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      <titleStmt>
        <title>Dos censuras inquisitoriales de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero
            español</hi> (1628)</title>
        <author>Hernando Horio</author>
        <author>Juan de Pineda</author>
        <editor>Mathilde ALBISSON
          (EA 3979 – LECEMO-CRES – Université Sorbonne Nouvelle - Paris 3)</editor>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>OBVIL</edition>
        <respStmt>
          <name>Muriel Elvira</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Mercedes Blanco</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Felipe Joannon</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Aude Plagnard</name>
          <resp>relecture, stylage et édition TEI</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Université Paris-Sorbonne, LABEX OBVIL</publisher>
        <date when="2020"/>
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      </publicationStmt>
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        <bibl>No especificado</bibl>
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      <p>L’édition comporte trois niveaux de notes. note[@place="bottom"] : notes d’éditeur (décimal
        par défaut) note[@place="margin"] : notes marginales de l’auteur (pas de numérotation)
        note[@type="app" rend="I"] : notes d’apparat (I = romain) </p>
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        <date when="1628-06-02"/>
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  <text>
    <!--
      <div>
        <head>Datos bibliográficos</head>
        <table>
          <row>
            <cell>Editor científico</cell>
            <cell>Mathilde ALBISSON</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Autor</cell>
            <cell><p rend="noindent">(texto 1) Hernando HORIO, padre mercedario, calificador del Tribunal de la Suprema Inquisición</p>
            <p rend="noindent">(texto 2) Juan de PINEDA, padre jesuita, calificador del Tribunal de la Suprema Inquisición y visitador general de bibliotecas y librerías</p></cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Destinatario / dedicatario</cell>
            <cell>Consejo del Tribunal de la Suprema Inquisición</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Título</cell>
            <cell><p rend="noindent">(texto 1) Calificación de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi> por el padre Hernando Horio</p>
            <p rend="noindent">(texto 2) Calificación de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi> por el padre Juan de Pineda</p>
          </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Fecha</cell>
            <cell><p rend="noindent">(texto 1) 1628-01-26</p>
            <p rend="noindent">(texto 2) 1628-06-02</p>
          </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Fuentes</cell>
            <cell>AHN, sección «Inquisición», serie «Calificaciones y censuras», leg. 4467, expediente 23</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Ediciones modernas</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">ENTRAMBASAGUAS, Joaquín de, <hi rend="i">Un misterio desvelado en la bibliografía de Góngora: conferencia pronunciada en la Biblioteca Nacional con motivo de la conmemoración del IV centenario del nacimiento de Góngora</hi>, Madrid, Dirección general de Archivos y Bibliotecas, 1962, p. 47-52 (texto 1); p. 57-68 (texto 2).</p>
            <p rend="noindent">ALONSO, Dámaso, <hi rend="i">Obras en verso del Homero español, que recogió Juan López de Vicuña</hi>, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1963, p. <num>xxiv-xxvii</num> (texto 1); p. <num>xxx-xxxvi</num> (texto 2).</p>
            <p rend="noindent">ALONSO, Dámaso, «Prólogo a “Obras en verso del Homero español”», en Dámaso Alonso, <hi rend="i">Obras completas</hi>, tomo VI. <hi rend="i">Góngora y el gongorismo</hi>, parte II, Madrid, Gredos, 1982, p. 468-471 (texto1); p. 474-480 (texto 2). Esta edición es idéntica a la que publicó en 1963.</p>
            <p rend="noindent">ALCALÁ GALVE, Ángel, «<hi rend="i">Góngora y Juan de Pineda: escaramuzas entre el poeta y el inquisidor</hi>», en <hi rend="i">Homenaje a Pedro Sáinz Rodríguez</hi>, vol. III, <hi rend="i">Estudios históricos</hi>, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1986, p. 11-15 (texto 2).</p>
            <p rend="noindent">PARIENTE, Ángel, <hi rend="i">En torno a Góngora</hi>, Madrid, Ediciones Júcar, 1986, p. 157-161 (texto 1) y p. 163-171 (texto 2).</p>
          </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Responde a otro texto</cell>
            <cell>No</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Referencias a la polémica</cell>
            <cell>No</cell>
          </row>
        </table>
      </div>
      -->
    <front>
      <head>Introducción</head>
      <div>
        <head>1. [Título] Dos censuras inquisitoriales de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero
            español</hi> (1628)</head>
        <p>Los dos textos que editamos proceden del expediente del proceso inquisitorial incoado en
          el año 1628 contra las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi> (1627), primera
          recopilación impresa de las poesías de Góngora, editada por Juan López de Vicuña un año
          después de la muerte del poeta. Nada más salir de las reputadas prensas madrileñas de Luis
          Sánchez el libro fue denunciado ante el tribunal inquisitorial, procesado y al poco tiempo
          prohibido. La edición fue censurada no por razones atinentes al dogma y a la polémica en
          torno a la nueva poesía sino por motivos relativos a la moralidad y a la condición de
          eclesiástico del autor. Al prohibirse esta edición, la obra de Góngora siguió
          difundiéndose de forma manuscrita hasta que Hoces, en 1633, publicó una edición que
          respetaba no todas pero sí las principales críticas formuladas por los censores.</p>
        <p>Si bien los dos textos de la presente edición carecen de título, sus características
          permiten adscribirlos al género de la censura doctrinal o calificación. Una censura
          doctrinal o calificación consiste en un examen hermenéutico destinado a determinar si una
          opinión, una doctrina o un libro se alejan del dogma católico y, de ser así, en qué medida
          discrepan del mismo<note place="bottom">La definición teológica más rigurosa suele
            distinguir la «calificación» de la «censura»: mientras que la primera determina el grado
            de conformidad de una proposición al dogma, la segunda diagnostica la índole y el nivel
            de oposición a este (Neveu 1993: 243). Sin embargo, los dos términos se fueron
            confundiendo en la práctica, por lo que, tanto en la documentación inquisitorial como en
            la mayoría de los trabajos actuales, se suelen usar como equivalentes.</note>. En otras
          palabras, la censura constituye un dictamen teológico-doctrinal sobre el grado de disenso
          de una producción intelectual escrita o dicha<note place="bottom">Cf. Vega Ramos (2014a:
            137).</note>. Desde la Edad Media, la censura era un ejercicio teológico al que se
          dedicaban doctores y miembros de órdenes religiosas. Más adelante, concilios, obispos y
          sumos pontífices recurrieron a ella para condenaciones dogmáticas. Asimismo, los
          tribunales inquisitoriales de la Edad Moderna realizaron calificaciones en el marco de
          procesos de fe por delitos de proposiciones<note place="bottom">Cf. Escamilla-Colin (1982:
            9-10), Alejandre y Torquemada Sánchez (1998:17-144); Boeglin (2002:121-144).</note> y de
          procesos contra libros.</p>
        <p>La primera censura que editamos es una denuncia de las <hi rend="i">Obras en verso del
            Homero español</hi> que presentó el padre mercedario Hernando Horio al Tribunal de la
          Suprema Inquisición, el órgano central de la institución. La segunda censura es un informe
          firmado por Juan de Pineda, que le fue encargado por los inquisidores de dicho tribunal
          tras recibir la denuncia de Horio. Así pues, aunque se adscriben a la misma rama de la
          literatura teológica –la censura doctrinal–, los escritos de Horio y Pineda corresponden a
          fases distintas del proceso inquisitorial.</p>
        <p>La denuncia constituía la primera etapa del proceso inquisitorial. Podía realizarse bien
          oralmente delante de un comisario o de los inquisidores en una audiencia del tribunal bien
          por escrito como lo hizo Hernando Horio. Las delaciones dirigidas a la Inquisición solían
          ser más o menos precisas según la preparación intelectual del delator. A veces, este se
          limitaba a citar los fragmentos que le parecían ser de dudosa ortodoxia, expresar una
          impresión vaga o señalar que algo «no sonaba bien». Otras veces, cuando el delator contaba
          con un bagaje teológico suficiente, como el padre Horio, realizaba una detenida
          calificación, doctrinalmente argumentada. El padre mercedario era, de hecho, calificador
          del Santo Oficio, es decir, un experto teólogo que asistía a los inquisidores en los
          procedimientos judiciales.</p>
        <p>Tras recibir la denuncia, se abría la fase de instrucción. El tribunal pedía a sus
          calificadores que realizaran una censura del libro (incluso en los casos en que la
          denuncia hubiese sido realizada por uno de ellos)<note place="bottom">En general, los
            inquisidores solicitaban dos censuras, pero en ciertas ocasiones se limitaban a pedir
            una; otras veces, para los casos más delicados, podían encargar más dictámenes.</note>.
          En el caso de la edición de López de Vicuña, el Consejo solicitó, según el procedimiento
          habitual, dos informes: uno al jesuita Juan de Pineda y otro al agustino Juan de San
          Agustín, que no parece haberse conservado<note place="bottom">Artigas (1925: 208) se
            equivoca al atribuir la denuncia de Hernando Horio a Juan de San Agustín.</note> (sobre
          este punto, ver <hi rend="i">infra</hi> §3). Los calificadores enviaban directamente al
          tribunal los informes que se les habían encargado. A diferencia de los procesos de fe, la
          sentencia en los procesos contra libros era siempre centralizada, por tanto, si la
          denuncia era tramitada por un tribunal de provincia, los inquisidores del distrito
          mandaban el expediente, formado por la denuncia y las calificaciones obtenidas por ellos,
          al Consejo de la Suprema Inquisición. Este solicitaba a su vez una o varias censuras<note
            place="bottom">En la segunda mitad del siglo XVII, se solía examinar directamente el
            expediente en una junta de calificadores, durante una audiencia del tribunal.</note>. Si
          la delación iba dirigida directamente al órgano central, como en el caso de Horio, se
          realizaba una única tanda de calificaciones, en el Tribunal de la Suprema. Los informes de
          los expertos teológicos del tribunal tenían un valor meramente orientativo pues eran los
          inquisidores, investidos del poder judicial, quienes emitían sentencia. Aunque su decisión
          podía ir a contracorriente del parecer de los calificadores, lo más frecuente era que se
          basaran en dicho parecer para decidir si el libro había de prohibirse o si resultaba
          suficiente con expurgar determinados fragmentos<note place="bottom">Si los inquisidores
            estimaban que la calificación no tenía fundamento y que el libro o los pasajes
            denunciados no eran censurables, se declaraba un sobreseimiento.</note>.</p>
        <p>Pese a que una calificación pretendía ser un examen imparcial, realizado según criterios
          objetivos, ocurría que algunos censores se dejasen arrastrar por circunstancias personales
          o contextuales para caer en valoraciones subjetivas que excedían del marco neutral de una
          censura doctrinal. La formación del calificador, su apego a las tesis de ciertas escuelas
          teológicas, las solidaridades monásticas, la animadversión o simpatía hacia el autor son
          algunos de los factores que podían llegar a influir en la valoración de un libro. Además,
          las condiciones de realización de una censura no podían garantizar la imparcialidad ya que
          no se realizaban a ciegas. En efecto, a los calificadores se les comunicaba casi siempre
          la identidad de los autores; por lo tanto, podían pecar de indulgentes o de rigurosos
          según la relación que mantuvieran con el autor.</p>
        <p>Para poder interpretar cabalmente las dos censuras que editamos, es preciso atender a los
          siguientes aspectos, que se irán examinando sucesivamente en esta introducción: el perfil
          intelectual y sociológico de los censores y sus relaciones con el autor (§2), el contexto
          de publicación y de recepción de la obra (§3), la estructura de la calificación (§4), las
          fuentes empleadas por los censores y su terminología especializada (§5) y, finalmente, los
          aspectos debatidos (§6).</p>
      </div>
      <div>
        <head>2. [Autor] Hernando Horio y Juan de Pineda, dos calificadores del Tribunal del Santo
          Oficio</head>
        <div>
          <head>2. 1. Función y perfil de los calificadores</head>
          <p>Como ya se adelantó en el §1, las dos censuras fueron redactadas por calificadores del
            Tribunal de la Suprema Inquisición. La creación del título de calificador, en el año
            1518, es contemporánea de la emergencia del protestantismo y de las corrientes
            espirituales consideradas heterodoxas<note place="bottom">López Vela (1989:
            348).</note>. A diferencia de la persecución de los judaizantes y moriscos, cuyos ritos
            y costumbres sabían detectar los inquisidores, la represión de las tesis reformadas, del
            alumbradismo y de cualquier forma de «desviación» que no supusiera una ruptura con el
            cristianismo, requería de un examen a veces bastante sutil que solo alguien con una
            preparación teológica suficiente era capaz de llevar a cabo. Por lo tanto, el tribunal
            solicitó la ayuda de teólogos, ya que los inquisidores, cuya especialización era sobre
            todo jurídica, no contaban siempre con las competencias suficientes para juzgar la
            ortodoxia de tales doctrinas o proposiciones complejas. En lo que respecta a la censura
            de libros, hasta bien entrado el siglo XVI, la Inquisición recurría sobre todo a las
            facultades de teología, por ser especialmente avezadas en esta materia. En efecto, desde
            la época medieval, sus miembros venían realizando calificaciones en el marco de disputas
              teológicas<note place="bottom">Cf. Bianchi (1999), Boureau (2007: 268-279; 2008) y
              Pinto Crespo (2008: 125).</note>. A partir de finales del siglo XVI, la participación
            de las universidades en la censura inquisitorial se hizo cada vez menos frecuente y el
            tribunal acabó por distanciarse del ámbito académico y por valerse casi exclusivamente
            de su propio cuerpo de censores, los calificadores<note place="bottom">Pinto Crespo
              (1984b: 274).</note>.</p>
          <p>Las misiones de los calificadores en el seno del tribunal inquisitorial eran múltiples:
            examinaban proposiciones en el marco de procesos de fe, calificaban libros previamente
            denunciados ante el tribunal, y algunos participaban también en actividades de control
            como las inspecciones de librerías, de bibliotecas privadas o de barcos. Nombrados de
            por vida, no recibían ninguna remuneración, pero gozaban de varios privilegios<note
              place="bottom">López Vela (1989: 364-369).</note>. El título de calificador traía al
            que lo poseía un gran prestigio<note place="bottom">López Vela (1989: 364,
              376-377).</note> y por ello era muy codiciado. Para garantizar la calidad de sus
            colaboradores, la Inquisición exigía que cumplieran con ciertos requisitos: tenían que
            contar con una formación teológica de alto nivel, tener más de cuarenta y cinco
              años<note place="bottom">Circular del 6 de octubre de 1627 (AHN, Inquisición, libro
              1237: <hi rend="i">Diversos para la recopilación</hi>, f. 223r, <hi rend="i">Índice de
                cartas acordadas sobre calificadores (1590-1649</hi>)).</note> y ser hijos de
            cristianos viejos<note place="bottom">López Vela (1989: 372).</note>. Más allá de estas
            exigencias, el perfil sociológico de los calificadores resultaba bastante homogéneo:
            salvo contadas excepciones, eran miembros del clero regular que gozaban de una posición
            importante en su orden y solían ejercer funciones de mando en su iglesia o convento<note
              place="bottom">López Vela (1989: 376).</note>. Antes de conseguir el título, solían
            haberse desempeñado como lectores o profesores de teología en un colegio, un convento o
            una universidad. Algunos habían realizado asimismo misiones en Roma y participado en
            comisiones en la corte convocadas por el monarca o el inquisidor general<note
              place="bottom">López Vela (1989: 372).</note>. Era frecuente que los calificadores
            fueran también autores y hubieran impreso al menos una obra<note place="bottom">Pinto
              Crespo (1984a: 9-15).</note>.</p>
          <p>En el siglo XVI, los dominicos ocupaban la mayoría de las plazas de calificadores, pero
            a partir del siglo XVII, esta situación cambió: los calificadores jesuitas y
            franciscanos pasaron a representar entonces el grupo más nutrido. Venían después los
            dominicos, agustinos y mercedarios. La presencia de trinitarios, capuchinos, mínimos y
            jerónimos seguía siendo minoritaria<note place="bottom">López Vela (1989: 373).</note>.
            En la capital, el prestigioso Colegio imperial de la Compañía de Jesús así como los
            renombrados conventos de San Felipe, Santo Tomás y Nuestra Señora de la Merced
            constituían los principales viveros de calificadores.</p>
        </div>
        <div>
          <head>2. 2. Hernando Horio</head>
          <p>El autor de la primera censura, el calificador mercedario Hernando Horio<note
              place="bottom">Su nombre se transcribe a veces «Fernando» y «Orio».</note>, oriundo de
              Logroño<note place="bottom">Tomamos la información del registro que dedica a Hernando
              Horio el bibliógrafo Nicolás Antonio («F. Ferdinandus Horio», en Nicolás Antonio, <hi
                rend="i">Bibliotheca hispana nova, sive hispanorum scriptorum qui ab anno MD ad
                MDCLXXXIV floruere notitia</hi>, Matriti: apud Joachimum de Ibarra..., 1783-1788, p.
              385).</note>, era en aquel entonces residente del mencionado convento madrileño de la
            Merced. Llevaba el título de presentado, que se otorgaba a los teólogos de ciertas
            órdenes religiosas que estaban esperando el grado de maestro. En los años posteriores,
            publicó dos obras: unos comentarios al <hi rend="i">De Patientia</hi> de Tertuliano<note
              place="bottom"><hi rend="i">Quinti Septimii Florentis Tertuliani librum de
                Patientia...</hi>, Madriti: apud Franciscum Garcia..., 1644. La obra fue reeditada
              en Amberes en 1647 y 1648, bajo el título <hi rend="i">Commentaria in librum de
                patientia Quinti Septimii Florentis Tertuliani..</hi>. (Placer López 1968: 457-458,
              núm. 4389-4390).</note> y un libro de teología titulado <hi rend="i">El prodigio santo
              y corona regia deducido de la divina Escritura y doctrina de los sagrados doctores y
              varones ilustres en materias de espíritu</hi><note place="bottom">Madrid: Diego Díaz
              de la Carrera, 1650.</note>. Según la <hi rend="i">Bibliotheca nova</hi> de Nicolás
            Antonio, falleció en el año 1655<note place="bottom">Antonio, <hi rend="i">Bibliotheca
                hispana nova</hi>…, 1783-1788, p. 385.</note>.</p>
          <p>Cuando escribió la censura de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>,
            Horio llevaba apenas cinco meses desempeñándose como calificador del Tribunal de la
            Suprema Inquisición<note place="bottom">Martínez Millán y Rivilla (1984: 118).</note>.
            Su preparación teológica y su cargo de censor inquisitorial explican que su denuncia
            cumpliese con los estándares básicos de una calificación. No sabemos si Horio llegó a
            conocer a Góngora, o si era un lector asiduo de sus obras. Sin embargo, parece que los
            religiosos de su convento no eran ajenos a las obras del poeta cordobés, puesto que en
            el inventario de los libros de la biblioteca del convento de Nuestra Señora de la Merced
            de Madrid hemos encontrado referencias a dos volúmenes relacionados con Góngora: un
            libro de poesías (no se indica la edición pero se trata probablemente de la de
              Hoces)<note place="bottom">BNE, MSS/1918: <hi rend="i">Índice de los libros que
                contiene la biblioteca de este convento de Madrid de el real y militar orden de
                Nuestra Señora de la Merced redención de cautivos, hecho en el año de 1763 [y
                corregido en 1817]</hi>, f. 57v («Góngora, don Luis. Poesías», sección
              «Misceláneo»).</note> y unos «Comentarios de Góngora», sin ninguna indicación
            auctorial ni editorial<note place="bottom">BNE, MSS/1918, f. 63v («Los comentarios de
              Góngora»).</note>. Se sabe, además, que Horio y los miembros de su comunidad tuvieron
            acceso a la edición de López de Vicuña en cuanto se puso a la venta, puesto que la
            censura fue redactada apenas un mes después de haberse imprimido la obra. Aunque Horio
            escribe la delación en nombre propio, se hace eco de las reacciones de sus
            correligionarios ante el libro: «Ha escandalizado en la Merced de Madrid, al
            reverendísimo señor don fray Gaspar Prieto, obispo del Alguer, al padre maestro fray
            Francisco Boil, predicador mayor y definidor general, al padre maestro fray Diego
            Juárez, elector general, y a otras muchas personas religiosas y graves».</p>
          <p>Si poco sabemos sobre la biografía de este fraile mercedario, en cambio, la vida de
            Juan de Pineda está mucho mejor documentada, debido a la inmensa fama de la que gozó en
            su tiempo el jesuita hispalense.</p>
        </div>
        <div>
          <head>2. 3. Juan de Pineda</head>
          <p>Juan de Pineda (1557-1637) cursó estudios en el colegio jesuita de Sevilla antes de
            entrar en la Compañía de Jesús en 1572<note place="bottom">Olivares (2001:
            3138).</note>. Más tarde, completó su formación teológica en el colegio de Córdoba.
            Posteriormente, se dedicó a la predicación y a la docencia y ejerció como profesor en
            las más prestigiosas instituciones jesuitas de Andalucía: entre 1581 y 1584, enseñó
            Filosofía en el colegio de la Compañía en Granada, Latín en Cádiz, Teología en el
            colegio San Hermenegildo de Sevilla y Sagrada Escritura en Córdoba<note place="bottom"
              >Peña Díaz (2010: 1210).</note>. Asimismo, ocupó varios cargos de dirección como el de
            prepósito de la casa profesa de Sevilla (1610-1614) y de rector del colegio de San
            Hermenegildo (1622-1625). Entre otras actividades, participó en la congregación de
            procuradores en Roma en 1603 y en la comisión reunida para conseguir la canonización del
            rey de Castilla, Fernando III<note place="bottom">Burrieza Sánchez.</note>.</p>
          <p>En su época, Juan de Pineda fue alabado por su gran erudición y su dominio de las
            lenguas bíblicas. Publicó varios trabajos de exégesis bíblica; uno de ellos, el
            comentario al libro de Job, fue reeditado hasta el siglo XIX<note place="bottom">Ver la
              relación completa de sus escritos en Simón Díaz (1975: 289-296).</note>. En varias
            ocasiones, Pineda tomó la pluma en defensa de la Inmaculada Concepción<note
              place="bottom"><hi rend="i">A</hi><hi rend="i">dvertencias a el privilegio onceno de
                los de el señor rey Juan el primero de Aragón, en favor de la fiesta, y misterio de
                la Concepción de la beatísima Virgen María sin mancha de pecado original…</hi>,
              Sevilla: Por Gabriel Ramos Bejarano, 1615; <hi rend="i">S</hi><hi rend="i">ermón… en
                el primer día del Octavario votivo a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen
                Madre de Dios</hi>…, Sevilla: Por Alonso Rodríguez Gamarra, 1615 ; <hi rend="i">Tomo
                primero de tratados y sermones de la limpia Concepción de Nuestra Señora, sin mancha
                de pecado original, con seis tablas copiosas para predicadores y teólogos...</hi>,
              Sevilla: Por Alfonso Rodríguez Gamarra, en la calle de la Muela, frontero el Ciprés de
              Martín Cerón, 1617.</note>, en el marco de la apasionada controversia que opuso los
            jesuitas a los dominicos a lo largo del siglo XVII. Uno de sus escritos
              inmaculistas, <hi rend="i">Advertencias al privilegio onceno</hi> (1615), fue
            denunciado al Tribunal de la Suprema Inquisición por el calificador dominico Tomás
            Daoíz, lector de Teología en el convento Santo Tomás de Madrid<note place="bottom">AHN,
              Inquisición, leg. 4450, expediente 28: [Delación de Tomás Daoíz, lector de Teología
              del convento Santo Tomás de Madrid, dominico, calificador del Santo Oficio], siglo
              XVII.</note>. El tribunal inquisitorial no dio curso a las graves acusaciones lanzadas
            por Daoíz contra uno de sus más diligentes colaboradores en materia de censura.</p>
          <p>En efecto, Pineda participó de forma activa en la publicación del Índice de libros
            prohibidos y expurgados de Bernardo de Sandoval (1612). Acudió a la junta de elaboración
            del catálogo y envió varias censuras desde el colegio sevillano San Hermenegildo, donde
              residía<note place="bottom">AHN, Inquisición, leg. 4517, expediente 2: [Cartas de Juan
              de Pineda al Consejo de la Suprema Inquisición del 22 de febrero, 1 y 8 de marzo, 12
              de junio de 1611].</note>. El jesuita ejerció además como visitador general de las
            librerías y bibliotecas privadas de la capital<note place="bottom">AHN, Inquisición,
              leg. 4470, expediente 20: [Carta de Juan Ponce de León al Consejo de la Suprema
              Inquisición del 6 de enero de 1644]. En esta carta el calificador mercedario dice
              haber sucedido a Pineda en el cargo de visitador general tras la marcha del jesuita a
              Sevilla.</note>. En 1628, el inquisidor general Antonio Zapata y el Consejo, que
            confiaban plenamente en el criterio y la erudición del sevillano, le encargaron los
            trabajos preparatorios de la realización de un nuevo Índice<note place="bottom">Martínez
              de Bujanda (2016: 105).</note>. Este catálogo de libros prohibidos y expurgados,
            publicado en 1632, fue en gran parte deudor de su ingente labor de censura y de
            compilación. Aunque el tribunal se quedó muy satisfecho del resultado, el Índice suscitó
            múltiples quejas debido a diversos excesos por parte del jesuita, que se mostró en
            algunas ocasiones demasiado riguroso, especialmente hacia autores de órdenes religiosas
            distintas de la suya<note place="bottom">Sobre lo particular, ver Martínez de Bujanda
              (2016: 128-132).</note>.</p>
          <p>En resumidas cuentas, Pineda gozó en su tiempo de un enorme prestigio, tanto por sus
            escritos como por su implicación en asuntos religiosos e inquisitoriales de relieve. Por
            ello, tuvo el privilegio de figurar en la famosa galería de retratos de hombres ilustres
            de Francisco Pacheco, en el <hi rend="i">Libro de descripción de verdaderos retratos de
              ilustres y memorables varones</hi> (1599)<note place="bottom">Pacheco (1985:
              87-92).</note>.</p>
          <p>En lo que hace a la relación de Pineda y Góngora, todo apunta a que existió entre ambos
            una profunda enemistad<note place="bottom">Wilson (1977: 251-252); Alcalá Galve (1986:
              3-4); Jammes (2009: 27); Álvarez Amo (2011: 122); Góngora (2019: 1000-1010).</note>.
            El origen de esta animadversión parece ser una justa poética celebrada en Sevilla el 7
            de febrero de 1610 con motivo de la promoción a beato de Ignacio de Loyola<note
              place="bottom">Álvarez Amo (2011: 122).</note>. Participaron en este certamen Góngora
            y Juan de Jáuregui, el cual habría ganado un premio de manera irregular mientras que el
            primero se habría ido con las manos vacías. Al parecer, Góngora acusó a Pineda, miembro
            del jurado, de ser el responsable del amaño de la justa<note place="bottom">Góngora
              (2019: 1001).</note>. Posteriormente, en 1610, el poeta cordobés, resentido, escribió
            un soneto contra Pineda, «Yo en justa injusta expuesta a sentencia»<note place="bottom"
                >[OC443].</note>, en el que se mofa de sus tediosos comentarios al libro de
            Job y alude de forma jocosa a su pelo rojo:</p>
          <quote><lg><l><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem443"
            >¿Yo en justa injusta expuesto a la sentencia</ref></l>
          <l>de un positivo padre azafranado?</l>
          <l>Paciencia<note place="bottom">Alusión a los comentarios de Pineda sobre el libro de
              Job. Matas Caballero (Góngora 2019: 1007) aclara que la paciencia era la principal
              virtud de este personaje del Antiguo Testamento.</note>, Job, si alguna os han
            dejado</l>
          <l>los prolijos escritos de su encia.</l>
          <l>Consuelo me daréis, si no paciencia</l>
          <l>porque en suertes entré, y fui desgraciado,</l>
          <l>en el mes que perdió el apostolado</l>
          <l>un justo por divina providencia.</l>
          <l>¿Quién justa do la tela es pinabete,</l>
          <l>y no muy de Segura, aunque sea pino,</l>
          <l>que ayer fue pino, y hoy podrá ser vete?</l>
          <l>No más judicatura de teatino,</l>
          <l>cofre, digo, overo<note place="bottom">Matas Caballero (Góngora 2019: 1007) aclara que
              los términos «cofre» (arca decorada en general con cueros castaños claros, que tiran a
              rojo), «overo» (color de huevo o que tira a rosado) y «azafranado» aluden a la
              cabellera roja del jesuita.</note> con bonete,</l>
          <l>que tiene más de tea que de tino<note place="bottom">Sobre la interpretación de este
              poema, ver el comentario de Matas Caballero (Góngora 2019: 1006-1007).</note>.</l></lg></quote>
          <p>Al margen de esta muy probable enemistad, cabe aclarar que, a diferencia de lo que han
            sostenido varios investigadores, no fue tal animadversión la que animó a Pineda a que
            iniciará la censura de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi> ya que el
            jesuita no tuvo la iniciativa de la denuncia. En efecto, la calificación de Pineda fue
            un encargo del tribunal inquisitorial a raíz de la delación presentada por Horio.</p>
        </div>
      </div>
      <div>
        <head>3. [Cronología]<lb/>De la aprobación a la prohibición</head>
        <p>El periodo que transcurre desde la aprobación de las <hi rend="i">Obras en verso</hi> en
          1620 hasta su prohibición en 1628 plantea muchos interrogantes, que han contribuido a
          esclarecer en buena parte los trabajos de Alonso, Moll y Rico García<note place="bottom"
            >Alonso (1982); Moll (1984; 1997); Rico García (2016).</note>. Cabe recordar que Góngora
          no llegó a publicar su obra poética en vida<note place="bottom">Sobre este aspecto, ver
            Alonso (1982: 455-461).</note>. Según Rico García, un bibliófilo, llamado Juan de
          Saldierna, pero cuyo nombre se transcribe en la edición como «Juan de Salierne», procedió
          en 1620 a la recopilación de las obras del poeta con el fin de editarlas. Saldierna pidió
          a su joven amigo Juan López de Vicuña de Carrasquilla, hermano de un librero madrileño,
          que hiciera de testaferro y solicitase un privilegio para la compilación<note
            place="bottom">Moll (1997).</note>. El mismo año, el 29 de febrero, López de Vicuña
          obtuvo una licencia y un privilegio real para diez años en su nombre para las <hi rend="i"
            >Obras en verso</hi>, que habían superado de manera satisfactoria la censura previa<note
            place="bottom">Ver la transcripción en el anexo 1.</note>. En efecto, el 15 de enero de
          1620, el padre fray Juan Gómez, definidor de la orden premonstratense en Castilla, firmó
          una censura aprobatoria de la obra, que había examinado a petición del doctor de Andrés de
          Aresti, vicario general de la Villa<note place="bottom">Ver la transcripción en el anexo
            2.</note>. Este concedió a López de Vicuña una licencia eclesiástica, que no se recoge
          en la edición. Posteriormente, el maestro Vicente Espinel censuró a su vez la obra por
          encargo del Consejo de Castilla y firmó una segunda aprobación el 20 de febrero de
            1620<note place="bottom">Ver la transcripción en el anexo 3.</note>. Por tanto, la
          edición estaba lista para imprimirse. Sin embargo, no salió de las prensas hasta siete
          años después, como muestran la fe de erratas, firmada el 19 de diciembre de 1627<note
            place="bottom">Ver la transcripción en el anexo 4.</note>, y la suma de tasa, el 24<note
            place="bottom">Ver la transcripción en el anexo 5.</note>. Esa misma fecha aparece en la
          portada y en la dedicatoria de López de Vicuña al inquisidor general, firmada el 22 de
          diciembre de 1627<note place="bottom">Ver la transcripción en el anexo 6.</note>.</p>
        <p>No nos detendremos aquí en las posibles razones de este retraso<note place="bottom"
            >Además de la disparidad de fechas, una de las cosas que más llaman la atención es el
            cambio en la manera de citar o glosar el título en los diferentes paratextos, al que no
            hemos encontrado respuesta todavía: <hi rend="i">Obras en verso del Homero español que
              recogió Juan Lopez de Vicuña</hi> (portada, 1627), «Este libro intitulado <hi rend="i"
              >Varias rimas recopiladas por Juan de Vicuña Carrasquilla</hi>…» (fe de erratas,
            1627), «he visto este libro de Versos del Homero español que recogió Juan López de
            Vicuña… » (aprobación de Juan Gómez, 1620), «he visto este libro de varias poesías…»
            (aprobación de Vicente Espinel, 1620), «estas obras en verso» (suma de privilegio,
            1620).</note>, que ya han sido contempladas por Alonso<note place="bottom">Alonso (1982:
            462-464).</note>. Lo que sí cabe recalcar es que la obra se publicó unos pocos meses
          después de fallecer el poeta, lo cual parece apuntar a que López de Vicuña, que, al
          parecer, compró el manuscrito a Saldierna<note place="bottom">Carreira (2012: 94).</note>,
          esperó la muerte de Góngora para publicar su obra, porque sabía que el poeta se oponía a
          este proyecto. Los paratextos muestran que los editores procuraron disimular el nombre de
          Góngora (probablemente para facilitar la obtención de la licencia en vida del autor): no
          aparece en la portada ni en los textos legales. En el título de la portada se empleó una
          perífrasis encomiástica: <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi><note
            place="bottom">Sobre esta denominación, ver Blanco (2012: 229-260).</note>. El nombre
          del autor aparece tan solo en la dedicatoria, redactada en diciembre de 1627, es decir,
          tras la muerte de Góngora, que falleció en mayo. En la advertencia al lector<note
            place="bottom">Ver la transcripción en el anexo 7.</note>, el editor sostiene que había
          empezado a reunir la obra del poeta veinte años antes. Según Moll<note place="bottom">Moll
            (1997).</note>, es improbable que este trabajo de recopilación haya sido iniciado por
          López de Vicuña que tenía entonces unos quince años sino por Saldierna.</p>
        <p>En 1627, antes de salir a la venta, el texto sufrió una primera corrección que dio lugar
          a dos emisiones: una sin corregir, y otra enmendada, con algunos recortes<note
            place="bottom">Cf. Wilson (1968: 48-49); Alonso (1982: 464-467); Moll (1984:
            933-950).</note>. La obra llevaba apenas un mes en venta cuando fue denunciada por el
          Padre Hernando Horio ante el Tribunal de la Suprema Inquisición, con una censura firmada
          el 26 de enero de 1628. Al día siguiente, tras recibir la denuncia del mercedario, los
          inquisidores, siguiendo el procedimiento habitual, pidieron a dos calificadores que
          censurasen la obra: Juan de Pineda y Juan de San Agustín. La censura del segundo no
          aparece en el expediente del proceso por razones que desconocemos; sin embargo, se puede
          formular varias hipótesis que expliquen esta ausencia documental: bien se traspapeló, bien
          el agustino no llegó a redactar la calificación, ya sea por haber descartado la solicitud
          de los inquisidores ya sea por conformarse con lo que escribió Pineda y no tener nada más
          que añadir; no era inusitado que sucediera lo uno o lo otro.</p>
        <p>El jesuita acabó de redactar su informe el 2 de junio. Al día siguiente, a la luz de su
          censura, los inquisidores del Consejo decidieron recoger la obra, pese a que Horio y
          Pineda habían abogado por el expurgo y no por una prohibición total<note place="bottom"
            >AHN, Inquisición, leg. 4467, expediente 23. Los inquisidores pidieron también que se
            interrogase a Juan López de Vicuña. Sobre este interrogatorio, ver Alonso (1982:
            495-496) y Moll (1997).</note>. Sabemos que la decisión de recoger la obra fue efectiva
          gracias a la noticia que dio Juan Antonio Suardo de un edicto prohibitorio emanado por el
          tribunal de Lima, con fecha del 17 de agosto de 1629<note place="bottom">Juan Antonio
            Suardo, <hi rend="i">Diario de Lima (1629-1639)</hi>, t. I; Lima, Instituto de
            Investigaciones Históricas de la Universidad Católica del Perú, 1936, p. 31-32, citado
            en Guibovich Pérez (2003: 183).</note>. Por su parte, Wilson dio con un edicto publicado
          por el tribunal de México con fecha del 9 de julio de 1630, por el que se recogían los
          ejemplares en circulación<note place="bottom">Wilson (1977: 253).</note>. Los inquisidores
          desoyeron las opiniones de Pineda y Horio y decidieron prohibir la obra <hi rend="i">in
            totum</hi>, alegando tan solo dos motivos formales: la ausencia del nombre de autor y la
          dedicatoria al inquisidor general.</p>
        <p>Pese a la prohibición, el expediente de censura de la edición de las <hi rend="i">Obras
            en verso</hi> se volvió a abrir con ocasión de la publicación de un nuevo Índice. Entre
          1628 y 1629, Pineda realizó los trabajos preparatorios de la compilación del nuevo
          catálogo inquisitorial que debía sustituir al Índice de Sandoval publicado en 1612 (cf.
            <hi rend="i">supra</hi> §2.3). Entre diciembre de 1629 y enero de 1630, se reunió en
          Madrid, por orden del Santo Oficio, una junta de censores, cuya finalidad era discutir de
          casos especialmente complejos que el jesuita quería consultar con los demás expertos y
          resolver dudas que surgieron al hilo de su tarea preparatoria<note place="bottom">Sobre
            esta junta, ver Martínez de Bujanda (2016: 79-86).</note>. Durante la séptima sesión,
          celebrada el 4 de enero de 1630, la junta trató brevemente de la edición de López de
          Vicuña. Todos los miembros de la junta, en la cual participó el propio Pineda,
          coincidieron en que las <hi rend="i">Obras en verso</hi> podían permitirse con la expurgación de los
          fragmentos censurados por Pineda: «Propusose que, sin embargo que está prohibido el <hi
            rend="i">Homero español</hi>, hay noticia que corre entre personas poco temerosas de las
          censuras, y habiendo muchas cosas en el que pueden pasar sin escándalo, pareció en
          conformidad que se expurgue por la censura del Padre Joan de Pineda, y con nombre del
          autor y quitándole la dedicatoria se pueda imprimir»<note place="bottom">AHN, Inquisición,
            libro 291: <hi rend="i">Libro de reales decretos y consultas</hi>, f 290v-305v, <hi
              rend="i">Junta que se tuvo para el expurgatorio publicó por el Santo Oficio el año de
              1632… secretario el licenciado Sebastián de Huerta por la Corona de
            Aragón.</hi></note>. Tras reconocer que algunas personas habían transigido la
          prohibición inquisitorial, los miembros de la junta sugirieron, para poner remedio a ello,
          que se autorizase el libro quitando los fragmentos peligrosos, la dedicatoria e indicando
          el nombre del autor. Si bien no lo formularon explícitamente, dejaban entender que la
          manera más eficaz para atajar las lecturas clandestinas de la obra era permitirla,
          quitando los fragmentos dañinos.</p>
        <p>Por razones que desconocemos, la edición de López de Vicuña no fue incluida en el nuevo
          Índice publicado en 1632, ni siquiera como libro expurgado. El 18 de enero de 1633,
          siguiendo las decisiones de la Junta, el Consejo de la Suprema Inquisición dio permiso
          para que el libro pudiera volver a imprimirse con nombre del autor y quitando los pasajes
          censurados por Pineda: «En Madrid, 18 de enero 1633, el ilustrísimo señor arzobispo
          inquisidor general estando en el Consejo y los señores Ortiz, obispo de Oviedo, obispo de
          Calahorra, Pacheco, arzobispo de las Charcas, Salazar Frías, mandaron que este libro se
          pueda imprimir con nombre del verdadero autor y conforme a la censura del Padre Juan de
            Pineda»<note place="bottom">AHN, Inquisición, leg. 4467, expediente 23.</note>. Aunque
          el motivo oficial de prohibición había sido la autoría y la dedicatoria, exigían también
          que se expurgasen los fragmentos censurados por Pineda<note place="bottom">Sobre las
            enmiendas que presenta la edición de Hoces con respecto a la de López de Vicuña, ver
            Wilson (1968: 48-49) y Moll (1984: 933-950).</note>. La decisión de permitir el expurgo
          vino motivada por el proyecto de edición de Gonzalo de Hoces y Córdoba quien, desde
          finales de 1632, había iniciado los trámites legales para poder imprimir una nueva edición
          de las obras de Góngora<note place="bottom">Moll (1984: 932).</note>. El 17 de diciembre
          de 1632, le fue concedida la licencia gracias a la cual el libro podía imprimirse
            legalmente<note place="bottom">Moll (1984: 932).</note>. Para precaverse contra una
          recogida del tribunal inquisitorial, el editor consultó previamente el Santo Oficio para
          conseguir su beneplácito de los inquisidores, que acabaron por dar su consentimiento para
          la impresión de la nueva compilación.</p>
      </div>
      <div>
        <head>4. [Estructura] El entramado argumentativo</head>
        <p>La calificación se adscribe a la literatura teológica. Es también un texto argumentativo:
          el censor examina un libro o una doctrina basándose en criterios teológico-doctrinales,
          con el fin de determinar su adecuación o inadecuación a la ortodoxia católica. Aunque no
          existe un modelo normalizado de redacción de las calificaciones<note place="bottom">Las
            únicas pautas de redacción de las calificaciones inquisitoriales que hemos encontrado se
            recogen en el siguiente manual de instrucciones manuscrito: BNE, MSS/6210: <hi rend="i"
              >Manual del Santo Oficio de la Inquisición</hi>, siglo XVII, f. 81, <hi rend="i"
              >Papeles o libros que se hallan entre los bienes confiscados de un preso que son
              prohibidos o contienen proposiciones contra fe [sic] o sospechosas</hi>.</note>,
          presentan en general una estructura básica muy parecida, que adoptan los informes de Horio
          y Pineda.</p>
        <p>Las dos censuras se dividen en tres partes claramente identificables: una breve
          introducción, el desarrollo argumentativo y una conclusión. En la introducción, los
          calificadores proporcionan las referencias que permiten identificar la obra: título,
          editor y, en el caso de Pineda, el pie de imprenta. El jesuita es más completo y también
          más riguroso que su colega a la hora de consignar los datos bibliográficos:</p>
        <quote>[Horio] «En un libro de varias poesías que llaman el <hi rend="i">Homero español</hi>
          que recogió Juan López de Vicuña, dedicado al ilustrísimo y reverendísimo señor don
          Antonio Zapata, cardenal de la Santa Iglesia de Roma, inquisidor general […].»</quote>
        <quote>[Pineda] «Un libro que se titula <hi rend="i">Obras en verso del Homero españo</hi>l
          que recogió Juan López de Vicuña, impreso en Madrid por la viuda de Luis Sánchez, 1627
          […].»</quote>
        <p>A continuación, los censores formulan la condena que, en su opinión, merecería la
          edición, y exponen las principales razones que sustentan tal opinión:</p>
        <quote>[Horio] «[…] se hallan muchas proposiciones que totalmente son contra las buenas
          costumbres, obscenas y deshonestas y indignas que se dedicasen a tan gran príncipe,
          indignas de la dignidad que representa siendo inquisidor general; otras ofensivas de
          personas gravísimas, otras escandalosas, otras que son libelos infamatorios contra todos
          los estados; otras malsonantes, erróneas, temerarias y heréticas y sospechosas en la fe
          católica, por cuya causa deben ser expurgadas del dicho libro, cuyo tenor es el siguiente:
          […].»</quote>
        <quote>[Pineda] «Parece que obliga a la expurgación y corrección de este libro la mucha
          ofensión que ha causado en pechos de personas graves, doctas y celosas del bien común y de
          la reformación de las buenas y cristianas costumbres y ser comprendidas algunas partes del
          dicho libro en las reglas del Índice romano y en el de España de la Santa General
          Inquisición y por otras razones, que por menor se irán substanciando.»</quote>
        <p>En la segunda parte del informe, explican su dictamen mediante el comentario de
          diferentes fragmentos del texto que estiman reprensibles (a este respecto, cabe recalcar
          que no indican si el elenco de los fragmentos citados es representativo de las
          composiciones que estiman reprobables o si es exhaustivo). A veces citan textualmente los
          versos incriminados, otras veces, bien se limitan a mencionar las primeras y últimas
          palabras bien apuntan solamente el folio. Formulan un juicio –la censura propiamente
          dicha– acerca de cada pasaje que consideran digno de reparo. La unidad mínima examinada
          por el censor, sobre la que puede emitir un dictamen, se llama «proposición», es decir,
          una aserción que enuncia una doctrina, una tesis o una idea.</p>
        <p>Finalmente, Horio y Pineda concluyen sus informes insistiendo en la necesidad de recoger
          y expurgar el libro:</p>
        <quote>[Horio] «[…] yo, como calificador de este Santo Tribunal, pongo a los pies de Vuestra
          Alteza, con las proposiciones, mi parecer para que todo lo corrija.»</quote>
        <quote>[Pineda] «Parece que se puede recoger esta impresión, expurgándola y
          enmendándola.»</quote>
        <p>Tras haber reconstruido la estructura general de los dos textos, pasemos ahora al estudio
          de las peculiaridades de las características formales de cada censura.</p>
        <p>El informe del Padre Horio consta de cuatro páginas de tamaño in-folio, escritas a línea
          tirada, con letra bastante densa. El texto adopta la forma de una carta: se abre con una
          fórmula de saludo («Muy Poderoso Señor») y se cierra con una fórmula de despedida, la
          fecha y la firma. En la introducción, el mercedario enumera las categorías delictivas en
          las que opina que ha incurrido el texto (volveremos sobre ellas <hi rend="i">infra</hi>
          §5). En la segunda parte del informe, justifica su dictamen en once puntos, siguiendo el
          orden del libro. Cada uno de ellos versa sobre un poema o un fragmento: tras citar los
          versos o mencionar el folio en que se encuentran, formula escasas líneas de comentarios,
          separadas de la cita o de la referencia por el rótulo «Censura». Termina el informe
          discutiendo las aprobaciones de la obra a cargo de Juan Gómez y Vicente Espinel, con las
          que se muestra en profundo desacuerdo. En último lugar, reitera la necesidad de expurgar
          el libro e insiste en el escándalo que ha provocado en su convento y entre los religiosos
          de su orden (cf. <hi rend="i">supra</hi> § 2.2).</p>
        <p>La censura de Pineda es más extensa que la de Horio; ocupa siete páginas, redactadas con
          esmero. No sabemos si el jesuita consultó el informe del delator antes de componer su
          propia censura. Es probable que no, puesto que los calificadores que tenían a mano el
          escrito de un colega o de un delator solían referirse de manera explícita a él para darle
          la razón o contradecirlo, y Pineda no lo hizo. Al igual que Horio, el sevillano expone en
          primer lugar una apreciación global. La segunda parte está dividida en dos secciones. La
          primera consta de ocho observaciones generales sobre el libro; la segunda está dedicada a
          la «censura por menor de particulares lugares y proposiciones». En esta última sección,
          Pineda censura cuarenta poemas, que ordena por categorías, siguiendo el orden del libro:
          sonetos amorosos, satíricos, burlescos, sacros; décimas satíricas; letrillas burlescas;
          romances amorosos, líricos, satíricos y burlescos. Comenta cada fragmento de manera muy
          escueta; en algunas ocasiones se conforma incluso con señalar una proposición sin
          acompañarla de ningún comentario. La censura se cierra con una invitación a recoger y
          expurgar la obra.</p>
        <p>La conclusión de la censura está escrita con una letra distinta del resto del informe,
          que podría ser la de un secretario. Dicha conclusión presenta además dos añadidos
          marginales que parecen ser de una tercera mano (la misma que la que escribió una nota en
          la tercera página). Según los críticos que han reparado en este cambio de grafía, las dos
          notas de la conclusión desentonan en su contenido con el resto de la calificación dado
          que, al parecer, resultan más indulgentes que el conjunto: la primera admite que en la
          edición «quedan muchos y buenos pedazos que no tienen mucho inconveniente»; la segunda
          propone volver a imprimir el libro «callando el nombre del verdadero autor y que suene
          solo el nombre del recopilador». Jammes cree que fueron las notas añadidas por un miembro
          del Consejo de la Inquisición que intentó salvar el libro de la prohibición: «<hi
            xml:lang="fr">Il y eut sans doute à l’intérieur du Saint-Office quelques tiraillements
            et des résistances encouragées en haut lieu, peut-être par Olivarès</hi>»<note
            place="bottom">Jammes (2009: 338, n. 2). La misma teoría sostenía ya en su tesis
            doctoral (1967: 640).</note>. En nuestra opinión, estos argumentos no son concluyentes y
          no permiten afirmar tal disconformidad ni el carácter apócrifo de estas anotaciones. Por
          una parte, Pineda estaba a favor de la expurgación; por otra, varios manuscritos firmados
          por el jesuita conservados en el Archivo Histórico Nacional y en la Real Academia de la
            Historia<note place="bottom">Ver por ejemplo: AHN, Inquisición, leg. 4517, expediente 2:
              [<hi rend="i">Cartas de Juan de Pineda al Consejo de la Suprema Inquisición</hi>],
            siglo XVII, y RAH, 9/3742: [<hi rend="i">Correspondencia y papeles de Juan de
              Pineda</hi>], siglo XVII.</note> presentan una gran variedad de letras, y algunas son
          muy parecidas a la letra de las notas marginales que la crítica tiene por apócrifas.
          Prescindiendo incluso de estos documentos anexos, se ve claramente que si bien la letra de
          dichas notas es más diminuta que el resto del texto, se trata de la misma.</p>
      </div>
      <div>
        <head>5. [Fuentes] Autoridades y vocabulario censorio</head>
        <div>
          <head>5. 1. Autores citados y reglamentación inquisitorial</head>
          <p>Los calificadores sustentan su argumentación apoyándose en tres tipos de fuentes: los
            dogmas católicos (Sagradas Escrituras, cánones, etc.), las autoridades de la Iglesia
            (teólogos, Santos Padres, Doctores de la Iglesia, etc.) y la reglamentación
            inquisitorial que atañía a la censura de libros (decretos, edictos, Índices de libros
            prohibidos, etc.). Los censores, con frecuencia, no referían de manera explícita las
            fuentes a las que acudían para probar la heterodoxia de una proposición. Horio, de
            hecho, no menciona ninguna en concreto. Por su parte, Pineda cita a tres autoridades
            religiosas, que discurrieron sobre la moral del clero:</p>
          <p>– Juan Crisóstomo (354-c.407), patriarca de Constantinopla y uno de los cuatro Padres
            de la Iglesia de Oriente. Luchó contra los disensos doctrinales y defendió un modelo
            austero de moral<note place="bottom">Leroux.</note>.</p>
          <p>– el monje cisterciense Bernardo de Claraval (1090-1153), canonizado en 1174<note
              place="bottom">Lib. II de <hi rend="i">De Consideratione</hi> (1149-1152), cuestión 13
              (Patrología latina).</note>. En su obra <hi rend="i">De consideratione</hi>, citada
            por Pineda, recalcó las exigencias espirituales y morales del sumo pontífice<note
              place="bottom">Davy y Pacaut.</note>.</p>
          <p>– San Sidonio Apolinar (431/432-c. 487), obispo de Clermont. Escribió varios tratados
            contra diversas herejías<note place="bottom">Loyen (1943: 158).</note>.</p>
          <p>Asimismo, Pineda alude a las «reglas generales» que encabezan los Índices de libros
            prohibidos romanos y españoles<note place="bottom">En España se añadieron reglas
              generales a partir del Índice de Quiroga, publicado en 1583-1584. Son una
              reelaboración de las <hi rend="i">regulæ generalis</hi> del Índice del Concilio de
              Trento, publicado en 1564. En cada edición del Índice español, se completaba este
              reglamento con nuevas disposiciones, matices y aclaraciones.</note>. Este reglamento
            preliminar consta de varias disposiciones genéricas que permitían censurar de manera
            preventiva ciertas categorías de libros como por ejemplo los escritos de los herejes y
            heresiarcas, los libros de artes adivinatorias o las controversias religiosas en lengua
            vulgar. Dichas reglas no eran únicamente prohibitivas; de hecho, algunas matizaban
            ciertas condenaciones generales en un sentido más permisivo. Pineda se basa en
            particular en la regla séptima relativa a los libros eróticos, sobre la cual volveremos
            en el §6.</p>
        </div>
        <div>
          <head>5. 2. Las notas teológicas: el léxico del censor</head>
          <p>Para referirse a las múltiples formas de heterodoxia en que incurren los versos de
            edición de López de Vicuña, Horio y Pineda, al igual que todos los calificadores de la
            época, se valen de un léxico censorio específico: las «notas teológicas», llamadas
            también «censuras teológicas»<note place="bottom">En todo rigor, la teología reserva el
              término «nota» para las calificaciones destinadas a evaluar el grado de conformidad
              con el dogma (por ejemplo, <hi rend="i">nihil habens suspicionis, conformis dictis
                sanctorum, verus</hi>…). El término «censura» se usa para las calificaciones que
              determinan el grado de oposición al dogma, es decir las «censuras» propiamente dichas
              (por ejemplo, <hi rend="i">proxima hæresei, erronea, temeraria</hi>…).</note>. Las
            notas son un juicio sobre la «calidad» de una proposición, es decir, sobre su grado y
            tipo de disenso con respecto al dogma. Constituyen a la vez un vocabulario técnico y una
            matriz interpretativa mediante la cual los censores leen y juzgan los libros
            sospechosos. El sistema de notas no fue creado <hi rend="i">ad hoc</hi> por los
            calificadores del tribunal inquisitorial. Se trata de una nomenclatura heredada, forjada
            por las universidades y teólogos hacia finales del siglo XIII. Es un producto del
            pensamiento escolástico medieval y de la teología especulativa<note place="bottom">Neveu
              (2007: 981).</note>, a imagen de las tipologías de pecados<note place="bottom">Cf. el
              caso de los «pecados de la lengua» estudiado por Casagrande y Vecchio (1991).</note>.
            Posteriormente, la Iglesia empleó esta terminología utilizada hasta entonces en el
            ámbito académico para condenaciones dogmáticas pronunciadas por jueces
              eclesiásticos<note place="bottom">Cahill (1955: <num>xiii</num>); Neveu (1993:
              9).</note>. En el siglo XVII, la Inquisición adoptó a su vez este vocabulario para
            caracterizar las proposiciones heterodoxas (proferidas o escritas), en el marco de
            procedimientos judiciales.</p>
          <p>Tal categorización del delito intelectual coincidió con una necesidad nueva de la
            institución eclesial, que ya no se limitaba a perseguir la herejía sino también
            manifestaciones múltiples de heterodoxia, que representaban un grado menor de
            alejamiento al dogma<note place="bottom">Bianchi (1999: 5-6).</note>. Las notas
            teológicas no fueron objeto de une teoría general ni de una codificación oficial. El
            número y definición de los términos tampoco llegaron a fijarse de manera unívoca y
              definitiva<note place="bottom">Neveu (1993: 240).</note>. El desarrollo de la <hi
              rend="i">scientia notarum</hi> en la Edad Moderna se debe a la intensa especulación
            teológica de la Segunda escolástica y a la necesidad de contar con instrumentos más
            certeros que permitieran identificar modalidades múltiples de disconformidad con el
            dogma oficial<note place="bottom">Vega Ramos (2013a: 27-28; 2014a: 142-143).</note>. Las
            principales fuentes teóricas<note place="bottom">Para un panorama pormenorizado de los
              textos teóricos sobre las notas teológicas, ver Cahill (1955); Koser (1963) y Vega
              Ramos (2013a; 2014a).</note> de las que proceden las notas teológicas pueden agruparse
            en tres bloques: heresiología, literatura inquisitorial y teología.</p>
          <p>Los primeros escritos heresiológicos se remontan a la Antigüedad tardía; sus autores
            pretendían combatir los disensos en el seno de la Iglesia recién formada<note
              place="bottom">Marcos (2009: 10).</note>. En el siglo XVI, el protestantismo suscitó
            un interés renovado por esta rama de la teología. Los textos de los antiguos
            heresiólogos fueron releídos entonces masivamente, en especial los Padres de la Iglesia
            (Tertuliano, san Irineo, san Agustín, Epifanio de Salamina, Eusebio de Cesarea, etc.).
            Asimismo, la Reforma incentivó la escritura de nuevos tratados <hi rend="i">de
              hæresibus</hi>, dedicados a la identificación del hereje y de sus «errores». Algunos
            de estos textos incluían un capítulo dedicado a la distinción entre la herejía y otros
            tipos de disensos, entre ellos: <hi rend="i">De iusta hæreticorum punitione</hi> (1547)
            del teólogo franciscano Alfonso de Castro<note place="bottom">Lib. I, capítulo III «<hi
                rend="i">De differentia inter positionem hæreticam et erroneam et temerariam et
                scandalosam et alias similis notæ propositiones</hi>».</note>, <hi rend="i">De
              agnoscendis assertionibus catholicis et hæreticis tractatus</hi> (1555) del jurista e
            inquisidor Arnaldo Albertini<note place="bottom">Cuestión VI «<hi rend="i">Quot sunt
                species falsarum seu damnabilium assertionum</hi>».</note> y <hi rend="i">De
              catholicis institutionibus liber, ad præcauendas et extirpandas hæreses</hi> (1569)
            del jurista y calificador Diego de Simancas<note place="bottom">Capítulo LIV «<hi
                rend="i">Propositionum qualitate</hi>».</note>.</p>
          <p>La literatura inquisitorial tenía una finalidad sobre todo práctica. Servía de guía
            para los ministros del Santo Oficio para que pudieran no solo identificar las
            disensiones sino también combatirlas y castigarlas. Esta literatura se compone sobre
            todo de manuales y de tratados, cuyos autores (inquisidores, consultores o
            calificadores) contaban con una sólida formación jurídica. A este respecto, cabe
            destacar el manual del inquisidor dominico Nicolás Eymeric, revisado por Francisco Peña,
              <hi rend="i">Directorium Inquisitorum cum commentariis Francisci Pegnæ</hi>
              (1578)<note place="bottom">Cuestión LVIII «<hi rend="i">De hæretica pravitate ad
                officium inquisitionis pertinentes</hi>», comentario XXI «<hi rend="i">De
                propositione seu articulo hæretico</hi>».</note> así como <hi rend="i">De origine et
              progressu Oficii Sanctæ Inquisitionis</hi> (1598) del inquisidor Luis de Páramo<note
              place="bottom">Cuestión 3 «<hi rend="i">De hæresi et eius speciebus</hi>» (artículos
              103-114).</note>, las <hi rend="i">Flores Directorii inquisitorum</hi> (1625) de Luigi
            Bariola, consultor agustino del Santo Oficio<note place="bottom">«<hi rend="i">De varii
                propositionum gradibus</hi>» y «<hi rend="i">Propositionum earum
              qualitates</hi>».</note>, los <hi rend="i">Aphorismi inquisitorum</hi> (1630) de
            António de Sousa, consejero dominico del Santo Oficio de Lisboa<note place="bottom">Lib.
              1, capítulo VII «<hi rend="i">Qua ratione fides violetur</hi>».</note>, el <hi
              rend="i">Tractatus de officio Sanctissimæ Inquisitionis</hi> (1641) de Cesare Carena,
            jurista y fiscal de la Inquisición de Cremona<note place="bottom">Parte II, título XVI
                «<hi rend="i">De variis propositionum gradibus</hi>».</note>, y el <hi rend="i"
              >Manuale qualificatorum Sanctæ Inquisitionis</hi> (1642) del franciscano Giovanni
            Alberghini, calificador del tribunal de Sicilia<note place="bottom">Capítulo XII «<hi
                rend="i">De variis propositionum censuris seu qualificationibus</hi>».</note>.</p>
          <p>Se encuentran también taxonomías de notas en obras de teología, en particular, en los
            tratados <hi rend="i">de ecclesia, de fide</hi> y los tratados de dogmática<note
              place="bottom">Por ejemplo, la <hi rend="i">Summa de ecclesia</hi> (1489) de Juan de
              Torquemada (Lib. IV, parte II, capítulo XI «<hi rend="i">De multiplici genere
                damnabilium propositionum</hi>»), el <hi rend="i">Opus de triplici virtute
                theologica fide, spe et charitate</hi> (1621) de Francisco Suárez (<hi rend="i"
                >Tractatus primus de fide theologica</hi>, disputa XIX «<hi rend="i">De infidelibus
                apostatis seu hæreicis et imprimis. De culpa eorum quæ est hæresis</hi>», sección II
                «<hi rend="i">Quo sint gradis damnabilium propositionum in doctrina sacra et quis
                illorum sit propia materia circa quam hæresis versatur</hi>»), las <hi rend="i"
                >Disputationes Scholasticæ et morales de virtute fidei divinæ</hi> (1646) de Juan de
              Lugo y Quiroga (Disputa XX «<hi rend="i">De hæresi et hæreticis</hi>», sección III
                «<hi rend="i">De aliis propositionibus infra hæresim et de variis singularum
                censuris</hi>») y sobre todo los tomos XVII y XVIII del <hi rend="i">Cursus
                theologicus</hi> (1679) de los carmelitas de Salamanca (Disputa IX «<hi rend="i">De
                infidelitate»</hi>, duda IV «<hi rend="i">Quot sint gradus seu censuræ propositionum
                damnabilium</hi>?») y el <hi rend="i">Scrutinium doctrinarum</hi> (1709) de Giovanni
              Antonio Sessa (llamado Antonio de Panormo), que constituye una auténtica enciclopedia
              de las notas teológicas (cf. Vega Ramos (2013a: 27).</note>. También, resultó clave el
            libro <hi rend="i">De locis theologicis</hi> (1563) de Melchor Cano<note place="bottom"
              >Lib. XII «<hi rend="i">De locorum usu in scholastica disputatione</hi>», capítulo VI
                «<hi rend="i">De variis errorum gradibus, primumque de hæresi et hæretica
                propositione</hi>»; capítulo X «<hi rend="i">Regula tres, ad quas fidei externa
                iudicia dirigenda sunt</hi>», capítulo XI «<hi rend="i">De propositione erronea,
                sapientes hæresim, piarum aurium offensiva, temeraria, scandalosa</hi>».</note>, que
            sirvió de base para teóricos posteriores. Finalmente, en ciertos comentarios de la
            cuestión 11 del artículo de la <hi rend="i">Summa Theologica IIaIIæ</hi> de santo Tomás
            de Aquino se encuentran también varias enumeraciones de notas<note place="bottom">Por
              ejemplo, <hi rend="i">De fide, spe et charitate catholico regi Philippo II…
                Scholastica commentaria in Secundam Secundæ</hi> (1584) de Domingo Báñez (Tratado
                <hi rend="i">De fide</hi>, cuestión 11 «<hi rend="i">De hæresi</hi>», artículo 2
                «<hi rend="i">Utrum hæresis sit proprie circa ea quæ sunt fidei</hi>») o los <hi
                rend="i">Commentaria et disputationes in universam Primam Secundæ Sancti Tomæ</hi>
              (1609) de Pedro de Lorca (Disputa XL «<hi rend="i">Qui gradus errorum adversus fidem
                præter hæresim notari possunt</hi>»).</note>.</p>
          <p>Las notas definidas por los teóricos adoptan la forma de adjetivos (<hi rend="i"
              >contumeliosa, scandalosa, impia, phantastica…</hi>) o de locuciones (<hi rend="i"
              >periculosa in moribus, miscens sacra prophanis, offensiva piarum aurium</hi>…).
            Existen, entre las diferentes notas, diferencias de índole y de grado. Vega Ramos ha
            identificado dos grandes grupos. El primero abarca las notas «herética» y «errónea», que
            califican los delitos intelectuales más graves, aquellos que contradicen un dogma<note
              place="bottom">Vega Ramos (2014a: 144).</note>. El segundo grupo, más fluctuante,
            integra las «notas menores», que se aplican a todas aquellas doctrinas católicas cuya
            verdad, a diferencia de los dogmas, no ha sido demostrada de manera irrefutable por la
            Iglesia, las proposiciones relevantes para el orden civil<note place="bottom">Vega Ramos
              (2014a : 144).</note>, las formulaciones torpes y ambiguas, las retóricas inadaptadas,
            los estilos o razonamiento defectuosos. En suma, todo aquello que no manifestaba una
            clara oposición al credo católico pero que era susceptible de llevar el lector a
            «tropezar» y «caer» en el error. Asimismo, las notas pueden agruparse según que
            caractericen la substancia de la proposición (por ejemplo, las notas «herética»,
            «errónea», «temeraria»…), que se refieran a su forma (por ejemplo, «malsonante»,
            «escandalosa», «que ofende los piadosos oídos»…) o que califiquen los efectos que pueden
            surtir dicha proposición (por ejemplo, «cismática», «sediciosa», «subversiva de la
            jerarquía eclesiástica»…)<note place="bottom">Retomamos la clasificación propuesta por
              Negroni (1995: 19).</note>.</p>
          <p>En sus informes, Horio y Pineda emplean las principales notas definidas en los escritos
            teóricos mencionados, pero no consta de manera explícita la fuente teórica concreta en
            que se basaron. Se valen de los términos que etiquetan las desviaciones más graves
            (herética y errónea) y sobre todo de censuras menores (blasfema, escandalosa,
            malsonante, ofensiva de los oídos piadosos, temeraria y sospechosa en la fe). En los
            siguientes apartados, pasamos a aclarar el sentido de las distintas notas empleadas por
            los dos censores.</p>
          <p>Hasta los siglos XVI y XVII, los teóricos no concordaron en la definición de las
            proposiciones herética y errónea, que en muchas ocasiones se consideraban como
            equivalentes. Fueron Melchor Cano y los teólogos de la Segunda Escolástica quienes
            contribuyeron a asentar la diferencia entre las dos nociones<note place="bottom">Pozo
              (1959: 253-254); Cahill (1955: 6); Pinto Crespo (1985: 467).</note>: la proposición
            herética pasó entonces a definir exclusivamente la oposición a las «verdades relevadas»,
            es decir, las que contienen la Sagradas Escrituras y los artículos de fe definidos por
            el sumo pontífice, los concilios, la tradición apostólica y el magisterio de la
              Iglesia<note place="bottom">Pozo (1959: 253 y 257).</note>. Dicho de otro modo, la
            herejía no abarcaba ya cualquier tipo de disenso religioso sino tan solo la desviación
            doctrinal más grave. Por su parte, la <hi rend="i">propositio erronea</hi> caracterizaba
            la negación de «verdades definidas», es decir, las conclusiones teológicas que se
            «derivaban necesariamente» de las verdades reveladas<note place="bottom">Pozo (1959:
              257).</note>.</p>
          <p>La nota «temeraria» corresponde a un nivel de disenso inferior a las dos anteriores: la
              <hi rend="i">propositio temeraria</hi> consiste en una afirmación teológica o
            doctrinal que no viene respaldada por suficientes argumentos, ya sea argumentos de
            autoridad ya sea argumentos de razón; por tanto, la verdad de esta proposición no puede
            ser comprobada<note place="bottom">Alfonso de Castro, <hi rend="i">De iusta hæreticorum
                punitione</hi>..., Salmanticæ: Excudebat Joannes Giunta, anno domini 1547, f. 10r;
              Luigi Bariola, <hi rend="i">Flores Directorii inquisitorum</hi>..., Mediolani: Apud
              hær. Pacifici Pontii et Ioannem Baptistam Piccaleaur, 1625, p. 188; Giovanni
              Alberghini, <hi rend="i">Manuale qualificatorum Sanctæ Inquisitionis</hi>
              <hi rend="i">in quo omnia, quæ ad illud tribunal, ac hæresum censuram, pertinent,
                brevi methodo adducuntur</hi>, Cæsaraugustæ: Typis Agustini Verges, 1671, p. 35;
              Collegii Salmanticensis FF. Discalceatorum B. Mariæ de Monte Carmeli<hi rend="i">...
                Cursus theologicus iuxta miram Divi Thomæ præceptoris angelici doctrinam. Tomus
                septimus. Complectens duos tractatus. Primum de fide, secundum de spe: in ordine
                vero XVII et XVIII</hi>, Lugduni: Sumptibus Joannis Antonii Huguetan et Societatis,
              1679, p. 320.</note>. Tal afirmación va en contra de la opinión más extendida de los
            Doctores de la Iglesia, de los teólogos y juristas, por ende, se opone a las tesis más
            probables, es decir, más fiables.</p>
          <p>La proposición sospechosa de herejía (o sospechosa en la fe) suele considerarse
            equivalente a la proposición con sabor a herejía (<hi rend="i">propositio hæresis
              sapiens)</hi>, es decir, la proposición que, <hi rend="i">prima facie</hi>, tiene un
            sentido herético pero que, bien mirado, es también capaz de un sentido ortodoxo, si se
            entiende, por ejemplo, en un sentido figurado o metafórico<note place="bottom">Castro,
                <hi rend="i">De iusta hæreticorum punitione</hi>..., 1547, f. 9v ; Diego de
              Simancas, <hi rend="i">De catholicis institutionibus liber, ad præcauendas et
                extirpandas hæreses admodum necessarius</hi>, Compluti : apud Andream de Angulo,
              1569, f. 257r; Domingo Báñez, <hi rend="i">De Fide, Spe et Charitate catholico regi
                Philippo II... Scholastica commentaria in Secundam Secundæ Angelici Doctoris partem,
                quæ ad Quæstionem quadragesimam sextam protenduntur, dicata</hi>, Salmanticæ: Apud
              S. Stephanum Ordinis Prædicatorum, 1584, col. 644; Bariola<hi rend="i">, Flores
                Directorii inquisitorum</hi>..., 1625, p. 195; Antonio de Panormo, <hi rend="i"
                >Scrutinium doctrinarum qualificandis assertionibus thesibus atque libris
                conducentium</hi>…, Romæ: Typis et sumptibus Rochi Bernabo, 1709, p. 336.</note>.
            Para Melchor Cano, la proposición que sabe a herejía se diferencia de las heréticas y
            erróneas en la medida en que no niega de manera evidente un dogma: son las consecuencias
            probables de dicha afirmación las que se oponen a este<note place="bottom">Melchor Cano,
                <hi rend="i">De locis theologicis libri duodecim</hi>..., Salmanticæ: Excudebat
              Mathias Gastius, 1563, p. 441.</note>. En otras palabras, no tiene una substancia
            herética, sino solamente la forma, la apariencia de la herejía<note place="bottom">«<hi
                rend="i">Propositio sapiens hæresim… quæ etsi non sit aut manifeste non appareat
                hæresis affert tamen ejus saporem ob convenientiam saltem in vocibus aut
                accidentibus alicui hæresi peculiaribus</hi>» (Collegii Salmanticensis..., <hi
                rend="i">Cursus theologicus</hi>…, p. 317).</note>.</p>
          <p>Las notas «escandalosas», «malsonantes» y «que ofenden los piadosos oídos» (<hi
              rend="i">piarum aurium ofensivas</hi>) caracterizan en general la forma de la
            proposición. La <hi rend="i">propositio scandalosa</hi> es una afirmación que conduce al
            que la lee o escucha a la «ruina espiritual»<note place="bottom">Arnaldo Albertini, <hi
                rend="i">De agnoscendis assertionibus catholicis et hæreticis tractatus</hi>, Romæ:
              In ædibus Populi Romani, 1572, f. 15r; Bariola, <hi rend="i">Flores Directorii
                inquisitorum</hi>…, 1625, p. 195.</note>. El «escándalo» no se corresponde con lo
            que se entiende hoy por este término: remite a aquello que es susceptible de llevar el
            lector a «tropezar» y «caer» en el error, la impiedad, el desprecio de la religión o,
            como mínimo, la desconfianza hacia ella<note place="bottom">Alberghini, <hi rend="i"
                >Manuale qualificatorum Sanctæ Inquisitionis</hi>..., 1671, p. 53; Francisco Suárez,
                <hi rend="i">Opus de triplici virtute theologica fide, spe et charitate. In tre
                tractatus pro ipsarum virtutum numero distributum</hi>…, Lugduni: Sumptibus Iacobi
              Cardon et Petro Cavellar, 1621, col. 658 ; Collegii Salmanticensis..., <hi rend="i"
                >Cursus theologicus</hi>..., 1679, p. 319.</note>. Si bien no contiene ningún error
            en sí, las consecuencias que se extraen de tal aserción (los efectos ilocutivos) pueden
            resultar nefastas para la fe<note place="bottom">Báñez, <hi rend="i">De fide, spe et
                charitate</hi>…, 1584, col. 647.</note>. La proposición malsonante, por su parte, se
            define desde Cano como una proposición incongruente, torpe o confusa, que usa las
            palabras de manera imprecisa o inapropiada<note place="bottom">Cano, <hi rend="i">De
                locis theologicis</hi>…, 1563, p. 443.</note>. Expone una doctrina ortodoxa pero de
            manera imprudente y ambigua. El desorden verbal puede estribar en una mera cuestión
            gramatical o de estilo<note place="bottom">Vega Ramos (2014a: 148).</note>. Se recelaba
            de lo oscuro y equívoco, sobre todo en materia de religión; se veía como un peligro en
            la medida en que se pensaba que podía llevar el lector a interpretaciones heterodoxas,
            por muy «sana» que fuera la doctrina expuesta<note place="bottom">Bariola, <hi rend="i"
                >Flores Directorii inquisitorum</hi>…, 1625, p. 189-190.</note>. Esta proposición
            solía considerarse como equivalente a la <hi rend="i">piarum aurium offensiva</hi>: como
            explica Melchor Cano, los píos oídos no son los del vulgo ignorante sino los oídos
            escrupulosos y delicados de los doctos teólogos que perciben no solo las herejías sino
            también estas pequeñas discordancias<note place="bottom">Cano, <hi rend="i">De locis
                theologicis</hi>…, 1563, p. 443. Para Lugo y Quiroga, la proposición malsonante
              expone una idea ortodoxa pero de manera inapropiada e inusitada mientras que la
              proposición que ofende los píos oídos expresa de manera adecuada una afirmación que es
              mejor callar por respeto a la Iglesia o porque podría llevar a los fieles a
              despreciarla (Cahill 1955:155).</note>.</p>
          <p>La proposición blasfema representa un grado de disenso menor con respecto a las
            anteriores. Es una aserción que encierra una ofensa o un insulto hacia Dios, la Virgen o
            los santos, atribuyéndoles imperfecciones o negándoles virtudes como la
              misericordia<note place="bottom">Simancas, <hi rend="i">De catholicis
                institutionibus</hi>..., 1569, f. 258r ; Bariola, <hi rend="i">Flores Directorii
                inquisitorum</hi>..., 1625, p. 190-191; Juan Bautista Poza, <hi rend="i">Votum
                Platonis de iusto examine doctrinarum et de earum probabilitate et de primis
                instantiis et aliis recursibus præsertim in causis fidei</hi>..., Cæsar-Augustæ:
              Apud Petrum Verges, 1639, f. 14v; Alberghini, <hi rend="i">Manuale
              qualificatorum</hi>..., 1671, p. 54; Collegii Salmanticensis... <hi rend="i">Cursus
                theologicus</hi>…, 1679, p. 319.</note>. Para muchos teóricos, es equivalente a la
            proposición <hi rend="i">maledica</hi><note place="bottom"><p xml:lang="none">Simancas,
                  <hi rend="i">De catholicis institutionibus</hi>..., 1569, 258r; Luis de Páramo,
                  <hi rend="i">De origine et progressu officii Sanctæ Inquisitionis, eiusque
                  dignitate et utilitate</hi>, Matriti: Ex Typographia Regia, 1598, p.
              568.</p></note>.</p>
          <p>Además de este elenco, Pineda y Horio usaron también, como era usual en los
            calificadores de la época, abundantes variantes o paráfrasis de notas definidas en los
            escritos teóricos, que servían probablemente para aportar matices a una nota existente.
            A menudo, las notas y sus derivados recurren a los sentidos, en particular al oído («que
            suena mal»), al olfato («que huele a gentilidad»), al gusto («que sabe a temeridad») y
            al tacto («recia», «rígida»). En los dos informes, las variantes más numerosas
            conciernen dos tipos de proposiciones: la proposición peligrosa para las buenas
            costumbres (<hi rend="i">periculosa in moribus</hi>) y la proposición injuriosa (o <hi
              rend="i">propositio detractiva</hi>). Las variantes son las siguientes:</p>
          <p>– [Peligrosa para las buenas costumbres]: «obscena», «que acomoda a cosas lascivas»,
            «desvergonzada», «deshonesta», «contra las buenas costumbres« («contra todas buenas
            costumbres», «contra las buenas costumbres del pueblo cristiano»), «que desdice a las
            buenas costumbres», «perjudicial a todas las buenas costumbres», «indecente», «[que]
            convida y aconseja a mala y lujuriosa vida», «lasciv[a] con demasía». En su censura,
            Pineda usa las expresiones «que huele mal», «inmundo», «sucio», «poco limpio» para
            etiquetar los versos escatológicos o eróticos.</p>
          <p>– [Proposición injuriosa] «ofensiva de personas gravísimas», «infamatori[a] contra
            todos los estados», «infamatoria contra el estado religioso», «maldiciente», «irrisoria
            del Espíritu Santo», «irrisoria del estado religioso», «irrisoria a la autoridad de la
            Sagrada Escritura», «irrisoria del Santo Tribunal de la Inquisición», «irrisoria al modo
            con que se veneran las imágenes de devoción». Pineda emplea también verbos que expresan
            la misma idea: notar, hablar mal, hablar con maledicencia, picar, decir mal, infamar,
            ofender, afrentar, murmurar.</p>
          <p>Estos calificativos sirvieron para censurar la mayoría de las proposiciones delatadas
            por los dos religiosos. De hecho, los versos reputados infamatorios y contra las buenas
            costumbres, que dieron lugar a una profusa creación léxica por parte de Horio y Pineda,
            fueron los dos principales elementos que suscitaron sus censuras.</p>
        </div>
      </div>
      <div>
        <head>6. [Conceptos debatidos]</head>
        <p>En líneas generales, las conclusiones de Pineda y Horio coinciden, pero se fijan
          mayoritariamente en poemas y aspectos distintos. Cuatro de los once poemas censurados por
          el mercedario lo son también por Pineda pero en uno de ellos aluden a fragmentos
          diferentes. La materia poética no constituye el único foco de atención de los censores:
          además del contenido de la obra propiamente dicho, reparan en los paratextos y, en el caso
          de Pineda, en el autor y las características formales del texto.</p>
        <div>
          <head>6. 1. Paratextos</head>
          <p>En lo que atañe a los paratextos, Horio y Pineda coinciden en su desacuerdo con las dos
            aprobaciones de la obra, que sostienen que la edición de López de Vicuña no contiene
            nada contra la fe ni las buenas costumbres<note place="bottom">Cf. anexos 2 y 3.</note>.
            El mercedario arguye que el libro va en contra de las buenas costumbres porque «enseña a
            pecar» y contiene proposiciones que tienen «calidad de oficio», es decir, proposiciones
            que merecen censura. Asimismo, Horio y Pineda concuerdan en que la dedicatoria de la
            edición al inquisidor general es impropia porque no solo no se dio permiso al editor
            para que pudiera hacer semejante ofrenda sino que la obra contiene cosas indignas de ser
            dedicadas a persona tan ilustre. Según Pineda, el verdadero cometido de esta dedicatoria
            era darle un barniz de respetabilidad y crédito a una obra indecente, valiéndose de la
            dignidad y solvencia del inquisidor general.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. 2. Autor</head>
          <p>El primer reparo expresado por Pineda se centra en el propio autor, y más concretamente
            en su estatuto de sacerdote y su fama. El censor opina que la edición de la obra poética
            de Góngora no hubiera debido salir en letras de molde porque el autor siempre se había
            negado a publicar sus poemas. El poeta era consciente, según alega Pineda, de que su
            obra resultaba incompatible, por indecente, con su condición de eclesiástico, más
            concretamente de sacerdote, capellán del rey y racionero de la catedral de Córdoba. Por
            tanto, la edición de López de Vicuña no solo agraviaba la memoria del autor sino todo el
            estado eclesiástico ya que la infamia de un sacerdote recaía necesariamente en el
            conjunto del clero. Pineda esgrime aquí uno de los lugares comunes de las calificaciones
            de la época, a saber, el peligro de que los deslices de los católicos –y más
            específicamente del clero– den motivo a los herejes para hacer mofa de su fe y sus
            costumbres, y desacreditar con ello a la Iglesia romana. Lo que importaba al jesuita era
            velar por la reputación del estado eclesiástico. En muchas ocasiones, las censuras que
            formula no fueron motivadas porque unos versos fueran reprobables en sí sino porque
            estaban escritos por un ministro de la Iglesia. Posiblemente, de ser obras de un laico
            hubieran salido ilesas, pero en boca de un clérigo no eran tolerables, porque
            desentonaban con las normas de conducta clericales, y por tanto constituían un pésimo
            ejemplo para los fieles.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. 3. Características formales</head>
          <p>La segunda advertencia formulada por Pineda atañe a la forma del texto. Opina que las
            características materiales del libro ofrecen dos agravantes que hacen todavía más dañina
            la lectura: en primer lugar, el haber sido publicado en lengua vulgar, y en segundo
            lugar, el estar compuesto de versos, chistes y «refrancillos fáciles de leer». Estas dos
            características permitían que la obra fuera accesible a un amplio público, en particular
            a los indoctos, y que resultase muy pegadiza. En suma, todas las cosas reprobables que
            contenía el libro se encontraban al alcance de los lectores en quienes más daño podían
            causar. Para sostener esta tesis, Pineda se apoya un argumento tópico alegado por los
            teólogos y moralistas de la época acerca de los «malos libros», según el cual los
            lectores menos preparados eran los que más podían verse afectados por las lecturas
            consideradas como peligrosas para la fe y las costumbres<note place="bottom">Sobre este
              aspecto, ver Gagliardi (2010; 2017); Vega Ramos (2012: 11; 2013b, 2016); Fosalba
              (2013).</note>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. 4. Connotaciones eróticas</head>
          <p>En lo que hace al contenido propiamente dicho, las críticas de los dos religiosos
            convergen en lo que concierne los elementos eróticos que presentan algunas composiciones
            poéticas de la edición. En los territorios bajo la jurisdicción de la Inquisición
            española, el erotismo no constituyó un motivo de censura inquisitorial en sí hasta el
            Índice de 1640. Mientras que a partir de 1564, la <hi rend="i">regula VII</hi> del
            Índice tridentino prohibió tajantemente los libros que trataban de cosas obscenas<note
              place="bottom">«<hi rend="i">Libri qui res lascivas, seu obscænas ex professo
                tractant, narrant aut docent, cum non solum fidei, sed et morum qui huiusmodi
                librorum lectione facile corrumpi solent, ratio habenda sit, omnino
              prohibentur</hi>» (<hi rend="i">Index librorum prohibitorum cum regulis confectis per
                Patres a Tridentina Synodo delectos auctoritate Pii IV, Sixti V. ac Clementis
                VIII</hi>, Romæ: Apud Impressores Camerales, 1596, p. 14).</note>, el catálogo de
            libros prohibidos publicado por la Inquisición en 1583 ignoró esta cláusula. En el
            Índice siguiente, impreso en 1612, los compiladores decidieron prohibir los «libros
            lascivos» pero solamente en el caso de que contuviesen herejías o errores
              doctrinales<note place="bottom">Sobre la evolución de la posición inquisitorial
              española sobre los libros eróticos, ver Cerrón Puga (1998; 1999).</note>: «Prohíbense
            los libros que tratan, cuentan y enseñan cosas lascivas, de amores, u otras
            cualesquiera, mezclando en ellas herejías, o errores en la fe, ora sea exagerando y
            encareciendo los amores, ora en otra manera»<note place="bottom"><hi rend="i">Index
                Librorum Prohibitorum et Expurgandorum. Illmi. Ac Rmi. D.D. Bernardi de Sandoval et
                Roxas</hi>…, vol. I, Madriti, apud Ludovicum Sanchez Typographum Regium, 1612, p.
              4.</note>. Para justificar la censura de los versos eróticos, Pineda apela a la regla
            VII del Índice romano y del catálogo español, obviando la restricción añadida por los
            compiladores del repertorio de 1612 a la disposición del <hi rend="i">Index</hi>
            tridentino («mezclando en ellas herejías, o errores en la fe»). De hecho, los censores
            de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi> repararon en varios poemas
            eróticos, que no siempre incluían disensiones doctrinales. Pineda alegaba –se puede
            estimar que con cierta mala fe– que si bien el libro no contiene solo cosas lascivas los
            lectores sin duda lo buscarían y leerían por este motivo, sabiendo que el autor tenía
            fama de «lascivo, picaril, verde y picante». Al calor de este argumento excesivo,
            sostiene que la obra resultaba igual de peligrosa que si fuera totalmente lasciva. Es
            probable también que la sensibilidad de los dos censores hacia el erotismo se viera
            agudizada por el contexto de reforma moral propiciado por la Junta de Reformación
            establecida por Felipe IV en 1621, destinada a enmendar las costumbres y reprobar el
            lujo. Como recuerda Cayuela<note place="bottom">Cayuela (1993: 51).</note>, durante la
            sesión del 6 de marzo de 1625, se llamó la atención sobre el peligro que encerraban
            ciertos libros para las buenas costumbres. Sin embargo, parece que la razón principal
            por la que los censores se sintieron molestos por la publicación de este contenido era
            la propia condición de sacerdote del poeta porque resultaba indecente que un
            eclesiástico hablase tan abiertamente de estos temas. Un clérigo podía hablar de
            sexualidad –los manuales de confesores y las sumas de casos de conciencia son una prueba
            de ello– pero con el objetivo de disciplinar las conductas y sancionar los
            comportamientos considerados inconvenientes.</p>
          <p>Horio y Pineda atacan por tanto los poemas que aluden de manera más o menos velada a
            «cosas de amores», como el soneto «Ya besando unas manos cristalinas» o «Hermana
            Marica». Al margen de que la evocación de los placeres carnales pudiera resultar
            indecente, los teólogos y censores de la época pensaban que la lectura de textos que
            recreaban situaciones escabrosas incitaba el lector a la lascivia, sobre todo cuando se
            trataba de un lectorado reputado más vulnerable, es decir, los jóvenes y las
              mujeres<note place="bottom">Sobre este aspecto, ver Vega Ramos (2013b).</note>. Los
            censores se fijan asimismo en composiciones poéticas que consideran como invitaciones al
            pecado y las que describen una sexualidad prohibida, en particular, la de los
            eclesiásticos y de las monjas, así como las relaciones extraconyugales o
            prematrimoniales como el soneto «Musas, si la pluma mía».</p>
          <p>Horio denuncia también varios poemas que mezclan alusiones eróticas con contenidos
            religiosos, como las décimas «En trescientas santas claras», «Todo el mundo está
            trocado» o «Recebid ambas a dos». De manera general, el mercedario desaprueba cualquier
            tropo que use un referente sagrado en un contexto profano, como en el soneto «Señores
            académicos mi mula» o en la letrilla «Si a gastar y pretender». Semejante combinación
            era considerada como una forma de irrisión de lo sagrado<note place="bottom">Cf.
              Ravasini (2013).</note>.</p>
          <p>Pineda se fija asimismo en varios poemas escatológicos, aunque no incluyan ninguna
            referencia religiosa. Si bien tales poemas contravenían a los principios de pudor y
            elegancia, no se oponían a la religión.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. 5. Versos que menoscaban el honor y la reputación</head>
          <p>El segundo gran bloque de críticas relativas al contenido son los versos juzgados
            injuriosos e infamantes. Los censores reparan sobre todo en los versos que estiman
            ofensivos hacia los eclesiásticos. Si el anticlericalismo medieval no suponía una
            amenaza para la fe a ojos de la Iglesia, el protestantismo y su feroz crítica del clero
            hizo que cualquier crítica se convirtiese en una manifestación sospechosa. De hecho,
            Horio asocia los versos que representan una afrenta hacia los religiosos con actitudes y
            posiciones luteranas.</p>
          <p>El principal reparo formulado por Pineda son los versos que, en su opinión, injurian,
            denigran o simplemente ridiculizan, mediante la burla o la sátira, a personas concretas,
            o grupos de personas (estamento, grupos sociales, corte, etc.). De hecho, sobre los
            cuarenta poemas denunciados por Pineda, treinta y tres son composiciones satíricas o
            burlescas, esto es, casi un 85%. El censor da por infamante el hecho de atribuir de
            manera generalizada vicios y pecados a un estamento o grupo social en bloque (clérigos,
            frailes, casados, doncellas, reyes, abogados, etc.). Asimismo, tacha de ofensivo el
            hacer mofa de personas concretas y conocidas que el censor tiene por dignas de respeto,
            que se señalan de manera unívoca (por ejemplo, Quevedo, los detractores del <hi rend="i"
              >Polifemo</hi>, el obispo Cristóbal de la Cámara y Murga, el presidente de Castilla,
            Pedro Bravo de Sotomayor, etc.). En muchas ocasiones, las burlas no solo resultan más
            bien inofensivas sino que no presentan ninguna contradicción con la moral ni la
            ortodoxia, como en el soneto «Salí, señor don
            Pedro, esta mañana». Se puede conjeturar que la sensibilidad del censor jesuita hacia
            tales versos estuviera agudizada por haber sido él mismo objeto de las burlas del poeta
            cordobés.</p>
          <p>Pineda tampoco tolera la autoderisión del poeta, porque supondría desacreditar con sus
            mofas todo el orden eclesiástico, como en el romance «Ensíllenme en el asno rucio», en
            el que el poeta se califica de «pantuflo aguileño».</p>
        </div>
      </div>
      <div>
        <head>7. [Otras cuestiones] Autoría de los poemas censurados</head>
        <p>En lo que hace a la autoría de las poesías citadas por los dos calificadores, es preciso
          subrayar que la censura concierne a muchas composiciones apócrifas, que o bien no son de
          la pluma del poeta cordobés o bien son de atribución incierta. De hecho, de los once
          poemas censurados por Horio, uno es de autoría probable y cinco son apócrifos. Asimismo,
          de las cuarenta poesías denunciadas por el censor sevillano, tres son de atribución
          insegura y diez son apócrifas, lo que representa la tercera parte del total. En síntesis,
          más de un tercio de las obras que recibieron la censura de los dos calificadores no son de
          autoría segura. Horio y Pineda, en resumidas cuentas, reprueban tanto la obra gongorina
          como los poemas ajenos incluidos en la edición de López de Vicuña.</p>
        <table rend="center">
          <row>
            <cell cols="4" rend="middle">
              <p rend="center noindent b sc">Hernando Horio</p>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell rend="center middle">Poemas citados (por orden alfabético)</cell>
            <cell rend="center middle">Autoría segura</cell>
            <cell rend="center middle">Autoría probable</cell>
            <cell rend="center middle">Apócrifos</cell>
          </row>
          <row>
            <cell rend="left top">«Cual más cual menos»</cell>
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            <cell rend="center top"/>
            <cell rend="center top">X</cell>
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          <row>
            <cell rend="left top">«Dulce misa picaril»</cell>
            <cell rend="center top"/>
            <cell rend="center top"/>
            <cell rend="center top">X</cell>
          </row>
          <row>
            <cell rend="left top">«En trescientas santas Claras»</cell>
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                target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem185"
                >[OC185]</ref>
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          <row>
            <cell rend="left top">«Marco de plata excelente»</cell>
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            <cell rend="left top">«Musas si la pluma mía»</cell>
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          <row>
            <cell rend="left top">«Que pida a un galán Menguilla»</cell>
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            <cell rend="left top">«Recebid ambas a dos»</cell>
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            <cell rend="left top">«Señores académicos, mi mula»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Si a gastar y pretender»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Todo el mundo está trocado»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Yace debajo de esta piedra fría»</cell>
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                >[OC433]</ref>
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          </row></table>
          <table rend="center"><row>
            <cell cols="4" rend="top">
              <p rend="center noindent b sc">Juan de Pineda</p>
            </cell>
          </row>
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            <cell rend="center middle">Poemas citados (por orden alfabético)</cell>
            <cell rend="center middle">Autoría segura</cell>
            <cell rend="center middle">Autoría probable</cell>
            <cell rend="center middle">Apócrifos</cell>
          </row>
          <row>
            <cell rend="left top">«Ahora que estoy de espacio»</cell>
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                >[OC73]</ref>
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          <row>
            <cell rend="left top">«Anacreonte español, no hay quien os tope»</cell>
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            <cell rend="left top">«Castillo de san Cervantes»</cell>
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                target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem89"
                >[OC89]</ref>
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            <cell rend="left top">«Cierto opositor, si no»</cell>
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            <cell rend="left top">«Cual más, cual menos»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Cuando la rosada Aurora»</cell>
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            <cell rend="left top">«Da bienes Fortuna»</cell>
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            <cell rend="left top">«De aquel buen siglo dorado»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«De humildes padres hija, en pobres paños»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Dejad los libros ahora»</cell>
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            <cell rend="left top">«De pura honestidad de templo sagrado»</cell>
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            <cell rend="left top">«Despidiose el francés con grasa buena»</cell>
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            <cell rend="left top">«Digamos de lo que siento»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Diez años vivió Belerma»</cell>
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            <cell rend="left top">«Dulce musa picaril»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Ensíllenme en el asno rucio»</cell>
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            <cell rend="left top">«Grandes, más que elefantes y que abadas»</cell>
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            <cell rend="left top">«Hanme dicho, hermanas»</cell>
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            <cell rend="left top">«Hermana Marica»</cell>
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            <cell rend="left top">«Hermosa es y con dinero»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Ícaro de bayeta, si de pino»</cell>
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            <cell rend="left top">«La ciudad de Babilonia»</cell>
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            <cell rend="left top">«Las no piadosas Martas ya te pones»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Llegué a Valladolid, registré luego»</cell>
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            <cell rend="left top">«Mandadero es el arquero»</cell>
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            <cell rend="left top">«Oh bien haya Jaén, que en lienzo prieto»</cell>
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            <cell rend="left top">«Pender de un leño, traspasado el pecho»</cell>
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            <cell rend="left top">«Pisó las calles de Madrid el fiero»</cell>
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            <cell rend="left top">«¿Qué lleva el señor Esgueva?»</cell>
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            <cell rend="left top">«Que se nos va la pascua, mozas»</cell>
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            <cell rend="left top">«Que tenga el engaño asiento»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Salí, señor don Pedro, esta mañana»</cell>
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            <cell rend="left top">«Sentencia es de bachilleres»</cell>
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            <cell rend="left top">«Si a gastar y pretender»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«Si en todo lo qu’hago»</cell>
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            <cell rend="left top">«Si ociosa no, asistió naturaleza»</cell>
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            <cell rend="left top">«Todo el mundo está trocado»</cell>
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            <cell rend="center top">X</cell>
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            <cell rend="left top">«¿Vos sois Valladolid? ¿Vos sois el valle?»</cell>
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            <cell rend="left top">«Ya besando unas manos cristalinas»</cell>
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          <row>
            <cell rend="left top">«Yace debajo de esta piedra fría»</cell>
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          </row>
        </table>
      </div>
      <div>
        <head>8. Conclusión</head>
        <p>Las censuras de las <hi rend="i">Obras en versos del Homero español</hi> redactadas por
          los calificadores Hernando Horio y Juan de Pineda llevaron a la prohibición de la edición
          en junio de 1628. Sin embargo, los inquisidores del Tribunal de la Suprema obviaron las
          objeciones relativas al contenido propiamente dicho que habían formulado Horio y Pineda y
          alegaron únicamente dos de las razones planteadas por los dos censores para justificar la
          recogida de la obra: el haberse publicado sin nombre de autor y tener una «dedicatoria
          falsa», es decir, no autorizada por el dedicatario. Dichas razones son, en efecto, las que
          aparecen en el edicto de prohibición. Con toda probabilidad, los inquisidores consideraron
          que esos dos cargos eran suficientemente graves para vedar la obra. De hecho, una de las
          reglas generales del Índice prohibía los libros publicados de manera anónima. A raíz de la
          prohibición, los inquisidores pidieron que se interrogase a López de Vicuña no por haber
          publicado versos censurables sino «para saber el motivo que tuvo en poner la
            dedicatoria»<note place="bottom">López de Vicuña declaró a los inquisidores que dedicó
            el libro al inquisidor general bajo consejo de unas monjas del convento de Nuestra
            Señora de Constantinopla: «como quiera que es costumbre dedicar cualquier libro a un
            gran señor, y tratando y confiriendo con diferentes personas a quien sería bueno
            dedicarle, y particularmente teniendo noticia de ello en el dicho convento de Nuestra
            Señora de Constantinopla algunas de las religiosas de él, le dijeron que a naide mejor
            que al Ilustrísimo señor cardenal Zapata, inquisidor general, y a este que declara le
            pareció hacerlo así, atendiendo a la mucha merced que hace a aquella casa, ya que toda
            la más hacienda que tiene está en Barajas, donde este acude muy a menudo, y así se le
            dedicó y dio cuenta de ello a doña Juana Zapata, abadesa que hoy es del dicho convento,
            la cual sacó un papel de otra señora religiosa, cuyo nombre este no sabe, y se le dio a
            este que declara, para que con un libro impreso se le llevase a su ilustrísima, como lo
            hizo, y por estar ocupado y no poderle hablar, se le entregó a su secretario, el cual
            dijo que volviese a besar la mano a su ilustrísima, y este no lo hizo por ofrecérsele
            una jornada y haber estado en la ciudad de Sevilla, a ciertas cobranzas del dicho
            convento. Y que esto es lo que pasó y no otra cosa, lo cual es la verdad debajo del
            dicho juramento» (citado por Moll 1997).</note>.</p>
        <p>La recogida de la edición de López de Vicuña no fue el único episodio censorio que
          experimentaron las obras del poeta cordobés. Ya en 1627, antes de salir a la venta, el
          texto sufrió una primera corrección por parte del editor que dio lugar a dos emisiones:
          una sin corregir, y otra enmendada, con varios recortes<note place="bottom">Wilson (1968:
            48-49); Alonso (1982: 464-467); Moll (1984: 933-950).</note>. En 1633, la prohibida
          edición de López de Vicuña fue sustituida en el mercado por la edición de Gonzalo de Hoces
          y Córdoba, en la que se eliminaron varios poemas de los denunciados por Pineda y
            Horio<note place="bottom">Cf. Jammes (1967: 641).</note>. Lo cual prueba que la gran
          mayoría de las composiciones reprobadas por los dos censores fueron finalmente toleradas.
          Posteriormente, en 1634, se publicó en Madrid una nueva edición en la que se descartaron
          treinta y cuatro composiciones; nueve de ellas habían sido denunciadas por el censor
            jesuita<note place="bottom">Cf. Moll (1984: 952).</note>.</p>
        <p>Volviendo a las dos calificaciones estudiadas, hemos observado que, si bien los
          dictámenes de los religiosos apuntan básicamente en la misma dirección, ofrecen algunas
          divergencias, que dan fe del carácter subjetivo de la labor de la censura y de cierta
          indeterminación de los criterios censorios. A este respecto, es aún más llamativa la
          disparidad entre, por una parte, la opinión de los dos aprobadores, Juan Gómez y Vicente
          Espinel, que estimaron que la obra era totalmente ortodoxa, y, por otra parte, el juicio
          de los calificadores Horio y Pineda. Tal contraste podría explicarse en parte por el
          perfil de los censores: Espinel era amigo del poeta<note place="bottom">Dolfi (2005: 232,
            n. 6); Pastor Comín (2008: 326-327).</note> mientras que Pineda, al parecer, guardaba
          animadversión hacia el autor (cf. Introducción §2). A pesar de que las conclusiones
          extraídas por Horio y Pineda fueron convergentes (cf. Introducción §6), los dos hicieron
          hincapié en aspectos distintos. El mercedario denunció un número limitado de poemas y se
          fijó sobre todo en los versos «desvergonzados», en tanto que eran otras tantas
          invitaciones a pecar, así como en las mezclas sacroprofanas, porque hacían irrisión de la
          religión, y en los versos que no dejaban en buen lugar al clero, en parte porque parecían
          hacer eco a las críticas protestantes. Por su parte, Pineda reprobó lo que reputó
          infamante, no solo hacia el clero sino también hacia personas o entidades civiles, y de
          manera general, censuró todo lo que juzgaba indigno de ser escrito por un sacerdote. En
          este sentido, el jesuita se mostró en algunas ocasiones sumamente quisquilloso y reparó en
          aspectos que parecen más bien fútiles –es de suponer que si el autor no hubiera sido
          sacerdote el dictamen del calificador hubiera sido más lene.</p>
        <p>En resumidas cuentas, las calificaciones de Horio y Pineda no son censuras doctrinales
          propiamente dichas pues muchas de las acusaciones formuladas por los dos censores y sobre
          todo por el jesuita pertenecen al ámbito <hi rend="i">extra fidem</hi>. Ninguno de los dos
          vio en las <hi rend="i">Obras en verso</hi> un peligro directo para la fe sino para la
          moral sexual y la fama (entendida como reputación). Ahora bien, por los años 1620 las
          proposiciones injuriosas o contra las buenas costumbres no solían ser objeto de censura
          inquisitorial, que se centraba más bien en los aspectos teológico-doctrinales. De hecho,
          no fue hasta la publicación del Índice de Sotomayor en 1640 cuando se prohibieron en las
          reglas generales: «Se han de expurgar los escritos que ofenden y desacreditan los ritos
          eclesiásticos, el estado, dignidad, órdenes y también personas de religiosos. También los
          chistes o gracias publicadas en ofensa o perjuicio y buen crédito del próximo. Ítem, los
          escritos lascivos que pueden viciar las buenas costumbres»<note place="bottom"><hi
              rend="i">Index librorum prohibitorum et expurgandorvm novissimus. Pro catholicis
              hispaniarum Regnis Philippi IV</hi>…, Madriti: Ex tipographæ Didaci Diaz, 1640, sin
            paginar, cuadernillo b2v (Esta disposición se incluye en la regla XVI.</note>. En este
          sentido, las censuras de Pineda y Horio anticipan estas disposiciones a la vez que
          reflejan la progresiva extensión del campo de la censura inquisitorial.</p>
        <p>Para concluir, cabe recordar que el papel del censor no era el de un exégeta ni el de un
          comentarista y por ello, sus criterios de lectura no eran filológicos. Los comentarios de
          Horio y Pineda muestran que, en ciertas ocasiones, se acercaron de forma apresurada al
          texto y no lo interpretaron correctamente de acuerdo con criterios literarios,
          probablemente porque con frecuencia los desoían. El calificador se aproximaba al texto y
          lo censuraba en la interpretación que creía que los lectores (especialmente los indoctos)
          iban a darle y no en aquella buscada por el autor. Los principales cometidos del censor
          eran preservar a los fieles de las lecturas que consideraba dañinas y evitar que los
          textos de los católicos dieran motivo a los herejes para hacer irrisión de la Iglesia
          romana. La preocupación por la conformidad del texto con el cuerpo dogmático y doctrinario
          y su recepción por el público llevó a que los censores, que pensaban en sus objetivos de
          disciplinamiento, se acercaran al texto de esta forma tan peculiar.</p>
      </div>
      <div>
        <head>9. Establecimiento del texto</head>
        <p>Existen varias transcripciones semipaleográficas y modernizadas de las censuras de Horio
          y Pineda pero carecen de un sólido aparato filológico<note place="bottom">Entrambasaguas
            (1962); Alonso (1963; 1982); Alcalá Galve (1986); Pariente (1986). Los dos últimos
            editan solo la censura de Pineda. Jammes (2009: 337-338) tradujo al francés unos
            fragmentos de esta última.</note>. Hasta donde sabemos, la edición que se ofrece a
          continuación es la primera debidamente anotada de las censuras de Horio y Pineda. La
          edición que realizó Dámaso Alonso, aunque excelente por muchos conceptos, presenta tan
          solo unas quince notas.</p>
        <p>En la presente edición, los dos manuscritos así como los paratextos de la edición de
          López de Vicuña (en anexo) se han transcrito siguiendo las normas de edición digital del
          grupo Pólemos.</p>
        <p>Los manuscritos no llevan paginación ni foliación. Con el fin de facilitar el posible
          cotejo de dichos manuscritos con nuestra edición, hemos paginado artificialmente cada
          testimonio. Entre corchetes figura la página facticia en que se encuentra cada parte del
          texto. Asimismo, hemos indicado las signaturas de los paratextos (sin foliar) de la
          edición de López de Vicuña, transcritos en el anexo.</p>
        <p>Se ha respetado la división original en párrafos de los documentos. En cambio, al no
          tratarse de una edición paleográfica, se han descartado todas aquellas marcas gráficas que
          no sean alfabéticas, numéricas o de puntuación, concretamente, las rayas, marcas gráficas
          así como los subrayados, que sirven para señalar los párrafos y las citas literales.</p>
        <p>Los cambios de mano en la censura de Pineda señalados en la Introducción (§4) se indican
          entre corchetes.</p>
        <p>Cuando citan literalmente las aprobaciones o los poemas, Horio y Pineda obvian a veces
          partes del texto sin señalarlo. Indicamos estas elipsis con puntos suspensivos entre
          corchetes.</p>
        <p>Se transcriben en nota los poemas (o fragmentos de poemas) apócrifos mencionados por los
          censores que no se recogen en las <hi rend="i">Obras completas</hi> de Carreira, siguiendo
          la edición de Juan Matas Caballero (2019) para los sonetos y la de Jammes para las
          letrillas. Indicamos asimismo, cuando es pertinente, las variantes de la edición de López
          de Vicuña para dar cuenta de los poemas tal y como se presentaron a los calificadores
          cuando realizaron la censura, dado que algunas de sus observaciones y juicios se basan
          precisamente en errores y fragmentos espurios.</p>
      </div>
      <div>
        <head>10. Bibliografía</head>
        <div>
          <head>10. 1 Obras citadas o consultadas por los polemistas</head>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Bernardo de Claraval</hi>:</p>
          <bibl>—, <hi rend="i">De Consideratione ad Eugenium papam tertiam libri quinque</hi>,
            Coloniæ: Apud Conradum Butgenium, 1605.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Góngora y Argote</hi>, Luis de:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=Oj9WAAAAcAAJ&amp;printsec=frontcover&amp;dq=Obras+en+verso+del+Homero+español&amp;hl=fr&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwjs9oC2p4rmAhVs6uAKHU1SBSkQ6AEILDAA#v=onepage&amp;q=Obras%20en%20verso%20del%20Homero%20espa%C3%B1ol&amp;f=false"
                ><hi rend="i">Obras en verso del Homero español que recogió Juan López de
                Vicuña</hi>…</ref>, En Madrid: Por la viuda de Luis Sánchez, impresora del reino, a
            costa de Alonso Pérez, mercader de libros, 1627.</bibl></div>
        <div>  
        <head>10. 2 Obras citadas por el editor</head>
          <div>
          <head>10. 2. 1 Manuscritos</head>
          <bibl>AHN, Inquisición, leg. 4450, expediente 28: [Delación de Tomás Daoíz,
            lector de Teología del convento de Santo Tomás de Madrid, dominico, calificador del
            Tribunal de la Suprema Inquisición], siglo XVII.</bibl>
          <bibl>AHN, Inquisición, leg. 4467, expediente 23: [Expediente de censura de
            las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>], 1628-1633.</bibl>
          <bibl>AHN, Inquisición, leg. 4470, expediente 20: [Carta de Juan Ponce de
            León al Tribunal de la Suprema Inquisición al Consejo, 6 de enero de 1644].</bibl>
          <bibl>AHN, Inquisición, leg. 4517, expediente 2: [Cartas de Juan de Pineda al
            Consejo de la Suprema Inquisición del 22 de febrero, 1 y 8 de marzo, 12 de junio
            1611].</bibl>
          <bibl>AHN, Inquisición, libro 291: <hi rend="i">Libro de reales decretos y
              consultas</hi>, f 290v-305v., <hi rend="i">Junta que se tuvo para el expurgatorio
              publicó por el Santo Oficio el año de 1632… secretario el licenciado Sebastián de
              Huerta por la Corona de Aragón.</hi></bibl>
          <bibl>AHN, Inquisición, libro 1237: <hi rend="i">Diversos para la
              recopilación</hi>, f.223r, <hi rend="i">Índice de cartas acordadas sobre calificadores
              (1590-1649</hi>).</bibl>
          <bibl>BNE, MSS/1918: <hi rend="i">Índice de los libros que contiene la
              biblioteca de este convento de Madrid de el real y militar orden de Nuestra Señora de
              la Merced redención de cautivos, hecho en el año de 1763 [y corregido en
            1817]</hi>.</bibl>
          <bibl>BNE, MSS/6210: <hi rend="i">Manual del Santo Oficio de la
              Inquisición</hi>, siglo XVII.</bibl>
          <bibl>RAH, 9/136: <hi rend="i">Genealogía de fray Francisco Boil y López de
              Medrano, mercedario, capellán de honor de Su Majestad en 1640</hi>, siglo XVII.</bibl>
          <bibl>RAH, 9/3742: [<hi rend="i">Correspondencia y papeles de Juan de
              Pineda</hi>], siglo XVII.</bibl>
        </div>
        <div>
          <head>10. 2. 2 Impresos anteriores a 1800</head>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alberghini</hi>, Giovanni:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.es/books?id=kL415mGIUboC&amp;printsec=frontcover&amp;hl=fr&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false"
                ><hi xml:lang="it">Manuale qualificatorum Sanctæ Inquisitionis</hi><hi xml:lang="it"
                >in quo omnia, quæ ad illud tribunal, ac hæresum censuram, pertinent, brevi methodo
                adducuntur</hi></ref>, Cæsaraugustæ: Typis Agustini Verges, 1671.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Albertini</hi>, Arnaldo:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=fWSz8We-K8sC&amp;printsec=frontcover&amp;hl=fr&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false"
                ><hi xml:lang="it">De agnoscendis assertionibus catholicis et haereticis
                tractatus</hi></ref>, Romæ: In ædibus Populi Romani, 1572.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Antonio</hi>, Nicolás:</p>
          <bibl>—, <ref target="http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcgf0q5"><hi
                xml:lang="pt">Bibliotheca hispana nova, sive hispanorum scriptorum qui ab anno MD ad
                MDCLXXXIV floruere notitia</hi></ref>, Matriti: apud Joachimum de Ibarra...,
            1783-1788.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Báñez</hi>, Domingo:</p>
          <bibl>—, <ref target="https://books.google.es/books?id=6yJsZ6RmG_4C"><hi xml:lang="fr">De
                Fide, Spe et Charitate catholico regi Philippo II ... Scholastica commentaria in
                Secundam Secundae Angelici Doctoris partem, quae ad Quaestionem quadragesimam sextam
                protenduntur, dicata</hi></ref>…, Salmanticæ: Apud S. Stephanum Ordinis
            Prædicatorum, 1584.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Bariola</hi>, Luigi:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=AXcCL_LUCSsC&amp;printsec=frontcover&amp;hl=fr&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false"
                ><hi xml:lang="fr">Flores Directorii inquisitorum</hi></ref>, Mediolani: Apud hær.
            Pacifici Pontii et Joannem Baptistam Piccaleam, 1625.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cano</hi>, Melchor:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="http://weblioteca.uv.es/cgi/view7.pl?sesion=2019112813105820140&amp;source=uv_im_b13612426&amp;div=2&amp;mini=1&amp;mend=60"
                ><hi xml:lang="pt">De locis theologicis libri duodecim</hi></ref>, Salmanticæ:
            Excudebat Mathias Gastius, 1563.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Castro</hi>, Alfonso de:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=2oDxp2OhHOUC&amp;printsec=frontcover&amp;dq=De+iusta+hæreticorum+punitione+1547&amp;hl=fr&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwiqspTl6rXlAhUJy4UKHeiyD0oQ6AEIKTAA#v=onepage&amp;q=De%20iusta%20h%C3%A6reticorum%20punitione%201547&amp;f=false"
                ><hi xml:lang="it">De iusta hæreticorum punitione</hi></ref>..., Salmanticæ:
            excudebat Joannes Giunta, anno domini 1547.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Collegii salmanticensis ff. discalceatorum B. Mariæ de
              Monte Carmeli</hi>:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=Nt8RuOyPrvoC&amp;pg=PP1&amp;lpg=PP1&amp;dq=Cursus+theologicus+iuxta+miram+Divi+Thomæ+præceptoris+angelici+doctrinam.+Tomus+septimus.+Complectens+duos+tractatus.+Primum+de+fide,+secundum+de+spe:+in+ordine+vero&amp;source=bl&amp;ots=N7O0Lt3TvV&amp;sig=ACfU3U05iylu-TgJPdo5lZYHw48bJH2lnQ&amp;hl=fr&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwir2s3E57XlAhUQmxQKHXgPAo0Q6AEwAHoECAYQAQ#v=onepage&amp;q=Cursus%20theologicus%20iuxta%20miram%20Divi%20Thom%C3%A6%20pr%C3%A6ceptoris%20angelici%20doctrinam.%20Tomus%20septimus.%20Complectens%20duos%20tractatus.%20Primum%20de%20fide%2C%20secundum%20de%20spe%3A%20in%20ordine%20vero&amp;f=false"
                ><hi xml:lang="pt">Cursus theologicus iuxta miram Divi Thomæ præceptoris angelici
                doctrinam.</hi><hi xml:lang="fr">Tomus septimus. Complectens duos tractatus. Primum
                de fide, secundum de spe: in ordine vero XVII et XVIII</hi></ref>, Lugduni:
            Sumptibus Joannis Antonii Huguetan et Societatis, 1679.</bibl>
          <p rend="noindent"><hi rend="sc">Horio (Orio)</hi>, Hernando (Fernando) de:</p>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=bDnySvFHc0oC&amp;pg=PA355&amp;lpg=PA355&amp;dq=El+prodigio+santo+y+corona+regia&amp;source=bl&amp;ots=1yR8kizYiT&amp;sig=ACfU3U3lfXcP4r5bLCCNlt0dZ_OVXIsPBA&amp;hl=fr&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwjX9s-y957lAhWw0eAKHYJSBfkQ6AEwDXoECAYQBA#v=onepage&amp;q=El%20prodigio%20santo%20y%20corona%20regia&amp;f=false"
                ><hi rend="i">El prodigio santo y corona regia deducido de la divina Escritura y
                doctrina de los sagrados Doctores, y varones ilustres en materias de
              espíritu</hi></ref>..., Madrid: Por Diego Diaz de la Carrera, 1650.</bibl>
          <bibl>—, <ref target="https://catalog.hathitrust.org/Record/009302471"><hi rend="i">Quinti
                Septimii Florentis Tertuliani librum de Patientia</hi></ref>..., Madriti: Apud
            Franciscum Garcia..., 1644.</bibl>
          <bibl>—, <ref
              target="https://books.google.fr/books?id=uglJAAAAcAAJ&amp;printsec=frontcover&amp;hl=fr&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false"
                ><hi rend="i">Index librorum prohibitorum cum regulis confectis per Patres a
                Tridentina Synodo delectos</hi><hi rend="i">auctoritate Pii IV, Sixti V ac Clementis
                VIII</hi></ref>, Romæ: Apud Impressores Camerales, 1596.</bibl>
          <bibl>—, <ref target="https://archive.org/details/A295132"><hi rend="i">Index Librorum
                Prohibitorum et Expurgandorum. Illmi. Ac Rmi. D.D. Bernardi de Sandoval et
                Roxas</hi></ref>…, Madriti: Apud Ludovicum Sanchez Typographum Regium, 1612.</bibl>
          <bibl>—, <ref target="https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=uc1.31175032053376"><hi
                rend="i">Index librorum prohibitorum et expurgandorvm novissimus. Pro catholicis
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              >https://core.ac.uk/download/pdf/18184430.pdf</ref>&gt;.</bibl>
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              >http://journals.openedition.org/criticon/845</ref>&gt;; DOI:
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        </div>
      </div>
     </div>
    </front>
    <body>
      <head>Texto de la edición</head>
      <div>
        <head>Censura del Padre Hernando Horio (1627)</head>
        <p>Muy Poderoso Señor<note place="bottom"><hi rend="i">Muy Poderoso Señor</hi>: fórmula de
            saludo que se usaba habitualmente en el siglo XVII para dirigirse a los
            inquisidores.</note>,</p>
        <p>En un libro de varias poesías que llaman el <title>Homero español que recogió Juan López
            de Vicuña</title>, dedicado al ilustrísimo y reverendísimo señor don Antonio Zapata,
          cardenal de la Santa Iglesia de Roma, inquisidor general<note place="bottom">Antonio
            Zapata de Cisneros y Mendoza (1550-1635) ejerció las funciones de obispo, cardenal,
            inquisidor general y virrey de Nápoles. Fue un personaje de gran prestigio en los
            ámbitos eclesiásticos y políticos y contó con la protección de los monarcas. Cuando se
            redactó la dedicatoria de la edición de Vicuña, Zapata llevaba apenas un año en el cargo
            de inquisidor general (Marín Tovar).</note>, se hallan muchas proposiciones que
          totalmente son contra las buenas costumbres, obscenas y deshonestas y indignas que se
          dedicasen a tan gran príncipe, indignas de la dignidad que representa siendo inquisidor
          general; otras ofensivas de personas gravísimas, otras escandalosas, otras que son libelos
          infamatorios contra todos los estados; otras malsonantes, erróneas, temerarias y heréticas
          y sospechosas en la fe católica<note place="bottom">Ver la definición de estas notas
            teológicas, ver la Introducción §5.</note>, por cuya causa deben ser expurgadas del
          dicho libro, cuyo tenor es el siguiente.</p>
        <p>1. A folio 22, hay un soneto a una junta de mozos de malas costumbres y malas lenguas,
          que comienza así: «Señores académicos, mi mula»<note place="bottom">«Señores académicos,
            mi mula», forma parte de la sección de los sonetos satíricos en la edición de López de
            Vicuña. No se recoge en [OC]. Lo transcribe Matas Caballero (Góngora 2019: 1279): «<hi
              rend="i">A una junta de mancebos estudiantes donde se trataba de la murmuración</hi> /
            Señores académicos, mi mula / si el pienso ya no se lo desbarata / en los cuadriles
            pienso que se mata / por ser de la Academia de la gula. / Su determinación no disimula /
            De entrar en la Academia, do se trata / de convertir en nuncio la Annunciata, / y su
            congregación en farandula. / Teme la casa quien está mirando / entrar buñuelos y salir
            apodos, / y piensa que segunda vez se abrasa. / Y a la verdad, no está muy mal pensando
            / que allí en lenguas de fuego hablan todos. / ¡Padre Ferrer, cuidado con la casa!». En
            la edición de López de Vicuña, el poema va dedicado «a una junta de mozos no de buenas
            costumbres, ni lenguas». El poema es una sátira de la ignorancia y de la gula de los
            académicos.</note>. Se dicen estas palabras:</p>
        <quote><lg>
            <l>[…] do se trata</l>
            <l>de convertir en nuncio la Anunciada<note place="bottom"><hi rend="i">Anunciada</hi>:
                en la edición de López de Vicuña, se lee «Anunciata», que es la lección correcta,
                puesto que rima con la última palabra del verso anterior, «trata». Parece ser un
                hipercorrectismo o un despiste por parte del censor. </note>,</l>
            <l>[…]</l>
            <l>y a la verdad no está muy mal pensando</l>
            <l>que allí en lenguas de fuego hablan todos.</l>
          </lg></quote>
        <p>Censura: Este modo de hablar, mezclando cosas tan profanas con lenguaje de la Sagrada
          Escritura, es irrisorio y muy indecente a la autoridad de la Sagrada Escritura, que enseña
          haber venido el Espíritu Santo en lenguas de fuego sobre los apóstoles<note place="bottom"
            >Alude al episodio del Pentecostés del Nuevo Testamento (Hechos de los Apóstoles, 2:
            1-4). El séptimo domingo después de la Resurrección de Jesucristo, los discípulos
            recibieron el Espíritu Santo en el Cenáculo de Jerusalén, bajo forma de «lenguas de
            fuego». El calificador desaprueba el empleo de la expresión de las lenguas de fuego del
            Espíritu Santo como metáfora de las lenguas murmuradoras, que arruinan reputaciones, y
            el juego de palabras con términos que tienen un significado sacro («nuncio» y
            «Annunciata», es decir la Anunciación) y el sentido profano que tienen en el poema: el
            nuncio es el que avisa y Annunciata remite a la Academia, de manera que «convertir en
            nuncio la Anunciada» significa que la Academia es la que convierte las noticias en
            maledicencia (Góngora 2019: 1280). </note>.</p>
        <p>2. A folio 23, hay un soneto sátiro, el cual fue hecho al sepulcro de una mujer que
          estuvo amancebada veintidós años con un caballero<note place="bottom">«Yace debajo de esta
            piedra fría» [OC433]. En la edición de López de Vicuña, se recoge en la sección de los
            sonetos satíricos. El poema va dedicado «al sepulcro de una dama que tuvo veintidós años
            amistad con un caballero del apellido de la Cerda».</note> y dice así:</p>
        <quote><lg>
          <l><ref target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem433#l433.1">Yace debajo desta piedra fría</ref></l>
            <l>mujer tan santa, que ni escapulario,</l>
            <l>ni cordón, ni correa, ni rosario,</l>
            <l>de su cuerpo jamás se le caía.</l>
            <l>Trujo veinte y dos<note place="bottom">Góngora (2019: 744): <hi rend="i">trajo
                  veintidós</hi>.</note> años, día por día,</l>
            <l>un cilicio de cerdas<note place="bottom">Juego de palabras con el término «cerda»,
                que alude tanto al material como al nombre del amante de la mujer, «un caballero del
                apellido de la Cerda».</note> ordinario <note place="bottom"><ref
                  target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem433#l433.1"
                  >[OC433.1-6]</ref></note>.</l>
            <l>[…]</l>
            <l>Fue su casa un devoto encerramiento</l>
            <l>donde iban a hacer los ejercicios, etc.<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem433#l433.9"
                  >[OC433.9-10]</ref>.</note></l>
          </lg></quote>
        <p>Censura: Este soneto, fuera de ser libelo infamatorio contra el estado religioso, es
          contra las buenas costumbres y es levemente sospechoso de luterano<note place="bottom"
            >«Levemente sospechoso» (<hi rend="i">de levi suspicione</hi>) es una de las locuciones
            adverbiales de abjuración (es decir, el acto de retractarse de sus creencias erróneas),
            usadas en los procesos inquisitoriales después de la condenación. Existían tres tipos de
            abjuración a las que se podían constreñir al reo: «levemente sospechoso» (<hi rend="i"
              >de levi suspicione</hi>), «vehementemente sospechoso» (<hi rend="i">vehementi
              suspicione</hi>), según la presunción de herejía fuera leve o grave, y <hi rend="i"
              >formali</hi>, en el caso en que la herejía quedara totalmente probada ("Abiura", <hi rend="i"
              >Dizionario di eretici, dissidenti e inquisitori nel mondo mediterraneo</hi>, s.
            v.).</note>, cuyos errores comenzaron a dilatarse haciendo mofa y escarnio de las
          personas religiosas; y aquí moteja de amancebados a todos los religiosos<note
            place="bottom">Los términos con significado religioso («escapulario», «cordón»,
            «correa», «rosario»), que parecen apuntar a que la difunta mujer llevaba una vida casta
            y piadosa, tienen una clara connotación erótica. El juego de palabra de las «cerdas» del
            cilicio con el apellido del caballero al que va dedicado el poema «de la Cerda» indican
            que la mujer fue durante veintidós años la amante de dicho caballero. La acusación de
            Horio («moteja de amancebados a todos los religiosos») se basa probablemente en el
            último verso, que alude al legado de la difunta: «a cuatro amigas cuatro mil coronas»
            (Alonso 1982: 469, n. 22). La corona (tonsura) es una sinécdoque para designar a un
            eclesiástico. Para una interpretación detallada de poema, ver el estudio de
            Chaffee-Sorace (1983) y de Matas Caballero (Góngora 2019: 745-747).</note> y así es
            escandalosa<note place="bottom"><hi rend="i">Escandalosa</hi>: Alonso (1982: 469) lee
            «escandaloso». Leemos como Entrambasaguas (1962: 48), «escandalosa», que concuerda con
            la palabra «letra».</note> y malsonante<note place="bottom">Sobre la definición de
            «escandalosa» y «malsonante», ver la Introducción §5.</note> toda la letra y tiene
          calidad del oficio<note place="bottom"><hi rend="i">Calidad del oficio</hi>: en las
            calificaciones inquisitoriales, cuando un calificador sostiene que una proposición tiene
            «calidad de oficio» (o simplemente que tiene «calidad») significa que merece censura por
            parte de la Inquisición y que se le puede aplicar una nota teológica (cf. Torquemada
            Sánchez 2000: 72).</note>.</p>
        <p>3. A folio 59, hay en la cuarta columna<note place="bottom">Se refiere a la segunda
            columna del folio 59v.</note> una décima, que es la segunda, que por obscena
          demasiadamente no la refiero<note place="bottom">La décima es la última de la composición
            satírica «Musas si la pluma mía» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem166"
              >[OC166]</ref> (Entrambasaguas (1962: 48, n. 33) cree equivocadamente que el
            calificador se refiere a la décima «Ya de mi dulce instrumento»). La décima a que alude
            Horio se recoge en la sección de las décimas satíricas de la edición de López de Vicuña:
            «Como si fuera empanada, / repulgando está a la niña / con los cogollos de piña / quien
            la tiene concertada, / que no es bien que sepa nada / del desconcierto que ha habido /
            el que ha de ser su marido / y comblezo de algún conde, / que lo ha hecho proveer donde
            / irá oliendo a proveído» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem166#l166.91"
              >[OC166.91-100]</ref>. La décima trata de un conde que después de tener relaciones con
            una joven se las arregla para casarla con un individuo; para disimular la pérdida de la
            virginidad de la muchacha, le manda coser el himen. Para una interpretación más detenida
            de este poema, ver Góngora (2018: 74-81).</note>.</p>
        <pb n="2"/>
        <p>4. A folio 61, se dice que los amantes que tienen el amor repartido en muchas partes
          tienen mucho de Dios; que comienza la décima «En trecientas santas Claras»<note
            place="bottom">«En trescientas santas Claras» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem185"
              >[OC185]</ref>. Se recoge en la sección de las décimas satíricas de la edición de
            López de Vicuña. Horio alude más específicamente a los tres últimos versos: «mas podéis
            decir los dos / que tenéis mucho de Dios, / pues estáis en toda parte».</note>.</p>
        <p>Censura: Aquella décima atribuye la inmensidad al enamorado deshonesto, y en cuanto de
          los atributos de Dios acomoda a cosas lascivas; es la proposición temeraria y
            blasfema<note place="bottom">Sobre la definición de las notas «temeraria» y «blasfema»,
            ver la Introducción §5.</note>; debe totalmente expurgarse<note place="bottom">La
            «inmensidad» es un atributo divino. <hi rend="i">Inmensidad</hi>: «Infinidad en el lugar
            y medida, incapacidad e imposibilidad en alguna cosa o sujeto de poder medirse o
            contarse o circunscribirse. Atributo de solo Dios, infinito e inmensurable» (<hi
              rend="i">Aut</hi>. s. v.). Horio desaprueba la aplicación del atributo de la ubicuidad
            divina a seres humanos, especialmente en un contexto lascivo. Sobre la interpretación de
            este poema, ver también Góngora (2018: 95-96).</note>.</p>
        <p>5. A folio 62, hay una décima que comienza «Marco de plata excelente»<note place="bottom"
            >«Marco de plata excelente» [OC190]. Se recoge en la sección de las décimas burlescas de la edición de
            López de Vicuña.</note> allí se dice así:</p>
        <quote><lg>
          <l><ref target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem190#l190.5">baje el espíritu ardiente</ref></l>
            <l>hablando en lenguas de fuego,</l>
            <l>que seremos allá luego,</l>
            <l>con naipes, dinero y gana<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem190#l190.5"
                  >[OC190.5-8]</ref></note>.</l>
          </lg></quote>
        <p>Censura: Esta proposición es escandalosa y <hi rend="i">piarum aurium offensiva</hi><note
            place="bottom">Sobre la definición de las notas «escandalosa» y «<hi rend="i">piarum
              aurium offensiva</hi>», ver la Introducción §5.</note>; y no carece de sospecha en la
          fe el que para entretenimientos mundanos hace semejante invocación; y es irrisión del
          mismo Espíritu Santo que vaya en el alma a ilustrarla para acciones de virtud y
            santidad<note place="bottom">Según Góngora (2018: 105), la décima enfatiza la afición
            del poeta por el juego y cuenta la llegada de un tal señor de Peralta a Córdoba en época
            de Pentecostés. El censor reprueba la invocación del Espírito santo transferida al
            terreno profano del juego.</note>.</p>
        <p>6. A folio 62, hay una décima que comienza así «Recebid ambas a dos»<note place="bottom"
            >«Recebid ambas a dos» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem226"
              >[OC226]</ref>. Se recoge en la sección de las décimas burlescas de la edición de
            Lopez de Vicuña. La décima a la que alude Horio es la siguiente: «Recibid ambas a dos /
            la cesta que para mí / es de ciruela monjí, / y de fraile para vos; / y así, este
            verano, Dios / abanillos de buen aire / os dé, que hagáis donaire, / en quitando el
            laurel fresco, / de fruta que todo es cuesco, / por lo que tiene de flaire». «Flaire» es
            una metátesis de la palabra «fraile».</note>. Esta es desvergonzada, obscena y
          deshonesta, irrisoria del estado religioso, indigna de decir cuanto más de imprimirse<note
            place="bottom">El poema va dirigido a dos monjas, a las que un fraile les envía una
            cesta de ciruelas cubierta con hojas de laureles. Horio entiende que las religiosas
            tienen un trato deshonesto con el religioso que obsequió la fruta. La ciruela y el
            laurel tienen ambos una connotación sexual bastante clara. Carreira (2011: 49) subraya
            también el carácter escatológico de la décima (polisemia del término «cuesco», efecto
            laxante atribuido a la ciruela verde). Ver también Góngora (2018: 119-120).</note>.</p>
        <p>7. A folio 70<note place="bottom">Horio se equivoca de folio debido a un error en la
            foliación: se trata en realidad de los folios 68v y 71r, el cual hubiera debido ser en
            realidad 69r.</note>, hay una letrilla que comienza así: «Que pida a un galán
            Menguilla»<note place="bottom">«Que pida a un galán Minguilla» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem6"
              >[OC6]</ref>. Se recoge en la sección de las letrillas burlescas de la edición de
            López de Vicuña.</note>. Esta contiene algunas palabras deshonestas y obscenas y contra
          las buenas costumbres<note place="bottom">La letrilla censurada por Horio se compone de
            veintiunas coplas, que adoptan un esquema similar. Empiezan por un pareado, que describe
            un hecho inocente o neutro en apariencia, seguido por un estribillo «bien puede ser»,
            que califica dicho hecho como posible. Las coplas acaban por otro pareado, que niega una
            interpretación o circunstancia que destruye esa inocencia, seguido por otro estribillo
            «no puede ser», con el que se significa que es imposible negar el sentido malicioso de
            tal hecho. El poeta satiriza sucesivamente a ocho tipos: el galán, la viuda, la casada,
            el letrado, el médico, el soldado, la dama y el caballero. Ver a este respecto los
            comentarios de Güell (2006: 334-336). Horio parece reprobar los versos con connotaciones
            eróticas e indecorosas.</note>.</p>
        <p>8. A folio 156, hay una letrilla que comienza «Cual más cual menos»<note place="bottom"
            >«Cual más cual menos». No se recoge en [OC] ni en la edición de Jammes (Góngora 1980).
            En la edición de López de Vicuña aparece en la sección de poesías varias.</note> en la
          cual dice así:</p>
        <quote><lg>
            <l>No hay lego que no sea fraile</l>
            <l>ni fraile que no sea lego<note place="bottom"><hi rend="i">Lego</hi>: además de
                «laico», «ajeno al estado religioso» tiene también el significado de «ignorante». El
                poeta juega con esa bisemia.</note></l>
          </lg></quote>
        <p>y toda la sátira, que es larga, es un libelo infamatorio contra todos los estados.</p>
        <p>Censura: En no hacer distinción entre el estado religioso y secular es error expreso
          luterano condenado en los edictos de la Inquisición y así tiene la proposición, en el
          sentido con que allí se escribe, calidad del oficio; y todo lo restante de la sátira es
          perjudicial a todos los estados y a todas buenas costumbres, y enseña los modos de pecar,
          indecentísimo para ser impreso<note place="bottom">La letrilla se burla de los religiosos
            lascivos, de las doncellas indecorosas y de las viudas chismosas.</note>; y,
            dedicado<note place="bottom">Alonso (1982: 470) lee «dedicando».</note> al señor
          cardenal inquisidor, fue muy grande atrevimiento el imprimirse esto.</p>
        <pb n="3"/>
        <p>9. A folio 159<note place="bottom">Se trata en realidad del folio 157; en la edición se
            imprimió por error un 9 en vez de un 7.</note>, hay una sátira que comienza así «Dulce
          musa picaril»<note place="bottom">«Dulce misa picaril». Figura en la sección de poesías
            varias de la edición de López de Vicuña. No se recoge en [OC].</note>, en la cual a la
          tercera décima, hay estas palabras:</p>
        <quote><lg>
            <l>Contra los de aquella secta</l>
            <l>que Amor en su inquisición</l>
            <l>los declara con razón</l>
            <l>por herejes de bragueta.</l>
          </lg></quote>
        <p>Censura: Estas palabras son irrisorias del Santo Tribunal de la Inquisición por hacer en
          negocios tan sucios y deshonestos alusión al juicio que en cosas de fe hace Vuestra
            Alteza<note place="bottom">El censor desaprueba el uso del léxico del Santo Oficio
            –«secta» (otra manera de aludir a la herejía), «inquisición», «herejes»– aplicado a un
            contexto lascivo.</note>; y son palabras obscenas y ofensivas y contra todas buenas
          costumbres y debe ser expurgadas por tales.</p>
        <p>10. A folio 159, hay unas décimas que comienzan así «Todo el mundo está trocado»<note
            place="bottom">«Todo el mundo está trocado». En la edición de López de Vicuña, aparece
            en la sección de los romances burlescos. No se recoge en [OC]. La edita Jammes en el
            capítulo que dedica a los poemas apócrifos (Góngora 1980: 277-282). </note> y dicen
          estas palabras:</p>
        <quote><lg>
            <l> los clérigos de este año</l>
            <l>son como de Iglesia griega<note place="bottom">Decir que los clérigos –se
                sobreentiende de la Iglesia romana– son como los de la Iglesia griega significa que
                no respetan el celibato. Las Iglesias católicas orientales siguen el rito bizantino
                que, a diferencia del romano, permite bajo ciertas condiciones la ordinación de
                hombres casados. (cf. Pineda 1963-1964: 335: «Policronio.– Yo como a obispo os he
                servido de escudero, lo cual nunca serví al arzobispo desta ciudad, aunque ya en mi
                mocedad acompañé de respecto al Papa León X. Pánfilo.–Si él es obispo, serálo de la
                Iglesia griega, donde se casaban los sacerdotes y obispos, mas no de la latina que
                tiene anejo el voto de castidad a los órdenes sacros»).</note></l>
            <l>que alguno dellos riega<note place="bottom">Góngora (1980: 279): <hi rend="i">que
                  alguno hay dellos que riega</hi>.</note></l>
            <l>tres jardines por un caño<note place="bottom">Las palabras «jardines» y «caño» tienen
                aquí clara connotación sexual: la primera es una metáfora del sexo femenino, la
                segunda del sexo masculino.</note></l>
            <l>a sus gualdrapas de paño</l>
            <l>como las que trae su mula<note place="bottom">Góngora (1980: 279): <hi rend="i">como
                  la que trae mi mula</hi>.</note></l>
            <l>les dará la noche bula,</l>
            <l>para que entre dos cojines</l>
            <l>vaya a rezar sus maitines,</l>
            <l>y en la parte donde fuere<note place="bottom">Góngora (1980: 279): <hi rend="i">vayan
                  a rezar maitines / y en la parte que esto fuere</hi>.</note></l>
            <l>será lo que Dios quisiere.</l>
          </lg></quote>
        <p>En la misma, dice así:</p>
        <quote><lg>
            <l> Algún fraile que hizo voto</l>
            <l>de pobreza y castidad</l>
            <l>tendrá por honestidad</l>
            <l>el ser del sexto devoto<note place="bottom">Góngora (1980: 279): <hi rend="i">ser del
                  sesto más devoto</hi>.</note></l>
          </lg></quote>
        <p>Y más abajo dice:</p>
        <quote><lg>
            <l> De la de saya y monjil,</l>
            <l>si ya no lo fue en la cuna,</l>
            <l>no se hallará ninguna<note place="bottom">Góngora (1980: 281):<hi rend="i"> de las de
                  saya o monjil / si ya no fuere en la cuna / no se hallará virgen una</hi>. En la
                edición de López de Vicuña (1627): <hi rend="i">no se hallará a
              ninguna</hi>.</note></l>
            <l>[…]</l>
            <l>y, en la noche que viniere<note place="bottom">Góngora (1980: 281): <hi rend="i">y a
                  la noche que viniere.</hi></note></l>
            <l>será lo que Dios quisiere<note place="bottom">Estos dos versos corresponden a los dos
                últimos de la copla dedicada a las viudas: «De viuda que mucho llora / jamás me
                enterneció el llanto, / porque sé bien que otro tanto / sabrá alegrarse a deshora: /
                pocas habrá desde agora / que, después de echar las llaves, / estén tristes o estén
                graves, / porque la melancolía / va con las tocas de día, / y, a la noche que
                viniere, / será lo que Dios quisiere» (Góngora 1980: 281).</note></l>
          </lg></quote>
        <p>Censura: Toda esta letrilla, fuera de ser libelo infamatorio que desdice a las buenas
          costumbres, es herética en aquellas proposiciones de la Iglesia griega, la cual es
            católica<note place="bottom">El comentario concierne la primera cita, y más
            concretamente los siguientes versos: «los clérigos de este año son como de Iglesia
            griega».</note> y en lo que dice que Dios quiere los pecados de los clérigos<note
            place="bottom">Alude a los versos «y en la parte donde fuere / será lo que Dios
            quisiere», que Horio interpreta como el beneplácito divino a todas las acciones del
            fraile, en cualquier lugar donde se encuentre, es decir, ya sea rezando en la iglesia,
            ya sea en casa de la amante.</note>, y en lo que dice que el fraile piensa ser cosa
          honesta el pecado contra el sexto mandamiento<note place="bottom">Se refiere a la segunda
            cita, concretamente a los versos «tendrá por honestidad / el ser del sexto devoto». El
            «sexto» remite al sexto mandamiento del Decálogo en el canon católico: «No cometerás
            adulterio». Deanda-Camacho (2010: 62) ve también un juego de palabras basado en la
            proximidad entre los términos «sexto» y «sexo»: sexto devoto / devoto del sexo.</note> y
          no haber ninguna virgen<note place="bottom">El comentario concierne dos versos de la
            tercera cita: «no se hallará ninguna<hi rend="sup"> /</hi> después de las once mil». En
            estos versos se ha obviado el substantivo pero era claramente identificable por un
            lector de la época. En efecto, «las once mil» es una referencia a la leyenda de santa
            Úrsula y de las once mil vírgenes, que se recoge en los populares <hi rend="i">flores
              sanctorum</hi> de la época. Sobre esta leyenda, ver Ferreiro Alemparte (1982; 1991).
            «No se hallará ninguna» quiere decir que no hay ninguna virgen, o sea, no hay mujeres
            castas.</note>, es notablemente perniciosa y sospechosa de luterana, por ser irrisión
          del estado religioso y de los sacerdotes, fuera de ser tan universalmente contra todos los
            estados<note place="bottom">Además de los eclesiásticos, el poema satiriza a las monjas,
            las casadas, las viudas, los letrados, los médicos, los mercaderes y los
            escribanos.</note>.</p>
        <p>11. A folio 160<note place="bottom"> La letrilla empieza en el folio 159v. El fragmento
            censurado se encuentra en el folio 160r.</note>, hay una letrilla que dice «Si a gastar
          y pretender»<note place="bottom">«Si a gastar y pretender». En la edición de López de
            Vicuña, aparece en la sección de poesías varias. No se recoge en [OC]. La edita Jammes
            en la sección que dedica a las letrillas anónimas (Góngora 1980: 275-277).</note>; allí
          hay estas palabras:</p>
        <quote><lg>
            <l> Imágenes descubiertas</l>
            <l>verás, que tu corazón</l>
            <l>les ofrece devoción</l>
          </lg></quote>
        <p>Censura: Este modo de hablar es irrisorio al modo con que se veneran las imágenes de
          devoción y licencioso el mezclar con cosas profanas, cosas sagradas<note place="bottom"
            >Las «imágenes descubiertas» aluden a las mujeres atractivas a las que el ingenuo que
            llega a la corte cree poder acceder solo con su cortejo y adoraciones. Horio censura el
            uso de una referencia religiosa (las imágenes devotas) aplicada a mujeres.</note>.</p>
        <pb n="4"/>
        <p>A la segunda hoja<note place="bottom">Signatura ¶2v.</note> está la censura que dio a
          estas proposiciones el padre fray Juan Gómez, definidor de la orden premostratense<note
            place="bottom">Horio escribe equivocadamente «peromostatense».</note> de la provincia de
          Castilla y dice así: <quote>«[En este libro]<note place="bottom"><hi rend="i">En este
                libro</hi>: este fragmento no aparece en la aprobación, sino «en el cual». Horio
              habrá explicitado el substantivo para mayor claridad.</note> no hallo cosa que
            contradiga a nuestra santa fe católica ni a las costumbres cristianas […] antes […] se
            le debe dar [al autor]<note place="bottom"><hi rend="i">Al autor</hi>: esta precisión no
              aparece en la aprobación. Las razones por las que se añadió son las mismas que para el
              fragmento anterior.</note> no solo licencia sino gracias por haberle
            trabajado</quote>»<note place="bottom"><hi rend="i">Obras en verso del Homero
              español</hi>…, 1627, sin p., signatura ¶3v.</note>. Y en la aprobación del maestro
          Vicente Espinel<note place="bottom"><hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>…,
            1627, sin p., signatura ¶3r.</note> dice así: «<quote>que fuera de no tener cosa contra
            la religión y buenas costumbres…</quote>».</p>
        <p>Censura: Siendo así que está tan lleno de sátiras, de palabras sucias y deshonestas y de
          libelos infamatorios contra todos los estados que el autor tiene que llorar, si no los ha
          llorado. Está lleno de versos contra todas buenas costumbres, porque ya se ve que enseñar
          a pecar no es conforme a buenas costumbres, y las proposiciones erróneas, temerarias,
          malsonantes, heréticas y escandalosas que se han referido, todas ellas dicen que ni se
          leyeron ni se ponderaron, y más, siendo el libro dedicado a tan gran príncipe como el
          señor inquisidor general. Agravio hizo a su cristiano celo quien le puso por amparo de
          semejantes sátiras y pasquines. Y así debe Su Alteza mandarle reformar como cosa que con
          tantos títulos tiene calidad del Santo Oficio. Ha escandalizado en la Merced de
            Madrid<note place="bottom">Se refiere a su proprio convento, el de Nuestra Señora de la
            Merced, fundado en 1564 en la plaza Tirso de Molina en Madrid.</note>,<note
            place="bottom">Alonso (1982: 471) obvia la puntuación que aparece en texto original
            (Horio pone un punto, de manera que el convento y Prieto aparecen como dos ítems
            diferenciados en la enumeración). Creemos conveniente mantener la puntuación y esta
            separación ya que en 1627, Prieto ya no se encontraba en la Merced de Madrid.</note> al
          reverendísimo señor don fray Gaspar Prieto, obispo del Alguer<note place="bottom">Gaspar
            Prieto (1578-1637) era un teólogo y general de la Orden de la Merced. En 1627, fue
            elegido obispo de la diócesis de Alghero, en Cerdeña, antes de ser nombrado virrey en
            1631 (Mora González).</note>, al padre maestro fray Francisco Boil, predicador mayor y
          definidor general<note place="bottom">Francisco Boil y López de Medrano (1590-1654),
            predicador de la Orden de la Merced. Fue nombrado calificador del Tribunal del Santo
            Oficio en 1630, predicador mayor del rey Felipe IV en 1640 y luego obispo de Alguer
            (RAH, 9/136: <hi rend="i">Genealogía de fray Francisco Boil y López de Medrano,
              mercedario, capellán de honor de Su Majestad en 1640</hi>, siglo XVII; Martínez Millán
            y Sánchez Rivilla 1984: 182; Negredo del Cerro 2001: 213). No hay que confundirlo con
            otro predicador mercedario con el mismo nombre, F. Francisco Boíl (1595-1673).</note>,
          al padre maestro fray Diego Juárez, elector general, y a otras muchas personas religiosas
          y graves. Y yo, como calificador de este Santo Tribunal, pongo a los pies de Vuestra
          Alteza, con las proposiciones, mi parecer para que todo lo corrija. En la Merced de
          Madrid, a 26 de enero de 1628 años. De Vuestra Alteza capellán, el presentado fray
          Hernando Horio</p>
      </div>
      <div>
        <head>Censura de Juan de Pineda (1627)</head>
        <p>Un libro que se titula <title>Obras en verso del Homero español que recogió Juan López de
            Vicuña</title>, impreso en Madrid por la viuda de Luis Sánchez, 1627.</p>
        <p>Parece que obliga a la expurgación y corrección de este libro la mucha ofensión que ha
          causado en pechos de personas graves, doctas y celosas del bien común y de la reformación
          de las buenas y cristianas costumbres y ser comprendidas algunas partes del dicho libro en
          las reglas del Índice romano y en el de España de la Santa General Inquisición<note
            place="bottom">Pineda alude a las reglas generales que encabezan los Índices de libros
            prohibidos publicados en España y en Roma (ver la Introducción §5). Pineda parce
            referirse sobre todo a la regla X del Índice hispánico de 1612, que prohíbe los libros
            impresos sin nombre de autor (<hi rend="i">Index Librorum Prohibitorum et
              Expurgandorum</hi>..., 1612, p. 6) y a la regla VII, relativa a los libros eróticos,
            que aparece en el <hi rend="i">Index</hi> de Clemente VIII (1596) y en el Índice del
            cardenal Sandoval, impreso en 1612 (sobre el contenido de esta disposición y sus
            variantes, ver la Introducción §5). Es probable que Pineda aludiera también a las
            instrucciones del Índice clementino, en particular al reglamento «<hi rend="i">De
              correctione librorum</hi>», que recoge los tipos de proposiciones que se deben borrar
            de los libros, entre ellos, las proposiciones injuriosas, que menoscaban la fama: «[<hi
              rend="i">propositiones</hi>] <hi rend="i">quæ famæ proximorum et præsertim
              ecclesiasticorum et principum detrahunt, bonisque moribus et christianæ disciplina
              sunt contraria, expungantur</hi>», «<hi rend="i">Facetiæ etiam, aut dicteria in
              perniciem, aut præiudicium famæ et existimationis aliorum iactata, repudientur</hi>»
              (<hi rend="i">Index librorum prohibitorum</hi>…, 1596, p. 33-34).</note> y por otras
          razones, que por menor se irán substanciando.</p>
        <p>1°. Porque el dicho libro es contra la honra y reputación del autor y haberlo impreso y
          publicado es haberle hecho manifiesto agravio porque el autor, mirando prudentemente por
          su honra, no quiso ni permitió en su vida que sus obras se imprimiesen por lo mucho que
          desdecían de la dignidad y decencia de su estado de sacerdote, prebendado de una tan santa
          y principal Iglesia de España como la de Córdoba y capellán de su Majestad, a los cuales
          títulos repugnan<note place="bottom"><hi rend="i">Repugnar</hi>: «tener oposición una cosa
            a otra», «contradecir o negar alguna cosa» (<hi rend="i">Aut</hi>., s. v.).</note> como
          cosas indecentísimas, composiciones y obras llenas de todo género de inmundicia, que
          pasando de burlas y chocarrerías (aunque estas dice <name type="authority">san
            Bernardo</name>, que en boca del sacerdote son blasfemias<note place="bottom">«<hi
              rend="i">Inter seculares nugæ, nugæ sunt, in ore sacerdotis, blasphemiæ</hi>» (San
            Bernardo de Claraval, <hi rend="i">De Consideratione ad Eugenium papam tertiam libri
              quinque</hi>, Coloniæ: Apud Conradum Butgenium, 1605, lib. 2, capítulo XIII, p.
            112).</note>), pasan a pura lascivia y descompostura intolerable y aun picardías, que
          tal las juzgó el mismo autor cuando llamó a su musa «picaril»<note place="bottom">Probable
            alusión a la décima «Dulce musa picaril» que se encuentra en la sección de las poesías
            varias de la edición de las <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>. Pineda
            ignoraba que no se trataba de una composición del poeta cordobés sino de una obra
            apócrifa.</note>, las cuales son tan comunes y ordinarias en el dicho libro que a cada
          paso se ofrecen. Y consta no haber querido ni permitido el autor que se imprimiese ni
          publicase por lo que el recopilador de este libro dice en la hoja 6 al lector <quote>que
            la modestia del autor no permitió que anduviesen en público</quote><note place="bottom"
            >«Muchos versos se echarán menos, algunos que la modestia del autor no permitió andar en
            público» (<hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>…,1627, sin p., signatura
            ¶6r, epístola «Al lector»). Ver el anexo 7.</note>, y en la hoja 4, en la dedicatoria,
            <quote>que</quote> la modestia del autor fue tanta que viviendo «<quote>llegó a ser el
            aborrecimiento y desesperación de los verdaderamente estudiosos, porque casi con
            pertinacia les defendió la fácil y agradable comunicación de sus obras, de que gozaran
            si las permitiera a la estampa</quote>»<note place="bottom">«Su modestia fue tanta
            viviendo que llegó a ser el aborrecimiento y desesperación de los verdaderamente
            estudiosos porque casi con pertinacia les defendió la fácil y agradable comunicación de
            sus obras, de que gozaran, si las permitiera a la estampa» (<hi rend="i">Obras en verso
              del Homero español</hi>…, 1627, sin p., signatura ¶4v, dedicatoria «Al Ilustrísimo y
            Reverendísimo Señor don Antonio Zapata»). Ver el anexo 6.</note>.<quote> </quote>Y así
          el mismo recopilador confiesa que ha sido inmodestia suya el haberlas impreso y publicado
          contra la modestia y vergüenza del autor, que es don Luis de Góngora, el cual, ni en el
          título ni en otra parte del libro se lee, sino solo una vez en la dedicatoria<note
            place="bottom">«Ofrezco a Vuestra Señoría Ilustrísima las obras de aquel insigne
            espíritu, hijo de aquella ilustre ciudad tan fecunda de ingenios, que en todas edades ha
            dado prodigios al mundo: las obras digo de aquel varón grande que apenas en la boca ni
            en el pecho cabe su nombre, don Luis de Góngora, ardiente y ambicioso émulo de los
            honores poéticos» (<hi rend="i">O</hi><hi rend="i">bras en verso del Homero
            español</hi>…, 1627, sin p., signatura ¶4r, dedicatoria «Al Ilustrísimo y Reverendísimo
            Señor don Antonio Zapata»). Ver el anexo 6.</note>.</p>
        <pb n="2"/>
        <p>2°. Porque de la indignidad o infamia de un sacerdote se le sigue, como dijeron bien
            <name type="authority">Crisóstomo</name> y <name type="authority">Sidonio
            Apolinar</name> infamia y menoscabo de reputación a todo el estado sacerdotal<note
            place="bottom">Pineda se refiere probablemente al tratado de san Juan Crisóstomo sobre
            el sacerdocio (<hi rend="i">Perì hierōsýnīs</hi>) y a las cartas de Sidonio Apolinar
              (<hi rend="i">Epistulæ</hi>), en las que discurre sobre las cualidades de los
            sacerdotes y obispos.</note>. Y se debe ponderar el detrimento de la estimación de la fe
          y costumbres eclesiásticas de la Iglesia de España que se habrá causado entre los herejes
          a quien ya habrá llegado este libro por manos y curiosidad de los que andan entre
          nosotros, tan atentos todos a murmurarnos y a aprovecharse de cualquiera novedad que nos
          pueda deslustrar y apocar nuestra reputación<note place="bottom">Sobre este argumento, ver
            la Introducción §6.</note>.</p>
        <p>3°. Porque, aunque este libro no sea del todo lascivo, mas porque el autor solo tuvo su
          famosa eminencia en lo lascivo y picaril, verde y picante, por esta sola materia y título
          es leído y buscado como si de esto solo escribiera. Y así hace tanto daño y se debe
          reputar como si <hi rend="i">ex profeso</hi> hubiera escrito de sola ella y es
          derechamente comprendido en la regla séptima del Índice romano y de España, que condena y
          prohíbe los libros que tratan, cuentan y enseñan cosas lascivas y en parte convida a ellas
          y las aconseja<note place="bottom">«Regla VII. Prohíbense asimismo los libros que tratan,
            cuentan y enseñan cosas lascivas de amores, u otras cualesquiera, mezclando en ellas
            herejías, o errores en la fe, ora sea exagerando y encareciendo los amores, ora en otra
            manera» (<hi rend="i">Index Librorum Prohibitorum et Expurgandorum. Illmi. Ac Rmi. D.D.
              Bernardi de Sandoval et Roxas</hi>…, vol. I, Madriti : apud Ludovicum Sanchez
            Typographum Regium, 1612, p. 10). «<hi rend="i">Libri qui res lascivas, seu obscænas ex
              professo tractant, narrant aut docent, cum non solum fidei, sed et morum qui huiusmodi
              librorum lectione facile corrumpi solent, ratio habenda sit, omnino prohibentur</hi>»
              (<hi rend="i">Index librorum prohibitorum cum regulis confectis per Patres a
              Tridentina Synodo delectos auctoritate Pii IV, Sixti V. ac Clementis VIII</hi>, Romæ:
            Apud Impressores Camerales, 1596, p. 14). Sobre estas dos reglas, ver Introducción
            §6.</note>; y aun manda el Índice apostólico que los que tuviesen los tales tratados
          sean severamente castigados<note place="bottom">El Índice apostólico es el Índice romano.
            La regla VII de dicho Índice precisaba en efecto que los lectores de libros obscenos se
            exponían a graves penas: «...<hi rend="i">et qui eos habuerint severe ab episcopis
              puniantur</hi>» (<hi rend="i">Index librorum prohibitorum cum regulis confectis per
              Patres a Tridentina Synodo…</hi>, 1596, p. 14).</note>.</p>
        <p>4°. Se sigue ser derechamente contra las buenas costumbres del pueblo cristiano y tanto
          más perjudicial cuanto por ser en vulgar y en verso y composición y chistes y refrancillos
          ridículos es más fácil de haber<note place="bottom"><hi rend="i">Haber</hi>: poseer, tener
              (<hi rend="i">Aut</hi>., s. v.).</note> y más apetitoso de leer y de acordarse y
          repetir en conversación y fuera de ella sus dichos los doctos e indoctos, varones y
          mujeres, religiosas y monjas, y todos estados.</p>
        <p>5°. Por hablar con maledicencia y picar a todos estados de la República cristiana y muy
          ordinario de los estados religiosos y eclesiásticos en general, diciendo mal de clérigos y
            bonetes<note place="bottom"><hi rend="i">Bonetes</hi>: metáfora para designar a los
            clérigos seculares.</note>, de frailes y monjas, de coronas<note place="bottom"><hi
              rend="i">Corona</hi>: tonsura. Es una sinécdoque para designar a un
            eclesiástico.</note>, de jueces, de abogados, de la corte, de los títulos, de los
          casados, de las doncellas, poniendo en todos nota de vicios y pecados generalmente.</p>
        <p>6°. Porque nombradamente nota e infama a personas conocidas y particulares, publicando y
          perpetuando con sus composiciones y versos sus pecados o defectos y amancebamientos que
          demás de ser contra la ley de Dios es también contra toda ley humana y de República bien
          gobernada y consiguientemente contra la reputación del Consejo de Castilla y de su
          Majestad, que para tal dieron licencia y privilegio para que se imprimiese y
          publicase.</p>
        <p>7°. Porque mezcla algunas otras proposiciones dignas de más censura <pb n="3"/> y
            calidad<note place="bottom"><hi rend="i">Calidad</hi>: juicio que se emite sobre una
            proposición.</note> que deben ser borradas, que luego se señalarán viniendo a lo
          particular.</p>
        <p>8°. Lo último, porque el recopilador de este libro no solo se ha mostrado artificioso en
          suprimir el verdadero nombre del autor, que debiera luego al principio exprimirlo<note
            place="bottom">Una de las reglas generales del Índice español prohibía la publicación de
            libros anónimos.</note> y manifestarlo sencillamente<note place="margin">si no había
            inconveniente.</note>, mas también muy atrevido en haberlo dedicado al ilustrísimo señor
          cardenal inquisidor general sin tener para ello prenda alguna ni entrada particular,
          pretendiendo (como se puede sospechar) con esta sombra escribir la indignidad de la obra,
          aunque con esto la descubrió más y el engaño de su malicia.</p>
        <p rend="i">Censura por menor de particulares lugares y proposiciones</p>
        <p>En la hoja 18, entre los «sonetos amorosos», el soneto 34, que se intitula «Al sol por
          qué salió estando con una dama, y le fue forzoso dejarla»<note place="bottom">«Ya besando
            unas manos cristalinas» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem20"
              >[OC20]</ref>. Según García Gilbert (1997: 84) y Ponce Cárdenas (2008: 142), el soneto
            describe un sueño erótico, interrumpido por el sol del amanecer, que despierta al
            soñador. En opinión de Matas Caballero (Góngora 2019: 306), el poema puede leerse tanto
            como el recuerdo de un despertar contrariado de un sueño erótico como la evocación de un
            amante que lamenta la llegada del amanecer, que termina una noche de placer.</note>, es
          indecente, como lo es el título.</p>
        <p>Folio 15, el soneto 22, «<quote>Ídolo bello, a quien humilde adoro</quote>»<note
            place="bottom">«De pura honestidad de templo sagrado» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem13"
              >[OC13]</ref>. En la edición de López de Vicuña, el soneto va precedido por el
            siguiente epígrafe: «Descripción de las partes de una dama».</note>, loca exageración de
          profanos poetas, que en boca de un sacerdote y junto otras demasías se hace más
          intolerable y menos digna de disimularse<note place="bottom">Siguiendo la tradición del
            amor cortés y petrarquista, Góngora describe a la mujer amada como si fuera una diosa a
            la que rinde culto, exaltando su belleza y perfección. El censor considera que la
            comparación por parte de un eclesiástico de la amante con una divinidad no podía
            tolerarse de parte de un eclesiástico, por más que Góngora no era todavía sacerdote en
            el tiempo en que escribió el soneto, puesto que el lector no tenía por qué
            saberlo.</note>.</p>
        <p rend="i">Entre los sonetos satíricos</p>
        <p>Folio 20, página 1<note place="bottom">Cuando Pineda alude a la página 1 de un folio, se
            refiere al recto; la página 2 corresponde al verso.</note>. El soneto 2, que es de
          Isabel de la Paz, y dende que<note place="bottom"><hi rend="i">Dende que</hi>: desde
            que.</note> comienza «<quote>De pajes fue orinal</quote>», etc. [es] muy indecente<note
            place="bottom">«De humildes padres hija, en pobres paños». No se recoge en [OC]. Lo
            edita Matas Caballero (Góngora 2019: 1284): «De humildes padres hija, en pobres paños /
            envuelta, se crïó para crïada / de la más que bellísima Hurtada, / do aprendió su
            provecho y nuestros daños. / De pajes fue orinal, y de picaños / hasta que por barata y
            por taimada / un caballero de la verde espada / le puso casa y la sirvió dos años. /
            Tulló a un duque, y a cuatro mercadantes / más pobres los dejaron que el Decreto / sus
            ojos dulces, sus desdenes agros. / Esta es, lector, la vida y los milagros / de Isabel
            de la Paz. Sea mi soneto / báculo a ciegos, norte a navegantes». Con toda probabilidad,
            se valió Pineda de la emisión previa a las correcciones que se realizaron en la edición
            de López de Vicuña cuando se estaba imprimiendo, dando lugar a dos emisiones distintas
            (cf. Alonso 1982: 464-467). De hecho, en la segunda emisión el nombre «Isabel de la
            Paz», la mujer de mala vida satirizada en el soneto, fue sustituido por la formula
            neutra «aquella tal por cual». La razón más probable por la que se eliminó era que
            señalaba de manera clara y directa a una persona real (cf. Wilson 1968: 43; Alonso 1982:
            465). Isabel de la Paz era también el apodo de la princesa Isabel de Valois (1546-1568),
            la tercera esposa del rey Felipe II. Cf. el análisis de Matas Caballero (Góngora 2019:
            1282-1287).</note>.</p>
        <p>Página 2<note place="bottom"><hi rend="i">Página 2</hi>: vuelto del folio 20.</note>.
            El<note place="bottom">Alonso (1982: 476) lee equivocadamente «es» en vez de
            «el».</note> contra don Francisco de Quevedo, demás de nombrar y señalar persona, es muy
          picaril y inmundo<note place="bottom">«Anacreonte español, no hay quien os tope» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem442"
              >[OC442]</ref>. En la emisión que maneja Pineda, el poema va dedicado «a don Francisco
            de Quevedo, que quiso traducir un libro en griego que no entendía». En la segunda
            emisión, se sustituyó el nombre de Quevedo por un destinatario indefinido: «a un
            caballero que quiso traducir un libro en griego que no entendía». La enemistad entre los
            dos poetas es sumamente conocida. Compuso Góngora este poema con motivo de la
            publicación del <hi rend="i">Anacreón castellano</hi> de Quevedo, traducción castellana
            de poesías helenísticas atribuidas a Anacreonte. Esta traducción no fue, por lo visto,
            del gusto del poeta cordobés, que se burla de Quevedo, haciéndolo pasar en este soneto
            por un pésimo helenista y por aficionado a cosas poco decorosas (las anacreónticas eran
            composiciones que cantaban el amor erótico tanto hetero como homosexual). Sobre este
            soneto, véase el comentario de Matas Caballero (Góngora 2019: 949-958).</note>.</p>
        <p>Folio 21. Dice mal de Córdoba, por el túmulo que hizo a las honras de la reina doña
            Margarita<note place="bottom">«Ícaro de bayeta, si de pino» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem239"
              >[OC239]</ref>. En la edición de López de Vicuña, el poema va dedicado «al túmulo que
            la ciudad de Córdoba hizo en las honras a la reina doña Margarita Nuestra Señora». En
            realidad, el túmulo al que se refiere Góngora es el de la ciudad de Écija, construido
            por motivo del fallecimiento en 1611 de la reine Margarita de Austria, esposa de Felipe
            III (Góngora 2019: 1062)</note>, y más dice «<quote>No des más cera al sol, que es
            bobería</quote>»<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem239#l239.9"
              >[OC239.9]</ref>.</note>, con todo, lo de los dos tercetos, es malsonante, y parece
          que condena –como lo hacen herejes y moros– las luces funerales de los entierros, que dice
          ser superfluas en medio de la luz del día<note place="bottom">En este soneto, Góngora
            retoma el mito de Ícaro para burlarse de las pretensiones grotescas del monumento
            construido para conmemorar la muerte de la reina Margarita, esposa del rey Felipe III.
            Citamos a continuación la interpretación de Turner (1974: 96): «La cera de las velas que
            se derrite en el calor de Andalucía se convierte en la imaginación del poeta en la cera
            de las alas que hizo Dédalo. El túmulo quiere ser ave (¡un pollo!) pero es tan torpe
            como un animal terrestre (¡un pollíno!). En lugar de dar fama eterna a las aguas en que
            cae, este Ícaro otra vez va a traer la deshonra a las aguas no muy profundas del
            Guadalquivir; no logra siquiera despegar de la tierra». Ver también el análisis de Matas
            Caballero (Góngora 2019: 1062-1068).</note>.</p>
        <p>Folio, 23, soneto 13<note place="bottom">«Yace debajo de esta piedra fría» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem433"
              >[OC433]</ref>. Al igual que el Padre Horio, Pineda reparó en este soneto, que trata
            del amancebamiento de una mujer con eclesiásticos.</note>. Nota nombradamente el
          amancebamiento de un caballero y nota a la mujer de beata y malamigada de veintidós años;
          y en el último verso, «a cuatro amigas, cuatro mil coronas»<note place="bottom"><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem433#l433.14"
              >[OC433.14]</ref>.</note>, nota a eclesiásticos religiosos y sacerdotes de corona<note
            place="bottom">Sobre la interpretación de este poema, ver <hi rend="i">supra</hi> la
            censura de Horio, §2.</note>.</p>
        <p>En el mismo folio 23 y 24, sonetos 15<note place="bottom">«Grandes, más que elefantes y
            que abadas» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem69"
              >[OC69]</ref>. En la edición de López de Vicuña, el soneto va dedicado «a la corte».
            El poeta describe todo lo que encuentra en la corte: desorden, suciedad, engaño y un
            ámbito cortesano orgulloso y fato (Fasquel 2012: 69). Sobre este poema, ver también el
            comentario de Matas Caballero (Góngora 2019: 519-528).</note>, 16<note place="bottom"
            >«Llegué a Valladolid, registré luego» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem139"
              >[OC139]</ref>. En este soneto, el poeta narra de manera satírica la impresión que le
            dio Valladolid, donde residía entonces la corte, cuando llegó a la ciudad castellana en
            1603. A ojos de Góngora, esta «se reduce a desoladora combinación de hambre, lisonja,
            falsedad, vanidad, interés» (Conde Parrado y García Rodríguez 2011: 61). Ver también el
            comentario de Matas Caballero (Góngora 2019: 704-711).</note> y 17<note place="bottom"
            >«¿Vos sois Valladolid? ¿Vos sois el valle?» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem142"
              >[OC142]</ref>. Este poema es otro de la serie dedicada a Valladolid, cuando era sede
            de la corte. El soneto ridiculiza la corte hedionda y sus damas. Para un estudio
            detenido de este soneto, ver los comentarios de Conde Parrado y García Rodríguez (2011:
            60) y Matas Caballero (Góngora 2019: 723-727).</note>, que tratan de la corte, pueden
          ofender, porque son muy libres y claros.</p>
        <p>Folio 25, el soneto 24, que comienza «Las no piadosas, etc.»<note place="bottom">«Las no
            piadosas Martas ya te pones». No se recoge en [OC]. Lo incluye Matas Caballero (Góngora
            2019: 1290) en su edición: «<hi rend="i">A otra dama cortesana que sacó una ropa
              aforrada en martas.</hi> ¿Las no piadosas martas ya te pones, / guerra de nuestras
            bolsas, paz de Judas, / puta con más mudanzas y más mudas / que un saltarelo o que cien
            mil halcones? / Martas gallegas son, no te me entones, / primas de esparto por lo
            peliagudas, / y ganadas al fin con las ayudas / que te han echado cuatro o seis figones.
            / Delanteras forraste con cuidado / de la húmida siempre delantera / que lluvias
            españolas han mojado; / aunque la Italia siente en gran manera / que la trasera no hayas
            aforrado, / habiéndolas ganado la trasera». Sobre la interpretación de este soneto
            erótico, ver el comentario de Matas Caballero (Góngora 2019: 1289-1293).</note> es sucio
          y nota a Italia de mal pecado<note place="bottom">El «mal pecado» es el «pecado nefando»,
            es decir, la sodomía. Pineda alude a los últimos versos del soneto, en los que Góngora
            conecta a los italianos con la sodomía, conforme al tópico de la época (Martín 2002:
            148): «aunque la Italia siente en gran manera / que la trasera no hayas aforrado, /
            habiéndolas ganado la trasera». El verbo «ganar» alude a los beneficios obtenidos por
            une persona por el comercio de su cuerpo (Góngora 2019: 1292).</note>.</p>
        <pb n="4"/>
        <p rend="i">Entre los burlescos</p>
        <p>Folio 26, página 1, el soneto 2, que comienza «Pisó las calles»<note place="bottom">«Pisó
            las calles de Madrid el fiero» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem288"
              >[OC288]</ref>.</note> es sucio. Nota y señala a algunos particulares poetas<note
            place="bottom">En este soneto, Góngora se burla de aquellos que han atacado su <hi
              rend="i">Polifemo</hi>. Al final del poema, el «monóculo galán de Galatea» responde a
            sus detractores con dos ventosidades (López Bueno 2013: 742). Sobre este soneto, ver el
            comentario de Matas Caballero (Góngora 2019: 1207-1213).</note>.</p>
        <p>Folio 26, página 2, soneto 3, al duque de Umena<note place="bottom">«Despidiose el
            francés con grasa buena» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem254"
              >[OC254]</ref>. En la edición de López de Vicuña, el poema va dedicado «al duque de
            Humena, embajador del rey de Francia». Humena era el nombre que se daba en España a
            Enrique de Lorena, duque de Mayena, que pidió la mano de la infanta para el rey de
            Francia (Alemany y Selfa 1930: 620). En 1612, una delegación francesa, encabezada por
            él, llegó a Madrid para acompañar a la joven Isabel de Borbón, hermana del rey Luis
            XIII, en previsión de su boda con el futuro Felipe IV. El nombre de duque de Humena es
            probablemente una deformación del título francés «<hi rend="i">duc du Maine</hi>»
            (Jammes 2009: 197).</note>, nota a Francia de comedores y bebedores y también a sus
            altezas<note place="bottom">El poeta se burla del fasto y de los excesos que supusieron
            las bodas reales. Ahora bien, Pineda fuerza la interpretación del poema al generalizar
            el comportamiento del duque a todos los franceses. Tampoco cree Alonso que consiste en
            una auténtica crítica hacia los reyes (1982: 482). Ver también el comentario de Matas
            Caballero (Góngora 2019: 1101-1107)</note>.</p>
        <p>El soneto 4<note place="bottom">«Oh bien haya Jaén, que en lienzo prieto» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem240"
              >[OC240]</ref>.</note> afrenta a Jaén y a Baeza de los pobres túmulos y honras reales
          que se hicieron<note place="bottom">El soneto se burla de manera jocosa los túmulos que se
            hicieron en Jaén, Écija y Baeza en las honras fúnebres de la reina Margarita de Austria,
            esposa de Felipe III, fallecida en 1611. Sobre este soneto, ver también los comentarios
            de Blanco (2018: 430-431) y Matas Caballero (Góngora 2019: 1069-1073).</note>.</p>
        <p>Folio 29, página 1, soneto 13<note place="bottom">«Salí, señor don Pedro, esta mañana»
              <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem268"
              >[OC268]</ref>. En la edición de López de Vicuña, el poema va dedicado «a don Pedro de
            Cárdenas y Angulo, habiendo ido a ver un toro muy manso».</note>, no habla bien del
          presidente Manso, ni del alcalde Bravo<note place="bottom">En este soneto, Góngora alude
            de manera jocosa a <hi rend="bg_f3f2ec">Pedro Manso, que fue presidente de Castilla,
            </hi>y a Pedro Bravo de Sotomayor, alcalde de Corte. Como observa Alonso (1982: 482), no
            parece haber nada en estas alusiones que pudiera resultar realmente infamante salvo unos
            (inocentes) juegos de palabras con los apellidos de los dos magistrados. Sin embargo, al
            tratarse de personas representantes de la autoridad, tales chistes, a juicio del censor,
            no podían admitirse.</note>.</p>
        <p rend="i">Entre los sonetos sacros</p>
        <p>Folio 33, página 2, soneto 1<note place="bottom">«Pender de un leño, traspasado el pecho»
              [OC116].</note>, comparando la muerte y pasión del hijo de Dios con el frío y
          estrechura del nacimiento de Belén, dice:</p>
        <quote><lg>
          <l><ref target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem116#l116.5"> pero más fue nacer en tanto estrecho, etc.</ref></l>
            <l>[…]</l>
          <l> ¿No fue esta más hazaña o gran Dios mío?<note place="bottom">[OC116.9]. Pineda introduce puntos de interrogación que no aparecen en la
                edición de López de Vicuña. Carreira y Matas Caballero (Góngora 2019: 634) tampoco
                interpretan esta frase como una pregunta.</note></l>
            <l>[…]</l>
          <l>¿Qué más fue sudar sangre que haber frío?<note place="bottom">[OC116.12]. Mismo comentario que para el verso anterior.</note></l>
          </lg></quote>
        <p>No basta lo que después en el último verso se quiso declarar; y no está bien dicho por
          ser cierto haber sido la muerte y pasión la mayor, más gloriosa y más preciosa hazaña de
          nuestro redentor y redención; y se debe enmendar<note place="bottom">En estos versos,
            Góngora sostiene que fue más hazañoso el nacimiento de Cristo que su Pasión, no por las
            rigurosas condiciones en qué nació («No fue esta más hazaña, oh gran Dios mío, / del
            tiempo por haber la helada ofensa / vencido en flaca edad con pecho fuerte»), porque el
            dolor que sintió en la cruz fue todavía mayor que el frío («qué más fue sudar sangre que
            haber frío»), sino porque estima que resulta más difícil el paso «de Dios a hombre, que
            de hombre a muerte». Pineda no interpretó correctamente el poema debido a un error de
            puntuación, que ya señaló Alonso (1982: 482) aunque no profundizó en la explicación. El
            jesuita añadió puntos de interrogación que no aparecen en la edición. Mientras que el
            censor lee «pero más fue nacer en todo estrecho […] ¿No fue esta más hazaña o gran Dios
            mío? […] ¿Qué más fue sudar sangre que haber frío?», la edición de López de Vicuña reza
            «No fue esta más hazaña, oh gran Dios mío, / del tiempo por haber la helada ofensa /
            vencido en flaca edad con pecho fuerte / (que más fue sudar sangre que haber frío), /
            sino porque hay distancia más inmensa / de Dios a hombre, que de hombre a muerte».
            Debido a este error, Pineda desvincula las dos primeras estrofas de las dos siguientes,
            lo que le lleva a entender que Góngora no solo compara el sufrimiento y sacrificio de
            Jesús en la cruz con las incomodidades climáticas y materiales del belén sino que que se
            basa en esta comparación para afirmar que fue más meritorio el nacimiento que la Pasión
            de Cristo. Por otra parte, Pineda, que estima que la Pasión fue más hazañosa que el
            nacimiento de Cristo, cree que el último verso citado («Qué más fue sudar sangre que
            haber frío») le da la razón, pero esto, por escindirlo del resto del poema. Este error
            de interpretación se debe a que interpreta la conjunción causal «que» como si fuera un
            adjetivo interrogativo.</note>.</p>
        <p>Folio 33, página 1<note place="bottom">Se encuentra en realidad en el f. 34r.</note>,
          soneto 4<note place="bottom">«Si ociosa no, asistió naturaleza» [OC265].</note>, dice que la naturaleza de la Santísima Virgen fue incapaz de
          la limpieza de su concepción, aunque fue limpia, porque dice:</p>
        <quote><lg>
          <l><ref target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem265#l265.1"
            >Si ociosa no asistió naturaleza</ref></l>
            <l>incapaz a la tuya, oh gran señora,</l>
            <l>Concepción limpia<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem265#l265.1"
                  >[OC265.1-3]</ref>. La edición de López de Vicuña no pone una coma entre «no» y
                «asistió», lo cual cambia significativamente el sentido de la estrofa.</note>, etc.</l>
          </lg></quote>
        <p>No habla bien, porque la naturaleza criada<note place="bottom"><hi rend="i">Naturaleza
              criada</hi>: naturaleza creada.</note> no es incapaz de los dones y bienes
            naturales<note place="bottom">Este soneto tiene por argumento el papel de la
            intervención de la naturaleza en la concepción de la Virgen. Según Alonso (1983: XXXVII)
            es la puntuación deficiente la que explica la censura de Pineda, que leyó una negación
            donde hay una afirmación. Según Matas Caballero (Góngora 2019: 1126), la censura se debe
            probablemente a que Pineda no entendió que el adjetivo «tuya» se refería a la Concepción
            y no a la naturaleza.</note>.</p>
        <p rend="i">Entre las décimas satíricas</p>
        <p>Folio 60, página 2 y folio 61, página 1<note place="bottom">«Cierto opositor, si no» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem457"
              >[OC457]</ref>.</note>, nota nombradamente<note place="bottom"><hi rend="i">Nota
              nombradamente</hi>: notar, o sea, criticar a alguien, nombrándolo.</note> y con modo
          ridículo y mal oliente a un hombre grave, docto y obispo<note place="bottom">El poema
            alude al incidente que sucedió durante la oposición a la canonjía magistral de dicha
            catedral que llevó el doctor Cristóbal de la Cámara y Murga, magistral de la catedral de
            Toledo (Pineda lo llama «obispo» porque fue nombrado obispo de Canarias en 1627).
            Durante dicha oposición, «cierto opositor» tuvo un flujo de vientre. La palabra «cámara»
            tiene un sentido escatológico (<hi rend="i">Cámara</hi>: «Se llama también el excremento
            del hombre, cuyo nombre se le debió de dar porque siempre se exonera el vientre en lugar
            retirado, y secreto», <hi rend="i">Aut.</hi>, s. v.). Sobre la interpretación de esta
            décima, ver Góngora (2018: 234-235).</note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Entre las letrillas burlescas</hi>
        </p>
        <p>Folio 67, letrilla 1, comienza «<quote>Si en todo, etc.</quote><note place="bottom">«Si
            en todo lo qu’hago» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem55"
              >[OC55]</ref>.</note>» es toda poco limpia y nombra al papa y pastor<note
            place="bottom">Pineda desaprueba la alusión a la figura del papa y del cura en un
            contexto escatológico: «Aire creo que es / con flaqueza extraña / quien me ha hecho
            caña, / y flauta después; / órgano con pies, / que, sin saber dónde, / organista
            esconde, / fuelle y follador, / del papa al pastor / es bien satisfaga» <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem55#l55.69"
              >[OC55.69-77]</ref>. El conjunto del poema juega con un calambur con el verbo cagar:
            «Si en todo lo qu’hago / soy desgraciada, / ¿qué quiere qu’haga» (Jammes 2006: 520).
            Sobre esta letrilla ver también Rosso Gallo (2017: 163).</note>.</p>
        <p>Folio 68, página 1, letrilla 4, comienza «<quote>¿Qué lleva el señor Esgueva?</quote>»,
            etc.<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem149"
              >[OC149]</ref>.</note>, todo es sucio y huele mal<note place="bottom">El río Esgueva
            nace en la provincia de Burgos y desemboca en la ciudad de Valladolid. Es un afluente
            del río Pisuerga. Góngora describe el Esgueva como un lugar inmundo y repugnante, sin
            dejar de usar un vocabulario neutro y noble (Blanco 2002: 34). Al mismo tiempo, da a
            entender que la corte vallisoletana se contagió de esta inmundicia, debido a su contacto
            con el río. Para una interpretación pormenorizada de este poema, ver Pardo Lesta
            (1998).</note>.</p>
        <p>Folio 69, página 2, letrilla 8, que comienza «<quote>Mandadero es el arquero</quote>»,
            etc.<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem95"
              >[OC95]</ref>.</note>, toda es decir cosas indignas a monjas, frailes, bonetes, celos,
            etc.<note place="bottom">La letrilla es una sátira a los galanes de monjas: una monja
            mundana recibe la visita de Cupido, a quien manda llevar recados amorosos a hombres,
            algunos de los cuales son eclesiásticos. La crítica de Pineda concierne sobre todo esta
            copla: «A un galán lleva un recado, / a una capilla un billete, / una demanda a un
            bonete, / y una pregunta a un letrado, / unos celos a un casado, / a un viudo un
            parabién, / a un pelón lleva un desdén, / y un pésame a un majadero. / Mandadero es el
            arquero, / y sí que era mandadero».</note></p>
        <p>Folio 70, página 1, letrilla 10, que comienza «<quote>Da bienes Fortuna</quote>»<note
            place="bottom">[OC8].</note>, dice:</p>
        <quote><lg>
          <l><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem8#l8.9"
            >A unos da encomiendas,</ref></l>
            <l>a otros, sambenitos<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem8#l8.9"
                  >[OC8.9-10]</ref>.</note>.</l>
          </lg></quote>
        <p>No habla bien porque <pb n="5"/> lo que se da por méritos o deméritos en materia de fe, y
          en cuyo tribunal se mira tanto, no es bien contarlo por bienes casuales y de fortuna<note
            place="bottom">Cada estrofa de la letrilla, cuenta la desventura de los que sufren la
            veleidad de la Fortuna, que atribuye riqueza y honores a los hombres sin motivo ni razón
            (Morel d’Arleux 2001: 76). Pineda ataca esta letrilla porque parece temer que los fieles
            infieran que los méritos o desméritos no sean el fruto de las buenas obras, sino el
            resultado del capricho de la Fortuna.</note>.</p>
        <p rend="i">Entre los romances amorosos</p>
        <p>Folio 75, página 2, romance 3, que comienza «<quote>Dejad los libros ahora</quote>»,
            etc.<note place="bottom">[OC82].</note>, cuenta de sí mismo que estuvo con una mal amigado dos años; y
          no aborrece sino predica su pecado<note place="bottom">Sobre el erotismo de este romance,
            ver Alonso (1964: 217-218), Yunduráin (1979-1980) y Luján Atienza (2007: 66).</note>.
          Después dice mal de viudas, de frailes. Al fin, convida y aconseja a mala y lujuriosa vida
          cuando dice:</p>
        <quote><lg>
          <l><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem82#l82.125"
            > Y vos, tronco a quien abraza</ref></l>
            <l>la más lujuriosa vid<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem82#l82.125"
                  >[OC82.125-126]</ref>.</note></l>
            <l>[…]</l>
          <l>vivid en sabrosos nudos, etc.<note place="bottom"><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem82#l82.129"
                  >[OC82.129]</ref>.</note></l>
          </lg></quote>
        <p rend="i">Entre los romances líricos</p>
        <p>Folio 86, página 2 y 87, página 1, romance 12, que comienza «Castillo de san
            Cervantes»<note place="bottom">[OC89].</note>. Es maldiciente contra Toledo y de sus casados; lascivo con
          demasía, dende que dice</p>
        <quote><lg>
          <l><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem89#l89.37"
            >en las ruinas ahora</ref></l>
            <l>del sagrado Tajo, viendo<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem89#l89.37"
                  >[OC89.37-38]</ref>.</note></l>
            <l>etc. (hasta el fin)<note place="bottom">Para un análisis detenido de este poema, ver
                Fasquel (2010).</note></l>
          </lg></quote>
        <p rend="i">En los romances satíricos</p>
        <p>Folio 95, romance 1, Del machuelo del médico, que comienza «<quote>Cuando la rosada
            Aurora</quote>»<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem152"
              >[OC152]</ref>.</note>, etc. todo es bajezas, suena mal y huele peor<note
            place="bottom">Para un estudio detenido de este poema escatológico, ver Conde Parrado y
            García Rodríguez (2001: 63).</note>.</p>
        <p rend="i">En los romances burlescos</p>
        <p>Folio 105, romance 6, que comienza «<quote>Ahora que estoy de espacio</quote>»<note
            place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem73"
              >[OC73]</ref>.</note>, etc. desde donde dice «<quote>Comadres me visitaban</quote>»
          hasta donde dice «<quote>Perdona, pues, mi bonete</quote>»<note place="bottom"><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem73#l73.57"
              >[OC73.57-109]</ref> En estos versos, el poeta alude a su amancebamiento con las
            «comadres» del pueblo. Más que las alusiones sexuales en sí, lo que reprueba Pineda es
            que el amante sea un clérigo.</note>.</p>
        <p>Folio 107, en el romance 8, que comienza «<quote>Hanme dicho, hermanas</quote>», etc. al
          fin, donde dice</p>
        <quote><lg>
          <l><ref
            target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem65#l65.257"
            >que no sepultéis</ref></l>
            <l>el gusto en capillas,</l>
            <l>y que a los bonetes</l>
            <l>queráis las bonitas<note place="bottom">[<ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem65#l65.256"
                  >OC65.256-260</ref>].</note>.</l>
          </lg></quote>
        <p>Folio 108, p. 2, del romance que comienza «<quote>Diez años vivió Belerma</quote>»<note
            place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem28"
              >[OC28]</ref>.</note>, dende donde dice «<quote>Hiedras verdes somos
            ambos</quote>»<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem28#l28.93"
              >[OC28.93]</ref>. <hi rend="i">Ambos</hi>: Pineda lee por error «ambos» en vez de
            «ambas», que aparece en la edición de López de Vicuña y en las demás ediciones.</note>,
          habla mal de canónigos y clérigos y aconseja mal<note place="bottom">El romance cuenta que
            para consolarle de la muerte de su esposo, doña Alda le aconseja a Belerma que se
            entretenga con clérigos. El fragmento al que remite Pineda es el siguiente: «Hiedras
            verdes somos ambas, / a quien dejaron sin muros, / de la muerte y del amor / baterías e
            infortunios: / busquemos por do trepar, / que, a lo que de ambas presumo, / no nos
            faltarán en Francia / pared gruesa, tronco duro. / La iglesia de san Dionís / canónigos
            tiene muchos, / delgados, cariaguileños, / carihartos y espaldudos: / escojamos como en
            peras / dos déligos capatuncios, / de aquestos que andan en mulas / y tienen algo de
            mulos; / de estos Alejandros Magnos / que no tienen por disgusto, / por dar en nuestros
            broqueles, / que demos en sus escudos. / De todos los doce pares / y sus nones,
            abrenuncio, / que calzan bragas de malla / y, de acero, los pantuflos; / ¿de qué nos
            sirven, amiga, / petos fuertes, yelmos lucios?: / armados hombres queremos, / armados,
            pero desnudos. / De vuestra mesa redonda, / francos paladines, huyo, / donde ayunos os
            sentáis, / y os levantáis más ayunos; / la de cuatro esquinas quiero, / que la ventura
            me puso / en casa de un cuatro picos, / de todos cuatro picudo, / donde sirven, la
            cuaresma, / sabrosísimos besugos, / y turmas, en el carnal, / con su caldillo y su
            zumo». / Más iba a decir doña Alda, / pero a lo demás dio un nudo, / porque de don
            Montesinos / entró un pajecillo zurdo».</note>.</p>
        <p>En el folio 109, romance 11, que comienza «<quote>Ensíllenme en el asno
            rucio</quote>»<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem58"
              >[OC58]</ref>.</note>, donde dice «<quote>No te parezcas a Venus</quote>» hasta el
            fin<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem58#l58.53"
              >[OC58.53-84]</ref>.</note>. Habla muy lascivamente<note place="bottom">La dimensión
            lasciva del romance ha sido subrayada por Luján Atienza (2002: 51).</note> y se pinta a
          sí mismo<note place="bottom"><hi rend="i">A sí mismo</hi>: en el manuscrito,
            «asimismo».</note> como a un «<quote>pantuflo aguileño</quote>»<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem58#l58.59"
              >[OC58.59]</ref>.</note> con «<quote>un reverendo bonete</quote>»<note place="bottom"
              ><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem58#l58.60"
              >[OC58.60]</ref>. Sobre la dimensión autobiográfica de este romance y la
            autocaricaturización del poeta, ver Luján Atienza (2002: 50-51).</note>.</p>
        <p>Folio 110, romance 13, que comienza «<quote>Que se nos va la pascua, mozas</quote>»<note
            place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem26"
              >[OC26]</ref>.</note>, son consejo de poeta gentil, no de cristiano y sacerdote<note
            place="bottom">Este poema es una invitación a disfrutar de los placeres de la vida y de
            la juventud, y en particular, a los placeres carnales, de ahí la reacción del censor,
            que lee este poema como una invitación al pecado. Tuviera o no Pineda en cuenta que
            Góngora tenía veinte años cuando escribió este romance y que por tanto le faltaban unos
            treinta años para que fuera ordenado sacerdote, lo que le preocupó al calificador era la
            recepción por parte de los lectores, que iban a entender que estos versos eran obra de
            un eclesiástico (no tenían por qué conocer el momento en que fueron escritos).</note>. Y
          ojalá no hablara como de sí, sino dijera que era traducción de lo peor de Horacio<note
            place="bottom">El poema está escrito en primera persona.</note>. Y después, lo último,
          donde dice «<quote>Por eso, mozuelas locas</quote>»<note place="bottom">«Por eso mozuelas
            locas / […] quered cuando sois queridas, / amad cuando sois amadas, / mirad, bobas, que
            detrás / se pinta la ocasión, calva».</note>, etc.</p>
        <p>Folio 111, romance 14, que comienza «<quote>Hermana Marica</quote>»<note place="bottom"
              ><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem5"
              >[OC5]</ref>.</note>. Acaba como suele, cuando al final dice «<quote>Porque algunas
            veces</quote>», etc.<note place="bottom">Los versos denunciados por Pineda son los
            siguientes: «porque algunas veces / hacemos yo y ella / las bellaquerías / detrás de la
            puerta». Estos versos aluden a un juego erótico entre dos adolescentes, que contrasta
            con la ingenuidad del resto del poema (cf. Torres 2011: 73-74). El «como suele» sugiere
            que Góngora cede a su tendencia natural a la lascivia.</note></p>
        <p>Folio 152, página 2, <title>La Tisbe</title><note place="bottom">«La ciudad de Babilonia»
            (Fábula de Píramo y Tisbe) <ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem317"
              >[OC317]</ref>.</note>. Es lasciva y tiene por toda ella sembrados pasos y versos
          indignos.</p>
        <p>Folio 155, página 2 letrilla que comienza «<quote>Que tenga el engaño
            asiento</quote>»<note place="bottom">No se recoge en [OC]. En la edición de Vicuña
            aparece en la sección de poesías varias. La edita Jammes en el capítulo que dedica a las
            letrillas apócrifas (Góngora 1980: 257-260).</note>. La última copla que comienza
            «<quote>Que no vean mil maridos</quote>»<note place="bottom">«Que no vean mil maridos /
            cosas que las vea un ciego / que a las voces del fuego / quieren tapar los oídos / que
            se precien de entendidos / y presuman de valientes / y no fueron más pacientes / los
            asnos de San Antón / milagros de la corte son». San Antonio es el patrón de los
            animales.</note>, etc. es maldiciente para los casados.</p>
        <p>Folio 156, página 1. letrilla que comienza «<quote>Cual más, cual menos</quote>»<note
            place="bottom">No se recoge en [OC]. Se censura también en el informe de Horio.</note>
          dice</p>
        <quote><lg>
            <l>No hay lego que no sea fraile</l>
            <l>ni fraile que no sea lego, etc.</l>
          </lg></quote>
        <p>Y luego, lo que dice de doncellas y casadas y viudas, hasta el fin<note place="bottom"
            >Ver <hi rend="i">supra</hi> el comentario de este poema en la edición de la censura de
            Horio.</note>.</p>
        <p>Folio 158, letrilla que comienza «<quote>De aquel buen siglo dorado</quote>»<note
            place="bottom">No se recoge en [OC]. Lo incluye Jammes en su edición, en el capítulo
            dedicado a las letrillas apócrifas (Góngora 1980: 266-269). En la edición de López de
            Vicuña aparece en la sección de varia.</note>, murmura de madres e hijas<note
            place="bottom">Pineda alude a la segunda estrofa: «Que la niña hermosa y bella / se nos
            venda por honrada / y que la madre taimada / trate solo de vendella / que se no haga
            doncella / la que tan libre ha vivido / y que al fin halle marido / que supla la
            soldadura / ¡válgame Dios, qué ventura!».</note>, doncellas y casadas<note
            place="bottom">Se refiere a la quinta estrofa: «Que la chocante casada, / con su escuela
            de danzantes, / tenga diversos penantes, / penados por su penada; / que tengan unos
            entrada / cuando otros tienen salida / y que, sabiendo ella vida, / tenga el marido
            cordura, / ¡válgame Dios, qué ventura!».</note>, letrados<note place="bottom">Alude a
            tercera estrofa: «Que el novicio pretendiente, / letrado del A B C, / lo provean porque
            fue / pasa aquí del Presidente; / que en examen de inocente / haya salido aprobado, / y
            valga más este grado / que alguna colegiatura, / ¡válgame Dios, qué ventura!».</note> y
            médicos<note place="bottom">Hace referencia a la cuarta estrofa: «Que el médico
            celebrado / (en su facultad experto / más por los hombres que ha muerto / que no por los
            que ha sanado), / que de un dolor de costado, / con jarabes y sangrías, / mate un
            enfermo en tres días, / y que le paguen la cura / ¡válgame Dios, qué ventura!».</note>,
          etc.</p>
        <p>Folio 159, página 1, letrilla que comienza «<quote>Digamos de lo que siento</quote>»<note
            place="bottom">No se recoge en [OC]. Jammes la incluye en su edición, entre las
            letrillas apócrifas (Góngora 1980: 269-270): «Digamos de lo que siento, / maldiciente
            Musa, en tanto: / Que la viuda llore tanto / disimulando un contento / que traiga manto
            de Adviento / y de Pascua la camisa; / que traiga la alma de risa / y se arañe por el
            muerto / ¡bien por cierto! / Que quiera doña Justicia / dejar ricos herederos, /
            ennobleciendo sus fueros / a la ley de la malicia; / que trueque con avaricia / la
            espada por el escudo, / deje el derecho desnudo / por casarse con un tuerto / ¡bien por
            cierto! / Que saque el rayo del sol / al que es duro de mollera; / que le sirva de
            escalera / al que le hace caracol; / que al cerrar del español / esté al militar ruido,
            / para su infamia, dormido, / y ronque estando despierto / ¡bien por cierto!».</note>,
          murmura de las viudas y de los jueces y justicias.</p>
        <p>Folio 159, décimas que comienzan «<quote>Dulce musa picaril</quote>»<note place="bottom"
            >No se recogen en [OC]. Las censuran también Horio.</note> son picariles y sucias y
          malsonantes, porque dice mal contra los devotos, porque se contienen y les llama
            «<quote>herejes de bragueta</quote>», «<quote>que pudiendo ir a caballo, a pie, se van
            al infierno</quote>»<note place="bottom">La apreciación de Pineda es similar a la de
            Horio: se burla de los devotos que no ceden a los placeres carnales, limitándose a pecar
            en el pensamiento. El poeta da a entender que puestos a pecar mejor pecar bien, ya que
            al final ambos irán al infierno. Los que consuman irán «a caballo» – «ir a caballo» es
            una evidente alusión sexual–, los que se quedan solamente con pensamientos y deseos
            sucios, irán también aunque menos rápido («a pie»).</note>. Y si entiende de los que se
          quedan en malos pensamientos y deseos, absteniéndose de mala obra, no habla bien, porque
          es cierto que la mala obra es peor y añade nueva malicia; y es bueno abstenerse de ella. Y
          también a esto alude, lo que dice luego «<quote>malaya el hombre que quiere beber en taza
            penada</quote>», etc. y luego «<quote>que no quiero beber justo con melindres que me
            penen, mas con vasijas, que llenen la medida de mi gusto</quote>». Lo mismo cuando dice
            «<quote>qué importa que el alma coma dos bocados de un donaire, si el cuerpo queda en el
            aire como el pernil de Mahoma</quote>». Y luego se declara más en lo mismo. Dice mal de
          monjas, de guardianes, de predicadores, de cuernos, etc. y se descompone con toda suerte
          de doncellas, solteras, casadas, viudas, beatas.</p>
        <p>Folio 158, página 2, letrilla que comienza «<quote>Hermosa es y con dinero</quote>»<note
            place="bottom">No se recoge en [OC]. En la edición de Vicuña aparece en la sección de
            poesías varias. Jammes la edita entre las letrillas apócrifas (Góngora 1980: 270): «Es
            hermosa y con dinero / doña Blanca de Borbón; / no la quiere, aunque pelón, / el natural
            caballero; / y a ti que eres forastero / darla su padre desea. / ¡Plega a Dios que
            orégano sea!».</note>. Todo es notar a los padres que venden a sus hijas, a los casados
          de adúlteros, etc. como también la letrilla que se sigue y comienza «<quote>Sentencia es
            de bachilleres</quote>»<note place="bottom"><ref
              target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica#poem102"
              >[OC102]</ref>.</note>.</p>
        <p>Folio 159, décimas que comienzan «<quote>Todo el mundo está trocado</quote>»<note
            place="bottom">Ver <hi rend="i">supra</hi> la anotación a la censura de Horio,
            §2.</note>. Dice mal de los clérigos en general y lascivamente cuando comienza
            «<quote>Los clérigos deste año son como la Iglesia griega</quote>» etc.<note
            place="bottom">Ver <hi rend="i">supra</hi> el comentario a la censura de Horio,
            §2.</note>, y luego de los frailes «<quote>algún fraile que hizo voto</quote>» etc.<note
            place="bottom">Ver <hi rend="i">supra</hi> el comentario a la censura de Horio,
            §2.</note>, y luego de las monjas «<quote>la monja en su religión</quote>»<note
            place="bottom">«La monja en su religión / es ya negocio notorio / que hace en su
            locutorio / cátedra de oposición / llegarán a oír su lección / el ignorante y el sabio /
            ofreciendo sin agravio / porque con cuatro rosquillas / obran dos mil maravillas / más
            del que en ella creyere / será lo que Dios quisiere» (Góngora 1980: 280).</note>, y
          luego de las honestas o beatas de la saya y monjil<note place="bottom">«De las de saya o
            monjil / si ya no fuere en la cuna / no se hallará virgen una / después de las once mil
            / no les dieron de marfil / muros a su honestidad» (Góngora 1980: 281).</note>, y luego
          de las madres y de las hijas y de las casadas, que hay pocas fieles, y de las viudas<note
            place="bottom">«Y así tengo por verdad / que de la madre o la hija / que recibe la
            sortija / o el juguete recibiere / será lo que Dios quisiere. / De las casadas recelo /
            por lo que ven mis sentidos / que hay pocas que a sus maridos / no los pongan en el
            cielo / es ya el natural anzuelo / el presente y la visita, / y a todas el miedo quita /
            el anascote, y la vieja / que en empanada las deja, / con ver, que si se supiere / será
            lo que Dios quisiere» (Góngora 1980: 281).</note>, y de otros estados de la
            República<note place="bottom">El poema satiriza asimismo a los médicos, letrados,
            mercaderes y escribanos.</note>, hablando de ellos generalmente<note place="bottom">Ver
            el comentario de este poema <hi rend="i">supra</hi>, en la edición de la censura de
            Horio.</note>.</p>
        <p>En la página 2<note place="bottom">Se trata del vuelto del folio 159.</note>, la letrilla
          que comienza «<quote>Si a gastar y pretender</quote>»<note place="bottom">No se recoge en
            [OC]. Horio censura también este poema pero se fija en aspectos distintos.</note>, etc.
          dice mal de todo lo de la corte y de las visitas, sentencias y acuerdos de los consejos,
          cohechos, etc.<note place="bottom">La letrilla describe la corte como un sitio de
            depravación, despilfarro y corrupción.</note></p>
        <p>[Cambio de mano]</p>
        <p>De todo lo cual se sigue que también se deben reformar<note place="bottom"><hi rend="i"
              >Reformar</hi>: quitar, cercenar (<hi rend="i">Aut</hi>, s. v.).</note> de este libro
          las aprobaciones que tiene, una de fray Juan Gómez en la hoja segunda, que dice que este
          libro alienta lo divino y no lo desfavorece, y en cuanto a lo humano, es gustoso,
          provechoso y dulce y que se le deben dar gracias al autor por haberlo trabajado<note
            place="bottom">«antes alienta lo divino que lo desfavorezca; en cuanto lo humano, le
            hallo tan gustoso, entretenido, provechoso y dulce que juzgo haber desempeñado su autor
            en nuestra lengua el gran crédito y opinión que de él tienen todas las naciones […] hace
            un compuesto tan grato y apacible a todos que se le debe dar no solo licencia sino
            gracias por haberle trabajado» (<hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>…,
            1627, sin p., signatura ¶2v: «Aprobación del padre fray Juan Gómez, definidor de la
            Orden Premonstratense, en la provincia de Castilla»). Ver el anexo 2.</note>. La otra
          aprobación, del maestro Vicente Espinel, que testifica que este libro no tiene cosa contra
          la religión y buenas costumbres<note place="bottom">«[…] fuera de no tener cosa contra la
            religión y buenas costumbres, es tan superior en la elegancia de estilo» (<hi rend="i"
              >Obras en verso del Homero español</hi>…, 1627, sin p., signatura ¶3r: «Aprobación del
            maestro Vicente Espinel»). Ver el anexo 3.</note>.</p>
        <p>Ítem se debe reformar la dedicatoria de tan indignas cosas al dignísimo señor cardenal
          inquisidor general de España, y también llamar «insigne espíritu» al de estas obras y
            autor<note place="bottom">«Ofrezco a Vuestra Señoría ilustrísima las obras de aquel
            insigne espíritu, hijo de aquella ilustre ciudad tan fecunda de ingenios» (<hi rend="i"
              >Obras en verso del Homero español</hi>…, 1627, sin p., signatura ¶4r: dedicatoria «Al
            Ilustrísimo y Reverendísimo Señor don Antonio Zapata»). Ver el anexo 6.</note>,
          alabándolo de modesto<note place="bottom">«Su modestia fue tanta viviendo que llegó a ser
            el aborrecimiento y desesperación de los verdaderamente estudiosos» (<hi rend="i"
              >Ibid.</hi>, signatura ¶4v). Ver el anexo 6.</note> y el decir que hoy sale este
          libro, no sin providencia del cielo hasta ahora suspendido<note place="bottom">«Hoy salen,
            y no sin providencia del cielo, hasta ahora suspendidas» (<hi rend="i">Ibidem</hi>). Ver
            el anexo 6.</note>.</p>
        <p>Parece que se puede recoger esta impresión, expurgándola y enmendándola<note
            place="margin">[con mano distinta] pues quedan muchos y buenos pedazos que no tienen
            mucho inconveniente.</note>, a título de que se imprimió y publicó sin la voluntad, o
          contra la voluntad, del mismo autor, y sin la corrección y enmiendas que él hiciera si
          fuera vivo, lo cual es título honroso a la reputación de el mismo autor<note
            place="margin">[con la misma mano que la nota anterior] o callando el nombre del
            verdadero autor, y que suene solo el nombre del recopilador, que es Juan López de
            Vicuña.</note>. En este Colegio imperial de la Compañía de Jesús<note place="bottom">En
            junio de 1628, Pineda se encontraba en Madrid, requerido por el inquisidor general, que
            le había encargado los trabajos preparatorios del nuevo Índice (cf. Introducción,
            §2.3.).</note>, 2 de junio de 1628.</p>
        <p><name type="polemista">Juan de Pineda</name>.</p>
      </div>
      <div>
        <head>[Anexos] Paratextos de la edición de López de Vicuña (1627)</head>
        <div>
          <head>1. Suma del privilegio</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶3v]</p>
          <p>Tiene licencia y privilegio de Su Majestad por diez años Juan López de Vicuña para
            imprimir estas obras en verso. Su data en Madrid a veinte y nueve de febrero de mil y
            seiscientos y veinte años, firmado del Rey nuestro señor y refrendado de Pedro
            Contreras, su secretario, y despachado en el oficio del secretario Lázaro de Ríos.</p>
        </div>
        <div>
          <head>2. Aprobación del padre fray Juan Gómez, definidor de la Orden Premonstratense, en
            la provincia de Castilla</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶2v]</p>
          <p>Por comisión del señor doctor Andrés de Aresti, canónigo doctoral de la Santa Iglesia
            de Toledo y vicario general de Madrid, sede vacante, he visto este libro de <hi rend="i"
              >Versos del Homero español que recogió Juan López de Vicuña</hi>, en el cual no hallo
            cosa que contradiga a nuestra santa fe católica ni a las costumbres cristianas. Y siendo
            así que, antes alienta lo divino que lo desfavorezca; en cuanto lo humano, le hallo tan
            gustoso, entretenido, provechoso y dulce que juzgo haber desempeñado su autor en nuestra
            lengua el gran crédito y opinión que de él tienen todas las naciones. Materias tan
            sazonadas, frases tan nuevas<note place="bottom"><hi rend="i">Nuevas</hi>: en el
              impreso, «nuevos».</note> admiran, entretienen y honran nuestra lengua. Lo cual, con
            el esmalte de la elegancia y propiedad de voces, hace un compuesto tan grato y apacible
            a todos que se le debe dar no solo licencia sino gracias por haberle trabajado. Dada en
            este monasterio de San Noberto de Madrid en quince de enero de 1620 años. Fray Juan
            Gómez.</p>
        </div>
        <div>
          <head>3. Aprobación del maestro Vicente Espinel</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶3r]</p>
          <p>Por comisión y mandamiento de Vuestra Alteza he visto este libro de varias poesías que,
            fuera de no tener cosa contra la religión y buenas costumbres, es tan superior en la
            elegancia de estilo, novedad de conceptos, ingeniosas elocuciones, que hará mucho quien
            supiere imitarle. Merece la merced que a Vuestra Alteza pide. En Madrid a 20 de febrero
            de 1620. El maestro Espinel.</p>
        </div>
        <div>
          <head>4. Suma de la tasa</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶2r]</p>
          <p>Tasaron los Señores del Real Consejo cada pliego de este libro a cuatro maravedís, el
            cual tiene cuarenta y un pliegos y medio, que monta a cinco reales menos un cuatro. De
            cuya tasa dio fe Lázaro de Ríos, secretario del Rey nuestro Señor, en veinte y cuatro de
            diciembre de mil y seiscientos y veinte y siete años.</p>
        </div>
        <div>
          <head>5. Fe de erratas</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶2r]</p>
          <p>Este libro intitulado, <hi rend="i">Varias Rimas, recopiladas por Juan de Vicuña
              Carrasquilla</hi>, está bien y fielmente impreso con su original. En Madrid a diez y
            nueve de diciembre de mil y seiscientos y veinte y siete. El licenciado Murcia de la
            Llana.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. [Epístola dedicataria al inquisidor general Antonio Zapata]</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶4r-5v]</p>
          <p>Al ilustrísimo y reverendísimo señor don Antonio Zapata, cardenal de la Santa Iglesia
            de Roma, inquisidor general en todos los reinos de España y del Consejo de Estado del
            Rey nuestro señor.</p>
          <p>Ofrezco a Vuestra Señoría ilustrísima las obras de aquel insigne espíritu, hijo de
            aquella ilustre ciudad tan fecunda de ingenios, que en todas edades ha dado prodigios al
            mundo: las obras, digo, de aquel varón grande, que apenas en la boca ni en el pecho cabe
            su nombre, don Luis de Góngora, ardiente y ambicioso émulo de los honores poéticos
            latinos y toscanos, a quien venció gloriosamente, hermano al fin de Lucano y Séneca<note
              place="bottom">El poeta Marco Anneo Lucano (39-65) y el filósofo y dramaturgo Lucio
              Anneo Séneca (4 a. c.-d. C.) nacieron en Corduba, capital de la Hispania romana
              (actual ciudad de Córdoba).</note>, cuyas valientes plumas, siendo entrambas felices
            en la erudición y elocuencia, la una cantó llorando las guerras civiles romanas<note
              place="bottom">Alusión a <hi rend="i">B</hi><hi rend="i">ellum Civile</hi> o<hi
                rend="i"> Pharsalia</hi> de Lucano, en el que relata la guerra civil que opuso Julio
              César a Pompeo.</note> y la otra fue el decoro y majestad de los coturnos
              trágicos<note place="bottom">Referencia a las tragedias de Séneca.</note>. Hermano
            pues, digo, y tan heredero de la culta virtud de sus estudios que, aunque segundo en
            tiempo, no les debió ceder en la alteza y elevación del ingenio. Tan grande fue, que se
            agradó de peregrinar por los altos desiertos del Parnaso, huyendo de repetir las huellas
            de los antiguos, haciéndose para sí una nueva senda, porque no fuese solo Virgilio el
            que pudiese blasonar, cuando dijo:</p>
          <quote><lg>
              <l>Sed me Parnasi deserta per ardua dulcis</l>
              <l>Raptat Amor iuuat ire iugis qua nulla priorum</l>
              <l>Castaliam molli divertitur orbita clivo<note place="margin">Virgilius, <hi rend="i"
                    >Georgica</hi>, 3.</note><note place="bottom">Virgilio, <hi rend="i"
                    >Geórgicas</hi>, III, v. 291-293: «Pero un dulce atractivo me arrastra por las
                  alturas solitarias del Parnaso. Me gusta recorrer cumbres en las que no hay
                  huellas de ruedas anteriores que, en suave pendiente conduzcan a Castalia»
                  (Virgilio 1994: 199-200).</note></l>
            </lg></quote>
          <p>Su modestia fue tanta viviendo que llegó a ser el aborrecimiento y desesperación de los
            verdaderamente estudiosos porque casi con pertinacia les defendió<note place="bottom"
                ><hi rend="i">Defender</hi>: «Vedar, prohibir o embarazar el que se diga o ejecute
              alguna cosa» (<hi rend="i">Aut</hi>., s. v.).</note> la fácil y agradable comunicación
            de sus obras, de que gozaran<note place="bottom"><hi rend="i">Gozaran</hi>: pretérito
              imperfecto subjuntivo equivalente a un condicional simple.</note>, si las permitiera a
            la estampa. Hoy salen, y no sin providencia del cielo, hasta ahora suspendidas<note
              place="bottom"><hi rend="i">Hasta ahora suspendidas</hi>: se refiere a los siete años
              de plazo entre la obtención de la licencia y la publicación (sobre este aspecto, ver
              la Introducción §3).</note> para que tuviesen en Vuestra Señoría ilustrísima tan
            ilustre protector, en quien hoy resplandece tantas generosas eminencias. Las de la
              sangre<note place="bottom"><hi rend="i">Las de la sangre</hi>: son las eminencias del
              linaje, de la alcurnia.</note> no las diré ¿por qué para quién se dice lo que nadie
            ignora? Atreverme yo a ceñir en los breves términos de una dedicatoria hazañas de
            heroicos antepasados, que aun escritas en grandes volúmenes de historias, se quejan como
            las que se ven estrechas y oprimidas y parece que allí están pidiendo más dilatado
            campo. No me acusarán los doctos de tan vulgar osadía. Ni es menos empresa la de las
            virtudes naturales, dotes que ilustran el ánimo de un príncipe tan insigne, cuanto supo
            ser Vuestra Ilustrísima, padre y pastor de las iglesias que le encomendó el cielo; ellas
            lo digan. Hable Cádiz, teatro de las columnas de Hércules<note place="bottom"><hi
                rend="i">Columnas de Hércules</hi>. Son muchas las leyendas acerca de las llamadas
              «columnas de Hércules». Una de ellas las relaciona con el décimo trabajo de Hércules:
              robar el rebaño de Gerión. Este vivía en el archipiélago de las Gadeiras, actual bahía
              de Cádiz. Según esta leyenda, el héroe colocó allí dos columnas. Las columnas de
              Hércules pasaron luego a designar las montañas que bordean el estrecho de Gibraltar;
              simbolizaban la frontera entre el <hi rend="i">Mare Nostrum</hi> y un peligroso más
              allá.</note>, que riéndose hoy de aquella fabulosa presunción, confiesa que Vuestra
            Señoría ilustrísima fue solo su verdadera columna<note place="bottom">Antonio Zapata fue
              obispo de Cádiz entre 1587 y 1596. Durante su mandato, promovió importantes tareas
              como la fundación de un colegio de seminaristas y probablemente la de un convento de
              las religiosas de la Candelaria. Asimismo, costeó la construcción de una muralla
              defensiva frente a la bahía (Marín Tovar).</note>. Pamplona, que puesta en los
            umbrales de Francia, detiene y enfrena sus generosos ímpetus, preciándose tanto de
            agradecida como de valerosa, no puede o no quiere enjugar las lágrimas que vertió por
            tan gran pérdida<note place="bottom">Antonio Zapata fue nombrado obispo de Pamplona en
              1596; permaneció en el cargo hasta 1600 (Marín Tovar). La «pérdida» se refiere al
              cambio de destino de Zapata.</note>. Burgos, real silla de aquellos gloriosos y
            católicos príncipes que redimieron a España de la tiranía de los africanos<note
              place="bottom">Alude a los Reyes Católicos y a los árabes asentados en la península
              ibérica. Burgos fue una de las primeras capitales del reino de Castilla.</note>; esta,
            en todos tiempos venerable población, vive hoy reconocida de las liberalidades
            cristianas de tan gran prelado<note place="bottom">Antonio Zapata fue arzobispo de
              Burgos entre 1601 y 1603 (Marín Tovar).</note>. Roma, que fue largos siglos cabeza del
            mayor imperio de cuantos poseyó la gentilidad, y que hoy lo es de toda la espiritual
            monarquía, se alegra, viendo resplandecer sobre tan dignos hombros su sagrada
              púrpura<note place="bottom"><hi rend="i">Púrpura</hi>: Prenda de vestir, de color
              púrpura o roja, que compone el traje característico de los cardenales. Antonio Zapata
              fue nombrado cardenal por el papa Clemente VIII en el año 1603.</note>. Nápoles, más
            ilustre por las cenizas de Marón<note place="bottom">Se refiere al poeta romano Publio
              Virgilio Marón​, que fue enterrado en el Parque Vergiliano a Piedigrotta de
              Nápoles.</note> que por la hermosura de sus edificios y torres admiró tanto gobierno
            cristiano y político<note place="bottom">En 1620, Antonio de Zapata fue nombrado virrey
              de Nápoles, cargo que ejerció hacia 1622. Pese a lo que afirma el editor, su gobierno
              fue marcado por varios problemas y el descontento de los napolitanos (Marín
              Tovar).</note>. Después de tan ilustres peregrinaciones volvió Vuestra Ilustrísima a
            Madrid, su patria, donde está como en su centro, presidiendo al Suprema Consejo de la
            Santa y General Inquisición<note place="bottom">Antonio Zapata fue nombrado inquisidor
              general el 30 de enero de 1627 (Marín Tovar).</note> y asistiendo en las juntas del
            gran Consejo de Estado<note place="bottom">En 1618, el rey Felipe III le había nombrado
              consejero del Consejo de Estado (Marín Tovar).</note>, admirando los unos y los otros
            la prudencia y prontitud con que discurre en las materias más graves. Gózase Madrid
            justamente de ver que el que nació su hijo ha crecido tanto que es hoy su padre. Aquí
            pues, pongo yo debajo de la protección de Vuestra Señoría Ilustrísima los cultos
            estudios de aquel peregrino ingenio, confiado de que hallará fácil la protección de un
            hombre solo, el que con tanta felicidad la tuvo en Roma de todo el español imperio.
            Guarde Nuestro Señor a Vuestra Señoría Ilustrísima como sus criados deseamos y hemos
            menester. En Madrid, a 22 de diciembre de 1627 años.</p>
          <p>Criado de Vuestra Señoría Ilustrísima, que sus pies y manos besa,</p>
          <p>Juan López de Vicuña y Carrasquilla</p>
        </div>
        <div>
          <head>7. [Advertencia al lector]</head>
          <p>[Sin foliar, signatura ¶6r-v]</p>
          <p>Al lector. Veinte años ha que comencé a recoger las obras de nuestro poeta, primero en
            el mundo. Nunca guardó original de ellas; cuidado costó harto hallarlas<note
              place="bottom"><hi rend="i">cuidado costó harto hallarlas</hi>: entiéndese, «costó
              harto cuidado hallarlas».</note>, y comunicárselas que de nuevo las trabajaba, pues
            cuando las poníamos en sus manos apenas las conocía tales llegaban después de haber
            corrido por muchas copias. Archivo fue de ellas la librería de don Pedro de Córdoba y
            Angulo, caballero de la orden de Santiago<note place="bottom">Sobre esta referencia, ver
              Rico García (2016, n. 25).</note>, venticuatro y natural de Córdoba. De allí han
            salido algunos traslados. Muchos versos se echarán menos<note place="bottom"><hi
                rend="i">Se echarán menos</hi>: se echarán de menos.</note>, algunos que la modestia
            del autor no permitió andar en público, y otros que en siete años desde el de
              veinte<note place="bottom"><hi rend="i">Desde el de veinte</hi>: desde 1620.</note>
            compuso, en breve se darán a la estampa con las comedias de <title>Las firmezas de
              Isabela</title> y <title>El doctor Carlín</title><note place="bottom">La <ref
                target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_firmezasisabela"
                  ><hi rend="i">Comedia de las firmezas de Isabela</hi></ref>
              (1610) y la <ref
                target="https://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_doctorcarlino"
                  ><hi rend="i">Comedia del doctor Carlino</hi></ref> (1613) son dos obras teatrales
              de Góngora.</note>: la primera ya impresa<note place="bottom">Existen al menos dos
              ediciones: <hi rend="i">Cuatro comedias de diversos autore</hi>s... <hi rend="i"
                >recopiladas por Antonio Sanchez</hi>, Córdoba: Por Francisco de Cea, 1613; <hi
                rend="i">Cuatro comedias famosas de don Luis de Góngora y Lope de Vega Carpio…
                recopiladas por Antonio Sánchez</hi>, En Madrid: por Luis Sánchez, a costa de Juan
              Berrillo, 1617.</note> y la segunda que aún no acabó<note place="bottom">La comedia
                <hi rend="i">El doctor Carlino</hi> (1613) está inacabada; se interrumpe en el acto
              II. La frase «aún no acabó» autoriza a pensar que parte de esta advertencia fue
              redactada antes de la muerte del poeta, quizás por Salierne (Saldierna).</note>. Y aun
            se aumentará el volumen con los comentos de <title>Polifemo</title> y
              <title>Soledades</title> que hizo el licenciado Pedro Díaz de Rivas, lúcido ingenio
              cordobés<note place="bottom">si no había Pedro Díaz de Rivas, S. J. (1587-1653),
              arqueólogo, poeta e historiador. Fue uno de los primeros comentaristas de Góngora. El
              autor de la advertencia se refiere a los siguientes escritos: <hi rend="i">Anotaciones
                al Polifemo</hi>, 1616-1624; <hi rend="i">Anotaciones y defensas a la Primera
                Soledad</hi>, 1616-1624 y <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.site/corpus/gongora/1617_soledad-segunda-diaz"
                  ><hi rend="i">Anotaciones a la Segunda Soledad</hi>, 1616-1624</ref>.</note>.
            Vale, etc.</p>
        </div>
      </div>
    </body>
  </text>
</TEI>
