaje de Atis
              funciona con ambos géneros. </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Ennio</persName>, 14 <title>Annalium</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">verrunt extemplo placide marmore flauo</hi><note place="bottom">
              Ennio, <hi rend="i">Annalium</hi>, Lib. XIV. La cita completa, como aparece en la
              edición consultada (1825: 154), es: «<hi rend="i">Verrunt extemplo placide mare
                marmore flauo / </hi>[<hi rend="i">caeruleum spumat sale conferta rate
              pulsum</hi>]»: «En seguida barren el plácido mar: por la dorada superficie de mármol
              el azul salado, batido por las naves apiñadas, lanza espuma» (Ennio 2008:
            194).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Silio Itálico</persName>, lib. 14:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et mutare casas infido marmore visum</hi><note place="bottom"> Cayo
              Silio Itálico, <title>Punicorum</title>, lib. XIV, v. 462-464: ‘y cambiar su casa por
              la superficie marmórea del mar desleal’.</note>.</l></quote>
        <p>Los griegos usaron antes la misma locución<note place="bottom"> Tal como acostumbra, DR
            potencia la continuidad metafórica gongorina estableciendo la secuencia de autoridades
            en que se apoya la comparación.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>70. <quote><l><ref xml:id="ref1073"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.370"
          >y la humedecida</ref><note place="bottom">
            OC264C.370</note></l></quote></head>
        <p>Desea el peregrino como parte de la bienaventuranza, que el pescador no salga de su isla
          ni vea otras tierras. <persName type="authority">Séneca</persName>, in
            <title>Medea</title>, dice entre las felicidades del rústico:</p>
        <quote><l><hi rend="i">patrioque senex factus in aruo</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">paruo diues, nisi quas tulerat</hi></l>
          <l><hi rend="i">natale solum, non norat opes</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi
                rend="i">Medea</hi>, acto II, <hi rend="i">Choro</hi>, v. 332-334, (<hi rend="i"
                >Martini Delrii Syntagma Tragoediae latinae</hi>…, II, p. 15): «llegando hasta viejo
              en los campos paternos, rico con poco, sin conocer más bienes que los que daba el
              suelo en que nació» (Séneca 1979: 306).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, <title>De sene Veronensi</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">felix qui propriis aeuum transegit in aruis</hi><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">Epigrammata</hi><hi rend="i">: De sene Veronensi</hi>, v. 1:
              «Feliz aquel que pasó la vida en el campo de su propiedad» (Claudiano 1993: vol. II,
              261). </note>.</l></quote>
        <p>Y imitándole <persName type="authority">Marco Antonio Flaminio</persName>, lib. 3
            <title>Carminum</title>: [f. 261 v]</p>
        <quote><l><hi rend="i">felix qui paruo contentus viuit agello</hi></l>
          <l><hi rend="i">nec linquit patriae dulcia tecta domus</hi><note place="bottom"> Marco
              Antonio Flaminio, <hi rend="i">Carminum</hi> (en <title>Carmina Quinque Illustrium
                Poetarum </title>[…], Venetiis: Presb. Hieronymus Lilius, et socii excudebant, 1558,
                <title>Liber III</title>, f. 106): lib. III, v. 18-19: ‘Feliz aquel que vive
              contento en su pequeña hacienda, y no deja el dulce albergue de la casa
              paterna’.</note>.</l></quote>
        <p>El antiguo escoliador de Juvenal, <hi rend="i">Satura</hi> 14: <quote><hi rend="i"
              >Apollinis oraculo</hi><note type="app" rend="I"> oraculo <hi rend="i">em.</hi>:
              oraculum <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">declaratus est felicissimus Aglaus
              Arcas qui nunquam patrium agellum excesserat cum a Deo quaereretur quis finem verae
              felicitatis implesset</hi><note place="bottom"> En el comentario al v. 332 de <hi
                rend="i">Medea</hi>, el padre del Río cita al antiguo escoliador de Juvenal en su
              anotación a la <hi rend="i">Sátira 14</hi> (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma
                Tragoediae latinae</hi>…, III, p. 40): «Un oráculo de Apolo declaró a Aglaos de
              Arcadia el más feliz de los hombres, pues nunca salió del campo paterno, cuando se le
              preguntaba al dios quién había alcanzado el fin de la verdadera
            felicidad»</note>.</quote></p>
        <p>Lo mismo refiere <persName type="authority">Valerio Máximo</persName>, lib. 7<note
            place="bottom"> Valerio Máximo, <title>Dictorum factorumque memorabilium</title>, lib.
            VII, cap. 1, <hi rend="i">De felicitate</hi> (Antuerpiae: Ex officina
            Christophori Plantini, Architypographi Regii, 1574: p. 269).</note>, c. 1; <persName
            type="authority">Plinio</persName>, lib. 7, c. 46<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis historiae</title>, lib. VII, c. 46. </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>71. <quote><l><ref xml:id="ref1074"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.373"
          >la remota Cambaya</ref><note place="bottom">
            OC264C.373</note></l></quote></head>
        <p>Quiere decir que jamás llegue a la opuesta orilla cercana, y haga cuenta que está tan
          distante como la Cambaya. Imita a <persName type="authority">Claudiano</persName> en el
          lugar citado <title>De sene Veronensi</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">proxima cui nigris Verona remotior Indis</hi></l>
          <l><hi rend="i">Benacumque putat litora rubra lacum</hi><note place="bottom"> Claudiano,
                <hi rend="i">Epigrammata</hi><hi rend="i">: De sene Veronensi</hi>, v. 17-18: «A
              pesar de su vecindad, Verona está para él más lejana que los negros indos y considera
              el lago Benaco como el litoral del Mar Rojo» (Claudiano 1993: vol.II,
            261).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>72. <quote><l><ref xml:id="ref1075"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.375"
          >y el mar que os la divide, cuanto cuestan</ref><note place="bottom">
                  OC264C.375</note><note place="bottom"> En el manuscrito figura: «<hi rend="i">y el
                    mar que os la dividen, cuanto cuestan</hi>».</note></l></quote></head>
        <p>El mar que hay desde la isla a la rivera sea para vos tan grande como el océano que hay
          desde Lisboa a la India, el cual mar y sus infortunios les cuesta a los portugueses los
          mineros y piedras de la Cambaya<note place="bottom">DR reproduce en discurso directo lo
            que el peregrino le dice al pescador.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>73. <quote><l><ref xml:id="ref1076"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.379"
          >su esfera lapidosa de luceros</ref><note place="bottom">
                  OC264C.379</note></l></quote></head>
        <p>La tierra de la India, sembrada de piedras preciosas, llama esfera de luceros, porque
          estas parecen estrellas. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4
            <title>Eneida</title>, hablando de la espada de Eneas llena de esmeraldas:</p>
        <quote><l><hi rend="i">atque illi stellatus iaspide fulua</hi></l>
          <l><hi rend="i">ensis erat</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>,
              lib. IV, v. 261-262: «[<hi rend="i">Aenean</hi> (...) <hi rend="i">conspicit</hi>]<hi
                rend="i"> atque illi stellatus iaspide fulua / ensis erat, </hi>[<hi
                rend="i">Tyrioque ardebat murice laena / demissa ex umeris</hi>]»: «ve a Eneas (...)
              y aquél tenía una espada constelada de rubio jaspe y ardía de tiria púrpura su capote
              / colgando de los hombros» (Virgilio 2011: vol. II, 28). <ref
                  xml:id="ref1" target="ref2">infra</ref></note>.</l></quote>
        <p>[f. 262 r] Y <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 1
            <title>Metamorfosis</title>, dijo: <quote><hi rend="i">stellantes gemmas</hi><note
              place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. I, v. 722-723. El
              sintagma tal como lo cita está tomado de la nota del padre La Cerda al texto de
              Virgilio. Los versos son: «[<hi rend="i">Excipit hos uolucrisque suae Saturnia
                pennis</hi>] <hi rend="i">/ collocat et gemmis caudam stellantibus inplet</hi>»: «La
              Saturnia los rescata y los coloca en las plumas de su ave, y de esta forma le cubre la
              cola de piedras preciosas que resplandecen» (Ovidio 2008: 269).</note></quote></p>
        <p>Al contrario, suelen los poetas decir que el cielo está sembrado de diamantes.<note
            place="bottom"> Es habitual en DR, al explicar ciertos usos metafóricos, establecer con
            sentido contrario opciones de otros poetas.</note> El <persName type="authority"
            >Tasso</persName> en su <title>Jerusalén</title>, can. 8:</p>
        <quote><l><hi rend="i">poscia il puro cristallo e’l cerchio mira</hi></l>
          <l><hi rend="i">che di stelle gemmato in contra gira</hi><note place="bottom"> ‘después
              mira el puro cristal y el círculo engastado de estrellas que gira en sentido opuesto’,
              (Torquato Tasso, <hi rend="i">La Gerusalemme liberata</hi>, IX, 60, 7-8) Se trata de
              los dos últimos versos de la octava 60 del canto IX y no del VIII, como figura en el
              manustrito.</note>.</l></quote>
        <p>Y el <persName type="authority">Marino</persName>, can. 4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Allhor, ch'emula al giorno</hi></l>
          <l><hi rend="i">notte, spiegando intorno</hi></l>
          <l><hi rend="i">il suo manto gemmato, il mondo vela</hi><note place="bottom"> Marino,
                <title>Rime</title>, <hi rend="i">Seconda Parte..., Amori noturni. Canz. IV</hi>, 1ª
              estancia, v. 7-9, p. 32: ‘En la hora que, émula del día la noche, desplegando en
              torno/ su manto constelado de gemas, vela sobre el mundo’. </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>74. <quote><l><ref xml:id="ref1077"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.381"
          >geómetra prudente, el orbe mida</ref><note place="bottom">
                  OC264C.381</note></l></quote></head>
        <p>En este poco espacio que hay desde vuestro albergue a la ribera considerad todo el mundo
          que consta también de agua y tierra, y pensad que no hay más que ver<note place="bottom">
            DR una vez más reproduce el discurso directo, imponiendo aquí el tono oratorio del
            peregrino al dirigirse al viejo pescador.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>75. <quote><l><ref xml:id="ref1078"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.402"
          >ese voraz</ref><note place="bottom">
          OC264C.402</note></l></quote></head>
        <p>Epíteto es del mar, que le atribuyen elegantes poetas. El <persName type="authority"
            >Tasso</persName>, can. 1: <quote><hi rend="i">riparo fansi</hi><note type="app"
              rend="I"> fansi <hi rend="i">em.</hi>: farsi <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >al’ oceàn vorace</hi><note place="bottom"> Torquato Tasso, <title>La Gerusalemme
                liberata</title>, I, 43, v. 342: ‘se hacen reparo frente al voraz océano’.</note>.
              <persName type="authority">Cicerón</persName>, <title>Philippica</title> 1, se lo dio
            a Caribdis: <quote><hi rend="i">quae Charibdis tam vorax</hi></quote><note type="app"
              rend="I"> vorax <hi rend="i">coniec.</hi> En el manuscrito, una mancha de tinta cubre
              la palabra y solo se leen tres letras.</note>
            <hi rend="i">tot res tam cito absorbere potuisset</hi>?</quote>
          <note place="bottom"> Cicerón, <hi rend="i">Philippica II, Oratio</hi> 45 (Basileae: Ex
            aedibvs A. Cratandri, 1528, T. II, p. 250). La cita completa es: «<hi rend="i">Quae
              Charybdis tam uorax? Charybdim dico; quae si fuit, fuit animal uiuum: oceanus, medius
              fidius, uix uidetur tot res tam dissipatas, tam distantibus in locis positas, tam cito
              absorbere potuisse</hi>»: «¿Qué Caribdis hubo tan voraz? ¿Caribdis, digo? Si existió,
            fue sólo un animal. A fe mía, me parece que el dios Océano a duras penas ha podido
            absorber tan rápidamente tantas cosas tan dispares, situadas en lugares tan distantes»
            (Cicerón 2006: 142).Se trata de la <hi rend="i">Philippica II</hi> y no de la I como
            figura en el manuscrito. La frase, tal cual la ofrece DR, aparece en el célebre y
            entonces muy usado <hi rend="i">Thesaurus ciceronianus</hi> de Nizzoli, s.v. <hi
              rend="i">Charibdis</hi>. También aparece así en el no menos usado diccionario de
            Ambrogio Calepino.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>76. <quote><l><ref xml:id="ref1079"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.415"
          >entre un vulgo nadante</ref><note place="bottom">
              OC264C.415</note></l></quote></head>
        <p>Entiende la morralla o peces pequeños. Con la misma frasi llamó <persName
            type="authority">Lucano</persName>, lib. 11, las sierpes pequeñas de Africa, respecto
          del basilisco:</p>
        <quote><l><hi rend="i">late sibi submouet omne</hi></l>
          <p>[f. 262 v]</p><l><hi rend="i">vulgus et in vacua regnat basiliscus arena</hi><note
              place="bottom"> Lucano, <title>Farsalia</title>, lib. IX, v. 725-726. Se trata del
              libro IX y no del XI como figura en el manuscrito: «[<hi rend="i">sibilaque effundens
                cunctas terrentia pestes, / ante uenena nocens</hi>]<hi rend="i">, late sibi
                submouet omne / vulgus et in vacua regnat basiliscus arena</hi>»: «y el que emite
              silbidos que aterran a todas las plagas anteriores, mata antes de inocular su veneno,
              ahuyenta a su paso, en una gran extensión, a toda la turbamulta de reptiles y reina en
              las arenas desiertas: el basilisco» (Lucano 1984: 289-290).</note>.</l></quote>
        <p>Otros dijeron también el vulgo o plebe de las flores. El <persName type="authority"
            >Marino</persName> en la canción <hi rend="i">De la rosa</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Sorge</hi><note type="app" rend="I"> Sorge <hi rend="i"
                >em</hi>: Scorge <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"> da l’humil
              herba</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">tra la plebe de'fior donna superba</hi><note place="bottom">
              <hi>Marino</hi>, <title>Rime</title>, <hi rend="i">Seconda
                Parte..., Canz. VIII. Stanze 6</hi>, dos últimos versos, p. 57. La misma canción
              está citada en la nota 153 al verso 727 de la <hi rend="i">Soledad primera</hi>: ‘Se
              alza de la humilde hierba como altiva dama entre la plebe de las
          flores’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>77. <quote><l><ref xml:id="ref1080"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.415"
          >digno apenas</ref></l>
              <l>de escama, cuanto más de nombre<note place="bottom">
                  OC264C.415-416</note></l></quote></head>
        <p>Por ser peces viles no tenían nombre y lo mismo anotaron los autores en el vulgo de la
          gente. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 9 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sine nomine plebem</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, lib. IX, v. 343: «[<hi rend="i">nec minor Euryali caedes: incensus et
                ipse / perfurit ac multam in medio</hi>] <hi rend="i">sine nomine plebem</hi>»: «Y
              no fue menor la matanza de Euríalo: también él inflamado / desata entera su furia y a
              mucho gentío sin nombre por medio / acomete» (Virgilio 2011: vol. III,
            143).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Silio</persName>, lib. 9:</p>
        <quote><l><hi rend="i">cetera in obscuro famae, et sine nomine vulgi</hi><note
              place="bottom"> Cayo Silio Itálico, <title>Punicorum Libri Septemdecim</title>: «<hi
                rend="i">Cetera in obscuro famae, et sine nomine, vulgi / sed numero castella
                valent</hi>». ‘Tienen otros fortines, desconocidos y anónimos, los del vulgo’. Se
              trata, en realidad, del libro VIII, v. 509 y no del IX como aparece en el
              manuscrito.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Demóstenes</persName>
          <title>in Chersoneso</title><note place="bottom"> Es evidente que toda la nota está
            construida sobre el comentario del Padre La Cerda al verso 343 del libro IX de la <hi
              rend="i">Eneida</hi>, en la que incluye a Silio Itálico y además reproduce el texto
            griego de Demóstenes: «ἀνωνθμον κὰι ἄδοξον,<hi rend="i">quib. opponit</hi> ἔνδοξος καὶ
            γνώρῐμος» (‘anónimo y sin fama’, a los que se opone ‘honorable y bien conocido’). Véase
              <hi rend="i">P. Virgilii Maronis posteriores sex libri Aeneidos auctore Ioanne
              Ludovico La Cerda</hi>…., p. 330.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>78. <quote><l><ref xml:id="ref1081"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.425"
          >supo mal Proteo</ref><note place="bottom">
            OC264C.425</note></l></quote></head>
        <p>Este es un dios marino hijo del Océano y Tetis a cuyo cargo están las focas del mar.
            <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">est in Carpathio Neptuni gurgite vates</hi></l>
          <l><hi rend="i">caeruleus Proteus</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
                >Geórgicas</hi>, lib. IV, v. 387-388: «<hi rend="i">Est in Carpathio Neptuni gurgite
                vates / caeruleus Proteus</hi>»: «En el abismo Carpático hay un adivino de Neptuno,
              el azulado Proteo» (Virgilio 1990: 376-377).</note>.</l></quote>
        <p>y abajo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quippe ita Neptuno visum</hi><note type="app" rend="I"> visum <hi
                rend="i">em.</hi>: visa <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">est, immania
              cuius</hi></l>
          <l><hi rend="i">armenta et turpes pascit gurgite</hi><note type="app" rend="I"> gurgite
                <hi rend="i">em.</hi>: sub litore<hi rend="i"> CS</hi></note><hi rend="i"
              >phocas</hi><note place="bottom"> Virgilio, <title>Geórgicas</title>, lib. IV, v.
              394-395: «porque así lo dispuso Neptuno, cuyos monstruosos rebaños y horribles focas
              bajo el abismo Proteo pastorea» (Virgilio 1990: 377). Retocamos la
            traducción.</note>.</l></quote>
        <p>Lo mismo repiten otros poetas graves.</p>
      </div>
      <div>
        <head>79. <quote><l><ref xml:id="ref1082"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.427"
          >Torpe la más veloz, marino toro</ref><note place="bottom">
                  OC264C.427</note></l></quote></head>
        <p>[f. 263 r]Las focas se llaman por otro nombre <quote><hi rend="i">vitulus
              marinus</hi><note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>, lib. IX,
              cap. 7: «<hi rend="i">et uituli marini, quos uocant phocas, spirant ac dormiunt in
                terra</hi>»: «También los becerros marinos, a los que dan el nombre de focas,
              respiran y duermen en tierra» (Plinio el Viejo 2003: 236).</note></quote>, y según
            <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 9, c. 13, se dijeron ansí porque en
          el sueño roncando hacen un ruido como el mugido del toro que brama<note place="bottom">
            Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>, lib. IX, cap. 13: «<hi rend="i">Ipsis in
              sono mugitus, unde nomen vituli</hi>»: «Su forma de rugir es un mugido –de ahí su
            nombre de becerros» (Plinio el Viejo 2003: 251).</note>. Llamolas torpes el poeta porque
          son perezosas y duermen más que otro animal, según el mismo <persName type="authority"
            >Plinio</persName>. Empero, <persName type="authority">Virgilio</persName> en el lib. 4
          les dijo <quote><hi rend="i">turpes</hi></quote> porque es animal feo<note place="bottom">
            Cfr. <hi rend="i">ut supra</hi> nota 78 al v. 425. Este es otro ejemplo armado sobre el
            comentario del padre La Cerda correspondiente a los versos de Virgilio citados en la
            nota anterior.</note>, y ansí otros les llamaron informes. <persName type="authority"
            >Jerónimo Vida</persName>, Égloga 2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et curuam phocae informes cinxere carinam</hi><note place="bottom">
              Jerónimo Vida, <title>Opera</title>, <hi rend="i">Ecloga II. Corydon</hi>, v. 33
              (Lugduni: apud Seb. Gryphium, 1554: p. 547): ‘y las focas deformes rodearon la curvada
              carena’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>80. <quote><l><ref xml:id="ref1083"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.435"
          >Láquesis nueva mi gallarda hija</ref><note place="bottom">
                  OC264C.435</note></l></quote></head>
        <p>Tres son las parcas: Láquesis, Cloto y Átropos. A la primera fingen que va hilando porque
          saca a luz la vida de los hombres; la segunda devanando porque<note type="app" rend="I">
            porque <hi rend="i">em.</hi>: porque porque <hi rend="i">CS</hi></note> teje y prosigue
          la vida; la tercera corta el hilo porque la acaba. Explica bien la mitología de estas
          parcas <persName type="authority">Teodoreto</persName>, lib. 6 <title>De curatione
            graecarum affectionum</title><note place="bottom"> Efectivamente, Teodoreto en su obra
              <hi rend="i">De curatione graecarum affectionum</hi>, lib. VI, <hi rend="i">De
              prouidentia diuina</hi>, explica la naturaleza de las Parcas. Teodoreto de Ciro,
            nacido hacia 393 en Antioquía, muere en 458. Es considerado el último teólogo destacado
            de la escuela de Antioquía. Sus obras se clasifican en dogmáticas y polémicas,
            apologéticas, exegéticas e históricas. En 423, fue elegido obispo de Ciro. </note>.
          Ansí, el poeta galanamente finge<note place="bottom"> DR reitera en esta nota uno de sus
            rasgos característicos al ponderar ciertos recursos poéticos de Góngora.</note> que la
          hija del pescador hace el oficio de Láquesis y Cloto, dándole carrete y torciéndolo, por
          eso dice:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1084"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.437"
          >ya hila, ya devana su carrera</ref><note place="bottom">
          OC264C.437</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>81. <quote><l><ref xml:id="ref1085"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.443"
          >peña escamada</ref></l><note place="bottom">
            OC264C.443</note></quote></head>
        <p>[f. 263 v] El <persName type="authority">Marino</persName>, en las Marítimas, hablando de
          un pescado semejante<note place="bottom"> DR, apoyándose en conceptos de la época, supone
            que la foca es un pescado pues los antiguos consideraban pescados todos los animales
            marinos y nadadores, incluyendo los mamíferos de hábitat acuático, aunque habían
            observado perfectamente sus particularidades, como la presencia de pulmones o el hecho
            de que eran vivíparas y no ovíparas. Véase Aristóteles, <hi rend="i">Historia de los
              animales</hi>, VI, 11, en que describe a los cetáceos. Esta definición empírica del
            concepto de pez (animal acuático y nadador) se mantuvo hasta las clasificaciones más
            sistemáticas de los siglos XVIII y XIX.</note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Questo, che quasi un pargoletto scoglio</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">per durissima scorza aspro, e sassoso</hi><note type="app" rend="I"> e
              sassoso <hi rend="i">em.</hi>: essasoso <hi rend="i">CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">Lilla</hi><note type="app" rend="I"> Lilla <hi rend="i"
                >em.</hi>: (lila) <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">, e di
              scaglie</hi><note type="app" rend="I"> scaglie <hi rend="i">em.</hi>:
              scagli <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">rigido e nodoso</hi><note
              place="bottom"> Marino, <title>Rime</title>, <hi rend="i">Parte Prima, Marittime,
                sonetto </hi>[<hi rend="i">sopra in’Ostrica</hi>], 1º cuarteto, vv. 1-3, p. 52:
              ‘Esta que como un diminuto escollo, áspero y pétreo con su durísima corteza, Lilla, y
              de escamas rígidas y nudosas…’.</note>.</l></quote>
        <p>Y aun al mismo propósito dijo antes <persName type="authority">Valerio Flaco</persName>,
          lib. 2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">illa simul molem horrificam scopulosaque terga</hi><note
              place="bottom"> Valerio Flaco, <title>Argonautica</title>, lib. II, v. 517-519: «<hi
                rend="i">Piceo nox tum tenet omnia caelo. / Illa simul molem horrificam scopulosaque
                terga / promouet ingentique umbra subit</hi>»: ‘Entonces la noche se extiende por
              todas partes en el cielo, negro como la pez. Al mismo tiempo ella propulsa su mole
              horrenda y su espalda semejante a un escollo, y asciende en una inmensa
              sombra’.</note>.</l></quote>
        <p>Imitándole <persName type="authority">Sannazaro</persName>, Égloga 1: <quote><hi rend="i"
              >scopulosaque cete</hi><note place="bottom"> El sintagma <hi rend="i">scopulosaque
                cete</hi> (‘ballena rocosa’) se encuentra en la <hi rend="i">Ecloca prima</hi>
              (Phyllis, Lycidas, Mycon), v. 74. Véase <hi rend="i">Iacobi Sannazari opera</hi>…p.
              62.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>82. <quote><l><ref xml:id="ref1086"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.444"
          >en ríos de agua y sangre desatada</ref><note place="bottom">
                  OC264C.444</note></l></quote></head>
        <p>Suelen los poetas, cuando uno muere con herida violenta, decir que vierte ríos de sangre.
            <persName type="authority">Virgilio</persName> en muchos lugares, lib. 9
            <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">vomens calidum de pectore flumen</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. IX, v. 414: «[<hi rend="i">uoluitur ille</hi>] <hi
                rend="i">vomens calidum de pectore flumen</hi>»: «Se comba aquél vomitando del pecho
              río caliente» (Virgilio 2011: vol. III, 148).</note></l>
          <l>[…]</l>
          <l><hi rend="i">pectus abit: reddit specus</hi><note type="app" rend="I"> specus <hi
                rend="i">em.</hi>: pectus <hi rend="i">CS</hi>
            </note><hi rend="i">atri vulneris undam</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, lib. IX, v. 700: «[<hi rend="i">uolat Itala cornus</hi> / <hi rend="i"
                >aera per tenuem stomachoque infixa sub altum</hi> /] <hi rend="i">pectus abit;
                reddit specus atri uulneris undam</hi> / [<hi rend="i">spumantem et fixo ferrum in
                pulmone tepescit</hi>]»: «vuela el cornejo itálico / por el aire tenue y, clavándose
              en el estómago, bajo las honduras / del pecho se mete; la sima de la negra herida
              devuelve una ola / espumante y en el pulmón atravesado se entibia el hierro» (Virgilio
              2011: vol. III, 168).</note>.</l></quote>
        <p>Lib. 11 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">sanguinis ille vomens riuos cadit</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Eneida</title>, lib. XI, v. 668: «<hi rend="i">sanguinis ille vomens riuos
                cadit</hi>, [<hi rend="i">atque cruentam / mandit humum</hi>]»: «Vomitando aquél
              torrentes de sangre, cae y la tierra / cruenta muerde» (Virgilio 2011: vol. IV,
              114).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Eurípides</persName> in <title>Hecuba</title>: <quote><hi
              rend="i">latice undatim nigricante; currebant fontes; torrens calidus</hi><note
              place="bottom"> ‘la sangre negruzca [se derramaba] a raudales; chorros corrían; un
              torrente cálido’. En el manuscrito la cita se presenta como un texto continuo. En
              nuestra transcripción, hemos puesto punto y coma separando sintagmas de los versos de
              Eurípides que DR ha tomado de la nota al verso 414 del libro IX de la <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, del Padre La Cerda, quien transcribe el texto griego y, a
              continuación, la traducción latina: «<hi rend="i">Eurip. in Hecub</hi>. νατμῳ
              μελαναγεῖ; <hi rend="i">latice undatim nigricante. &amp; post iam mactatam</hi>,
              κρινοὶ δ’ἐχώρον: <hi rend="i">currebant fontes. Et de caede Rhesi</hi>, θέρμος δ'
              κρυνός <hi rend="i">torrens calidus</hi>». Véase<hi rend="i"> Virgilii Maronis
                posteriores sex libri Aeneidos</hi>…, p. 338.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>83. <quote><l><ref xml:id="ref1087"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.445"
          >Éfire luego</ref><note place="bottom">
            OC264C.445</note></l></quote></head>
        <p>Parece peca el poeta contra los preceptos del arte, introduciendo a estas pescadoras, que
          tiran dardos valientes, hieren peces marinos fieros, los cuales parecen actos de ánimo
          viril y robusto, por lo cual dijo <persName type="authority">Aristóteles</persName> que el
          poeta ha de pintar flacas a las mujeres<note place="bottom"> Alude a lo que Aristóteles
            dice en la <title>Poética</title> (1454 a, 20-22), cuando se refiere a las cuatro
            cualidades de los caracteres. Allí señala que «no es apropiado a una mujer ser varonil o
            temible» (García Yebra, p. 179). Es el Pinciano, en su lectura de Aristóteles, quien
            afirma que «las hembras son flacas y no se deben pintar fuertes» (López Pinciano 1953:
            vol. II, 75).</note>.</p>
        <p>[f. 264 r] Satisfago a esta duda advirtiendo que, generalmente hablando, es verdadera
          esta doctrina y la regla de Aristóteles, mas quién duda sino que muchas veces o la
          naturaleza se vence en las mujeres o el uso muda su flaqueza<note place="bottom"> Es una
            interesante nota para mostrar el tono defensivo con que DR sale a argumentar contra
            probables críticas acerca de la <hi rend="i">inventio</hi> de Góngora. Para ello
            desarrolla una sólida argumentación en la que utiliza numerosas fuentes. Finalmente,
            establece su conclusión al opinar que, como el fin del poeta es admirar y deleitar con
            la novedad, se pueden buscar ejemplos excepcionales.</note>. Ansí nos lo muestra la
          experiencia y la lición antigua, como lo que refieren los autores de las amazonas y de las
          vírgenes espartanas, que se ejercitaban en la palestra y caza, como dice <persName
            type="authority">Propercio</persName>, lib. 3<note place="bottom"> Propercio,
              <title>Elegías</title>, lib. III, 14, v. 1 y ss.</note>, <persName type="authority"
            >Plutarco</persName> in <title>Vita Licurgi</title><note place="bottom"> Plutarco, <hi
              rend="i">Vita Licurgi</hi>, cap. 14.</note>. También en tiempo de Domiciano, las
          mujeres romanas solían descender al anfiteatro y pelear como los gladiadores y matar
          fieras. Testigos de esto son <persName type="authority">Tranquilo</persName>
          <hi rend="i">in Domiciano</hi>, c. 4<note place="bottom"> Referencia a Suetonio Tranquilo,
              <title>De vita duodecim Caesarum</title>, Lib. XII: «Domiciano»</note>; <persName
            type="authority">Tácito</persName>, lib. 15 <title>Annales</title><note place="bottom"
            >Tácito, <hi rend="i">Annales</hi>, lib. XV, cap. 32.</note>; <persName type="authority"
            >Papinio</persName> lib. 1 <title>Silvarum</title><note place="bottom">Publio Estacio
            Papinio, <hi rend="i">Silvarum</hi>, I, 6, v. 51-62.</note>: <persName type="authority"
            >Juvenal</persName>, <hi rend="i">Satura</hi> 1 y 6<note place="bottom"> Juvenal,
              <title>Sátiras</title>, I, 22-23; VI, 82, 246-267</note>.</p>
        <p>Ansí estas doncellas, nacidas en las riberas del mar y ejercitadas en la pesquería de la
          fisga desde sus tiernos años, ¿qué mucho, crecidas en edad, matasen pescados grandes? Por
          donde dijo muy bien a nuestro intento <persName type="authority">San
          Crisóstomo</persName>, <title>Homilía 49 ad Hebreos</title>: <quote><hi rend="i">attende
              mulieres quae in agris agunt vitam: fortiores namque viris sunt qui sunt in
              ciuitatibus, et si eas permitas cum illis atletico more certare, multos huiusmodi
              viros sine dubio superabunt</hi><note place="bottom"> San Juan Crisóstomo (<hi
                rend="i">Ultimus tomus operum Divi Ioannis Crysostomi</hi> [...] Basilea: Off.
              Frobeniana, 1530, tomo IV, p. 191). Se trata de la Homilía 29 y no de la 49 como
              figura en el manuscrito. Al consultar la homilia sobre la Epístola <hi rend="i">ad
                Hebreos</hi> de San Pablo según la edición de 1530, se pudo comprobar que luego de
              la palabra <hi rend="i">ciuitatibus</hi> falta el participio <hi rend="i"
                >constituti.</hi> ‘Considera a las mujeres que viven en el campo: son más fuertes
              que los hombres establecidos en ciudades. Si se les permitiera oponerse a ellos en una
              competición de lucha, sin duda sobrepasarían a ese tipo de
          hombres’.</note>.</quote></p>
        <p>Fuera de que, como el fin del poeta sea admirar y deleitar con la novedad, muchos, contra
          el uso común, introdujeron [f. 264 v] en sus obras fuertes mujeres y valientes, como
            <persName type="authority">Homero</persName> las amazonas, <persName type="authority"
            >Virgilio</persName> a Camila, el <persName type="authority">Ariosto</persName> a
          Bradamante y Marfisa, el <persName type="authority">Tasso</persName> a Clorinda, y otros
          excedieron mucho más que nuestro poeta en atribuirles fortaleza<note place="bottom"> DR
            enumera una serie de famosas mujeres guerreras como las amazonas (Homero, <hi rend="i"
              >Ilíada</hi>) y Camila (Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>), que es el prototipo de la
            doncella guerrera a partir de la cual no hay ningún poema caballeresco italiano que no
            renueve, o, por lo menos no repita su figura como lo atestiguan Bradamante y Marfisa de
            Ariosto (<hi rend="i">Orlando furioso</hi>), derivadas del <hi rend="i">Orlando
              enamorado</hi> de Boyardo; y Clorinda del poeta Torquato Tasso (<hi rend="i">La
              Jerusalén libertada</hi>). </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>84. <quote><l><ref xml:id="ref1088"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.458"
          >espada es tantas veces esgrimida</ref><note place="bottom">
                  OC264C.458</note></l></quote></head>
        <p>Algo alude a esta la descripción del <persName type="authority">Marino</persName> en las
          Marítimas:</p>
        <quote><l><hi rend="i">O terror d’ogni rete, e d’ogni nassa</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">pesce guerrier</hi><note type="app" rend="I"> guerrier <hi rend="i"
                >em.</hi>: gerrier <hi rend="i">CS</hi></note>, <hi rend="i">che la lucente
              spada</hi></l>
          <l><hi rend="i">vibri per l’acque</hi><note place="bottom"> Marino, <title>Rime</title>,
                <hi rend="i">Parte Prima...</hi>, <title>Rime</title><hi rend="i"> Marittime</hi>.
                <hi rend="i">Sonetto Al pesce spada</hi>, 1º cuarteto, p. 46. Transcribimos el
              cuarteto completo: «<hi rend="i">O terror d’ogni rete, e d’ogni nassa, /
                Pesce guerrier, che la lucente spada / Vibri per l’acque, e de l’algosa strada /
                Cerchi la parte più riposta, e bassa</hi>» (‘Oh terror de las redes y las nasas, pez
              guerrero que vibras por las aguas la espada luciente y del camino algoso buscas la
              parte más oculta y baja’).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>85. <quote><l><ref xml:id="ref1089"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.461"
          >sátiro de las aguas, petulante</ref><note place="bottom">
                  OC264C.461</note></l></quote></head>
        <p>No sólo en las selvas, sino también en las aguas, fingían los poetas unos semidioses,
          medio hombres y medio peces, lascivos y petulantes como los sátiros y faunos. De ahí
          nacieron aquellas elegantes elegías de <persName type="authority">Baltasar
            Castellán</persName> a una doncella que se paseaba en la orilla del mar<note
            place="bottom"> El comentario denota una referencia autoral que no agrega elementos al
            análisis sino que parece apuntar a su lucimiento personal.</note>. La primera
          comienza:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Ad mare ne accedas propius, mea vita: proteruos</hi></l>
          <l><hi rend="i">nimirum et turpes continet unda Deos.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Hi rapiunt, si quam incautam aspexere puellam</hi></l>
          <l><hi rend="i">securos bibulo littore ferre gradus</hi><note place="bottom"> Castiglione,
                <hi rend="i">Ad puellam in littore ambulantem</hi> (en <title>Carmina Quinque
                Illustrium Poetarum </title>[…], Venetiis: Presb. Hieronymus Lilius, et socii
              excudebant, 1558, <title>Liber I</title>, f. 36 v): ‘No te acerques más al mar, vida
              mía, que las aguas encierran sin duda alguna, a unos dioses lascivos y deshonestos.
              Cuando divisan a una doncella incauta dirigiendo sus pasos tranquilos por la orilla
              húmeda, la raptan’. Se trata de dos elegías dedicadas al mismo asunto: <hi rend="i">Ad
                puellam in litore ambulantem</hi>. La citada es la Elegía primera; la segunda
              comienza: «<hi rend="i">Tu ne iterum demens hesterni oblita
              pericli</hi>, / <hi rend="i">litora festino pergis adire gradu</hi>?»:
              ‘Tú que olvidaste, loca, los peligros de ayer, ¿de nuevo sigues dirigiéndote a la
              orilla con paso apresurado?’.</note>.[f. 265 r]</l></quote>

      </div>
      <div>
        <head>86. <quote><l><ref xml:id="ref1090"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.473"
          >Láminas uno de viscoso acero</ref><note place="bottom">
                  OC264C.473</note></l></quote></head>
        <p>Dice que el pece se vestía láminas de acero, significando que las conchas parecían
          loriga, lo cual también insinuó <persName type="authority">Ausonio</persName>, <hi
            rend="i">Idilio</hi> 9, hablando de otro pez:</p>
        <quote><l><hi rend="i">tu loricato squamosus pectore</hi><note place="bottom"> Ausonio,
                <title>Edyllia</title>, X. <hi rend="i">Mosella</hi>, v. 101 (en <hi rend="i">D.
                Magni Ausonii Burdigalensis, Opera Omnia</hi> […] Vol. II, Londini: A. J. Valpy,
              1823, p. 467): «tú, de pecho protegido por escamas» (Ausonio 1990b: 81). Se trata del
              Idilio X y no del IX como figura en el manuscrito.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>87. <quote><l><ref xml:id="ref1091"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.518"
          >en redes ambos y en edad iguales</ref><note place="bottom">
                  OC264C.518</note></l></quote></head>
        <p>Iguales en hacienda y en edad. Es imitación de <persName type="authority"
            >Virgilio</persName>, <hi rend="i">Égloga</hi> 7, donde dice de dos pastores que
          alternadamente cantaban:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ambo florentes aetatibus, Arcades ambo</hi></l>
          <l><hi rend="i">et cantare pares et respondere parati</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Bucólicas</title>,<hi rend="i"> Egloga</hi> 7, v. 4-5: «ambos en la flor de
              la edad, Arcades ambos, en canto iguales y prestos a la réplica» (Virgilio 1990:
              201).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Nemesiano</persName>, <hi rend="i">Égloga 2</hi>, al mismo
          propósito:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ambo aeuo, cantuque</hi><note type="app" rend="I"> cantuque<hi
                rend="i"> em.</hi>: cantu <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">pares, nec dispare
              forma</hi>:</l>
          <l><hi rend="i">ambo genas leues, intonsi crinibus ambo</hi><note place="bottom">
              Nemesiano, <hi rend="i">Égloga II</hi>, v. 16-17 (<hi rend="i">M.
                Aurelii Olympii Nemesiani Carthaginiensis</hi> [...] Florentiae: Apud Philippum
              Iunctam, 1590: p. 20-21): ‘ambos de igual edad e iguales en el canto, no disímiles en
              la belleza: ambos tienen las mejillas tersas, el pelo largo’. Marco Aurelio Nemesiano
              (siglo III d.C.), poeta latino nacido en Cartago. Compuso, además de las bucólicas,
              tres poemas didácticos (las <hi rend="i">Cinegéticas</hi>, las <hi rend="i"
                >Haliéuticas</hi> y la <hi rend="i">Náutica</hi>) de los que se conservaron algunos
              fragmentos. Escribió cuatro églogas, de las cuales tanto la I como la IV son diálogos,
              mientras que la II y la III son narraciones.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Garcilaso</persName>, <hi rend="i">Égloga</hi> 3:</p>
        <quote><l>mancebos de una edad, de una manera<note place="bottom"> Garcilaso,
                <title>Obras</title>,<hi rend="i"> Égloga III</hi>, v. 301. Las mismas citas de
              Nemesiano y Sannazaro aparecen en la nota H-823 de Herrera al verso de Garcilaso
              (Gallego Morell 1966: 570).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Sannazaro</persName>, <hi rend="i">Prosa</hi> 4<note
            place="bottom"> En esta nota, DR menciona el texto de Sannazaro que luego cita en la
            nota siguiente.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>88. <quote><l><ref xml:id="ref1092"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.522"
          >alternantes</ref><note place="bottom">
            OC264C.522</note></l></quote></head>
        <p>Denota la naturaleza del verso amebeo, que es aquel en que se responde a veces<note
            place="bottom"> En la definición del canto amebeo, tal como señala Pedro Conde, el
            sintagma ‘a veces’ guarda un significado próximo al de los adverbios latinos <hi
              rend="i">vicissim</hi> o <hi rend="i">invicem</hi> o de la expresión <hi rend="i">in
              vices</hi> que equivale a ‘cada uno a su turno’.</note>. Con la misma voz lo
          significaron en este propósito: <persName type="authority">Virgilio</persName>, <persName
            type="authority">Nemesiano</persName> y <persName type="authority">Sannazaro</persName>
          en los lugares citados<note type="app" rend="I"> citados <hi rend="i">em.</hi>: citado <hi
              rend="i">CS</hi></note>. <persName type="authority">Virgilio</persName> de esta
          manera:</p>
        <quote><l><hi rend="i">alternis igitur contendere versibus ambo</hi></l>
          <l><hi rend="i">coepere: alternos Musae meminisse volebant</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Bucólica, Égloga VII</hi>, v. 18-19: «Así pues comenzaron ambos
              a rivalizar en cantos alternados: querían las Musas que los recordaran alternando»
              (Virgilio 1990: 202).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Nemesiano</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Atque sub hac</hi><note type="app" rend="I"> hac <hi rend="i"
                >em.</hi>: ha <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">platano moesti solatia
              casus</hi></l>
          <l><hi rend="i">alternant: Idas calamis, et versibus Alcon</hi><note place="bottom">
              Nemesiano, <hi rend="i">Égloga II</hi>, v. 18-19 (<hi rend="i">M. Aurelii Olympii
                Nemesiani Carthaginiensis. T. Calphurnii Siculi Bucoli.</hi> [...] p. 20): ‘Y debajo
              de este plátano, afligidos, cantan alternativamente sus fatigas y sus solaces: Idas
              con su caramillo, Alcón con unos versos’.</note>.</l></quote>
        <p>[f. 265 v] <persName type="authority">Sannazaro</persName>: <quote><hi rend="i"
              >commandando a Logisto</hi><note type="app" rend="I"> Logisto <hi
                rend="i">em.</hi>: Logistillo <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >che cominciasse et</hi><note type="app" rend="I"> et <hi rend="i"
                >em.</hi>: &amp;ª <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">ad Elpino,
              che alternando a vicenda</hi><note type="app" rend="I"> vicenda <hi rend="i">em.</hi>:
              vincenda <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">, rispondesse</hi><note
              place="bottom"> Sannazaro, <title>Arcadia</title>,<hi rend="i"> Prosa</hi> 4 (Vinegia:
              apresso Gabriel Giolito de Ferrari, 1567, p. 47). Transcribimos el fragmento
              correspondiente: «<hi rend="i">El cossi detto, fe’ cenno ad Ophelia che
                sonasse la sampognia, comandando ad Logisto che cominciasse et a Elpino che,
                alternando ad vicenda, rispondesse</hi>»: 'Y dicho esto, hizo seña a Ofelia que
              tocase la zampoña, mandando a Logisto que empezase y a Elpino, que alternando por
              turno, respondiese'.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>89. <quote><l><ref xml:id="ref1093"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.528"
          >sus flechas remos</ref><note place="bottom">
            OC264C.528</note></l></quote></head>
        <p>Finge que el Amor, o en la concha de su madre o en otro barco, seguía el de los
          pescadores, y que le servían<note type="app" rend="I"> servían <hi rend="i">em.</hi>:
            servía <hi rend="i">CS</hi></note> de remos sus flechas. Semejante pensamiento al del
            <persName type="authority">Marino </persName>en sus Marítimas, <hi rend="i">sonetto A
            due</hi>, que haciendo al Amor marinero de la concha de Venus dice:</p>
        <quote><l><hi rend="i">egli l’arco timon, remi gli strali</hi><note place="bottom"> Marino,
                <title>Rime</title>,<hi rend="i"> Parte Prima..., Rime Marittime</hi>, soneto <hi
                rend="i">Navigatione d’Amore</hi>, segundo cuarteto, v. 7, p. 44: ‘[tiene] él por
              arco el timón, las flechas por remos’. Jesús Ponce Cárdenas ha estudiado este motivo
              del <hi rend="i">Cupido navigans</hi> en la poesía y en la emblemática del XVI. Se
              desarrolla particularmente en la piscatoria napolitana y en la obra de
            Marino.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>90. <quote><l><ref xml:id="ref1094"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.535"
          >de músicos delfines, aunque mudos</ref><note place="bottom">
                  OC264C.535</note></l></quote></head>
        <p>Porque gustan de la música, aunque ellos no saben cantar.</p>
      </div>
      <div>
        <head>91. <quote><l><ref xml:id="ref1095"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.539"
          >décimo esplendor bello de Aganipe</ref><note place="bottom">
                  OC264C.539</note></l></quote></head>
        <p>Muchos han usado este pensamiento, llamando cuarta gracia o décima musa a las
            mujeres<note type="app" rend="I"> mujeres <hi rend="i">em.</hi>: mujer <hi rend="i"
              >CS</hi></note> hermosas o doctas. <persName type="authority">Sidonio
            Antípatro</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Lesbia Pieriis Sappho soror addita Musis</hi><note place="bottom"> DR
              le atribuye a Antípatro Sidonio el verso que pertenece al <hi rend="i">Simulacro de
                Safo</hi> de Ausonio que, según Herrera (H-139, ed. cit., p. 355), en su anotación
              al verso 2 del soneto XXIV (<hi rend="i">décima moradora de Parnaso</hi>) pertenece a
              Ausonio pero aclara «siguiendo el concepto de Antípatro Sidonio». (Ausonio, <hi
                rend="i">Epigrammata</hi>, XXXII, <hi rend="i">In simulacrum Sapphus</hi>): ‘Safo de
              Lesbos, hermana añadida a las piérides musas’.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Garcilaso</persName>:</p>
        <quote><l>Ilustre honor del nombre de Cardona, </l>
          <l>décima moradora del Parnaso<note place="bottom"> Garcilaso, <title>Obras</title>,<hi
                rend="i"> Soneto XXIV</hi>, v. 1-2. Transcribimos el verso 2 del soneto según la
              lectura de la edición de Fernando de Herrera: «<hi rend="i">décima moradora de
                Parnaso</hi>», ya que en el manuscrito figura «<hi rend="i">del Parnaso</hi>».
            </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>92. <quote><l><ref xml:id="ref1096"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.549"
          >Cansado leño mío,</ref></l>
              <l>hijo del bosque<note place="bottom">
            OC264C.549-550</note></l></quote></head>
        <p>Es frasi de elegantes poetas. <persName type="authority">Horacio</persName>, lib. 1, Oda
          14:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Quamuis Pontica pinus</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">silvae filia nobilis</hi><note place="bottom"> Horacio,
                <title>Odas</title>, lib. I, oda 14, v. 11-13: «<hi rend="i">Quamuis Pontica pinus /
                silvae filia nobilis, / </hi>[<hi rend="i">jactes et genus et nomen inutile</hi>]»:
              «Aunque de pino del Ponto construida e hija de una noble selva, te jactarás en vano de
              tu linaje y de tu nombre» (Horacio 2007: 279).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 266 r] Y otro poeta:</p>
        <quote><l><hi rend="i">longa feror velox formosa filia siluae</hi><note place="bottom"> Se
              ha localizado el verso como perteneciente a Celio Firmiano Sinfosio (lat. Symphosius),
                <title>Aenigmata</title>, poema XIII <hi rend="i">Navis</hi>, v. 1 (1807: p. 11):
              ‘Larga y rápida hija del bello bosque, me dejo llevar’. No se conocen demasiados datos
              de este autor. Se lo ubica hacia el siglo IV o V d.C. y se le atribuyen cien enigmas
              que se conocieron a través de la <hi rend="i">Anthologia Latina</hi> y que tuvieron
              notable influencia en la posterior poesía de enigmas. </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>93. <quote><l><ref xml:id="ref1097"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.547"
          >que mis huesos vinculan</ref><note place="bottom">
                  OC264C.547</note><note place="bottom"> Curiosamente, DR anota primero los versos
                  549 y 550 y luego retoma el verso 547.</note></l></quote></head>
        <p>Significan los poetas un amor muy intenso y arraigado, cuando dicen que ha penetrado los
          huesos y las médulas. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 3
            <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">magnum cui versat in ossibus ignem</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. III, v. 258: «[<hi rend="i">Quid
                iuuenis</hi>,]<hi rend="i"> magnum cui versat in ossibus ignem /</hi> [<hi rend="i"
                >durus amor</hi>?]»: «¿Qué pensar de aquel joven, a quien el [implacable/ áspero]
              amor mete en [los] huesos violento fuego?» (Virgilio 1990: 337).</note>.</l></quote>
        <p>El mismo, lib. 7 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">atque ossibus implicat ignem</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Eneida</title>, lib. VII, v. 355: «[<hi rend="i">ac dum prima lues udo
                sublapsa veneno pertemptat / sensus</hi>] <hi rend="i">atque ossibus
                implicat ignem</hi>»: ‘y mientras el primer contagio resbalando con húmedo veneno
              perturba el sentido y hace penetrar el fuego en los huesos’.</note>.</l></quote>
        <p>y lib. 4 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">est mollis flamma medullas</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Eneida</title>, lib. IV, v. 66: «<hi rend="i">est mollis flamma
                medullas</hi>»: ‘tiene la llama metida en las médulas’.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Catulo</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ignis mollibus ardet in medullis</hi><note place="bottom"> Catulo,
                <title>Carmina</title>, 45, v. 16: «arde en mis tiernas médulas un fuego» (Catulo
              1993: 107).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Propercio</persName>, lib. 3:</p>
        <quote><l><hi rend="i">veteres custodit in ossibus ignes</hi><note place="bottom">
              Propercio, <title>Elegías</title>, lib. III, 17, v. 9-10: «[<hi rend="i">Hoc mihi,
                quod ueteres] custodit in ossibus ignes / </hi>[<hi rend="i">funera sanabunt aut tua
                uina malum</hi>]»: «Este mal, que guarda antiguos fuegos en mis huesos, lo sanarán
              la muerte o tu vino» (Propercio 1989: 214).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>94. <quote><l><ref xml:id="ref1098"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.556"
          >Las rugosas veneras</ref><note place="bottom">
              OC264C.556</note></l></quote></head>
        <p>Las conchas cuyas canales<note place="bottom"> ‘canal’: fem. en <hi
              rend="i">Aut.</hi></note> parecen rugas.</p>
      </div>
      <div>
        <head>95. <quote><l><ref xml:id="ref1099"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.558"
          >ni del, que enciende el mar, tirio veneno</ref><note place="bottom">
                  OC264C.558</note></l></quote></head>
        <p>Habla de la púrpura de Tiro, la cual tiene un pece de conchas en la garganta, como afirma
            <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 9, c. 36<note place="bottom"> Plinio
            desarrolla el tema de la púrpura en su <title>Naturalis Historiae</title>, lib. IX,
            capítulos 36 a 39.</note>. Llámala tirio veneno imitando a <persName type="authority"
            >Claudiano</persName>
          <title>in Epigramma de Phoenice</title>: <note place="margin" n="I">
            <hi rend="i">Servus in schedis Danielis explicat cur purpura venenum
              dicatur.</hi>
          </note>
          <note place="bottom"> El comentario al que se refiere la anotación al margen parece ser el
            referido al verso «<hi rend="i">Alba, nec Assyrio fucatur lana veneno</hi>». El
            comentario dice «<hi rend="i">Assyrii, populi sunt adjacentes Syriae; apud quos primum
              usus inuentus est purpurae. Veneno: Colore</hi>». No se explica ahí que sea tachada la
            púrpura de veneno: ‘Los Asirios son pueblos limítrofes de Siria, que fueron los primeros
            en encontrar el uso de la púrpura. Veneno: color’. Sin embargo en opinión de los romanos
            la púrpura, como los demás lujos, tiene un efecto corruptor, es un veneno para las
            costumbres, y así lo comenta el escoliasta a propósito de la expresión «<hi rend="i"
              >fulgenti murice</hi>»: «<hi rend="i">Purpura. Hanc autem vitio et dedecori apud
              maiores fuisse constat. Iuvenalis. “Peregrina et ignota nobis ad scelus atque nefas
              quaecumque est purpura ducit”</hi>» (‘Púrpura. Consta que entre nuestros antepasados
            fue causa de vicio y deshonor. Juvenal: ‘Extranjera e ignota entre nosotros, / sea lo
            que sea, la púrpura incita al crimen y a la impiedad’’). Véase <hi
              rend="i">Pub. Virgilii Maronis</hi> [...] <hi rend="i">Et in ea, Mauri
              Servii Honorati</hi> [...] <hi rend="i">Ex Bibliotheca Petri Danielis</hi> [...]…, p.
            120 y p. 583. Los <hi rend="i">Scholia</hi> de Servio fueron editados por P. Daniel en
            1600, tomando el nombre de <hi rend="i">Scholia Danielina</hi>. Se trata de una edición
            aumentada (<hi rend="i">Servius auctus</hi>) posterior a Servio. </note></p>
        <quote><l><hi rend="i">tyrio pinguntur crura veneno</hi><note place="bottom"> Claudiano,
                <title>Epigrammata</title>, <hi rend="i">Phoenix</hi>., v. 20: «sus
              patas están teñidas de tirio veneno» (Claudiano 1993: vol. II, 278).
          </note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 2 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">alba nec Assyrio fucatur lana veneno</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, libro II, v. 465: «ni la blanca lana se
              disfraza con el veneno asirio» (Virgilio 1990: 313).</note>.</l></quote>
        <p>Dice que enciende el mar, porque el color purpúreo es muy encendido.</p>
        <p><persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ardentem murice laena</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi
                rend="i">Eneida</hi>, lib. IV, v. 262: «[<hi rend="i">atque illi stellatus iaspide
                fulua / ensis erat, Tyrioque</hi>]<hi rend="i"> ardebat murice laena</hi> / [<hi
                rend="i">demissa ex umeris</hi>]». Otra parte de estos mismos versos “<hi rend="i"
                >illi stellatus iaspide fulva</hi>” ya había sido citada anteriormente. Véase la traducción en nota <ref xml:id="ref2" target="ref1"
                  >supra</ref>.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Juvenal</persName>, <hi rend="i">Satura</hi> 11:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quales esse decet quos ardens purpura vestit</hi><note place="bottom"
              > Juvenal, <title>Sátiras</title>, XI, v. 155: «como convendría que fuesen los que
              visten púrpura encendida» (Juvenal 1996: 150). </note>.</l></quote>
        <p>[f. 266 v] <persName type="authority">Valerio Flaco</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ignea succo</hi><note type="app" rend="I"> En el manuscrito se lee
                <hi rend="i">succo</hi> en lugar de <hi rend="i">fuco</hi>, que es la lección de
              algunas ediciones de <hi rend="i">Argonáuticas</hi>.</note><hi rend="i"
              >purpura</hi><note place="bottom"> Valerio Flaco, <title>Argonáuticas</title>, lib. I,
              v. 427-428: «[<hi rend="i">illis Taenario pariter tremit</hi>] <hi rend="i">ignea fuco
                / purpura</hi>, [<hi rend="i">quod gemina mater spectabile tela</hi>]»: ‘Sobre ellos
              [Castor y Pólux] ondea temblorosa por igual la ardiente púrpura de Ténaro, labor
              maravillosa de su madre en dos telas gemelas’.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, <title>4 Consulatu Honoriis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quis miscuit</hi><note type="app" rend="I"> miscuit <hi rend="i"
                >em.</hi>: micuit <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">ignes</hi></l>
          <l><hi rend="i">Sidonii Rubrique maris</hi>?<note place="bottom"> Claudiano, <hi rend="i"
                >Panegyricus de quarto consulato Honorii Augusti</hi>, vv. 599-600: «¿Quién mezcló
              los brillos sidonios y los del Mar Rojo?» (Claudiano 1993: vol. I,
          233).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>96. <quote><l><ref xml:id="ref1100"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.563"
          >Distinguir sabía apenas</ref><note place="bottom">
              OC264C.563</note></l></quote></head>
        <p>Elegante y propiamente significa la edad tierna de un pescador por la ruda noticia en las
          cosas del mar. El <persName type="authority">Marino</persName> en las Boscarechas, donde
          habla un vaquero<note type="app" rend="I"> vaquero <hi rend="i">em.</hi>: barquero <hi
              rend="i">CS</hi>
          </note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Allhor, che prima ad adorarti foro</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">leggiadra Elpina, i miei pensier concordi.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Fanciullo era ancor si (se ben ricordi)</hi></l>
          <l><hi rend="i">ch'io non scernea da la giouenca</hi><note type="app" rend="I"> giouenca
                <hi rend="i">em.</hi>: giobenea <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">il
              toro</hi><note place="bottom"> Marino, <title>Rime</title>, <hi rend="i">Parte
                Prima..., Rime Boscherecce</hi>, Soneto <hi rend="i">Principio de’ Suoi rozzi
                amori</hi>, 1º cuarteto, p. 71: ‘Entonces, cuando empezaron a adorarte, hermosa
              Elpina, mis concordes pensamientos, era tan mozo (¿te acuerdas?) que no distinguía la
              becerra del toro’.</note>.</l></quote>
        <p>Alude a lo que dice <persName type="authority">Virgilio</persName>, <hi rend="i"
            >Égloga</hi> 4, hablando en la persona de un pastor:</p>
        <quote><l><hi rend="i">iam fragiles poteram a terra contingere ramos</hi></l>
          <l><hi rend="i">ut vidi, ut perii, ut me malus abstulit error</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <title>Bucólicas</title>, Se trata de la <hi rend="i">Égloga</hi> 8 y no de
              la 4, como figura en el manuscrito, v. 40-41: ‘Ya me alzaba del suelo hasta poder
              tocar las frágiles ramas cuando vi, cuando me sentí morir, cuando fui arrastrado por
              el funesto error’.</note>.</l></quote>
        <p>donde significa la edad tierna de un pastor, diciendo que ya podía tocar los ramos desde
          la tierra.</p>
      </div>
      <div>
        <head>97. <quote><l><ref xml:id="ref1101"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.565"
          >un Neptuno y otro</ref><note place="bottom">
            OC264C.565</note></l></quote></head>
        <p>El mar Mediterráneo y el Océano, o el mar del Oriente y del Occidente<note place="bottom"
            > DR explica aquí la sinécdoque y plantea la duda acerca de cuáles son exactamente los
            mares a los que se refiere. En el manuscrito figura ‘Miditerraneo’ por
            ‘Mediterraneo’.</note>. <persName type="authority">Séneca</persName>, in<note type="app"
            rend="I"> in <hi rend="i">em.</hi>: y <hi rend="i">CS</hi></note>
          <title>Oetaeo</title>, actu ultimo, significando estos dos mares:</p>
        <quote><l><hi rend="i">audiat ictus utraque Tethys</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi
                rend="i">Hercules Oetaeus</hi>, acto V, v. 1899, (ed. cit., II, p. 101): «que oigan
              los golpes una y otra Tetis» (Séneca 1980: 346).</note>.</l></quote>
        <p>Y más a nuestro propósito, <persName type="authority">Catulo</persName>, <hi rend="i"
            >in</hi>
          <title>Epigramate ad Syrmonen Peninsulam</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Paene insularum, Sirmio, insularumque</hi></l>
          <l><hi rend="i">ocelle, quascumque in liquentibus stagnis</hi></l>
          <p>[f. 267 r]</p>
          <l><hi rend="i">marique vasto fert uterque Neptunus</hi><note place="bottom"> Catulo,
                <title>Carmina</title>, XXXI, v. 1-3: «Sirmión, perla de las penínsulas y de las
              islas, de todas las que en lagos de limpias aguas y en el dilatado mar ofrecen uno y
              otro Neptuno» (Catulo 1993: 93).</note>.</l></quote>
        <p>Aunque <persName type="authority">Mureto</persName> entiende aquí el mar Súpero e Ínfero
          que rodea la Italia<note place="bottom"> Hace referencia a las anotaciones de Mureto al
            texto de Catulo: <hi rend="i">Catullus et in eum Commentarius M. Antonii Mureti</hi>
            […],Venetiis: apud Paulum Manutium, 1554. Marc-Antoine Muret (1526-1585) fue un
            humanista francés, editor de Catulo, Horacio y Propercio. </note>. Pero más conforme es
          que signifique el mar oriental y occidental.</p>
        <p>Con la misma frasi, dijo <persName type="authority">Bartolomé de Argensola</persName> en
          la <hi rend="i">Elegía a la muerte de nuestra Reina</hi>:</p>
        <quote><l>De donde, opuesto a vientos importunos, </l>
          <l>descubrió el Lusitano temerario</l>
          <l>el gran comercio de los dos Neptunos<note place="bottom"> Bartolomé Leonardo de
              Argensola, <hi rend="i">Elegía en la muerte de la Reina Doña Margarita, Nuestra
                Señora</hi>, v. 283-285. Véase <hi rend="i">Las rimas que se han podido recoger de
                Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola</hi> […] En Zaragoza: en el
              Hospital Real i General de Nuestra Señora de Gracia, 1634, p. 422. Una vez más, DR
              hace referencia a una composición del poeta aragonés que, como señaláramos, es casi
              contemporáneo a las <hi rend="i">Soledades</hi> (cfr., nota 27 al verso
            163).</note>.</l></quote>
        <p>Y, a este modo dijeron los latinos: <hi rend="i">uterque Phoebus, uterque Sol</hi>, por
          el Oriente y por el Occidente. <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 1
            <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">littora voce replet sub utroque iacentia</hi><note type="app"
              rend="I"> iacentia <hi rend="i">em.</hi>: iacientia <hi rend="i">CS</hi></note><hi
              rend="i"> Phoebo</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>,
              lib. I, v. 335-338: «[<hi rend="i">Caua bucina sumitur illi / tortilis, in latum quae
                turbine crescit ab imo, / bucina quae, medio concepit ubi aera ponto</hi>,] / <hi
                rend="i">litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo</hi>»: «Éste empuña su
              bocina hueca en forma de espiral, que crece en anchura a partir de la primera voluta,
              la bocina que, cuando recibe el aire en medio del mar, llena con su sonido las orillas
              que se extienden bajo ambos Febos» (Ovidio 2008: 247). </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, <title>De Bello Gildonico</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ad solem uictrix utrumque cucurri</hi><note place="bottom">
              Claudiano, <hi rend="i">De bello Gildonico</hi>, v. 48: «Corrí victoriosa hacia uno y
              otro sol» (Claudiano 1993: vol. I, 267).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>98. <quote><l><ref xml:id="ref1102"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.570"
          >Las que el cielo mercedes</ref><note place="bottom">
                OC264C.570</note></l></quote></head>
        <p>Es pensamiento usado de muchos poetas. <persName type="authority">Virgilio</persName>,
            <hi rend="i">Égloga</hi> 2, donde habla Coridón<note type="app" rend="I"> Coridón<hi
              rend="i"> em.</hi>: Carydon <hi rend="i">CS</hi></note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">nec sum adeo informis: nuper me in littore vidi</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">cum placidum ventis staret mare</hi><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Bucólicas</title>, <hi rend="i">Égloga II</hi>, v. 25-26: ‘y no soy tan feo;
              no hace mucho me vi reflejado en el agua un día en que el viento dejaba en calma al
              mar’.</note></l></quote>
        <p>Véase lo que dije en el <title>Polifemo</title>, allí:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1103"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255#l255.419"
          >que espejo de zafiro fue luciente</ref><note place="bottom"> OC255.419 Se trata de la
                nota 117 al verso 419.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>99. <quote><l><ref xml:id="ref1104"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.573"
          >consultada ya, laguna</ref><note place="bottom">
              OC264C.573</note></l></quote></head>
        <p>Elegantes poetas dijeron consultar o pedir consejo a las aguas donde se miran. [f. 267 v]
          El <persName type="authority">Tasso</persName> en la <title>Aminta</title>, <hi rend="i"
            >actu</hi> 2, <hi rend="i">scen.</hi> 2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">vagheggiar se medesma e insieme insieme</hi></l>
          <l><hi rend="i">chieder consiglio a l’acque</hi><note place="bottom"> Tasso, <hi rend="i"
                >Aminta</hi>, Acto II, escena 2, v. 39-40: ‘mirarse a sí misma y al tiempo mismo
              pedir consejo a las aguas’.</note>.</l></quote>
        <p>Y abajo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">con gli occhi al fonte consiglier ricorse</hi><note place="bottom">
              Tasso, <hi rend="i">Aminta</hi>, Acto II, escena 2, v. 61: ‘con los ojos recurrió a la
              fuente consejera’.</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Guarino</persName>, en el <title>Pastor Fido</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quel fonte, ond’ella beue</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">quel solo anco la bagna e la consiglia</hi><note place="bottom"> Guarini,
                <hi rend="i">Il Pastor Fido, Tragicommedia Pastorale.</hi> […] In Venetia: Appresso
              Gio. Battista Ciotti, 1602, Acto II, escena 5, p. 108: ‘esa fuente, de la que ella
              bebe, esa misma fuente la baña y la aconseja’. </note></l></quote>
        <p><persName type="authority">Marcial</persName> llamó al espejo <hi rend="i">consilium
            formae</hi>, lib. 9, <hi rend="i">Epigrama</hi> 12:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Consilium formae speculum dulcesque capillos</hi><note place="bottom"
              > Marcial, <title>Epigramas</title>, lib. IX, Epigrama 16, v. 1: «Su espejo –juez de
              su hermosura– y sus suaves cabellos» (Marcial 2001: vol. II, 110). En el manuscrito,
              el número de epigrama es el 12, pero en las ediciones modernas el verso corresponde al
              Epigrama 16.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>100. <quote><l><ref xml:id="ref1105"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.576"
          >más que a la selva lazos Ganimedes</ref><note place="bottom">
                  OC264C.576</note></l></quote></head>
        <p>Ganimedes, a quien arrebató el águila de Júpiter, fue gran cazador. <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 5 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">intextusque puer frondosa</hi><note type="app" rend="I"> frondosa <hi
                rend="i">em.</hi>: formosa <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">regius
            Ida</hi></l>
          <l><hi rend="i">veloces iaculo ceruos cursuque fatigat</hi></l>
          <l><hi rend="i">acer, anhelanti similis quem praepes ab Ida</hi></l>
          <l><hi rend="i">sublimem pedibus rapuit Iouis armiger uncis.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Longaeui palmas nequicquam ad sidera tendunt</hi></l>
          <l><hi rend="i">custodes saeuitque canum latratus</hi><note type="app" rend="I"> latratus
                <hi rend="i">em.</hi>: latractus <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">in
              auras</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. V, v.
              252-257: «y, bordado en ella, el regio niño en el frondoso Ida / con venablo y carrera
              fatiga a los veloces ciervos, / brioso, como si respirara, al que el raudo escudero /
              de Júpiter desde el Ida raptó por los aires con sus ganchudas patas: / en vano tienden
              las manos a los astros sus ancianos / guardianes y el ladrido de los perros lanza su
              saña a las brisas» (Virgilio 2011: vol. II, 81).</note></l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>101. <quote><l><ref xml:id="ref1106"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.578"
          >agua al fin dulcemente dura</ref><note place="bottom">
                OC264C.578</note></l></quote></head>
        <p>Descripción del mismo cristal, el cual dice <persName type="authority">Plinio</persName>,
          lib. 37, c. 2, que es hielo o nieve endurecida<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XXXVII, cap. 2: «<hi rend="i">Contraria huic
              causa crystallum facit gelu vehementiore concreto, non aliubi certe reperitur quam ubi
              maxime hibernae niues rigent, glaciemque esse certum est</hi>»: ‘Una causa contraria
            produce el cristal: un hielo lo condensa con violencia; por lo menos no se encuentra
            fuera de los lugares en que las nieves invernales son las más duras, y es seguro que es
            hielo el cristal’. </note>. <persName type="authority">Claudiano</persName>, <hi
            rend="i">in Epigrammate de crystallo</hi>, dice que es agua endurecida<note
            place="bottom"> Claudiano, <title>Epigrammata</title>, <hi rend="i">De Crystallo</hi>.
            Se trata de una serie de epigramas dedicados al tema: «<hi rend="i">De Crystallo, cui
              aqua inerat</hi>»: «Sobre un cristal que contenía una gota de agua» (Claudiano 1993:
            vol. II, 301).</note>. <persName type="authority">Séneca</persName> siente lo mismo,
          lib. 3 <title>Naturalium quaestionum</title><note place="bottom"> Seneca, <hi
              rend="i">Naturalium Quaestionum</hi>, lib. III, cap. 25, 10: «<hi
              rend="i">Quis non grauissimas esse aquas credat quae in crystallum
              coeunt? Contra autem est: tenuissimis enim hoc euenit, quas frigus ob ipsam tenuitatem
              facillime gelat</hi> [...]»: ‘¿Quién no creería que el agua contenida en el cristal es
            muy pesada? Pero sucede todo lo contrario, pues éste procede de aguas muy tenues que el
            frío congela precisamente por su tenuidad’. </note>, aunque <persName type="authority"
            >Platón</persName> afirma en el <title>Timeo</title> que tiene mucha parte de
            tierra<note place="bottom"> Platón, <hi rend="i">Timeo</hi> en <hi rend="i">Omnia divini
              Platonis</hi> [...], 1548, p. 487: «<hi rend="i">Haec uero partim aquae minus habent
              quam terrae, quemadmodum uitri genus, et lapides illi qui fusiles apellantur</hi>»:
            ‘Algunas de estas materias compuestas más tierra que agua, igual que las especies de
            vidrio y esas piedras que se llaman fusibles’.</note> y <persName type="authority"
            >Tebeto</persName>, [f. 268 r] lib. 5 <title>Cosmographie</title>, c. 5, que se ha de
          contar entre los minerales, y esta es opinión más cierta<note place="bottom">
            <hi rend="i">La Cosmographie Universelle d’André Thevet Cosmographe du
              Roy.</hi> […] (Paris: chez Guillaume Chaudiere…, 1575). La referencia al cristal se
            encuentra en el Tomo II, libro XXIII, cap. 4 (f. 1015 v) y no en libro V, cap. 5, como
            figura en el manuscrito. André de Thevet (1516-1590) fue un explorador, escritor y
            geógrafo francés. Entre sus obras se destacan la mencionada <hi rend="i">Cosmographie
              Universelle</hi> y <hi rend="i">Les singularitez de la France antartique, autrement
              nommée Amerique</hi> (1558).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>102. <quote><l><ref xml:id="ref1107"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.579"
          >invidia califique mi figura</ref><note place="bottom">
                OC264C.579</note></l></quote></head>
        <p>Es galana exageración decir que los mismos mancebos invidiosos<note place="bottom"> DR,
            al igual que Góngora, conserva la forma latina del sustantivo y del adjetivo.</note> y
          apasionados con quien competir se juzgasen vencidos de él y lo alabasen<note
            place="bottom"> La nota destaca, con adjetivación ponderativa, dos
          hipérboles.</note>.</p>
        <p>Algunas señales de este pensamiento hay en los poetas. <persName type="authority"
            >Virgilio</persName>, Égloga 4, dice para exagerar la música de un pastor que la
          Arcadia, patria de Pan, lo había de juzgar mejor músico que el mismo Pan:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Pan Deus, Arcadia mecum si iudice, certet;</hi></l>
          <l><hi rend="i">Pan Deus, Arcadia dicet se iudice, victum</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <title>Bucólicas</title>, égloga IV, v. 58-59. Estos versos presentan una
              variante en la tradición manuscrita de Virgilio (<hi rend="i">Pan Deus / Pan
                etiam</hi>) y el padre La Cerda prefiere la segunda lección, que es también la que
              retienen las ediciones modernas. La discrepancia prueba por lo demás que la versión de
              Virgilio que manejaba DR en ese momento de sus anotaciones no era la edición del
              jesuita. Transcribimos su comentario sobre esta variante textual: «<hi
                rend="i">Sic legendum, etiam in primo versu cum doctis omnibus. Quin Lucas Frut.
                lib. 1. Veris . c. 2 Pierium reprehendit, qui legit</hi> Pan Deus, Arcadia mecum si
              iudice certet<hi rend="i">. Nam sic (ait) languida efficitur
                sententia</hi>» (P<hi rend="i">. Virgilii Maronis Bucolica et Georgica</hi>…, p. 78)
              ‘Léase así: <hi rend="i">etiam</hi> en el primer verso según opinión de todos los
              doctos’.</note>.</l></quote>
        <p>A quien imitó <persName type="authority">Claudiano</persName>, in <title>Epithalamio
            Honorii</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">quae digna formae laus erit igneae</hi>? </l>
          <l><hi rend="i">te Leda mallet quam dare Castorem.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Praefert Achilli te proprio</hi><note type="app" rend="I"> proprio <hi
                rend="i">em.</hi>: propio <hi rend="i">CS</hi></note><hi
              rend="i">Thetis</hi></l>
          <l><hi rend="i">victum fatetur Delos Apollinem</hi></l>
          <l><hi rend="i">credit</hi><note type="app" rend="I"> credit <hi rend="i"
                >em.</hi>: gedit <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"> minorem
              Lydia liberum</hi><note place="bottom"> Claudiano, <hi rend="i">Fescennina de nuptiis
                Honorii Augusti</hi>, v. 5-9: «¿qué alabanza será digna de tu resplandeciente
              belleza? Leda hubiera preferido darte a luz a ti mejor que a Cástor; Tetis te antepone
              a su propio Aquiles; Delos confiesa que tú has vencido a Apolo; Lidia considera
              inferior a Líber» (Claudiano 1993: vol. I, 257-258).</note>.</l></quote>
        <p>Añade a esto otra exageración con que de uno solemos decir que sobrepuja a la invidia
          porque son tan manifiestas sus virtudes que los invidiosos las loan. <persName
            type="authority">Horacio</persName>, lib. 2, <hi rend="i">Oda ultima</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">inuidiaque maior urbes relinquam</hi><note place="bottom"> Las citas
              de Horacio, Justino y Calímaco proceden del comentario del padre La Cerda al v. 37 de
              las <hi rend="i">Geórgicas III</hi> de Virgilio: <hi rend="i">Inuidia infelix Furias,
                amnemque seuerum</hi> (<hi rend="i">Bucolica, Georgica Argumentis...</hi>, p. 386).
              De todos modos, hemos comprobado las citas en ediciones modernas. Horacio,
                <title>Odas</title>, Lib. II, Oda 20, v. 3-5. Transcribimos tres versos para una
              mejor comprensión, aunque en el manuscrito se reproduce parte del verso 4 y el 5 como
              si fuera uno solo: «[<hi rend="i">neque in terris morabor</hi>] / <hi rend="i">longius
                inuidiaque maior / urbes relinquam</hi>»: «ya no moraré más en la tierra y, superior
              a la envidia, dejaré atrás las ciudades» (Horacio 2007: 363).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Salustio</persName>, <title>De Bello Iugurthino</title>:
              <quote><hi rend="i">postremo, quod difficilimum inter mortales est, gloria inuidiam
              vicisti</hi><note place="bottom"> Salustio, <hi rend="i">Bellum Iugurthinum</hi>, cap.
              X (Matriti: apud Michaelem Escribano, 1775: p. 238): ‘y por último, cosa dificilísima
              entre los mortales, venciste a la envidia con tu gloria’.</note></quote>. <persName
            type="authority">Justino</persName>, lib. 1: <quote><hi rend="i">Magnas</hi><note
              type="app" rend="I"> magnas <hi rend="i">em.</hi>: magnos <hi rend="i"
              >CS</hi></note><hi rend="i">deinde res gessit quarum amplitudine ubi invidiam
              superatam putat</hi>, etc<note place="bottom"> Justino, <title>Historiae
                Philippicae</title>, lib. I, cap. 3 (<hi rend="i">Justini Historiae Philipicae</hi>
              [...]London: Hitch, Mumby, Mace and Hammond; 1742: p. 3): ‘Realizó grandes proezas y
              cuando estimó que por su número y grandeza había superado la envidia…’. Marco Juniano
              Justinio (<hi rend="i">circa</hi> s. II d.C.) fue un historiador romano autor de las
                <hi rend="i">Historiarum Philippicarum libri XLIV</hi> (<hi rend="i">Historias
                filípicas</hi>), en el que reunió los pasajes más importantes de la obra de otro
              historiador, las <hi rend="i">Historiae Phillipicae et totius mundi origines et terrae
                situs</hi> de Pompeyo Trogo, escritas en tiempos de Augusto.</note>.</quote>
          <persName type="authority">Calímaco</persName>, lib. 3 <title>Epigrammata</title>:
              <quote><hi rend="i">cecinit maiora invidia</hi><note place="bottom"> Calímaco, <hi
                rend="i">Epigramma In suum Patrem</hi>. Ha sido posible encontrar el epigrama
              completo al que pertenece el sintagma citado en una colección de <hi rend="i"
                >Epigrammata</hi> de varios autores (<hi rend="i">Novus Graecorum Epigrammatum et
                Poematon Delectus</hi>, Londini: Typis J. Bettenham; Impensis Gulielmi Innys [...]
              1751: p. 125). El verso completo es: «[<hi rend="i">hic quidem olim patriae armorum /
                Dux fuit, ille vero</hi>] <hi rend="i">cecinit maiora invidia</hi>»: ‘este fue
              antaño el jefe de las armas patrias, aquél fue un poeta superior a la envidia’.
              Calímaco de Cirene (310 a.C.-240 a.C.) fue un poeta alejandrino, a quien Ptolomeo le
              encargó ordenar la Bibioteca de Alejandría. Entre sus obras, se destaca una serie de
              epigramas con los que contribuyó a la consagración que esta forma poética tuvo durante
              el helenismo.</note>.</quote></p>
        <p>[f. 268 v]</p>
      </div>
      <div>
        <head>103. <quote><l><ref xml:id="ref1108"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.582"
          >el que a un dios hizo, valiente</ref><note place="bottom">
                  OC264C.582</note></l></quote></head>
        <p>Perífrasis es de Adonis, a quien mató Marte, celoso de Venus, en forma de jabalí<note
            place="bottom"> DR destaca la perífrasis para señalar la alusión y elusión del
            mito.</note>. Era también cazador como Ganimedes. <persName type="authority"
            >Ovidio</persName>, lib. 10 <title>Metamorfosis</title><note place="bottom"> Ovidio, <hi
              rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. X, v. 345 y ss.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>104. <quote><l><ref xml:id="ref1109"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.583"
          >celoso espumar diente</ref><note place="bottom">
              OC264C.583</note></l></quote></head>
        <p>Es propio del jabalí hacer espuma. <persName type="authority">Eurípides</persName> in
            <title>Fenissae</title><note type="app" rend="I"> Fenissae <hi rend="i">em.</hi>: Fenisa
              <hi rend="i">CS</hi></note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">spuma madidi mentum</hi><note place="bottom"> Eurípides, <hi rend="i"
                >Las Fenicias</hi>, acto V, v. 1396 (<hi rend="i">Euripides poeta tragicorum
                princeps</hi>..., p. 117). La edición consultada presenta una ligera variante en la
              traducción con respecto al texto del manuscrito («<hi rend="i">Commiserunt pugnam,
                mento spuma madidi</hi>»: ‘Empezaron a combatir, con las mejillas mojadas de
              espuma’, pero es evidente que DR ha tomado el verso de Eurípides del comentario del
              padre La Cerda a <hi rend="i">Eneida</hi> 4, v. 158 (<hi rend="i">Priores Sex Libri
                Aeneidos Argumentis</hi>..., p. 410).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 1 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">aut spumantis apri sum dente petita</hi><note place="bottom"> Este
              verso es, aparentemente, el resultado de una confusión pues se trata de dos versos
              distintos. Una parte, del verso citado de Virgilio (<hi rend="i">Eneida</hi>, lib. I,
              324): «<hi rend="i">aut spumantis apri cursum clamore prementem</hi>»: «o apremiando a
              gritos la carrera de un jabalí espumeante» (Virgilio 2009: 26); otra, de uno de
              Marcial (lib. XI, 69, 9): «<hi rend="i">fulmineo spumantis apri sum dente
              petita</hi>», que cita más adelante en la anotación 134, f. 276: ‘el diente fulmíneo
              del jabalí espumeante me ha atacado’. La lectura ‘<hi rend="i">petita</hi>’ en lugar
              de ‘<hi rend="i">perempta</hi>’ en el verso de Marcial se recoge en los <hi rend="i"
                >Epitheta</hi> de Ravisio Textor, s.v. <hi rend="i">aper</hi> (<hi rend="i">Ioannis
                Ravisii Textoris nivernensis Epitheta</hi>..., Parrhisiis, apud Reginaldum
              Chauldiere, 1524, f. 32 v). </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Opiano</persName>, lib. 3 <title>Cynegetica</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">spumam distillat in terram ac dentibus</hi></l>
          <l><hi rend="i">multam illam spumam candidam pulsat</hi></l>
          <l><hi rend="i">anhelitu valido</hi><note place="bottom"> La fuente del fragmento que
              transcribe DR, una vez más, coincide con una de las anotaciones del padre La Cerda,
              esta vez al verso 248 del libro III de las <hi rend="i">Geórgicas: Per siluam tum
                saevus aper, tum pessima tigris</hi>. Este cita cuatro versos de Opiano en griego
              sobre el aspecto feroz del jabalí, seguidos por una traducción latina que podría ser
              suya y de donde procede nuestra cita: «<hi rend="i">spumam distillat in terram ac
                dentibus / multam illam spumam candidam pulsat / anhelitu feruido</hi>» (P<hi
                rend="i">. Virgilii Maronis Bucolica et Georgica</hi>…, p. 425): ‘La espuma de sus
              dientes la deja caer al suelo gota a gota, y arroja mucha cándida espuma con su
              férvido aliento’. En cambio, la traducción de la edición consultada (Parisiis: Apud
              Guil. Morelium, 1555), presenta variantes con la cita de DR: «<hi rend="i">Et spumam
                stillatim fundit in terram, verum dentium / Multum plangit candorem anhelitu
                fervido</hi>»: ‘Él derrama espuma en tierra, gota a gota; de sus dientes brota gran
              cantidad de humor blanco en un hálito férvido’. Opiano es el nombre del autor de dos
              poemas didácticos: <hi rend="i">Cinegética</hi> o <hi
                rend="i">De la Caza</hi> y <hi rend="i">Haliéutica</hi> o <hi
                rend="i">De la Pesca</hi>, aunque las biografías conservadas, las
              dedicatorias y el contenido de los poemas inducen a pensar que se trata de dos autores
              distintos. Las <hi rend="i">Haliéuticas</hi> de Opiano de Cilicia está
              considerado el poema didáctico en lengua griega más importante de la época imperial.
              Compuesto hacia el año 180 d.C. y dedicado a Marco Aurelio y a su hijo Cómodo, tuvo
              gran éxito e influyó en otras composiciones didácticas, como las <hi
                rend="i">Cinegéticas</hi> de Opiano de Apamea, compuestas pasado el año 198 d.C. y
              dedicadas a Caracalla. Sin embargo, se debe tener en cuenta que durante el
              Renacimiento, ambas obras se editaron juntas y se consideraba que estaban escritas por
              el mismo autor.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>105. <quote><l><ref xml:id="ref1110"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.587"
          >tantos Palemo a su Licote bella</ref></l>
              <l>suspende<note place="bottom">
          OC264C.587-588</note></l></quote></head>
        <p>Suelen los poetas introducir a los amantes despreciados contando cómo son amados de otras
          damas. <persName type="authority">Virgilio</persName>, Égloga <note place="bottom"> Falta
            en el manuscrito el número de la égloga. Parece referirse a la <hi rend="i">Égloga
              X</hi> de las <title>Bucólicas</title> de Virgilio, que trata de amores no
            correspondidos.</note>; <persName type="authority">Sannazaro</persName>, Égloga 2<note
            place="bottom"> La <hi rend="i">Égloga II</hi> de Sannazaro trata de los amores de
            Galatea. </note>; el <persName type="authority">Estillán</persName>, en el cántico del
            Polifemo<note place="bottom"> Se trata del famoso poema de Tomaso Stigliani, <hi
              rend="i">Il Polifemo. Stanze pastorali</hi>, impreso en Milán en 1600.</note>, y
          otros. Ansí, nuestro poeta finge a este pescador contando que la ninfa Licote, enamorada
          de él, ofrece a su albergue todas las conchas o caracoles que a ella le rinde Palemo, su
          amante.</p>
      </div>
      <div>
        <head>106. <quote><l><ref xml:id="ref1111"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.591"
          >Las siempre desiguales</ref></l>
              <l>blancas primero ramas, después rojas<note place="bottom">
                  OC264C.591-592</note></l></quote></head>
        <p>Habla del coral, cuya fruta en el agua es blanca y tierna, y sacada de ella se torna dura
          y roja. Según <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 32, c. 11: <quote><hi
              rend="i">Formaei fructicis color viridis; baccae eius candidae sub aqua ac molles;
              exemptae confestim</hi></quote> [f. 269 r] <quote><hi rend="i">durantur et
              rubescunt</hi><note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis Historiae</title>, lib.
              XXXII, cap. 11: ‘su forma es la de un fruto de color verde, con bayas que bajo el agua
              son blancas y blandas pero que al sacarlas enseguida se vuelven rojas y duras’. En la
              nota marginal, se refiere a los <title>Collectanea rerum memorabilium</title> de Cayo
              Julio Solino (1895: p. 41-42). Cayo Julio Solino (h. s. IV) fue un gramático latino,
              autor, entre otras obras, de <hi rend="i">De mirabilibus mundi</hi>, conocida por el
              subtítulo de <hi rend="i">Collectanea rerum memorabilium</hi>, que contiene una breve
              descripción del mundo antiguo, con detalles que responden a cuestiones históricas,
              sociales, religiosas y naturales. La mayor parte está tomada de la <hi rend="i"
                >Naturalis Historia</hi> de Plinio el Viejo y de la geografía de Pomponio
              Mela.</note>.<note place="margin" n="J"> Lo mismo dice Solino cap. 1.</note>
          </quote> Aunque comúnmente refutan a Plinio, negando casi todos los modernos que el coral
          produzga alguna fruta. <persName type="authority">Andrea Mathioli</persName><note
            place="bottom">
            <title>I Discorsi di M. Pietro Andrea Matthioli Sanese, medico cesareo, nei sei Libbri
              di Pedacio Dioscoride Anazarbeo della materia Medicinale</title> [...] (Venecia:
            Nicolo Pezzana, 1712), Cap. 97: <hi rend="i">Del Corallo &amp; Antipathe</hi>. Pietro
            Andrea Mattioli (1501-1577) fue un médico y naturalista italiano, autor, entre muchas
            obras, de unos comentarios al libro de Dioscórides en los cuales identifica y describe
            las especies que aparecían en el texto de Dioscórides y agrega un número importante de
            nuevas especies, además de incluir más de quinientos grabados para ilustrarlas.</note> y
            <persName type="authority">Laguna</persName><note place="bottom">
            <title>Pedacio Dioscorides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal, y de los venenos
              mortíferos</title>, Traduzido de lengua griega en la vulgar castellana e illustrado
            con claras y substanciales annotationes, y con las figuras de innumeras plantas
            exquisitas y raras, por el Doctor Andrés de Laguna […] (Salamanca: por Mathias Gast,
            1563). Lib. V: <hi rend="i">Del Coral, y del Antipate</hi>. Cap. XCVII, p. 557-558.
            Transcribimos un fragmento de la nota de Laguna, porque fundamenta el comentario de DR:
            «Plinio se persuadió que producía el coral un cierto fruto semejante a las cerezas
            silvestres; y engañose por las olivetas o cuentas de los rosarios, las cuales no nacen
            en el coral, empero hácense de él, con obra y artificio de tornos» (p. 558, modernizamos
            la ortografía). Andrés Laguna (1499-1559) fue un médico humanista español, dedicado a la
            farmacología y a la botánica médica. Entre sus obras, se destaca la traducción
            castellana de Dioscórides, cuyas prescripciones había comprobado personalmente, y a las
            que agregó sus propias observaciones, opiniones y experiencias como botánico y
            farmacólogo.</note>, sobre <persName type="authority">Dioscórides</persName>, lib. 5, c.
            27<note place="bottom"> En el manuscrito 27, en lugar de 97 que es el número correcto
            del capítulo de Dioscórides. </note>, <title>Historia general de las
            plantas</title><note place="bottom"> Dioscórides Anarzabeo (ca. 40-ca. 90), médico de la
            antigua Grecia, nacido en Asia Menor, autor de <hi rend="i">De materia medica</hi>,
            considerado el principal manual de farmacopea utilizado durante la Edad Media y el
            Renacimiento. El título con que se conoció su obra fue el de la traducción de Laguna,
              <hi rend="i">Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos</hi>, y no la
              <hi rend="i">Historia general de las plantas</hi> mencionada en el manuscrito.
          </note>, y juntamente dicen que hay tres especies de coral: blanco, rojo y negro, pero
          ninguno afirma que las blancas se tornen después rojas, como dice nuestro poeta<note
            place="bottom"> Dioscórides y Mattioli solo hablan de dos clases de coral, rojo y negro.
            Laguna señala tres: rojo, blanco y negro. En cuanto al cambio de color, Dioscórides no
            dice nada pero Laguna señala que: «Toda suerte de coral, debajo del agua y antes de ser
            arrancada, se muestra algún tanto verde, más después mudando el elemento, muda también
            color» (<title>Pedacio Dioscorides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal</title>...,
            p. 558).</note>. Pero, favorécele <persName type="authority">San Isidoro</persName>,
          lib. 16 <title>Orígenes</title>, c. 8: <quote><hi rend="i">venae eius vel viae candidae
              sub aqua et molles: detractae confestim durantur et rubescunt</hi><note place="bottom"
              > ‘Sus venas o caminos son blancos bajo el agua y blandas; arrancadas enseguida se
              endurecen y vuelven rojas’. Véase San Isidoro de Sevilla: <hi rend="i">Isidori
                Hispalensis Episcopi Originum libri viginti ex antiquitate eruti</hi>, Basileae: per
              Henricum Petri et Petrum Pernam, 1577. Es conocida también con el título <hi rend="i"
                >Originum sive Etymologiarum libri XX. Lib. XVI. De rubris gemmis.</hi> Cap. 8. En
              la edición consultada se lee: «<hi rend="i">baccae eius vel viae</hi>» y la palabra
                ‘<hi rend="i">baccae</hi>’ tiene una nota marginal que aclara: «<hi rend="i">venae
                eius candidae</hi>» (p. 386).</note></quote>; y <persName type="authority"
            >Bercoreo</persName> in <title>Reductorio morali</title>, lib. 11, c. 64: <quote><hi
              rend="i">sunt rami eius sub aqua albi et molles, qui exinde extracti durescunt et
              rubescunt</hi><note place="bottom">
              <hi rend="i">Reductorii Moralis Fratris Petri Berchorii libri
                quattuordecim</hi> (Parrissiis: apud Claudium Cheuallon, 1521), lib. XI, cap. 64, f.
              CCXLVII. <hi rend="i">De lapide corallio</hi>. En la versión consultada,
              los verbos finales de la cita van en orden inverso: «<hi rend="i">rubesiunt et
                durescunt</hi>». Petrus Berchorius (ca. 1290-1362), también conocido como Pierre
              Bersuire, fue un monje francés que tradujo a Tito Livio, además de escribir, entre
              otras obras, un Ovidio moralizado en lengua romance y su <hi rend="i">Reductorium
                morale</hi>, sobre las Sagradas Escrituras.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>107. <quote><l><ref xml:id="ref1112"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.593"
          >ignoró hojas</ref><note place="bottom">
            OC264C.593</note></l></quote></head>
        <p>Careció de ellas<note place="bottom"> DR aclara el sentido poco habitual de ‘ignorar’ con
            el significado de ‘carecer’.</note>. Al mismo modo <persName type="authority"
            >Lucano</persName>, lib. 9 <title>Pharsalia</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Nam quidquid puluere sicco</hi></l>
          <l><hi rend="i">separat ardentem tepida Berenicida</hi><note type="app" rend="I">
              Berenicida <hi rend="i">em.</hi>: Berecinida <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >Lepti</hi></l>
          <l><hi rend="i">ignorat frondes</hi><note place="bottom"> Lucano, <hi rend="i"
                >Farsalia</hi>, lib. IX, v. 523-525: «Pues toda la extensión de polvo seco que
              separa la abrasada Berenícide de la templada Leptis desconoce el follaje» (Lucano
              1984: 282).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>108. <quote><l><ref xml:id="ref1113"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.599"
          >en piedras sí, firmeza</ref><note place="bottom">
              OC264C.599</note></l></quote></head>
        <p>Porque los pescadores escribían sus afectos amorosos en las peñas y los escollos, no en
          las plantas como los pastores.</p>
      </div>
      <div>
        <head>109. <quote><l><ref xml:id="ref1114"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.600"
          >calzándole talares mi deseo</ref><note place="bottom">
                OC264C.600</note></l></quote></head>
        <p>Talares son de Mercurio con alas, de los [f. 269 v] cuales usaba como diligente y presto
          embajador de los dioses. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 4
            <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et primum pedibus talaria nectit</hi></l>
          <l><hi rend="i">aurea, quae sublimem alis, siue aequora supra</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">seu terram, rapido pariter cum flamine portant</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. IV, v. 239-241: «[<hi
                rend="i">ille patris magni parere parabat / imperio</hi>:] <hi
                rend="i">et primum pedibus talaria nectit / aurea, quae sublimem alis,
                siue aequora supra, / seu terram, rapido pariter cum flamine portant</hi>»: «Aquél
              se disponía a obedecer la orden de su gran / padre, y primero ata a sus pies los
              talares / de oro, que con sus alas lo llevan en volandas ya vaya / sobre el mar ya
              sobre la tierra y a la par con el raudo viento» (Virgilio 2011: vol. II,
            26).</note>.</l></quote>
        <p>De aquí nació<note type="app" rend="I"> nació <hi rend="i">em.</hi>: naci <hi rend="i"
              >CS</hi></note> el proverbio apud <persName type="authority">Ciceronem</persName> in
            <title>Epistola ad Atticum</title>, lib. 14: <quote><hi rend="i">talaria
              induere</hi><note place="bottom"> Si bien la referencia al libro XIV de las <hi
                rend="i">Epistulae ad Atticum</hi> se corresponde con ediciones contemporáneas a DR
                («<hi rend="i">talaria induamus</hi>») y también en los <hi rend="i">Adagios</hi> de
              Erasmo figura el proverbio como «<hi rend="i">talaria induere</hi>», en las ediciones
              y en los diccionarios modernos consultados (s.v. <hi rend="i">talaria, -ium</hi> en el
                <hi rend="i">Dictionnaire illustré Latin-Français</hi> de Félix Gaffiot), la versión
              consignada en la carta (lib. XVI, 21, 4) es «<hi rend="i">talaria videamus</hi>»:
              ‘preparémonos para la fuga’.</note></quote>, para significar que uno se apercebía para
          venir con ligereza, como nosotros decimos calzarse las de<note type="app" rend="I"> de <hi
              rend="i">add.</hi></note> Villadiego<note place="bottom"> El comentario se refiere al
            uso de proverbios cultos y su correspondencia con usos cotidianos de frases
            proverbiales.</note>. A lo cual aludiendo nuestro poeta dice: calzándole talares mi
          deseo, dando a entender la ligereza con que deseaba el pescador viniese el dios
          Himeneo.</p>
      </div>
      <div>
        <head>110. <quote><l><ref xml:id="ref1115"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.601"
          >Goza, pues, ahora</ref><note place="bottom">
            OC264C.601</note></l></quote></head>
        <p>Este pensamiento con que los poetas significan cómo la edad se marchita y que se debe
          gozar en la juventud, es el más común y con mayor gala tratado de casi todos los poetas,
          en todas lenguas. Véase <persName type="authority">Horacio</persName>, lib. 4, oda 10<note
            place="bottom"> Horacio, <title>Odas</title>, lib. IV, oda 10 <hi rend="i">Ad
              Ligurinum</hi>. En cuanto al tópico del <hi rend="i">carpe diem</hi>, cabe señalar que
            su nombre procede del verso 8 de la oda <hi rend="i">Ad Leuconoen</hi> de Horacio (lib.
            I, oda 11): «<hi rend="i">Carpe diem, quam minimum credula postero</hi>»: «échale mano
            al día, sin fiarte para nada del mañana» (Horacio 2007: 271).</note>; <persName
            type="authority">Garcilaso</persName>, soneto 23, donde su comentador, <persName
            type="authority">Hernando de Herrera</persName> junta elegantísimos lugares de muchos
          poetas que ilustraron con varios matices este pensamiento<note place="bottom"> Garcilaso,
              <title>Obras</title>,<hi rend="i"> Soneto 23</hi>: «<hi rend="i">En tanto que de rosa
              y azucena</hi>». Entre las autoridades citadas por Herrera, se destaca el poema
            atribuido a Ausonio dedicado a «La rosa»: «<hi rend="i">Collige, virgo, rosas</hi>»
            (H-137, 1966: p. 347-355).</note>. Yo traeré algunos que suplan con su amenidad y
          delicias las espinas de mis anotaciones<note place="bottom"> Obsérvese el tono
            exculpatorio para justificarse ya que, en un alarde de erudición e intento de emular a
            Herrera, DR aporta nuevos autores. Se trata de ejemplos distintos a los utilizados por
            el comentarista de Garcilaso para ilustrar el tópico. El único autor que coincide es el
            Tasso, aunque el sevillano cita el soneto «<hi rend="i">Mentre che l’aureo crin
              v’ondeggia intorno</hi>» mientras que DR transcribe un fragmento de la <hi rend="i"
              >Jerusalén</hi>. </note>. El <persName type="authority">Camoês</persName> es uno de
          los mejores poetas que ha habido en todas lenguas:<note place="margin" n="K"> P<hi
              rend="sup">te</hi> 1ª de sus <hi rend="i">Rimas</hi>, soneto 58.</note></p>
        <quote><l><hi rend="i">Se as penas, com que amor tão mal me trata</hi></l>
          <l><hi rend="i">quizer que tanto tempo viva dellas</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">que veja escuro o lume das estrellas</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">em cuja vista o meu se accende e mata;</hi></l>
          <l>[f. 270 r]</l>
          <l><hi rend="i">e se o tempo, que tudo desbarata</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">secar as frescas rosas sem colhellas</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">mostrando a linda cor das tranças bellas</hi></l>
          <l><hi rend="i">mudada de ouro fino em bella prata;</hi></l>
          <l><hi rend="i">vereis, senhora, entaô tambem mudado</hi></l>
          <l><hi rend="i">o pensamento et aspereza vossa</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">quando nam sirva ja sua</hi><note type="app" rend="I"> sua <hi rend="i"
                >em.</hi>: vossa <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">mudança.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Suspirareis entâo pelo passado</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">em tempo quando executar se possa</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">em vosso arrepender, minha vengança</hi><note place="bottom"> ‘Si las
              penas, con las que amor tan mal me trata, quisieran que viva tanto tiempo de ellas que
              vea oscurecerse la luz de las estrellas en cuya vista la mía se enciende y mata; y si
              el tiempo, que lo desbarata todo, secara las frescas rosas sin cogerlas, mostrando el
              lindo color de las bellas trenzas mudado de oro fino en bella plata, entonces veréis,
              señora, también mudados, vuestro pensamiento y aspereza, cuando ya no sirva vuestra
              mudanza. Suspiraréis entonces por lo pasado en sazón en que pueda ejecutarse, en
              vuestro arrepentiros, mi venganza’ (Camoẽs, <title>Rimas</title>, soneto LVIII,
              Lisboa: Na Officina de Antonio Craesbeeck de Mello, 1666, p. 30.).</note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Torcuato Tasso</persName> en su <title>Jerusalén</title>,
          can. 16<note place="bottom"> En el manuscrito aparece hispanizado el nombre de Torquato
            Tasso. </note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Deh! mira (egli cantò) spuntar la rosa</hi></l>
          <l><hi rend="i">dal verde</hi><note type="app" rend="I"> dal verde <hi rend="i">em.</hi>:
              da verde <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">suo modesta e verginella</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">che mezzo aperta ancora e mezzo ascosa</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">quanto si mostra men, tanto è più bella.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Ecco poi nudo il sen già baldanzosa</hi></l>
          <l><hi rend="i">dispiega; ecco poi langue e non par quella</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">quella non par che desïata avanti</hi></l>
          <l><hi rend="i">fu da mille donzelle e mille amanti.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Così trapassa al trapassar d’un giorno</hi></l>
          <l><hi rend="i">della vita mortale il fiore e il verde;</hi></l>
          <l>[…]<note place="bottom"> Faltan dos versos: «<hi rend="i">nè, perchè
                faccia indietro april ritorno, / si rinfiora ella mai nè si
            rinverde</hi>».</note></l>
          <l><hi rend="i">Coglian la rosa in sul mattino adorno</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">di questo dì, che tosto il seren perde;</hi></l>
          <p>[f. 270 v]</p>
          <l><hi rend="i">coglian d’amor la rosa; amiamo or quando</hi></l>
          <l><hi rend="i">esser si puote riamato amando</hi><note place="bottom">
              <hi rend="i">La Gerusalemme Liberata</hi>, Canción 16, estrofas 14 y 15: ‘Mira (cantó
              él) brotar la rosa de su verde botón modesta y virginal que, medio abierta aún y medio
              oculta, cuanto menos se muestra es más bella. Ved que ya ufana despliega el seno
              desnudo; ved qué pronto languidece y no parece aquella que no hace mucho fue deseada
              de mil doncellas y de mil amantes. Así pasa, con el pasar de un día, la flor y el
              verdor de la vida mortal […] Cojamos la rosa en la fresca mañana de este día, que
              pronto pierde su luz; cojamos la rosa de amor: amemos ahora cuando podemos ser
              correspondidos’. Con respecto al último verso citado, en la edición consultada figura
                ‘<hi rend="i">riamati amando</hi>’.</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Marino</persName> en la Canción de la belleza caduca:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Godi mentre verdeggia</hi></l>
          <l><hi rend="i">in sua stagione Aprile.</hi></l>
          <l><hi rend="i">Questo, che hor si lampeggia</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">viuo spirto</hi><note type="app" rend="I"> spirto <hi
                rend="i">em.</hi>: spirtu <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >gentile</hi></l>
          <l><hi rend="i">conuien che cangi stile</hi>: </l>
          <l><hi rend="i">e quegli occhi homicidi</hi></l>
          <l><hi rend="i">fien sepolchri</hi><note type="app" rend="I"> sepolchri <hi
                rend="i">em.</hi>: sepulchri <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >d’Amor, come son nidi</hi></l>
          <l>[…]</l>
          <l><hi rend="i">Del tempo, che lo strugge</hi></l>
          <l><hi rend="i">trofeo resta il bel viso</hi>: </l>
          <l><hi rend="i">irreuocabil fugge</hi></l>
          <l><hi rend="i">la gioia, el gioco, il</hi><note type="app" rend="I"> il <hi rend="i"
                >em.</hi>: en <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">riso</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">del fasto di Narciso</hi></l>
          <l><hi rend="i">altro al fin non auanza</hi>,</l>
          <l><hi rend="i">che pentimento, e duol ne la membranza</hi><note type="app" rend="I">
              membranza <hi rend="i">em.</hi>: lembranza <hi rend="i">CS</hi></note><note
              place="bottom"> Marino, <title>Rime..</title><hi rend="i">. Seconda Parte</hi>, Canz.
              X, <hi rend="i">Bellezza caduca</hi>, estancias 16 y 19, p. 84-88: ‘Goza
              mientras está verde abril en su estación. Este que ahora relampaguea, vivo espíritu
              gentil, tendrá que cambiar de estilo, y esos ojos homicidas serán sepulcros de amor,
              como hoy son nidos. Del tiempo que lo deshace el bello rostro se vuelve trofeo;
              irrevocable huye el gozo, el juego, la risa; y del fasto de Narciso no queda al final
              nada más que arrepentimiento y dolor en la memoria’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>111. <quote><l><ref xml:id="ref1116"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.603"
          >mal solicita</ref></l>
              <l>abeja aun negligente flor marchita<note place="bottom">
                  OC264C.603-604</note></l></quote></head>
        <p>Quiere decir que aun la abeja más negligente, que a la tarde sale, no quiere solicitar
          las flores marchitas porque no saca<note type="app" rend="I"> saca <hi rend="i">em.</hi>:
            sacaba <hi rend="i">CS</hi></note> su licor de ellas, con la cual alegoría significa que
          los amantes más perezosos y negligentes no quieren solicitar una hermosura ya marchita con
          la vejez<note place="bottom"> El comentario se centra en la explicación de la alegoría,
            ponderando la comparación que relaciona con una nota suya a un verso de la <hi rend="i"
              >Soledad Primera</hi>.</note>; y es muy conveniente comparación la de la [f. 271 r]
          hermosura a las flores, según el uso de todos los poetas, y la de la abeja o miel al
          deleite que perciben los amantes en la hermosura, como insinuamos en la <title>Primera
            Soledad</title>, allí:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1117"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.803"
          >lasciva abeja al virginal acanto</ref><note place="bottom"> OC264B.803 Se trata de la
                nota 172 a los versos 803 y 804, donde cita versos de
          Pontano.</note>.</l></quote>
        <p>Y significan elegantísimos poetas italianos<note place="bottom"> El elogio, en esta nota,
            se extiende también a los «elegantísimos poetas italianos».</note>. El Marino
            soneto<note type="app" rend="I"> soneto <hi rend="i">em.</hi>: soneto soneto <hi
              rend="i">CS</hi></note>
          <hi rend="i">Andianne</hi><note type="app" rend="I"> Andianne <hi rend="i"
              >em.</hi>: Andiane <hi rend="i">CS</hi></note>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Purche</hi><note type="app" rend="I"> Purché <hi
                rend="i">em.</hi>: por che <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">tu
              da le rose almi soaui</hi></l>
          <l><hi rend="i">delle tua labbra poi sugger mi lassi</hi></l>
          <l><hi rend="i">quel mel, cui cedon d’Hibla i biondi faui</hi><note place="bottom">
              Marino, <title>Rime</title>...<hi rend="i"> Parte Prima, Rime Boscherecce</hi>, Soneto
                <hi rend="i">Andianne à gli horti di Dameta</hi>, primer terceto: 'Con tal de que
              tú, de las divinas suaves rosas de tus labios, me dejes chupar esa miel, a la que
              ceden los rubios panales de Hibla'.</note>.</l></quote>
        <p>El Chiabrera en los <hi rend="i">Scherzos</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ciò che distilla</hi></l>
          <l><hi rend="i">arte d’ape dorata</hi></l>
          <l><hi rend="i">in sua magion cerata</hi><note type="app" rend="I"> cerata <hi rend="i"
                >em.</hi>: cerrata <hi rend="i">CS</hi></note></l>
          <l><hi rend="i">e ciò, che si raccoglie</hi></l>
          <l><hi rend="i">su l’Arabiche foglie</hi></l>
          <l>[...]<note place="bottom"> En el fragmento citado, entre el quinto verso y el sexto
              faltan cuatro versos.</note></l>
          <l><hi rend="i">al fin tutti gli odori</hi></l>
          <l><hi rend="i">al fin tutti il licore</hi></l>
          <l><hi rend="i">cari nei liti eoi</hi></l>
          <l><hi rend="i">son dentro à gli occhi tuoi</hi><note place="bottom">Chiabrera,
                <title>Rime</title>,<hi rend="i"> Scherzos, Canzonetta 86</hi>: «<hi rend="i">Che i
                suoi tormenti gli son cari</hi>»: ‘lo que destila el arte de la dorada abeja en su
              mansión de cera, y lo que se recoge en las frondas de Arabia… y al fin todos los
              olores y al fin todo el licor tan preciados en las riberas orientales, están dentro de
              tus ojos’. El primer verso citado está incompleto: «<hi rend="i">Odi, ciò che
                distilla</hi>».</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>112. <quote><l><ref xml:id="ref1118"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.608"
          >nupcial la califique tea luciente</ref><note place="bottom">
                  OC264C.608</note></l></quote></head>
        <p>Alude a la costumbre de los romanos que solían encender teas cuando llevaban los
          desposados a casa de los desposados<note place="bottom"> Resulta algo extraña la
            reiteración del sintagma «los desposados».</note>, como enseña <persName
            type="authority">Plutarco</persName>, <title>De praeceptis connubialibus</title><note
            place="bottom"> La descripción de esta costumbre de los romanos figura en la segunda de
            las <hi rend="i">Quaestiones Romanae</hi> de las <title>Moralia</title> de Plutarco y no
            en <hi rend="i">De praeceptis connubialibus</hi>, como se señala en el
            manuscrito.</note>, y significa <persName type="authority">Catulo</persName>
          <hi rend="i">in Epithalamio Iulii et Manlii</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">manu pineam qua te taedam</hi><note place="bottom"> Catulo,
                <title>Carmina</title>, 61, v. 14-15: «[<hi rend="i">pelle humum pedibus,</hi>]<hi
                rend="i"> manu / pineam qua te taedam</hi>»: «golpea la tierra con tus pies, agita
              en tu mano la tea de pino» (Catulo 1993: 124).</note>.</l></quote>
        <p>[f. 271 v]</p>
      </div>
      <div>
        <head>113. <quote><l><ref xml:id="ref1119"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.610"
          >mira que del almendro más lozano</ref></l>
              <l>parca es interïor breve gusano<note place="bottom">
                  OC264C.610-611</note></l></quote></head>
        <p>Alegoría con que significa cómo un pequeño achaque o indisposición puede acabar la edad
          más florida y robusta, porque dice <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 17,
          c. 23<note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis historiae</title>, lib. XVII, c.
            37.</note>, que los árboles tienen sus enfermedades, entre las cuales es engendrar un
          pequeño gusano que roe y consume el árbol más fuerte. Especialmente el poeta atribuye esto
          al almendro, el cual parece símbolo de la instabilidad de la hermosura porque pierde con
          cualquier soplo de viento la pompa de sus flores y fruto, como muestra el mismo <persName
            type="authority">Plinio</persName>, lib. 16, c. 26<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis historiae</title>, lib. XVI, c. 26.</note>, y la experiencia nos lo
          dice.</p>
      </div>
      <div>
        <head>114. <quote><l><ref xml:id="ref1120"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.614"
          >las claras, aunque etíopes, estrellas</ref><note place="bottom">
                  OC264C.614</note></l></quote></head>
        <p>Entiende a Cefeo rey de Etiopía, a su mujer Casiopeia y a su hija Andrómeda, los cuales
          por varias causas fueron convertidos en signos celestes y constituidos junto al Polo
          Ártico, como lo dice <persName type="authority">Higinio</persName>, lib. 2 <hi rend="i">De
            signis coelestibus</hi><note place="bottom"> Higino, <title>Fabularum Liber</title>
            [...] <title>eiusdem Poeticon Astronomicon</title> [...], 1535, p. 24 (<hi rend="i"
              >Liberti Fabularum</hi>) y p. 74 (<hi rend="i">Poeticon Astronomicon</hi>).
          </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>115. <quote><l><ref xml:id="ref1121"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.617"
          >del carro, perezoso honor del cielo</ref><note place="bottom">
                  OC264C.617</note></l></quote></head>
        <p>Los astrólogos fingieron que las Osas formaban una figura de carro, el cual gobernaba
          Bootes, signo cercano a ellas, y porque todas estas estrellas (por estar junto al Polo)
          parece que se mueven perezosamente, porque en veinticuatro horas acaban una vuelta
          brevísima, y las demás estrellas, en el mismo tiempo, velozmente acaban un largo curso.
          [f. 272 r] Ansí los poetas llamaron al Carro y a Bootes perezosos<note place="bottom"> La
            nota parece estar armada sobre los distintos epítetos con los que se califica a Bootes
            como, por ejemplo, el <hi rend="i">Epitheta</hi> de Textor, donde s.v. <hi rend="i"
              >Bootes</hi>, se encuentran las citas de Juvenal y Claudiano (<hi rend="i">Ioannis
              Ravisii Textoris nivernensis Epitheta</hi> [...], f. 68 v).</note>. <persName
            type="authority">Juvenal</persName>, <hi rend="i">Satura</hi> 5:</p>
        <quote><l><hi rend="i">frigida circumagunt pigri serracca</hi><note type="app" rend="I">
              serracca <hi rend="i">em.</hi>: sarracco <hi rend="i">CS</hi>
            </note><hi rend="i">Bootae</hi><note place="bottom"> Juvenal, <title>Sátiras</title>, V,
              v. 23: «el Carro helado del perezoso boyero completa una órbita» (Juvenal 1996:
              50).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Séneca</persName> in <title>Medea</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">flectitque senex</hi></l>
          <l><hi rend="i">Arctica tardus plaustra Bootes</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi
                rend="i">Medea</hi>, acto II, v. 314-315: (<hi rend="i">Chorus</hi>): «[<hi rend="i"
                >nondum Pleiadas</hi> / <hi rend="i">Hyadas poterant uitare rates, / non Oleniae
                sidera Caprae / non quae sequitur</hi>] <hi rend="i">flectitque senex / Arctica
                tardus plaustra Bootes</hi>» (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma Tragoediae
                latinae</hi>..., t. II, p. 15): «Aún ninguna nave podía sustraerse a las [Pleiadas,
              a las] Híades ni tampoco a los [astros] de la cabra de Oleno ni al carro de la Osa, al
              que sigue y controla el anciano Boyero con pereza» (Séneca 1979: 305) La tradición
              moderna ha fijado “<hi rend="i">pluuias</hi>” por “<hi rend="i">Pleiadas</hi>” y el
              singular “<hi rend="i">poterat uitare ratis</hi>” en vez del plural, “<hi rend="i"
                >lumina</hi>” por “<hi rend="i">sidera</hi>” y “<hi rend="i">nec</hi>” por “<hi
                rend="i">non</hi>”. Seguimos aquí al padre Del Río. </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">tardi flabra Bootae</hi><note place="bottom"> Claudiano, <title>De
                consulatu Stilichonis</title>, lib. I, v. 122-124: «[<hi rend="i">Quotiens sub
                pellibus egit / edonas hiemes et</hi>] <hi rend="i">tardi flabra Bootae / </hi>[<hi
                rend="i">sub diuo Rhipaea tulit</hi>]»: «¡Cuántas veces pasó en tiendas de pieles
              los inviernos de Tracia y sufrió a la intemperie los vientos que de los montes Rifeos
              envía el lento Boyero!» (Claudiano 1993: vol. II, 73).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>116. <quote><l><ref xml:id="ref1122"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.615"
          >y las Osas dos bellas</ref><note place="bottom"> OC264C.615</note><note
                  place="bottom"> Se repite la particularidad observada en las notas 92 y 93. DR
                  anota primero el verso 617 y luego retoma el verso
          615.</note></l></quote></head>
        <p>La Osa Mayor y Menor, estrellas del Polo cuya historia cuentan largamente <persName
            type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2 <title>Metamorfosis</title>
          <note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. II, v. 496-507.</note>;
            <persName type="authority">Higinio</persName>, lib. 2 <hi rend="i">De signis
            coelestibus</hi>, al principio<note place="bottom"> Higino, <title>Fabularum
              Liber</title> [...] <title>eiusdem Poeticon Astronomicon</title> [...], 1535, p. 69-70
              (<hi rend="i">Poeticon Astronomicon</hi>).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>117. <quote><l><ref xml:id="ref1123"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.618"
          >mas ¡ay!, que del rüido</ref><note place="bottom">
              OC264C.618</note></l></quote></head>
        <p>La explicación gramatical de todo este lugar es menester poner por fundamento, para
          entender toda su historia y erudición<note place="bottom"> DR dedica cinco notas al
            fragmento comprendido entre el v. 612 y el v. 625 (notas 114 a 118), y en esta nota
            precisamente propone una explicación que define como gramatical aunque en realidad es
            una glosa que entiende necesaria para comprender la historia y erudición que encierra el
            texto.</note>. Dice que la música de los pescadores era tan suave que convocaba a
          escucharle las estrellas del norte, mas impedido el cántico del ruido que formaban los
          ejes celestiales (porque ansí no le podían oír estas estrellas) quisieron abalanzarse al
          mismo mar cuya bajada estorbó Tetis.</p>
      </div>
      <div>
        <head>118. <quote><l><ref xml:id="ref1124"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.619"
          >de la sonante esfera</ref><note place="bottom">
              OC264C.619</note></l></quote></head>
        <p>Habla según la opinión de algunos que dijeron formaban los cielos un sonido y armonía con
          la variedad de sus movimientos. Entre estos fueron: <persName type="authority"
            >Pitágoras</persName>, <persName type="authority">Platón</persName>, <persName
            type="authority">Cicerón</persName> in <title>Somnium Scipionis</title>, <persName
            type="authority">Filón</persName> in lib<title>. De somnis</title> [f. 272 v] y
            <persName type="authority">San Anselmo</persName>, lib. <title>De imagine mundi</title>.
          Pero <persName type="authority">Aristóteles</persName>, in lib. 2 <title>De caelo et
            mundo</title>, con buenos argumentos prueba lo contrario<note place="bottom"> En esta
            nota, DR resume la teoría pitagórica, adaptada por Platón, sobre la llamada armonía de
            las esferas o armonía cósmica, la cual subraya la disposición armónica de los cuerpos
            celestes en movimientos circulares que producen una música. Cicerón, en su <hi rend="i"
              >Somnium Scipionis</hi>, que se halla en el libro VI del tratado <hi rend="i">De re
              publica</hi>, condensa algunas de estas ideas filosóficas en una visión del cosmos
            como un templo de gran armonía. Dentro de esta línea de pensamiento se encuentra también
            Filón de Alejandría, como ejemplo de un cruce de culturas judía, grecoalejandrina y
            romana. La obra a la que alude DR es <hi rend="i">De somnis</hi>, liber I y liber II, de
            acuerdo con la edición crítica moderna en el volumen III (Berlín, 1898). En cuanto a <hi
              rend="i">De imagine mundi</hi>, se trata de una obra atribuida en la Edad Media a San
            Anselmo, aunque, al menos en la <hi rend="i">Patrología latina</hi> de Migne (tomo
            CLXXII), figura entre las obras de Honorio de Autun (Honorius Augustodunensis u Honorio
            de Regensburg). Por su parte, Aristóteles, en el libro A de su <hi rend="i"
              >Metafísica</hi>, expone y critica las teorías de los llamados pitagóricos. En cuanto
            a <hi rend="i">De caelo</hi>, Arístoteles desarrolla algunas teorías sobre el concepto
            del universo compuesto por esferas concéntricas. Cabe señalar que todas estas corrientes
            filosóficas cobran gran vigencia en el Renacimiento e influyen en numerosas
            manifestaciones literarias. </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>119. <quote><l><ref xml:id="ref1125"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.623"
          >a las vedadas ondas</ref><note place="bottom">
              OC264C.623</note></l></quote></head>
        <p>Todas las estrellas, como tienen sus ocasos, fingen los poetas se bañan en el mar, lo
          cual niegan de las estrellas del norte, porque estas nunca las perdemos de vista<note
            place="bottom"> Este comentario se asemeja a una glosa de las notas del padre del Río a
            los versos citados de Séneca.</note>. De aquí nació la fábula que después explicaremos,
          y el decir que las ondas y el mar se les vedan. <persName type="authority"
            >Séneca</persName> in <title>Medea</title>, actu 4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et vetitum mare</hi></l>
          <l><hi rend="i">tetigistis Ursae</hi><note place="bottom"> Séneca, <hi rend="i"
              >Medea</hi>, acto IV, v. 758-759 (<hi rend="i">Martini Delrii Syntagma Tragoediae
                latinae</hi>…, t. II, p.30): «y vosotras, Osas, tocasteis el mar que os estaba
              vedado» (Séneca 1979: 328). </note>.</l></quote>
        <p>El mismo, in <title>Oetaeo</title>, actu 4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Ante discedet glacialis ursae</hi></l>
          <l><hi rend="i">sidus et ponto vetito fruetur</hi><note place="bottom"> Séneca,
                <title>Hercules Oetaeus</title>, acto IV, v. 1582-1583 (<hi rend="i">Martini Delrii
                Syntagma Tragoediae latinae</hi>…, t. II, 194): ‘Antes bajará la constelación de la
              osa glacial y gozará del mar que le está vedado’. </note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2 <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">tum primum radiis gelidi caluere Triones</hi></l>
          <l><hi rend="i">et vetito frustra temptarunt aequore tingui</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. II, v. 171-172: «Entonces las heladas
              Osas se calentaron por primera vez con los rayos del sol, e intentaron en vano
              alcanzar la superficie del mar, que les estaba vedada» (Ovidio 2008:
          281).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Valerio Flaco</persName>, lib. 2:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et vetitis qui numquam conditus undis</hi></l>
          <l><hi rend="i">axe nitet serpens</hi><note place="bottom"> Valerio Flaco,
                <title>Argonáutica</title>, lib. II, v. 64-65. «[<hi rend="i">Sed mihi dux</hi>,]
                <hi rend="i">vetitis qui numquam conditus undis / axe nitet serpens</hi> [<hi
                rend="i">septenosque implicat ignes</hi>]»: ‘Éste es mi guía, el dragón que, nunca
              escondido en las ondas vedadas, reluce en el cielo e incluye siete fuegos’. En el
              manuscrito, aparece la conjunción ‘<hi rend="i">et</hi>’ antes de ‘<hi rend="i"
                >vetitis</hi>’ como en los ejemplos de Séneca y Ovidio, en un evidente error de
              copia.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>120. <quote><l><ref xml:id="ref1126"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.624"
          >si Tetis no (desde sus grutas hondas)</ref><note place="bottom">
                  OC264C.624</note></l></quote></head>
        <p>Júpiter tuvo en la ninfa Calisto un hijo; Juno celosa los convirtió a ambos en osas<note
            place="bottom"> Esta es la explicación de la fábula a la que se refiere en la nota
            anterior.</note>. Después, Júpiter los hizo estrellas colocándolos en el Norte, de lo
          cual desdeñosa Juno pidió a la diosa Tetis que les prohibiera nunca se bañasen en el
            mar<note place="bottom"> El uso del verbo ‘prohibir’ acompañado del adverbio ‘nunca’
            confunde el sentido. Es probable que en lugar de ‘prohibiera’ fuese más adecuado decir
            ‘permitiera’. </note>. Así dice en <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2
            <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">gurgite caeruleo septem prohibite Triones</hi></l>
          <p>[f. 273 r]</p>
          <l><hi rend="i">sideraque in caelo</hi><note type="app" rend="I"> caelo <hi rend="i"
                >em.</hi>: caelum <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">stupri mercede
              recepta</hi></l>
          <l><hi rend="i">pellite, ne puro tingatur in aequore paellex</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. II, v. 528-530: «mantened alejados a los
              Siete Triones de vuestro abismo azul, y rechazad a esas estrellas admitidas en el
              cielo como recompensa por un adulterio; que una concubina no se bañe en vuestras aguas
              puras» (Ovidio 2008: 300).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>121. <quote><l><ref xml:id="ref1127"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.635"
          >Generosos afectos de una pía</ref><note place="bottom">
                  OC264C.635</note></l></quote></head>
        <p>El peregrino como amante deseaba favorecer a los pescadores que amaban, y ansí, la
          afinidad o cercanía que les tenía por la parte divina del amor solicitaba su ánimo para
          que rogase al viejo admitiera por yernos a los pescadores.</p>
      </div>
      <div>
        <head>122. <quote><l><ref xml:id="ref1128"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.654"
          >cuya prudente</ref></l>
              <l>disposición especuló estadista<note place="bottom">
                  OC264C.654-655</note></l></quote></head>
        <p>Significa que el amor tiene vista tan perspicaz y consejos tan altos que busca ocasiones
          y circunstancias bien extrañas y singulares para fines amorosos, y así, para exageración,
          dice que con la prudencia alcanza<note type="app" rend="I"> alcanza <hi rend="i">em.</hi>:
            acanca <hi rend="i">CS</hi></note> casos y lances que los más prudentes estadistas, como
          los venecianos, no pueden especular o rastrear<note place="bottom"> En esta nota, al
            explicar la hipérbole, en el razonamiento de DR se destacan las construcciones
            duplicadas: «ocasiones y circunstancias», «extrañas y singulares», «casos y lances»,
            etc. La nota se encuentra en un contexto de invocación al amor («político
            rapaz»).</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>123. <quote><l><ref xml:id="ref1129"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.662"
          >Por escultores quizá vanos</ref><note place="bottom">
                OC264C.662</note></l></quote></head>
        <p>Admira el poeta porqué razón, no favoreciendo el amor al peregrino (que es príncipe y
          deja en su patria alcázares, como abajo dice), patrocina ahora a unos pobres pescadores, y
          ansí, preguntando la causa de esta, elegantemente la reduce a que los pescadores, con el
          movimiento de los remos, esculpen en las aguas tantos retratos de Venus como son las
          espumas que concitan, porque (según los poetas) esta diosa, madre del Amor, nació de la
          espuma marina<note place="bottom"> DR se refiere a la admiración que expresa la voz
            poética sobre la diversa fortuna con que opera el dios Amor.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>124. <quote><l><ref xml:id="ref1130"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.677"
          >Las Horas ya, de números vestidas</ref><note place="bottom">
                  OC264C.677</note></l></quote></head>
        <p>[f. 273 v] Porque las Horas tienen por oficio aderezar el carro del Sol. <persName
            type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2 <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">iungere equos Titan velocibus imperat Horis;</hi></l>
          <l><hi rend="i">iussa deae celeres peragunt</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i"
                >Metamorfosis</hi>, lib. II, v. 118-119: «[el Titán] ordena a las Horas veloces
              uncir los caballos. Las diosas cumplen la orden con celeridad» (Ovidio 2008:
              279).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>125. <quote><l><ref xml:id="ref1131"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.680"
          >de crisólitos lucientes</ref></l>
              <l>coyundas impedidas<note place="bottom">
              OC264C.680-681</note></l></quote></head>
        <p>El mismo <persName type="authority">Ovidio</persName> hablando del carro del Sol:</p>
        <quote><l><hi rend="i">aurea summae</hi></l>
          <l><hi rend="i">curuatura rotae, radiorum argenteus ordo;</hi></l>
          <l><hi rend="i">per iuga chrysolithi positaeque ex ordine gemmae</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <title>Metamorfosis</title>, lib. II, v. 107-110: «[<hi rend="i">Aureus axis
                erat, temo aureus</hi>,] <hi rend="i">aurea summae / curuatura rotae, radiorum
                argenteus ordo; / per iuga chrysolithi positaeque ex ordine gemmae</hi> / [<hi
                rend="i">clara repercusso reddebant lumina Phoebo</hi>]»: «El eje era de oro, de oro
              el timón, áureas las llantas de las ruedas, de plata la hilera de radios; los topacios
              y piedras preciosas dispuestas en hilera en el yugo devolvían a Febo el reflejo de su
              intensa luz» (Ovidio 2008: 278).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>126. <quote><l><ref xml:id="ref1132"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.691"
          >en la cumbre modesta</ref><note place="bottom">
              OC264C.691</note></l></quote></head>
        <p>Siempre me pareció esta metáfora muy bizarra aunque no la he visto usada de otros poetas;
          pero si decimos monte soberbio o cumbre soberbia a la que está levantada, ¿por qué no
          podremos decir cumbre modesta a la que es humilde y pequeña? <persName type="authority"
            >Paulo Jovio</persName>, historiador magnífico y elegante, lib. 27, hablando de la
          fisonomía de Carlos Quinto: <quote><hi rend="i">Nasus</hi><note type="app" rend="I"> Nasus
                <hi rend="i">em.</hi>: Nassus <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">a medio
              clementer assurgebat</hi></quote><note place="bottom">
            <title>Pauli Iovii Nouocomensis Episcopi Nucerini Historiarum sui temporis</title><hi
              rend="i"> Tomus Secundus</hi> (Florentiae: In officina Laurentii Torrentini ducalis
            Typographi, 1552). La referencia al texto corresponde al siguiente fragmento: «<hi
              rend="i">Nasus a medio clementer assurgebat, quod magnitudinis animi signum in
              Persarum etiam regibus ab antiquis fuit observatum</hi>» (lib. XXVII, p. 84): ‘Su
            nariz se erguía clemente en medio del rostro, lo que fue descrito como signo de
            magnanimidad entre los Persas desde los reyes antiguos’.</note>, <hi rend="i">id est
            modice</hi>, 'no con demasía'<note place="bottom"> Observese que DR emplea la expresión
              <hi rend="i">id est modice</hi>, es decir 'moderadamente', a la que traduce en su nota
            'no con demasía'.</note>; pues, siendo historiador, habló quizá con mayor atrevimiento y
          novedad que nuestro poeta<note place="bottom"> En esta nota, insiste DR en la defensa de
            lo que considera una bizarra metáfora, mediante una concesiva que certifica la
            originalidad de Góngora frente al uso de un epíteto aplicado a un sustantivo, que por su
            naturaleza no humana resulta incompatible en relación con los referentes denotados. Se
            trataría de un tipo de metáfora de las que Lía Schwartz (1983) denomina «relación de dos
            lexemas no solidarios». Es interesante, además, que la autoridad con la que trata de
            fundamentar la audacia de la comparación es un historiador «magnífico y elegante» y no
            un poeta.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>127. <quote><l><ref xml:id="ref1133"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.695"
          >antiguo descubrieron blanco muro</ref><note place="bottom">
                  OC264C.695</note></l></quote></head>
        <p>Comienza el poeta a descubrir una casa de campo, donde estaba un príncipe para su
          recreación y para el uso de la caza y cetrería.</p>
      </div>
      <div>
        <head>128. <quote><l><ref xml:id="ref1134"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.722"
          >cuyo número indigna la ribera</ref><note place="bottom">
                  OC264C.722</note></l></quote></head>
        <p>[f. 274 r] Se enoja la ribera de que la pisen tanto. Al mismo modo <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 8 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et pontem indignatus Araxes</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi
                rend="i">Eneida</hi>, lib. VIII, v. 728: «<hi rend="i">indomitique Daae, </hi>[<hi
                rend="i">et pontem indignatus Araxes</hi>]»: «y los indómitos dahas y el Araxes,
              irritado por el puente» (Virgilio 2011: vol. III, 119).</note>.</l></quote>
        <p>E imitándole <persName type="authority">Valerio Flaco</persName>, 1
            <title>Argonautica</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">oceanus Phrygios prius indignatus Iulos</hi><note place="bottom"
              >Valerio Flaco, <title>Argonáutica</title>, lib. I, v. 9: ‘el océano que antes se
              había indignado con los Julios frigios’. Se suele interpretar <hi rend="i">Iulos</hi>
              como error por <hi rend="i">Iulios</hi> y se supone que lo que dice el poeta, en esta
              dedicatoria a Vespasiano, es que el océano acogió gustoso la nave del emperador cuando
              antes, en parecidas circunstancias, se había indignado con Julio César, al que
              califica de frigio como descendiente del troyano Eneas. Hay un curioso texto de
              Quevedo que sostiene que hay que leer <hi rend="i">iulos</hi> que significaría
              “naves”, por helenismo: una palabra que él conoce a través de la <hi rend="i"
                >Alexandra</hi> de Licofrón. Esta intervención filológica de Quevedo en un texto de
              Valerio Flaco ha sido defendida en un artículo de Francisca Moya del Baño (Moya del
              Baño: 2007).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Lucano</persName>, lib. 10, también dijo del Nilo:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ac nusquam vetitis ullas obsistere cautes</hi></l>
          <l><hi rend="i">indignaris aquis</hi><note place="bottom"> Lucano,
              <title>Farsalia</title>, lib. X, v. 317-320: «y te indignas de que unos riscos
              obstaculicen el paso de tus aguas que en ninguna otra parte hallaron estorbos» (Lucano
              1984: 315).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>129. <quote><l><ref xml:id="ref1135"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.724"
          >el veloz hijo ardiente</ref></l>
              <l>del céfiro lascivo<note place="bottom">
              OC264C.724-725</note></l></quote></head>
        <p>Fingieron los poetas, para significar la velocidad de algunos caballos, que sus madres
          por el verano, encendidas de amor, abriendo las bocas recibían el viento Céfiro, y ansí,
          parían caballos velocísimos<note place="bottom"> A partir de esta nota y hasta la nota
            132, DR comenta los versos 723-731, en los que Góngora desarrolla la fábula de los
            caballos veloces, engendrados por el viento. Es un pasaje dificultoso por la sintaxis y
            la condensación de la expresión poética. En primer lugar, se refiere a los distintos
            autores que tratan el tema. Se destaca la mención de escritores contemporáneos y
            relacionados con Góngora como Francisco Fernández de Córdoba y Tomás Tamayo de Vargas.
          </note>. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 3
          <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Continuoque auidis ubi subdita flamma medullis</hi></l>
          <l><hi rend="i">(vere magis, quia vere calor redit ossibus) illae</hi></l>
          <l><hi rend="i">ore omnes versae in Zephyrum, stant rupibus altis</hi></l>
          <l><hi rend="i">exceptantque leues auras et saepe sine ullis</hi></l>
          <l><hi rend="i">coniugiis</hi><note type="app" rend="I"> coniugiis <hi rend="i">em.</hi>:
              coniungiis <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">vento grauidae (mirabile
              dictu)</hi> etc<note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. III,
              v. 271-275: «al punto que la llama penetró en sus ávidas médulas, sobre todo en
              primavera, porque en la primavera vuelve a los huesos el calor, vueltas todas ellas de
              cara al Céfiro, se están sobre las altas rocas y reciben dentro de sí los suaves
              vientos y, frecuentemente, sin ayuntamiento alguno, fecundadas por el viento, lo que
              parece increíble» (Virgilio 1990: 338).</note>.</l></quote>
        <p>Este quizá aludió a <persName type="authority">Homero</persName>, <title>Iliade</title>
          veinte:</p>
        <quote><l><hi rend="i">tria millia pingues</hi></l>
          <l><hi rend="i">pascebantur equae latis in vallibus illi</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">omnes foetiferae, pullis comitantibus omnes</hi></l>
          <l><hi rend="i">conspicuae, quas cum Boreas violentus amaret</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">in nigrum conuersus equum, seruiuit amori</hi></l>
          <l><hi rend="i">indulgens, ex quo grauidae peperere</hi> etc<note place="bottom"> ‘Tres
              mil lozanas yeguas pacían en sus anchos valles, todas preñadas, todas señaladas por
              los potros que las acompañan; cuando las amó el violento Bóreas, convertido en un
              caballo negro, las sirvió cediendo al amor, y de él grávidas parieron’. La cita de
              Homero en latín la ha tomado DR de la <hi rend="i">Didascalia Multiplex</hi> de
              Francisco Fernández de Córdoba (Lugduni: Sumptibus Horatii Cardon, 1615, p. 381), de
              donde la cotejamos. Pedro Conde nos indica que esta traducción es la del humanista
              alemán Eobanus Hessus (<hi rend="i">Poetarum omnium seculorum longe principis Homeri
                Ilias</hi> [...] <hi rend="i">Helio Eobano Hesso interprete</hi> [...]. Basileae: in
              Officina Roberti Winter, 1540, p. 506-507). </note>.</l></quote>
        <p>[f. 274 v] Y de esta fábula <persName type="authority">Varrón</persName>, lib. 2
            <title>De re rustica</title><note place="bottom"> La referencia a Varrón está sacada de
            la nota del padre La Cerda a los versos 271-275 de las <hi rend="i">Geórgicas</hi> de
            Virgilio. El texto aludido es el siguiente: «<hi rend="i">In fetura res
              incredibilis est in Hispania, sed est vera, quod in Lusitania ad Oceanum in ea
              regione, ubi est oppidum Olyssipo monte Tagro, quaedam e vento concipiunt certo
              tempore equae</hi>» (comprobada en <hi rend="i">Scriptores Rei Rusticae veteres latini
              Cato, Varro, Columella, Palladius</hi> [...] <hi rend="i">Tomus Primus</hi>, Lipsiae,
            Sumtibus Caspari Fritsch, 1773, p. 263): 'En cuanto a la reproducción, sucede en España
            una cosa increíble, pero cierta: en Lusitania, cerca del Océano, en aquella comarca en
            que se alza la ciudadela de Olisipo en el monte Tagro, el viento embaraza a ciertas
            yeguas en un momento dado del año'.</note>, y otros muchos que la siguen fingieron
          historia diciendo que en Portugal las yeguas concebían del Céfiro, porque los caballos de
          Portugal son los más veloces de España, como afirman algunos a quien reprehende nuestro
          don <persName type="polemist" key="Fernández de Córdoba, Francisco">Francisco de
            Córdoba</persName>, <hi rend="i">Didascaliae 28</hi>: <quote><hi rend="i">in hoc tamen
              cum caeteris omnibus lapsus, quod Lusitanos aut Calleicos equos pernicissimos esse
              Hispanorum omnium crediderit, cum tamen certo certius sit Boeticos, Cordubenses
              praecipue (dicto absit inuidia), reliquos omnes et pedum velocitate</hi><note
              type="app" rend="I"> et pedum velocitate <hi rend="i">em.</hi>:
              velocitate pedum <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">et corporis
              pulchritudine longe anteire</hi><note place="bottom">Francisco Fernández de Córdoba,
                <title>Didascalia Multiplex</title>, ed. cit., p. 384.: ‘sin embargo cayó en el
              error común a muchos de creer que los caballos lusitanos o gallegos son los mejores de
              todos los caballos españoles, cuando lo cierto y averiguado es que los andaluces, y
              especialmente los de Córdoba (dicho con perdón de la envidia), los superan con mucho
              por la velocidad de sus pies y la belleza de su estampa’. Se trata en realidad del
              capítulo 48 y no 28, como se lee en el manuscrito.</note></quote>. Véase nuestro amigo
          y doctísimo varón don <persName type="polemist" key="Tamayo de Vargas, Tomás">Tomás Tamayo
            de Vargas</persName>, en las <title>Defensas a Mariana</title>, pág. 30.<note
            place="bottom"><hi rend="i">Historia General de España del P. D. Juan de Mariana
              defendida por el Doctor Tomás Tamayo de Vargas</hi>, (Toledo, por Diego Rodríguez,
            1616). En esta edición, la referencia aparece en la página 31.</note></p>
        <p>Ansí, con mucha razón atribuyó nuestro poeta esta fábula a las yeguas del Guadalquivir o
          Guadalete, ríos del Andalucía, diciendo abajo:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1136"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.727"
          >vistiendo miembros Guadalete</ref><note place="bottom">
          OC264C.727</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>130. <quote><l><ref xml:id="ref1137"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.726"
          >cuya fecunda madre al genitivo</ref></l>
              <l>soplo<note place="bottom">
          OC264C.726-727</note></l></quote></head>
        <p>La construccíon y explicación de este lugar tiene dificultad, y ansí, es menester
            suponerla<note place="bottom"> Robert Jammes (1994) destaca la acepción cultista (del
            latín, ‘<hi rend="i">supponere</hi>’) del verbo ‘suponer’ en el sentido de ‘sustituir
            por’. Por su parte, Pedro Conde propone una interpretación más sencilla, ya que <hi
              rend="i">supponere</hi> ('poner debajo') significa sencillamente 'ponerla
            inmediatamente después, aquí debajo, a renglón seguido'.</note>. Dice pues: la madre
          fecunda vistiendo primero de miembros al soplo del aire que concibió (si el poeta imagina
          como alma del caballo); después, el río Guadalete dio en sus riberas alimento a este
          viento hecho jinete, o al viento en forma de jinete, que esto significa aquella
            aposición<note place="bottom"> DR llama ‘aposición’ a una construcción habitual en el
            lenguaje conceptista compuesta por dos sustantivos continuados y sin conjunción en los
            que uno cumple la función de adjetivo.</note>: al viento jinete<note place="bottom">
            Aquí DR reconoce la dificultad de comprensión de estos versos, en los cuales el sujeto
            «fecunda madre» carece de un predicado verbal. A través de una glosa, intenta aclarar su
            compleja sintaxis. Los editores modernos desarrollan en sus notas una perspectiva
            similar a la explicación poco clara de DR, que Robert Jammes (1994: 526) transcribe para
            fundamentar su comentario. </note>.</p>
        <p>[f. 275 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>131. <quote><l><ref xml:id="ref1138"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.726"
          >al genitivo</ref><note place="bottom">
            OC264C.726</note></l></quote></head>
        <p>Al mismo propósito <persName type="authority">Silio Itálico</persName>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">grex prostat equarum</hi></l>
          <l><hi rend="i">et venerem ocultam genitali concipit aura</hi><note place="bottom">Cayo
              Silio Itálico, <title>Punicorum</title>, Lib. III, v. 380-381: «[<hi rend="i"
                >Concubitus seruans tacito,</hi>] <hi rend="i">grex prostat equarum / et venerem
                ocultam genitali concipit aura</hi>»: 'la manada de yeguas se expone a los ojos
              practicando en silencio el apareamiento y recibe un semen oculto, llevado por una
              brisa fecunda'. Sin embargo, también parece DR estar siguiendo el texto de Tamayo de
              Vargas en sus <hi rend="i">Defensas al padre Mariana</hi>.</note>.</l></quote>
        <p>Este epíteto<note type="app" rend="I"> epíteto <hi rend="i">em.</hi>: epicteto <hi
              rend="i">CS</hi>
          </note> atribuye también Lucrecio, lib. 1, al viento Céfiro o Favonio:</p>
        <quote><l><hi rend="i">est reserata viget genitalis aura Fauoni</hi><note place="bottom"
              >Lucrecio, <title>De rerum natura</title>, lib. I, v. 11: ‘y que liberado revive el
              vigor fecundante de Favonio’. </note>.</l></quote>
        <p>Y aun le llamaron padre de todas las plantas y vivientes. Plinio, elegantemente, lib. 16,
          c. 25: <quote><hi rend="i">Ordo autem naturae annuus ita se habet: primus est conceptus
              flare incipiente uento Fauonio circiter fere idus Februarii</hi><note type="app"
              rend="I"> Mantenemos la transcripción del copista que ofrece variantes en relación con
              el texto de Plinio de las ediciones modernas: <hi rend="i">ex a.d. fere
                VI idus Febr.</hi> ('a partir del VI de los <hi rend="i">Idus</hi> de
              febrero'). Por su parte, Pedro Conde señala que en ediciones de la época se lee <hi
                rend="i">circiter fere sextum idus</hi>.</note><hi rend="i">;hoc enim
              maritantur uiuescentiae terra, quo etiam equae in Hispania, ut diximus. Hic est
              genitalis spiritus mundi, a fouendo dictus, ut quidam existimauere. Flat ab occasu
              aequinoctiali uer inchoans.Catulicionem rusticiuocant, gestiente natura semina
              accipere eaque animam inferente omnibus satis</hi>, etc<note place="bottom">Plinio,
                <title>Naturalis Historiae</title>, lib. XVI, cap. 25: «Por otra parte, el orden
              anual de la naturaleza es así: en primer lugar está la fecundación, cuando comienza a
              soplar el viento <hi rend="i">Favonio</hi>, aproximadamente desde el día sexto antes
              de las idus de febrero. Por este viento se acoplan los seres que comienzan a vivir
              fuera de la tierra, como también las yeguas en Hispania, según hemos dicho. Éste es el
              hálito generador del mundo, llamado así por <hi rend="i">fovere</hi>, como han pensado
              algunos. Sopla del occidente equinoccial, dando inicio a la primavera. Los campesinos
              lo llaman tiempo de la fecundación, porque la naturaleza arde en deseos de recibir
              semillas y da vida a todas las plantas» (Plinio el Viejo 2010:
            397-398).</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>132. <quote><l><ref xml:id="ref1139"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.728"
          >florida ambrosia</ref><note place="bottom">
            OC264C.728</note></l></quote></head>
        <p>Significa el dulce pasto que dan las riberas de este río a los caballos, aludiendo a lo
          que dice <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 2 <title>Metamorfosis</title>,
          que los caballos del sol comían ambrosía:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ambrosiae suco saturos praesepibus altis</hi></l>
          <l><hi rend="i">quadrupedes ducunt</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i"
                >Metamorfosis</hi>, lib. II, v. 119-121: «[<hi rend="i">Iussa deae celeres peragunt
                ignemque uomentis</hi>,] / <hi rend="i">ambrosiae suco saturos praesepibus altis /
                quadripedes ducunt</hi> [<hi rend="i">adduntque sonantia frena</hi>]»: «Las diosas
              cumplen la orden con celeridad y traen de los establos del cielo a los caballos que
              vomitan fuego, saciados con zumo de ambrosía, y les ponen las bridas que resuenan»
              (Ovidio 2008: 279).</note>.</l></quote>
        <p>Llámale florida ambrosia porque el pasto era de hierbas y flores, y en las riberas del
          ameno río Guadalete, las cuales son tan deleitosas y feraces que fingieron los antiguos
          que eran los campos Elísios. Después de otros, prueba ingeniosamente nuestro tío y
          maestro, el <persName type="authority">Padre Martín de Roa</persName> [f. 275 v] en las
            <title>Antigüedades de Jerez</title>, cap. 16<note place="bottom"> Martín de Roa, <hi
              rend="i">Discurso del nombre, antigüedad y sitio de Jerez de la Frontera</hi>,
            (Sevilla, Alonso Rodríguez Gamarra, 1617), cap. 16: «Del río Guadalete, cuantos haya en
            España de este nombre, su origen y calidades».</note>. Aquí<note type="app" rend="I">
            aquí <hi rend="i">em.</hi>: aquí en <hi rend="i">CS</hi></note> añade lo que dice el
          padre Cerda en alabanza de nuestra Andalucía<note place="bottom"> Una vez más, DR acude a
            la erudición de sus amigos y parientes que le permiten exaltar su patria chica, con una
            particular exhortación al lector para que añada lo que dice el padre La Cerda, en
            alabanza de Andalucía.</note>, sobre el lib. 6 de la <title>Eneida</title>, verso 639:
              <quote><hi rend="i">Non defuerunt qui signent Bethicam partem Hispaniae</hi></quote>
          [*] <quote><hi rend="i">campos Elyseos</hi><note place="bottom"> En el manuscrito, se
              intercala dentro del texto citado de La Cerda una abreviatura indescifrable seguida
              del sintagma “campos Elyseos”, probable error ya que no figura en la fuente
              mencionada.</note><hi rend="i">. Possunt iure. Quae enim pars terrarum certare cum ea
              potest pulchritudine camporum, ubertate agrorum, vernantium semper fertilitate
              nemorum, aquarum abundantia, omnigena luxuriantis naturae varietate</hi>?<note
              place="bottom"> Se trata de la nota del Padre La Cerda al v. 639 del lib. VI de la <hi
                rend="i">Eneida</hi>: «<hi rend="i">Fortunatorum nemorum, sedesque beatas</hi>» (<hi
                rend="i">Priores Sex Libri Aeneidos</hi>..., p. 716): 'No faltaron quienes llamaron
              Campos Elíseos a la Bética, parte de Hispania. Lo hacen a buen derecho. En efecto,
              ¿qué parte de la tierra puede competir con ella en la belleza de las llanuras, la
              fertilidad de los campos y de los bosques siempre florecidos, la abundancia de las
              aguas, la variedad multiforme de una naturaleza ubérrima?'.</note></quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>133. <quote><l><ref xml:id="ref1140"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.745"
          >el neblí</ref><note place="bottom">
          OC264C.745</note></l></quote></head>
        <p>En este discurso de la cetrería se sobrepuja<note type="app" rend="I">sobrepuja <hi
              rend="i">em.</hi>: sobrepuga <hi rend="i">CS</hi></note> nuestro poeta a sí mesmo,
          ansí por ser sobre manera elegante como por ser argumento que hasta hoy ningún poeta de
          ninguna lengua ha tocado<note place="bottom"> Interesante valoración de la <hi rend="i"
              >inventio</hi> gongorina por medio de una hipérbole («ningún poeta de ninguna lengua
            ha tocado»), que introduce el extenso pasaje dedicado a las aves de cetrería. Se destaca
            el hecho de que, del diccionario bilingüe de Nebrija, transcriba el texto en
            latín.</note>. Comienza, pues, a describir los pájaros que sacaron para cazar, y aunque
          entre los antiguos no se conocieron bien las diferencias y calidades de estas aves, los
          modernos con diligencia y cuidado han investigado muchas especies suyas, poniéndoles
          varios nombres, como notó bien nuestro <persName type="authority">Antonio de
            Lebrija</persName>, in prologo ad <title>Dictionarium</title><note type="app" rend="I">
            Dictionarium <hi rend="i">em.</hi>: Diccionarium <hi
              rend="i">CS</hi></note>: <quote><hi rend="i">Accipitres eos, qui sic proprie</hi><note
              type="app" rend="I"> proprie <hi rend="i">em.</hi>: propie <hi
                rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">appellantur et quibus tempestati
              nostri aucupes utuntur, in duo genera distinxit Aristoteles, autor omnium
              diligentissimus, atque humipetas et sublimipetas appellat, nos açores et halcones
              dicimus. Sed quod illis temporibus ars haec accipitraria nondum erat inuenta, neque
              accipitrum usus adeo</hi><note type="app" rend="I"> adeo <hi rend="i"
                >em.</hi>: adhui <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">frequens,
              satis habuerunt illos ex ratione volatus in duo genera partiri. Nostri vero, quibus
              haec ars est in maximo honore, complures in utroque genere differentias fecerunt
              gavilanes, azores, girifaltes</hi><note type="app" rend="I"> girifaltes <hi
                rend="i">em.</hi>: girofaltes <hi rend="i"
              >CS</hi></note>, <quote><hi rend="i">neblíes, sacres, alfaneques, baharíes, tagarotes,
                tum plumarum ratione, tum</hi></quote> [f. 276 r] <quote><hi rend="i">nascendi
                ordine, tum patriae, praedae, victus morumque varietate
              distinguentes</hi></quote><note place="bottom"> Nebrija, <hi rend="i"
                >Dictionarium Aelii Antonii Nebrissensis, Grammatici, Chronographi Regii</hi>, [...]
              (Apud inclytam Granatam, s.n. 1552), <hi rend="i">Praefatio</hi>, f. 2 v – 3 r. Como
              la lectura resulta muy difícil y no es sencillo reproducir las abreviaturas, hemos
              optado por desarrollar algunas de ellas para facilitar la lectura del texto. 'Entre
              esas aves de presa, que se llaman propiamente así, y que los cazadores de aves
              utilizan en nuestros tiempos, Aristóteles, el más exacto de todos los autores,
              distingue dos especies, y llama "las que vuelan a ras del suelo" y "las que vuelan por
              el cielo" lo que llamamos nosotros azores y halcones. La razón de ello es que en
              aquellos tiempos esta arte de cetrería no había sido inventada todavía, y el uso de
              las aves de presa no era conocido; les bastaba distribuirlas en dos especies según su
              vuelo. En cuanto a nosotros, entre quienes esta arte goza de gran consideración,
              introducimos múltiples diferencias para cada una de estas dos especies: gavilanes,
              azores, gerifaltes, neblíes, sacres, alfaneques, baharíes, tagarotes, distinguiéndolas
              bien por las plumas, bien por la estación del nacimiento, bien por la variedad de sus
              países de origen, sus presas, su alimentación y sus costumbres’.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>134. <quote><l><ref xml:id="ref1141"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.745"
          >que, relámpago su pluma,</ref></l>
              <l>rayo su garra<note place="bottom">
            OC264C.745-746</note></l></quote></head>
        <p>De la misma manera el <persName type="authority">Marino</persName>, hablando de un perro
          en las <hi rend="i">Boscarechas</hi>, soneto <hi rend="i">Lionzo</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">giace, Lionzo il</hi><note type="app" rend="I"> il <hi rend="i"
                >em.</hi>: el <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">can, che spesso ha
            vinto</hi></l>
          <l><hi rend="i">col piedi</hi><note type="app" rend="I"> piedi <hi rend="i">em.</hi>:
              piede <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">i lampi, i fulmini col morso</hi><note
              place="bottom">Marino, <title>Rime</title><hi rend="i">..., Parte Prima, Rime
                Boscherecce</hi>, Soneto <hi rend="i">Lionzo quì, cui pari al dente,
                al corso</hi> [<hi rend="i">In morte d’un Cane</hi>], 1º cuarteto, v.
              3-4, p. 99.</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 8 <title>Metamorfosis</title>, dijo de
          un jabalí:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fulmen ab ore venit</hi><note place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i"
                >Metamorfosis</hi>, lib. VIII, v. 289: «un rayo sale de su boca» (Ovidio 2012: 98).
            </note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Marcial</persName>, lib. 10, 70:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fulmineo spumantis apri sum dente petita</hi><note place="bottom">
              Marcial, <title>Epigramas</title>: En las ediciones modernas de Marcial, el verso
              pertenece al libro XI, epigrama 69, v. 9, con la variante de que en lugar de «<hi
                rend="i">dente petita</hi>» dice «<hi rend="i">dente perempta</hi>». Este verso de
              Marcial es el que, en la nota 104, se reproduce como parte de un verso de Virgilio:
                «[<hi rend="i">Ac prior “Heus, inquit, juvenes, monstrate, mearum vidistis si quam
                hic errantem forte sororum succinctam pharetra et maculosae tegmine lyncis</hi>],
                <hi rend="i">aut spumantis apri cursum clamore prementem</hi>»: ‘Dijo primero «Ay,
              jóvenes, decidme si acaso habéis visto a alguna de mis hermanas aquí vagando, ceñida
              de un carcaj y de una piel moteada de lince, o acosando con clamores la carrera del
              jabalí espumeante»’. </note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>135. <quote><l><ref xml:id="ref1142"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.759"
          >del Pirineo la ceniza verde</ref><note place="bottom">
                OC264C.759</note></l></quote></head>
        <p>Alude a la denominación de estos montes que, según autores, se dicen de los incendios con
          que fueron abrasados, como dijimos en el <title>Polifemo</title><note place="bottom">Se
            trata de la nota 12 al verso 62: «que (adusto hijo de este Pirineo)».</note>. Otros
          afirman tienen su etimología de la ninfa Pirene, amada de Hércules, a quien refuta
            <persName type="authority">Plinio</persName>, lib. 3, c. 1<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis historiae</title>, lib. III, caps. 1 y 3. En ambos capítulos, Plinio
            ofrece referencias a aspectos geográficos de España y menciona a los Pirineos, pero no
            encontramos la refutación a la que alude DR.</note>. Pero es cierto que no hay cenizas
          en estos montes, sino en partes se ven pelados y en parte verdes y fecundos de árboles,
          según <persName type="authority">Estrabón</persName>, lib. 3<note place="bottom">Estrabón,
              <title>Geografía</title>, lib. III, c. 1. Estrabón (64 a.C.-ca. 24 d.C.), geógrafo
            griego. Realizó viajes por Egipto, Etiopía y parte de Arabia. Escribió <hi rend="i"
              >Historias</hi> (47 libros), que se han perdido, pero se conserva su <hi rend="i"
              >Geografía</hi>
          </note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>136. <quote><l><ref xml:id="ref1143"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.760"
          >o la alta basa que el oceano muerde</ref></l>
              <l>de la egipcia coluna<note place="bottom"> OC264C.760-761</note><note
                  place="bottom"> En el manuscrito se lee ‘columna’.</note></l></quote></head>
        <p>El monte Calpe o las columnas de Hércules erigidas en Cádiz, llamadas egipcias porque las
          levantó Hércules el egipcio, no el griego, a quien la fama común las atribuye. <persName
            type="authority">Filóstrato</persName>, lib. 5, c. 6: <hi rend="i">Eorum capita litteris
            inscripta sunt non Aegyptiis</hi><note type="app" rend="I"> Aegyptiis <hi rend="i"
              >em.</hi>: Egipcius <hi rend="i">CS</hi></note>
          <hi rend="i">neque Indicis, neque ab aliquo penitus cognitis. Apollonius</hi> [f. 276
            v]<hi rend="i"> autem </hi>(<hi rend="i">cum de hac</hi><note type="app" rend="I"> hac
              <hi rend="i">em.</hi>: ha <hi rend="i">CS</hi></note>
          <hi rend="i">re sacerdotes nihil dicerent</hi>) <hi rend="i">non permittit me -ait-
            Aegyptius</hi><note type="app" rend="I"> Aegyptius <hi rend="i">em.</hi>: Egipcius <hi
              rend="i">CS</hi>
          </note>
          <hi rend="i">Hercules tacere quae sciam: hae columnae terrarum oceanique vinculum
            sunt</hi><note place="bottom"> La fuente que utilizó DR para esta anotación fue, como él
            mismo confiesa, el libro de Juan Bautista Suárez de Salazar, <hi rend="i">Grandezas y
              antigüedades de la isla y ciudad de Cádiz</hi>, (Cádiz: impresso por Clemente Hidalgo,
            1610), p. 17: 'Sus capiteles llevan inscripciones en letras que no son ni egipcias ni
            indias, ni de otras escrituras que conozcamos a fondo. En cuanto a Apolonio (mientras
            que los sacerdotes nada decían sobre esos misterios) dice lo siguiente: el Hércules
            egipcio no me permite callar cuanto sé. Aquellas columnas son el vínculo de las tierras
            y el océano'. El texto de Filostrato (<hi rend="i">Vida de Apolonio</hi>) se encuentra
            en la <hi rend="i">Biblioteca</hi> de Focio, patriarca de Constantinopla (<hi rend="i"
              >Apollonii Tyanei Vita</hi> en <hi rend="i">Photii Biblioteca</hi> [...] <hi rend="i"
              >Andreae Schotti Antuerpiani</hi> [...], <hi rend="i">s.l.</hi>: Augustae
            Vindelicorum, 1606, p. 359).</note>.</p>
        <p>Véanse también <persName type="authority">Pomponio Mela</persName><note place="bottom">
            Pomponio Mela (s. I d.C.) fue un geógrafo latino de origen hispánico. Probablemente,
            haya escrito bajo el principado de Claudio, entre el 43 y el 44, los tres volúmenes que
            constituyen su <hi rend="i">Corografía</hi> (conocida también como <title>De Situ
              Orbis</title>).</note>, lib. 3, c. 6, y <persName type="authority"
            >Arnobio</persName><note place="bottom"> Arnobio de Sicca (s. IV) fue un retórico
            pagano, convertido tardíamente al cristianismo. Escribió <title>Adversus
              nationes</title>, una apología del cristianismo en la que ataca el politeísmo, sobre
            todo, en su antropolatría.</note>, lib. 1 <hi rend="i">ad medio</hi>. Esto mismo refiere
            <persName type="authority">Juan Bautista Suárez</persName> en las <title>Antigüedades de
            Cádiz</title>, lib. 1, c. 3<note place="bottom"> Las referencias a Pomponio Mela y a
            Arnobio pertenecen a la misma obra de Juan Bautista Suárez de Salazar. En el caso de
            Pomponio Mela, la obra a la que se refiere es <hi rend="i">De Situ Orbis</hi>, lib. III,
            cap. VI <hi rend="i">Hispaniae exterioris et septentrionali Oceani insulae</hi>. Suárez
            de Salazar no menciona la obra de Arnobio, pero transcribe la siguiente cita para
            demostrar que Hércules había sido allí sepultado: «<hi rend="i">Thebanus, aut Tyrius
              Hercules; hic in finibus sepultus Hispaniae, flammis alter concrematus Oeteis</hi>»:
            'Hércules el tebano y Hércules de Tiro, éste sepultado en los confines de España, aquél
            quemado por las llamas del Oeta'.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>137. <quote><l><ref xml:id="ref1144"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.768"
          >intempestiva salteó leona</ref><note place="bottom">
                OC264C.768</note></l></quote></head>
        <p>Parece alude el poeta<note place="bottom"> DR, en esta nota, no hace una afirmación
            tajante, tan solo sugiere la posibilidad de que este texto tenga como fuente el
            discurso, verdadero y completo tratado de caza mayor, con que Argote de Molina acompañó
            la publicación del <hi rend="i">Libro de la Montería del rey don Alfonso XI</hi>.</note>
          a la historia que cuenta Argote de Molina en su <title>Discurso de la caza</title>, el
          cual dice estas palabras: <quote><hi rend="i">Al tiempo que el señor don Juan de Austria
              fue a Túnez a dar el reino a Muley, salió de Túnez don García de Toledo, castellano
              (que agora es del castillo de San Telmo de Nápoles) y otros caballeros con moros de a
              caballo a montear; salió a ellos un valentísimo león, y asaltando a un moro de
              acaballo por la espalda, lo hizo pedazos abriendo al caballo y al caballero por las
              espaldas</hi></quote><note place="bottom"> Gonzalo Argote de Molina, <hi rend="i"
              >Discurso sobre el Libro de la Montería que mandó a escribir el muy alto y muy
              poderoso Rey Don Alonso de Castilla y de León</hi> (Sevilla: por Andrea Pescioni,
            1582), Cap. XXX: «De la montería de leones». En la transcripción de esta cita, hay
            ciertas variantes con algunas ediciones de Argote de Molina. Por ejemplo, se lee «San
            Thelmo» por «Sant Elmo», «lo hizo» por «le hizo» y «por las caderas» por «por las
            espaldas», aunque esta última parece una repetición motivada por la proximidad en el
            texto de la misma palabra. Gonzalo Argote de Molina (1548-1596) fue un militar, poeta,
            historiador y genealogista español. Participó en la conquista de Gomera y editó, entre
            otros textos, una compilación de documentos medievales.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>138. <quote><l><ref xml:id="ref1145"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.771"
          >mucho teatro hizo poca arena</ref><note place="bottom">
                  OC264C.771</note></l></quote></head>
        <p>La Africa está llena de arenales, y ansí diciendo arena entiende también con alusión
          teatro, que así<note place="bottom"> En el manuscrito, evidentemente, oscila el uso de
            ‘ansí’ y ‘así’, aun en la misma nota.</note> le llamaban los romanos porque allanaban
          con arena sus plazas para la carrera o representación. <persName type="authority"
            >Marcial</persName>, lib. 14:</p>
        <quote><l><hi rend="i">ne cepit arena nocentes</hi><note place="bottom"> Marcial,
                <title>Epigramas</title>. Se trata del Epigrama IV del <hi rend="i">Liber
                Spectaculorum</hi> (IV <hi rend="i">Ad Caesarem, quod expulerit delatores</hi>, v.
              3) y no del libro XIV como figura en el manuscrito. Probablemente, se trate de otra
              familia de manuscritos de Marcial. El pasaje reza: «[<hi rend="i">Turba grauis paci
                placidaeque inimica quieti, / quae semper miseras sollicitabat opes</hi>, / <hi
                rend="i">traducta est Getulis</hi>] <hi rend="i">nec cepit harena nocentes</hi>»:
              'la turba odiosa, enemiga de la paz y de la plácida quietud, que se afanaba por
              miserables riquezas, fue relegada al país los Gétulos, y a duras penas contenían a los
              culpables sus arenosos desiertos’. Cabe señalar, como señala Mercedes Blanco, que, en
              ese epigrama, Marcial no se refiere a la arena del circo sino a la de los desiertos de
              Getulia, adonde fueron desterrados los delatores por Domiciano.</note>.</l></quote>
        <p>Véase ahí el <persName type="authority">Cardenal Sipontino</persName><note place="bottom">
            <title>Cornucopiae seu latina linguae commentarii locupletissimi</title>, Nicola
            Perotto, Sipontino<hi rend="i"> pontífice autore</hi> [...] (Basileae: apud Valentinum
            Curionem, 1526), en la entrada Arena, col. 457, renglón 46, se refiere al uso de
            anfiteatros para espectáculos de gladiadores. Niccolò Perotto (ca. 1430-1480) fue un
            humanista y arzobispo italiano, autor de una gramática (<hi rend="i">Rudimenta
              grammatices</hi>) y de una serie de comentarios de obras clásicas, entre los que se
            destaca el <hi rend="i">Cornucopiae...</hi> sobre Marcial.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>139. <quote><l><ref xml:id="ref1146"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.778"
          >al insultar los aires</ref><note place="bottom">
              OC264C.778</note></l></quote></head>
        <p>Casi con la misma gala usó <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 1
            <title>Metamorfosis</title>, de este verbo insultar:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fluctibus ignotis insultauere carinae</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. I, v. 133-134: «[<hi rend="i">quaeque diu
                steterant in montibus altis</hi>] / <hi rend="i">fluctibus ignotis insultauere
                carinae</hi>»: «y la madera de las quillas, que había permanecido largo tiempo en lo
              alto de los montes, brincaba sobre mares desconocidos» (Ovidio 2008: 235).
            </note>.</l></quote>
        <p>[f. 277 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>140. <quote><l><ref xml:id="ref1147"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.781"
          >fraude vulgar, no industria generosa,</ref></l>
              <l>del águila les dio, a la mariposa<note place="bottom">
                  OC264C.781-782</note></l></quote></head>
        <p>La persona que hace es fraude vulgar<note place="bottom"> La redacción de la nota no
            resulta comprensible, a menos que se lea “La persona que hace el fraude vulgar”, y se
            entienda por esta a los incas y a los mexicanos, que no cazan con artificio de cetrería
            sino con lazos y redes.</note>, y ansí, es el sentido que los indios con trazas
          vulgares, no con industria generosa, cazaban desde la águila hasta la mariposa, y es como
          si dijera todo género de aves, hispanismo<note place="bottom">
            <hi rend="i">Aut.</hi>: Modo de hablar particular y privativo de la Lengua
            Española.</note> del cual hay señal clara aun en las <title>Sagradas Letras, 3
            Regnum</title>, c. 4: <quote><hi rend="i">A cedro usque ad hyssopum</hi></quote>, con
          que significa todo género de plantas<note place="bottom">
            <hi rend="i">Sagradas Letras</hi>, 3 <hi rend="i">Regnum</hi>, c. 4, 33. En el
            manuscrito se omite parte del texto. Transcribimos el versículo completo: «<hi rend="i"
              >Et dispustauit super lignis a cedro quae est in Libano, usque ad hyssopum quae
              egreditur de pariete: et disseruit de iumentis, et volucris, et reptilibus, et
              piscibus</hi>»: 'Habló de leña de todo tipo, desde el cedro que está en Líbano hasta
            el hisopo que sale de los muros, y disertó sobre las acémilas, las aves, los reptilios,
            y los peces’.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>141. <quote><l><ref xml:id="ref1148"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.786"
          >el azor britano</ref></l>
              <l>[...] </l>
              <l>terror de su sobrino ingenïoso<note place="bottom">
                  OC264C.786-788</note></l></quote></head>
        <p>El azor es de los accipitres que <persName type="authority">Aristóteles</persName> llama
            humipetas<note type="app" rend="I"> humipetas <hi rend="i">em.</hi>: humipitus <hi
              rend="i">CS</hi>. </note>, porque tiene el vuelo ratero<note place="bottom">
            Aristóteles, <title>De Historia Animalium</title>, lib. IX, cap. 36: «<hi rend="i"
              >Fertur etiam a columbis quodque accipitrum genus cognosci; itaque, cum accipiter
              prouolat, si sublimipeta est, manent quo constiterint loco; sed si humipeta, qui
              prouolat, est, non manent, sed continuo auolant</hi>»: ‘Se dice incluso que las
            palomas reconocen cada género de las rapaces; por ello, cuando viene volando una de
            ellas, si esta es de las que vuelan alto, se quedan en el lugar en que estaban; si es de
            las que vuelan bajo, no se quedan quietas, sino que de inmediato, escapan volando’ (<hi
              rend="i">De Historia Animalium</hi> [...] Venetiis: Ad signum Seminantis, 1572, p.
            346-347). Puntuamos de acuerdo con el sentido.</note>. Ansí lo aplican a la caza de las
          perdices, cuya fábula describe nuestro poeta, y cuenta ansí <persName type="authority"
            >Ovidio</persName>, lib. 8 <title>Metamorfosis</title><note place="bottom"> Ovidio, <hi
              rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. VIII, v. 236-259.</note>: una hermana de Dédalo le
          entregó un hijo suyo para que lo industriase en el arte de la carpintería; salió el mozo
          tan hábil que inventó el uso de la asierra<note place="bottom"> No se ha encontrado el
            sustantivo ‘asierra’ en los diccionarios de la época, pero en el diccionario de Nebrija
            figura ‘aserradura’ como la limadura de la madera o del metal. </note>. Dédalo, movido
          de invidia, lo precipitó del alcázar de Minerva, mas apiadándose esta diosa del mozo lo
          convirtió en perdiz, que temiendo otra vez caer de alto vuela junto a la tierra.</p>
      </div>
      <div>
        <head>142. <quote><l><ref xml:id="ref1149"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.790"
          >cuyo pie tiria púrpura colora</ref><note place="bottom">
                  OC264C.790</note></l></quote></head>
        <p>Parece<note place="bottom"> Si bien utiliza una forma modalizadora para referirse a una
            posible fuente, el verso remite al texto citado.</note> imita a <persName
            type="authority">Claudiano</persName>
          <hi rend="i">in Epigrama de Phoenice</hi>, donde describiéndolo dice:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Tyrio pinguntur crura veneno</hi><note place="bottom"> Claudiano,
                <title>Epigrammata</title>, <hi rend="i">Phoenix</hi>., v. 20. Aquí,
              DR repite la nota 95. </note>.</l></quote>
        <p>[f. 277 v]</p>
      </div>
      <div>
        <head>143. <quote><l><ref xml:id="ref1150"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.791"
          >Grave de perezosas plumas globo</ref><note place="bottom">
                  OC264C.791</note></l></quote></head>
        <p>Descripción del búho por la narración de su fábula, la cual cuenta ansí <persName
            type="authority">Ovidio</persName>, lib. 5 <title>Metamorfosis</title><note
            place="bottom"> Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. V, v. 533 y ss.</note>:
          habiendo robado Plutón a Proserpina, Ceres, su madre, alcanzó de Júpiter que pudiese
          sacarla del infierno si allá no hubiese comido; mas Ascálafo<note type="app" rend="I">
            Ascálafo <hi rend="i">em.</hi>: Acálafo <hi rend="i">CS</hi></note>, hijo de una ninfa
          del Aqueronte, dio aviso que Proserpina había probado algunos granos de granada; ella,
          indignada por esto, lo convirtió en búho.</p>
      </div>
      <div>
        <head>144. <quote><l><ref xml:id="ref1151"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.805"
          >el cisne perdonara luminoso</ref><note place="bottom">
                OC264C.805</note></l></quote></head>
        <p>Es un signo celestial colocado junto a Cefeo, del cual<note type="app" rend="I"> del cual
              <hi rend="i">em.</hi>: de la cual <hi rend="i">CS.</hi> Es evidente el error
            sintáctico del manuscrito, en el que figura «<hi rend="i">de la cual</hi>» por «<hi
              rend="i">del cual</hi>», además de que la redacción está incompleta, ya que la
            subordinada carece de verbo.</note><persName type="authority">Higinio</persName>, lib. 2
            <hi rend="i">De signis coelestibus</hi><note place="bottom">Higino, <title>Poeticon
              Astronomicon</title><hi rend="i">, Libri Quattuor</hi>, Lib. II: <hi rend="i">De
              Signorum coelestium historiis</hi>.</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>145. <quote><l><ref xml:id="ref1152"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.809"
          >En sangre claro y en persona augusto</ref><note place="bottom">
                  OC264C.809</note></l></quote></head>
        <p>Esta descripción de un príncipe está llena de erudición y elegancia, porque tiene todas
          las partes necesarias, ansí del cuerpo como del ánimo que a un príncipe le hacen
            excelente<note place="bottom"> Ponderado juicio de valoración sobre la etopeya de un
            príncipe modélico que continúa en la nota siguiente. DR no aclara, como sí hacen otros
            comentaristas, la referencia a un personaje histórico determinado.</note>. Lo primero,
          la persona augusta o digna de imperio, como dicen, por ser alta, grave y heroicamente
          dispuesta, templada con la suavidad de miembros, porque no era robusta, pues la complexión
          más propia del hombre es la que tiene un medio, participando de los extremos de blando y
          robusto, sin exceder en alguno de ellos<note place="bottom"> Como es habitual, la nota
            presenta duplicación de adjetivos y sustantivos: «erudición y elegancia», «augusta o
            digna», «grave, alta y heroicamente dispuesta», «ingenio y natural».</note>, como
          significa <persName type="authority">Aristóteles</persName>, in
          <title>Problematae</title>, sect. 14. 1<note place="bottom"> En el <hi rend="i">Index
              Aristotelicum</hi> de Hermannus Bonitz (Berolini, Typis et impensis Georgii Reimeri,
            1870), se señala que en la sección XIV (a 28) hay una alusión a la disposición del
            cuerpo; sin embargo, no fue posible encontrar la relación exacta con la referencia de
            DR. Por lo que pudo comprobarse en distintas ediciones consultadas de los <hi rend="i"
              >Problemas</hi>, la sección XIV, que se refiere a la relación entre el clima y el
            temperamento de las personas, se centra en las distintas combinaciones de lo húmedo, lo
            seco, lo frío y lo caliente, aplicadas a las diferentes condiciones climáticas. De allí,
            la posible alusión al equilibrio que se menciona en la nota: «<hi rend="i">Optima enim
              temperies non corpori solum, verum etiam intelligentiae hominis prodest. Excessus
              autem omnes dimouent,et ut corporis, ita etiam mentis temperamentum peruertunt</hi>»
            (Berolini: apud Georgium Reimerum, 1831, p. 442): ‘La óptima templanza no solo es útil
            para el cuerpo, sino también para la inteligencia del hombre. Los excesos por otra parte
            todo lo desordenan, y lo mismo que pasa con el cuerpo, pervierten así hasta el mismo
            equilibrio de la mente’. De todos modos, cabe señalar que Fernando de Herrera, en su
            nota al v. 6 del <hi rend="i">Soneto XXII</hi> de Garcilaso, describe la hermosura como
            la «proporcionada correspondencia de miembros» (1580: 171), y menciona a Aristóteles
            como autoridad para fundamentar su afirmación, junto con Cicerón y Galeno, aunque los
            textos en los que se basa son la <hi rend="i">Retórica</hi> y la <hi rend="i"
              >Poética</hi>.</note>. Y ansí, los que gozan de este temperamento tienen mejor ingenio
          y natural, más hábil para cualquier acto de virtud, lo cual, también afirma <persName
            type="authority">Plinio</persName>, lib. 2, capite 78<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis historiae</title>, lib. II, cap. 78. </note>.</p>
        
        <p>[f. 278 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>146. <quote><l><ref xml:id="ref1153"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.811"
          >abreviada</ref></l>
              <l>en modestia civil real grandeza<note place="bottom">
                  OC264C.811-812</note></l></quote></head>
        <p>Representaba este príncipe, en su talle y gesto, una grandeza templada con modestia, las
          cuales virtudes constituyen la armonía de perfecciones que se requieren en un príncipe, a
          la cual alude el mandar <persName type="authority">Solón</persName>, en sus leyes<note
            place="bottom"> No fue posible hallar la referencia concreta de una ley de Solón
            aplicada a la educación de los príncipes, pero sí está históricamente verificado que, a
            partir de sus leyes, se encuentran en Atenas formas de educación fundadas en la música y
            en la gimnasia (Cfr. Alighiero Manacorda: 1987).</note>, que en el príncipe se juntasen
          con la erudición el ejercicio de la palestra y música, porque reducía toda la perfecta
            disciplina<note type="app" rend="I"> disciplina <hi rend="i">em.</hi>: displina <hi
              rend="i">CS</hi>
          </note> a las dos virtudes de magnificencia y templanza<note place="bottom"> Esta nota y
            la anterior (145) manifiestan el lucimiento personal de DR acerca de sus conocimientos
            sobre las condiciones que debe reunir un príncipe. </note>. Y ansí, también fingieron
          todos los poetas que la Armonía nació de Marte y Venus, que significan la gravedad y
          fortaleza demasiada, las cuales, templadas, hacen la maravillosa consonancia de todas las
          virtudes. Dijo muy bien <persName type="authority">Jerónimo de Osorio</persName>, lib. 4
            <title>De regis institutione</title>: <quote><hi rend="i">In primis autem danda opera
              est, ut regem habeamus ex egregia animi magnitudine, et singulari modestiae laude
              temperatum: aliter enim neque</hi><note place="bottom"> En el texto consultado de
              Jerónimo de Osorio se lee ‘<hi rend="i">nec</hi>’.</note><hi rend="i">illum hostes
              metuent neque ciues amabunt; magnitudo enim animi sine moderatione furor immanis est
              et odium acerbum concitat; moderatio vero sine animi</hi><note type="app" rend="I">
              animi <hi rend="i">add.</hi>
            </note><hi rend="i">magnitudine negligentia quaedam est et dissolutio, et ideo non sine
              ratione contemnitur</hi><note type="app" rend="I"> contemnitur <hi
                rend="i">em.</hi>: comtenitur <hi rend="i">CS</hi></note>
            <note place="bottom">
              <hi rend="i">Hieronymi Osorii Lusitani, Episcopi Syluensis, De regis institutione et
                disciplina</hi>, lib. IV (Olysipponae: Ex officina Ioannis Hispani, 1572, f. 117
              v):‘Pero desde el principio hay que procurar que tengamos un rey que sepa templar la
              egregia grandeza de ánimo y la singular virtud de la modestia, porque de otro modo ni
              lo temerán los enemigos ni lo amarán los súbditos; porque la grandeza de ánimo sin la
              moderación es un furor monstruoso y provoca intenso odio; pero la moderación sin la
              grandeza de ánimo casi degenera en negligencia y disolución y por ello es despreciada
              justamente’.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>147. <quote><l><ref xml:id="ref1154"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.815"
          >majestad en sus ondas</ref><note place="bottom">
              OC264C.815</note></l></quote></head>
        <p>Por la grandeza de este río, del cual <persName type="authority">Pausanias</persName>,
          lib. 6: <quote><hi rend="i">omnium vero Hispaniae fluminum maximum et praealtis uerticosum
              gurgitibus Baetin</hi><note place="bottom">
              <title>Pausaniae De florentiss. veteris Graeciae regionibus</title> (Basileae: per M.
              Isingrinium, 1557). Lib. VI: «<hi rend="i">Eliacorum posterior</hi>», p.444: ‘en
              verdad el mayor de los ríos de España, el Betis de aguas turbulentas por las profundas
              gargantas por las que pasa’. Pausanias (siglo II d.C.) fue un viajero, geógrafo e
              historiador griego que escribió una <hi rend="i">Descripción de Grecia</hi>, dividida
              en diez libros.</note>. [f. 278 v] Y ansí, nuestros poetas andaluces le llaman rey de
            ríos, como dijimos en la <title>Primera Soledad</title><note place="bottom"> Se refiere
              a la nota 207 al verso 953: «<hi rend="i">del rey corona de los otros
              ríos</hi>:».</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>148. <quote><l><ref xml:id="ref1155"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.816"
          >que colérico mordía</ref></l>
              <l>el oro que süave lo enfrenaba<note place="bottom">
                  OC264C.816-817</note></l></quote></head>
        <p>Suelen los poetas, cuando describen un caballo de un príncipe, decir que trae el freno
          dorado, que muerde o come oro. <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 7
            <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fuluum mandit</hi><note type="app" rend="I"> En las versiones
              impresas consultadas se lee <hi rend="i">mandunt</hi>.</note><hi rend="i">sub dentibus
              aurum</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i">Eneida</hi>, lib. VII, v. 279:
                «[<hi rend="i">tecti auro</hi>,] <hi rend="i">fuluum mandunt sub dentibus
              aurum</hi>»: «cubiertos de oro tascan en sus dientes rubio oro» (Virgilio 2011: vol.
              III, 25).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Claudiano</persName>, <title>De quarto Honorii</title>, paneg.
          4:</p>
        <quote><l><hi rend="i">spumosis morsibus aurum</hi></l>
          <l><hi rend="i">fumat</hi><note place="bottom"> Claudiano, <hi rend="i"
                >Panegyricus de quarto consulatu Honorii Augusti</hi>, v. 549-550: «el oro de su
              freno humea con sus espumeantes mordiscos» (Claudiano 1993: vol. I,
          231).</note>.</l></quote>
        <p>El <persName type="authority">Tasso </persName>en su <title>Divina settimana</title>,
          giornata 5:</p>
        <quote><l><hi rend="i">E col fren d’oro al suo destrier spumante</hi></l>
          <l><hi rend="i">regger soleva il polveroso corso</hi><note place="bottom"> Torcuato Tasso,
                <hi rend="i">Le sette giornate del mondo creato</hi>, V, 1508-1509 (In
              Milano: Appresso Girolamo Bordoni, &amp; Pietro Martire Locarni, 1608, p. 207): ‘Y con
              el freno de oro solía regir la carrera polvorosa de su espumeante
          corcel’.</note>.</l></quote>
        <p>Nuestro poeta <persName type="authority">don Luis</persName> en el
            <title>Polifemo</title><note place="bottom"> Es evidente la tendencia de DR a asociar
            las líneas coincidentes con otras obras de Góngora.</note>:</p>
        <quote><l><ref xml:id="ref1156"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255#l255.13"
          >Tascando haga el freno de oro cano</ref></l>
            <l>del caballo andaluz la ociosa espuma<note place="bottom">
            OC255.13-14</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>149. <quote><l><ref xml:id="ref1157"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.820"
          >sino por lo que siente</ref><note place="bottom">
              OC264C.820</note></l></quote></head>
        <p>Dice que el caballo caminaba ufano y grave por lo que sentía de esclarecido en quien le
          gobernaba. <persName type="authority">San Cirilo</persName>, <title>Sobre Amos</title>,
          explicando el natural de los caballos: <quote><hi rend="i">insignibus phaleris ornati,
              equitem etiam fortasse agnoscunt, et propemodum inflammantur animis, cum se
              honorabilem et spectatum sessorem habere sentiunt</hi><note place="bottom"> San Cirilo
              de Alejandría, <title>Commentarius in Amos Prophetam</title>, versículo 7, LX, § 317
              (1864: col. 523):‘Adornados de llamativas faléreas reconocen incluso tal vez al
              jinete, y sus ánimos se enardecen sobremanera cuando sienten que quien los monta es
              honorable y respetado’.</note></quote>. De la misma manera, aquel elegantísimo
          historiador <persName type="authority">Paulo Jovio</persName>, lib. 27
            <title>Historiarum</title>, hablando de unos caballos que [f. 279 r] amaban al emperador
          Carlos V y al Papa: <quote><hi rend="i">ita collutim</hi><note type="app" rend="I">
              collutim <hi rend="i">em.</hi>: colluitim <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"> et
              temperato gradu incedentibus equis, ut ii certa ingenii grauitate quales sessores
              veherent sentire viderentur</hi><note place="bottom">
              <hi rend="i">Pauli Iovii Novocomensis ...</hi>, XXVII, p. 90: ‘avanzando los caballos
              con paso igual y templado, como si por cierto grado de inteligencia sintiesen el alto
              rango de quienes los montaban’.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>150. <quote><l><ref xml:id="ref1158"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.829"
          >más sabandijas de cristal que a Egipto</ref><note place="bottom">
                  OC264C.829</note></l></quote></head>
        <p>El mar con sus flujos engendraba más arroyuelos o charcos de cristal, que son las
          sabandijas o animalillos que por sus campos deja el Nilo después de su inundación. Ya
          vimos arriba que los arroyuelos se comparan bien a las sierpes<note place="bottom"> DR se
            refiere aquí a la nota 60 al verso 320: «Ella pues sierpe, y sierpe al fin pisada», para
            destacar las comparaciones de Góngora.</note>; ahora los charcos<note type="app"
            rend="I"> charcos <hi rend="i">em.</hi>: charco <hi rend="i">SC</hi></note> pequeños los
          compara a sabandijas, otros reptiles pequeños. Empero, a<note type="app" rend="I"> a <hi
              rend="i">add.</hi></note> esta historia del Nilo hacen mención <persName
            type="authority">Plinio</persName>, lib. 9, c. 58<note place="bottom"> Plinio,
              <title>Naturalis historiae</title>, lib. IX, cap. 58: «<hi rend="i">Verum omnibus his
              fidem Nili inundatio adfert omnia excedente miraculo. Quippe detegente eo musculi
              reperiuntur inchoato opere genitalis aquae terraeque, iam parte corporis uiuentes,
              nouissima effigie etiamnum terrena</hi>»: «Realmente a todos estos hechos les da
            credibilidad la inundación del Nilo, por ser una maravilla superior a todo.
            Precisamente, cuando deja al descubierto el suelo, se encuentran por obra inicial del
            agua genital y de la tierra unos ratoncitos que ya son seres vivientes en una parte del
            cuerpo, pero todavía son de tierra en sus rasgos finales» (Plinio 2003: 346). </note>, y
            <persName type="authority">Pomponio Mela</persName>, lib. 5, c. 11, el cual dice:
              <quote><hi rend="i">Hoc eo manifestum est, quod, ubi sedauit diluuia, ac se sibi
              reddidit, per humentes campos quaedam nondum perfecta animalia, sed tum primum
              accipientia spiritum, et ex parte iam formata, ex parte adhuc terrea
              visuntur</hi><note place="bottom"> La indicación de la cita de Pomponio Mela es
              errónea, pues se trata del lib. 1, c. 9 (<hi rend="i">Particularis Asiae
                descriptio. Aegyptus</hi> de <title>De situ orbis</title>, 1831: p. 12): ‘Esto es
              manifiesto porque, cuando cesó la inundación, y el río volvió a su cauce, por las
              llanuras humedecidas se vieron animales todavía no acabados, sino que acaban de
              recibir la vida entonces, y que en parte ya estan formados y en parte todavía
              adheridos a la tierra’.</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>151. <quote><l><ref xml:id="ref1159"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.831"
          >Rebelde ninfa, humilde ahora caña</ref><note place="bottom">
                  OC264C.831</note></l></quote></head>
        <p>Toca la fábula de la ninfa Siringa, la cual, huyendo del dios Pan, junto al río Ladón fue
          convertida en caña de las lagunas<note place="bottom"> Tal como suele hacer al tratar
            temas mitológicos, DR explica la perífrasis con que Góngora alude a la historia de
            Siringa.</note>. [f. 279 v] <persName type="authority">Ovidio</persName>, lib. 1
            <title>Metamorfosis</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">et precibus spretis fugisse per auia nympham</hi></l>
          <l><hi rend="i">donec arenosi placidum Ladonis ad amnem</hi></l>
          <l><hi rend="i">venerat</hi><note type="app" rend="I"> En las versiones impresas
              consultadas se lee <hi rend="i">venerit</hi>.</note><hi rend="i">; hic illam cursum
              impedientibus undis</hi></l>
          <l><hi rend="i">ut se mutarent liquidas orasse sorores</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">Panaque cum prensam sibi iam Syringa putaret</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">corpore pro nymphae calamos tenuisse palustres</hi><note place="bottom">
              Ovidio, <hi rend="i">Metamorfosis</hi>, lib. I, v. 701-706: «despreciando sus ruegos,
              la ninfa huyó por lugares apartados hasta llegar a la tranquila corriente del arenoso
              Ladón; que allí, al interrumpirle el paso las aguas, rogó a sus transparentes /
              hermanas que la metamorfoseasen; Pan, creyendo que ya tenía cogida a Siringe, agarró
              los juncos de la orilla en lugar del cuerpo de la ninfa» (Ovidio 2008:
              267-268).</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>152. <quote><l><ref xml:id="ref1160"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.836"
          >de su volante nieve</ref><note place="bottom">
              OC264C.836</note></l></quote></head>
        <p>Llama nieve a las plumas por su blancura. Así <persName type="authority"
            >Virgilio</persName>, lib. 2 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">pascentem niueos herboso flumine cycnos</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. II, v. 199: «cría en su río, rico en
              hierbas, cisnes blancos como la nieve» (Virgilio 1990: 301).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Silio</persName>, lib. 2: <quote><hi rend="i">niueam
              pennam</hi><note place="bottom"> Cayo Silio Itálico, <title>Punica</title> II,
              398-399: «<hi rend="i">Galeamque coruscis / subnixam cristis, vibrant cui vertice
                coni</hi> /<hi rend="i">albentis, niveae tremulo nutamine pennae</hi>» (‘un casco
              dominado por un penacho resplandeciente, en el cual, sobre el ápice del blanco cono,
              vibran plumas níveas con temblorosa oscilación’).</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>153. <quote><l><ref xml:id="ref1161"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.842"
          >las orlas inquïeta</ref><note place="bottom">
              OC264C.842</note></l></quote></head>
        <p>Muchas galas tienen los poetas vulgares de que también se aprovecharon los antiguos, como
          es decir orlas o guarnición de los ríos o lagunas<note place="bottom"> Como en
            oportunidades anteriores, DR equipara la <hi rend="i">inventio</hi> de los poetas
            modernos con los antiguos. En esta ocasión, la nota es una glosa del comentario del
            padre La Cerda al verso 12 de la <hi rend="i">Égloga VII</hi> en su anotación a la
            palabra ‘<hi rend="i">arundine</hi>’, estableciendo una relación entre las cañas que
            crecen al borde de las aguas y las orlas que guarnecen las túnicas.</note>. <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, lib. 3 <title>Geórgicas</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Mincius</hi><note type="app" rend="I"> Mincius <hi
                rend="i">em.</hi>: Mintius <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">,
              et tenera</hi><note type="app" rend="I"> et tenera praetexit <hi
                rend="i">em.</hi>: et tenerus et teneras praetexit <hi rend="i"
                >CS</hi></note><hi rend="i">praetexit arundine ripas</hi><note place="bottom">
              Virgilio, <hi rend="i">Geórgicas</hi>, lib. III, v. 15: «[<hi rend="i">tardis ingens
                ubi flexibus errat</hi>] / <quote><hi rend="i">Mincius,et tenera praetexit arundine
                  ripas</hi></quote>»: «donde el caudaloso Mincio vaga en reposadas vueltas y teje
              sus riberas de tiernas cañas» (Virgilio 1990: 324).</note>.</l></quote>
        <p>Lo mismo escribió en la <hi rend="i">Égloga</hi> 7:</p>
        <quote><l><hi rend="i">hic virides tenera praetexit arundine ripas</hi></l>
          <l><hi rend="i">Mincius</hi><note type="app" rend="I"> Mincius <hi rend="i">em.</hi>:
              Mintius <hi rend="i">CS</hi></note><note place="bottom"> Virgilio,
                <title>Bucólicas</title>, <hi rend="i">Égloga 7</hi>, v. 12-13: ‘aquí el Mincio teje
              sus verdes riberas de tiernas cañas’</note>.</l></quote>
        <p><hi rend="i">Praetexit</hi> es lo mismo que guarnece, y conviene propiamente a los
          vestidos. De ahí dijeron <hi rend="i">toga praetexta</hi> porque se guarnecía con
            púrpura<note place="bottom"> «<hi rend="i">Tunicae purpura praetextae</hi>» son las
            túnicas o togas de color blanco, bordeadas de una banda púrpura, que usaban los niños
            hasta los dieciséis años y los principales magistrados en las ceremonias públicas.
          </note>.</p>
        <p>[f. 280 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>154. <quote><l><ref xml:id="ref1162"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.874"
          >un grillo y otro enmudeció en su pluma</ref><note place="bottom">
                  OC264C.874</note></l></quote></head>
        <p>Porque hincando las garras impidió con las plumas el sonido.</p>
      </div>
      <div>
        <head>155. <quote><l><ref xml:id="ref1163"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.883"
          >y con siniestra voz</ref><note place="bottom">
              OC264C.883</note></l></quote></head>
        <p>La cuerva o corneja, que es lo mismo, es ave infausta y de siniestro agüero. <persName
            type="authority">Virgilio</persName>, <hi rend="i">Égloga</hi> 1:</p>
        <quote><l><hi rend="i">saepe sinistra caua praedixit ab ilice cornix</hi><note
              place="bottom"> Virgilio, <title>Bucólicas</title><hi rend="i">, Égloga 1</hi>, v. 18:
              ‘a menudo la siniestra corneja predijo desde la encina hueca’.</note>.</l></quote>
        <p>Y nuestro <persName type="authority">Garcilaso</persName>, en la <hi rend="i">Égloga</hi>
          2:</p>
        <quote><l>acuérdaseme ahora que el siniestro</l>
          <l>canto de la corneja<note place="bottom"> Garcilaso de la Vega, <title>Obras</title>,<hi
                rend="i"> Egloga 2</hi>, v. 260-261: « Acuérdaseme agora que’l siniestro / canto de
              la corneja y el agüero».</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>156. <quote><l><ref xml:id="ref1164"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.907"
          >la mentida nube</ref><note place="bottom">
            OC264C.907</note></l></quote></head>
        <p>A la muchedumbre de aves llama nube como <persName type="authority">Virgilio</persName>,
          lib. 12 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">aetheraque obscurant pennis, hostemque per auras</hi></l>
          <l><hi rend="i">facta nube premunt</hi><note place="bottom"> Virgilio, <hi rend="i"
                >Eneida</hi>, lib. XII, v. 253-254: «y oscurecen el éter con sus plumas y al enemigo
              a través de las auras / hostigan formando una nube» (Virgilio 2011: vol. IV,
              153).</note>.</l></quote>
        <p><persName type="authority">Plutarco</persName>, <title>In vita Alexandri</title>:
              <quote><hi rend="i">aues similes nubibus</hi><note place="bottom"> Plutarco, <hi
                rend="i">In vita Alexandri</hi>: ‘aves semejantes a nubes’. Tanto esta
              cita como la siguiente de Plinio están tomadas de la anotación del Padre La Cerda al
              sintagma <hi rend="i">Facta nube</hi> del verso 254, del libro XII de la
                <hi rend="i">Eneida</hi> (<hi rend="i">P. Virgilii
                Maronis posteriores sex libri Aeneidos</hi>, p. 701). La referencia a Plutarco en
              las anotaciones a Virgilio aparece tanto en griego como en latín, y fueron comprobadas
              en una edición de <hi rend="i">Vitae</hi> del siglo XIX (París:
              1877).</note></quote></p>
        <p><persName type="authority">Plinio</persName>, <hi rend="i">de cicadis</hi>:<note
            place="bottom"> En el manuscrito figura «<hi rend="i">de cicadis</hi>» (‘cigarras’)
            aunque el capítulo de Plinio, citado por el padre La Cerda, se refiere a «<hi rend="i"
              >de locustis</hi>» (‘langostas’).</note><quote><hi rend="i">immensos tractus permeant,
              diraque messes contegunt nube</hi><note place="bottom"> Plinio, <title>Naturalis
                historiae</title>, lib. XI, cap. 35: «atraviesan trechos inmensos y se esconden en
              las mieses en funesta nube» (Plinio el Viejo 2003: 502). La cita de Plinio ha sido
              comprobada en una edición moderna en la que se presenta la siguiente variante: «[…],
                <hi rend="i">diraque messibus nube contegunt</hi>».</note>.</quote></p>
      </div>
      <div>
        <head>157. <quote><l><ref xml:id="ref1165"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.909"
          >cenit ya de la turba fugitiva</ref><note place="bottom">
                  OC264C.909</note></l></quote></head>
        <p>El girifalte estaba en la parte superior, perpendicularmente sobre las aves como el cenit
          de los astrólogos, que siendo un punto imaginado en el cielo, viene a dar sobre la cabeza
          de cada uno.</p>
        <p>[f. 280 v]</p>
      </div>
      <div>
        <head>158. <quote><l><ref xml:id="ref1166"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.915"
          >griego al fin</ref><note place="bottom">
            OC264C.915</note></l></quote></head>
        <p>Muy sabido es llamar todos los escritores a los griegos mentirosos y engañosos, de aquí
            <persName type="authority">Virgilio</persName>, lib. 2 <title>Eneida</title>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">fallaces</hi><note type="app" rend="I"> fallaces <hi
                rend="i">em.</hi>: falaces <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"
              >Graios, simulataque dona Mineruae</hi><note place="bottom"> ‘los engañosos griegos,
              los dones simulados de Minerva’. El verso pertenece a un comentario sobre la obra de
              Virgilio probablemente procedente de un ejercicio escolar: <hi rend="i">Scholastici
                cuiusdam poetae argumenta Aeneidis sub nomine Ovidii</hi> (<hi rend="i">Argumenta
                Operum Virgilii</hi> en <hi rend="i">P. Virgilius Maro qualem omni parte
                illustratum</hi> [...] Parisiis: Colligebat Nicolaus Eligius Lemaire, 1822, p. 409).
              Pedro Conde señala que se trata de un conjunto de breves <hi rend="i">argumenta</hi>
              en verso de cada libro de la <hi rend="i">Eneida</hi> atribuidos a un tal Ovidio y
              transmitidos en la llamada <hi rend="i">Anthologia Latina</hi>. Por otra parte, el
              verso aparece atribuido a Virgilio, lib. 2 de la <hi rend="i">Eneida</hi>, en los <hi
                rend="i">Epitheta</hi> de Ravisius Textor, s. v. <hi rend="i">graii</hi>, que podría
              ser la fuente de DR, pues en la entrada inmediatamente anterior, <hi rend="i"
                >Graecia</hi>, se recoge el verso posterior de Valerio Flaco, también con la escueta
              remisión "lib. 8" (<hi rend="i">Ioannis Ravisii Textoris nivernensis Epitheta</hi>...,
              f. 207 v).</note>.</l></quote>
        <p>Y <persName type="authority">Valerio Flaco</persName>, lib. 8:</p>
        <quote><l><hi rend="i">te, Graecia fallax</hi>, </l>
          <l><hi rend="i">persequor</hi><note place="bottom"> Valerio Flaco,
                <title>Argonáutica</title>, lib. VIII, v. 275-276: «[<hi rend="i">sufficiet placare
                ratis</hi>?]<hi rend="i"> te, Graecia fallax, / persequor</hi> [<hi rend="i">adque
                tuis hunc quasso moenibus ignem</hi>]»: ‘te persigo, Grecia engañosa, hasta poner
              fuego en tus murallas’.</note>.</l></quote>
        <p>De ahí también el proverbio <hi rend="i">Graeca fides</hi><note place="bottom"> El
            proverbio completo es «<hi rend="i">Graeca fides, nulla fides</hi>».</note>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>159. <quote><l><ref xml:id="ref1167"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.919"
          >entre los trópicos grifaños</ref><note place="bottom">
                OC264C.919</note></l></quote></head>
        <p>Trópicos son en el cielo dos círculos opuestos entre los cuales hace su curso el sol,
          volviendo del uno al otro. Y ansí, esta ave entre el sacre y el<note type="app" rend="I">
            el <hi rend="i">add.</hi></note> girifalte daba vueltas como si fueran trópicos, a quien
          el poeta llama grifaños, tomando de los italianos esta voz que significa cosa
          perteneciente a gavilanes o aves de rapiña<note place="bottom"> Resulta notable el que DR
            destaque el italianismo adoptado por Góngora y que no se registra en otros
            autores.</note>. El <persName type="authority">Dante</persName>, c. 22 del <hi rend="i"
            >Infierno</hi>:</p>
        <quote><l><hi rend="i">Ma l’altro fu bene</hi><note type="app" rend="I"> bene <hi rend="i"
                >em.</hi>: ben <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i"> sparvier grifagno</hi><note
              place="bottom"> Dante Alighieri, <title>Divina Comedia</title>, <hi rend="i"
                >Infierno</hi>, can. 22, v. 139: ‘Pero el otro bien fue un gavilán
            grifaño’.</note>.</l></quote>
      </div>
      <div>
        <head>160. <quote><l><ref xml:id="ref1168"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.923"
          >Breve esfera de viento</ref><note place="bottom">
              OC264C.923</note></l></quote></head>
        <p>Perífrasis de la pelota de viento, a la cual compara la cuerva, que de la parte superior
          a la inferior era arrojada con los botes que le daban el girifalte y el neblí.</p>
        <p>[f. 281 r]</p>
      </div>
      <div>
        <head>161. <quote><l><ref xml:id="ref1169"
          target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.931"
          >de lo menos puro</ref></l>
              <l>desta primera región<note place="bottom">
              OC264C.931-932</note></l></quote></head>
        <p>Esta primer región del aire más cercano a nosotros es menos pura o porque, como dice
            <persName type="authority">Aristóteles</persName>, lib. 1
            <title>Metheorologica</title><note place="bottom"> Aristóteles, <hi rend="i"
              >Meteorologica</hi>, lib. 1, 340b.</note>, participa más de las cualidades
            terrestres<note place="bottom"> La nota se construye sobre una disyuntiva en paralelo
            (‘o porque como’ / ‘o porque lo que’). Esta es la última nota de DR que utiliza la
            versión anterior a la de los 44 versos agregados en el manuscrito Chacón.</note>, o por
          lo que dice Séneca, <title>Naturalium Quaestionum</title> lib. 4, c. 10: <quote><hi
              rend="i">Omnis aer quo propior est terris hoc</hi><note type="app" rend="I"> hoc <hi
                rend="i">em.</hi>: hae <hi rend="i">CS</hi></note><hi rend="i">crassior. Quemadmodum
              in aqua et omni humore faex ima est, ita in aere spississima quaeque
              desidunt</hi><note place="bottom"> Seneca, <hi rend="i">Naturalium Quaestionum</hi>,
              lib. IV, c. 10: ‘Todo aire es más grueso cuando más cercano a la tierra. Como en el
              agua y en todo líquido la hez es lo que está más bajo, así en el aire, todas las
              partes más espesas se depositan’ (en <hi rend="i">L. Annaei Senecae Pars
                prima sive Opera Philosophica</hi>, 1830: p. 453).</note>.</quote></p>
        <p rend="right">Laudetur Christus</p>
      </div>
    </body>
  </text>
</TEI>
