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      <titleStmt>
        <title>Vida y escritos de don Luis de Góngora</title>
        <author key="Paravicino, Fray Hortensio Félix">Fray Hortensio Félix Paravicino</author>
        <editor>Adrián Izquierdo</editor>
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      <editionStmt>
        <edition>OBVIL</edition>
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          <name>Mercedes Blanco</name>
          <resp>relecture</resp>
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        <respStmt>
          <name>Aude Plagnard</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
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        <respStmt>
          <name>Felipe Joannon</name>
          <resp>stylage et édition Word</resp>
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      <publicationStmt>
        <publisher>Sorbonne Université, LABEX OBVIL</publisher>
        <idno>http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_vida-hoces</idno>
        <date when="2018"/>
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            >http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/fr/</licence>
        </availability>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl><title><hi rend="i">Todas las obras de don Luis de Góngora en varios poemas. Recogidos por don Gonzalo de Hoces y Córdoba, natural de la ciudad de Córdoba</hi></title>, <pubPlace>Madrid</pubPlace>: <publisher>Alonso Pérez</publisher>, <date>1633</date>.</bibl>
      </sourceDesc>
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    <encodingDesc>
      <p>L’édition comporte trois niveaux de notes. note[@place="bottom"] : notes d’éditeur (décimal
        par défaut) note[@place="margin"] : notes marginales de l’auteur (pas de numérotation)
        note[@type="app" rend="I"] : notes d’apparat (I = romain) </p>
    </encodingDesc>
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        <date when="1633"/>
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  <text>
    <!--         <head>Datos bibliográficos</head>
        <table>
          <row>
            <cell>Editor científico</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">Adrián IZQUIERDO</p>
              <p rend="noindent"/>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Autor</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">Texto base: Fray Hortensio Félix PARAVICINO (Madrid, 1580 - Madrid, 1633)</p>
              <p rend="noindent">Reescritura: anónimo</p>
              <p rend="noindent"/>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Destinatario / dedicatario</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">-<hi rend="i">Todas las obras de don Luis de Góngora en varios poemas. Recogidos por don Gonzalo de Hoces y Córdoba, natural de la ciudad de Córdoba</hi>. Madrid: Alonso Pérez, 1633.</p>
              <p rend="noindent i"/>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Título</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">
                <hi rend="i">Vida y escritos de don Luis de Góngora.</hi>
              </p>
              <p rend="noindent i"/>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Fecha</cell>
            <cell/>
          </row>
          <row>
            <cell>Fuentes</cell>
            <cell/>
          </row>
          <row>
            <cell>Ediciones modernas</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">Foulché-Delbosc (1915).</p>
              <p rend="noindent">Foulché-Delbosc (1921).</p>
              <p rend="noindent">Oliver (1996).<seg rend="internetlink"> </seg></p>
              <p rend="noindent"/>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Responde a otro texto</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">No</p>
              <p rend="noindent"/>
            </cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Referencias a la polémica</cell>
            <cell>
              <p rend="noindent">Indirectas</p>
              <p rend="noindent"/>
            </cell>
          </row>
        </table>
        <p rend="noindent b"/> -->
    <body>
      <div type="introduction">
        <head>Introducción</head>
        <div>
          <head>1. [Título] La primera biografía de Góngora y su reescritura</head>
          <p>Como se ha dicho en el estudio correspondiente de la «Vida y escritos de don Luis de
              Góngora»<note place="bottom">Véase la sección «Título” en <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
                >1628_vida-chacon</ref>.</note>, las ediciones de Gonzalo de Hoces y Córdoba de 1633
            recogen una versión algo diferente del texto biográfico del poeta cordobés compuesto por
            fray Hortensio Paravicino para los preliminares del manuscrito Chacón. Aunque compartan
            idéntico título, la «Vida y escritos de don Luis de Góngora» que llegó a la imprenta en
              <hi rend="i">Todas la obras de don Luis de Góngora</hi> es una reescritura con
            interpolaciones del texto preliminar escrito por el trinitario para el lujoso manuscrito
            obsequiado al señor de Polvoranca. Si bien la crítica la ha venido llamando «vida
            intermedia» para diferenciarla de la original de Paravicino (o «vida menor») y de la de
            Pellicer (o «vida mayor»), en esta edición preferimos la etiqueta de «Vida de la edición
            de Hoces». Con este nuevo marbete, buscamos desestimar toda idea de que este texto sea
            una amalgama de la <hi rend="i">vita</hi> original de Paravicino y de la más extensa de
            Pellicer, y también evitar las confusiones en que incurren aquellos que se refieren a un
            mismo texto sin diferenciar el original de la reescritura. A los avatares editoriales,
            cuestión autorial, cambios, eliminaciones y añadidos de esta <hi rend="i">vita</hi>
            dedicaremos el presente estudio, remitiendo, en su mayor parte, al aparato crítico que
            acompaña la edición de la «vida» que figura en el manuscrito Chacón y que también es
            parte de este proyecto<note place="bottom">Véase la sección «Estudio» en <ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
                >1628_vida-chacon</ref>.</note>.</p>
          <p>A modo de resumen, y para mayor aclaración, recogemos a continuación los títulos y
            localización de las <hi rend="i">vitae</hi> mencionadas:</p>
          <list>
            <item>«Vida y escritos de don Luis de Góngora» en el manuscrito Chacón (atribuida con
              buenas razones a Hortensio Félix Paravicino).</item>
            <item>«Vida de don Luis de Góngora. Por don Joseph Pellicer de Salas» en la BNE, ms.
              3918 (llamada «Vida y escritos de don Luis de Góngora. Defensa de su estilo por don
              Joseph Pellicer Salas y Tovar» en los preliminares de las <hi rend="i">Lecciones
                solemnes</hi>) <note place="bottom">Reyes (1958: 30-58) y (<ref
                  target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1630_vida-mayor"
                  >1630_vida-mayor</ref>).</note>.</item>
            <item>«Vida y escritos de don Luis de Góngora» de las ediciones de Gonzalo de Hoces.
              Llamada más tarde por Pellicer en su <hi rend="i">Bibliotheca</hi> «Vida de don Luis
              de Góngora y Argote. Príncipe de los poetas líricos».</item>
          </list>
        </div>
        <div>
          <head>2. [Autor] «<hi rend="i">Vida</hi> de la edición de Hoces»: ¿Una autoría
            compartida?</head>
          <p>Si para las <hi rend="i">vitae</hi> «menor» y «mayor» las cuestiones de autoría han
            quedado zanjadas, reconstruir las circunstancias en que se produjo esta otra versión de
            la biografía de Góngora resulta ya más complicado. Ante todo, habría que dejar claro que
            cuando nos referimos a la paternidad de esta <hi rend="i">vita</hi> estampada en la
            edición preparada por Hoces, nos referimos a las interpolaciones y cambios respecto a la
            original del manuscrito Chacón. Si el grueso del texto sigue sin modificar la <hi
              rend="i">dispositio</hi> de esta última, creemos que las añadiduras, supresiones y
            permutaciones introducidas en la <hi rend="i">inventio</hi> permiten hablar, más que de
            otro texto, de una reescritura. ¿Por parte de quién? El testimonio más contundente que
            ha venido atribuyendo la autoría del texto a José de Pellicer y Tovar se debe al mismo
            polígrafo zaragozano, quien en su <hi rend="i">Bibliotheca</hi>, al detallar las obras
            salidas en el año 1634, dice así de esta <hi rend="i">vita</hi>:</p>
          <quote>Imprimióla con sus Obras todas don Gonzalo de Hoces y Córdoba, caballero del Orden
            de Santiago, veinticuatro de Córdoba, en la edición que hizo de ellas el año 1634.
            Después se ha estampado en las demás<note place="bottom">Pellicer (1671: 19) e Iglesias
              Feijoo (1983: 171-172).</note>.</quote>
          <p>Según este dato del propio Pellicer, esta biografía comienza a circular a partir de las
            ediciones de Hoces de 1634, afirmación que solo es verdadera hasta cierto punto debido a
            que esta figuraba ya en las dos ediciones del año anterior. Lo que sí es cierto es que
            el texto se publicará sin nombre de autor en las sucesivas reediciones de la de Hoces a
            lo largo del siglo XVII. Además de haber sido la más conocida y la más leída (la
            original de Paravicino quedó en el manuscrito Chacón y la de Pellicer sin publicar), el
            anónimo autor del <hi rend="i">Escrutinio sobre las impresiones de las obras poéticas de
              don Luis de Góngora y Argote</hi> se vale de ella para reprocharle al autor (cuyo
            nombre no menciona) su poco conocimiento de la vida y obra del poeta, y de ella también
            se sirve Enrique Vaca de Alfaro para componer la semblanza que incluye en su colección
            biográfica <hi rend="i">Varones ilustres de Córdoba</hi><note place="bottom"><p/><p
                rend="noindent">Véase, en el ámbito de este proyecto, la edición y estudio de ambos
                textos a cargo de François-Xavier Guerry (<ref
                  target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio"
                  >1633_escrutinio</ref>) y María Ángeles Garrido
            (1685_varones_gongora).</p></note>.</p>
          <p>El testimonio de Pellicer, dado el ingente volumen de páginas que escribió a lo largo
            del XVII, su tendencia a la exageración y manipulación de fuentes, y el tiempo
            transcurrido entre la composición del texto y la entrada en su <hi rend="i"
              >Bibliotheca</hi>, tendría que tomarse con mucha cautela. Parece ser que los enredos
            literarios de Pellicer en las prensas por esos años no eran pocos; la crítica reciente
            ha visto algunas maniobras poco claras en la publicación, por ejemplo, de su <hi
              rend="i">El Fénix y su historia natural</hi> (1630), impreso en medio de una
            implacable guerra literaria con Lope, y del que posiblemente existiera una edición
            exenta del año anterior sin los comentarios<note place="bottom">Para María José Tobar,
              que estudia el asunto, hay indicios que apuntan a la falsedad de algunas de las
              aseveraciones de las aprobaciones de Quevedo y del padre de la Cerda en <hi rend="i"
                >El Fénix y su historia natural</hi>, tanto en la datación como en lo referente a su
              autoría, por lo que «resulta poco verosímil que los abundantes y exhaustivos datos
              acerca de la biografía, formación académica y producción literaria de Pellicer en la
              censura del padre de la Cerda no fuesen facilitados (o redactados), total o
              parcialmente, por el propio don José» (Tobar Quintanar 2015: 266, 262). </note>. Al
            igual que advierte respecto a las <hi rend="i">Lecciones solemnes</hi>, la salida del
            mencionado libro también sufrió retrasos: «La primavera pasada publiqué el poema del
            Fénix solo, que había casi un año estado detenido en la prensa»<note place="bottom"
              >Pellicer, <hi rend="i">El Fénix y su historia natural</hi>, f. ¶ 2v.</note>. Aclara
            que la demora de dos años en la imprenta de los comentarios o «diabribes» se debió al
            temor a los ataques que, antes de publicarse, ya le lanzaba Lope de Vega.</p>
          <quote>Los que me han tenido, Señor, por perezoso, verán agora que mi dilación ha sido
            desconfianza o temor estudioso; y que haber detenido en la prensa dos años estos
            borrones ha sido desear limallos para que tuviesen menos en qué tropezar mis émulos<note
              place="bottom"><hi rend="i">El Fénix y su historia natural</hi>, fol. §6r-§6v. La obra
              circulaba manuscrita entre sus amigos. Veáse la carta de Lorenzo Ramírez del Prado,
              Iglesias Feijoo (1983: 149).</note>.</quote>
          <p>Las rivalidades y rencillas literarias que hoy podemos entrever en prefacios, poemas
            satíricos o nuncupatorias en relación con la obra del joven Pellicer en estos últimos
            años de la segunda década del XVII y los primeros de la siguiente son todo un
            rompecabezas difícil de componer. Todo ello, sin embargo, nos sirve para vislumbrar las
            querellas que animaban el mundillo de los escritores e intelectuales madrileños más
            representativos del momento, así como las argucias a que recurrían recopiladores,
            comentadores, impresores y editores para influir en la publicación, censura o
            deformación de los textos. Eran años, además, en los que «se había puesto de moda
            imprimir las <hi rend="i">Rimas</hi> de poetas vivos, y más aún incluir portadas
            heráldicas, elogios y retratos»<note place="bottom"><p/><p>Lawrance (2011:
              157-158).</p></note>. En la carrera por imprimir la poesía de Góngora compitieron, con
            todas las armas que tuvieran a su alcance, Chacón, Vicuña, Salcedo Coronel, Pellicer y
            Gonzalo de Hoces. En lo que atañe la <hi rend="i">vita</hi> que nos ocupa, habría que
            indagar, además, el papel que pudo haber tenido Gonzalo de Hoces como compilador, o el
            librero Alonso Pérez, en cuyos talleres se gestaron tanto la edición de Vicuña como las
            madrileñas de Hoces, o cualquier otro participante de la polémica que en algún momento
            del accidentado proceso editorial decidiera cambiar el texto. La edición de <hi rend="i"
              >Todas las obras</hi> de 1633 apareció en la imprenta del Reino, la costeó Alonso
            Pérez (el padre de Pérez de Montalbán) y contó con la aprobación de Luis Tribaldos de
            Toledo y de Tomás Tamayo de Vargas, vinculados también a la polémica.</p>
          <p>Muchos podrían ser los factores, imposibles de precisar hoy, que expliquen que Pellicer
            considerara esta reescritura de la <hi rend="i">vita</hi> como suya<note place="bottom"
                ><p/><p>El único vínculo material que encontramos entre esta y los textos de
                Pellicer es el retrato que la acompaña en la primera edición de 1633, que es el de
                los preliminares de las <hi rend="i">Lecciones solemnes</hi>, publicadas unos años
                antes. Oliver sospecha que los pliegos añadidos con el retrato (que es el mismo de
                las <hi rend="i">Lecciones</hi>) y la vida en la primera edición de 1633 sean «uno
                de los estampados en 1628 para ilustrar y autorizar los preliminares de los comentos
                de Góngora, retirados por el comentarista a instancias de los miedos del
                trinitario». Añade, teniendo en cuenta la hipótesis de Iglesias Feijoo de que el
                pliego insertado que recoge retrato y vida estuviera listo para las <hi rend="i"
                  >Lecciones</hi>, que la reescritura de esta vida es posterior al texto de Chacón
                  (<hi rend="i">post quem</hi> 3 de junio de 1628) y las fechas de licencias de las
                  <hi rend="i">Lecciones</hi> (12 de julio de 1628), es decir entre principios de
                junio y mediados de julio de 1628 (Oliver 1995: 57, n. 46).</p></note>, aunque los
            datos con los que contamos hoy en día nos llevan a creer que los cambios no son del
            zaragozano. Sería más probable creer que la «Vida de don Luis de Góngora y Argote.
            Príncipe de los poetas líricos» que menciona Pellicer en su <hi rend="i"
              >Bibliotheca</hi> es, en realidad, la «Vida de don Luis de Góngora. Por don Joseph
            Pellicer de Salas», que figura en el ms. 3918, vol. 7 del <hi rend="i">Parnaso
              Español</hi>, y que compuso un joven Pellicer de 28 años para los preliminares de sus
              <title>Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Góngora y Argote, Píndaro
              andaluz, príncipe de los poetas líricos de España</title>, publicadas en Madrid en
            1630. El casi septuagenario Pellicer, al echar la vista atrás e intentar recordar hacia
            1671 este breve opúsculo juvenil, habría fundido el título de la <hi rend="i">vita</hi>,
            la «vida mayor», con parte del de sus <hi rend="i">Lecciones solemnes</hi>; ambos, como
            se observa, comparten el sintagma «<title>príncipe de los poetas líricos</title>». La
            mención de que esta se estampó en las ediciones de Hoces podría explicarse por la
            estrecha relación del contenido de las <hi rend="i">vitae</hi> aquí estudiadas, y por el
            hecho de que Pellicer conocía la original de Paravicino y la habría tenido en cuenta
            para componer la suya.</p>
          <p>Poco se ha podido averiguar de la magnitud de la participación de Hoces en la empresa
            editorial de <hi rend="i">Todas las obras</hi>. El autor del <hi rend="i"
              >Escrutinio</hi> (para Antonio Carreira el poeta cordobés José Pérez de Ribas) sabía
            que Hoces era también cordobés, y como tal conocería hechos, datos o anécdotas de don
            Luis y de su familia. La poesía gongorina, como es conocido, tuvo gran número de fieles
            adeptos e imitadores en su tierra natal<note place="bottom">Véase Cruz Casado (2000).
            </note>. Parece imposible, por lo tanto, saber con certeza hoy en día de quién fue la
            mano que intervino en la <hi rend="i">vita</hi>, por lo que tendremos que concordar con
            Fernando Bouza, quien al estudiar una aprobación inédita de Quevedo a <hi rend="i">El
              Fénix</hi> de Pellicer concluye que «[e]n materias de imprenta, pocas cosas parecen no
            haber sido posibles en un Siglo de Oro de enmarañada historia tipográfica sobre la que
            la nueva documentación de las escribanías de cámara del Consejo de Castilla pueden
            aportar nueva luz y nuevos retos»<note place="bottom">Bouza (2014: 75).</note>.</p>
          <p>Por otra parte, la cuestión autorial se complica aún más tras la lectura de un curioso
            comentario del anónimo autor del <hi rend="i">Escrutinio</hi>, quien parece relacionar
            la paternidad de esta <hi rend="i">vita</hi> con otro personaje: «Olvidósele a este
            ingenio devoto, cuando por mayor se cargó de la vida de don Luis, de describir su efigie
            con el pincel de su pluma, quizá con más felicidad que salió la lámina del buril»<note
              place="bottom">(<ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio"
                >1633_escrutinio</ref>). Véase el estudio del <hi rend="i">Escrutinio</hi> a cargo
              de François-Xavier Guerry.</note>. Se extraña el crítico de la edición de Hoces de que
            el biógrafo se olvidara de incluir la descripción física del poeta, como solía hacerse
            en la composición de una biografía, reprobando de paso la calidad del mencionado retrato
            calcográfico de los preliminares, obra de Jean de Courbes. Más adelante, vuelve a la
            carga puntillosamente sobre este texto: «Da que reparar la relación de la vida de don
            Luis. ¿Posible es que quien no supo sus exterioridades, pues con tantos absurdos estampó
            sus obras, supo lo interior de su pensamiento?» Ataca nuevamente al biógrafo por
            tergiversar hechos vitales del poeta y desestima casi todo lo escrito en la <hi rend="i"
              >vita</hi>, en particular los motivos que movieron a Góngora a mudarse a la Corte.
            Estos, según el anónimo, no fueron la ambición ni el interés, sino la búsqueda de
            acicate para la creación literaria. Una última y extensa referencia a esta versión de la
              <hi rend="i">vita</hi> nos ofrece otras pistas:</p>
          <quote>Esta arenga, inculta por clara, miseria de estos tiempos, conviene: a saber, que si
            no escribís y aun predicáis oscuro, no es culto, no sois crítico. El escribir, empero,
            vaya: no le leéis, y si le leéis, quedáis de la misma calidad que no habiéndole leído,
            pero sermones cultos (oscuros, se entiende), que consiste su mayor cosa, el trabajo, los
            estudios, en que no los entienda el oyente. No es de burla el caso: que se les predica a
            las deidades humanas culto, queda el orador con estimación, y no se le ha entendido
            palabra. Ninguna de ellas lo confiesa, porque a dos por tres le dirán que no es culto.
            Así ha de ser, pues, todo ministro: admire el sermón, háyase entendido o no. Ahora,
            pues, si el orador estampa los sudores cultos que predicó, a cuatro días que se los
            volváis, ni los entiende ni antes los entendió. Maréase y se ignora como el que mejor.
            Al fin, lector, toda esta mal taraceada armonía se resuelve solo en que el curioso sepa
            que eligió mal buenas noticias, así de las obras de don <name type="polemista"
              >Luis</name>, como de sus acciones<note place="bottom">(<ref
                target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio"
                >1633_escrutinio</ref>).</note>.</quote>
          <p>El anónimo del <hi rend="i">Escrutinio</hi> llama al texto «arenga inculta» y
            «taraceada armonía» de las obras y acciones del poeta y relaciona a su autor con un
            «devoto ingenio», predicador, orador, ministro (emplea todos estos sustantivos) notable
            por unos «sermones cultos» muy adornados y poco inteligibles. Estas y las anteriores
            alusiones, puestas a dialogar con lo que hemos explicado en el estudio de la <hi
              rend="i">vita</hi> del manuscrito Chacón, parecen indicar que se refiere claramente al
            predicador real Hortensio Félix Paravicino. ¿Se refiriere el anónimo del <hi rend="i"
              >Escrutinio</hi> al texto original de los preliminares de Chacón, que muchos entonces
            sí sabían que era de Paravicino? ¿O es posible acaso que supiera que el texto reescrito
            de la edición de Hoces era también de Paravicino y que el trinitario, por razones que
            desconocemos, hubiera modificado y amplificado, en algún momento posterior, el texto
            original que había concebido para el manuscrito Chacón?</p>
          <p>No lo sabemos con certeza. Sin embargo, lo hemos dicho, la <hi rend="i">vita</hi> que
            figura en Hoces se basa casi en su totalidad en la que compuso Paravicino para Chacón, a
            excepción de unos breves cambios y algunas interpolaciones extensas. Es poco plausible
            que el autor de los mismos fuera Pellicer, que hizo su propia <hi rend="i"
              >amplificatio</hi>, la «vida mayor», y quien no debió de intervenir en la edición
            Hoces (totalmente ajena a su empresa editorial de las <hi rend="i">Lecciones
              solemnes</hi>, tanto en la forma como en el espíritu) y cuya manera de escribir no era
            tan enrevesada. También es posible que Gonzalo de Hoces, o el impresor, se hicieran con
            la <hi rend="i">vita</hi> original de Paravicino, procurándose un manuscrito que la
            contenía, con o sin el consentimiento del trinitario. Hay que tener en cuenta que
            Paravicino falleció el año mismo en que se publicó el libro (el 12 de diciembre de 1633)
            y que para entonces hacía meses que se encontraba enfermo. Es muy posible que lo llegó a
            la imprenta fuera, pues, un texto manuscrito de la Vida que Paravicino había compuesto
            para el manuscrito Chacón, pero con revisiones y añadidos. El estilo de esos añadidos es
            muy similar al suyo, tiene las mismas características de retorcimiento conceptual y
            laconismo, además de varios paralelos con otras obras suyas, como veremos más
            adelante.</p>
          <p>Queda por aclarar una incoherencia que surge de la hipótesis de atribuir estas
            interpolaciones a Paravicino que, en muchas partes, son confusas hasta lo
            incomprensible, con conceptos tan rebuscados como los que él empleaba, pero plagados de
            incongruencias. El texto de Chacón fue muy cuidado en su copia y se hizo bajo el control
            de Paravicino, a diferencia del impreso en Hoces que nos ocupa. Es muy posible entonces
            que dichos añadidos fueran insertados por fray Hortensio, quizá ya enfermo, en una copia
            en limpio del texto más breve que figuraba en Chacón, trazados con peor letra, quizá
            utilizando los espacios libres en la copia, los márgenes y el interlineado. Que aceptara
            ahora dar la Vida a la imprenta y no en el momento de las <hi rend="i">Lecciones
              solemnes</hi><note place="bottom">Véase explicación en «Cronología», (1630_vida_mayor)
              . </note> puede deberse a que hubieran amainado las polémicas contra él, o a que
            Góngora fuera ahora mucho más respetable, famoso y admirado gracias al efecto de los
            comentarios de Pellicer o de Salcedo Coronel (en preparación), por ejemplo. Esta
            hipótesis explicaría, en primer lugar, la existencia de cambios muy deliberados y
            significativos relacionados con la imagen del poeta, su obra y la polémica, que se
            interpolan en función del texto primitivo, y en segundo, la falta de legibilidad de
            dichos añadidos respecto a lo que quedaba intacto del texto original. De ahí la peor
            calidad de su transmisión: en muchos casos falta o sobra una palabra, o algo se ha leído
            mal. Es posible pues, que dicho manuscrito, poco legible, pasara entonces por copistas o
            impresores que no supieron entenderlo bien a la hora de restituir el texto y que en esta
            copia se basaran los cajistas para la composición de las planas, dando un texto
            deturpado y lleno de incongruencias y fallos.</p>
          <p>Por lo tanto, nos inclinamos a pensar que esos añadidos son de la mano de Paravicino y
            que los defectos de sentido deben ser achacados a la mala calidad de la transmisión
            textual. De ser así, y esto no deja de ser una hipótesis que permitiría orientar
            investigaciones futuras, esos añadidos o interpolaciones habrían salido de la pluma del
            mismo fray Hortensio en una fecha cercana a la publicación de la compilación de
            Hoces.</p>
          <p>Habida cuenta de esta hipótesis, al analizar las interpolaciones de la <hi rend="i"
              >vita</hi> de Hoces, marcadas por el retorcimiento y dificultad de las expresiones
            (mucho más que en la <hi rend="i">vita</hi> original de Paravicino, y más aún que en la
            de Pellicer) y por el uso de metáforas, salen a la luz algunas concomitancias con varios
            de los recursos empleados repetidamente por el trinitario, a saber:</p>
          <table>
            <row>
              <cell>Expresiones metafóricas</cell>
              <cell>«Vida de la edición de Hoces»</cell>
              <cell>Similitudes con los sermones y oraciones de Paravicino y con La<hi rend="i">
                  Gridonia</hi></cell>
            </row>
            <row>
              <cell>Flor, abeja y araña</cell>
              <cell>«no hablo en esto más claro porque no hay flor que tope con abeja; de arañas se
                puebla el aire».</cell>
              <cell>
                <p rend="noindent">«Mirad naturalmente que somos todos envidiosos del mayor al
                  menor. No reparáis que la túnica última cuyo humor sirve a la vista se llama
                  aranea, por telaraña: miramos pues lo que las arañas haremos, no habrá flor que no
                  sea veneno, hasta de Maravillas de Cristo querrán hacérsele como vemos hoy» (<hi
                    rend="i">Oraciones evangélicas de adviento y cuaresma</hi>, 1640, p. 89).</p>
                <p rend="noindent">«Pero también las arañas se tiene por de tan buen gusto, como las
                  abejas, y se andan a acechar las flores unas y otras, y sea miel o veneno lo que
                  se forma…» (<hi rend="i">Ibíd</hi>., p. 844).</p>
                <p rend="noindent">«Infelices arañas a quien tocó oponerse a las abejas en unas
                  mismas flores, sin dejar palabra hermosa, que no acusen de tierra propia que no la
                  noten de afectada. Estas flores, que con pura emulación pudieran engañar las
                  abejas» (<hi rend="i">Oraciones evangélicas en las festividades de Cristo Nuestro
                    Seño</hi>r, 1640, p. 176).</p>
              </cell>
            </row>
            <row>
              <cell>Brazo y cordel</cell>
              <cell>«Quien, empero, no puso el dedo entre el cordel y el brazo del que atormentan
                pudo pesar fielmente el dolor y atreverse a ser severo árbitro de los gritos»</cell>
              <cell>
                <p rend="noindent">«Padecer por quien se ama no solo es fineza sino comodidad. Dios
                  os libre de ocios forzosos y de amor grande. Que es mudo cordel a la garganta sino
                  gritador al brazo» (<hi rend="i">Oraciones evangélicas en las festividades de
                    Cristo Nuestro Seño</hi>r, 1640, p. 147).</p>
                <p rend="noindent">«Esto repito, Señor, por el mayor sentimiento vuestro: que donde
                  hay tormento de injurias, ninguna vuelta de cordel duele» (<hi rend="i">Oraciones
                    evangélicas y panegíricos funerales</hi>, 1695, p. 314).</p>
                <p rend="noindent"/>
                <p rend="noindent">«A ti te das el tormento en cada vuelta de ese cordel, y negando
                  la libertad con obstinación la confiesas sin libertad» (<hi rend="i">Ibíd</hi>.,
                  p. 320).</p>
                <p rend="noindent">«¡Ay del que ausencias adora/ de tan imposible bien, / que si
                  respire es descuido / y no piedad el cordel!» <hi rend="i">(La Gridonia</hi>,
                  2009: 94, v. 236-239).</p>
              </cell>
            </row>
            <row>
              <cell>Ropilla</cell>
              <cell>«si desabrochamos la ropilla del más constante le hallaremos en el pecho hasta
                peligro y fealdad las llagas».</cell>
              <cell>«Por cuanto un bachiller de nuestro pueblo perdiera esta ocasión para salpicar
                un hábito en pieza, que aun puesto en la ropilla se embarra» (<hi rend="i">Oraciones
                  evangélicas de adviento y cuaresma</hi>, 1640, p. 141).</cell>
            </row>
            <row>
              <cell>
                <p rend="noindent">Galeones</p>
                <p rend="noindent"/>
              </cell>
              <cell>
                <p rend="noindent">«…que al primer soplo del huracán<note place="bottom">La metáfora
                    es muy tópica. Sin embargo, el americanismo ‘huracán’ es de uso frecuente en los
                    sermones de Paravicino; no hemos dado con él en los textos de Pellicer. En CORDE
                    hay solo 45 entradas del término, una de ellas de Paravicino, entre 1600 y 1650.
                    <space/></note> pocos galeones reales supieron ocultar el estremecimiento,
                  excusarle ninguno».</p>
              </cell>
              <cell>
                <p rend="noindent">«Buenos y malos todos vamos con el galeón si se va a pique: acuda
                  cada uno a su obligación» (<hi rend="i">Oraciones evangélicas en las festividades
                    de Cristo Nuestro Seño</hi>r, 1640, p. 244).</p>
                <p rend="noindent"/>
              </cell>
            </row>
          </table>
          <p/>
          <p>El grueso de lo que hemos venido llamando interpolaciones, como hemos visto, recoge una
            serie de expresiones metafóricas muy vivas plagadas de agudezas (galeones, abejas,
            arañas, cordel, ropilla) que si pueden considerarse tópicas –no olvidemos que la <hi
              rend="i">imitatio</hi> de motivos, conceptos y elementos diversos era el método de
            producción textual característico del momento– reaparecen en varias ocasiones en los
            sermones que Paravicino ofrecía desde el púlpito para exponer, adornar y desarrollar sus
            comentarios.</p>
          <p>En esta misma línea va la inserción del amplio párrafo en el que se compara a los
            polemistas, a quienes se achaca de envidiosos, con fieras, y en el que se sienten ecos
            de un pasaje que le dedicó el trinitario a don Miguel de Noroña, conde de Linares. En
            dicho pasaje, jugando con la imagen del león del escudo de armas de la casa de Noroña,
            dice así:</p>
          <quote>Tolere, pues, Vuestra Señoría este examen, seguro que no podrán errar la verdad, ni
            en mí la ignorancia, ni en los demás la envidia, que casi le sirve a Vuestra Señoría, no
            sólo de lustre, sino de obediencia. Y con esto, parece que no son ya leones solos
            (aunque imperiales fieras y trabajos coronados de Alcides) los que Vuestra Señoría mata
            a lanzadas, como esas arenas de África son numerosos testigos, sino hidras y sierpes de
            veneno tan vivazmente mortal, que halla en las heridas la fecundidad para las cabezas.
            El fuego, empero, de la virtud, en manos de los verdaderos Hércules, no sólo enjuga la
            sangre, las vidas de estos monstruos restaña<note place="bottom">Paravicino (1994:
              156)</note>.</quote>
          <p>Uno de los términos que aparece en las interpolaciones, «desatención», aunque frecuente
            en la prosa religiosa del periodo, llama la atención por lo mucho que lo usa Paravicino.
            De los veinte ejemplos que recoge CORDE entre 1600 y 1650, siete pertenecen al
            trinitario. Y el pasaje digresivo que aparece en los añadidos donde contrasta la visión
            de la constancia estoica antigua con la doctrina cristiana, y que se repite en un pasaje
            de sus sermones<note place="bottom">Véase la <ref xml:id="ref3" target="ref4">nota
                77</ref>. </note> (sin olvidar el opúsculo que escribió siguiendo el <hi rend="i">De
              Providentia</hi> de Séneca), es también revelador de los temas y motivos que animaban
            la pluma del trinitario.</p>
          <p>A estas razones se añaden otras también significativas en el texto que llegó a Hoces;
            una de ellas es el cambio del demostrativo «esta» por el artículo definido «la» en
            relación con el sustantivo «estampa». Como «esta» se refiere al ms. Chacón en el texto
            original, el canje se hace necesario ya que el reescrito no se concibió para dicha
            colección; el uso del artículo definido le otorga un carácter más general al texto, que
            así podría estamparse en otros libros. También es notable el paso de «el autor de esta
            prefación» a «el que escribe esta prefación», que quizá busque alejarse de una de las
            acepciones del término ‘autor’ como del que causa y fomenta discordias, o busque atenuar
            la noción de autoría del original producto de la intervención en el texto. Por último,
            llama aún más la atención la transmutación del sintagma «estos atrevimientos» referido
            únicamente a Góngora por «nuestros atrevimientos» al hablar de las licencias que
            permitieron llevar a su plenitud la lengua castellana. Con este sutil cambio, quien
            reescribe el texto se incluye entre la nómina de los innovadores de la lengua. Como
            hemos explicado, Paravicino, al igual que Góngora, también se consideraba un innovador,
            y de ello ha dejado constancia en sus escritos. Es notable también que los pasajes
            referentes a Lerma y Calderón del original («a la gracia del duque de Lerma y del
            marqués de Siete Iglesias») se intensifiquen levemente («a la generosidad no comparable
            del duque de Lerma y a la gracia e inclinación del marqués de Siete Iglesias») y no así
            el referente a la intercesión de Olivares. ¿Un leve reproche al gran ministro por el
            pobre socorro que le brindara al poeta en sus últimos años? Hacia el final del texto,
            vuelve este personaje a referirse a sí mismo, revelando que, en otro momento del pasado,
            cuando el mundo de las letras era menos cruel (muy posible antes del inicio de la
            polémica), ya había hablado de las grandezas de la poesía.</p>
          <p>Las alusiones del anónimo del <hi rend="i">Escrutinio</hi>, los cambios que se dan en
            el texto reescrito y las concomitancias de giros y expresiones metafóricas en los
            añadidos y en las obras de Paravicino (que hemos también rastreado en las obras de
            Pellicer sin mucho éxito) permiten hablar, como hemos explicado antes, de la posibilidad
            de que estos fragmentos sean del trinitario. Sin embargo, por muy atractiva que nos
            parezca como hipótesis, y teniendo en cuenta, además, que el responsable de la
            reescritura bien podría haber estado imitando el estilo de Góngora y Paravicino, no
            podemos darla por segura, por lo que optamos por seguir refiriéndonos al texto como
            «Vida de la edición de Hoces». En suma, tendremos que seguir considerando esta <hi
              rend="i">vita</hi> una reescritura del original de Paravicino, sin poder saber con
            certeza, por el momento, de quién fue la mano que hace casi cuatrocientos años intervino
            en el texto.</p>
        </div>
        <div>
          <head>3. [Cronología] Avatares de la reescritura de la vida de Góngora de la edición de
            Hoces</head>
          <p>Como apuntábamos en la sección anterior referida a los títulos, las <hi rend="i"
              >vitae</hi> de don Luis de Góngora que se compusieron por estas fechas están tan
            relacionadas con la polémica que tanto su origen como en su contenido responden, más que
            al establecimiento de una verdad exacta e histórica de la vida de Góngora, al compromiso
            de levantar una imagen ejemplar del excelso poeta. Para una mejor reconstrucción
            cronológica de la gestación de esta «Vida de la edición de Hoces» a partir de la
            original, repasemos los siguientes datos:</p>
          <list>
            <item>La <hi rend="i">vita</hi> original fue escrita por Paravicino entre junio y
              diciembre de 1628. El <hi rend="i">terminus post quem</hi> sería el mes de junio de
              1628, pues alude a la solicitud de retirada de los ejemplares por parte del Santo
              Oficio tras la revisión del Padre Pineda el 3 de junio de ese año. El <hi rend="i"
                >terminus ante quem</hi> vendría a ser el 12 de diciembre de 1628, fecha de la
              dedicatoria de Chacón y que contiene esta <hi rend="i">vita</hi>.</item>
            <item>El 4 de noviembre de 1632, Tomás Tamayo de Vargas firma la censura aprobatoria de
                <hi rend="i">Todas la obras</hi>, preparada por Gonzalo de Hoces y Córdoba, a quien
              el rey, el 16 de diciembre de 1632, le otorgó privilegio de impresión por diez
              años.</item>
            <item>En 1633 (con tasa de marzo de 1633) sale a la luz en la imprenta madrileña de
              Alonso Pérez el volumen de <hi rend="i">Todas la obras de don Luis de Góngora</hi>, a
              cargo de Gonzalo de Hoces, en el que se inserta en los f. A1v-A4r la «Vida y escritos
              de don Luis de Góngora» con cambios e interpolaciones.</item>
          </list>
          <p>Por lo tanto, con los elementos de que disponemos hasta ahora, lo único que podemos
            asegurar es que la «Vida de la edición de Hoces» fue redactada en cualquier momento
            después de junio de 1628 y principios de 1633, cuando el pliego que la contiene se
            introduce a última hora en algunos ejemplares de la primera edición de Hoces<note
              place="bottom">Feijoo (1983: 164-171)</note>.</p>
          <p>Para la cuestión de las ediciones de Góngora y, en especial, la preparada por Gonzalo
            de Hoces, es fundamental el artículo de Jaime Moll, «Las ediciones de Góngora en el
            siglo XVII», que retrata la complicada historia editorial y tipográfica de <hi rend="i"
              >Todas las obras de Góngora</hi>, así como el <hi rend="i">Catálogo bibliográfico de
              manuscritos e impresos del siglo XVII con poesía de Góngora</hi>, de Pedro Rojo
            Alique. La edición de Gonzalo de Hoces, como la de Vicuña unos años antes, fue muy
            criticada, quizá porque había aprovechado numerosos elementos de la forma y el contenido
            de esta última. El anónimo autor del <hi rend="i">Escrutinio sobre las impresiones de
              las obras poéticas de don Luis de Góngora</hi>, por ejemplo, realiza un ataque
            demoledor de la labor de Gonzalo de Hoces como editor. Por ello se entiende también que
            Quevedo, al año siguiente de la publicación de lo que considera una maltratada edición
            de <hi rend="i">Todas las obras</hi>, justifique querer sacar a la luz las suyas,
            prefiriendo padecer los ataques de los críticos en vida que «su venganza muerto»:</p>
          <quote>Y viendo cuán impíamente han perseverado en esta maldad los invidiosos de las obras
            de D. Luis de Góngora, sin hartarse de venganza en la primera impresión, añadiendo leen
            en esta postrera cosas que no hizo, he determinado de imprimir lo que he escrito
              todo<note place="bottom">Quevedo, «A los doctos modestos y piadosos», <hi rend="i">La
                cuna y la sepultura</hi>, 1634. </note>.</quote>
          <p>Ante todo, habría que aclarar que hubo dos ediciones de <hi rend="i">Todas la
              obras</hi> en 1633 y dos al año siguiente, y es precisamente la inclusión o no de la
            vida y el retrato de Góngora una de las diferencias más significativas entre ellas. Los
            preliminares de la primera edición de 1633 (que llamaremos 1633A) tenían inicialmente
            dos pliegos (uno con las aprobaciones y licencias de rigor y el otro con el índice
            alfabético de primeros versos) al que se le añadieron cuatro hojas con la signatura A,
            con el retrato y la <hi rend="i">vita</hi> de Góngora. Ese mismo año de 1633 se realizó
            otra tirada (que llamaremos 1633B) que se puede diferenciar fácilmente de la primera por
            una sencilla razón: la vida no constituye un pliego exento, sino que forma parte de la
            cuenta del original<note place="bottom">Para un estudio de estas variantes, véase Moll
              (2013), Carreira (2012), Wilson (1968 y 1977) y Rojo Alique (2015), a quien
              seguimos.</note>. Para Moll, en 1633B:</p>
          <quote>[n]o figura el grabado con el retrato de Góngora (sin duda demasiado gastado
            después de usarse en dos libros y que, por otra parte, exigía una tirada aparte, en
            tórculo, lo que encarecía la edición) incorporándose la Vida del mismo dentro de una
            continuidad de signaturas. Se han suprimido la lista de erratas y los textos de las
            aprobaciones. De esta manera tienen los preliminares sólo 12 hojas, frente a las 16 que
            tenía la primera edición<note place="bottom">Moll, 2013:934. Para Iglesias Feijoo es
              plausible que la <hi rend="i">vita</hi> de Hoces se preparara para el ejemplar impreso
              que Pellicer envió para la concesión de licencias de las <hi rend="i">Lecciones</hi>
              en 1628.</note>.</quote>
          <p>En suma, podemos decir que en 1633 se hicieron dos impresiones fácilmente
            identificables. La primera, 1633A, lleva el grabado y la vida en un pliego inserto<note
              place="bottom"><p/><p>Para Moll, la ausencia de la vida de Góngora en dos de los
                ejemplares de la primera edición (1633A) podría deberse a dos razones: la primera,
                que el pliego A inserto con el retrato y la vida de Góngora se imprimiera al final
                del proceso y se incorporara como un cuadernillo de 4 folios en los preliminares.
                Probablemente esto no se hizo en todos los ejemplares. Es decir, una vez dada a las
                prensas la colección de Hoces y agotada ya una tirada, se comienza a incluir en los
                ejemplares sucesivos de dicha edición. La segunda opción es que quizá nos
                encontremos ante dos ejemplares mútilos, es decir, que ese cuadernillo se haya
                desgajado y perdido por alguna razón. De hecho, a cada uno de estos dos ejemplares
                les faltan más páginas interiores. En el ejemplar U/1904 de la BNE, de 1633A sí está
                encartado el pliego del retrato y la vida de Góngora dentro del primer cuadernillo
                ¶, es decir, entre los folios ¶2v y ¶3r. En cambio, el ejemplar de Viena
                (Österreichische Nationalbibliothek, *38.E.3), presenta el pliego A (con el retrato
                y la vida) entre el pliego ¶4 y ¶¶4+4. Ambos ejemplares, junto con los dos arriba
                citados, pertenecen a la misma impresión, la primera de 1633.</p></note>; la segunda
            impresión, 1633B, carece del grabado y reduce la extensión de los preliminares (sin el
            grabado de Góngora de Courbes) incorporando la vida de Góngora dentro de una continuidad
            de signaturas. Esta segunda edición de 1633 fue menos cuidada que la primera y, por
            desgracia, la que sirvió de molde a casi todas las demás.</p>
          <p>Ante el éxito editorial de estas dos ediciones, en el año 1634 salieron dos impresiones
            más, como explican con detalle Moll y Rojo Alique: una en Madrid, también editada por
            Alonso Pérez y caracterizada por la supresión de treinta y seis poesías; y la otra en
            Sevilla, una copia de la primera edición de 1633, contrahecha. El texto de <hi rend="i"
              >Todas las obras</hi>, con la <hi rend="i">vita</hi> en cuestión, se dará a la
            imprenta una decena de veces entre 1633 y 1654.</p>
        </div>
        <div>
          <head>4. [Estructura] Una <hi rend="i">vita auctoris</hi> para <hi rend="i">Todas las
              obras</hi>: una reescritura de la «<hi rend="i">Vida y escritos de don Luis de
              Góngora</hi>» del Manuscrito Chacón.</head>
          <p>Habida cuenta de que el texto es una reescritura de la <hi rend="i">vita</hi>
            originalmente compuesta por Paravicino para el ms. Chacón, interesa detenerse en algunas
            de las maneras en que se reconfiguran o modifican algunas ideas, así como en los
            recursos utilizados con mayor frecuencia, a saber: la expresión dúplice con verbos o
            sinónimos, la introducción y eliminación de elementos léxicos, la digresión, la lítote,
            el paréntesis, la hipérbole, la exageración o la epífrasis. Es notable que en estos
            añadidos ornamentales se perciban, a menudo, reminiscencias gongorinas.</p>
          <p>Cabe mencionar que esta reescritura no es un caso único en este tipo de género: de la
            primera biografía de Dante, el <hi rend="i">Trattatello in laude di Dante</hi> de
            Boccaccio, nos han llegado tres versiones escritas entre 1351 y los primeros años de la
            década siguiente. La diferencia entre la primera versión, el <hi rend="i"
              >Trattatello</hi>, y las otras dos es significativa ya que en estas últimas, por
            ejemplo, Boccaccio atenúa la diatriba contra Florencia, no menciona la estancia de Dante
            en Siena ni su aceptación del puesto de enviado del papa Bonifacio y elimina las
            alusiones a la inclinación lujuriosa del poeta<note place="bottom">Véase Bartuschat
              2000, 2002 y 2007. </note>.</p>
          <p>Pasando ahora a analizar los cambios efectuados respecto a la <hi rend="i">vita</hi>
            original, habría que decir, en primer lugar, que el grueso de las oraciones y párrafos
            insertados giran en torno a la preeminencia del ingenio poético de Góngora, la defensa
            de su veta satírica como juego de ingenio juvenil y no movida por un deseo de ofender,
            la falta de reconocimiento pecuniario y honorífico por parte de su patria y la avaricia
            de los grandes y cortesanos, temas que, de una u otra manera, remiten a la polémica. En
            general, las digresiones interpoladas toman un vocablo o idea del texto base para
            desarrollarlo con disquisiciones metafóricas o alusiones, casi siempre seguidas de una
            proposición universal, a veces en forma de pregunta retórica o conclusión enfática.</p>
          <p>El cotejo realizado de estas dos versiones utilizando el programa MEDITE desarrollado
            por OBVIL en el marco del taller de Humanidades digitales y literatura del verano de
            2016 permite representar claramente las supresiones en el documento original (en rojo),
            los desplazamientos de términos (en gris), los reemplazos (en azul) y lo más
            significativo, el añadido de oraciones explicativas, sintagmas gongorinos y bloques (en
            color verde), fundamentalmente en las secciones intermedia y final<note place="bottom"
              >Véase un reciente análisis más detallado en Guerry (2018). </note>. En esta misma
            línea, el histograma que genera la herramienta digital <hi rend="i">Juxtacommnons</hi>
            en el margen izquierdo, como se observa en la imagen que sigue, permite visualizar dónde
            se concentran la mayoría de estas interpolaciones en el texto: <ref
              target="http://juxtacommons.org/shares/7TB3t2"
              >http://juxtacommons.org/shares/7TB3t2</ref>. </p>
          <p rend="noindent">
            <figure>
              <graphic url="-img/100002010000058C000002DA7AB33B1A4127B002.png"/>
            </figure>
          </p>
          <p>Respecto a la <hi rend="i">vita</hi> original de Paravicino, y también a la más extensa
            de Pellicer, notamos que estos añadidos se caracterizan por una mayor dificultad
            sintáctica, derivada de la construcción elíptica de las frases, los hipérbatos y otros
            estilemas de tipo gongorino. Estas interpolaciones, desde las primeras líneas, apuntan a
            que quien retoca el texto original maneja el estilo característico de Góngora y de
            Paravicino. Inserta, desde la primera oración, además de las fórmulas estilísticas de
            uso frecuente en Góngora, los llamados cultismos y términos que, sin ser necesariamente
            nuevos, como ha señalado Alonso, «han llegado a ser como la firma de Góngora»<note
              place="bottom">Jammes (1987: 102-114) y Alonso (1961, 48-120).</note>: <hi rend="i"
              >curso, fábrica, vano, judicioso, pluma, último</hi> o <hi rend="i">generoso</hi><note
              place="bottom">En el original ya figuraban muchos más: <hi rend="i">breve, desatar,
                solicitar, adolescente, admiración, cándido, lascivo, monstruo, numeroso, pluma,
                sepulcro</hi>, etc.</note>. Por dar solo un par de ejemplos, el epíteto «mayor», en
            relación con el poeta, es sustituido por el latinismo «eminente», así como el sintagma
            «este español», que en la reescritura se vuelve «este alto y animoso poeta».</p>
          <p>En las líneas iniciales, por ejemplo, se introduce el paréntesis «curso arrebatado»;
            ambos términos, como indicamos en la nota correspondiente, figuran en más de una ocasión
            en las <hi rend="i">Soledades</hi>. Llaman también la atención, desde el punto de vista
            retórico, la inserción de dobletes léxicos respecto al original: «habiéndose descripto,
            o como ellos llaman, matriculado algún año catorce mil», para ensalzar la gran
            universidad salmantina con el dato de los catorce mil matriculados; y el doblete
            ‘paremia’ o ‘proverbio’ griego al hablar de la grandeza inimitable del poeta. Además de
            la sinonimia, procedimiento habitual para la <hi rend="i">copia dicendi</hi>, se recurre
            a la intensificación («arrebatado» por «llevado»); a la introducción de aumentativos o
            superlativos parentéticos («en este lo yerra más» al referirse al sustantivo «siglos»);
            lítotes («generosidad no comparable», al hablar del duque de Lerma; o «ímpetu no
            corregido» al referirse a la juventud del poeta); de paréntesis (a «ímpetu no corregido»
            añade: «no tal vez solamente, sino muchas»); y de sustituciones de una palaba del
            original por otra: ‘encender’ en lugar de ‘levantar’ la llama, al celebrar la amistad de
            Chacón.</p>
          <p>En cuanto a las supresiones, estas son, en realidad, muy pocas; la más importante es,
            relacionada con la juventud del poeta, el paréntesis sobre el vivir desenfrenado o «mal
            obediente a siempre justa razón», y que era lugar común por entonces para describir los
            desmanes juveniles. La comparación no le parecería apropiada a quien reescribe el texto
            por no respetar el decoro del género de la <hi rend="i">vita</hi>, y por ello la habría
            eliminado.</p>
          <p>La primera oración inserta desarrolla el origen ilustre de los padres de Góngora (<hi
              rend="i">ex illustri stirpe progenitus</hi>), que se glosa con esta aseveración: «Así
            nos hace hablar la desatención heredada; la razón toca a la providencia, aun más
            justificada que oculta», que busca demostrar la dignidad de Góngora, hijo de ilustres
            padres cordobeses, como resultado de la sapiencia de la providencia divina. Esta
            aclaración sirve sobre todo para atenuar lo que las acusaciones a la Fortuna, constantes
            en el texto, pueden tener de levemente heterodoxo, puesto que, si bien se toleran como
            modos de decir tradicionales y heredados del paganismo, no dejan de ser contrarias a la
            doctrina cristiana, que estipula que nada sucede sin que Dios lo permita, y que el curso
            de los asuntos humanos no es azar ni capricho de una divinidad ciega, sino gobierno
            divino del mundo. De modo que un predicador, un teólogo, otro hecho que apuntaría a la
            hipótesis de la autoría de estos añadidos por Paravicino tiene que precisar que este
            modo de hablar a la ligera, atribuyendo a la Fortuna, por ejemplo, malevolencia o
            envidia con respecto a la Naturaleza, es descuido, o como él dice, «desatención»; puesto
            que todo lo que parece absurdo o injusto en nuestra suerte, tiene su razón oculta en
            Dios, y como Dios no puede querer nada que no esté plenamente justificado, esta razón es
            «más justificada que oculta». Lo que es llamativo en Paravicino, de ser él el autor de
            estas enmiendas, como sospechamos, es lo muy pensadas y medidas que están las palabras,
            de modo que entenderlo significa desplegar su pensamiento, siempre muy denso. Esta
            aclaración sentará la pauta para, considerar al poeta como un elegido y volver sobre el
            tema en otras interpolaciones a lo largo del texto. Unas líneas más adelante, al
            referirse a las letras humanas que el joven Góngora aprendió en Salamanca, apostilla que
            estas «inhumanas se han hecho ya, mas no siendo humanas no deben de ser letras»; es
            decir, que las letras, desde la década de 1580 en que el joven asistió a la universidad,
            han pasado al dominio de las fieras. La idea de la deshumanización de las letras en el
            presente en que se escriben estos textos, como indicamos en las notas correspondientes,
            se reiterará en otros pasajes añadidos, en particular en la sección final, cuando quien
            reescribe el texto dice haber defendido la poesía («Y yo, en menos ocupada y calumniosa
            era, discurrí en esto»), que es un tema tratado con cierta frecuencia en los siglos XVI
            y XVII: por ejemplo en el <hi rend="i">Compendio apologético en alabanza de la
              poesía</hi> (1603), de Bernardo Balbuena, o en el <hi rend="i">Panegírico de la
              poesía</hi>, de Fernando de Vera y Figueroa (1627). En Inglaterra es famosa, por
            ejemplo, “The Defence of Poesy” de Sidney (1595).</p>
          <p>El discurso, al llegar a la sección intermedia, se dilata, y es en esta parte del texto
            donde se concentran los mayores añadidos, como señalábamos. Una glosa, engarzada a la
            fama de poeta satírico de Góngora, insiste en dejar atrás lo personal y encuadrarlo
            dentro de una filosofía o una práctica secular que retóricamente se justifica con el
            símil de los galeones reales sacudidos por el huracán, pero que resisten a él aunque se
            estremezcan a su primer soplo; así, los que son víctimas de burlas y sátiras, aunque no
            puedan evitar sentirse ofendidos en un primer momento, deben saber aguantar los golpes
            impetuosos de las aguas. Ya sin metáfora, invita a contemplar con filosófico
            desprendimiento las pullas de los poetas, que en el fondo no deben tomarse a lo trágico,
            puesto que tienen más agudeza que malicia. Todo esto está dicho, a decir verdad, de una
            manera un tanto atropellada y confusa. Más adelante, mediante un retruécano («al
            estruendo como a la arte, y más que al arte, al estruendo), que sigue al grupo nominal
            «combatientes que lo batallarán», se expresa la vehemencia y la animosidad de la
            polémica. Sigue una disquisición sobre la necesaria cordura y moderación de quienes se
            defienden de los agravios. Son virtudes que deben distinguir a quienes defienden al
            poeta de sus detractores, para mejor desacreditar los desmanes de la pasión, rayanos en
            la locura, que delatan los escritos de sus adversarios, movidos por ciega ira y venenosa
            envidia y no por un juicio ponderado.</p>
          <p>Una de las interpolaciones más amplias reitera esta idea con una serie encadenada de
            figuras de pensamiento, comparando el panorama español presente, el de la guerra
            literaria, con una África infestada de fieras, una India de la que se extraen agudezas
            como si fueran oro y una madre que actúa como madrastra de sus mejores hijos. La
            polémica literaria, explica, ya no estaba hecha de pareceres, como sucedió en otros
            tiempos, sino de facciones que destilaban veneno y rarificaban el aire y la luz. Para
            ilustrar el perspectivismo de voces que rodean la contienda, echa mano del tópico del
            engaño de los ojos, haciéndonos pensar en aquellos versos de uno de los Argensola,
            repetidos por Calderón en <hi rend="i">Saber del mal y del bien</hi>: «Porque ese cielo
            azul que todos vemos / ni es cielo ni es azul; ¡Lástima grande /que no sea verdad tanta
              belleza!»<note place="bottom">Blecua (1980: 69).</note></p>
          <p>Más adelante, en un excurso en defensa de los «atrevimientos» gongorinos, el
            interpolador añade que nadie debe reprochar a Góngora la dificultad que nace de su
            cultura, y que veda su comprensión inmediata, sobre todo para los indoctos. En todos los
            idiomas, nos dice, se diferencia lo docto y lo plebeyo, y con esta aseveración de tipo
            universal defiende la novedosa conceptualización de la realidad gongorina, quizá para
            rebatir críticas como las de Jáuregui y hacerse eco de opiniones como las de Díaz de
            Rivas, para quien Góngora, es «en todas voces magnífico y espléndido» aunque hable de
            «pastores, de chozas, de caza». Es de notar en este pasaje la introducción de un
            epifonema: los que no censuran a Góngora por envidia, lo hacen por otro vicio, un ocio
            perezoso que, desde el descanso, acusa a quienes, como él, trabajan la lengua.</p>
          <p>Los siguientes añadidos vuelven a insistir en los pocos favores que recibió un hombre
            tan grande e insta a los que no conocen los dardos de la envidia en carne propia a no
            juzgar ni criticar. La doctrina antigua, que aconseja la impasibilidad, es rechazada por
            vana y presuntuosa: estos sabios antiguos no fueron nunca insensibles al infortunio, y
            solo por orgullo algunos consiguieron guardar las apariencias de un ánimo inalterable,
            «con mentira estoica». El cristiano no oculta el sufrimiento sino que pide a Dios que lo
            ayude a soportarlo, y tampoco desprecia o minimiza el de los demás, sino que acude en su
            auxilio o por lo menos se compadece. Así es digno de compasión Góngora, por no haber
            llegado al cabo de sus justas pretensiones en la corte.</p>
          <p>El último gran añadido, que defiende la calidad de Góngora como verdadero poeta y
            merecedor de los más altos encomios, remite a las interpolaciones iniciales de una
            España que no ha sabido valorar a sus genios: ni aun situado entre los más eminentes,
            sus contemporáneos supieron darle lo que se merecía. Concluye el añadido con una
            críptica nota mediante la cual indica, como hemos dicho, haber salido en defensa de la
            poesía con anterioridad, en tiempos menos ‘calumniosos’, remitiendo así a un término
            que, a lo largo del texto, irá siempre asociado a la guerra literaria en torno al
            cordobés.</p>
        </div>
        <div>
          <head>5. Fuentes</head>
          <p>Para la naturaleza encomiástica del texto así como para las pocas y veladas alusiones
            tanto de Paravicino como del anónimo que reescribe algunos fragmentos del texto,
            remitimos al estudio que acompaña la <hi rend="i">vita</hi> compuesta por el trinitario
            para el manuscrito Chacón y a las notas correspondientes de la edición de dicho texto y
            del que nos ocupa.</p>
        </div>
        <div>
          <head>6. Conceptos debatidos</head>
          <p>Si el propósito de Paravicino era trazar una breve semblanza biográfica de Góngora como
            «prefación» para el manuscrito Chacón, como apuntábamos, esta reescritura, en la línea
            que sigue Pellicer de desautorizar a los detractores del cordobés y defenderlo de
            calumnias y ataques, también recoge duras críticas a la polémica desatada a raíz de los
            poemas mayores de Góngora, y reprocha a los envidiosos y ociosos, a quienes tilda de
            monstruos y fieras, su poca capacidad para entenderlos.</p>
          <p>En los insertos de mayor extensión, como decíamos antes, quien reescribe el texto toma
            como base una palabra o idea para desarrollarla con una <hi rend="i">recusatio</hi>,
            interpolación o disquisición de tipo universal. Grosso modo, estos suplementos giran en
            torno a los campos semánticos de la fortuna/naturaleza, la sátira/envidia,
            defensa/maledicencia, lo docto/plebeyo, el gran genio/las pocas recompensas, que, como
            se ve, son indisociables de la polémica y que, respecto a la <hi rend="i">vita</hi>
            original, no aportan en realidad nada nuevo sobre el biografiado y sí mucho sobre el
            malestar de los poetas del XVII español que buscaban legitimar la figura de Góngora y su
            innovador legado literario.</p>
        </div>
        <div>
          <head>7. Otras cuestiones</head>
        </div>
        <div>
          <head>8. Conclusión</head>
          <p>La «Vida y escritos de don Luis de Góngora» de las ediciones de Gonzalo de Hoces, es,
            en suma, la reescritura de un texto de Paravicino no sabemos con certeza si por parte
            del mismo trinitario o por una mano anónima que busca acentuar aún más la naturaleza
            encomiástica del texto, la defensa del poeta y la buena opinión y noticia de su obra. En
            conclusión, quien reescribe el texto recurre a varios métodos que, en su conjunto, ponen
            de relieve la valía, eminencia y vicisitudes que sufrió el cordobés, la execración de
            los vicios de sus contemporáneos (en particular la envidia y el ocio), y atenúa la fama
            de satírico y los excesos de juventud del poeta con el fin de refutar los argumentos o
            rumores adversos que propalaban los detractores.</p>
          <p>Por último, volvemos a insistir en el marbete «Vida de la edición de Hoces» y
            desestimamos el de «vida intermedia» ya que creemos de manera irrefutable que los
            añadidos y otros cambios no proceden de la <hi rend="i">vita</hi> escrita por Pellicer.
            Por lo tanto, no pensamos que esta <hi rend="i">vita</hi> sea una tercera «a medio
            camino entre la ‘menor’ y la ‘mayor’», ni que tampoco haya podido ser «acaso
              <note>Iglesias Feijoo (1983: 172).</note>mero borrón para la que conocemos como
            ‘mayor’». Los datos presentes en la <hi rend="i">vita</hi> de Pellicer que coinciden con
            las interpolaciones eran <hi rend="i">vox populi</hi> y moneda corriente en el conjunto
            de textos de la polémica que circulaban en esos años, a saber, que ganó fama de gran
            ingenio entre los que «se describían o matriculaban» en Salamanca; que vivió once años
            en la Corte; que enfermó precisamente cuando el rey se ausentó de Madrid en lo que se
            conoce como la Jornada de Aragón; que la reina le envió socorro por intercesión de un
            verdadero amigo; y que falleció el segundo día de Pentecostés.</p>
        </div>
        <div>
          <head>9. Establecimiento del texto</head>
          <p>Para la edición de la «Vida de la edición de Hoces» tomamos como texto base el primero
            que sale a la luz, el de la primera edición de <hi rend="i">Todas las obras de don Luis
              de Góngora en varios poemas</hi> de 1633 (es decir, 1633A), por considerarlo la
            versión más cercana a lo que creemos que pudo ser el original, ese desconocido
            manuscrito que llegó a última hora a los talleres del librero Alonso Pérez. Hemos
            consultado el ejemplar que se encuentra en la Hispanic Society of America, que contiene
            el cuadernillo con la vida y retrato calcográfico insertos en los pliegos de los
            preliminares. Los cambios que se observan en varias de las reediciones posteriores a la
            de 1633A tienen poco interés y no los consideramos variantes de autor ya que parecen ser
            atribuibles a errores de lectura o de imprenta. Por esta razón, por los muchos descuidos
            y enmiendas cometidos por cajistas, rectificadores o compiladores, no hemos creído
            conveniente cotejar las diferentes versiones de la <hi rend="i">vita</hi> en cada una de
            las ediciones salidas hasta 1670.</p>
          <p>Parecer ser, además, que tanto el pliego con la <hi rend="i">vita</hi> de 1633A como el
            de 1633B no se hicieron a plana y renglón, hecho que enreda aún más aún el <hi rend="i"
              >cursus</hi> editorial de este texto. Como se sabe, el uso de la misma plana permitía
            ahorrar mucho tiempo y gastos de impresión y que no se hiciera así no deja de ser
            curioso. Es muy posible, sin embargo, que el cajista sí utilizara el texto impreso de
            1633A para componer el de 1633B, y no un manuscrito. Si pensáramos en un estema, tanto
            1633A como 1633B estarían, en ese caso, en el mismo nivel y las variantes, de las que
            mencionaremos las más relevantes, se deberían a mala lectura, descuido o
            interpretación.</p>
          <p>Por ejemplo, al hablar de los errores juveniles que «las musas más libres muestran
            achacarle» al poeta, la edición 1633B (seguimos el ejemplar de la Biblioteca de la
            Universidad Complutense de Madrid, signatura  BH FLL 29393) escribe incorrectamente
            «achacarles»; incluye una preposición: «sabor sazonado <hi rend="i">a</hi> ardor
            picante»; rectifica otro verbo, que coloca en plural («fuesen la causa»); omite palabras
            que cambian el sentido («no sé si diga» pasa a ser «no se diga»), deja de lado el
            sintagma «más tiempo pide» y transforma una oración: «buscar la razón aun de lo que no
            la tiene, más tiempo pide, y más notas de erudición» en «buscar la razón aun de lo que
            no la tiene, más notadas de erudición». Otras variantes de 1633B parecen debidas a una
            semejanza o aproximación fonética, como si el texto hubiera sido dictado y el oyente
            hubiera tenido que, en base a lo escuchado o leído con celeridad, darle sentido a las
            frases: «alivios» en lugar de «los labios», «benéficos» por «beneficios’, «al agrado’
            por «al grado.</p>
          <p>Esta segunda edición de 1633, menos cuidada que la primera, fue la que sirvió de base a
            casi todas las demás, reproduciendo estos errores de imprenta e intervenciones en las
            subsiguientes, a las que se fueron sumando, además, otros errores. Si tomamos las dos
            últimas ediciones del siglo, las de 1654 y la contrahecha de 1670<note place="bottom"
              >Para Moll (2013), esta de 1654 sigue la segunda edición de 1633 (1633B). Hemos
              consultado el ejemplar de la BNE, signatura R-20635. La contrahecha, según Cruickshank
              y Moll, fue impresa en Madrid por Francisco Nieto y Salcedo, hacia 1670 (publicada con
              fecha de 1654). Para esta hemos consultado el ejemplar de signatura U-5977 de la misma
              institución. Véase Cruickshank (1971). </note>, vemos que los errores de lectura o las
            rectificaciones innecesarias se multiplican: «estímulos» en lugar de «estimarlos’;
            «facilidad» por «felicidad’; «al vicio no suelen negar» por «al vicio le suelen negar».
            Tampoco remitimos a las enmiendas manuscritas de un pliego suelto de esta <hi rend="i"
              >vita</hi> que figura en la Biblioteca Nacional de España (signatura 2-34594, f.
            1r-3v) ya que Antonio Valiente Romero ha demostrado que no son, con toda seguridad, de
            la mano de Pellicer, quien, como explicamos al inicio, se atribuyó la autoría de la
            misma. Estas hojas están relacionadas muy probablemente con la mencionada edición
            contrahecha de alrededor de 1670. Algunas de las anotaciones manuscritas de dichos
            folios, para añadir más desconcierto al número de manos que fueron interviniendo en este
            texto a lo largo del XVII, están presentes también en las <hi rend="i">Obras de don Luis
              de Góngora</hi> impresa en Bruselas por Francisco Foppens en 1559.</p>
          <p>Por último, en las notas de la edición en ocasiones remitimos a la <hi rend="i"
              >vita</hi> original de Paravicino del manuscrito Chacón para la intelección de algún
            término cuando ha sido necesario, o rectificamos lo que obviamente son errores de
            imprenta.</p>
        </div>
        <div>
          <head>10. Bibliografía</head>
          <div>
            <head>10.1 Obras hipotéticamente citadas o consultadas por el polemista</head>
          </div>
          <div>
            <head>10.2. Obras citadas por el editor</head>
            <div>
              <head>10.2.1 Manuscritos</head>
              <p><seg rend="sc">Góngora y Argote</seg>, Luis de:</p>
              <bibl>– Biblioteca Nacional de España, ms. RES/45 (vol. 1): <title>Obras de D. Luis de
                  Góngora. Manuscrito Chacón</title>, f. 2v-4v.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Paravicino y Arteaga</seg>, Hortensio Félix:</p>
              <bibl>– Hispanic Society of America, ms. 2472: <title>Constancia Cristiana o discursos
                  de la igualdad del ánimo y tranquilidad estoica</title>,  f. 1-70. </bibl>
            </div>
            <div>
              <head>10.2.2 Impresos anteriores a 1800</head>
              <p><seg rend="sc">Azpilcueta</seg>, Martín de:</p>
              <bibl>–, <title>Manual de confesores y penitentes</title>, Amberes: Juan Steelsio,
                1557.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Góngora y Argote</seg>, Luis de:</p>
              <bibl>–, <title>Obras en verso del Homero español, que recogió Juan López de
                  Vicuña</title>, Madrid: por la viuda de Luis Sánchez, a costa de Alonso Pérez,
                1627.</bibl>
              <bibl>–, <title>Todas las obras de Don Luis de Góngora en varios poemas recogidas por
                  don Gonzalo de Hoces y Córdoba</title>, Madrid: Alonso Pérez, 1633.</bibl>
              <bibl>–, <title>Todas las obras de Don Luis de Góngora en varios poemas</title>, ed.
                de Gonzalo de Hoces y Córdoba, Madrid: Alonso Pérez, 1634.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Libavius,</seg> Andreas:</p>
              <bibl>–, <title>Praxis alchimiae</title>, Francofurti: Ioanes Saurius, 1604.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Pantaleón de Ribera</seg>, Anastasio:</p>
              <bibl>–, <title>Obras de Anastasio Pantaleón de Ribera ilustradas por don Joseph
                  Pellicer de Tovar</title>, Madrid: Francisco Martínez, 1634. </bibl>
              <p><seg rend="sc">Paravicino y Arteaga</seg>, Hortensio Félix:</p>
              <bibl>–, <title>Jesucristo desagraviado u Oración evangélica de los ultrajes de
                  Jesucristo nueva y sacrílegamente repetidos por unos hebreos</title>, Madrid:
                Francisco Martínez, 1633. </bibl>
              <bibl>–, <title>Oraciones evangélicas que en las festividades de Cristo, nuestro
                  Señor, y su santísima madre, predicó el muy reverendo padre maestro fray Hortensio
                  Félix Paravicino</title>, Madrid: en la Imprenta del Reino, 1640. </bibl>
              <bibl>–, <title>Oraciones evangélicas de adviento y cuaresma</title>, Madrid:
                Francisco García, a costa de Alonso Pérez de Montalbán, 1645. </bibl>
              <bibl>–, <title>Oraciones evangélicas y panegíricos funerales</title>, Madrid: Antonio
                González, 1695. </bibl>
              <p><seg rend="sc">Pellicer de Salas</seg>, Joseph:</p>
              <bibl>–, <title>Argenis continuada o segunda parte</title>, Madrid: Luis
                Sánchez, 1626.</bibl>
              <bibl>–, <title>El Fénix y su Historia natural</title>, Madrid: Pedro Coello,
                1630.</bibl>
              <bibl>–, <title>Lecciones solemnes a la obra de don Luis de Góngora y Argote</title>,
                Madrid: Pedro Coello, 1630.</bibl>
              <bibl>–, <title>Fama, exclamación, túmulo y epitafio de fray Hortensio Félix
                  Paravicino y Arteaga</title>, Madrid: por la viuda de Alonso Martín, 1634.</bibl>
              <bibl>–, <title>Bibliotheca formada de los libros y obras públicas de don Joseph
                  Pellicer de Ossau y Tovar</title>, Valencia: Gerónimo Vilasagra, 1671. </bibl>
              <p><seg rend="sc">Quevedo</seg>, Francisco:</p>
              <bibl>–, <title>La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las
                  cosas ajenas</title>, Madrid: Imprenta del Reino, 1634.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Villamediana</seg>, Conde de (Juan de Tarsis):</p>
              <bibl>–, <title>Obras de Don Juan de Tassis, Conde de Villamediana, recogidas por el
                  Licenciado Dionisio Hipólito de los Valles</title>, Zaragoza: Juan de Lanaja,
                1629.</bibl>
            </div>
            <div>
              <head>10.2.3 Impresos posteriores a 1800</head>
              <p><seg rend="sc">Alonso</seg>, Dámaso:</p>
              <bibl>–, <title>Estudios y ensayos gongorinos</title>, Madrid, Gredos, 1955.</bibl>
              <bibl>–, con Eulalia Galvarriato, <title>Para la biografía de Góngora. Documentos
                  desconocidos</title>, Madrid, Gredos, 1962.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Anónimo</seg> : </p>
              <bibl>–, «Escrutinio sobre las impresiones de las obras poéticas de don Luis de
                Góngora», François-Xavier Guerry, (ed.), en Mercedes Blanco (dir.), <title>Édition
                  digitale et étude de la polémique autour de Góngora</title>, OBVIL. <ref
                  target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio"
                  >http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio</ref></bibl>
              <p><seg rend="sc">Blanco</seg>, Mercedes:</p>
              <bibl><hi rend="b"><hi rend="i">–</hi></hi>, «Ut poesis, oratio». La oficina poética
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              <p><seg rend="sc">Bouza</seg>, Fernando:</p>
              <bibl>–, «Una aprobación inédita de Quevedo a <title>El fénix</title> de Pellicer y
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                  Perinola</title>, 18, 2014, 63-76.</bibl>
              <p><seg rend="sc">Blecua</seg>, José Manuel:</p>
              <bibl>–, <title>Poesía aragonesa del Barroco</title>, Nueva Biblioteca de Autores
                Aragoneses, Zaragoza, 1980. </bibl>
              <p><seg rend="sc">Carreira</seg>, Antonio:</p>
              <bibl>–, (ed.), Luis de Góngora, <title>Obras completas</title>, Madrid, Biblioteca
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              <bibl>–, «Difusión y transmisión de la poesía gongorina», en Antonio Carreira (dir.),
                  <title>Góngora: la estrella inextinguible. Magnitud estética y universo
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                  >http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc9k633</ref>&gt;.</bibl>
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          </div>
        </div>
      </div>
      <div>
        <index indexName="resp" n="desconocido"/>
        <index indexName="date" n="1633"/>
      <head>Vida y escritos de don Luis de Góngora</head>
      <div>
        <p rend="center"/>
        <p>Fue breve, habiendo nacido jueves once de julio de mil quinientos sesenta y uno y muerto
          lunes veinticuatro de mayo de mil seiscientos veintisiete, que sesenta y cinco años, diez
          meses y trece días brevísimo periodo fue <hi rend="b">de vida, curso arrebatado</hi><note
            place="bottom">Este primer añadido respecto a la <hi rend="i">vita</hi> original de
            Paravicino (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>), y muchos de los que veremos a lo largo de esta reescritura,
            evocan algunos giros o formulismos gongorinos que sugieren que quien interviene en el
            texto conocía bien la obra de Góngora y que, o lo está homenajeando con esos guiños, o
            está imitando su estilo. Ambos vocablos, «curso» y «arrebatar», figuran, por ejemplo, en
            las <hi rend="i">Soledades</hi>: «largo curso de edad nunca prolijo» (OC264B. 894);
            «joven al instante arrebatado» (OC264B. 734). Una búsqueda en CORDE arroja casos
            anteriores del sintagma «curso arrebatado» en Herrera, Diego Mejía, Cristóbal de Virués,
            Gaspar Villagrá, Alonso de Ercilla y Juan Ruiz de Alarcón. Está también en la poesía de
            Villamediana: «Del bosque penetró el apartamiento,/ cuya planta en Narciso
            transformado,/ mil veces dio en Abril al prado aliento; / del ciervo sigue el curso
            arrebatado, /cansada de emular corriendo al viento», <hi rend="i">Obras de Don Juan de
              Tarsis, Conde de Villamediana</hi>, 1629, p. 242. Se trata de la <hi rend="i">Fábula
              de Apolo y Dafne</hi>. </note> a nuestro esplendor del más lucido y vehemente ingenio
          que ha <hi rend="b">llevado</hi><note place="bottom"><hi rend="i">llevado</hi>: producido
              (<hi rend="i">Aut</hi>.)</note> nuestra nación, no gozado: que hombres tan grandes en
          ninguna profesión los sabe gozar, a estimarlos a lo menos <hi rend="b">en ningún
            siglo</hi> acierta, <hi rend="b">en este lo yerra más</hi><note place="bottom">Con los
            sintagmas «en ningún siglo» y «en este lo yerra más» se comienza la intensificación de
            la ingratitud de la patria para con tal insigne hijo, idea a la volverá el interpolador
            más adelante.</note>. Su sangre fue <hi rend="b">noble</hi><note place="bottom">Respecto
            a la <hi rend="i">vita</hi> original (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>), se atenúa el superlativo «nobilísimo».</note> de un padre y
          otro. Su padre, don Francisco de Argote, corregidor de esta villa y de muchas ciudades,
          padre de don Luis de Góngora. Su madre, doña Leonor de Góngora, igual en la dicha del
          linaje y la sucesión a su marido, madre de don Luis de Góngora. Este fue el mayor lugar
          que alcanzaron de la Fortuna, el que no pudo quitar a la naturaleza. <hi rend="b">Así nos
            hace hablar la desatención</hi><note place="bottom"><hi rend="i">desatención</hi>: falta
            de respeto y atención, (<hi rend="i">Aut</hi>.) Es término frecuente en la prosa
            religiosa del periodo y recurrente en la de Paravicino. Cfr. La sección «Autor» de la
            introducción. En un curioso pasaje en el que se propone narrar hechos de la vida de
            Margarita de Austria, dice el trinitario: «Oye, pues, tú, Reina santa, tus loores, si
            acaso la condición afectadamente ignorante de los mortales, medrosa a la imitación desde
            el ejemplo, se ensordeciere. Comenzarélos, poco adulador, por los que nunca más afecto
            tuyo que la desatención pudieron merecerte» (<hi rend="i">Sermones cortesanos</hi>,
            1994a: 226).</note><hi rend="b"> heredada; la razón toca a la providencia, aun más
            justificada que oculta</hi><note place="bottom"><hi rend="i">justificada</hi>: o sea,
            que tiene justas razones. Esta última oración, la primera que se añade respecto a la <hi
              rend="i">vita</hi> original (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>), corrige la idea de un antagonismo entre Fortuna y
            Naturaleza. Decir que la Fortuna no pudo arrebatarle a la Naturaleza ese encumbrado
            lugar alcanzado por los padres es hablar por descuido, distracción o falta de respeto
            heredados del pecado original: la contradicción entre Fortuna y Naturaleza solo es
            aparente, puesto que ambas dependen de Dios y tienen en su Providencia razón «aun más
            justificada que oculta». Así «desatención heredada» significa actitud heredada de la
            tradición en cuyo nombre pensamos de un modo superficialmente sensato pero en el fondo,
            cuando reflexionamos atentamente en lo que decimos, erróneo e incompatible con la fe
            cristiana.El autor de esta <hi rend="i">vita</hi>, después del primer reproche que ha
            hecho antes a la patria por no saber premiar a los grandes hombres, se arrepiente ahora
            de haberlo hecho por desatención.</note>.</p>
        <p>Nació en Córdoba, honrada porfía de pueblo y feliz a ser en todos siglos, y entre tanta
          nobleza, <hi rend="b">célebre</hi> patria de los <hi rend="b">espíritus más
            elevados</hi><note place="bottom">Intensificación semántica de la <hi rend="i">laus
              urbis</hi> mediante adjetivación («célebre») y transformación de «los mayores
            ingenios» en «los espíritus más elevados». </note> de su nación, quizá<note type="app"
            rend="I"> En el texto, creemos que por errata, se lee <hi rend="i">quieta</hi>, pero la
            lección que elegimos es <hi rend="i">quizá</hi>, que es la de Chacón (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>).</note> digo del mundo en esto. Pasó los años infantes, hasta
          quince, con el decoro y cuidado que pedía la educación de su sangre, advertida de
          esperanzas mayores que, con el sol de la razón, comenzaron a amanecer en sus menores <hi
            rend="b">muestras</hi><note place="bottom">El sintagma «en sus menores años» se
            sustituye por «en sus menores muestras»: <hi rend="i">muestra</hi> :señal, indicio o
            demostración de alguna cosa (<hi rend="i">Aut.</hi>).</note>
          <hi rend="i">[f. 2].</hi> De esta edad le enviaron sus padres a Salamanca, madre <hi
            rend="b">y, como lo enseñaron sus hijos</hi>,<note place="bottom">Los hijos de
            Salamanca, <hi rend="i">alma mater</hi>, o sea quienes han estudiado en su universidad,
            enseñan o hacen patente, por su gran ciencia en todas las materias, que ella es
            «príncipe de las ciencias todas».</note> príncipe de las ciencias todas, numeroso
          seminario, examen y taller de la juventud, genios e ingenios de España. Entre todos se
          hizo conocer por <hi rend="b">el primero</hi> don Luis, mirado y admirado Saúl <hi
            rend="b">de aquel pueblo estudioso</hi>, de los hombros arriba <hi rend="b">eminente
            a</hi> todos, <hi rend="b">habiéndose descrito</hi><note place="bottom"><hi rend="i"
              >describir</hi>: Debe entenderse, como explica con el doblete léxico «matricularse»,
            ‘inscribir’, siendo la palabra un latinismo semántico que remite a uno de los sentidos
            de <hi rend="i">describere</hi> ‘colocar en clases, poner en una lista’.</note><hi
            rend="b"> (o como ellos llaman, matriculado) algún año catorce mil</hi><note
            place="bottom">Se introduce en esta sección una serie de frases parentéticas («y como lo
            enseñaron sus hijos»), («o como ellos llaman, matriculado») y («de aquel pueblo
            estudioso») relacionadas con la alabanza a Salamanca que van de la mano con la
            exaltación de las dotes del precoz joven («el primero», «eminente»). La referencia a los
            catorce mil matriculados parece ser hipérbole con la que se subraya la importancia de
            Salamanca como madre de las letras de España. Nos aclara el Prof. Luis Enrique
            Rodríguez-San Pedro, historiador de la institución, que en la segunda mitad del siglo
            XVI la universidad alcanzó máximos de siete mil matriculados, pero que nunca sobrepasó
            esa cifra</note>. No se adelantó en el estudio de los Derechos porque desinclinado a
          ellos <hi rend="b">genialmente</hi><note place="bottom">Se elimina el adverbio
            «grandemente» en la primera sección de la frase para incluir otro, «genialmente», en la
            segunda, que subraya la inadecuación del «genio» de Góngora a los estudios jurídicos.
            Por «genio» se entiende entonces inclinación personal determinante o vocación. Véase
            Gracián, «Genio y ingenio», <hi rend="i">Oráculo manual y arte de prudencia</hi>
            (1995:101). Detalles como este apuntan a una estrategia de reescritura y no a descuidos
            o errores de cajistas o editores.</note>, y <hi rend="b">llevado</hi><note
            place="bottom">Se sustituye «arrebatado» por «llevado», participio que ya se había
            utilizado en el primer párrafo. Se atenúa así la violencia e intensidad de la vocación
            poética con que el natural del joven era conducido, no arrebatado, por el camino de las
            letras humanas.</note> de la violencia natural y amor de las letras humanas <hi rend="b"
            >(que inhumanas se han hecho ya, mas no siendo humanas no deben de ser
            letras)</hi>,<note place="bottom">Es otro añadido importante respecto a la vida original
              (<ref target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>) y alude a la polémica, es decir, al momento en que las letras
            se han vuelto crueles, inhumanas e inmisericordes dejando, por lo tanto, de ser letras.
            Nótese la intensificación expresiva con el uso de la derivación (humana/inhumana) cuando
            lo que se solía contraponer en el periodo eran las letras humanas a las divinas, no a
            las inhumanas. Paravicino, en la dedicatoria de uno de sus sermones de 1628 al Cardenal
            Infante, se queja del estado de las letras en su tiempo en términos similares: «En este
            siglo, y más en nuestra nación, no hay tranquilidad de letras. La calma es borrascosa,
            el puerto se ha hecho escollo y naufragio el muelle» (<hi rend="i">Sermones
              cortesanos</hi>, 1994a: 222). Véase nota <ref xml:id="ref2" target="ref1"
            >infra</ref>.</note> se entregó todo a las Musas. Festivas ellas <hi rend="b"
            >demasiadamente</hi><note place="bottom">Otro adverbio que añade el interpolador para
            destacar la vena satírica y burlesca de las musas que inclinaron al joven Góngora.
          </note> en aquellos años dulces y peligrosos, le dieron a beber (desatadas las gracias en
          los números) tanta sal que pasó el sabor sazonado ardor picante. La edad floreciente, el
            <hi rend="b">espíritu</hi><note place="bottom">Es la segunda vez en esta sección que se
            elimina el sustantivo «genio» para emplear, en el primer caso su adverbio, y en el
            segundo, el vocablo «espíritu».</note> gallardo, gustoso el ingenio, <hi rend="b"
            >ardiente</hi> y singular la libertad de la nobleza mal obediente de su pluma, ni los
          demás escaparon de ella, y <hi rend="b">entre</hi> las costumbres comunes, que en
          doctrinales sátiras y españolas vivezas (cual ningún otro, <hi rend="b">cuando</hi><note
            place="bottom"><hi rend="i">cuando</hi>: con valor concesivo: incluso si, aun
            cuando.</note> volviera Marcial a <hi rend="b">tomar la</hi> pluma) acusó la de don
          Luis, tal vez salpicó la tinta las personas. De este ímpetu no corregido se dolió, <hi
            rend="b">no tal vez</hi><note place="bottom">Este segundo ‘tal vez’, que juega con el
            anterior, significa ‘una vez’. Es decir, que si en ocasiones llegó a manchar de tinta la
            reputación de otras personas, no se dolió solamente una sola vez, sino muchas, con lo
            que se acentúa el arrepentimiento del poeta por haber dado rienda suelta a su vena
            satírica y burlesca en la juventud.</note>
          <hi rend="b">solamente, si no muchas</hi>. Sea quietud a los ofendidos, que es raro el
          caso en que no han jurado los consonantes de mentirosos, que los siglos todos lo han
          reconocido así, y que los mayores hombres del mundo han padecido<note type="app" rend="I">
            En el texto, por errata, se lee <hi rend="i">pedecido</hi>, pero la lección que elegimos
            es <hi rend="i">padecido</hi>, que corroboramos con Chacón.</note>, <hi rend="b">si
            sensible</hi><note place="bottom"><hi rend="i">sensible</hi>: con dolor, angustia o pena
              (<hi rend="i">Aut</hi>.) El «insensible y desatentamente» del texto de Chacón se
            transforma aquí en un giro gongorino de tipo adversativo-aditivo. </note>,
            desatentamente<note place="bottom"><hi rend="i">desatentamente</hi>: sin tiento ni tino
              (<hi rend="i">Aut</hi>.). Entiéndase erróneamente, de modo falso o desacertado. Se ha
            de entender que los grandes hombres han padecido las sátiras con dolor y sin merecerlas.
            Paravicino usa este adverbio de manera semejante en el <hi rend="i">Panegírico funeral a
              la reina doña Margarita de Austria</hi>, en 1628: «Las acciones que contra la
            ociosidad (hecha autoridad desatentamente en las personas grandes) ejercitabas después
            de misa, visitas de conventos, comuniones, oración, eran labrar retirada…» (<hi rend="i"
              >Sermones cortesanos</hi>, 1994a: 240).</note> este daño <hi rend="b">en la duración a
            lo menos</hi><note place="bottom">Con esta frase alude a que muchos han soportado con
            paciencia el daño (de la envidia), y que a lo menos con el tiempo («en la duración») han
            sabido acostumbrarse y endurecerse contra él. Las víctimas de ofensas en verso, que se
            resienten al principio aunque luego sepan recuperar el temple y la magnanimidad, son
            como los galeones reales de la metáfora marítima que desarrolla a
            continuación.</note><hi rend="b">; que al primer soplo del huracán pocos galeones reales
            supieron ocultar</hi><note place="bottom"><hi rend="i">ocultar</hi>: encubrir, disimular
              (<hi rend="i">Aut</hi>.)</note><hi rend="b"> el estremecimiento, excusarle</hi><note
            place="bottom"><hi rend="i">excusar</hi>: evitar o impedir que algo suceda (<hi rend="i"
              >Aut</hi>.) Es decir, así como fueron pocos los galeones reales que pudieron evitar el
            estremecimiento al ser de improviso golpeados por el huracán, a lo sumo pudieron
            ocultarlo, del mismo modo ni siquiera los hombres de ánimo más constante pueden dejar de
            dolerse la primera vez que les alcanzan los dardos de la sátira. Nótese en la frase el
            uso de la metáfora marítima, que si bien tópica, podría estar evocando las vicisitudes
            del náufrago de las <hi rend="i">Soledades</hi>. Absolver a Góngora de la fama de poeta
            satírico es tema recurrente entre los defensores de la polémica, como sucede en este
            añadido y como leemos también, por ejemplo, en el <hi rend="i">Escrutinio</hi> (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio"
              >1633_escrutinio</ref>): «Los que no trataron este ingenio le tuvieron por satírico, y
            aun algunos de sus devotos. ¡Notable engaño!». Después de haber intercalado y
            desarrollado la metáfora, el interpolador retoma el hilo del texto original en la
            siguiente frase, y mantiene los tres sustantivos claves de la comparación («tiaras»,
            «coronas» y «número») como metonimia de los grandes personajes que han sufrido la furia
            de los dardos satíricos. </note>
          <hi rend="b">ninguno. Finalmente, tiaras y coronas cierran el número de los lastimados. ¿A
            quién tendremos la envidia? Cuando no lo enseñe el valor</hi><note place="bottom">De
            todo lo interpolado en el texto, esta oración es de las más ininteligibles. Una posible
            interpretación podría ser: ¿a quiénes podremos poner a salvo de la envidia, teniéndola,
            o sea reteniéndola, cuando se arroja a morder? Como no sea que el valor enseñe a
            sostener, a soportar la envidia; antes se ha hablado de la falta de valor por parte de
            los atacados por el huracán satírico. En todo caso, con esta pregunta se invita a
            reflexionar, a modo de conclusión, sobre lo que se ha venido desarrollando en las frases
            precedentes respecto a la vena satírica del poeta: que solo la ejerció en su juventud,
            que hasta los mas grandes han tenido que soportar la maledicencia en verso, sin mayores
            consecuencias, y que los ofendidos deben consolarse y no guardar rencor a don Luis. Por
            lo demás, mucho de lo que se le achaca al poeta es producto de la envidia.</note>. Séale
          a don Luis <hi rend="b">(cuya agudeza ha movido la memoria de otros errores</hi><note
            place="bottom">Esta frase parentética indica que al hablar de la agudeza del poeta, se
            ha movido la memoria, o despertado el recuerdo de los errores que cometió llevado por su
            agudeza, por su facilidad y excelencia en el chiste agresivo y en la burla. La reflexión
            apunta a que, incluso las faltas, son en Góngora producto de su extraordinaria
            penetración e inteligencia (entendimiento). Aconseja a los tocados por la mordacidad de
            su ingenio que se aquieten («sea quietud a los ofendidos»), puesto que lo que les ha
            pasado a ellos les pasa a muchísimos, incluso a los personajes de mayor reverencia. Como
            nota Ponce Cárdenas, Francisco del Villar dice algo parecido en su <hi rend="i"
              >Compendio poético</hi> (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1636_compendio-poetico?q=ponce#mark1"
              >1636_compendio-poetico</ref>), tal vez por haberlo leído en la <hi rend="i"
            >Vita</hi>: «Adelantose don Luis en este género de decir conocidamente a todos los
            ingenios de España, sin que haya quien niegue esta ventaja, ni aun la dificulte. Picó
            con todo donaire y reprehendió con singular agudeza, pero no sin ofensa de muchos que
            fueron (y aún hoy lo son) fiscales perpetuos de su fama. De ejemplo le podrán servir, ya
            que no de disculpa, los más celebrados ingenios del mundo, tocados de tan peligroso
            contagio. Si bien al celo católico no hay cosa que satisfaga tanto como el conocido
            arrepentimiento que tuvo en la madurez de su edad».</note>) disculpa su <hi rend="b"
            >entendimiento, y aun este mismo que hemos dado a entender</hi><note place="bottom">Por
            zeugma, «este mismo» se refiere al entendimiento o explicación anterior. Nótese el juego
            que hace con las dos potencias del alma, memoria y entendimiento, en el que la primera
            cambia (gracias al arrepentimiento) y la segunda, la esencial, permanece intacta.
          </note>, pues en prosa, conversación y trato, más ingenuo, más cándido hombre y más sin
          ofensa de otros, antes con suma estimación de los que parecía haber ofendido, no ha visto
          España.</p>
        <p>Escribió muchos versos amorosos a contemplaciones <hi rend="b">que llaman</hi> ajenas: no
          se le prohíjen a su intento si no se le pueden emancipar a su pluma todos. Sea, empero,
          verdad pública como cierta, que desde el <hi rend="i">[f. 3]</hi> día que <hi rend="b"
            >fue</hi> sacerdote no escribió verso ni cayó en error de los que las musas <hi rend="b"
            >más</hi> libres<note place="bottom">‘<hi rend="i">musas más libres’</hi>: es decir, más
            «licenciosas, poco moderadas, atrevidas y desvergonzadas» (<hi rend="i">Aut.</hi>). Se
            añade aquí, respecto al original, el adverbio de cantidad.</note> muestran
          achacarle.</p>
        <p>En sus <hi rend="b">ancianos</hi> años, <hi rend="b">si no últimos</hi><note
            place="bottom">Otra de las fórmulas adversativo-aditivas típicas de Góngora aquí
            interpolada. Respecto al original, se ha preferido «ancianos» a «mayores» como
            calificativo de «años». </note>, o <hi rend="b">acusado</hi><note place="bottom"><hi
              rend="i">acusado</hi>: Es decir, advertido por los años, la experiencia. O bien, la
            edad ya madura era para él una acusación, instándolo a dejar los asuntos livianos,
            buenos para los jóvenes.</note> de la edad en los asuntos, o <hi rend="b">reprehendido
            del decoro interior en</hi><note place="bottom">Este interesante cambio de perspectiva
            servirá para enfatizar la intervención del «amigo de menor edad» que insta al poeta a
            cambiar de rumbo, y que se desarrollará en las líneas siguientes. Al ser el poeta
            «reprendido del decoro interior» en lugar de «escrupuloso del estilo menos grave», se
            acentúa el giro poético de Góngora como resultado de la influencia, o ‘reprensión’, de
            ese amigo. Asimismo el cambio enfatiza en la falta de decoro de sus composiciones
            juveniles, que el poeta supo dejar atrás gracias a esa influencia, y no las supuestas
            carencias de su estilo. Reaparece en este breve paréntesis el tema horaciano de la
            adecuación o decoro del estilo al género en que se escribe en relación con la noción de
            la mímesis, que desde el <hi rend="i">Parecer</hi> del Abad de Rute fueron piedra de
            toque de la polémica.</note> el estilo menos grave <hi rend="b">de tantas obras como le
            granjearon aplausos en todas gentes</hi><note place="bottom">El sintagma «en obras tan
            celebradas» se expande aquí para destacar la cantidad de composiciones del poeta (de
            tantas obras) y los aplausos que recibieran de tantas gentes. </note> y, no sin generosa
          vergüenza (confesó él) de algún amigo de menor edad<note place="bottom">Este «amigo de
            menor edad», como deja entrever en la versión original de esta <hi rend="i">vita</hi>
              (<ref target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>), o como explicará con más detalle Pellicer en su biografía
              (<ref target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1630_vida-mayor"
              >1630_vida-mayor</ref>), es el mismo Paravicino. Esta velada alusión se desarrolla con
            una frase interpolada («que desde los primeros años vio sino conseguir, arrebatarse»),
            que vuelve a destacar el benéfico influjo y la intervención salvadora del amigo en la
            carrera literaria del poeta. </note>
          <hi rend="b">que desde los primeros años vio si no conseguir, arrebatarse</hi><note
            place="bottom"><hi rend="i">arrebatarse</hi>: entregarse con violencia, dejarse llevar
            ciegamente de la vehemencia de la pasiones. (<hi rend="i">Aut</hi>.) Góngora vio a ese
            amigo, es decir, Paravicino, desde muy joven arrebatarse (entregarse) a la sublimidad de
            la cultura, aunque no conseguirla. Es decir, este amigo muy joven ya ambicionaba ser
            sublime o altamente culto (aunque en los jóvenes la ligereza y frivolidad es más
            perdonable que en los ancianos), lo cual causó en Góngora una «generosa» (o sea, noble)
            vergüenza; se avergonzó de ocuparse de asuntos frívolos compuestos en estilo humilde o
            mediano, siendo ya hombre maduro (en quien es obligación la gravedad, el seso), cuando
            su joven amigo aspiraba a lo sublime. El modo de redactar la frase sugiere que
            Paravicino, si es él el autor de las interpolaciones, no quiso ser acusado de vanidad, y
            por ello escribió que anhelaba o apetecía la sublimidad de la cultura pero no pretendía
            haberla logrado: «si no conseguir, arrebatarse». En otra breve alusión a la polémica, se
            acusa a los ignorantes de querer hacer odiosa la sublimidad o alteza de la cultura. El
            término «cultura», como apunta Mercedes Blanco (2012: 42), «no se refiere meramente a
            latinismos en el léxico o la sintaxis y a recónditas alusiones eruditas. La novedad
            consiste en hallar los medios retóricos y las sutilezas de lengua y pensamiento que
            permitan no echar de menos en el vulgar romance el vigor, la armonía y la libertad de
            movimientos de los mejores clásicos, unos clásicos que a ojos de los europeos de
            entonces abarcan también a los autores de la latinidad tardía, profanos como Claudiano o
            cristianos como Ambrosio o Agustín». También nos encontramos la palabra en la <hi
              rend="i">vita</hi> de Pellicer (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1630_vida-mayor"
              >1630_vida-mayor</ref>) y en los <hi rend="i">Discursos apologéticos</hi> de Díaz de
            Rivas (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1617_soledad-segunda-diaz"
              >1617_soledad-segunda-diaz</ref>). </note><hi rend="b"> a la sublimidad o alteza de la
            cultura, que tan odiosa intenta hacer la ignorancia</hi>, se empeñó a la grandeza del
            <hi rend="i">Polifemo, Soledades</hi> y otros, <hi rend="b">si no</hi><note
            place="bottom">Otra de las muchas fórmulas con valor adversativo que se introducen en la
            reescritura. </note> más breves, <hi rend="b">no menores</hi> poemas que enseñará <hi
            rend="b">la</hi><note place="bottom">Aquí cambia el demostrativo de ‘esta estampa’ de la
              <hi rend="i">vita</hi> de Paravicino (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>) que se refiere al ms. Chacón, por un artículo definido más
            general: ‘la estampa’.</note> estampa. Discurrir de la <hi rend="b">estimación</hi> de
          este estilo, o sus calumnias, <hi rend="b">y buscar la razón aun de lo que no la
            tiene</hi>, más tiempo pide, y más notas de erudición, <hi rend="b">bien que no muy
            peregrina</hi><note place="bottom">Es decir, no se necesita una erudición singular para
            defender la obra del poeta. La construcción de este participio más la preposición
            (‘notado de’) no es inusual en el periodo. </note>, que estos borrones permiten, <hi
            rend="b">amigos</hi><note place="bottom"><hi rend="i">amigo</hi>: amistoso (<hi rend="i"
              >Aut</hi>.)</note>
          <hi rend="b">y apresurados</hi><note place="bottom"><hi rend="i">apresurado</hi>: breve,
            conciso (<hi rend="i">Aut</hi>.). En el sermón de la<hi rend="i"> Presentación de
              Nuestra Señora al Templo</hi>, Paravicino usa el término de manera similar: «digno
            Príncipe de espacioso panegírico y menos apresurados loores» (<hi rend="i">Sermones
              cortesanos</hi>, 1994a: 54). El sintagma ‘amigos y apresurados, apenas libres’,
            modifica al sustantivo ‘borrones. Es decir, los breves, amistosos y poco libres
            renglones (comprometidos por venir de mano amiga) que escribe no son suficientes para
            discurrir sobre la valía del estilo de Góngora ni sobre las calumnias que le
            lanzan.</note><hi rend="b">, apenas libres</hi><note place="bottom">Esta oración, desde
            el inicio, ha sufrido algunos cambios significativos. Se trueca «crédito» por
            «estimación» en relación con el estilo y se añaden dos sintagmas explicativos
            relacionados con la polémica para caracterizarla de irracional y disparatada. Se ha de
            entender que para defender al poeta de las calumnias y ensalzar su estilo se necesitan
            más espacio que el que permite este género (la biografía) y más argumentos, aunque estos
            últimos no tienen que ser necesariamente ni novedosos ni singulares (la obra del poeta
            habla por sí misma); para contrarrestar los ataques que le lanzan a Góngora en
            pareceres, repuestas y opúsculos no hace falta ser demasiado erudito.</note>. En la liza
          andan <hi rend="b">combatientes</hi><note place="bottom">Por tercera vez en el texto se
            elimina el vocablo «ingenio» y se prefiere otro, en este caso uno que enfatiza el
            carácter belicoso de la polémica y que dará pie a unas interpolaciones que opondrán
            prudencia y moderación a exceso y pasión en la contienda. </note> que lo batallarán <hi
            rend="b">al estruendo como a la arte, y más que al arte, al estruendo</hi><note
            place="bottom">Partiendo del sustantivo «estruendo» del original, se desarrolla la
            oposición conceptual que se logra con el retruécano. Entiéndase que la batalla es más
            estruendosa que docta, sobre todo del lado de la «contradicción» o sea de los
            detractores y enemigos de Góngora, siendo el estruendo «achaque natural»,, o sea defecto
            inevitable, de las cosas «vanas y violentas».</note>, <hi rend="b">achaque natural de
            las cosas vanas y violentas, especialmente en la contradicción, que las defensas, como
            tocan al calumniado, dicen que han de ser más templadas. Al fin la cordura ha de estar
            siempre de parte del agraviado, o el poco fino</hi><note place="bottom">‘<hi rend="i"
              >poco fino’</hi>: sagaz, astuto (<hi rend="i">Aut</hi>.) La cordura, al igual que la
            templanza y la razón, ha de estar del lado de los injustamente agraviados, como es el
            caso de Góngora, y también de los poco sagaces o finos para defenderse, a diferencia de
            la pasión y la locura, que están del lado de los ofensores.</note>; <hi rend="b">no es
            sabrosa</hi><note place="bottom"><hi rend="i">sabroso</hi>: deleitable al ánimo (<hi
              rend="i">Aut</hi>.). </note>
          <hi rend="b">filosofía, mas forzosa</hi><note place="bottom"><hi rend="i">forzoso</hi>:
            obligado. Ambos adjetivos ‘sabroso’ y ‘forzoso’ son de uso frecuente en Paravicino y se
            pueden leer decenas de veces en sus <hi rend="i">Oraciones evangélicas</hi>. Entiéndase
            que el seso, juicio o cordura vaya de la mano de la razón, así como van juntas locura y
            pasión, no es filosofía o precepto para deleitar el ánimo sino necesidad obligada.
            </note><hi rend="b"> es, que el seso toca a la razón como a la pasión, la
            locura</hi><note place="bottom">En estas interpolaciones, en general, se alude a la
            polémica, que queda definida como la oposición entre estimación y calumnia: la
            estimación por un lado, que le dieron a Góngora sus aficionados y defensores; y por el
            lado de los censores, solo la calumnia, lo cual es un modo de quitar todo fundamento
            racional a las críticas y de tomar partido sin vacilación a favor de los méritos del
            poeta. Se abstiene, sin embargo, según dice, de entrar en «liza», en atención a la
            brevedad necesaria de su texto, también por la mucha erudición y trabajo que necesita
            para tratar la cuestión a fondo y tal vez, porque, siendo amigo, puede parecer parcial
            su testimonio (poco antes había calificado sus borrones de ‘amistosos’ y ‘apenas
            libres’). Se trata de una preterición, porque en realidad, y más aún en este texto que
            en la <hi rend="i">vita</hi> del manuscrito Chacón (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>), hay múltiples referencias a la polémica que sugirieren que
            la envidia y el rencor fueron el motivo de los ataques y tocan la única objeción
            aparentemente razonable a los versos del poeta: su excesiva dificultad. En la liza, los
            combatientes de ambos bandos lo batallarán; los defensores con el arte y los detractores
            con el estruendo. Ese batallar es defecto moral («vicio») de lo vano y lo violento más
            en el ataque que en la defensa; esta última, por tratarse del agraviado o calumniado ha
            de ser más templada. Así, templanza y cordura han de caracterizar el discurso de los
            defensores, y la locura el de los críticos, siento estas dualidades, seso y razón, y
            pasión y locura, filosofía o doctrina obligada. </note>. El <hi rend="b">que escribe
            esta prefación</hi><note place="bottom">Aquí alude el autor a sí mismo, sin indicar su
            nombre. Este fragmento es el mismo de la <hi rend="i">vita</hi> de Paravicino y en él el
            religioso se refiere veladamente a su influencia en Góngora. Nótese el cambio de «el
            autor de esta prefación» de la <hi rend="i">vita</hi> original (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>), a «el que escribe esta prefación».</note> a las <hi rend="i"
            >Obras de don Luis</hi> no hace, por ahora, más profesión que de amigo suyo; lega y
          brevemente refiere la verdad <hi rend="b">y entre la ternura de haberle él perdido</hi>
          <note place="bottom">Aprovecha aquí para intercalar un mesurado pero compungido paréntesis
            que revela la emoción que le ha provocado la pérdida del gran poeta y amigo. Con «él»
            aquí se refiere a quien escribe estas líneas.</note>, fía del <hi rend="b"
            >aliento</hi><note place="bottom"><hi rend="i">fiar del aliento</hi>: es decir, confiar
            en la potente voz poética de Góngora. En su acepción de ‘aliento’, el <hi rend="i"
              >Diccionario de Autoridades</hi> recoge precisamente estos versos de Góngora: «aliento
            sonoroso / daba Tritón a un caracol torcido» (OC165. 3-4).</note> grande de este <hi
            rend="b">verdaderamente alto y animoso</hi><note place="bottom"><hi rend="i"
              >animoso</hi>: entiéndase en su sentido etimológico, en relación con el «aliento
            grande» de la frase. </note>
          <hi rend="b">poeta</hi> que vivirá en la memoria y labios de <hi rend="b">los siglos</hi>
          e irá debiendo <hi rend="b">y cobrando</hi> a la posteridad más aplauso, <hi rend="b"
            >judicioso siempre</hi>, pues por lo que tiene de muerte la ausencia<note place="bottom"
            >La muerte suele desarmar a los envidiosos y permite que se haga justicia a los hombres
            eminentes; lo mismo pasa con la ausencia, que se parece a la muerte, por lo que es más
            fácil que los méritos de un gran hombre sean reconocidos por los extranjeros, para
            quienes él es un ausente. Lo que se verifica en el caso de Góngora, a quien «otras
            naciones» veneraron en vida. Véase un juego similar de Paravicino, donde, refiriéndose a
            Cristo, equipara muerte y ausencia en sus <hi rend="i">Oraciones evangélicas que en las
              festividades de Cristo</hi>…,1640, p. 61r.: «Así no llama allí a su muerte muerte,
            sino partida, ausencia…». En general, los cambios e interpolaciones en esta frase buscan
            ponderar aún más tanto la grandeza de Góngora, que de un genérico «este español» se
            transforma en «este verdaderamente alto y animoso poeta»; su fama, que de unos «labios
            de todos» se perpetúa con «los labios de los siglos»; y los aplausos que le dará la
            posteridad, que serán siempre reflexivos y sensatos por la calidad innegable de su obra.
            A partir del sustantivo «naciones» con que ha destacado la extensión de la fama del
            poeta, el interpolador construye uno de los argumentos más incisivos, mordaces y
            metafóricos sobre la polémica y los polemistas. </note>, le veneraron en vida otras
          naciones. <hi rend="b">La nuestra</hi><note place="bottom">La nuestra, o sea, nuestra
            nación, con un zeugma típico del estilo elíptico que consideraba elegante en el
            XVII.</note><hi rend="b"> se dividió más en facciones que en pareceres; no es poca
            gloria en la fama tenerlos, mas todos, ni a las acciones divinas les ha sido dado,
            siéndoles debido</hi><note place="bottom">Tener pareceres o sea, que se propalen
            opiniones varias sobre lo que uno vale, como los tuvo Góngora, es lo propio de cualquier
            hombre famoso, es una prenda de gloria; hasta en la religión ha habido diversos
            pareceres, o divergencias, aunque esto no debería haber sido así, ya que esta merecía
            una sola opinión, la de la doctrina católica. </note><hi rend="b">. Extraña sangre da
            vida a algunos corazones humanos, pues respirando venenos viven muerte y no apestan solo
            el aire, sino la luz, que oscurecerla no importara</hi><note type="app" rend="I"> En el
            texto, quizá por errata, se lee <hi rend="i">importará</hi>, pero la lección que
            elegimos es <hi rend="i">importara</hi>. Si la mala sangre y el veneno que destilan
            algunos oscureciera únicamente la luz no sería tan grave, pero sus efectos van más allá
            y la apestan o infectan, y también el aire. Nótese la referencia a la luz y cómo se
            acusa a los críticos de oscurecerla, en alusión a la poesía gongorina.</note><hi
            rend="b"> tanto. Nublado decimos que está el cielo; decimos, mas no lo está; gracia
            tiene el cielo, o claro o oscuro, o azul o nublado</hi><note place="bottom">Quizá sea
            esta línea una reminiscencia de la estrofa que Blecua atribuye a «uno de los Argensola»:
            «Porque ese cielo azul que todos vemos /ni es cielo ni es azul; ¡Lástima grande /que no
            sea verdad tanta belleza!» (Blecua, 1980, p. 69). </note><hi rend="b">, que todo es
            mentira cuanto de él se dice. Y España es la patria de estos monstruos humanos, como
            África de las fieras, y para el oro de</hi>
          <hi rend="i">[f. 3]</hi><hi rend="b"> sus ingenios es nueva India, pues ya tiene mina y la
            hornaza</hi><note place="bottom"><hi rend="i">hornaza</hi>: horno pequeño donde se
            funden los metales (<hi rend="i">Aut</hi>.)</note><hi rend="b"> en las mismas venas con
            que confunde</hi><note place="bottom"><hi rend="i">confundir</hi>: mezclar (<hi rend="i"
              >Aut</hi>.)</note><hi rend="b"> los oficios</hi><note place="bottom"><hi rend="i"
              >oficios</hi>: beneficio y buen informe que se hace de alguien para acreditarlo con
            otro (<hi rend="i">Aut</hi>.)</note><hi rend="b">, sino los intentos de madre y de
            madrastra, en sus mejores hijos</hi><note place="bottom">Es notable esta comparación que
            se ha desarrollado a lo largo de varias líneas en las que se amplifican metafóricamente
            las ponderaciones sobre los detractores de la poesía de Góngora. El añadido, plagado de
            agudezas, reprende a los monstruos y fieras que atacan al poeta en su misma patria. Con
            la polémica en torno a su poesía, España ha quedado dividida en facciones, y los
            detractores, cargados de veneno, contagian, más que oscurecen, el aire y la luz. Sin
            embargo, todo es cuestión de perspectiva ya que al igual que decimos que el cielo está
            nublado o que es azul, o que es claro u oscuro sin serlo, lo que se dice de Góngora, o
            de la oscuridad de su poesía, tampoco es verdad. Esa España dividida es simultáneamente
            equiparada a África, a las Indias y a una madrastra. Es África, por ser terreno idóneo y
            natural de estos monstruos y fieras que denuestan al poeta; es India ya que al igual que
            las tierras del Nuevo Mundo tiene minas de donde se extraen «ingeniosidades» como si
            fueran oro y cuenta con hornos para juntar, como se mezclan o amalgaman los metales, la
            opinión, buen crédito y la valía de sus buenos y malos hijos; es madrastra ya que al
            hacerlo, es decir, al mezclar lo bueno y lo malo, España se comporta con doblez,
            actuando por lo tanto como madre y madrastra. La comparación de la patria con una
            madrastra no es infrecuente en las letras del periodo. Recuérdense estos versos de <hi
              rend="i">La Arcadia</hi> de Lope de Vega: «!Ay dulce y cara España, / madrastra de tus
            hijos verdaderos, / y con piedad extraña / piadosa madre y huésped de extranjeros! /
            Envidia en ti me mata;/ que toda patria suele ser ingrata» (Lope, 1856, vol. 38, p. 65).
          </note>.</p>
        <p>No <hi rend="b">se puede</hi> negar alguna más licencia que dio a sus Musas <hi rend="b"
            >don Luis</hi> para huirse a la sencillez de nuestra habla castellana. Si no hubiera
          habido de <hi rend="b">nuestros</hi><note place="bottom">Aquí quien interviene en el texto
            cambia el demostrativo «esos» por «nuestros» para así incluirse, junto a Góngora, entre
            los que han logrado llevar la lengua española a su madurez a fuerza de «atrevimientos».
            Cfr. la sección «Autor» de la introducción.</note> atrevimientos, no solo no hubiera
          dejado los primeros paños de su niñez, mas ni sacado los brazos de las fajas
          supersticiosas de la ignorancia y el miedo nuestra infancia. <hi rend="b">Demás que no ha
            habido idioma clásico o vulgar jamás que en su misma patria no diferencie lo docto y lo
            plebeyo entre la arte y la conexión</hi><note place="bottom"><hi rend="i">conexión</hi>:
            Palabra poco frecuente en la época; no figura en <hi rend="i">Autoridades</hi>, como
            tampoco figura el verbo «conectar». Hay solo 45 casos de «conexión» en el CORDE entre
            1500 y 1700. Entiéndase «trabazón», es decir, el hecho de que todas las partes y
            elementos del discurso tienen una firme coherencia. En todas las lenguas clásicas y
            vulgares los poetas han sabido distinguir entre el arte y la naturaleza, y entre lo
            elevado y lo vulgar. Como el arte, que quizá aquí quiera decir ornato, pulimiento, esta
            conexión es una de las virtudes que diferencian lo docto de lo plebeyo en el discurso.
            Los doctos se expresan de modo consistente, bien argumentado y conectado; los plebeyos,
            no. Lo mismo pasa con el arte, el ornato y pulimento, que es propio de los doctos, no de
            los rudos. Véase el uso de esta palabra en un soneto de Sor Juana: «Admiración, con
            razón, / a tu sermón atribuyo; / pero en sabiendo que es tuyo, / se quita la
            admiración. / No admiro la conexión /de su contexto cabal, / ni tu decir sin
              igual…»,(<hi rend="i">Obras selectas</hi>, 1976: 592). Sor Juana, distingue, entre los
            méritos del predicador a quien admira, por un lado la conexión del sermón, el que su
            contexto o contextura sea cabal, entero y consistente, y por otro lado «el decir sin
            igual», o sea el arte o la brillantez del estilo: estructura acabada y superficie
            luminosa.</note><hi rend="b">. ¡Oh, cómo desde el ocio se acusa descansadamente el
            trabajo, aun sin el dolor de la envidia</hi>!<note place="bottom">Después de haber
            construido un concepto sobre las «fajas supersticiosas de la ignorancia» y haberse
            referido metafóricamente a la «niñez» e «infancia» de la lengua castellana y los
            atrevimientos y licencias con los que Góngora la llevó a la edad adulta, se concluye con
            una oración exclamativa para lamentar que ya no solo se critique o censure la labor del
            poeta desde la envidia, como ha reiterado antes, sino también desde el ocio, la inacción
            y la falta de estudio y aptitud intelectual necesarios para leer su poesía.</note>
          Cuando, pues, religioso el seso en <hi rend="b">la ocupación</hi> latina <hi rend="b">y
            profana</hi> le <hi rend="b">achaque</hi>, o en la locución y voces <hi rend="b"
            >peregrina</hi>s, o <hi rend="b">en la continuación</hi> y oscuridad de las metáforas,
          descuidos o afectación, prueben a vencerle con imitación no jocosa y reconocerán el
          paremia o proverbio griego: que el desliz del pie de un gigante es carrera para un
          enano.</p>
        <p>El estado y comodidad de don Luis <hi rend="b">no es, entre otros, leve
            argumento</hi><note place="bottom"><hi rend="i">argumento</hi>: indicio, señal (<hi
              rend="i">Aut</hi>.). </note><hi rend="b"> de su excelencia</hi> y de la venganza<hi
            rend="b"> civil</hi><note place="bottom"><hi rend="i">civil</hi>: mezquino y ruin (<hi
              rend="i">Aut</hi>.). Que Góngora alcanzara tan pocos beneficios es una prueba más (no
            es argumento de poco peso, unido a otros argumentos) de la ruin venganza o desquite que
            la Fortuna, dándole poco, quiso tomar sobre la Naturaleza, que le regaló su
            inconmensurable ingenio. Este uso del adjetivo, por lo demás común en el Siglo de oro,
            se repite en un pasaje de las <hi rend="i">Oraciones evangélicas que en las festividades
              de Cristo…</hi>, 1640, p. 17v.: «De Judas dijo S. Ambrosio admirablemente que se
            encontró de necio y de civil en sus afectos: <hi rend="i">Diues in estimatione, vilis in
              scelere</hi>, que fue rico en el estimar, y en el pecar vil». Y también en la <hi
              rend="i">Oración</hi> dedicada a fray Luis de Aliaga: «Tan dulce tirano suele ser el
            amor, que inferiores y civiles empleos suele obligar a descanso a las más soberanas
            prendas» (<hi rend="i">Sermones cortesanos</hi>,1994a: 65).</note> que quiso tomar la
          Fortuna de la Naturaleza, <hi rend="b">reconociéndole, si no presumida</hi><note
            place="bottom"><hi rend="i">presumida</hi>: que se vanagloria (<hi rend="i">Aut</hi>.)
            Es decir, la Fortuna reconoce que la Naturaleza pueda sentirse satisfecha, o
            vanagloriarse, de los dones que esta última puso en el poeta. </note><hi rend="b">,
            satisfecha del cuidado que en don Luis puso</hi>, pues un caballero de partes <hi
            rend="b">tales, en una y otra edad</hi>, no pudo ascender de una ración de la Iglesia de
          Córdoba. Gloria de su Iglesia, de su patria, de sus méritos no haberle mirado <hi rend="b"
            >ni contemplado ceño</hi><note place="bottom">La frase podría querer decir: [Es] gloria
            de su Iglesia, de su patria y de sus méritos que nunca le haya mirado ni contemplado
            ceño, es decir, considerado en toda su altura y eminencia. En resumen: es gloria de
            Góngora que una diosa tan vana no le haya sido favorable. Este uso de «ceño» abunda en
            los sermones de Paravicino: «Que la sabiduría es luz, la presunción es niebla. Infeliz
            eminencia la de las montañas, que solo les sirve el ceño de batalla a los vientos», (<hi
              rend="i">Oraciones evangélicas que en las festividades de Cristo</hi>…,1640, p.
            191v.); o «No la tengas a Satanás (la servidumbre) que es infame dueño, antes te he de
            poner algún día a tus pies su cabeza, su ceño a tus estampas», (<hi rend="i">Oraciones
              evangélicas que en las festividades de Cristo</hi>…,1640, p. p. 203); o «¿Es posible,
            dulce señor nuestro, que ha de haber día en que el pecador no halle en vuestro rostro
            consuelo? Esa no buena cara solo, sino bellísima con dignidad y decoro, cuyo hermoso
            ceño serena el cielo, y aquieta las tempestades, armará enojos insoportables, iras
            fulminará eternas? » (<hi rend="i">Oraciones evangélicas de adviento y cuaresma</hi>…,
            1636, p. 3v).</note>, cuanto <hi rend="b">y</hi> más reídose con él, esta <hi rend="b"
            >vana diosa, cuyos imaginarios altares en más que mental veneración, ocupa de ofrenda y
            devociones el despecho o amor de los mortales</hi><note place="bottom">Los imaginarios o
            inexistentes altares de esta vengativa y vana diosa pagana que es la Fortuna entretienen
            a los mortales; esta también se apodera de toda la gama de afectos de los hombres, que
            van del despecho al amor. </note>. <hi rend="b">¿Mas cuándo méritos de tan superior
            data</hi><note place="bottom"><hi rend="i">data</hi>: calidad (<hi rend="i">Aut</hi>.)
            Con el término amplifica el sintagma anterior, «caballero de tales partes», para
            ponderar las excelencias del poeta.</note>
          <hi rend="b">a la mortalidad común no solicitaron</hi><note type="app" rend="I"><hi
              rend="i">solicitar</hi>: latinismo semántico, frecuente en Góngora. Aquí, estimular,
            provocar. «Más, ¿cuál diente mortal, cual metal fino la fuga suspender podrá ligera que
            el desdén solicita?» (OC255: 133-135).</note>
          <hi rend="b">en el sentimiento</hi><note type="app" rend="I"><hi rend="i"
            >sentimiento</hi>: dolor (<hi rend="i">Aut</hi>.). </note>
          <hi rend="b">de los buenos</hi> lágrimas<note place="bottom">Aquí se amplifica la idea
            anterior, a la que se ha referido también a inicios del texto, de lo poco que le ha
            ofrecido la Fortuna, que lo ignoró o, peor aún, se burló de él, al darle solamente un
            puesto de racionero. Por eso la falta de reconocimiento a los méritos de seres tan
            excepcionales como Góngora provocan pena y dolor en los buenos.</note>? <hi rend="b">La
            felicidad de los envidiados hermoso argumento es de las plumas, o crédito
            ajeno</hi><note place="bottom">Decir que los que son víctima de los envidiosos son
            felices y se muestran contentos es solo asunto de libros, puro artificio literario o
            creencia de los demás. En las páginas introductorias de su paráfrasis de Séneca, la <hi
              rend="i">Constancia cristina</hi>, Paravicino vuelve a relacionar ‘felicidad’ y
            ‘envidia’: «Pero si no me acechase la envidia a esta razón, me atrevería a decir que no
            es felicidad de todos (como no ha sido ánimo) acabarle las pinturas a Apeles, y vaya
            dicho sin mucha ambición (antes bien gloriándome gratamente en Dios) que quizá no son
            fáciles de conocer en el lienzo de Séneca las pinceladas que he dado yo». Es conocido el
            interés de Paravicino por el estoicismo y la obra de Séneca (fundamentalmente el <hi
              rend="i">De Providentia</hi>) que dejó plasmado en sus sermones y en el inédito
            manuscrito, que lleva por título <hi rend="i">Constancia cristiana o discursos del ánimo
              y tranquilidad estoica.</hi> Véase Cerdan (2006).</note>. <hi rend="b">Quien, empero,
            no puso el dedo entre el cordel</hi><note place="bottom"><hi rend="i">cordel</hi>: azote
            para tormentos. Es imagen recurrente en Paravicino. Aquel que no ha sufrido el tormento
            de la envidia en carne propia no puede juzgar el dolor del atormentado. Con esto señala
            el sufrimiento del poeta ante los ataques, a pesar de que se mostrara ecuánime.
            </note><hi rend="b"> y el brazo del que atormentan pudo pesar fielmente el dolor y
            atreverse a ser severo árbitro de los gritos. La solución de todo consiste en el favor
            del cielo y ejemplo de Jesucristo. Toda otra doctrina no es obstinación estoica, mentira
            estoica sí es, que disimular el semblante no es no sentir el cuidado, sino recatarle
            largamente. Nos enseñaron la igualdad del ánimo los antiguos, ¿quien de ellos la
            consiguió? Es fácil</hi>
          <hi rend="i">[f. 4]</hi>
          <hi rend="b">el aparato</hi><note place="bottom"><hi rend="i">aparato</hi>: medios y
            trazas de que se vale el ánimo para sus ideas y para conseguir sus intenciones (<hi
              rend="i">Aut</hi>.); el «aparato de las voces», es decir, los medios que se usan para
            emitir lamentos o quejas. </note>
          <hi rend="b">de las voces; la ostentación tranquila obra crédito; si desabrochamos la
            ropilla</hi><note place="bottom"><hi rend="i">ropilla</hi>: vestidura corta con mangas y
            brahones de las que penden otras mangas sueltas y se viste ajustadamente al medio cuerpo
            sobre el jubón <hi rend="i">(Aut.)</hi>. </note><hi rend="b"> del más
            constante</hi><note place="bottom"><hi rend="i"><ref xml:id="ref4" target="ref3">constante</ref></hi>:
            firme, sobre todo en relación con las mudanzas de la Fortuna y con la doctrina estoica a
            la que acaba de referirse. La solución es imitar a Cristo y confiar no en nuestras
            fuerzas sino en su gracia. Apartarse de este principio o doctrina cristiana es mentira
            estoica, ya que disimular poniendo buena cara no es obviar el dolor, sino ocultarlo. Los
            antiguos, en referencia al estoicismo, enseñaron igualdad de ánimo o ecuanimidad pero
            ninguno lo logró (es tópico o recurso literario, al igual que la felicidad de los
            envidiados a la que se refirió unas líneas antes) Es fácil hablar o lamentarse, pero
            soportar estoicamente da credibilidad. Aun así, si abrimos la camisa del más estoico,
            del que más soporta, encontraremos los estigmas del dolor, llagas feas y peligrosas. En
            un pasaje similar de sus <hi rend="i">Sermones</hi> pueden escucharse ecos de esta idea
            sobre la soberbia o mentiras y ocultaciones estoicas en comparación con la verdad
            cristiana: «Tan sagrada virtud es esta del ayuno, aunque tan ignorada de los palacios,
            que hablan con estos temerosos encarecimientos de ella los santos. Pues en rigor, ni a
            Cristo, ni a Dios, llegan los humanos, sino con imitación bien distante. Quédense a la
            soberbia estoica igualdades mentirosas» (<hi rend="i">Sermones cortesanos</hi>,
            1994a:183). </note><hi rend="b"> le hallaremos en el pecho hasta peligro y fealdad las
            llagas.</hi></p>
        <p>Llamado don Luis, <hi rend="b">entre esta cortedad de suerte</hi><note place="bottom"><hi
              rend="i">cortedad de suerte</hi>: es decir, la poca que consiguió y a la que se ha
            referido antes. Que hubiese venido a la Corte a instancias de «grandes señores», es
            opinión que se vuelve a repetir en el <hi rend="i">Escrutinio</hi>. Véase Orozco (1973:
            277-281) y Carreira (1998) para detalles sobre la llegada de Góngora a Madrid y su
            relación con la Corte. Nótese cómo con estas amplificaciones («cortedad de suerte», «de
            toda grandeza mayor achaque») o con la aseveración de que el vicio (no los méritos ni
            virtudes) reciben mayor amparo en la Corte retoma algunos de los argumentos del párrafo
            anterior y señala la necesidad de mecenazgo no correspondido que sufría un grande como
            Góngora.</note>, de grandes príncipes a esta Corte, los gozó familiares mucho, benéficos
            poco<hi rend="b">; de toda grandeza mayor achaque: todavía al vicio no suelen negar tan
            fácilmente el amparo</hi>
          <note place="bottom">Los grandes tienen un achaque (defecto o dolencia) mayor que ellos
            (jugando con la palabra grande), o sea el ser avaros de beneficios incluso con aquellos
            acreedores a su protección a quienes admiten a su intimidad y tratan «familiarmente»; y
            sin embargo, no niegan el amparo al vicio tan fácilmente como lo niegan al mérito. No
            son infrecuentes severas arremetidas contra los vicios de la grandeza en Paravicino,
            predicador cortesano, aunque la expresión, siempre elíptica y lacónica, puede hacer que
            pase desapercibida la crítica.</note><hi rend="b">. Es verdad también [que]</hi><note
            type="app" rend="I">
            <hi rend="i">em</hi>. que: <hi rend="i">om</hi>. Añadimos el «que» por parecernos que
            fue omitido en el impreso por error. </note><hi rend="b"> a la generosidad no comparable
            del</hi> duque de Lerma y a la gracia <hi rend="b">e inclinación del</hi> marqués de
          Siete Iglesias debió la merced de una capellanía de honor de su Majestad, <hi rend="b">del
            señor don Felipe Tercero el Piadoso</hi>; y al conde duque de Sanlúcar, el favor de dos
          hábitos de Santiago para dos sobrinos suyos. Y si no le estorbara la muerte, se prometió
          más deshielo de su <hi rend="b">menos dicha</hi> al abrigo de este príncipe. <hi rend="b"
            >Once años gastó en esta Corte</hi><note place="bottom">No llegaron a once. Góngora
            llegó a Madrid para ocupar la capellanía en abril de 1617, se trasladó a Córdoba enfermo
            en 1626, y falleció en mayo de 1627. Este es uno de los añadidos que quiere desmentir el
            anónimo del <hi rend="i">Escrutinio</hi>: «Es cierto que no le llevó a la Corte ambición
            ni interés, pues en su casa tuvo un cuento de renta sin obligaciones, bastante caudal
            para un bonete» (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1633_escrutinio"
              >1633_escrutinio</ref>). </note><hi rend="b"> no en desengaños ni esperanzas, que de
            un afecto y otro trajo sobre caudal experiencias; la necesidad lo trajo, la necesidad le
            detuvo: no sé si diga que lo acabó. Gran nota</hi><note place="bottom"><hi rend="i"
              >nota</hi>: señal, marca (<hi rend="i">Aut</hi>.), pero también desdoro, mancha en la
            reputación: Se toma asimismo por tacha o defecto grave y reparable. Latín. <hi rend="i"
              >Nota. Dedecus.</hi> (<hi rend="i">Aut.</hi>) Quiere decir: es un gran desdoro e
            ignominia de muchos (ricos y poderosos) que tuvieran ante sus ojos un hombre tan
            singular arrastrado (o sea, pobre, desastrado, que es uno de los sentidos que da <hi
              rend="i">Autoridades</hi> para «arrastrado») sin hacer otra cosa por él que mostrar
            una compasión «inútil», inoperante y pasiva.</note><hi rend="b"> de muchos ver arrastrar
            a sus ojos con inútil compasión la singularidad de tal hombre.</hi></p>
        <p>Enfermó peligrosamente <hi rend="b">cuando la jornada del rey nuestro señor a
            Aragón</hi><note place="bottom">Para lograr el asentimiento de los diferentes reinos a
            las medidas propuestas en la conocida «unión de armas», Felipe IV se dirigió a Aragón
            con el fin de celebrar cortes en la primavera de 1626. Estuvo ausente de Madrid desde el
            7 de enero hasta el 14 de mayo de 1626. Para más detalles véase Elliott (1990:
            282-317).</note><hi rend="b">, en ausencia de sus amigos, si merecen tanto nombre las
            apariencias</hi><note place="bottom">Nuevo dardo a los cortesanos ausentes de Madrid por
            estar con el rey en Aragón: entre ellos estaban los amigos de Góngora, aunque es dudoso,
            según quien retoca el texto, que merezcan tan gran nombre sus apariencias de
            amistad.</note><hi rend="b">. Alguno a lo menos, en menor estado que todos, lo supo
            ser</hi><note place="bottom"><hi rend="i">lo supo ser</hi>: se refiere, por zeugma, a la
            palabra «amigos» de la frase anterior: supo ser amigo, o sea, verdadero amigo, aunque su
            estado era menor que el de los demás. No sabemos quién fue ese amigo no tan encumbrado
            cuya mención subraya el abandono del poeta por los grandes que lo llamaron a la Corte.
            </note><hi rend="b">, y en honra</hi><note place="bottom"><hi rend="i">honra</hi>:
            merced o gracia (<hi rend="i">Aut</hi>.)</note><hi rend="b"> de la reina nuestra
            señora</hi><note place="bottom">Se trata de Isabel de Borbón, (1602-1644), hija de
            Enrique IV de Francia y María de Médicis, que casó con Felipe IV en 1615. Góngora le
            dedica dos sonetos antes de su ascenso al trono: «Del rey y reina, nuestros señores, en
            el Pardo, antes de reinar» [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem334"
              >OC334</ref>]; y el que comienza «Peinaba al Sol Belisa sus cabellos» [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem335#l335.1"
              >OC335</ref>]. Que tuvo algún trato con la reina se deduce de una carta del 25 de
            noviembre de 1625, en la que el poeta cuenta que, al ir a felicitarla por su parto, se
            encontró con el conde-duque, que le dio muestras de afecto y de querer ocuparse de sus
            asuntos (Góngora 2000: II, 451-452).</note>
          <hi rend="b">le envió médicos y cuidó de su salud, digna atención de ánimos reales la
            necesidad miserable de los beneméritos</hi><note place="bottom">O sea, socorrer a los
            beneméritos como el poeta, necesitado y enfermo, es digna atención de un alma regia como
            la de la reina Isabel.</note><hi rend="b">; no hablo en esto más claro porque no hay
            flor que tope con abeja, de arañas se puebla el aire</hi><note place="bottom">Es motivo
            tópico en las letras del periodo: de una misma flor la abeja extrae miel mientras que la
            araña saca veneno o acíbar. En este caso, cuando sucede algo bueno (encuentro de flor y
            abeja en relación a la ayuda regia al poeta en su enfermedad), el ambiente se puebla de
            venenosas arañas, por eso no necesita explicar más, para no atraer más a los envidiosos
            ni darles de qué hablar. Era típico relacionar la araña con la maldad humana, el enredo
            y el engaño (<hi rend="i">Cov</hi>.). No es la primera vez que aparece esta imagen en la
            polémica; en su <hi rend="i">Examen del Antídoto</hi> (1615_examen) la emplea el Abad de
            Rute respondiendo a la ironía de Jáuregui en el <hi rend="i">Antídoto</hi> sobre el
            verso de las <hi rend="i">Soledades</hi> «<quote>Próspera, al fin, mas no espumosa tanto
              vuestra fortuna sea</quote>»: «Lindo es, y lindísimo, para quien no trate, como la
            araña, de convertir en sustancia venenosa la de flores más olorosas y salutíferas…» (<hi
              rend="i">Examen</hi> p. 452-453).</note>. En algunas treguas del mal que se le atrevió
          a la cabeza <hi rend="b">(¿a qué cabeza, aun sin excusa de enfermedad, [no]</hi><note
            type="app" rend="I">
            <hi rend="i">em.</hi> no: om. Añadimos el «no» en esta frase, por parecernos error de
            lectura o de transmisión textual, para que cobre todo su sentido. O sea, no hay nadie
            que no tenga males en la cabeza, rasgos de tontería o de locura.</note>
          <hi rend="b">se le atreven males? Niéganlo los que padecen, mas no los esconden)</hi><note
            place="bottom">Con este paréntesis busca atenuar o minimizar los rumores sobre la
            enfermedad que sufrió el poeta en sus últimos días. Incluso sin enfermedad hay muchas
            cabezas aquejadas de males, que las personas que los sufren niegan, pero que no pueden
            ocultar.</note> volvió a Córdoba para que no le mereciese sepulcro sino el lugar que se
          honró patria con él. No fue lesión del juicio el mal de la cabeza; en la memoria cebó la
            <hi rend="b">violencia toda</hi><note place="bottom">Con este cambio de «la porfía del
            mal» a «la violencia toda» se enfatiza la fuerza que tornó la condición o estado sano y
            natural del poeta en enfermedad. </note>, acaso porque al morir don Luis en nosotros
          todos se debía repartir su memoria. Reconoció <hi rend="b">cristianísimamente</hi> lo<note
            place="bottom">La estructura no es inusual en el periodo, con sentido actual de ‘aquello
            que’: «hacer o dejar de hacer lo a que su oficio lo obligaba», <hi rend="i">Manual de
              confesores y penitentes</hi>, Martín de Azpilcueta, 1557, p. 246). Sin embargo, pudo
            ser un olvido del impresor al introducir el adverbio «cristianísimamente» entre el verbo
            ‘reconocer’ y el complemento directo («Reconoció lo que debía a su profesión y a su
            sangre») del original (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida-chacon</ref>).</note> a que le<hi rend="b"> obligaron</hi> su profesión, su
            sangre<note place="bottom">Es decir, confesó sus obligaciones o voluntades para con la
            iglesia y su familia.</note>, y <hi rend="b">el segundo día de la Pascua de Espíritu
            Santo restituyó a las manos de su Hacedor el suyo</hi><note place="bottom">Por zeugma,
            entiéndase su espíritu. Góngora fallece el lunes de Pentecostés, que en la liturgia
            cristiana celebra la venida del Espíritu Santo. Nótese, por ejemplo, tratamiento
            semejante en la <hi rend="i">vita</hi> de Dante, en la que también, a diferencia de la
              <hi rend="i">vita</hi> original de Paravicino, se menciona la festividad litúrgica de
            la iglesia en que falleció el poeta: «Ma poi che la sua ora venne, segnata a
            ciascheduno, essendo egli già nel mezzo o presso del cinquantesimo sesto suo anno
            infermato, e secondo la cristiana religione ogni ecclesiastico sacramento umilmente e
            con divozion ricevuto, e a Dio per contrizion d’ogni cosa commessa da lui contra’l suo
            piacere, sì come da uomo, riconciliatosi; del mese di settembre negli anni di Cristo
            MCCCXXI, nel di che la esaltazione della santa Croce si celebra dalla Chiesa, non senza
            grandissimo dolore del sopradetto Guido, e generalmente di tutti gli altri cittadini
            ravignani, al suo Creatore rendé il faticato spirito…» (Boccaccio, p. 52)</note>
          <hi rend="b">plácidamente</hi>. Dejó consuelo de su muerte a sus amigos, descansó<note
            place="bottom">En la <hi rend="i">vita</hi> del manuscrito Chacón (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vida_chacon</ref>), no aparece acentuado y en edición de dicho texto respetamos
            la lección del sustantivo ‘descanso’ tal como aparece; en esta reescritura figura como
            verbo en pretérito y así lo entendemos: es decir, que con su muerte el poeta dejó
            consuelo a sus amigos y descansó o descargó de su envidia a sus enemigos.</note> de su
          envidia a sus émulos<note place="bottom"><hi rend="i">émulo</hi>: en este caso, cultismo
            semántico, con sentido de enemigo. El <hi rend="i">Diccionario de Autoridades</hi>
            recoge precisamente un ejemplo del <hi rend="i">Panegírico</hi> de Góngora: «émula de
            las trompas su armonía» (OC13. 5). Se emplea frecuentemente en la polémica; Chacón, por
            ejemplo, en la dedicatoria de su manuscrito a Olivares habla, refiriéndose al poeta, de
            «la censura de sus émulos».</note>: <hi rend="b">no les doy cortas gracias de sus
            ofensas</hi><note place="bottom">No son cortas o escasas las gracias que les doy en
            cristiano pago de sus ofensas, dando bien por mal, puesto que reconozco que ellos
            descansaron entonces de su envidia, algo tan corrosivo y pestilencial.</note><hi
            rend="b">. Y enterrado con pocas lágrimas en aquella luz postrera, algo pudieron desear
            sus ojos</hi>
          <hi rend="i">[f. 5]</hi>
          <hi rend="b">satisfacción, que en la verdad falta a muchos (decir quisiera a
            todos)</hi><note place="bottom">En este caso, el biógrafo no perdona a los enemigos por
            sus ofensas al poeta, enterrado sin mucha concurrencia y, por ende con pocas lágrimas.
            Por ello, por haber sido enterrado sin pompa, sus enemigos pudieron ver cumplidos,
            satisfechos, sus deseos de verlo irse del mundo sin mucho llanto. Pero ese «algo» de
            satisfacción o venganza de que disfrutaron sus enemigos por una muerte poco llorada, «en
            la verdad» faltó a muchos, o a casi todos, ya que tan parca satisfacción no fue
            verdadero sosiego para ellos. Góngora vivió inmortal a través de su obra, como explicará
            en las líneas que siguen. </note>. Todavía, aun en siglo libre de<hi rend="b">
            mortales</hi> accidentes don Luis, sus obras los padecen, y ya codicia, ya curiosidad
          fuese la causa, las estampó la prisa. Conque faltas, <hi rend="b">si no</hi> reparadas,
          mendosas todas<hi rend="b"> y prohijadas muchas, aun las propias con ajeno y oscuro
            título, si bien ilustre nombre</hi>, con amor y <hi rend="b">providencia de mayor</hi>
          autoridad, recogerlas importó<note place="bottom">Respecto a la <hi rend="i">vita</hi>
            Chacón, se intensifica aquí la intercesión providencial de una autoridad (fue la
            Inquisición la que ordenó esta recogida) además del amor de los amigos del poeta. El
            «ajeno y oscuro título» y el «ilustre nombre» que se insertan remiten sin duda a la
            edición de Vicuña: <hi rend="i">Obras en verso del Homero español</hi>. Para los
            avatares de esta edición, véase la introducción de Alonso (1963) a la edición facsímil.
          </note>.</p>
        <p>Hallóse <hi rend="b">en esta ocasión, o dejóse ver la</hi> amistad que de amor y de miedo
            <hi rend="b">(que todo hace errar) no parecía</hi><note place="bottom"><hi rend="i"
              >parecer</hi>: aparecer (<hi rend="i">Aut</hi>.).</note>
          <hi rend="b">en tantos</hi>, en don Antonio Chacón, señor de Polvoranca. Las cenizas de un
            amigo,<hi rend="b"> si no olvidado, muerto</hi><note place="bottom"><hi rend="i">sino
              olvidado, muerto</hi>: estilema gongorino de tipo ‘sino A, B’. Es decir, aunque no
            olvidado, el amigo estaba muerto, lo que suele entibiar el afecto del superviviente, por
            lo que es notable que no fuera así este caso.</note>, <hi rend="b">levantaron llama, no
            encendieron fuego que siempre vivió, y no recatado</hi><note place="bottom"><hi rend="i"
              >recatado</hi>: encubierto, oculto (<hi rend="i">Aut</hi>.) Quizá se esté basando aquí
            en un concepto alquímico: el fuego nacido de las cenizas (<hi rend="i">ignis
              cinerum</hi>) era el más fuerte, como lo era el del Señor de Polvoranca. Por ejemplo,
            Andreas Libavius, después de hablar de otros fuegos en su <hi rend="i">Praxis
              alchimiae</hi>, concluye que «Hoc intensior est ignis cinerum», p. 17. Las cenizas de
            Góngora no encendieron el fuego del afecto del señor de Polvoranca, puesto que siempre
            había vivido en él tal afecto, que no ocultaba, pero sí levantaron llama, o atizaron el
            fuego.</note>, en la verdad de este caballero, <hi rend="b">si en la de otros amigos o
            no prendió nunca o ya se había apagado</hi><note place="bottom">Los cambios y añadidos
            acentúan la idea de que Polvoranca nunca olvidó al poeta y que las llamas de su amor
            nunca llegaron a extinguirse, a diferencia de otros en donde nunca llegó a encenderse de
            verdad.</note>. Juntolas en vida de don Luis con afición y cuidado, comunicolas con él
          con libertad y doctrina, y en su muerte, copiándolas en hermosas vitelas, en caracteres
          hermosos, las consagró al agrado y estimación del conde duque de Sanlúcar <hi rend="b">en
            el monumento inmortal de su biblioteca</hi><note place="bottom">‘<hi rend="i">monumento
              inmortal’</hi>: así califica la biblioteca del conde duque (en la <hi rend="i"
              >vita</hi> Chacón el monumento, es decir, la biblioteca, era «estudioso y eterno»),
            aunando las cualidades del ‘monumento’ conmemorativo con el adjetivo ‘inmortal’, es
            decir, garante de la indestructibilidad de la fama. </note>, en el mismo agrado y
          estimación, y la ambición generosa y <hi rend="b">magnánima (aunque se encuentren los
            términos</hi><note place="bottom">Aunque «se encuentren» es decir choquen y sean poco
            compatibles los términos de «ambición», por un lado, y de «generosa y magnánima» por
            otro, siendo la ambición comúnmente una pasión desreglada, una ciega codicia: «Pasión
            desreglada de conseguir honras, dignidades, hacienda y conveniencias» (<hi rend="i"
              >Aut</hi>).</note>) de ilustrar las letras de España y honrar los ingenios de ella,
            <hi rend="b">dando a la estampa</hi><note place="bottom">Esta transformación se hace
            necesaria por no ser este texto, como lo fue el del original, compuesto para el ms.
            Chacón. Se trata ya de esa «segunda copia» de que se habla en el original que se
            esperaba que se realizara al amparo del conde duque.</note><hi rend="b"> para común
            noticia y seguridad del crédito de don Luis como</hi> para lustre de nuestra nación. <hi
            rend="b">En este linaje de estudios, que si bien siempre fue peligroso en naturales
            duros</hi><note place="bottom"><hi rend="i">naturales duros demasiadamente</hi>: se
            refiere, con el sustantivo ‘natural’, al genio e inclinación de una persona; y con el
            adjetivo <hi rend="i">‘duro’</hi> al estado ‘bronco o mal acondicionado’(<hi rend="i"
              >Aut</hi>.). </note><hi rend="b"> demasiadamente, o tiernos</hi><note place="bottom"
              ><hi rend="i">tierno</hi>: se refiere a la niñez. Debido al tipo de estudio y obra que
            llevó a cabo Góngora, un verdadero y auténtico poeta que huyó de todo daño o perjuicio,
            fue ciertamente muy merecedor de alabanzas y premios. Este tipo de estudios es peligroso
            tanto para los de poco seso o instrucción como para los demasiado bisoños o poco
            preparados. Con esta glosa final, recalca la falta de erudición o preparación de los
            detractores del poeta para entender su obra, tema que ya había interpolado antes.
            </note><hi rend="b">, en los que verdaderamente son poetas y como tales deben huir todo
            perjuicio, nunca fue desmerecedor de loores y premios imperiales. Ni envuelto en este
            número</hi><note place="bottom"><hi rend="i">número</hi>: gente.</note><hi rend="b">,
            por eminente que sea, las plumas</hi><note place="bottom"><hi rend="i">plumas</hi>:
            entiéndase versos.</note><hi rend="b"> sagradas, que heridas</hi><note place="bottom"
              ><hi rend="i">heridas</hi>: tocadas como se toca un instrumento. Ni aun situado
            («envuelto») Góngora entre los más eminentes poetas, versos tan venerables como los
            suyos, tocados como instrumentos musicales por una divinidad de luz (en contraposición a
            oscuridad) y aliento puro (inspiración divina) habían antes llegado a tales alturas o
            perfección hasta confundirse con el tañido de cantos celestiales.</note><hi rend="b"> de
            más segura deidad de luz, y aliento más puro, sonaron armonías celestiales. Y yo en
            menos ocupada y calumniosa era discurrí en esto</hi><note place="bottom">Reitera, en
            otra alusión a la polémica, ese momento en que las letras se han vuelto calumniosas y
            fastidiosas. Véase nota <ref xml:id="ref1" target="ref2">supra</ref>. Alude el autor a
            un discurso suyo, del que no tenemos otra noticia, en el que defendía la poesía y
            discurría que esta merece «loores y premios imperiales». Incluso esboza el esquema de su
            argumentación en dicha defensa: si bien la aplicación a la poesía (estos estudios) puede
            ser peligrosa en gentes de natural duro (tal vez, porque se sirven de ella para dar
            libre rienda a sus rencores) o demasiado tierno o poco preparado (que se vuelven
            sensuales y afeminados), en cambio en los verdaderos poetas, incapaces de utilizar su
            don para malos fines, debe ser altamente loada y magníficamente premiada; y mucho más
            tratándose de «plumas sagradas», o sea, de quienes escriben salmos, himnos y otros
            poemas de asuntos elevados o divinos, en cuyo canto se oyen armonías celestiales y que
            no deben ser puestos en el número de los demás poetas, por eminentes que sean.</note>.
            <hi rend="b">Finalmente será esta publicidad para quietud</hi> de muchas naciones,
          adonde acaso de los escritos de don Luis no llegó más pluma que las de su fama<note
            place="bottom">El epílogo de la <hi rend="i">vita</hi> Chacón (<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1628_vida-chacon"
              >1628_vita-chacon</ref>) se reescribe y se expande aquí para reivindicar la publicidad
            dada a los escritos de Góngora mediante la reunión de sus textos que la <hi rend="i"
              >vita</hi> prologa. Muchas naciones, a quienes ha llegado la fama de don Luis, no han
            tenido la suerte de gozar sus poesías publicadas. </note>.</p>
        <p rend="center">A. A. L. S. M P.<note place="bottom">Estas siglas, que en el original
            figuraban sin explicar, significan: «un amigo anónimo lo escribió con placer y lo
            depositó (como flores en una tumba) con tristeza». Para este amigo, que es Paravicino,
            véase la introducción.</note></p>
        <p rend="center"><hi rend="i">Anonymus Amicus Lubens Scripsit</hi><hi rend="i"> Moerens
            Posuit</hi>.</p>
      </div>
      </div>
    </body>
  </text>
</TEI>
