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        <title>Fragmentos del <hi rend="i">Compendio Poético</hi></title>
        <author key="Villar, Francisco del">Francisco del Villar</author>
        <editor>Jesús Ponce Cárdenas</editor>
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        <edition>OBVIL</edition>
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          <name>Mercedes Blanco</name>
          <resp>relecture</resp>
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        <respStmt>
          <name>Jaime Galbarro</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Antonio Valiente Romero</name>
          <resp>relecture</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Sara Pezzini</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name>Hector Ruiz</name>
          <resp>stylage et édition TEI</resp>
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      <publicationStmt>
        <publisher>UniversitP Paris-Sorbonne, LABEX OBVIL</publisher>
        <idno>http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/1636_compendio-poetico</idno>
        <date when="2016"/>
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            >http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/fr/</licence>
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      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>BNE, ms. 2529</bibl>
      </sourceDesc>
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      <p>L’édition comporte trois niveaux de notes. note[@place="bottom"] : notes d’éditeur (décimal
        par défaut) note[@place="margin"] : notes marginales de l’auteur (pas de numérotation)
        note[@type="app" rend="I"] : notes d’apparat (I = romain) </p>
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        <date when="1636"/>
      </creation>
      <langUsage>
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      </langUsage>
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  </teiHeader>
  <text>
    <!--  
      <p>[1636_compendio-poetico]</p>
      <div>
        <head>Datos bibliográficos</head>
        <table>
          <row>
            <cell>Editor científico</cell>
            <cell>Jesús PONCE CÁRDENAS</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Autor</cell>
            <cell>Francisco DEL VILLAR (ca. 1565-1639)</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Título</cell>
            <cell>Fragmentos del Compendio Poético</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Fecha</cell>
            <cell>Hacia 1635-1636</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Fuentes</cell>
            <cell>BNE, ms. 2529</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Ediciones modernas</cell>
            <cell>Canavaggio (1965: 248-252)</cell>
          </row>
          <row>
            <cell>Referencias a la polémica</cell>
            <cell>1634_carta-cascales-tribaldo</cell>
          </row>
        </table>
      </div>
  
    <body>
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      <div type="standard">-->
    <body>
      <div type="introduction">
        <head>Introducción</head>
        <div>
          <head>1. [Título] </head>
          <p>El encabezamiento del manuscrito 2529 de la Biblioteca Nacional de Madrid se limita a
            indicar de forma bastante escueta: <hi rend="i">Copia de unos capítulos de un libro
              manuscrito escrito por Don Francisco del Villar, Vicario y Juez eclesiástico de
              Andújar, por los años de 1630, cuyo original para en poder del marqués de la
              Merced</hi>. Como evidencia dicha rúbrica el códice es una copia incompleta de una
            obra manuscrita compuesta por el erudito iliturgitano Francisco del Villar entre 1630 y
            1639 aproximadamente.</p>
          <p>Es probable que la primera alusión al opúsculo, parcialmente perdido hoy, de Villar sea
            la recogida por una frase de Martín de Angulo y Pulgar entre las páginas de su <hi
              rend="i">Égloga fúnebre a don Luis de Góngora, de versos entresacados de sus
              obras</hi> (Sevilla: Simón Fajardo, 1638). Allí el escritor de Loja proponía una lista
            de defensores del estilo de Góngora:</p>
          <p> Calumniaron de obscuro al <hi rend="i">Polifemo</hi>, aunque abrió camino a la cultura
            y se la dio a nuestro lenguaje. Los doctos le siguen, loan y defienden. Entre los que
            escribieron en su favor fue el conde de Villamediana, don Juan de Tassis, como se colige
            de la décima “Royendo sí, mas no tanto”. Don Francisco Fernández de Córdoba, abad que
            fue de Rute; el doctor Francisco de Amaya (siendo colegial en Osuna) que hoy es oidor de
            Valladolid y el licenciado Pedro Díaz de Rivas, natural de Córdoba. Y sin los
            comentadores que han tenido sus obras (de quien diremos después) escriben por don Luis
            el maestro don Francisco del Villar, Juez de la Cruzada en Andújar, un <hi rend="i"
              >Compendio retórico y poético</hi>; y don José Antonio González de Salas en su <hi
              rend="i">Disertación paradójica</hi>. Y yo entre tanto sujeto, no entre su número, le
            defendí en mis <hi rend="i">Epístolas satisfactorias</hi>, que escribí al Licenciado
            Francisco de Cascales<note place="bottom">Angulo y Pulgar (1638: f. 18v-19r). Vid.
              1638_egloga-funebre. Sobre el ingenio de Loja y los listados de partidarios de Góngora
              puede consultarse Osuna Cabezas (2014). En torno a la poesía ocasional de Angulo y
              Pulgar, véase Osuna Rodríguez (2011).</note>.</p>
          <p/>
          <p>Como puede verse, Angulo y Pulgar contempla bajo la especie de una apología del autor
            de las <hi rend="i">Soledades</hi> («escriben por don Luis») una obra que identifica con
            el título de <hi rend="i">Compendio retórico y poético</hi>. Toda vez que el opúsculo de
            Villar debió de redactarse en torno a 1635-1636, cabe sospechar que el autor enviara
            desde Andújar varias copias manuscritas a otros defensores de la nueva poesía, entre los
            que acaso pudo contarse don Martín de Angulo y Pulgar.</p>
          <p>La segunda referencia a la obra que nos ocupa se encuentra en el famoso elenco de <hi
              rend="i">Autores ilustres y célebres que han comentado, apoyado, loado y citado las
              poesías de don Luis de Góngora</hi>, datado en torno a 1642 y atribuido generalmente a
            Martín Vázquez Siruela. Se recogía allí en octavo lugar al admirador gongorino oriundo
            del reino de Jaén: «8. Maestro Don Francisco del Villar, escribió en apoyo contra el
            Licenciado Cascales y dejó escrito un <hi rend="i">Compendio poético</hi>»<note
              place="bottom">Ryan (1953: 429).</note>. Frente a la cita de Angulo y Pulgar, podemos
            comprobar ahora cómo el título ha sufrido una pequeña mengua: <hi rend="i">Compendio
              retórico y poético</hi> &gt; <hi rend="i">Compendio poético</hi>. Tal como aparece
            redactada la entradilla, la frase final («dejó escrito un <hi rend="i">Compendio
              poético</hi>») nos lleva a sospechar que el autor de la lista estaba al tanto del
            reciente óbito de Francisco del Villar –asesinado en Andújar en 1639– y apunta
            plausiblemente que la obra no llegó a ver las prensas, relegada así a una circulación
            muy limitada en copias manuscritas.</p>
          <p>Como se desprende de cuanto acabamos de apuntar, desconocemos si el título de <hi
              rend="i">Compendio poético</hi> (o en su versión más amplia <hi rend="i">Compendio
              retórico y poético</hi>) se corresponde exactamente con el título original atribuido
            por Villar a su obra manuscrita. El marbete de origen latino (<hi rend="i"
              >compendĭum</hi>) apunta sin más a una «breve y sumaria exposición, oral o escrita, de
            lo más sustancial de una materia ya expuesta latamente» (RAE).
            <!--<anchor xml:id="0_1"/>-->A tenor de las afirmaciones de Angulo y Pulgar o de las
            atribuidas a Vázquez Siruela, el «compendio» de Villar tendría una presumible finalidad
            apologética.</p>
          <p>El primer hispanista moderno en llamar la atención sobre el códice incompleto
            custodiado en la Biblioteca Nacional fue Jean Canavaggio, desde las páginas de un
            artículo publicado en 1965. El célebre estudioso cervantino no dudó en identificar esta
            copia fragmentaria con el título ya conocido: «la découverte d’un texte inédit qui, à
            notre avis, devrait nous aider à mieux cerner le problème: nous voulons parler du <hi
              rend="i">Compendio poético</hi> de Francisco del Villar»<note place="bottom"
              >Canavaggio (1965: 247). Realizó la transcripción y anotación del apartado titulado
              «Don Luis de Góngora trató con propiedad lo cómico».</note>.</p>
          <p>Casi treinta años después de la publicación del artículo de Canavaggio, Robert Jammes
            recogía en el <hi rend="i">Apéndice</hi> II de su magistral edición de las <hi rend="i"
              >Soledades</hi> («La polémica de las <hi rend="i">Soledades</hi> 1613-1666») un amplio
            catálogo de textos impresos y manuscritos referidos a la querella gongorina. La entrada
            LVII del mismo reza así:</p>
          <p>1636-1638. <hi rend="i">Compendio poético</hi> de Francisco del Villar, ms. mencionado
            en la lista de <hi rend="i">Autores ilustres y célebres que han comentado, apoyado,
              loado y citado las poesías de don Luis de Góngora</hi>: ‘Mº D. Fco. del Villar
            escribió en apoyo contra Fº Cascales y dejó escrito un <hi rend="i">Compendio
              poético</hi>’. No se ha encontrado este tratado, pero se conoce un códice del siglo
            XVIII intitulado <hi rend="i">Copia de unos capítulos de un libro manuscrito por don
              Francisco del Villar, Vicario Juez eclesiástico de Andújar por los años de 1630, cuyo
              original para en poder del marqués de la Merced</hi> (Ms. 2529 de la B.N.M., 73 p.).
            El <hi rend="i">Compendio poético</hi> sería seguramente ese ‘<hi rend="i">libro
              manuscrito</hi>’ del que nos queda un traslado incompleto<note place="bottom">Jammes
              (1994: 704).</note>.</p>
          <p/>
          <p>Siguiendo el criterio de Jean Canavaggio y Robert Jammes, resulta plausible aceptar la
            identificación del texto del ms. 2529 como una pequeña parte de la obra manuscrita de
            Francisco del Villar titulada <hi rend="i">Compendio poético</hi>. En efecto, el estado
            de conservación es muy fragmentario, puesto que la copia comprende tan solo las
            proposiciones VI y VII, sin referir noticia alguna sobre el contenido de las
            proposiciones I-V y sobre la posible existencia de un apartado VIII u otros sucesivos.
            Por ese motivo parece lícito atribuir a esta copia incompleta el título <hi rend="i"
              >Fragmentos del Compendio poético</hi>.</p>
        </div>
        <div>
          <head>2. [Autor]</head>
          <div>
            <head>2.1 Andanzas vitales de un clérigo iliturgitano</head>
            <p>Durante varias décadas el perfil y la cronología de Francisco del Villar se ha
              limitado apenas a una escueta declaración en la que algunos estudiosos han manifestado
              la casi absoluta falta de datos sobre este ingenio. Jean Canavaggio en el primer
              artículo consagrado al autor admitía: «nous ne savons à peu près rien de la vie de cet
              honorable ecclésiastique»<note place="bottom">Canavaggio (1965: 247).</note>. De
              hecho, las únicas informaciones conocidas entonces sobre su carrera profesional, su
              domiciliación y la fecha aproximada de su obra provendrían del epígrafe mismo del ms.
              2529: «<hi rend="i">Copia de unos capítulos de un libro manuscrito escrito por Don
                Francisco del Villar, Vicario y Juez eclesiástico de Andújar, por los años de 1630,
                cuyo original para en poder del marqués de la Merced</hi>». Estas pequeñas
              coordenadas permitían identificarlo como un eclesiástico afincado en una localidad del
              reino de Jaén, literariamente activo hacia 1630. Hoy día podemos trazar un panorama
              vital más amplio gracias a la exhumación de varios documentos.</p>
            <p>Francisco del Villar nació en la ciudad de Andújar en torno a 1565, en el seno de una
              familia perteneciente a las élites letradas de dicha población jiennense<note
                place="bottom">El reconocimiento de su lugar de origen se debe a la declaración del
                propio Villar en la dedicatoria de una pequeña obra anticuaria a José de Pellicer:
                  «<hi rend="i" xml:lang="es">Discurso Apologético en el cual se prueba que la
                  población que antiguamente se llamaba Iliturgi o Forum Iulium es hoy la ilustre
                  Ciudad de Andújar</hi>. Dedicósela a don Joseph Pellicer en treinta párrafos el
                maestro Don Francisco del Villar, <hi rend="i" xml:lang="es">su natural</hi>, y todo
                su contenido». Tomo la cita de Pellicer (1671: f. 150v-151r). Sobre la buena
                posición de la familia en la localidad, puede señalarse que el caballero don Luis
                del Villar y Bago (o Vaco), hermano del erudito, era regidor perpetuo de Andújar y
                partidario del bando de los Quero (Balancy 1999: 223-224).</note>. Es probable que
              cursara los primeros estudios de Gramática y Humanidades en su villa natal junto al
              padre Melchor Navarro, que se había formado en Granada como discípulo de Juan Latino.
              Los primeros documentos que hemos hallado sobre el autor lo ubican precisamente en uno
              de los centros culturales más destacados de la España de la época: desde 1579 hasta
              1582 Villar realizó estudios de Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, tal
              como certifica la información de los Libros de Matrícula del colegio de San Ildefonso
              y del colegio de San Antonio<note place="bottom">Vid. AHN, Universidades, Libros de
                matrículas, l. 478, f. 780.</note>. Tras haber concluido su formación y haber
              obtenido el título de licenciado, Francisco del Villar regresó a su provincia de
              origen.</p>
            <p>Como considera el padre D. Francisco Juan Martínez Rojas, actual deán de la Catedral
              de Jaén, Villar debió de ordenarse como sacerdote a finales del siglo XVI, aunque
              todavía no pueda comprobarse dicho dato oficialmente, ya que el fondo de Expediente de
              Órdenes de la iglesia mayor jiennense conservado hoy se remonta únicamente hasta el
              siglo XVII. En el Fondo «Capellanías y Obras Pías» del Archivo Histórico Diocesano de
              Jaén se custodian varios documentos preciosos para reconstruir los pasos de este
              ingenio culto<note place="bottom">Quisiera agradecer al Deán don Francisco Juan
                Martínez Rojas el generoso envío de una copia de la documentación sobre Villar
                custodiada en el Archivo Histórico Diocesano de Jaén. Mi gratitud se hace extensiva
                al padre don Patricio de Navascués Benlloch por haberme facilitado el acceso a tan
                preciosos documentos.</note>. El licenciado Cristóbal de la Zarza, párroco de la
              iglesia de San Esteban en la localidad jiennense de Santisteban del Puerto, otorgó
              testamento en 1598. En el mismo erigía una capellanía y nombraba como capellán de la
              misma al licenciado Villar. El legajo correspondiente a la capellanía fundada por el
              licenciado Zarza en Santisteban del Puerto ratifica la obtención definitiva del cargo
              de capellán en 1601 por parte de Francisco del Villar y las funciones que éste ejercía
              como sacerdote-asistente en la localidad. A comienzos del siglo XVII la actividad de
              los curas se correspondía con la de los actuales coadjutores o vicarios parroquiales.
              Su principal cometido era asistir a los párrocos, a los que se denominaba ‘priores’ en
              Jaén, en los quehaceres eclesiásticos, fundamentalmente en la administración de los
              sacramentos. El nombramiento del cura-asistente tenía una duración anual y dependía
              del obispo, aunque dicho cometido podía ser renovado y prorrogado indefinidamente si
              el párroco daba su aprobación.</p>
            <p>La permanencia de Villar en la capellanía de Santisteban del Puerto fue bastante
              prolongada, ya que la ostentó desde 1601 hasta 1618. Otros documentos del Archivo
              Histórico Diocesano de Jaén muestran cómo el tres de noviembre de 1618 el licenciado
              Francisco del Villar firmaba en Villanueva de Andújar (hoy Villanueva de la Reina) la
              escritura de renuncia a la capellanía en favor de su sobrino Andrés de Ervás, para que
              su pariente pudiera ordenarse como sacerdote. Esta documentación prueba que Villar
              había ido acercándose a su villa natal, desplazándose desde Santisteban –en el extremo
              oriental de la diócesis de Jaén– hasta las proximidades de Andújar –en el extremo
              occidental–. La población donde firmaba la renuncia a la capellanía está ya muy
              próxima a su lugar de nacimiento.</p>
            <p>Probablemente en torno a 1619-1620 el licenciado Villar ya debía de haberse instalado
              en Andújar para ejercer el ministerio sacerdotal. En su ciudad natal alcanzó el rango
              de clérigo presbítero, vicario perpetuo de rentas de la ciudad iliturgitana y su
              arciprestazgo, comisario apostólico de la Santa Cruzada. El interés del autor por
              algunas disciplinas esotéricas llegaría a costarle algún problema legal, ya que fue
              denunciado ante la Inquisición por «haber copiado un libro de astrología» y por tener
              un cuaderno «de cosas supersticiosas y hechicerías»<note place="bottom">Coronas Tejada
                (1991: 244).</note>. Durante la instrucción del caso el clérigo no negó la acusación
              y presento dócilmente ante el tribunal el libro y el cuaderno. Tras haberse realizado
              las preceptivas audiencias y las pruebas y consulta de fe, los inquisidores dictaron
              una sentencia de reprensión y ordenaron la confiscación de ambos objetos.</p>
            <p>El último documento relacionado con Francisco del Villar arroja una sombra
              inquietante sobre su figura, ya que da cumplida noticia de su asesinato, perpetrado
              seguramente durante los primeros meses de 1639. Las <hi rend="i">Actas
                capitulares</hi> de la ciudad de Andújar conservan una copia de la solicitud
              presentada el viernes 10 de junio de 1639 por Luis del Villar y Bago, regidor perpetuo
              de Andújar, su hermana doña Eufrasia del Villar y su sobrino don Manuel Salcedo
              Villar. En la misma se requiere la pena capital y una multa de diez mil ducados para
              Juan de Arenas y Manuel de Mestanza, huidos de la justicia, por «los malos
              tratamientos, heridas y muerte alevosa de don Francisco del Villar»<note
                place="bottom">Debo a la gentileza de don Vicente Maroto, responsable del Archivo
                Municipal de Andújar, la copia de este documento capital. Para una transcripción
                parcial del mismo puede verse Torres Laguna (1981: 100-101) y para una transcripción
                íntegra Ponce Cárdenas (2015: 67).</note>.</p>
          </div>
          <div>
            <head>2.2 Relieves literarios y perfil erudito</head>
            <p>El perfil literario y erudito de Francisco del Villar se incardina en el marco de la
              polémica gongorina desde sus inicios, ya que el texto impreso más conocido de este
              ingenio se halla precisamente en las <hi rend="i">Cartas Philológicas, es a saber de
                Letras Humanas, varia erudición, explicación de lugares, lecciones curiosas,
                documentos poéticos, observaciones, ritos y costumbres y muchas sentencias
                exquisitas</hi>. Esta conocida obra del murciano Francisco Cascales vio la luz en
              Madrid, en las prensas de Luis Verós, en el año 1634, aunque debió de redactarse
              varios años atrás. Así lo indica la aprobación del Doctor Sancho Pérez Colodro,
              fechada en Cartagena el 12 de diciembre de 1626, y la ratificación del Consejo Real,
              que se data en Madrid el 25 de marzo de 1627<note place="bottom">Véase la edición
                digital de las tres misivas, cuidada por Margherita Mulas
                (1634_cartas-filologicas).</note>.</p>
            <p>Por cuanto nos atañe, la epístola VIII de la <hi rend="i">Década Primera</hi> estaba
              dirigida <hi rend="i">Al licenciado Luis Tribaldos de Toledo</hi> y abordaba un
              argumento muy debatido entonces: <hi rend="i">Sobre la obscuridad del Polifemo y
                Soledades de don Luis de Góngora</hi>. Parece lícito sospechar que alguien del
              entorno murciano de Cascales, vinculado anteriormente a la ciudad de Andújar, debió de
              pasar una copia de dicha misiva a Villar. La hipótesis más plausible es que ese
              intermediario fuera el maestro de la Orden Trinitaria fray Juan Ortiz de Atienza
              (Granada, 1580 – Sevilla, 1636), que había ocupado el cargo de ministro del convento
              trinitario de Andújar y con posterioridad ejerció las mismas funciones en el convento
              de Murcia. En su <hi rend="i">Diccionario de escritores trinitarios de España y
                Portugal</hi> (1899), fray Antonino de la Asunción recogió una sucinta biografía de
              este oscuro ingenio andaluz:</p>
            <p rend="margin noindent">Fue hijo de Granada, Doctor por su Universidad y Catedrático
              de la misma durante muchos años, Consultor y Calificador del Santo Oficio, Ministro
              sucesivamente de los Conventos de Málaga, Jerez de la Frontera, Córdoba, dos veces de
              Andújar, de Murcia y Granada, Visitador de su Provincia de Andalucía y, por último,
              Vicario General y Provincial.</p>
            <p rend="margin noindent">Su argumento fue el más temido y celebrado en las escuelas y
              sus sermones aplaudidos por un lúcido y numeroso auditorio. El Padre Ortiz sacó
              excelentes discípulos en cátedra y púlpito.</p>
            <p rend="margin noindent">El padre fray Agustín Muñoz, […] en la aprobación que dio al
              elogio fúnebre predicado por el padre fray Basilio de Sotomayor en las honras del
              Padre Ortiz trae unos versos del padre fray Francisco de Guadarrama en que a dicho
              Padre Ortiz se le atribuye ‘ingenio divino, heroico, grave, raro, sutil y suave’.
              Estando predicando una Cuaresma, fue sorprendido de una lenta calentura que, sin
              cumplir dos años de Provincial, le llevó a la tumba. Acudieron a sus honras y entierro
              todas las órdenes religiosas y nobleza de Sevilla, donde murió a la edad de 56 años;
              […] se celebró dicha función el día 25 de abril de 1636. Escribió muchas materias
              teológicas y predicables pero no sabemos que tenga algo impreso<note place="bottom"
                >Asunción (1898: vol. II, 174-175). Pese a que el erudito decimonónico apunta que
                «no sabemos que tenga algo impreso», hay documentos de su actividad como orador
                sacro. Lo revela García Soriano (1961: vol. II, 135-136), indicando que fray Juan
                Ortiz publicó una obra <hi rend="i" xml:lang="es">Sermón publicado en el convento de
                  la Santísima Trinidad de Granada, en una fiesta que en él hizo de la Inmaculada
                  Concepción de la Virgen nuestra señora, domingo, veinte de diciembre, año 1615,
                  por el Reverendo Padre Maestro Fray Iuan Ortiz, de la dicha orden, catedrático en
                  Santa Teología</hi> (Granada: Martín Fernández, 1616). </note>.</p>
            <p/>
            <p rend="noindent">El hecho de que fray Juan <anchor xml:id="_GoBack"/>Ortiz de Atienza
              fuera el presumible intermediario que pasó al clérigo iliturgitano copia de la misiva
              de Cascales a Tribaldos explicaría quizá que la <hi rend="i">Carta</hi> IX recogida en
              el volumen de Cascales sea precisamente de: <hi rend="i">Don Francisco del Villar al
                padre maestro fray Joan Ortiz, ministro de la Santísima Trinidad en Murcia, sobre la
                carta pasada de los Polifemos</hi>. Como nueva hipótesis cabría suponer que el
              propio Ortiz dejó que Cascales leyera la pequeña apología gongorina que trazó el
              maestro de Andújar, actuando así como desencadenante del texto conclusivo. En efecto,
              este curioso círculo misivo se acabaría cerrando con la definitiva <hi rend="i"
                >Epístola X</hi>, encaminada directamente <hi rend="i">A don Francisco del
                Villar</hi> por el licenciado Francisco Cascales.</p>
            <p>La cronología que se ha atribuido a este curioso cruce de cartas con intermediarios
              fantasma oscila entre varias propuestas. Para Juan Matas Caballero cabría situarla
              entre los últimos meses de 1616 y 1621<note place="bottom">Matas Caballero (1990:
                69).</note>. Por su parte, Joaquín Roses Lozano plantea una cronología similar,
              ubicando el intercambio de epístolas «desde el año 1615 al 1621»<note place="bottom"
                >Roses Lozano (1994: 42).</note>. En la más reciente aportación sobre el asunto,
              Margherita Mulas subraya que</p>
            <p rend="margin noindent">[D]atar las tres cartas entre Cascales y Villar resulta una
              tarea espinosa, ya que en ninguna de ellas consta el año en que fueron enviadas. La
                <hi rend="i">Epístola VIII</hi> tiene como única referencia “13 de enero”, mientras
              que la X se refiere al “15 de noviembre”. Finalmente, en la IX, redactada por Villar,
              no figura ninguna fecha.</p>
            <p/>
            <p rend="noindent">En la propuesta de Mulas se toma en cuenta un nuevo dato relevante:
              la estancia de fray Juan Ortiz de Atienza en el convento trinitario de Murcia, que
              discurrió durante el trienio 1617-1620<note place="bottom">Porres Alonso (2005:
                147-148).</note>. A la luz de esta información sería factible ubicar la
              correspondencia entre Villar y Ortiz durante esos tres años (carta IX), lo que
              implicaría que la carta VIII de Cascales a Tribaldos podría fecharse en torno a
              1616-1620. Por último, la epístola X, enviada por Cascales a Villar tendría una
              datación igualmente incierta, acaso posterior a 1621 y anterior a diciembre de
              1626.</p>
            <p>Como se ha visto, la salida de Francisco del Villar a la palestra literaria lo sitúa
              aproximadamente entre 1617 y 1626 como un adalid del nuevo estilo gongorino en el
              reino de Jaén. A esa primera faceta de Villar como actor de la polémica viene a
              añadirse ahora el importante papel que jugó en Andújar como promotor de justas
              poéticas en el marco de diversas festividades. Tal como ha estudiado Aurelio
              Valladares Reguero, en dicha localidad jiennense se produjo «un alto número de
              celebraciones festivas en las que tanto los conventos religiosos como el cabildo de la
              ciudad no regatearon esfuerzos para reunir todo tipo de elementos, religiosos y
              profanos, orientados a conseguir la solemnidad que cada evento conmemorado
                requería»<note place="bottom">Valladares Reguero (2008: 140). Sobre la figura de
                Francisco del Villar, véanse especialmente las p. 143-146 de este
              estudio.</note>.</p>
            <p>
              <space rend="tab"> </space>
              <figure>
                <graphic
                  url="Ponce Cardenas 21-1-2015 - Para Conclave-img/100000000000010400000195F7C00703.jpg"
                />
              </figure>
              <space> </space>
              <figure>
                <graphic
                  url="Ponce Cardenas 21-1-2015 - Para Conclave-img/1000000000000164000001A41993D492.jpg"
                />
              </figure>
            </p>
            <p rend="noindent">En ese marco festivo, los principales impresos conocidos de Francisco
              del Villar revelan el destacado papel que desempeñó en su ciudad natal entre 1627 y
              1635: <hi rend="i">Relación de la fiesta que celebró el muy observante convento de San
                Francisco de Andújar, al glorioso San Pedro Baptista y sus compañeros, primeros
                Mártires del Japón. Dispuesta por el M. D. Francisco del Villar y dedicada a la muy
                noble y leal ciudad de Andújar</hi> (Granada: Martín Fernández, 1629.)<note
                place="bottom">Puede verse el ejemplar de la Biblioteca de la Academia de la
                Historia, Papeles Varios. Tomo XIX, con signatura 9-29-1-5755 (carece de los folios
                13-16 y 41-42). No he podido consultar el ejemplar custodiado en la biblioteca de la
                catedral de Córdoba con la signatura 1211. Da importante noticia de estos impresos
                Valladares Reguero (1997). Se localiza otro resumen de tales fiestas en el texto del
                médico andujareño Montoro García (1923a, 1923b y 1923c).</note>; <hi rend="i"
                >Relación del solemne recebimiento que en la ciudad de Andújar se hizo a una imagen
                de la Concepción de la Virgen Nuestra Señora. Por el Maestro Don Francisco del
                Villar</hi> (Jaén: Francisco Pérez de Castilla, 1633); <hi rend="i">Fiestas a la
                conducción del agua y primeras fuentes de la Ciudad de Andújar, por cuyo mandato el
                Maestro Don Francisco del Villar, Vicario Perpetuo y Comisario Apostólico de la
                Santa Cruzada de este Arciprestazgo las copió</hi> (Granada: Martín Fernández,
                1629)<note place="bottom">
                <p rend="noindent">Con la mediación del doctor Rafael Bonilla Cerezo he intentado
                  consultar estos opúsculos, de los que sólo hay una copia completa en la biblioteca
                  de la catedral de Córdoba. Aparentemente están en un volumen facticio, con un
                  tercer impreso que también presenta algún interés. Debido a cuestiones de
                  funcionamiento interno de dicha biblioteca, me ha sido imposible acceder a los
                  textos. A partir de los estudios de Valladares, con todo, sabemos que se conservan
                  los impresos de dos justas poéticas, cuyo texto redactó Francisco del Villar. La
                  primera de las mismas se celebró en 1627 y dio lugar a la <hi rend="i">Relación de
                    la Fiesta que celebró el muy observante Convento de San Francisco de Andújar al
                    glorioso San Pedro Baptista y sus compañeros, primeros Mártires del Japón.
                    Dispuesta por el Maestro D. Francisco del Villar</hi> (Granada: Martín
                  Fernández, 1629). La segunda justa tuvo lugar en 1633 y vio las prensas en el
                  volumen de <hi rend="i">Fiestas a la conducción del agua y primeras fuentes de la
                    ciudad de Andújar. Por cuyo mandato el maestro don Francisco del Villar, Vicario
                    Perpetuo, Comisario Apostólico de la Santa Cruzada de este Arciprestazgo cuidó y
                    dedica a la Purísima Concepción de Nuestra Señora y al gran Patriarca San
                    Francisco, al milagroso San Antonio de Padua, a los invencibles Mártires del
                    Japón, San Pedro Bautista y sus compañeros</hi> (Granada: Martín Fernández,
                  1635). Por otra parte, gracias a los generosos desvelos de Jaime Galbarro podemos
                  dar nueva noticia de textos vinculados a Villar y su familia, ya que en el volumen
                  de los <hi rend="i">Discursos de las effigies y verdaderos retratos non manufactos
                    del santo rostro y cuerpo de Christo</hi> de Juan de Acuña del Adarve (Impreso
                  en Villanueva de Andújar: en las casas del autor, por Iuan Furgolla de la Cuesta,
                  1637) el profesor hispalense ha localizado un breve preliminar firmado por
                  Francisco del Villar en Andújar, en julio de 1636 (f. ¶¶1r), junto a una décima de
                  su sobrino Manuel Salcedo y Villar (f. ¶¶1v).</p>
                <p rend="noindent">Obligado es asimismo que citemos la obra de Manuel Salcedo del
                  Villar <hi rend="i">Relación de las fiestas que hizo la muy noble, y muy leal
                    ciudad de Anduxar. A la beatificacion del glorioso patriarca s. Juan de
                    Dios...</hi>, Jaén: Francisco Pérez de Castilla, 1631 (BNE, VE/131/24).</p>
              </note>.</p>
            <p>La dedicación ocasional de Francisco del Villar a la poesía de tema sacro emerge de
              estos curiosos impresos, así como el reconocimiento a sus méritos que le tributaron
              sus coterráneos. En la Justa celebrada el 13 de junio de 1627 para honrar la memoria
              de los protomártires del Japón Villar participó en cuatro de los cinco certámenes que
              se convocaron. Obtuvo en aquella lid dos galardones: en el certamen segundo consiguió
              el primer premio, en el tercero alcanzó el segundo.</p>
            <p>Si seguimos avanzando en la cronología de las obras de Francisco del Villar, en torno
              a los años 1635-1636 cabría situar la redacción de su <hi rend="i">Compendio
                poético</hi> en elogio y defensa de la obra de Góngora, del que apenas conservamos
              hoy un fragmento con dos de sus proposiciones.</p>
            <p>Tenemos noticia de otra obra suya perdida, relacionada con el campo de la erudición
              local y anticuaria. Dicho dato se encuentra en la <hi rend="i">Bibliotheca formada de
                los libros y obras públicas de don Joseph Pellicer de Ossau y Tovar</hi> (Valencia:
              Gerónimo Vilagrasa, 1671-1676) un curioso impreso donde el polémico ingenio aragonés
              conservó preciosa noticia del tratadito de Villar. Al leer en dicho volumen la sección
              consagrada a las diferentes <hi rend="i">Obras que han dedicado a don Joseph Pellicer
                diversos autores</hi>, la cuarta entrada, con fecha de 1639, arroja la información
              siguiente:</p>
            <p rend="margin noindent"><hi rend="i">Discurso Apologético en el cual se prueba que la
                población que antiguamente se llamaba Iliturgi o Forum Iulium es hoy la ilustre
                Ciudad de Andújar.</hi> Dedicósela a don Joseph Pellicer, en treinta párrafos, el
              maestro don Francisco del Villar, su natural, y todo su contenido. Es la dedicatoria
              con muy hermoso estilo, muy individuales noticias de la Historia y la Geografía
                Antigua<note place="bottom">Pellicer (1671: f. 150v-151r).</note>.</p>
            <p/>
            <p rend="noindent">A la luz de la datación que en la <hi rend="i">Bibliotheca</hi> de
              Pellicer se atribuye al estudio anticuario de tema iliturgitano, podría confirmarse
              con bastante probabilidad que Villar envió una copia manuscrita al cronista real su
                <hi rend="i">Discurso apologético</hi> en los primeros meses de 1639, poco antes de
              morir asesinado a manos de Juan de Arenas y Manuel de Mestanza<note place="bottom"
                >Como generosamente me hace notar Jaime Galbarro, Nicolás Antonio da noticia de este
                texto manuscrito en su <hi rend="i">Bibliotheca Hispana Nova</hi> (1788: II, 625).
                Se incluye la referencia en la sección de las <hi rend="i">Humaniores
                  Disciplinae</hi>, en el apartado de los <hi rend="i">Noviores Scriptores
                  Illustrati</hi>. </note>.</p>
          </div>
          <div>
            <head>
              <hi>¿Un círculo gongorino disperso en el reino de Jaén? </hi>
            </head>
            <p>Hasta donde se me alcanza, ningún estudio ha tratado de apuntar un posible contacto
              entre los partidarios de Góngora vinculados a diversos enclaves del reino de Jaén.
              Gracias a los documentos exhumados en fechas recientes<note place="bottom">Ponce
                (2015: 40-42 y 67-72).</note>, podemos acreditar hoy las estancias del clérigo
              Francisco del Villar en Andújar, Santisteban del Puerto y en Villanueva de la Reina,
              siguiendo un itinerario vital que pudo propiciar el trato personal con otros autores
              aficionados al nuevo estilo. Tampoco ha de olvidarse cómo diversos ingenios
              provenientes de varias localidades de la región participaron en las justas
              iliturgitanas organizadas por Villar entre 1627 y 1635.</p>
            <p>El conocimiento de los partidarios de la corriente gongorina en el reino de Jaén
              resulta todavía muy incompleto. Éste apenas se limita a alguna sucinta alusión, como
              la que hallamos en el famoso listado de partidarios que figura en los folios 18-19 del
              manuscrito 3893 de la BNE. Allí puede leerse en el quincuagésimo cuarto lugar la
              alusión a un misterioso personaje, del que nada más se sabe: «N de Cuenca, varón
              erudito, catedrático de buenas letras en Jaén, en particular tratado que escribió
              ilustrando algunas obras de Góngora y explicando su estilo. Téngolo original»<note
                place="bottom">Ryan (1953: 431). Es probable que la N. sea un error, en lugar de M.,
                inicial de Maestro.</note>. Hace varias décadas todavía no se había identificado a
              este «catedrático» y se carecía de información sobre el «original» manuscrito que
              compuso «ilustrando algunas obras» gongorinas. Podemos avanzar aquí que existen visos
              de que se trate realmente del maestro Francisco de Cuenca (Torredonjimeno, 1584- Jaén,
              1637), que ostentó la Cátedra de Gramática de la iglesia Catedral entre 1606 y 1636.
              Ejerció sus funciones docentes como maestro de clérigos en la propia sede catedralicia
              y también dio clases a niños de familias humildes en su propio domicilio, en la Casa
              de Pupilos, sita en la calle Pedro Serrano Alférez.</p>
            <p>El maestro Francisco de Cuenca tenía contactos con varios autores vinculados a la
              Academia Granadina. Ello puede explicar su amplia participación en las solemnes <hi
                rend="i" xml:lang="es">Honras funerales a doña Margarita de Austria</hi>, convocadas
              por la ciudad de Granada<note place="bottom">Las cuatro composiciones (un soneto
                preliminar, una canción funeral y dos sonetos luctuosos) del Licenciado Francisco de
                Cuenca pueden leerse en la moderna edición cuidada por Morata (2013: 13 y
                49-54).</note>. Otro dato de cierto relieve es que mantuvo correspondencia con
              Francisco Cascales: el erudito murciano le dirigió la segunda epístola de la <hi
                rend="i" xml:lang="es">Tercera Década</hi> de sus <hi rend="i" xml:lang="es">Cartas
                filológicas</hi> (Murcia: Luis Verós, 1634)<note place="bottom">De hecho Ryan (1953:
                464) intuyó tal posibilidad: «De estos comentarios no sabemos nada más. ¿Sería su
                autor el licenciado Fernando de Cuenca, maestro de Humanidades en la ciudad de Jaén,
                a quien va dirigida la epístola III de Cascales?». Aunque parezca increíble, en una
                sola frase llegan a acumularse dos errores de calado. El verdadero destinatario al
                que mandó desde Murcia una misiva Cascales era el «Licenciado Francisco de Cuenca,
                maestro de Humanidades en la ciudad de Jaén» (como puede leerse en la edición de
                1634 de las <hi rend="i" xml:lang="es">Cartas filológicas</hi>, en el folio 101 r.).
                Así pues, el nombre de pila de este personaje hoy bien conocido era Francisco, no
                Fernando. En segundo lugar, también la ubicación del texto se identifica de forma
                incorrecta, ya que no se trata de la «Epístola III», sino de la «Epístola II» de la
                  <hi rend="i" xml:lang="es">Década tercera</hi> de las <hi rend="i" xml:lang="es"
                  >Cartas filológicas</hi> (en la edición de 1634 el texto de la misiva se ubica
                entre los f. 101r-104r). Desafortunadamente, el extraño error cometido por Ryan se
                ha reiterado posteriormente, ya que aparece en el «Anexo» sobre la polémica recogido
                por Robert Jammes (1994: 716) en la edición de las <hi rend="i" xml:lang="es"
                  >Soledades</hi>: «N. de Cuenca, que pudiera ser Fernando de Cuenca, quien hizo
                otras ilustraciones».</note>. Se conocen además otras varias composiciones de su
              estro poético, ya que participó en las <hi rend="i" xml:lang="es">Justas a la
                Inmaculada</hi> convocadas por la Universidad de Baeza y en las <hi rend="i"
                xml:lang="es">Justas a la Virgen de Alba</hi> organizadas por la Compañía de Jesús.
              Dio a las prensas un interesante <hi rend="i" xml:lang="es">Ramillete de Flores, que
                es un Panegírico Trilingüe dicho a la Virgen Santísima</hi> (Osuna: Juan Serrano de
              Vargas, 1622)<note place="bottom">Juan Moreno Uclés (2015) ha descrito el contenido de
                este curioso opúsculo en los términos siguientes: «Las composiciones marianas, en
                lengua latina de Francisco de Cuenca, destacan por el original ejercicio de
                erudición, pleno dominio de las lenguas clásicas, amplitud de conocimientos
                literarios y culturales de ambas lenguas, que utiliza mayoritariamente en <hi
                  rend="i" xml:lang="es">Epigramas</hi> de encomio a la Virgen María, contraponiendo
                nociones de la literatura pagana. [El <hi rend="i" xml:lang="es">Ramillete de
                  Flores</hi> es] una obra trilingüe (latín, toscano y castellano) […] cuyo único
                ejemplar conocido se conserva en la Hispanic Society de Nueva York. Representa una
                muestra de la devoción que profesaba la ciudad de Jaén a la milagrosa imagen de Nª
                Sª de Alba, estrechamente vinculada a la presencia de la Compañía de Jesús en Jaén y
                su docencia, [una] imagen venerada en la iglesia de los jesuitas, actual Paraninfo
                del Conservatorio de Música. <hi rend="i" xml:lang="es">Ramillete de flores</hi> es
                [también el título del] sermón que predicó Francisco de Cuenca con motivo de la
                consagración del altar a la Virgen de Alba, el 27 de abril de 1617. En forma de
                preámbulo inserta la bella «Canción a la Concepción de nuestra Señora», de 60
                versos, y seis chanzonetas a los santos jesuitas, Ignacio y Francisco Javier; todas
                ellas manuscritas. El contenido del sermón está compuesto en un latín barroco, pero
                elegante. Comienza explicando el versículo de Isaías “Virga Jese floruit”, [Floreció
                la vara de Jesé]; lo explica, no según la tradición, aceptada como la genealogía de
                Jesús a partir de Jesé [Jesé en el griego de la versión de Los Setenta, Isaí en
                hebreo], el padre del rey David. Más bien, lo explica como la genealogía de María
                según san Jerónimo, como lo hace el Libro de Horas de Gante de principios del siglo
                XVI. En su desarrollo, intercala versos originales de Juvenal, Ovidio, Tibulo,
                Catulo, párrafos de la Invectiva contra Salustio de Cicerón, Sentencias de las
                Epístolas Morales de Séneca, de Platón, de la Ética de Aristóteles; ejemplifica con
                textos de san Martín de Braga, de san Ambrosio, san Agustín y poetas [italianos],
                como Ludovico Ariosto o Giovanni Botero. Las flores que va ofreciendo a María en el
                  <hi rend="i" xml:lang="es">Ramillete</hi> son la fe, esperanza y caridad, con
                abundante casuística comparativa, donde muestra a la Virgen llena de tales virtudes
                teologales. Continúa con las cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
                Añade una flor nueva, representativa de los países de América, la granadina de
                Méjico y aporta una bella poesía en castellano. Para terminar comenta la cita del
                Apocalipsis «una mujer revestida del sol, la luna debajo de sus pies y sobre su
                cabeza una corona de doce estrellas». Concluye con un soneto y una pequeña canción
                al estilo castellano de 30 versos». Tomo la cita de la entrada dedicada al <hi
                  rend="i" xml:lang="es">Ramillete de flores</hi> en el portal de Humanismo
                Giennense, elaborado por el Grupo de Investigación HUM 669 (PAI).</note>. El estilo
              de los versos del maestro Francisco de Cuenca rinde homenaje a la tersura del modelo
              de Garcilaso y a las innovaciones estilísticas acuñadas por Góngora<note
                place="bottom">Moreno Uclés (2010). Entre las composiciones religiosas de Francisco
                de Cuenca, de largo contenido, son dignas de mención las dos que están incluidas en
                BNE, ms. 17.717, titulado <hi rend="i" xml:lang="es">Poesía mística de algunas cosas
                  espirituales de Lope de Vega con otras de diferentes autores</hi>. Se trata de una
                  <hi rend="i" xml:lang="es">Canción a Cristo Crucificado</hi> y <hi rend="i"
                  xml:lang="es">Canción a Sta. Ana</hi>, al estilo de los <hi rend="i" xml:lang="es"
                  >Triunfos divinos</hi> del propio Lope.</note>.</p>
            <p>
              <figure>
                <graphic
                  url="data:image/jpeg;base64,/L1VzZXJzL3NhcmFwZXp6aW5pL0Rlc2t0b3AvUG9uY2UgQ2FyZGVuYXMgMjEtMS0yMDE1LmpwZw"
                />
              </figure>
              <space> </space>
              <figure>
                <graphic
                  url="Ponce Cardenas 21-1-2015 - Para Conclave-img/1000000000000175000001F409B49BC6.jpg"
                />
              </figure>
            </p>
            <p>Pasando del ámbito nebuloso de los textos perdidos al terreno firme de los textos
              conservados, aunque sea de forma parcial, conviene tener presente que el <hi rend="i"
                xml:lang="es">Compendio poético</hi> de Villar no fue la única apología gongorina
              redactada en aquel territorio, ya que también debieron de escribirse allí,
              presumiblemente entre 1623 y 1626, los <hi rend="i" xml:lang="es">Diálogos en que se
                contienen varias materias y se explican algunas obras de don Luis de Góngora</hi>.
              Aunque el autor de esta curiosa miscelánea permanezca todavía anónimo, el arranque del
                <hi rend="i" xml:lang="es">Diálogo primero</hi> sitúa precisamente el marco del
              encuentro en unos parajes muy concretos de aquel entorno: «En la fresca ribera del
              caudaloso arroyo, pequeño pero no pobre río Candelebraje, casi a la misma boca de
              aquel milagroso estrecho que llaman Cerradura, miraban atentamente una mañana de julio
              Firmio y Valeriano sus cristalinas aguas […]». Este significativo hidrónimo no fue
              identificado por Francesca dalle Pezze en la edición moderna de esta obra, aunque
              podemos señalar ahora que remite a un contexto muy claro. Un estudio geográfico del
              siglo XIX proporciona los siguientes datos del mismo:</p>
            <p xml:lang="es"/>
            <p rend="margin noindent">Las dehesas de las Yeguas de Jaén son de tierra muy quebrada y
              montuosa, compuesta de peñascos y riscos elevados, vestidos de encinas, chaparros,
              lentiscos, espinos, cornicabras, madroños, quejigos, pinares y otros muchos árboles
              silvestres: bajan de sus vertientes muchas aguas que forman el río Candelebraje, el
              cual corre de Sur a Norte a pasar por la abertura o tajo de la peña de la Brincola,
              más elevado y más estrecho su fondo que el de la puerta de Arenas, y se junta con el
              de Riofrío, que sale por otro tajo muy semejante antes del puente de la sierra y toma
              el nombre de río de Jaén, llamado vulgarmente Guadalbullón<note place="bottom">Tomo la
                cita del tomo V de Miñano (1826: 84).</note>.</p>
            <p/>
            <p>Junto al hidrónimo («Candelebraje») se cita asimismo en la <hi rend="i" xml:lang="es"
                >cornice</hi> inicial de estos <hi rend="i" xml:lang="es">Diálogos</hi> de asunto
              gongorino un topónimo de singular relevancia: el «estrecho que llaman Cerradura». No
              parece arriesgado inferir que el topónimo puede vincularse a una pequeñísima localidad
              de población dispersa en la misma región. En las proximidades del parque natural de
              Sierra Mágina se ubica una aldehuela llamada La Cerradura, que se encuentra entre la
              Sierra de la Pandera y Sierra Mágina, en las proximidades del curso del
              Guadalbullón.</p>
            <p>Por cuanto ahora nos interesa, Francesca dalle Pezze, la moderna editora de los <hi
                rend="i" xml:lang="es">Diálogos en que se contienen varias materias y se explican
                algunas obras de don Luis de Góngora</hi>, ha avanzado la hipótesis de que este
              curioso texto misceláneo, protagonizado por cuatro interlocutores (Firmio, Valeriano,
              Antonio y Lucindo), esté relacionado con el contexto jiennense de una «academia» o de
              «unas justas literarias»<note place="bottom">Dalle Pezze (2007: 10).</note>. Sería
              interesante que en el curso de investigaciones ulteriores afloraran datos sobre el
              desconocido autor de esta miscelánea que incorpora varios apartados en elogio y
              defensa de Góngora, ya que probablemente nos permitiría avanzar en el conocimiento del
              círculo gongorino disperso por las principales ciudades del reino de Jaén.</p>
            <p>Habida cuenta de los contactos fomentados a menudo por la proximidad geográfica, creo
              que tampoco debería descartarse una conexión probable entre Francisco del Villar y
              García de Salcedo Coronel. De hecho poseemos cumplida noticia de la continua relación
              que el famoso comentarista gongorino mantuvo entre 1616 y 1639 con varias villas y
              ciudades del reino de Jaén, tal como prueba la cuantiosa documentación conservada en
              el archivo de los condes de Luque. Durante las diversas estancias que el autor de los
                <hi rend="i" xml:lang="es">Cristales de Helicona</hi> realizó por tierras jiennenses
              parece bastante posible que en alguna ocasión mantuviera cierto trato (ya directo, ya
              epistolar) con el apologista gongorino de Andújar. Con fecha de 23 de octubre de 1619,
              un documento explicita que Salcedo Coronel estaba por aquel entonces avecindado en el
              reino de Jaén: «Escritura otorgada por García de Salcedo Coronel, vecino de Linares, a
              favor de Martín de Labrid, de veinticuatro ducados y tres reales y medio, por el
              arrendamiento de una casa en la ciudad de Baeza». Pienso también en otro tipo de
              documentación que remacha una relación bastante estrecha y continua en el tiempo con
              el entorno jiennense. Baste, por ahora, evocar la escritura de compraventa de un
              oficio de regidor de la villa de Linares, otorgada por Salcedo Coronel a favor de
              Rodrigo de Benavides y Francisco Barragán (datada en 1620-1621); la escritura de
              obligación de pago de trescientos ducados por él otorgada a favor de Lope Sánchez de
              Valenzuela, veinticuatro de Baena, por la compra de un caballo (1616-1617) o la real
              cédula de Felipe IV otorgada para que García de Salcedo Coronel pueda tomar el hábito
              de Santiago en la ciudad de Baeza, sin desplazarse al convento por estar enfermo
              (1639). En otro orden de asuntos, tampoco debe olvidarse que entre las obras de
              erudición que Salcedo Coronel tenía en el telar cuando le asaltó la muerte figura un
              tratado de significativo título: <hi rend="i" xml:lang="es">Aparatos de la Historia de
                Baeza</hi><note place="bottom">Sobre la figura del comentarista gongorino, puede
                consultarse ahora la tesis doctoral de García Jiménez (2014: 7-28). El apartado
                primero de esta investigación se dedica a la «Vida» del comentarista. Conviene tener
                en cuenta que en este interesante esbozo biográfico, de indudable calidad, no se han
                considerado los abundantes datos procedentes de la numerosa documentación del
                Archivo de los Condes de Luque. Una somera descripción de la misma puede leerse en
                PARES. </note>.</p>
            <p>En suma, entre los muchos puntos nebulosos que aún plantea la polémica gongorina
              sería deseable que en futuros estudios se aborde con detenimiento el análisis de las
              posibles redes locales vinculadas al reino de Jaén, donde destacan los perfiles de
              Francisco del Villar, Francisco de Cuenca, García de Salcedo Coronel y el todavía
              ignoto autor de los <hi rend="i" xml:lang="es">Diálogos</hi>.</p>
          </div>
        </div>
        <div>
          <head>3. [Cronología] Elementos para una datación aproximativa</head>
          <p>Varias referencias explícitas así como algunas alusiones dispersas permiten situar la
            redacción del <hi rend="i">Compendio poético</hi> en torno a 1635-1636. El propio
            encabezamiento del códice le atribuye una datación imprecisa, en la década de 1630:
            «Copia de unos capítulos de un libro manuscrito escrito por Don Francisco del Villar […]
              <hi rend="i">por los años de 1630</hi>». Dicho detalle se ve confirmado por una
            afirmación recogida en la página 71 del manuscrito: «Con atención <hi rend="i">hoy en el
              año de 635</hi>».</p>
          <p>En el estudio pionero sobre este manuscrito, Jean Canavaggio trató de concretar aún más
            la datación al identificar varias referencias interesantes:</p>
          <p rend="margin noindent">En ce qui concerne la date exacte de ce texte, une allusion (p.
            71) à la <hi rend="i">Fama póstuma</hi> de Lope de Vega nous donne à penser qu’il est
            postérieur à 1636. Une autre allusion (page 72) à Pérez de Montalbán, permet de croire
            qu’il a été rédigé avant 1638, année de la mort de l’auteur du <hi rend="i"
              xml:lang="fr">Para todos</hi>. Francisco del Villar a donc vraisemblablement achevé
            son <hi rend="i" xml:lang="fr">Compendio</hi> entre 1636 et 1637<note place="bottom"
              >Canavaggio (1965: 248).</note>.</p>
          <p/>
          <p>Por su parte, Robert Jammes propuso una cronología bastante similar en la entrada LVII
            de su catálogo: «1636-1638»<note place="bottom">Jammes (1994: 703).</note>.</p>
          <p>Conviene recordar aquí el pasaje exacto donde se hallan las referencias de valor
            temporal más significativas. Dicho fragmento se localiza entre las páginas finales de la
            obra (71-73):</p>
          <p rend="margin noindent">Con atención hoy en el año de 635 las voces que a fuerza de bien
            ponderados conceptos y no vistos aplausos dieron el principado de la poesía española y
            laurel de Apolo (sin guardar a nadie la casa) al genio más abundante de nuestro siglo, a
            la dulzura más fácil y conceptuosa que vieron los pasados. Lope de Vega Carpio abonó no
            solamente de su fama, sino de cuantas cosas le prohijaron el nombre. Pero nadie ignora
            que los créditos de los poetas tienen menos jurisdicción en la verdad que en el deleite.
            Luciósele en tan celebradas honras la protección del más glorioso mecenas, el
            excelentísimo duque de Sessa, y la piedad del más cortés y agradecido discípulo, el
            doctor Juan Pérez de Montalbán, que cuando más lastimosamente nos da a sentir aquella
            muerte, nos consuela con mostrarse substituto de su espíritu. La barra tiraron los
            hipérboles hasta donde no creyeron llegar las agudezas, pero ya que en aquel libro viven
            imperiosamente embargadas todas las alabanzas y ocupados los encarecimientos [en nota
            marginal: <hi rend="i">Fama póstuma de Lope</hi>] y ya que la diligencia ejecutó
            créditos tan cortesanos, valgámonos aquí de las demostraciones, pues nos las dejan
            libres.</p>
          <p/>
          <p rend="noindent">En este elocuente párrafo se habla del óbito reciente de Félix Lope de
            Vega y Carpio, fallecido en Madrid el veintisiete de agosto de 1635. También se alude en
            estas líneas a las «tan celebradas honras» funerales patrocinadas por su mecenas y
            albacea, el duque de Sessa, que fueron seguidas por miles de personas en la villa y
            corte. Por último, se menciona «aquel libro» cuidado por «el más cortés y agradecido
            discípulo de Lope», el doctor Juan Pérez de Montalbán, un volumen donde «viven
            imperiosamente embargadas todas las alabanzas y ocupados los encarecimientos». Ese texto
            aludido se identifica en una nota escrita al margen: «Fama póstuma de Lope» (p. 72).</p>
          <p>Como es sabido, tras las solemnes exequias del dramaturgo, Montalbán reunió en poco más
            de tres meses textos laudatorios de 153 autores para eternizar la memoria y virtudes de
            Lope, que vieron la luz bajo el solemne título de <hi rend="i">Fama póstuma a la vida y
              muerte del doctor frey Lope Félix de Vega Carpio y elogios panegíricos a la
              inmortalidad de su nombre. Escritos por los más esclarecidos ingenios, solicitados por
              el doctor Juan Pérez de Montalbán, que al excelentísimo señor duque de Sessa, heroico,
              magnífico y soberano mecenas del que yace, ofrece, presenta, sacrifica y consagra</hi>
            (Madrid: en la Imprenta del Reino, año 1636. A costa de Alonso Pérez de Montalbán,
            Librero de su Majestad)<note place="bottom">Véase la excelente edición crítica cuidada
              por Di Pastena (2001). De obligada consulta es asimismo la aportación crítica de
              Blanco (2014).</note>. Los paratextos de la obra arrojan alguna información adicional
            sobre el proceso de formación del luctuoso volumen encomiástico. El maestro José de
            Valdivielso firmó la «Censura panegírica» en Madrid el dos de diciembre de 1635; la Suma
            del Privilegio fue otorgada por Francisco Gómez de Lasprilla el 22 de diciembre de 1635;
            el Licenciado Murcia de la Llana firmó la Fe de erratas el 14 de febrero de 1636; la
            oficina de Diego González de Villarroel refrendó la Suma de la tasa el 20 de febrero de
            1636 y, por último, fray Ignacio de Vitoria concedió la Aprobación final el 20 de
            febrero de 1636.</p>
          <p>Sin duda, a través de cartas o relaciones de sucesos la noticia de la muerte de Lope y
            la concurrida celebración de sus exequias solemnes debió de llegar a Andújar a finales
            del verano o inicios del otoño de 1635. Por esas mismas fechas Villar pudo acaso tener
            una primera noticia sobre la preparación del volumen laudatorio concebido por Pérez de
            Montalbán, ya que éste debió de movilizar a los amigos y admiradores de Lope a lo largo
            y a lo ancho de la geografía peninsular. Dicho dato coincide exactamente con la
            referencia del códice: «Hoy en el año de 635». Ahora bien, en el caso de que Villar
            consultara ya impreso el tomo de la <hi rend="i">Fama póstuma</hi>, debe considerarse
            que como pronto lo pudo hacer en torno a marzo-abril de 1636, o quizá algunos meses más
            tarde.</p>
          <p>Tal como había señalado Canavaggio, se habla en estas líneas de Pérez de Montalbán como
            el más brillante discípulo <hi rend="i">vivo</hi> de Lope, por tanto la referencia
            parece indicar que el <hi rend="i">Compendio</hi> sería anterior al veinticinco de junio
            de 1638, fecha del óbito del compilador de la <hi rend="i">Fama póstuma</hi>. Ahora
            bien, quizá pueda inferirse otro dato a partir de esta frase elogiosa: «el doctor Juan
            Pérez de Montalbán, que cuando más lastimosamente nos da a sentir aquella muerte, nos
            consuela con mostrarse substituto de su espíritu»<note place="bottom">El sintagma
              «substituto de su ingenio» presenta una pequeña coincidencia con un detalle del inicio
              de la <hi rend="i" xml:lang="es">Censura panegírica del maestro Josef de
                Valdivielso</hi>, que abre la <hi rend="i" xml:lang="es">Fama póstuma</hi>: «Este
              libro de elogios y fama póstuma a honras de frey Lope Félix de Vega Carpio […] que ha
              solicitado y recogido a diligencias de sus agradecimientos el doctor Juan Pérez de
              Montalbán, primogénito del ingenio de Lope de Vega y primero en licencias en sus
              escuelas, respiración de su aliento y <hi rend="i" xml:lang="es">substituto de su
                pluma</hi>» (Lope 2001: 4).</note>. Dado que la «salud mental» del poeta y
            dramaturgo de la escuela lopesca «degenera a partir de 1636 y fallece tras dos años de
              demencia»<note place="bottom">Rubiera (2010).</note>, cabría pensar que Villar
            escribió tales líneas sin tener noticia alguna de la enfermedad mental de Pérez de
            Montalbán, lo que parece inclinar la balanza hacia una cronología temprana, en torno a
            1635-1636.</p>
          <p>Para apuntalar la cronología del <hi rend="i">Compendio poético</hi> de Francisco del
            Villar podría asimismo tomarse en consideración la cita de varios volúmenes aparecidos
            en fechas relativamente recientes. En efecto, el erudito de Andújar debió de haber
            consultado una obra anticuaria de Francisco de Barreda, <hi rend="i">El mejor príncipe
              Trajano Augusto</hi>, volumen impreso en Madrid en 1622 (p. 61). De similar relevancia
            para la datación me parece la cita referida a las <hi rend="i">Academias del
            jardín</hi>, ambicioso prosímetro que el murciano Salvador Jacinto Polo de Medina dio a
            las prensas en el año 1630.</p>
          <p>Otro pequeño detalle nos permitirá reflexionar sobre la fecha aproximada de redacción
            del <hi rend="i">Compendio poético</hi>, me refiero a la cita más temprana recogida en
            un impreso: la <hi rend="i">Égloga fúnebre</hi> (Sevilla: Simón Fajardo, 1638) de Angulo
            y Pulgar. El erudito de Loja constataba en sus páginas lo siguiente: «escriben por don
            Luis el Maestro Don Francisco del Villar, Juez de la Cruzada en Andújar, un <hi rend="i"
              >Compendio retórico y poético</hi>». Si es lícito sospechar que el autor de las <hi
              rend="i">Epístolas satisfactorias</hi> llegó a tener entre sus manos una copia
            manuscrita íntegra del texto de Villar, en torno a 1637-1638 la redacción del <hi
              rend="i">Compendio</hi> debía de estar ya concluida y habían circulado algunas copias
            del mismo entre los partidarios del estilo de Góngora.</p>
          <div>
            <head>
              <hi>El Compendio poético en la cronología general de la polémica</hi>
            </head>
            <p>Una aportación crítica reciente ha propuesto el «esbozo de una periodización» de la
              polémica gongorina, cuyas fechas extremas se corresponden aproximadamente con los años
                1613-1666<note place="bottom">Blanco (2013: 10-17).</note>. Conforme a dicho
              planteamiento, podrían identificarse tres fases en la acerba querella sobre el estilo
              culto. La primera de ellas se iniciaría en 1613 con la difusión manuscrita del <hi
                rend="i">Polifemo</hi> y las <hi rend="i">Soledades</hi> y se prolongaría hasta
              1620. En esta fase más temprana de la pugna literaria «se dibuja la tónica dominante»
              de la misma, ya que «surge con motivo de la aparición conjunta» del <hi rend="i"
                >epilio</hi> y las <hi rend="i">Soledades</hi> al tiempo que «da fe de la estrecha
              vinculación de ambos poemas en la mente de los lectores»<note place="bottom">Blanco
                (2013: 14).</note>. La segunda fase se abriría en 1621, con la publicación de <hi
                rend="i">La Filomena</hi> de Lope, y se extendería hasta 1633. Este momento se
              caracterizaría por la diatriba y la sátira contra los ‘cultos’ en general y contra las
              licencias y oscuridad de la nueva poesía. Por último la fase final o tardía de la
              polémica se abriría en 1634 con la publicación de las <hi rend="i">Cartas
                filológicas</hi> de Cascales y se cerraría con la intervención del Lunarejo en 1666.
              Como apunta Mercedes Blanco, «en una futura construcción de la polémica como objeto
              histórico, estas fases, manifiestas a poco que uno mire los documentos, tendrían que
              ser mejor perfiladas y analizadas a fondo. En cada fase, cambia el objeto de debate y,
              por consiguiente, también, aunque de modo menos obvio, el verdadero motivo y la fuente
              de energía que moviliza a los bandos enfrentados»<note place="bottom">Blanco (2013:
                17).</note>.</p>
            <p>Dado que la redacción del <hi rend="i">Compendio poético</hi> puede situarse
              plausiblemente en el bienio 1635-1636, no parece arriesgado apuntar que el texto de
              Villar –hoy conservado de forma muy incompleta– pertenece al arranque mismo de la fase
              más tardía de la polémica. Desde el punto de vista cronológico, cabe también
              preguntarse cuál fue la razón por la que el erudito iliturgitano saltó de nuevo a la
              palestra pública, qué pudo servir como detonante para que compusiera su apología.
              Probablemente la divulgación impresa de las <hi rend="i">Cartas filológicas</hi> en
              1634 (la suma de la tasa lleva fecha de 6 de febrero de aquel año) debió de resultar
              un elemento decisivo para hacer que Villar volviera a tomar la pluma, esbozando su
              argumentación. Por otro lado, quizá no resulte inapropiado destacar la importancia de
              la <hi rend="i">Fama póstuma a la vida y muerte del doctor frey Lope Félix de Vega
                Carpio</hi>, que comenzaría a circular impresa por la península en la primavera de
              1636. En efecto, allí definía Pérez de Montalbán a su maestro en los siguientes
              términos:</p>
            <p rend="margin noindent">[Fue] Lope Félix de Vega Carpio portento del orbe, gloria de
              la nación, lustre de la patria, oráculo de la lengua, centro de la fama, asumpto de la
              invidia, cuidado de la fortuna, Fénix de los siglos, príncipe de los versos, Orfeo de
              las ciencias, Apolo de las Musas, Horacio de los Poetas, Virgilio de los épicos,
              Homero de los heroicos, Píndaro de los líricos, Sófocles de los trágicos y Terencio de
              los cómicos, único entre los mayores, mayor entre los grandes y grande a todas luces y
              en todas materias […]. Escribió él solo más en número y en calidad que todos los
              poetas antiguos y modernos y si no, pónganse sus obras (que no es dificultoso, pues
              todos las tenemos en las librerías) y las de Lope en una balanza y se verá la ventaja
              con la experiencia […]. No hubo escritor entre griegos, latinos, italianos y españoles
              que le igualase en tener todas las circunstancias del perfecto poeta, porque miradas
              con atención todas sus obras es fuerza confesar que su blandura en los versos
              enamorados, su agudeza en los pensamientos admira, su propiedad en los atributos
              satisface, su noticia en las imitaciones suspende, su verdad en los avisos aprovecha,
              su variedad en las materias deleita y la facilidad con que todo lo hacía asombra ,
              pues aun la pluma no alcanzaba a su entendimiento, por ser más lo que él pensaba que
              lo que la mano escribía<note place="bottom">Lope de Vega (2001: 17, 31,
              32).</note>.</p>
            <p/>
            <p rend="noindent">Ejemplos similares de encomio hiperbólico pueden espigarse en otros
              pasajes de la <hi rend="i">Fama póstuma</hi>, aunque lo que nos interesa ahora señalar
              es que el foco central del elogio funeral consagrado al dramaturgo es muy
              significativo: Lope fue el mejor escritor de España y, por ende, ningún autor entre
              los antiguos o modernos pudo alcanzar la excelencia y belleza de sus innumerables
              escritos.</p>
            <p>Sobre las partes del <hi rend="i">Compendio poético</hi> que no han llegado a
              nuestras manos resulta vacuo avanzar hipótesis alguna. Ahora bien, a la luz del
              contenido de las dos únicas secciones conservadas, quizá no sea baladí la
              confrontación con el núcleo argumental de la <hi rend="i">Fama póstuma</hi>. En
              efecto, Villar consagraba la proposición sexta («En todo género de Poesía fue eminente
              don Luis de Góngora») y la séptima («Don Luis de Góngora fue el mayor poeta de
              España») a reivindicar la primacía del autor de las <hi rend="i">Soledades</hi> en
              todos los campos de la poesía española. De alguna forma podría ello considerarse una
              elegante impugnación de todo cuanto sostuvo Pérez de Montalbán en el libro de elogio
              funeral consagrado a su maestro. Al hacer balance de la literatura de su época,
              Francisco del Villar no tuvo empacho alguno en admitir abiertamente la preminencia de
              Lope y sus discípulos en el campo teatral («concediendo a Lope de Vega y sus
              imitadores la primacía en lo cómico», p. 73), recalcando a renglón seguido que el
              ambicionado trono de la poesía sólo cabe atribuirlo con justicia a Góngora («entre
              cuantos poetas galantearon a las Musas […] y le rondaron la puerta a la retórica sólo
              don Luis fue el admitido por dueño y quien a fuerza de estudio rompió la cárcel a la
              erudición castellana» p. 73).</p>
          </div>
          <div>
            <head>
              <hi>Pequeña aproximación temporal a una copia incompleta</hi>
            </head>
            <p>En los apartados anteriores se ha señalado cómo la familia Villar y Bago pertenecía a
              la elite administrativa de la ciudad de Andújar, ya que sus miembros ostentaban una de
              las regidurías del municipio. En las pugnas por el poder urbano, también resulta bien
              conocido el detalle de que los Villar se habían alineado claramente junto a uno de los
              dos bandos de la localidad jiennense, el de los Quero<note place="bottom">Balancy
                (1999: 223-224).</note>. Ese pequeño dato quizá podría explicar parcialmente cómo,
              con el correr de los años, el epígrafe del manuscrito BNE, 2529 remite a uno de los
              descendientes principales de dicho linaje: «el original [de esta obra] para en poder
              del marqués de la Merced».</p>
            <p>No parece arriesgado sospechar que el escueto epígrafe recoge aquí una alusión
              bastante obvia al noble iliturgitano don Luis Cristóbal de Quero Piédrola Benavides y
              Escavias (Andújar, 1659-Andújar, h. 1753)<note place="bottom">Este personaje
                aristocrático, rebasada la treintena, realizó en 1690 las pruebas para la concesión
                del título de Caballero de la Orden de Calatrava. No mucho después, el 8 de
                septiembre de 1694, en la iglesia de San Isidoro de Úbeda, desposó a doña Ana de la
                Cueva y de la Cueva. La dama provenía asimismo de dos poderosos linajes jiennenses,
                vinculados a las ciudades de Úbeda y Andújar. Su abuelo fue don Cristóbal de la
                Cueva Guzmán y Chirino (Úbeda, ¿? - Úbeda, 6 de septiembre de 1680), que casó en
                Andújar con doña Baltasara de Cárdenas, con quien tuvo dos hijas: Ana e Inés. La
                primogénita, doña Ana de la Cueva y Cárdenas contrajo matrimonio con su tío carnal,
                don Lope de la Cueva y Guzmán, primer conde de Guadiana. De dicha unión nacería Ana
                de la Cueva y de la Cueva. Tras el óbito de su primera esposa, don Luis Cristóbal de
                Quero casó en segundas nupcias con doña María Beatriz de Piédrola y Acuña, su prima
                hermana, hija de don Cristóbal de Piédrola, alcaide perpetuo del castillo y
                fortaleza de Andújar. Sin indicar cuál podía ser el vínculo entre los Villar y los
                Quero, y sin recoger dato alguno sobre la cronología de este personaje, Jean
                Canavaggio (1965: 247-248, n. 6) en una nota de su artículo apuntaba correctamente
                la posible identidad del poseedor del manuscrito: «Il pourrait s’agir de don Luis
                Cristóbal de Quero Piédrola y Benavides […], marqués de la Merced par décret royal
                du 31 décembre 1711». </note>. Un antiguo censo de <hi rend="i">Caballeros
                hijosdalgo y miembros de la nobleza titulada residentes en Andújar</hi> aporta
              varios datos de interés sobre la longevidad del primer marqués de la Merced y alguno
              de sus cargos:</p>
            <p rend="margin noindent">Don Luis de Quero Piédrola y Benavides. Feligrés de la
              parroquia de Santa Marina y Santiago de Andújar, caballero del Hábito de Calatrava,
              marqués de la Merced, coronel de la infantería española, intendente que había sido de
              lo Político, Militar y Hacienda de esta ciudad y su partido, Patrón del convento de la
              Victoria de ella, del estado de caballeros hijosdalgo de sangre, de ejecutoria en
              posesión y propiedad, oriundo del solar y casa de Quero, en el valle de Carriedo,
              cabeza y pariente mayor de este apellido en esta ciudad’. En el año de esta
              declaración contaba este señor noventa y tres años de edad, por lo que era su tutor y
              curador don Pedro Estanislao de Quero y Valenzuela<note place="bottom">Sáez Gámez
                (1979: 25-26). Véase asimismo el volumen décimo de Fernández de Bethencourt (1920:
                156). </note>.</p>
            <p/>
            <p>Desde el punto de vista temporal, la información más relevante que atañe a este
              personaje tiene que ver con la consecución de su título nobiliario. En efecto, el 31
              de diciembre de 1711 Felipe V firmó el Real Despacho mediante el cual se concedía a
              don Luis Cristóbal de Quero Piédrola y Benavides el nombramiento de primer marqués de
              la Merced. A tenor de este pequeño detalle, toda vez que el epígrafe de la copia
              incompleta revela que el original íntegro del manuscrito «para en poder del marqués de
              la Merced», sólo puede pensarse que esas líneas específicamente se escribieron a
              partir de 1712, en una fecha imprecisa de comienzos del siglo XVIII.</p>
          </div>
        </div>
        <div>
          <head>4. [Estructura] Hacia una pequeña articulación de los fragmentos</head>
          <p>Como ya se ha apuntado en varias ocasiones, el <hi rend="i">Compendio poético</hi> de
            Francisco del Villar se conserva en estado fragmentario. El único testimonio conocido
            recoge tan solo aquello que denomina «Proposición sexta» (p. 1-64) y la sucesiva
            «Proposición séptima» (p. 64-73), reservando la página final para una pequeña «Fe de
            erratas» (p. 74). En la designación de los dos apartados que se conservan puede
            apreciarse una pequeña diferencia dentro del manuscrito mismo, ya que el epígrafe del
            códice 2529 de la BNE explicita desde la primera página: «Copia de <hi rend="i">unos
              capítulos</hi> de un libro manuscrito».</p>
          <p>Atendiendo a la articulación argumentativa del discurso laudatorio, cabe apuntar cómo
            la designación de ambos ‘capítulos’ como «proposiciones» tiene un sentido retórico
            obvio, ya que el término <hi rend="i">proposición</hi> designa en el <hi rend="i">ars
              bene dicendi</hi> aquella «parte del discurso en que se anuncia o expone aquello de
            que se quiere convencer y persuadir a los oyentes» (RAE). Puede recordarse a este
            propósito cómo el segundo texto de las <hi rend="i">Epístolas satisfactorias</hi> de
            Martín de Angulo y Pulgar rebate las siete «proposiciones» que le hizo llegar a aquel
            partidario del estilo gongorino «un señor grave y docto» en una misiva precedente<note
              place="bottom">Dichas proposiciones figuraban en «el párrafo cuatro» de una carta con
              fecha de siete de mayo. Copio aquí las siete proposiciones impugnadas por Angulo y
              Pulgar: 1. «Si don Luis no hubiera dejado el zueco, el primer hombre fuera de nuestra
              nación en lo burlesco y satírico. Por haberse calzado el coturno, ha perdido con
              muchos lo ganado». 2. «Lo material de estas obras es muy trivial». 3. «Lo formal (si
              lo es el lenguaje) es muy extraordinario». 4. «Son muchas las licencias de don Luis».
              5. «Si leo el arte de Horacio y Aristóteles para lo teórico y un poema de los
              celebrados, para lo práctico descubriré en don Luis muchas faltas». 6. «Ofende a
              tantos doctos, que por muy sublime no lo entienden». 7. Le siguen un conjunto de
              poetas y humanistas que puede tildarse de «sectario o cismático» (Martínez Arancón
              1978: 209-221).</note>.</p>
          <p>El motor del curioso panegírico que Villar consagra a la obra gongorina en estos <hi
              rend="i">Fragmentos del compendio poético</hi> se explicita en el título de la
            «Proposición sexta»: «En todo género de poesía fue eminente don Luis de Góngora». Tras
            haber constatado en una reflexión inicial que «La desigualdad en los asuntos causa
            diferencia en el estilo» (p. 3-14), el escritor iliturgitano intentó hacer
            «demonstración matemática» de cómo en todos y cada uno de los terrenos de la poesía
            Góngora brilló con luz inigualada. Movido por tan ambicioso propósito, Villar irá
            desgranando a través de siete subapartados los distintos aspectos creativos de su
            admirado maestro. Estos son los respectivos epígrafes:</p>
          <p rend="margin noindent">6.1. Don Luis de Góngora fue singular poeta epigramatario (p.
            14-25)</p>
          <p rend="margin noindent">6.2. Don Luis de Góngora fue en todo rigor poeta heroico (p.
            25-40)</p>
          <p rend="margin noindent">6.3. Don Luis de Góngora fue eminente en lo lírico (p.
            40-48)</p>
          <p rend="margin noindent">6.4. Don Luis de Góngora fue maestro de lo satírico y jocoso (p.
            48-54)</p>
          <p rend="margin noindent">6.5. Don Luis de Góngora fue el primero en burlesco (p.
            54-55)</p>
          <p rend="margin noindent">6.6. No le faltó a don Luis de Góngora espíritu para lo sacro
            (p. 55-57)</p>
          <p rend="margin noindent">6.7. Don Luis de Góngora trató con propiedad lo cómico (p.
            57-64)</p>
          <p/>
          <p>Por supuesto, tras haber fundamentado la excelencia alcanzada por el poeta cordobés en
            el cultivo del epigrama, la poesía heroica y la lírica, en la sátira, en la escritura
            burlesca, en la poesía de tema religioso y en la escritura teatral, Francisco del Villar
            sólo podía llegar a una conclusión lógica. Tal es el argumento de la «Proposición
            séptima»: «Don Luis de Góngora fue el mayor poeta de España» (p. 64-73).</p>
          <p>Ninguna información sobre el contenido de las proposiciones I a V ha llegado hasta
            nuestros días. Tampoco sabemos si el <hi rend="i">Compendio</hi> se cerraba con el
            capítulo séptimo o si se prolongaba con otras proposiciones sucesivas. Dado que autores
            como Vázquez Siruela o Martín de Angulo y Pulgar parecen aludir en sus textos a copias
            manuscritas íntegras del <hi rend="i">Compendio poético</hi> quizá en un futuro próximo
            pueda identificarse algún nuevo testimonio de esta interesante obrita apologética.</p>
        </div>
        <div>
          <head> 5. [Fuentes] </head>
          <p>A la hora de plantear una clasificación de las diversas fuentes consultadas o citadas
            por Villar en los dos apartados del <hi rend="i">Compendio poético</hi> que hoy se
            conservan resulta bastante clarificador proponer una distribución tripartita, que nos
            permite agrupar, por un lado, las antiguas obras greco-latinas; por otro, el conjunto de
            textos españoles áureo-seculares y, por último, los libros del Humanismo neolatino de la
            época. Seguidamente se reproducirá el listado por orden alfabético de los tres conjuntos
            propuestos.</p>
          <p>Los principales textos clásicos aducidos por Villar en su argumentación son:</p>
          <p rend="margin">Aristóteles, <hi rend="i">Poética</hi> (p. 59)</p>
          <p rend="margin">Aristóteles, <hi rend="i">Retórica</hi> (p. 6-7, 59)</p>
          <p rend="margin">Cicerón, <hi rend="i">De optimo genere oratorum</hi> (p. 10-11)</p>
          <p rend="margin">Cicerón, <hi rend="i">Orator</hi> (p. 4)</p>
          <p rend="margin">Aulo Gelio, <hi rend="i">Noctes Atticae</hi> (p. 58)</p>
          <p rend="margin">Horacio, <hi rend="i">Ars poetica</hi> (p. 63)</p>
          <p rend="margin">Marcial, <hi rend="i" xml:lang="it">Epigrammata</hi> (p. 9, 29-30)</p>
          <p rend="margin">Persio, <hi rend="i" xml:lang="it">Saturae</hi> (p. 8-9)</p>
          <p rend="margin">Quintiliano, <hi rend="i" xml:lang="it">Institutio Oratoria</hi> (p. 4,
            6, 8, 30, 42)</p>
          <p rend="margin">Séneca, <hi rend="i" xml:lang="it">Epistulae ad Lucilium</hi> (p. 6)</p>
          <p rend="margin">Virgilio, <hi rend="i">Aeneis</hi> (p. 9)</p>
          <p/>
          <p>Además de dichos títulos, de las varias referencias que el apologista gongorino inserta
            a lo largo de las proposiciones sexta y séptima se infiere con bastante claridad que
            Villar manejaba los comentarios a la <hi rend="i">Eneida</hi> de Diego López (p. 9-10 y
            27), los comentarios del padre Juan Luis de la Cerda a la obra de Virgilio (p. 27 y 31),
            los comentarios a los epigramas de Marcial del padre Mathäus Rader (p. 29) y las glosas
            de Francisco de Barreda al <hi rend="i">Panegírico a Trajano</hi> de Plinio (p. 61).</p>
          <p>A partir de las citas expresas, anotaciones marginales y alusiones que se distribuyen
            en el <hi rend="i">Compendio poético</hi>, el apartado de lecturas modernas tampoco
            resulta demasiado extenso. Entre los autores hispanos destaca la presencia de</p>
          <p rend="margin">Francisco Cascales, <hi rend="i">Tablas poéticas</hi> (p. 4 y 49)</p>
          <p rend="margin">Francisco Cascales, <hi rend="i">Cartas filológicas</hi> (p. 49)</p>
          <p rend="margin noindent">Francisco de Castro, <hi rend="i">De Arte Rhetorica Dialogi
              Quatuor</hi> (p. 5)</p>
          <p rend="margin noindent">Luis de Góngora, <hi rend="i">Obras en verso del Homero español
              que recogió Juan López de Vicuña</hi> (p. 32)</p>
          <p rend="margin noindent">José Pellicer de Salas, <hi rend="i">Lecciones solemnes a la
              obra de don Luis de Góngora</hi> (p. 41)</p>
          <p rend="margin noindent">Juan Pérez de Montalbán, <hi rend="i">Fama póstuma de Lope de
              Vega</hi> (p. 72)</p>
          <p rend="margin noindent">Salvador Jacinto Polo de Medina, <hi rend="i">Academias del
              jardín</hi> (p. 63)</p>
          <p rend="margin">Cipriano Suárez, <hi rend="i">De Arte Rhetorica Libri Tres</hi> (p.
            6)</p>
          <p rend="margin">Lope de Vega, <hi rend="i">Arte nuevo de hacer comedias</hi> (p. 59)</p>
          <p/>
          <p rend="noindent">Al lado de esas nueve obras, aún más escasas resultan las referencias a
            los textos de otros humanistas europeos, cuyos textos se reimprimieron varias veces y
            gozaron de resonante fama por todo el continente:</p>
          <p rend="margin noindent">Justo Lipsio, <hi rend="i" xml:lang="pt">Epistolarum selectarum
              Chilias</hi> (p. 51)</p>
          <p rend="margin noindent">Justo Lipsio, <hi rend="i" xml:lang="pt">Epistolica
              Institutio</hi> (p. 6)</p>
          <p rend="margin noindent">Celio Rodiginio, <hi rend="i" xml:lang="pt">Lectionum Antiquarum
              Libri XXX</hi> (p. 28 y 41-42)</p>
          <p rend="margin">Theodor Zwinger, <hi rend="i" xml:lang="pt">Magnum Theatrum Humanae
              Vitae</hi> (p. 28)</p>
          <p xml:lang="pt"/>
          <p>A la luz de los datos del pequeño repertorio que acabamos de esbozar, puede afirmarse
            que Francisco del Villar sustentaba su argumentación sobre las diferencias de los
            géneros poéticos y acerca de la excelencia que alcanzó Góngora en todos ellos en la
            opinión de las autoridades principales entre los clásicos: las dos obras capitales del
            Estagirita (<hi rend="i">Poética</hi> y <hi rend="i">Retórica</hi>), la influyente <hi
              rend="i">Epistula ad Pisones</hi> de Horacio, la doctrina retórica compilada por
            Quintiliano en la <hi rend="i">Institución Oratoria</hi> y dos de los textos más famosos
            de Cicerón (el <hi rend="i">Orator</hi> y el <hi rend="i">De optimo genere
            oratorum</hi>).</p>
          <p>Entre las fuentes derivadas destacan los repertorios eruditos de Ludovico Ricchièri,
            más conocido como Celio Rodiginio (<hi rend="i">Lectionum Antiquarum Libri XXX</hi>) y
            el diccionario enciclopédico de Theodor Zwinger titulado <hi rend="i">Magnum Theatrum
              Humanae Vitae</hi>.</p>
          <p>Bajo la óptica del paralelo que se plantea entre creación poética y virtuosismo
            oratorio, no sorprende que Villar aluda a dos de los tratados más leídos en la España
            áurea: los tres libros del <hi rend="i">Arte Retórica</hi> de Cipriano Suárez y los
            cuatro diálogos del <hi rend="i">Arte Retórica</hi> del padre Castro.</p>
        </div>
        <div>
          <head> 6. [Conceptos debatidos] El principado de la poesía castellana </head>
          <p>Los conceptos en torno a los que discurren los dos únicos fragmentos del <hi rend="i"
              >Compendio poético</hi> que han llegado hasta nosotros no enlazan directamente con los
            asuntos más debatidos en el campo de la querella gongorina, dado que no se refieren de
            forma explícita a la mayor parte de las objeciones contra el nuevo estilo recogidas en
            los <hi rend="i">Discursos apologéticos por el estilo del Polifemo y Soledades</hi>,
            compuesto por Pedro Díaz de Rivas<note place="bottom">Los diez puntos son los
              siguientes: «1- las muchas voces peregrinas que introduce. 2. Los tropos
              frecuentísimos. 3. Las muchas transposiciones. 4. La obscuridad de estilo que resulta
              de todo esto. 5. La dureza de algunas metáforas. 6. La desigualdad del estilo en
              algunas partes. 7. El uso de palabras humildes entretejidas con las sublimes. 8. La
              repetición frecuente de unas mismas voces y frasis. 9. Algunas hipérboles y
              exageraciones grandes. 10. La longitud de algunos períodos. 11. La redundancia o copia
              demasiada en el decir». Tomo la cita de Martínez Arancón (1978: 127-128).</note>. Al
            hablar de la articulación de estos <hi rend="i">Fragmentos</hi> ya se ha contemplado el
            núcleo argumental de cada uno de los sub-apartados. De forma sucinta y esquemática,
            proponemos ahora un listado con los nueve puntos principales desarrollados en la <hi
              rend="i">Proposición sexta</hi> y la <hi rend="i">Proposición séptima</hi> del erudito
            iliturgitano:</p>
          <p>1. Góngora alcanzó la eminencia en todo género de escritos.</p>
          <p>2. Materias diferentes requieren diferentes estilos.</p>
          <p>3. Góngora guardó el respeto debido a los preceptos de cada género de escritura<note
              place="bottom">Esta idea se repite en varios lugares del manuscrito, impugnando así la
              visión de un poeta deseoso de introducir novedades y grandes cambios. Se formula a
              través de afirmaciones como las siguientes: «Acomodose don Luis de Góngora a las
              condiciones individuales de cada poema, con singularísimo primor» (p. 11), «[Góngora]
              mostró la comprehensión especulativa que tuvo de los preceptos de esta profesión y la
              facilidad con que se acomodó a la práctica de ellos» (p. 14), «todas estas leyes
              guardó nuestro poeta don Luis en las <hi rend="i">Soledades, Polifemo, Panegírico</hi>
              y otras obras donde cumplió exactamente con las obligaciones de lo heroico» (p.
              31-32). </note>.</p>
          <p>4. Góngora cultivó el género del epigrama en sus décimas y sonetos, emulando a Marcial
            con su concepto y ornato, con sus agudezas y donaires.</p>
          <p>5. Afinidad entre lo épico y lo heroico. Dentro de la producción gongorina pertenecen
            al ámbito de la poesía heroica el <hi rend="i">Polifemo</hi>, las <hi rend="i"
              >Soledades</hi>, el <hi rend="i">Panegírico al duque de Lerma</hi> y un conjunto de
            canciones y sonetos.</p>
          <p>6. Góngora llevó a la cima la escritura satírica de su tiempo, aunque alguna de sus
            composiciones más hirientes haya quedado por fuerza relegada a la circulación
            manuscrita. Existen dos estilos de sátira: el estilo claro y fácil (que se remonta hasta
            Horacio) y el estilo obscuro y difícil (cuyo modelo es Persio). Ambos tipos fueron
            cultivados por Góngora.</p>
          <p>7. Góngora fue el primer gran maestro de la poesía burlesca en España. Cuantos la han
            cultivado posteriormente han ido a zaga de su magisterio. Las galas de este tipo de
            escritura lucen en academias y justas<note place="bottom">
              <p rend="noindent">«En su escuela se han aprendido cuantos donaires ilustran la poesía
                española, sin que Marcial ni Plauto hayan sido superiores a nuestro poeta. Hoy se
                halla esta parte tan válida en certámenes poéticos» (p. 54).</p>
            </note>.</p>
          <p>8. En la escritura teatral, Góngora se vio ante un difícil equilibrio: romper con los
            preceptos de la Antigüedad, plegándose a las innovaciones de la fórmula lopesca, o bien
            respetar las antiguas normas, yendo así en contra del gusto generalizado entre los
            espectadores de su tiempo. Esa disyuntiva ponía en una difícil tesitura al escritor, que
            no desarrolló una carrera brillante como dramaturgo. Por ello se ve obligado Villar a
            reconocer que la primacía en la comedia de su tiempo corresponde a Lope y sus
            discípulos.</p>
          <p>9. Conclusión general: Luis de Góngora fue el mayor poeta de España. Cada centuria sólo
            puede tener un gran autor: en el siglo XV obtuvo el primado de las letras hispanas Juan
            de Mena, en el siglo XVI Garcilaso de la Vega, en el siglo XVII Góngora. La tríada que
            conforman Mena, Garcilaso y Góngora es la de los «luminares mayores» de la historia
            literaria de nuestro país, en tanto que los demás escritores (Ercilla, Cairasco,
            Figueroa, Herrera, el conde de Salinas, Calderón, los Argensola…) se limitan a
            representar el modesto papel de pequeñas «estrellas». Aunque muchos coetáneos han
            intentado alcanzar el trono de la poesía española, sólo el autor cordobés lo ha
            alcanzado por sobrados méritos.</p>
          <p/>
          <p>Desde el punto de vista del debate tácito que alguno de estos conceptos entabla con las
            opiniones vertidas por los de los detractores del nuevo estilo, podrían inferirse tres
            aspectos relevantes. En primer lugar, se podría apuntar cómo la identificación de las
            obras mayores y de algunos poemas breves con la categoría de lo heroico rebate el
            parecer del <hi rend="i">Antídoto</hi> de Jáuregui, que negaba taxativamente al vate
            cordobés los laureles de poeta heroico.</p>
          <p>El segundo aspecto digno de nota se refiere a su cercanía y afinidad conceptual con un
            texto muy próximo en el tiempo. Al igual que hiciera Martín de Angulo y Pulgar en la
            defensa de Góngora, esbozada desde el texto segundo de sus <hi rend="i">Epístolas
              satisfactorias</hi> (Granada: Blas Martínez, 1635), alguno de los conceptos
            principales desarrollados por Villar podrían esgrimirse contra las opiniones vertidas
            por «un señor grave y docto» en la proposición primera y quinta de su misiva: 1- «Si don
            Luis no hubiera dejado el zueco, el primer hombre fuera de nuestra nación en lo burlesco
            y satírico. Por haberse calzado el coturno, ha perdido con muchos lo ganado»<note
              place="bottom">Una opinión muy similar ofrecía ya Jáuregui en un conocido pasaje del
                <hi rend="i" xml:lang="es">Antídoto</hi> (2002: 79-80): «Nos parecía imposible, al
              cabo de cincuenta años que V.m. ha gastado entre las musas líricas y joviales, que se
              le hubiese pegado tan poquito de las heroicas. Y ya que esto fue, nos maravilla no
              menos que V.m. se conozcan tan mal y que no tiente sus fuerzas para nivelar con ellas
              la materia creyendo al poeta: “<hi rend="i" xml:lang="es">Sumite materiam vestris, qui
                scribitis aequam / viribus, et versate diu, quid ferre recusent, / qui valeant
                humeri</hi>”. Digno es V.m. de gran culpa, pues <hi rend="i" xml:lang="es">habiendo
                experimentado en tantos años cuán bien se le daban las burlas, quiso pasarse a otra
                facultad tanto más difícil y tan contraria a su naturaleza, donde ha perdido gran
                parte de la opinión que los juguetes le adquirieron</hi>. Yo confieso con mucho
              gusto que ha escrito V.m. en este mundo donaires de incomparable agudeza y por el
              mismo caso me lastimo de que no haya habido quien predique a V.m. aquellos dísticos
              con que la musa disuadió a Marcial, cuando él quiso dejar las burlas».</note>; 5- «Si
            leo el arte de Horacio y Aristóteles para lo teórico y un poema de los celebrados, para
            lo práctico descubriré en don Luis muchas faltas»<note place="bottom">Martínez Arancón
              (1978: 209-210 y 220-221).</note>. Según la estimativa de Villar, Góngora alcanzó la
            excelencia tanto en lo grave como en lo ligero, destacando en todos los géneros
            conocidos. El autor del <hi rend="i">Compendio poético</hi> niega, pues, rotundamente la
            opinión que varios detractores se han ocupado en difundir: «Algunos se han persuadido
            que solo en lo satírico hizo con mejores esfuerzos» (p. 3). En su apología Villar
            defiende asimismo que los poemas gongorinos respetan escrupulosamente los preceptos de
            todos los tipos genéricos, de manera que su obra resulta intachable tanto desde el plano
            teórico como desde el práctico.</p>
          <p>Por último, el encendido elogio de Góngora como primer poeta de España en todas sus
            facetas creativas se opone diametralmente a la entronización de Lope de Vega como el
            máximo autor hispánico de la Edad Barroca, según las valoraciones de Pérez de Montalbán
            en la <hi rend="i">Fama póstuma</hi> (1636).</p>
        </div>
        <div>
          <head> 7. [Otras cuestiones] </head>
          <p>El contenido de las proposiciones quinta y sexta del <hi rend="i">Compendio
              poético</hi> podría, en parte, enlazar conceptualmente con una frase que el propio
            Villar recogiera en la carta al padre trinitario fray Juan Ortiz. Hacia 1617-1620 el
            maestro iliturgitano había propuesto desde los renglones de la misiva: «Cotejemos a don
            Luis con los poetas latinos, a cuya superioridad todo el mundo reconoce vasallaje y se
            rinde, y veremos si les imita y aun si les excede y sobrepuja». Pasados los años, en los
            dos fragmentos del texto datado en torno a 1635-1636, la alabanza de don Luis como autor
            excelente en todos los géneros de poesía conocidos se sustentará, precisamente, en dicho
            ‘cotejo’ o ‘careo’ con los grandes maestros de la Antigüedad, de manera que el poeta
            cordobés se mediría con Homero y Virgilio en el terreno de lo heroico, competiría con
            Horacio y Píndaro en el campo de la lírica, emularía a Juvenal y Persio en la sátira,
            rebasaría la altura de Catulo y Marcial en el epigrama y, finalmente, excedería a Plauto
            y Terencio en la comedia.</p>
          <p>El paralelo argumental de los dos apartados del <hi rend="i">Compendio</hi> con algunos
            elementos recogidos en la controversia epistolar entre Villar y Cascales también salta a
            la vista a través de las citas expresas. Así el defensor gongorino oriundo de Andújar
            nombra al autor de las <hi rend="i">Tablas poéticas</hi> como persona investida de <hi
              rend="i">auctoritas</hi> al hablar de la licitud de la oscuridad entre los
            satirógrafos:</p>
          <p>Cuestión ha sido controvertida, y su resolución no poco dudosa, qué estilo ha de
            guardar la sátira. Algunos dicen que ha de ser obscuro, y dificultoso, lo uno porque la
            fealdad del vicio, que reprehende, no lleve descubierta la cara, y ofenda el recato, de
            quien la leyere, y lo otro, porque sea como la píldora, que se receta cubierta de oro,
            para que al enfermo le brinde su hermosa apariencia, y lleve rebozado su amargor, y
            desabrimiento, de este parecer he visto personas bien entendidas, y con ellas el
            Licenciado Francisco de Cascales, en una de sus epístolas (p. 48).</p>
          <p/>
          <p>En efecto, tal como recalca esta cita indirecta, Cascales había hecho en la octava
            misiva de la primera década de sus <hi rend="i">Cartas filológicas</hi>, un pequeño
            listado de casos en los que el uso de la oscuridad no sólo puede considerarse justo,
            sino también necesario:</p>
          <p>No siempre la oscuridad es viciosa, que cuando proviene de alguna doctrina exquisita
            que el poeta señaló (no siendo muy a menudo) es muy loable y buena […]. Ni es viciosa
            cuando queremos con ella disimular algún concepto deshonesto y torpe, porque no ofenda
            las orejas castas, que esto todos los escritores lo guardan. Y así Virgilio dijo:
            «geniale arvum». En esto no reparan los epigramatarios, que la materia de suciedad es
            suya y eso es lo que advierte Marcial en el proemio del primer libro […]. Ni es viciosa
            la oscuridad en los poetas satíricos, porque como ellos tiran flechas atosigadas a unos
            y a otros, y les hacen a los viciosos tragar la reprehensión como píldora, la doran
            primero con la perífrasis intricada, y fingiendo nuevos nombres, para que quede
            disimulada la persona de quien hablan satíricamente; y esta es la causa que tiene por
            disculpa la tal obscuridad<note place="bottom">Martínez Arancón (1978: 196).</note>.</p>
          <p/>
          <p>La cita de la carta VIII de Cascales por parte del Villar no deja traslucir inquina
            alguna contra el licenciado murciano, cuyo «parecer» en este punto preciso lo sitúa en
            el grupo selecto de las «personas entendidas».</p>
        </div>
        <div>
          <head> 8. [Conclusión] </head>
          <p>Las consideraciones que ha merecido el texto de Francisco del Villar han sido bastante
            desiguales. El primer artículo sobre el manuscrito BNE, 2529, publicado por Jean
            Canavaggio en 1965, quiso atribuir un valor considerable al contenido de este códice
            incompleto, ya que se estima allí como un «document bibliographique précieux»<note
              place="bottom">Canavaggio (1965: 252).</note>. Tres décadas más tarde, Robert Jammes
            parecía contemplar el asunto con mayor distancia. El editor de las <hi rend="i"
              >Soledades</hi> juzgaba los apartados del <hi rend="i">Compendio poético</hi> que
            discurren sobre poesía «epigramataria», «heroica», «lírica», «satírica», «burlesca» y
            «sacra» como reflexiones «de un interés más bien mediano», que a pesar de todo bien
            «merecerían un análisis crítico»<note place="bottom">Jammes (1994: 704).</note>. La
            ponderada valoración de Jammes probablemente resulte la más cercana a la realidad.</p>
          <p>A la luz de otros testimonios del ámbito de la polémica, justo es decir que los <hi
              rend="i">Fragmentos del compendio poético</hi> no revelan ni la solidez doctrinal de
            los escritos de Pedro de Valencia, ni la hondura de un Pedro Díaz de Rivas, ni los
            conocimientos humanísticos del abad de Rute. Sus páginas tampoco están animadas por la
            infatigable erudición de los comentarios de Pellicer, Salcedo Coronel o Serrano de Paz.
            Ahora bien, tampoco puede atribuirse a Villar la culpa de caer en la cháchara
            inconsecuente de Andrés de Almansa y Mendoza. Por ello no parece arriesgado sostener que
            los escasos capítulos conservados del <hi rend="i">Compendio poético</hi> se mantienen
            en un discreto tono medio, que ni deslumbra por su perspicacia intelectual, ni ofende
            por su vuelo rasero y alicorto.</p>
          <p>En honor a la justicia, una de las principales bazas del fragmentario texto de Villar
            es el énfasis que pone en la identificación de Góngora como autor de <hi rend="i"
              >epigramas</hi>, ya que bajo esa especie anticuaria identifica un importante conjunto
            de sonetos y décimas. Por otro lado, también puede considerarse digna de nota la
            reivindicación de una sección capital de la poesía gongorina como eximia representante
            del género heroico. De alguna manera el apologista de Andújar podría verse como un
            adelantado a su tiempo, ya que ambos aspectos genéricos tan solo se han puesto de
            relieve en la bibliografía gongorina de los últimos años<note place="bottom">Blanco
              (2013).</note>.</p>
        </div>
        <div>
          <head> 9. [Establecimiento del texto] </head>
          <p>El texto se establece a partir del único testimonio fragmentario conocido hasta la
            fecha: el BNE, ms. 2529 (<hi rend="i">Copia de unos capítulos de un libro manuscrito
              escrito por don Francisco del Villar, Vicario Juez ecc. de Andújar, por los años de
              1630, cuyo original para en poder del marqués de la Merced</hi>). La presente edición
            pretende enmendar algunos errores de copia bastante burdos, atribuibles al copista, como
            el evidente caso de la cita latina reproducida al comienzo de la página 11, donde
            claramente se lee «<hi rend="i">vitio sumest</hi>» en lugar de «<hi rend="i">vitiosum
              est</hi>». Quizá no esté de más señalar, para comprender ese tipo de estragos
            textuales, que si la redacción de la obra se remonta presumiblemente hasta 1636, es
            bastante probable que la copia incompleta del manuscrito sea tardía, ya que su datación
            aproximada es seguramente posterior a 1712.</p>
          <p>Tras la minuciosa revisión del manuscrito llevada a cabo por el profesor Antonio
            Valiente Romero, puede concluirse que la copia fragmentaria del <hi rend="i">Compendio
              poético</hi> refleja la participación de, al menos, tres manos distintas<note
              place="bottom">Quisiera dejar constancia de mi gratitud a los profesores Antonio
              Valiente Romero y Jaime Galbarro, por el conjunto de matizaciones y sugerencias que me
              han brindado con total generosidad.</note>. La primera mano se corresponde con la del
            «copista» general del texto y debe incluirse en su labor la propia «Fe de erratas». La
            segunda mano apreciable es la de una figura innominada que podríamos denominar
            «corrector», a su precisión debemos las numerosas enmiendas a pasajes estragados que
            figuran en el códice. Finalmente, puede individuarse también la participación de una
            tercera mano, que tan solo habría intervenido en el último renglón de la «Fe de
            erratas».</p>
          <p>Una y otra vez las cuantiosas enmiendas del «corrector» ponen de manifiesto que la
            competencia cultural del «copista» responsable de la transcripción de parte del <hi
              rend="i">Compendio poético</hi> era más bien mediana. Parece evidente que no tenía un
            nivel aceptable de latín y, a juzgar por varias imprecisiones, puede sospecharse que
            tampoco tenía mucha familiaridad con la poesía. En efecto, el «copista» incurre en
            errores tan llamativos como nombrar al poeta épico renacentista Alonso de Ercilla como
            «Ercida» o transcribir la forma verbal «cogerlo» en posición final de verso, alterando
            el rimema característico de esa composición (<hi rend="i">-ello</hi>). Por otra parte,
            pese al loable esfuerzo de revisión del «corrector», también éste a veces cae en algún
            despiste llamativo, pues no consigue identificar fallos de cierto calibre, como el del
              <hi rend="i">incipit</hi> transcrito como «Burlas de tortolilla» en lugar del correcto
            «Vuelas, oh tortolilla».</p>
        </div>
        <div>
          <head> 10. [Bibliografía] </head>
          <div>
            <head>10.1 Obras citadas o consultadas por el polemista</head>
            <p><hi rend="sc">Aristóteles</hi>: </p>
            <p>—, <hi rend="i" xml:lang="it">Poetica, per Alexandrum Paccium, in latinum
                conversa</hi>, Venetiis: in aedibus haeredum Aldi et A. Asulani soceri, 1536.</p>
            <p>—, <hi rend="i" xml:lang="it">Rhetoricorum libri tres, Georgio Trapezuntio
                interprete</hi>, Lugduni: Sebastian Gryphium, 1545.</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=4aFCAAAAcAAJ">Tripartitae
                Philosophiae Opera Omnia Absolutissima</ref>, Basileae: Ioannem Heruagium, 1563.</p>
            <p><hi rend="sc">Barreda</hi>, Francisco de:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=8p5XAAAAcAAJ">El mejor príncipe
                Trajano Augusto. Su filosofía política, moral y económica deducida y traducida del
                Panegírico de Plinio</ref>, Madrid: por la viuda de Cosme Delgado, a costa de Andrés
              de Carrasquilla, 1622.</p>
            <p><hi rend="sc">Cascales</hi>, Francisco:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=YfxJIXFuJxAC">Tablas
                poéticas</ref>, Murcia: Luis Verós, 1617.</p>
            <p>—, <hi rend="i">Cartas filológicas</hi>, Murcia: Luis Verós, 1634.</p>
            <p><hi rend="sc">Castro</hi>, Francisco de:</p>
            <p>—, <ref
                target="http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/2746/11/patris-francisci-de-castroegranatensis-e-societate-iesu-de-arte-rhetorica-dialogi-quatuor/"
                >De Arte Rhetorica Dialogi Quatuor</ref>, Córdoba: Francisco de Cea, 1611. Reeditada
              en Hispali: in Typographia Francisci de Lyra, 1625.</p>
            <p><hi rend="sc">Cerda</hi>, Juan Luis de la:</p>
            <p>—, […] <ref
                target="http://www.mdz-nbn-resolving.de/urn/resolver.pl?urn=urn:nbn:de:bvb:12-bsb10210380-1"
                >Bucolica et Georgica argumentis, explicationibus et notis illustrata a Joanne
                Ludovico de la Cerda</ref>, Francofurti: Nobilis Francorum Vadi Collegio
              Paltheniano, 1608.</p>
            <p>—, […] <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=bjW8CkC3rCQC">Priores sex
                Libri Aeneidos argumentis, explicationibus, notis illustrati, auctore Joanne
                Ludovico de la Cerda</ref>, Lugduni: Horatii Cardon, 1612.</p>
            <p>—, […] <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=f87qhLflM1UC">Posteriores sex
                libri Aeneidos argumentis, explicationibus, notis illustrati, auctore Joanne
                Ludovico de la Cerda</ref>, Lugduni: Horatii Cardon, 1617.</p>
            <p><hi rend="sc">Cicerón</hi>, Marco Tulio:</p>
            <p>—, <hi rend="i">De optimo genere oratorum</hi></p>
            <p>—,<hi rend="i"> Orator</hi></p>
            <p><hi rend="sc">Gelio</hi>, Aulo:</p>
            <p>—, <hi rend="i">Noctes Atticae</hi></p>
            <p><hi rend="sc">Góngora</hi>, Luis de:</p>
            <p>—, <ref target="http://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=ucm.5320769736">Obras en verso
                del Homero español que recogió Juan López de Vicuña</ref>, Madrid: Viuda de Luis
              Sánchez, 1627.</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=nLccuLPlC08C">Todas las Obras de
                don Luis de Góngora en varios poemas recogidos por don Gonzalo de Hoces y Córdoba,
                natural de la ciudad de Córdoba. Dirigidas a don Francisco Antonio Fernández de
                Córdoba, marqués de Guadalcázar</ref>, Madrid: Imprenta del Reino, 1633. A costa de
              Alonso Pérez, Librero de Su Majestad.</p>
            <p><hi rend="sc">Herrera</hi>, Fernando de:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=33vJc_oA8SMC">Obras de Garcilaso
                de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera</ref>, Sevilla: Alonso de la
              Barrera, 1580.</p>
            <p><hi rend="sc">Horacio Flaco</hi>, Quinto:</p>
            <p>—, <hi rend="i" xml:lang="pt">Ars Poetica sive Epistula ad Pisones</hi>, en <ref
                target="http://www.mdz-nbn-resolving.de/urn/resolver.pl?urn=urn:nbn:de:bvb:12-bsb10934077-1"
                >Opera</ref>, Basilea: Henrichum Petrum, 1545.</p>
            <p><hi rend="sc">Lipsio</hi>, Justo:</p>
            <p>—, […] <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=BzRhAAAAcAAJ">Epistolarum
                selectarum Chilias</ref>, Ginebra: Apud Franciscum Helvidium, 1611.</p>
            <p><hi rend="sc">López</hi>, Diego:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=G_thjXDBjJEC">Las obras de
                Publico Virgilio Marón, traducido en prosa castellana […]</ref>, Valladolid: por
              Francisco Fernández de Córdoba, 1601; pero se cita por la edición Madrid: por Juan de
              la Cuesta a costa de Miguel Martínez, 1614.</p>
            <p><hi rend="sc">Marcial</hi>, Marco Valerio:</p>
            <p>—, […] <ref
                target="http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/6902/6/matthaei-raderi-de-societate-iesu-ad-m-valerii-martialis-epigrammaton-libros-omnes-plenis-commentariis-nouo-studio-confectis-explicatos-emendatos-illustratos-rerumque-verborum-lemmatum-item-communium-locorum-variis-copiosis-indicibus-auctos/"
                >ad M. Valerii Martialis Epigrammaton Libros Omnes Pleniis Commentariis. Novo studio
                confectis, explicatos, emendatos, illustratos rerumque et verborum, lemmatum item,
                et communium locorum variis et copiosis indicibus auctos, Curae Secundae</ref>,
              Ingolstadii: Ex Typographo Adami Sartorii, 1611.</p>
            <p><hi rend="sc">Pellicer de Salas y tovar</hi>, José:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=sWLlG_p4YNsC">Lecciones solemnes
                a las obras de don Luis de Góngora y Argote</ref>, Madrid: Imprenta del Reino,
              1630b.</p>
            <p><hi rend="sc">Pérez de Montalbán</hi>, Juan:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=UbZdAAAAcAAJ">Fama póstuma a la
                vida y muerte del doctor frey Lope Félix de Vega Carpio y elogios panegíricos a la
                inmortalidad de su nombre. Escritos por los más esclarecidos ingenios, solicitados
                por el doctor Juan Pérez de Montalbán, que al excelentísimo señor duque de Sessa,
                heroico, magnífico y soberano mecenas del que yace, ofrece, presenta, sacrifica y
                consagra</ref>, Madrid: Imprenta del Reino, 1636.</p>
            <p><hi rend="sc">Persio Flaco</hi>, Aulo:</p>
            <p>—, […] <ref target="http://books.google.be/books?vid=GENT900000049359">Satyrae Sex.
                Cum ecphrasi et scholiis Franc. Sanctii Brocen. in incluta Salmant. Academia
                Primarii Rhetorices et Latinae Grecaeque Linguae Doctoris</ref>, Salmanticae:
              Didacum a Cussio, 1599.</p>
            <p><hi rend="sc">Polo de Medina</hi>, Salvador Jacinto:</p>
            <p>—, <hi rend="i">Academias del Jardín</hi>, Madrid: Imprenta del Reino, 1630.</p>
            <p><hi rend="sc">Quintiliano</hi>, Marco Fabio:</p>
            <p>—, <ref
                target="http://reader.digitale-sammlungen.de/resolve/display/bsb10140899.html">De
                Institutione Oratoria libri XII</ref>, Parisiis: apud Audoënum Parvum, 1549.</p>
            <p><hi rend="sc">Ricchièri</hi>, Ludovico:</p>
            <p>—, […] <ref target="http://dx.doi.org/10.3931/e-rara-7216">Lectionum Antiquarum Libri
                XXX</ref>, Basileae: Per Ambrosium et Aurelium Frobenios fratres, 1566.</p>
            <p><hi rend="sc">Sánchez de las Brozas</hi>, Francisco:</p>
            <p>—, <ref target="http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000085080&amp;page=1">Obras del
                excelente poeta Garcilaso de la Vega con anotaciones y enmiendas del licenciado
                Francisco Sánchez de las Brozas</ref>, Salamanca: Pedro Lasso, 1574.</p>
            <p><hi rend="sc">Séneca</hi>, Lucio Anneo:</p>
            <p>—, <hi rend="i" xml:lang="it">Epistulae ad Lucilium</hi></p>
            <p><hi rend="sc">Suárez</hi>, Cipriano:</p>
            <p>—, <hi rend="i" xml:lang="it">De Arte Rhetorica libri tres ex Aristotele, Cicerone et
                Quintiliano praecipue deprompti</hi>, Coimbra: Ioannem Barreirum, 1562.</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=j6P6-0hdQEQC">De Arte Rhetorica
                libri Tres ex Arist., Cicer. et Quintiliano praecipue deprompti, nunc ab eodem
                auctore recogniti et multis in locis locupletati</ref>, Madriti: Excudebat Petrus
              Madrigal. A costa de la viuda de Blas de Robles, y Francisco de Robles, su hijo,
              1597.</p>
            <p><hi rend="sc">Tamayo de Vargas</hi>, Tomás:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=VJz0N1bg4MUC">Garcilaso de la
                Vega, natural de Toledo, príncipe de los poetas castellanos, de don Tomás Tamayo de
                Vargas</ref>, Madrid: Luis Sánchez, 1622.</p>
            <p><hi rend="sc">Vega y Carpio</hi>, Lope de:</p>
            <p>—, <ref target="http://www.memoriademadrid.es/fondos/OTROS/Imp_16697_bhm_l97.pdf"
                >Rimas de Lope de Vega Carpio: Aora de nuevo añadidos con el Nuevo arte de hazer
                comedias</ref>, En Madrid : por Alonso Martin : a costa de Alonso Pérez...,1609.</p>
            <p><hi rend="sc">Zwinger</hi>, Theodor:</p>
            <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=f9tKAAAAcAAJ">Magnum Theatrum
                Humanae Vitae</ref>, Colonia Agrippina: Sumptibus Antonii et Arnoldi Hierati,
              1631.</p>
          </div>
          <div>
            <head>10.2 Obras citadas por el editor</head>
            <div>
              <head>10.2.1 Manuscritos</head>
              <p>BNE, ms. RES/45 (vol. 1), RES/46 (vol. 2), RES/46 (vol. 3), <ref
                  target="http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000015414">Obras de D. Luis de
                  Góngora</ref>. Manuscrito Chacón.</p>
              <p>BNE, ms. 2529: <ref
                  target="http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000048807&amp;page=1">Copia de unos
                  capítulos de un libro manuscrito escrito por Don Francisco del Villar, Vicario y
                  Juez eclesiástico de Andújar, por los años de 1630, cuyo original para en poder
                  del marqués de la Merced</ref>.</p>
              <p>BNE, ms. 3893: <ref
                  target="http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000170889&amp;page=1">Obras</ref> de
                Martín Vázquez Siruela.</p>
              <p>AHN, Universidades, Libros de matrícula, l. 478. <hi rend="i">Libros de Matrícula
                  del colegio de San Ildefonso y del colegio de San Antonio.</hi></p>
            </div>
            <div>
              <head>10.2.2 Impresos anteriores a 1800</head>
              <p><hi rend="sc">Angulo y Pulgar</hi>, Martín de:</p>
              <p>—, <ref target="http://adrastea.ugr.es/tmp/_webpac2_1109279.13081">Epístolas
                  satisfactorias. Una a las objeciones que opuso a los poemas de D. Luis de Góngora,
                  el Licenciado Francisco de Cascales, Catedrático de Retórica de la S. iglesia de
                  Cartagena. Otra, a las proposiciones de cierto sujeto grave y docto por D. Martín
                  de Angulo y Pulgar, natural de la ciudad de Loja</ref>, Granada: Blas Martínez,
                1635.</p>
              <p>—, <ref target="http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000012189&amp;page=1">Égloga
                  fúnebre a don Luis de Góngora, de versos entresacados de sus obras</ref>, Sevilla:
                Por Simón Fajardo, 1638.</p>
              <p><hi rend="sc">Nicolás</hi>, Antonio:</p>
              <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=evFNO4YkXN0C">Bibliotheca
                  Hispana Nova sive Hispanorum Scriptorum</ref>..., Matriti: Apud viduam et heredes
                Joachimi de Ibarra..., 1788, t. II.</p>
              <p><hi rend="sc">Aristóteles</hi>:</p>
              <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=rns3AAAAMAAJ">Opera Omnia
                  Graece</ref>, Biponti: Ex Typographia Societatis, 1793, vol. IV.</p>
              <p><hi rend="sc">Acuña del Adarve</hi>, Juan de:</p>
              <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=YtHqJT_q0lsC">Discursos de las
                  effigies y verdaderos retratos non manufactos del santo rostro y cuerpo de Christo
                  de Juan de Acuña del Adarve</ref>, Impreso en Villanueva de Andújar: en las casas
                del autor, por Iuan Furgolla de la Cuesta, 1637.</p>
              <p><hi rend="sc">Góngora</hi>, Luis de:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Quatro comedias de diversos autores</hi>, Córdoba: Francisco de
                Cea, 1613.</p>
              <p><hi rend="sc">Jiménez Patón</hi>, Bartolomé:</p>
              <p>—, <ref
                  target="http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=520"
                  >Mercurius trimegistus, sive de triplici eloquentia sacra, española, romana</ref>
                […], [Baeza]: Petro de la Cuesta Gallo, Typographo Biatiae, Anno 1621.</p>
              <p><hi rend="sc">Ortiz</hi>, Juan:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Sermón publicado en el convento de la Santísima Trinidad de
                  Granada, en una fiesta que en él hizo de la Inmaculada Concepción de la Virgen
                  nuestra señora, domingo, veinte de diciembre, año 1615, por el Reverendo Padre
                  Maestro Fray Juan Ortiz, de la dicha orden, catedrático en Santa Teología</hi>,
                impreso con licencia en Granada: Martín Fernández, 1616.</p>
              <p><hi rend="sc">Pellicer de Salas y tovar</hi>, José:</p>
              <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=mkkZ8wBcu4oC">El Fénix y su
                  Historia Natural, escrita en veinte y dos exercitaciones, diatribes o
                  capítulos</ref>, Madrid: Imprenta del Reino, 1630a.</p>
              <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=b1JVtvuVpwYC">Bibliotheca
                  formada de los libros y obras públicas de don Joseph Pellicer de Ossau y
                  Tovar</ref>, Valencia: Gerónimo Vilagrasa…, 1671.</p>
              <p><hi rend="sc">Roa</hi>, Martín de:</p>
              <p>—, <ref
                  target="http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/consulta/registro.cmd?id=8208"
                  >Antiguo Principado de Córdoba en la España Ulterior o Andaluz. Traducido del
                  latino y acrecentado en otras calidades eclesiásticas y seglares por su autor el
                  Padre Martín de Roa de la Compañía de Jesús</ref>, Córdoba: Salvador de Cea Tesa,
                1636.</p>
              <p><hi rend="sc">Salcedo Coronel</hi>, José García de:</p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="it">Segunda parte del segundo tomo de las obras de don
                  Luis de Góngora comentadas por Salcedo Coronel</hi>, Madrid: Diego Díaz de la
                Carrera, 1648.</p>
              <p><hi rend="sc">Uztarroz</hi>, Juan Francisco Andrés de:</p>
              <p>—, <ref target="https://books.google.co.uk/books?id=PlMUUkG8LQAC">Defensa de la
                  patria del invencible mártir San Laurencio</ref>, Zaragoza: Hospital Real y
                General de Nuestra Señora de Gracia, 1638.</p>
              <p><hi rend="sc">Villar</hi>, Francisco del:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Relación de la fiesta que celebró el muy observante convento de San
                  Francisco, de Andújar, al glorioso San Pedro Baptista y sus compañeros, primeros
                  mártires del Japón</hi>, Granada: Martín Fernández, 1629.</p>
              <p>—, <hi rend="i">Relación del solemne recibimiento que en la Ciudad de Andújar se
                  hizo a una Imagen de la Concepción de la Virgen Santísima Nuestra Señora</hi>,
                Jaén: Francisco Pérez de Castilla, 1633.</p>
              <p>—, <hi rend="i">Fiestas a la conducción del agua y primeras fuentes de la ciudad de
                  Andújar</hi>, Granada: Martín Fernández, 1635.</p>
            </div>
            <div>
              <head>10.2.3 Impresos posteriores a 1800</head>
              <p><hi rend="sc">Abarca de Bolea</hi>, Ana:</p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="es">Vigilia y octavario de San Juan Bautista</hi>, ed.
                María Ángeles Campo Guiral, Huesca: Instituto de Estudios Alto Aragoneses, 1993.</p>
              <p><hi rend="sc">Argensola</hi>, Bartolomé Leonardo:</p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="it">Rimas</hi>, ed. José Manuel Blecua, Madrid: Espasa
                Calpe, 1974.</p>
              <p><hi rend="sc">Aristóteles</hi>:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Poética</hi>, ed. Valentín García Yebra, Madrid, Gredos, 1974.</p>
              <p>—, <hi rend="i">Retórica</hi>, trad. Quintín Racionero, Madrid, Gredos, 1990.</p>
              <p><hi rend="sc">Asunción</hi>, fray Antonio de la:</p>
              <p>—, <ref target="https://archive.org/details/diccionariodees00fragoog">Diccionario
                  de escritores trinitarios de España y Portugal</ref>, Roma, Imprenta de Fernando
                Kleinbub, 1898, vol. 2.</p>
              <p><hi rend="sc">Aulo Gelio</hi>:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Noches áticas</hi>, trad. Amparo Gaos Schmidt, México, Universidad
                Nacional Autónoma de México, 2000.</p>
              <p><hi rend="sc">Balancy</hi>, Elisabeth:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Violencia civil en la Andalucía moderna (siglos XVI-XVII).
                  Familiares de la Inquisición y banderías locales</hi>, Sevilla, Universidad de
                Sevilla, 1999.</p>
              <p><hi rend="sc">Blanco</hi>, Mercedes:</p>
              <p>—, <ref target="http://www.raco.cat/index.php/Locus/article/view/23752/23586"
                  >«Góngora et la peinture»</ref>, <hi rend="i" xml:lang="es">Locus Amoenus</hi>, 7,
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              <p>—, <ref target="https://e-spania.revues.org/23072">«Funérailles princières sur le
                  Parnasse: une campagne d’imprimés à la mort de Lope de Vega»</ref>, <hi rend="i"
                  >e-Spania</hi>, 17, 2014, p. 1-69.</p>
              <p><hi rend="sc">Bonilla</hi>, Rafael:</p>
              <p>—, «Góngora, ¿Homero español?», <hi rend="i" xml:lang="es">Cuenca Capta. Los libros
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              <p><hi rend="sc">Canavaggio</hi>, Jean:</p>
              <p>—, <ref target="http://www.persee.fr/doc/casa_0076-230x_1965_num_1_1_932">«Góngora
                  et la ‘comedia nueva’, un témoignage inédit de Francisco del Villar»</ref>, <hi
                  rend="i">Mélanges de la Casa de Velázquez</hi>, t. 1, 1965, p. 245-254.</p>
              <p><hi rend="sc">Cascales</hi>, Francisco:</p>
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              <p><hi rend="sc">Castaldo</hi>, Daria:</p>
              <p>—, «Sull’<hi rend="i">imitatio</hi> nelle <hi rend="i">Solitudini.</hi> Góngora e
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                  Góngora</hi>, Pisa, Edizioni ETS, 2013, p. 163-178.</p>
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              <p><hi rend="sc">Chiabrera</hi>, Gabriello:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Opere di Gabriello Chiabrera e lirici del Classicismo barocco</hi>,
                Torino, UTET, 1974.</p>
              <p><hi rend="sc">Cicerón</hi>:</p>
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              <p><hi rend="sc">Comellas Aguirrezabal</hi>, Mercedes:</p>
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              <p><hi rend="sc">Conde Parrado</hi>, Pedro y <hi rend="sc">García Rodríguez</hi>,
                Javier:</p>
              <p>—, <ref target="http://hdl.handle.net/10171/36038">«Aprovechando que el Esgueva:
                  Góngora (y Quevedo) en la corte vallisoletana (1603)»</ref>, <hi rend="i"
                  xml:lang="es">La Perinola</hi>, 15 (2011), p. 57-94.</p>
              <p><hi rend="sc">Conti</hi>, Natale:</p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="es">Mitología</hi>, trad. Rosa María Iglesias y María
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              <p><hi rend="sc">Coronas Tejada</hi>, Luis:</p>
              <p>—, <hi rend="i">La inquisición en Jaén</hi>, Jaén, Diputación Provincial, 1991.</p>
              <p><hi rend="sc">Correas</hi>, Gonzalo:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Vocabulario de refranes y frases proverbiales</hi>, ed. Louis
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              <p><hi rend="sc">Covarrubias</hi>, Sebastián de:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Tesoro de la lengua castellana o española</hi>, ed. Martín de
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              <p><hi rend="sc">Dalle Pezze</hi>, Francesca:</p>
              <p>—, (ed.) <hi rend="i">Diálogo en que se contienen varias materias y se explican
                  algunas obras de don Luis de Góngora</hi>, Verona, Edizioni Fiorini, 2007.</p>
              <p><hi rend="sc">De Andrés</hi>, Gregorio (O.S.A):</p>
              <p>—, <hi rend="i">El maestro Baltasar de Céspedes, humanista salmantino, y su
                  Discurso de las Letras Humanas. Estudio biográfico y edición crítica</hi>, Real
                Monasterio de El Escorial, Biblioteca La Ciudad de Dios, 1965.</p>
              <p><hi rend="sc">Díez de Revenga</hi>, Francisco Javier:</p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="es">Polo de Medina, poeta del Barroco</hi>, Murcia, Real
                Academia Alfonso X el Sabio, 2000.</p>
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                <hi rend="sc">Dolfi</hi>, Laura:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Luis de Góngora: cómo escribir teatro</hi>, Sevilla, Renacimiento,
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              <p><hi rend="sc">Fernández de Bethencourt</hi>, Francisco:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía española: Casa
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              <p><hi rend="sc">García Jiménez</hi>, Iván:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Las Rimas (1627) de Salcedo Coronel. Edición y estudio</hi>,
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                Montero Delgado.</p>
              <p><hi rend="sc">García Soriano</hi>, Justo:</p>
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              <p>—, <hi rend="i">Francisco Cascales: Cartas Filológicas</hi>, Madrid, Espasa-Calpe,
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              <p>—, <hi rend="i">Obras</hi>, ed. Antonio Gallego Morell, Madrid, C.S.I.C., 1951.</p>
              <p><hi rend="sc">Valladares Reguero</hi>, Aurelio:</p>
              <p>—, <ref target="http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1202415.pdf">«Dos
                  justas poéticas celebradas en Andújar (1627 y 1633)»</ref>, <hi rend="i">Boletín
                  del Instituto de Estudios Jiennenses</hi>, 164, 1997, p. 149-204.</p>
              <p>—, <ref target="http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2986301.pdf">«Andújar
                  en la literatura de los siglos de oro (XVI-XVII)»</ref>, <hi rend="i">Boletín del
                  Instituto de Estudios Giennenses</hi>, 198, 2008, p. 139-164.</p>
              <p><hi rend="sc">Vega y Carpio</hi>, Félix Lope de:</p>
              <p>—, <hi rend="i">Arte Nuevo de hacer Comedias en este tiempo</hi>, ed. Felipe B.
                Pedraza Jiménez, Madrid, Teatro Español de Madrid-Sociedad Don Quijote de
                Conmemoraciones Culturales-Universidad de Castilla la Mancha, 2009.</p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="es">Servir a señor discreto</hi>, ed. Frida Weber de
                Kurlat, Madrid, Castalia, 1975.</p>
              <p><hi rend="sc">Virgilio</hi>: </p>
              <p>—, <hi rend="i" xml:lang="es">Eneida</hi>, trad. Javier de Echave-Sustaeta, Madrid,
                Gredos, 1992.</p>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
      <div>
        <index indexName="resp" n="Villar, Francisco del"/>
        <index indexName="date" n="1636"/>
        <pb
          facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p01.png"
          n="1"/>
        <head>Texto de la edición</head>
        <p>[1] <hi rend="i">Copia de unos capítulos de un libro manuscrito escrito por don</hi>
          <persName type="polemist" key="Villar, Francisco del">Francisco del Villar</persName><hi
            rend="i"> Vicario Juez eclesiástico de Andújar, por los años de 1630, cuyo original para
            en poder del marqués de la Merced</hi></p>
        <p/>
        <p><hi rend="i">Proposición sexta</hi> «<hi rend="i">En todo género de Poesía fue eminente
            don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName>».</p>
        <p>Tal es la cortedad de nuestro discurso y su capacidad tan limitada que apenas hay ingenio
          en quien dos facultades se hallen con eminencia, aunque no falta en nuestros tiempos
          presunción (raro despejo<note place="bottom">El mismo vocablo puede indicar tanto el
            «desembarazo» o la «soltura en el trato o en las acciones» como el «claro entendimiento»
            o el «talento» (RAE). Presumiblemente Villar lo emplea aquí con la acepción aproximada
            de ‘desenvoltura’, enfatizando el sentido negativo de ‘falta de cautela’ o ‘falta de
            consideración’.</note>) que se haya atrevido a tener públicas conclusiones<note
            place="bottom"><hi rend="i" xml:lang="es">Tener públicas conclusiones</hi>: referencia
            propia del ámbito universitario. Las <hi rend="i" xml:lang="es">conclusiones</hi> son
            los «puntos o proposiciones teológicas, juristas, canonistas, filosóficas o médicas que
            se defienden públicamente en las escuelas» (<hi rend="i" xml:lang="es">Aut.</hi>). Como
            me indica Pedro Conde, cabría sospechar que en la voz <hi rend="i" xml:lang="es"
              >facultades</hi> Villar está haciendo uso de una dilogía ingeniosa, ya que por una
            parte apuntaría hacia la ‘aptitud, potencia física o moral’, el ‘poder o derecho para
            hacer algo’ y también hacia la ‘ciencia o arte’, a ‘cada una de las grandes divisiones
            de una universidad’ (RAE).</note> de todas. Aun <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p02.png"
            n="2"/> dentro de una misma ciencia se dan pocas veces las manos lo práctico y lo
          teórico, verdad que ordinariamente están mirando las experiencias<note place="bottom"
            >Quizá no resulte baladí que Villar aduzca en este punto, al referirse a la teoría y la
            praxis contrapuestas, precisamente el conocimiento derivado directamente de la
            experiencia personal. Puede ello conectarse con el curioso giro que emplea unas cuantas
            líneas más abajo, aplicándolo a una suerte de prueba irrefutable: «Sus obras mismas
            harán demonstración matemática». </note>. Sea ejemplar la poética, cuyas partes, como si
          fueran incompatibles o contrarias, raras veces las vemos hermanadas en un sujeto. En lo
          Heroico se ciñeron el laurel <persName type="authority" key="Homero" precision="3"
            >Homero</persName> y <persName type="authority" key="Virgilio" precision="3"
            >Virgilio</persName>, en lo lírico <persName type="authority" key="Horacio"
            precision="3">Horacio</persName> y <persName type="authority" key="Píndaro"
            precision="3">Píndaro</persName>, en lo satírico <persName type="authority" key="Persio"
            precision="3">Persio</persName> y <persName type="authority" key="Juvenal" precision="3"
            >Juvenal</persName>, en lo epigramatario <persName type="authority" key="Marcial"
            precision="3">Marcial</persName> y <persName type="authority" key="Catulo" precision="3"
            >Catulo</persName>, en lo cómico <persName type="authority" key="Plauto" precision="3"
            >Plauto</persName> y <persName type="authority" key="Terencio" precision="3"
            >Terencio</persName>, en lo trágico <persName type="authority" key="Lucano"
            precision="3">Lucano</persName> y <persName type="authority" key="Séneca" precision="3"
            >Séneca</persName><note place="bottom">En un texto tan difundido como los <hi rend="i"
              >Poetices libri septem</hi> de Giulio Cesare Scaligero se aborda el tema de los
            géneros tanto en el libro I o<hi rend="i"> Historicus</hi> (capítulos 3-12 y 44-46) como
            en el libro tercero o <hi rend="i">Idea</hi> (capítulos 95-101 y 123-125). El humanista
            propone allí, para cada uno de los tipos, cuáles son los principales modelos que debe
            considerar un escritor neófito para ejercitar la imitación / emulación. </note>. Don
            <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName> parece que
          supo poner <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p03.png"
            n="3"/> excepción a esta regla, jugando las armas de Apolo a muchas manos y recibiendo
          cariño de todas las Musas. Algunos se han persuadido que solo en lo satírico hizo con
          mejores esfuerzos, pero cualesquiera que eche la sonda hallará su profundidad, en lo
          epigramatario, heroico y lírico. Sus obras mismas harán demonstración matemática, que no
          ha menester ajena defensa quien siempre viste tan aceradas armas.</p>
        <p/>
        <p>
          <hi rend="i">La desigualdad en los asuntos causa diferencia en el estilo §2</hi>
        </p>
        <p/>
        <p><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p04.png"
            n="4"/> Se divide la poesía en tres especies principales –épica, lírica y escénica-, las
          cuales se diferencian entre sí en los instrumentos, en las materias, en las frases y aun
          en los fines. La épica comprehende lo grave y heroico; la lírica lo dulce y florido; y la
          escénica lo humilde y gracioso<note place="margin">Vease <persName type="authority"
              key="Cascales, Francisco de" precision="3">cascales</persName> en sus tablas
            poeticas.</note>. Éstas se subdividen en otras muchas, que será prolijo referirlas, pero
          debemos creer que cada una se gobierna por diferentes leyes y que la comedia no llega a la
          gravedad de la tragedia, ni la tragedia entra con el afeite que la comedia. Como dijo
            <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Quintiliano</persName><note place="margin"> Quintl. L 2. C. 2.</note>: <quote>sua
            cuique posita est lex, suus decor, neque comedia<pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p05.png"
              n="5"/> in cothurnos asurgit neque e contra tragedia succo ingreditur<note
              place="bottom">El pasaje de Quintiliano procede del apartado <hi rend="i">De
                imitatione</hi>, incluido en el libro décimo de la <hi rend="i">Institutio
                Oratoria</hi>, II, 22. Reproduzco aquí el fragmento completo para facilitar la
              comprensión: «<hi rend="i">Id quoque vitandum, in quo magna pars errat, ne in oratione
                poetas nobis et historicos, in illis operibus oratores aut declamatores imitandos
                putemus. Sua cuique proposito lex, suus decor est: nec comoedia in cothurnos
                adsurgit, nec contra tragoedia socco ingreditur. Habet tamen omnis eloquentia
                aliquid commune: id imitemur quod commune est</hi>».</note></quote>.</p>
        <p>La grandeza, medianía o humildad del sujeto levanta, detiene o humilla el estilo y así
          dijo <persName type="authority" key="Cicerón" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Tulio</persName> que el orador perfecto ha de tratar las cosas humildes con agudeza,
          las grandes con gravedad y las medianas con templanza: <quote>humilia subtiliter, magna
            gravitate et mediocria temperitate</quote><note place="bottom"> Aduce aquí la famosa
            definición del orador perfecto, según la fórmula acuñada por Cicerón en<hi rend="i">
              Orator</hi>, XXIX, 101: «<hi rend="i">Is est enim eloquens qui et humilia subtiliter
              et alta graviter et mediocria temperate potest dicere</hi>» (‘El perfecto orador es
            aquel que sabe decir las cosas humildes con sencillez, las grandes con solemnidad, las
            medianas con moderación’).</note>.</p>
        <p>El padre <persName type="authority" key="Castro, Francisco de" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Francisco de Castro</persName> advierte que el orador ha de usar de
          diferentes estilos: del humilde para enseñar, del grave para mover y para deleitar del <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p06.png"
            n="6"/> mediano<note place="bottom"> La anotación marginal que identifica el pasaje
            resulta exacta, ya que el capítulo cuadragésimo sexto del diálogo tercero del padre
            Castro está dedicado a «<hi rend="i" xml:lang="es">De tribus dicendi generibus</hi>». Al
            comienzo del mismo puede leerse la cita que recupera Villar: «M. - <hi rend="i"
              xml:lang="es">Quot sunt dicendi genera</hi>? D.- <hi rend="i" xml:lang="es">Tria, unum
              tenue, subtile tamen et acutum, quod verbis infimis exprimitur, qualia sunt levia,
              humilia, exilia et parva; alterum vehemens et grave, quod verbis summis explicatur,
              cuiusmodi sunt gravia, sublimia, sonantia et illustria; tertium est medium et caeteris
              interiectum, quod mixtis temperatisque rebus effertur. Et hoc iuxta totidem Oratoris
              officia, qui tenui docet, gravi movet, medio delectat</hi>» (Castro 1625:
            200-201).</note>: <quote>Tenui docet, gravi movet, medio delectat</quote><note
            place="margin"> Castro d. al 3 C 46.</note><note place="bottom">
            <p>El jesuita granadino Francisco de Castro (1567-1632) es conocido hoy,
              fundamentalmente, por la autoría de dos tratados, uno de asunto oratorio y otro
              espiritual: <hi rend="i">De Arte Rhetorica Dialogi Quatuor</hi> (Córdoba: Francisco de
              Cea, 1611) y la <hi rend="i">Reformación cristiana, así del pecador como del
                virtuoso</hi> (Granada: Marcos León, 1729). En un apartado del <hi rend="i"
                >Mercurius Trimegistus</hi> de Bartolomé Jiménez Patón, se recoge la polémica que
              mantuvo con el padre Castro a propósito de algunas materias oratorias. Las críticas u
              objeciones del jesuita se publicaron junto a las <hi rend="i">Satisfacciones</hi> del
              docto tratadista en el <hi rend="i">Mercurius Trimegistus</hi> (Jiménez Patón 1621: f.
              178-205). Por cuanto ahora nos interesa, Jiménez Patón debió fundamentar en ese
              escrito sus consideraciones acerca de la existencia de tres estilos, que él denominaba
              «tenue, grave y medio». Sobre este asunto polémico, remito a Madroñal (2006: 140-141).
              Francisco de Castro debía de mantener alguna relación amistosa con Luis de Góngora y
              con el Inca Garcilaso de la Vega, destinatario de los diálogos oratorios. Recuérdese
              el bello soneto laudatorio que Góngora compuso en 1611 precisamente para el <hi
                rend="i">De Arte Rhetorica Dialogi Quatuor</hi> de este docto jesuita:</p>
            <p>Si ya el griego orador la edad presente,</p>
            <p>o el de Arpinas dulcísimo abogado,</p>
            <p>merecieran gozar, más enseñado</p>
            <p>éste quedara, aquél más elocuente,</p>
            <p>del bien decir bebiendo en la alta fuente</p>
            <p>que en tantos ríos hoy se ha desatado</p>
            <p>cuantos en culto estilo nos ha dado</p>
            <p>libros vuestra Retórica excelente.</p>
            <p>Vos reducís, oh Castro, a breve suma</p>
            <p>el difuso canal de esta agua viva;</p>
            <p>trabajo tal el tiempo no consuma,</p>
            <p>pues de laurel ceñido y sacra oliva,</p>
            <p>hacéis a cada lengua, a cada pluma,</p>
            <p>que hable néctar y que ambrosïa escriba.</p>
          </note>. <persName type="authority" key="Séneca" precision="3">Séneca</persName>,
            <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="3">Fabio</persName> y <persName
            type="authority" key="Suárez, Cipriano" precision="3">Cipriano</persName><note
            place="bottom"> El padre Cipriano Suárez (1524-1593) es el autor del compendio retórico
            más empleado en los colegios de Humanidades de la Compañía de Jesús. La primera edición
            de su <hi rend="i" xml:lang="es">De Arte Rhetorica Libri Tres ex Aristoteles, Cicerone
              et Quintiliano praecipue deprompti</hi> vio la luz en Coimbra en 1560.</note>
          autorizan este intento<note place="margin"> Sene ep. 74 Quin. L 12. C. 20 Cipria. L 3 C
            52.</note><note place="bottom"> La apostilla marginal se refiere a Lucio Anneo Séneca,
            Fabio Quintiliano y Cipriano Suárez.</note> con todo el espacio y doctrina que pide,
          pero entre todos se halla lugar la comparación de <persName type="authority"
            key="Lipsio, Justo" precision="4" unit="quote" quantity="1">Lipsio</persName>, cuya
          advertencia dijo que igualemos el lenguaje con el asunto, de la misma suerte que medimos
          las velas con la grandeza de la nave: <quote>Ut vela pro magnitudine navium, sic verba
            debent esse pro rerum</quote><note place="bottom"> ‘Como el velamen debe guardar la
            proporción con el tamaño del navío, así deben adecuarse las palabras al asunto tratado’.
            Villar recoge aquí un conocido fragmento de la <hi rend="i">Epistolica Institutio</hi>
            de Justo Lipsio: «<hi rend="i">Scilicet ut vela pro magnitude navium: sic verba debent
              esse pro rerum</hi>» (Lipsio 1996: 26). Puede recordarse la expresión lapidaria que
            sobre el tema de la adecuación del lenguaje al asunto incorporaba Quevedo en el prólogo
            a su edición de las poesías de fray Luis: «el arte es acomodar la locución al sujeto»
            (Rivers 1998: 47).</note>. <persName type="authority" key="Aristóteles" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Aristóteles</persName> enseña que la oración será conveniente
          con las cosas, si no tratamos humildemente de las magníficas, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p07.png"
            n="7"/> ni con gravedad de las humildes<note place="margin"> Aris. reth. L. 3. C.
            9.</note>: <quote>Erit oratio rebus conveniens, si neque de rebus amplissimis tenuiter,
            et summisse, neque de tenuibus graviter et ample quis dixerit</quote><note
            place="bottom"> Aristóteles, <hi rend="i" xml:lang="pt">Retórica</hi>, III, capítulo
            VII, 1-2, «De elocutionis decoro»: «<hi rend="i" xml:lang="pt">Decorum autem servabit
              illa oratio quae motus animi et mores exprimet, subiectisque rebus conveniet. Erit
              autem rebus conveniens, si neque de rebus grandibus tenuiter et ample qui
            dixerit</hi>». Tomo la cita de <hi rend="i" xml:lang="es">Aristotelis Opera Omnia
              Graece</hi>, Biponti: Ex Typographia Societatis, 1793, vol. IV, p. 332. «La expresión
            será adecuada siempre que exprese las pasiones y los caracteres y guarde analogía con
            los hechos establecidos. Ahora bien, hay analogía si no se habla desmadañadamente de
            asuntos que requieren solemnidad, ni gravemente de hechos que son banales» (Aristóteles
            1990: 512-513).</note>. No se nos vaya de las manos cuando se nos viene tanto a ellas
          este reparo de <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4" unit="quote"
            quantity="2">Quintiliano</persName>, cuya atención siguiendo los ecos de un filósofo
          dice: «lo que para unos asuntos es magnífico, para otros es sobrado, y el estilo que es
          humilde para las cosas grandes, es acomodado para las menores. Como en una oración vistosa
          se nota una palabra humilde y la juzgamos como mancha, así en el lenguaje humilde disuena
          una palabra <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p08.png"
            n="8"/> heroica»<note place="margin"> Quint. L8 C 3.</note> (<quote>Quod alibi
            magnificum, tumidum alibi, et quae humilia circa res magnificas, apta circa minores
            videntur, et sicut in oratione nitida notabile est humilius verbum, et velut macula, ita
            a sermone tenui sublime, nitidumque discordat quia in plano tremet)</quote><note
            place="bottom"> El pasaje citado proviene de Quintiliano, <hi rend="i" xml:lang="es"
              >Institutio Oratoria</hi>, VIII, 3, 18: «<hi rend="i" xml:lang="es">Clara illa atque
              sublimia plerumque materiae modo discernenda sunt: quod alibi magnificum tumidum alibi
              et quae humilia circa res magnas apta circa minores videntur. Ut autem in oratione
              nitida notabile humilius</hi><hi rend="b" xml:lang="it"><hi rend="i"> v</hi></hi><hi
              rend="i" xml:lang="it">erbum et velut macula, ita a sermone tenui sublime nitidumque
              discordat fitque corruptum quia in plano tumet</hi>» (2001, II, 149). Una traducción
            aproximada del pasaje sería: ‘una palabra que resulta magnífica en un contexto puede ser
            enfática en otro, y las palabras que dan la impresión de ser banales en relación con
            materias importantes cuadran bien a argumentos de menor relieve. De la misma manera que
            en un discurso brillante se hace notar un término en exceso humilde y viene a ser como
            una mancha, así un vocablo sublime o espléndido desentona en un estilo humilde, porque
            produce algo así como una hinchazón en una superficie plana’. </note>. El asunto heroico
          engrandece también<note rend="I" type="app"> Añadido entre líneas por el corrector.</note>
          las palabras y estilo y al mismo paso que pretende levantar el ánimo, se empeña en
          términos más significativos. Y así burla la agudeza de <persName type="authority"
            key="Persio" precision="4" unit="quote" quantity="1">Persio</persName><note
            place="margin"> Pers. sat <hi rend="u">5</hi></note> de quien habiendo de tratar intento
          grave, usa de palabras de sumisión o pacíficas: <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p09.png"
            n="9"/>
          <quote>Nescio quid tecum grave cornicaris inepte […], / verba togae sequeris</quote><note
            place="bottom"> En los versos 10-14 de la sátira V, Cornuto se refiere a los
            ‘indigestos’ temas de la poesía sublime y recurre a ciertas metáforas peyorativas
            (vientos, graznidos) para vituperar el estilo ampuloso (Persio 1988: 160-161): «<hi
              rend="i">Tu neque anhelanti, coquitur dum massa camino, / folle premis ventos nec
              clauso murmure raucus / nescio quid tecum grave cornicaris inepte, / nec scloppo
              tumidas intendis rumpere buccas. / Verba togae sequeris iunctura callidus acri</hi>»
            (‘Tú ni comprimes el viento en un fuelle resollante mientras la mena se funde en el
            horno, ni ronco, con cerrado murmullo, graznas neciamente para ti un no sé qué solemne,
            ni te empeñas en romper las mejillas hinchadas con un plopf. Te atienes a las palabras
            llanas, diestro en enlazarlas con agudeza’). Por su parte, Manuel Balasch da la
            siguiente versión del fragmento (Persio 1991: 544): «Pero tú no oprimes los vientos con
            el fuelle jadeante mientras la masa de metal se funde en la hornaza, no graznas
            estúpidamente en tus adentros mascullando en voz baja algunas frases solemnes y no
            piensas hacer estallar neciamente con un reventón tus carrillos hinchados de aire. Usas
            el lenguaje de la toga, experto en duras combinaciones». Como apunta el profesor Balasch
            en nota a su traducción, la frase «“<hi rend="i">Verba togae sequeris</hi>” se refiere
            al “lenguaje coloquial”, ya que allí “Persio ve con profundidad el problema de la
            justeza de la lengua» (1991: 544, n. 8).</note>. <persName type="authority"
            key="Marcial" precision="4" unit="quote" quantity="1">Marcial</persName>, considerando
          en su alentada musa algunos humos heroicos, se hace sentar el paso, juzgando imposible
          realzar su cómica humildad al coturno trágico<note place="margin"> Marti. l 8. C.
            3.</note>: <quote>An jubat ad tragicos poetam transferre cothurnos</quote><note
            place="bottom"> La pregunta completa se halla en el libro VIII de los <hi rend="i"
              >Epigramas</hi> de Marcial (3, 13-16 ): «<hi rend="i">An iuvat ad tragicos soccum
              transferre cothurnos / aspera vel paribus bella tonare modis, / praelegat ut tumidus
              rauca te voce magister / oderit et grandis virgo bonusque puer</hi>?» (Marcial 2007).
            En la traducción de Antonio Ramírez de Verger y Juan Fernández reza así el pasaje: «¿O
            es que te divierte convertir tu vena cómica en obras trágicas o vocear crueles guerras
            en ritmos cadenciosos para que te explique con voz engolada un engreído maestro y te
            odie la adolescente ya crecidita y el niño de buena familia?» (Marcial 2001: t. II,
            56).</note>. Practicando esta doctrina el <persName type="authority" key="Virgilio"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Príncipe de los Poetas</persName>, dice en el
          principio de su <title>Eneida</title>: <quote>Yo soy aquel que en otro tiempo escribí mis
            versos en humilde estilo, mas ahora que canto las armas de Marte y las hazañas de Eneas,
            tengo necesidad de que me inspiren las Musas</quote><note place="bottom"> Adapta con
            muchas libertades los cuatro primeros hexámetros atribuidos a Virgilio, donde se plantea
            el avance desde el terreno humilde de las <hi rend="i">Bucólicas</hi> hacia el campo
            medio de las <hi rend="i">Geórgicas</hi>, hasta llegar al espacio sublime de la epopeya.
            Evoca los cuatro versos junto al arranque del hexámetro octavo («<hi rend="i"
              xml:lang="es">Musa, mihi causas memora</hi>» ‘Recuérdame las causas, Musa’). En la <hi
              rend="i">Vita Vergilii</hi>, Elio Donato fue el primero en recoger aquellos versos,
            haciéndose eco de una noticia aducida previamente por el gramático Niso y por Servio:
              «<hi rend="i">Ille ego, qui quondam gracili modulatus avena</hi><hi rend="i">/ carmen,
              et egressus silvis vicina coëgi</hi><hi rend="i">/ ut quamvis avido parerent arva
              colono</hi>,<hi rend="i">/ gratum opus agricolis, at nunc horrentia Martis / arma
              virumque cano</hi> […]». Sobre el asunto existe abundante bibliografía; entre las
            recientes aportaciones puede verse el artículo de Mondin (2007). La traducción de
            Echave-Sustaeta reza así: «Yo soy aquel que modulé otro tiempo canciones pastoriles / al
            son de mi delgado caramillo. Después dejé los bosques / y forcé a las campiñas
            colindantes a plegarse / al codicioso afán de los labriegos. Mi obra fue de su agrado. /
            Y ahora canto las armas horrendas del dios Marte […]» (Virgilio 1992: 139).</note>.
          Sobre el cual paso, <persName type="authority" key="López, Diego" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Diego López</persName><note place="bottom"> Izquierdo
            Izquierdo (1989).</note>, comentador suyo, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p10.png"
            n="10"/> dice: <quote>guardó <persName type="authority" key="Virgilio" precision="1"
              >nuestro Poeta</persName> los tres estilos: humilde, mediano y altílocuo. Del primero
            usó en las Églogas, del segundo en las Geórgicas, del tercero en la Eneida, como cosa
            grave y heroica; y con la grandeza de su ingenio acomodó los estilos en la materia que
            escribía</quote><note place="bottom"> Reelabora aquí Francisco del Villar con sus
            propias palabras el comento de Diego López a la <hi rend="i" xml:lang="es">Eneida</hi>
            (1614: f. 258r).</note>.</p>
        <p>Las sales de <persName type="authority" key="Marcial" precision="3">Marcial</persName>
          pidieron diferente espíritu que las armas de <persName type="authority" key="Lucano"
            precision="3">Lucano</persName>, como los donaires de <persName type="authority"
            key="Plauto" precision="3">Plauto</persName> y las severidades de <persName
            type="authority" key="Séneca" precision="3">Séneca</persName><note place="bottom">
            Contrapone aquí el tono o las materias propios de cuatro géneros muy diversos: epigrama
            («sal»), epopeya («armas»), comedia («donaires») y tragedia («severidades»). Los cuatro
            modelos latinos respectivos serían Marcial, Lucano, Plauto y Séneca. Causa alguna
            sorpresa que se conceda la primacía de la épica al autor de la <hi rend="i"
              >Farsalia</hi>, dejando un tanto de lado la atribuida generalmente a Virgilio.</note>.
          Y así es imposible dar una regla general que gobierne todos los poemas. Afiancen las
          palabras de <persName type="authority" key="Cicerón" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Cicerón</persName><note place="margin"> Cic. d opt g<hi rend="sup">re</hi>
            oratn. 242.</note> el <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p11.png"
            n="11"/> crédito de este discurso, que dicen: <quote>itaque et in tragedia comicum
            vitiosum est, in comedia turpe tragicum, omnibus poematibus est certus sonus et quaedam
            intellegentibus certa vox</quote><note place="bottom"> Aparece alterada la cita de
            Cicerón, <hi rend="i">De optimo genere oratorum</hi>, I, 1: «<hi rend="i">Oratorum
              genera esse dicuntur tamquam poetarum; id secus est, nam alterum est multiplex.
              Poematis enim tragici comici epici melici etiam ac dithyrambici, quo magis est
              tractatum [a Latinis], suum quoiusque est, diversum a reliquis. Itaque et in tragoedia
              comicum vitiosum est et in comoedia turpe tragicum; et in ceteris suus est cuique
              certus sonus et quaedam intellegentibus nota vox</hi>» («Se dice que la oratoria se
            divide en géneros, como la poesía, mas resulta algo diverso, ya que sólo la poesía tiene
            esa multiplicidad. En verdad los poemas trágicos, los cómicos, los épicos, los líricos e
            incluso el género del ditirambo, que fue tratado ampliamente por los latinos, tienen
            cada uno de ellos características propias, diferentes a las de los restantes. Así pues
            insertar un elemento cómico en la tragedia es algo errado y en la comedia un elemento
            trágico resulta desagradable. Y también por cuanto atañe a los demás géneros, cada uno
            de ellos se rige por una armonía bien definida y un lenguaje bien conocido para aquel
            capaz de percibirlo»).</note>.</p>
        <p>Acomodose don <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName>
          a las condiciones individuales de cada poema con singularísimo primor, costeando los más
          escondidos puertos del Parnaso<note place="bottom">
            <hi rend="i">Costeando los más escondidos puertos del Parnaso</hi>: las imágenes de la
            navegación aplicadas al campo literario aparecen en varios puntos del <hi rend="i"
              >Compendio</hi> de Villar. Aquí el verbo «costear» puede entenderse en la acepción de
            ‘ir navegando sin perder de vista la costa’ (RAE) y enlaza con el periplo del <hi
              rend="i">poeta-nauta</hi> que recala en diferentes «puertos» o ‘géneros’ de la poesía.
            De forma mucho más extensa aparece una imaginería náutica afín en un pasaje posterior:
              «<hi rend="i">Engolfose</hi> don Luis en el <hi rend="i">Océano</hi> abundante y
            provechoso de la lección antigua y tomando alturas de <hi rend="i">seguros polos</hi>,
            halló nuevos y no conocidos <hi rend="i">rumbos, Colón</hi> de no menos preciosas <hi
              rend="i">Indias</hi> con la <hi rend="i">carta de marear</hi> de su estudiosa porfía»
            (p. 15). Véase también la nota <ref target="ref8" xml:id="ref7">infra</ref>.</note> y
          diferenciando con advertida retórica las burlas de las veras, lo heroico de lo lírico
          (como ahora veremos), con tan atildada advertencia.<note place="bottom">
            <hi rend="i">Diferenciando con advertida retórica… con tan atildada advertencia</hi>:
            bimembración ponderativa en la que se recurre a la <hi rend="i">derivatio</hi>
            («advertida / advertencia»). <hi rend="i">Atildada</hi>: «pulcra, elegante» (RAE).
          </note> que pudiera <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p12.png"
            n="12"/> parecer otro el ingenio en cada parte, a no tocar en todas el más alto
            punto<note place="bottom"> Como amablemente me indica Pedro Conde Parrado, la valoración
            de Villar podría ver la excelsitud alcanzada por Góngora como un portento que raya con
            lo paradójico. Según el latinista de la Universidad de Valladolid, Francisco del Villar
            parece reconocer aquí «que el Góngora que escribe en cada género poético es tan
            diferente a sí mismo que parece un ‘ingenio’ distinto. Esta curiosa idea podría abrir la
            puerta a aceptar las críticas de sus rivales: si es tan diferente a sí mismo según
            escriba en uno u otro género, lo lógico es pensar que en algunos haya podido alcanzar
            cotas más altas que en otros (en lo satírico, por ejemplo, respecto a lo heroico, que es
            lo que sostenían sus rivales). Pero lo que salva esa posible objeción es el hecho de que
            el escritor cordobés ha llegado en todos a la cima. Habría, pues, logrado dar una
            especie de “sello Góngora” a todo poema de cualquier género y así habría conseguido ser
            el número uno en todos; logrando ser el mismo en todos, él mismo en todos y, al tiempo,
            diferente a los demás y a sí mismo, en todos».</note>. Vio sus versos celebrados de los
          ociosos, leídos aun de las mujeres y cantados hasta de los niños de la escuela. Esto
          pretendió en sus burlas<note place="bottom"> Villar implícitamente declara aquí cuál es el
            escalafón más bajo entre los lectores de la época, según establece en el grupo
            heterogéneo que forman los indeterminados «ociosos», las «mujeres» y los «niños de la
            escuela» que se entretienen, fundamentalmente, con «burlas».</note>, pues en la
            <title>Fábula de Píramo y Tisbe</title> dijo:</p>
        <quote>
          <p/>
          <lg>
            <l>Citarista dulce, hija</l>
            <l>del Archipoeta rubio,</l>
            <l>si al brazo de mi instrumento</l>
            <l>le solicitas el pulso,</l>
            <l>digno sujeto será</l>
            <l>de las orejas del vulgo:</l>
            <l>popular aplauso quiero,</l>
            <l>perdónenme sus tribunos<note place="bottom"> [<ref
                  target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem317#l317.9"
                  >OC317.9</ref>-16] </note>.</l>
          </lg>
          <p/>
        </quote>
        <p rend="noindent">Fuéronle molestas voces tan poco ajustadas y acordadas y cansáronle
          aplausos <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p13.png"
            n="13"/> tan poco calificados. Y queriendo huir el cuerpo a las alabanzas del vulgo,
          como de poco aprecio en orejas cuerdas, advertido de todos ejemplos y segura doctrina
          latina y griega, penetró lo más escondido del Parnaso y se hizo dueño de los secretos no
          comunicados de las Musas, pretendiendo guardarse en lo heroico, con que se halló obligado
          a realzar el estilo, dificultar las frases y aun oscurecerlas<note rend="I" type="app">
            Entre líneas el corrector introduce la rectificación, ya que el copista originariamente
            transcribió “escribirlas”. </note>. Y así comenzó las <title>Soledades</title>
          diciendo:</p>
        <l>Pasos de un Peregrino son errantes </l>
        <pb
          facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p14.png"
          n="14"/>
        <l>cuantos me dictó versos dulce Musa </l>
        <l>en soledad confusa<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264A#l264A.1"
              >OC264A.1</ref>-3]</note>.</l>
        <p rend="noindent">Con que mostró la comprensión especulativa que tuvo de los preceptos de
          esta profesión y la facilidad con que se acomodó a la práctica de ellos.</p>
        <p/>
        <p>
          <hi rend="i">Don Luis de Góngora fue singular poeta epigramatario §2</hi>
        </p>
        <p>Aunque en todo género de poesía le tejieron las Musas coronas a <persName type="polemist"
            key="Góngora, Luis de">nuestro poeta</persName>, en el genio de las epigramas (que son
          inscripciones breves y agudas) no le ha igualado <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p15.png"
            n="15"/> alguno en Italia ni en Grecia: en superior esfera le miran todos, en cada hoja
          de sus guirnaldas parece que quiso la erudición escribir con letras de oro triunfos que le
          eternizan; mas, ¿qué mucho si su desvelo fue llave maestra<note place="bottom">
            <hi rend="i">Llave maestra</hi>: «la que está hecha en tal disposición que abre y cierra
            todas las cerraduras de una casa» (RAE). Mediante una imagen relacionada con la idea de
            ocultamiento (el caudal de «conceptos» y «adornos» de los grandes modelos grecolatinos
            ha permanecido encerrado bajo llave en cámaras o arcones durante siglos), Francisco del
            Villar elogia el talento gongorino para abrir aquellos enclaves cerrados y apropiarse de
            los antiguos tesoros, trayéndolos al presente con sus versos. Véase la nota <ref
              target="ref2" xml:id="ref1">infra</ref>.</note> para manifestar cuantos conceptos y
          adornos han tenido escondidos y reclusos todas las edades?<note place="bottom"> Como parte
            de la genialidad que respalda la escritura gongorina pondera la «erudición», el
            «desvelo», el continuo aprendizaje de los grandes modelos grecolatinos (la «lección
            antigua») y una tenaz búsqueda de la perfección formal, inasequible al desaliento (la
            «estudiosa porfía»).</note> Engolfose <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de"
            >don Luis</persName> en el océano abundante y provechoso de la lección antigua y tomando
          alturas de seguros polos, halló nuevos y no conocidos rumbos, Colón de no menos preciosas
          Indias con la carta de marear de sus estudios a <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p16.png"
            n="16"/> porfía<note place="bottom"> Con sus obras mayores Góngora había abierto nuevos
            caminos para la poesía de su tiempo, obrando así como Colón en su descubrimiento de la
            ruta hacia las Indias Occidentales y sus tesoros. El haz de referentes marítimos
            (‘engolfose’, ‘Océano’, ‘tomando alturas’ [con el astrolabio], ‘seguros polos’, ‘nuevos
            rumbos’, ‘Colón’, ‘preciosas Indias’, ‘carta de marear’) permitiría hablar en este
            pasaje de la configuración de una suerte de alegoría náutica en miniatura. Cabe apuntar
            que en la Europa del siglo XVII pueden espigarse varias citas que permiten poner en
            paralelo la figura del navegante genovés y las innovaciones del campo literario. Como
            ejemplo especialmente significativo, me centraré aquí en los variados casos que presenta
            la obra del influyente poeta ligur Gabriello Chiabrera (1552-1638). En la <hi rend="i"
              xml:lang="it">Vita di Gabriello Chiabrera scritta da lui medesimo</hi> puede leerse:
            «Scherzava sul poetar suo in questa forma: diceva ch’egli <hi rend="i" xml:lang="it"
              >seguia Cristoforo Colombo</hi> suo cittadino, <hi rend="i" xml:lang="it">ch’egli
              volveva trovar nuovo mondo o affogare</hi>». Chiabrera (1974: 521). Como es bien
            sabido, Chiabrera siguió en su poesía una línea de clasicismo barroco signada por el
            experimentalismo métrico, introduciendo novedades llamativas en el panorama lírico de su
            tiempo. Entre las páginas de los <hi rend="i">Dialoghi dell’Arte Poetica</hi>, de nuevo
            Chiabrera evoca la figura del almirante. Así se cierra el diálogo primero, titulado <hi
              rend="i" xml:lang="it">I Vecchietti. Dialogo intorno al verso eroico volgare</hi>:
            «Nol fanno a torto; tanto sono elle sublimi. Che vogliamo esser tutti Colombi, e porre
            il piede in mondi novelli?» (Chiabrera 1974: 548). El nombre de Colón afloraba
            nuevamente en el tercer diálogo (<hi rend="i">Il Geri. Dialogo della tessitura delle
              canzoni</hi>) en relación con la idea de las innovaciones poéticas: «Né altra cosa fa
            danno a questa usanza moderna di verseggiare, più che la riverenza dovuta all’antichità
            non scema pregio; quei modi degli antichi siedono sulla cima, questi altri sono per
            dilettare chi meno sa, e <hi rend="i" xml:lang="it">se bene fosse in ogni studio
              attenersi alle cose fatte ed altro non procacciare, certamente le tante province dal
              Colombo scoperte sarebbero tuttavia sconosciute</hi>» (Chiabrera 1974:
            579-580).</note>. No se atreviera por sí sola mi atención a tan arrogante censura: así
          lo publicaron siempre con constante entereza el maestro <persName type="polemist"
            key="Céspedes, Baltasar de">Baltasar de Céspedes</persName><note place="bottom"> Al
            margen de la mención que aparece en la segunda de las <hi rend="i">Epístolas
              satisfactorias</hi> de Angulo y Pulgar y esta cita del <hi rend="i">Compendio
              poético</hi>, no se ha exhumado hasta la fecha ninguna declaración del humanista
            Baltasar de Céspedes (Granada, h. 1560-Salamanca, 1615) a favor de la nueva poesía.
            Quizá podría sospecharse que el autor de los hoy perdidos <hi rend="i">Hypomnemata</hi>
            a los epigramas de Marcial sintiera alguna inclinación por el estilo agudo y conceptuoso
            de Góngora. Con todo, hay que recordar que en el entorno de la <hi rend="i">Alma Mater
              Helmantica</hi> la poesía del genio cordobés contaba con importantes apoyos, como el
            del helenista Andrés Cuesta y algo más adelante el de Manuel Serrano de Paz, licenciado
            en Medicina por dicha universidad. Un ajustado perfil del humanista salmantino y su obra
            se encuentra en De Andrés (1965). Sobre el texto más conocido de Céspedes, véase
            Comellas (1995). De la misma estudiosa sevillana puede consultarse la entrada dedicada a
            Baltasar de Céspedes (2009: 228-231). Por último, remito a los trabajos de Marín (1966)
            y Mañas Núñez (2002). Como me hace notar Pedro Conde Parrado, «no puede pasarse por
            alto, cuando se habla de [los <hi rend="i" xml:lang="es">Hypomnemata</hi>], una grave
            acusación que pesó y sigue pesando sobre ellos: la de que su verdadero autor fue el
            citado catedrático de la universidad salmantina Baltasar de Céspedes, maestro allí de
            Ramírez de Prado; a ello se suma la sospecha de que otra obra de este, el <hi rend="i"
              xml:lang="es">Pentecontarchos</hi>, pertenecía en realidad al suegro de Céspedes,
            Francisco Sánchez de las Brozas […]. A propósito de la supuesta usurpación de esas obras
            ajenas (tal vez mediante pago) por parte de Ramírez de Prado, cabe señalar un testimonio
            que no ha venido alegándose por parte de quienes la han investigado: Baltasar Elisio de
            Medinilla, en su diálogo inacabado <hi rend="i" xml:lang="es">El Vega de la poética
              española</hi>, hace intervenir, entre otros, a Francisco de Céspedes, hijo de
            Baltasar, y al propio Lope de Vega, en boca de quien pone la afirmación de que él, en
            persona, tuvo la oportunidad de ver en las manos del propio Francisco los “originales”
            de esas dos obras que se había arrogado “un ingenio de los tiempos”, que no es otro que
            Ramírez de Prado, aunque no se lo nombre».</note>, que lo fue de Retórica en la
          Universidad de Salamanca; el padre <persName type="polemist" key="Roa, Martín de">Martín
            de Roa</persName><note place="bottom"> Martín de Roa (Córdoba, 1561-Montilla, 1637)
            ingresó en la Compañía de Jesús en 1576. Por sus aptitudes e inclinación a las letras,
            desempeñó las funciones de docente de Retórica y Teología en el colegio de Córdoba.
            También ocupó el cargo de rector en los colegios de Jerez, Écija, Sevilla, Córdoba y
            Málaga. Residió un tiempo en Roma como procurador. En el conocido listado de <hi
              rend="i">Autores ilustres y célebres que han comentado, apoyado, loado y citado las
              poesías de don Luis de Góngora</hi>, el vigésimo sexto escritor citado es el propio
            Roa (Ryan 1953: 430 y 451). Entre las obras del jesuita cordobés puede recordarse el
            volumen sobre el <hi rend="i">Antiguo Principado de Córdoba en la España Ulterior o
              Andaluz. Traducido del latino y acrecentado en otras calidades eclesiásticas y
              seglares por su autor el Padre Martín de Roa de la Compañía de Jesús</hi>. En esta
            obra el padre Roa ensalzaba a Góngora como fértil ingenio cómico: «En nuestro siglo
            ilustres poetas se han visto, el Virgilio español Juan de Mena, que en grandeza de
            estilo, erudición y conocimiento de varias letras no cede a ninguno de los antiguos. El
            jurado Juan Rufo en su <hi rend="i">Austríada</hi> y <hi rend="i">Seiscientas</hi>,
            digno de muy buen lugar. El Plauto y Marcial de nuestra edad, don Luis de Góngora,
            superior sin agravio de los mejores latinos y griegos en cultura, agudeza y mucho más en
            sal y donaire sin comparación» (Roa 1636: 26 v.).</note>, varón eminente en todas
          letras, de cuya destreza en las lenguas castellana, latina y griega se puede muy bien fiar
          la seguridad de este juicio<note place="bottom"> Al final del manuscrito figura una «Fe de
            erratas» donde se indica: página 16, línea 6 «de juicio», debe corregirse como «de este
            juicio».</note>, pues supieron registrarles aun los ápices más pequeños de la propiedad
          y gramática de todas. <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p17.png"
            n="17"/> Los ejemplares nos pudieran<note rend="I" type="app"> Corrijo el «pudieron» que
            figura en el manuscrito como «pudieran».</note> sacar de este empeño, si el celo
          cristiano y la piedad cortés (que trabajan por tenerlas reclusas) permitieran salir a luz
          las agudezas y donaires que escribió en amoroso y satírico. La curiosidad y el despejo las
          guardan en los archivos de no pocos acreditados gustos, pero no las desperdician, ni
          estragan, aunque las traen siempre entre las manos: a la imprenta se niegan<note
            place="bottom"> Villar parece referirse aquí a la conocida circulación manuscrita de
            muchas poesías gongorinas, marcadas por el uso de «agudezas» y «donaires», de tema
            principalmente «amoroso» y «satírico». Según refiere el erudito iliturgitano, muchos
            letrados de «acreditados gustos» conservan en sus «archivos» personales copia de tales
            versos, para leerlos continuamente y traerlos «siempre entre las manos». </note>, no a
          las memorias, que para recreación del ánimo las conservan, cosa que o desdora el honor o
          desdice del recato<note place="bottom"> Como me apunta generosamente Pedro Conde Parrado,
            aquí parece que Villar afirma «que había muchos poemas de tema amoroso y satírico
            (seguramente <hi rend="i">ad personam</hi>) que no salían a la luz por tratarse de dos
            géneros que podían ir en desdoro de su autor, un sacerdote que no debía, en principio,
            dedicarse a escribir poemas ni amorosos ni satíricos. Es decir, que, además de lo que se
            dice en las notas 42-44, Villar puede referirse también (y quizá sobre todo) a la
            salvaguarda de la propia estimación pública de Góngora, no solo a la de las personas a
            las que este hubiera podido satirizar en sus poemas. Las ideas que se exponen en esa
            nota valen para los poemas satíricos, pero ¿qué pasa con los amorosos? Hay que tener en
            cuenta además la posibilidad de que este confuso texto esté estragado: por ejemplo, en
            la frase desde “Se niegan” hasta “del recato”, que a mí me parece incompleta. Lo de “Se
            niegan no a la memorias” podría querer decir que esos poemas, aunque no se difunden ni
            se dan a imprimir, no se niegan (ni pueden en realidad hacerlo) a que la gente los
            aprenda de memoria (y, por tanto, sigan haciendo nuevos ‘traslados’ que multiplican su
            difusión)».</note>. Razón es (perdone el desahogo más atrevido) <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p18.png"
            n="18"/> que ande de barrio<note place="bottom">
            <hi rend="i">Andar de barrio</hi>: el diccionario de la RAE registra los usos <hi
              rend="i">andar alguien de barrio</hi> o <hi rend="i">andar vestido de barrio</hi>,
            atribuyéndole la acepción de ‘andar de trapillo’. Como locución adverbial coloquial, el
            sentido del giro <hi rend="i">de trapillo</hi> que recoge la RAE es «con vestido llano y
            casero». La expresión de uso común en otros textos de la época. Se halla, por ejemplo,
            en la producción teatral de Lope de Vega, que la utiliza en la comedia <hi rend="i"
              >Servir a señor discreto</hi> (Lope 1975: v. 733).</note> y parezca con rebozo<note
            place="bottom">
            <hi rend="i">Parezca con rebozo</hi>: ‘se difunda de manera encubierta, oculta’. Por <hi
              rend="i">rebozo</hi> se entiende, figuradamente, el «modo de llevar la capa o manto
            cuando con él se cubre casi todo el rostro». Entre los preliminares del Códice Chacón
            puede leerse un aviso bajo el epígrafe «Adviértese». El apartado IV de dicha advertencia
            se refiere a las «Obras satíricas» e incorpora la expresión <hi rend="i">con
            rebozo</hi>: «Que se han dejado de poner entre estas obras todas las satíricas, que en
            materia grave o ligera, con rebozo o sin él, han ofendido a personas determinadas, o
            sean de poca o mucha calidad, por no renovar a la memoria de don Luis el justo
            sentimiento que él tenía de la publicidad con que han andado hasta ahora» (BNE, ms.
            RES/45, f. VIIIr).</note>, pero según el aprecio que veo de estas obras, las diligencias
          con que algunos las buscan y la avaricia con que las poseen, me persuado a que este siglo
          las ha de vincular a los venideros<note place="bottom"> A juicio de Robert Jammes y de
            Marc Vitse, la idea que se sostiene en el pasaje sería la siguiente: la circulación
            manuscrita permite respetar el decoro, sin desdorar el honor de nadie. Bajo esa luz, los
            dos catedráticos de Toulouse-Le Mirail consideran necesaria una reinterpretación de todo
            el final de la cita, y nueva redacción del comentario: «… se custodia copia de tales
            obras, pero los que para recreación del ánimo las conservan no las entregan a la
            imprenta, de modo que no se ofende al honor de nadie ni a la decencia. Algunos las
            buscan, pero cuando las tienen no las comunican, como si se hubieran de reservar para
            que las hereden los siglos venideros» (reproduzco aquí lo que me indican ambos en carta
            del dos de junio de 2014). En el pasaje posiblemente sea lícito apreciar otros matices,
            pues creo que Francisco del Villar da aquí noticia indirecta sobre una considerable
            circulación manuscrita de los epigramas gongorinos, en especial los de asunto satírico y
            amoroso. El clérigo iliturgitano afirma que «en los archivos de no pocos acreditados
            gustos» se custodia copia de tales poemas, mas tales versos no se han sometido ni a los
            estragos de la «imprenta», ni a los de la opinión pública, ya que podrían resultar de
            alguna manera lesivos para la honra de los personajes aludidos. Si en algún caso
            singular tal escritura «desdora el honor o desdice del recato», ello no impide que se
            tengan en la mayor estima, puesto que los entendidos «las buscan» con diligencia y «las
            poseen» con avaricia. Una última visión sobre este fragmento es la que me comunica
            Mercedes Blanco, que considera que «el énfasis recae en el gran valor literario de estos
            versos. Eso explica que los que tienen copia de ellos las guarden con avaricia y los
            demás las busquen con diligencia, razón por la cual se ‘vinculan’, como se hace con un
            mayorazgo, con un legado de gran valor e inalienable, para la posteridad».</note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Epigramas heroicos</hi>
        </p>
        <p>Al Escorial convento de San Jerónimo, sepulcro de los reyes de España, llamado por su
          grandeza <hi rend="i">octava maravilla</hi>, erigiolo la majestad de Filipo Segundo,
          llamado el Prudente, al invicto mártir san Laurencio<note place="bottom"> La foliación que
            Villar refleja sistemáticamente acompañando a sus citas de los <hi rend="i">incipit</hi>
            gongorinos remite sin ambages a la edición de <hi rend="i">Todas las Obras de don Luis
              de Góngora en varios poemas recogidos por don Gonzalo de Hoces y Córdoba, natural de
              la ciudad de Córdoba. Dirigidas a don Francisco Antonio Fernández de Córdoba, marqués
              de Guadalcázar</hi>, Madrid: Imprenta del Reino, 1633. Resulta, con todo, llamativo
            que las rúbricas no coincidan exactamente con las de dicha edición. Podría, pues,
            sospecharse que o bien Villar las alteraba voluntariamente en lugar de copiarlas con
            exactitud, o bien podría sospecharse que el clérigo iliturgitano alternaba la consulta
            de la edición de Hoces con la de un cartapacio gongorino de su propiedad.</note>: <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p19.png"
            n="19"/>
          <quote>Sacros, altos, dorados capiteles</quote>, folio 7, página 2<note place="bottom">
              [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem76#l76.1"
              >OC76.1</ref>]</note>. A una montería que hizo el rey Filipo Cuarto nuestro señor,
          orilla del Manzanares, en que mató un jabalí muy grande: <quote>Teatro espacioso su
            ribera</quote>, folio 36<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem357#l357.1"
              >OC357.1</ref>]</note>. Epigrama al serenísimo infante cardenal don Fernando,
          arzobispo de Toledo, hermano de nuestro Filipo Cuarto, rey de las Españas: <quote>Purpúreo
            crecido ya rayo luciente</quote>, folio 36, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem330#l330.1"
              >OC330.1</ref>]</note>. Epigrama cuarto a la muerte de la Serenísima Reina de España
          doña Margarita <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p20.png"
            n="20"/>: <quote>Ociosa toda virtud</quote>, folio 64<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem243#l243.1"
              >OC243.1</ref>]</note>. <hi rend="i">Epigrama quinto a</hi> una empanada que le envió
          el marqués del Carpio al autor, de un jabalí que había muerto: <quote>En vez de acero
            bruñido</quote>, folio 63<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem262#l262.1"
              >OC262.1</ref>]</note>. A la toma de Larache, puerto y plaza fuerte de África, que se
          encargó al marqués de San Germán. Epigrama heroico 6<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem224#l224.1"
              >OC224.1</ref>] En la «Fe de erratas» que figura al final del manuscrito se recoge:
            donde pone «heroica» debe escribirse «heroico». Puede apreciarse claramente en el códice
            que sobre la –a final del adjetivo se ha escrito de nuevo, corrigiéndose como
          –o.</note>: <quote>Larache aquel Africano</quote>. Epigrama séptimo a don Pedro de
          Cárdenas y Angulo, a quien un toro mató un caballo llamado Frontalete<note place="bottom">
              [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem247#l247.1"
              >OC247.1</ref>]</note>: <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p21.png"
            n="21"/>
          <quote>Murió Frontalete y hallo</quote>. A la pasada de los condes de Lemos por
          Guadarrama:</p>
        <p/>
        <p>
          <hi rend="i">Epigramas líricos</hi>
        </p>
        <p><quote> Montaña inarcesible, puesta en vano</quote>, folio 6, página 2<note
            place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem155#l155.1"
              >OC155.1</ref>]</note>. Epigrama lírico segundo, a una rosa: <quote>Ayer naciste y
            morirás mañana</quote>, folio 37, página 2<note place="bottom"> El texto, de dudosa
            autoría, no aparece recogido por Antonio Carreira en su edición de las <hi rend="i"
              xml:lang="es">Obras completas</hi>. Puede leerse entre los «sonetos atribuidos» de
            Luis de Góngora (1981: 597-598). Biruté Ciplijauskaité (1981: 598) recoge allí la
            siguiente afirmación de don García de Salcedo Coronel: «Algunos quieren que este soneto
            no sea de don Luis, ni lo afirmo, ni lo niego».</note>. A un afecto amoroso, mal
          correspondido: <quote>Ni en este monte, este aire, ni este río</quote>, folio 22<note
            place="bottom"> El manuscrito explicita claramente «22», aunque el poema citado no se
            localice en la página vigésimo segunda de <hi rend="i" xml:lang="es">Todas las
              Obras</hi>, sino en la página 11. Como tendremos ocasión de constatar, el copista una
            y otra vez ha incurrido en el mismo problema de lectura respecto al original, ya que la
            confusión 1 transcrito como 2 es muy frecuente.</note>, página 2<note place="bottom">
              [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem32#l32.1"
              >OC32.1</ref>]</note>. A una dulce tiranía del amor, epigrama cuarto: <quote>Siempre
            le pedí al amor</quote>, folio 66<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem377#l377.1"
              >OC377.1</ref>]</note>. A un tropezón que dio una dama: epigrama 9: <quote>Tropezó un
            día Dantea</quote><note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem382#l382.1"
              >OC382.1</ref>]</note>.</p>
        <p/>
        <p>
          <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p22.png"
            n="22"/>
          <hi rend="i">Epigramas burlescos</hi>
        </p>
        <p>A la Junta que Pisuerga<note place="bottom"> En esta página las dos veces que se ha
            escrito el hidrónimo se ha copiado erróneamente como «Pisierga». Posteriormente se ha
            revisado la copia y se ha cambiado la –i- como –u-. Ello explica que en la «Fe de
            erratas» al final del manuscrito se lea «página 22, línea 2, Pisuerga, lee
            Pisierga».</note> y Esgueva hacen en la puente de Simancas junto a los muros de
          Valladolid, epigrama segundo: <quote>Jura Pisuerga, a fe de caballero</quote>, folio
            29<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem140#l140.1"
              >OC140.1</ref>]</note>. Habiéndole dado una pensión a <persName type="polemist"
            key="Góngora, Luis de">don Luis</persName> cuando era pretendiente de una plaza, trata
          dejar la corte y recogerse a su patria, huyendo las inclemencias de los inviernos de
          Castilla: <quote>Camina mi pensión con pies de plomo</quote>, folio 30<note place="bottom"
            > [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem392#l392.1"
              >OC392.1</ref>]</note>. A una dama sevillana devota de <persName type="polemist"
            key="Góngora, Luis de">don Luis</persName> que amenazaba con él a quien le daba
          disgusto: <quote>Con la estafeta pasada</quote>, folio 63<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem167#l167.1"
              >OC167.1</ref>]</note>. <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p23.png"
            n="23"/> A don Juan de Guzmán, corregidor de Córdoba, corriendo en las ferias de una
          yegua que <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">don Luis</persName> le daba al
          duque de Béjar: <quote>Ya que al de Béjar le agrada</quote>, folio 63<note place="bottom">
            [OC 294.1]</note>. Al sepulcro de Simón Bonamí enano, epigrama: <quote>Yace el gran
            Bonamí, a quien</quote>, folio 64<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem277#l277.1"
              >OC277.1</ref>]</note>. A una creciente de Manzanares: <quote>Duélete de esa puente,
            Manzanares</quote>, folio 26, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem71#l71.1"
              >OC71.1</ref>]</note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Epigramas satíricos</hi>
        </p>
        <p>Al sepulcro de una vieja que tuvo 22 años festejo con un caballero Cerda, que murió
          tercera de voluntades, epigrama<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem433#l433.1"
              >OC433.1</ref>]</note>: <quote>Yace debajo de esta piedra fría</quote>, folio 236. <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p24.png"
            n="24"/> A don <persName type="polemist" key="Quevedo, Francisco de">Francisco de
            Quevedo</persName> habiendo traducido unas <title>elegías</title> de <persName
            type="authority" key="Anacreonte">Anacreonte</persName>, poeta griego, epigrama<note
            place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem442#l442.1"
              >OC442.1</ref>]</note>: <quote><persName type="polemist" key="Quevedo, Francisco de"
              >Anacreonte español</persName>, no hay quien os tope</quote>. A un mal médico:
            <quote>Doctor bárbaro y cruel</quote>, folio 65<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem400#l400.1"
              >OC400.1</ref>]</note>. A un mal abogado: <quote>Oh Jurisprudencia, cual</quote>,
          folio 66<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem404#l404.1"
              >OC404.1</ref>]</note>. A un casado que enriqueció a título de corto de vista y bien
          acondicionado: <quote>Casado el otro se halla</quote>, folio 65<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem402#l402.1"
              >OC402.1</ref>]</note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Epigramas sacros</hi>
        </p>
        <p>Al monte santo de Granada: <quote>Este monte de cruces coronado</quote>, folio 25<note
            place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem112#l112.1"
              >OC112.1</ref>]</note>. <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p25.png"
            n="25"/> A la capilla de Nuestra Señora del Sagrario de la Santa Iglesia de Toledo, que
          reedificó para entierro suyo el cardenal arzobispo don Bernardo de Rojas: <quote>Esta que
            admiras fábrica, esta prima</quote>, folio 22, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem307#l307.1"
              >OC307.1</ref>]</note>. A la presentación de Cristo nuestro señor en el templo:
            <quote>La vidriera mejor</quote>, folio 74<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem291#l291.1"
              >OC291.1</ref>]</note>.</p>
        <p/>
        <p><hi rend="i">Don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName><hi rend="i">
            fue en todo rigor poeta heroico</hi><note place="bottom"> Mercedes Blanco (2011: 15-16)
            indica que «el empleo de la expresión <hi rend="i">poema heroico</hi> se circunscribe en
            España al área de influencia de dos tratados de Torquato Tasso, los <hi rend="i"
              >Discorsi dell’arte poetica et in particolare del poema eroico</hi>, publicados en
            Venecia sin permiso del autor en 1587, y los <hi rend="i">Discorsi del poema
            eroico</hi>, que el mismo Tasso publicó en Nápoles en 1594. No se ha investigado
            metódicamente la recepción de estos discursos en España, pero basta con unas calas en
            los textos de la llamada polémica gongorina o con la lectura de las <hi rend="i">Tablas
              poéticas</hi> de Francisco Cascales, libro impreso precisamente en 1617, para hallar
            testimonios de su difusión […]. Del poema heroico Tasso ofrece la definición siguiente:
            ‘Yo digo que el poema heroico es una imitación de una acción ilustre, grande y perfecta,
            hecha narrando con altísimo verso con el fin de aprovechar deleitando, es decir con el
            fin de que el deleite sea la razón de que el lector leyendo con mayor gusto no rehúse lo
            provechoso’. La frase insiste en la finalidad específica que se propone el poema
            heroico: sus lectores, vencida con el arma del deleite la resistencia que opondrían a
            aburridas exhortaciones, acometerán a su vez acciones ilustres, similares a las narradas
            por el poeta».</note><hi rend="i">§</hi> 2</p>
        <p>De mano armada<note place="bottom"> Correas (2000: 979 y 1102) recoge la siguiente
            acepción para los giros afines <hi rend="i">Ir de mano armada / Venir de mano
              armada</hi>: «ir de pensado a hacer algún hecho». Esta frase resulta de uso habitual
            en la prosa áurea. Tirso de Molina la emplea en <hi rend="i">El bandolero</hi>, al
            inicio de un <hi rend="i">cartel</hi>: «Sea notorio y manifiesto que por cuanto Pedro
            Armengol, hijo legítimo y heredero de Alberto Armengol, cabeza de este apellido y señor
            de la guardia de Montblanch, indiciado de algunos falsos testigos que afirman haber dado
            de puñaladas vil y alevosamente, <hi rend="i">yendo de mano armada</hi> y en compañía de
            muchos parciales suyos […]» (Tirso de Molina 1979: 328). Por espigar otro ejemplo, Ana
            Francisca Abarca de Bolea (1993: 298) también la utiliza en su texto más conocido:
            «Favorecido fue del rey Quilderico el glorioso san Lamberto, obispo de Trayecto; pero al
            punto que murió el rey, le persiguieron sus enemigos y <hi rend="i">de mano armada</hi>
            le quitaron el obispado, poniendo en su lugar a un mal hombre llamado Sarabundo». A la
            luz de los ejemplos de Tirso y de Abarca de Bolea, además del sentido que acota Correa
            podría intuirse un significado afín al sintagma moderno ‘a mano armada’, cristalizado en
            expresiones como «atraco a mano armada» o «robo a mano armada». De forma que Villar
            podría estar refiriéndose no sólo a alguien que actúa con premeditación, sino que además
            llega con propósitos belicosos e impulsado por pésimas intenciones. </note> se ha
          querido poner la Envidia<note place="bottom"> La figura alegórica de la Envidia
            –representada como una mujer macilenta y vil que se alimenta de sierpes en los <hi
              rend="i">Emblemas</hi> de Alciato– aparece habitualmente en retratos grabados y en
            algunos paratextos, subrayando la feroz competencia que existía ya entre los artistas,
            ya entre los poetas. En un preciso estudio Javier Portús ha señalado que «la envidia es
            un concepto fundamental en la retórica sobre la creación literaria y artística en el
            Siglo de Oro», pues afecta a «una creación personal que se hace siempre en competencia
            con alguien o con algo (los colegas o la misma naturaleza) y que da lugar a un proceso
            de afirmación profesional y social» (Portús 2008: 149).</note> de parte de algunos, que
          con avaricia culpable niegan a <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">don
            Luis</persName> el blasón de <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p26.png"
            n="26"/> poeta heroico<note place="bottom"> Podría sostenerse que Villar impugna aquí el
            juicio negativo recogido por Juan de Jáuregui al comienzo y al final de su <hi rend="i"
              >Antídoto</hi> (2002: 3 y 80-81): «Aunque muchos hombres cuerdos y doctos desean con
            buena intención desengañar a V. m. y aconsejarle no escriba versos heroicos, no lo
            llegan a intentar: lo uno porque desconfían de la enmienda; lo otro, por no trabar
            guerra con V.m., si recibe mal su consejo […]. Debiera V.m., según esto, ponderar las
            muchas dificultades de lo heroico, la constancia que se requiere en continuar un estilo
            igual y magnífico, templando la gravedad y alteza con la dulzura y suavidad inteligible,
            y apoyando la elocución al firme tronco de la buena fábula o cuento, que es el alma de
            la poesía. Para los juguetes no es necesario tanto aparato ni esta sosegada prudencia,
            sino un natural burlesco y estar de gorja. Por tanto, v. m. se ha destruido después que
            emprende hazañas mayores que sus fuerzas, y aun de lo burlesco da muy mala cuenta de
            algunos años a esta parte». Una demorada reflexión sobre la importancia que asumen los
            elementos épicos / heroicos en las <hi rend="i">Soledades</hi> se encuentra en Blanco
            (2012a: 85-97). Como allí indica la citada estudiosa: en defensa de Góngora «Díaz de
            Rivas y el abad de Rute respondían al <hi rend="i">Antídoto</hi> de Jáuregui. [Tanto el
            autor del <hi rend="i">Orfeo</hi> como] Francisco Cascales [habían criticado a Góngora
            por haberse] atrevido a pisar los umbrales de lo heroico, aspirando a una cumbre del
            Parnaso que excedía la capacidad de su creador. Góngora hubiera tenido que quedarse con
            lo suyo, las <hi rend="i">nugae</hi>, las burlas, en lugar de usurpar torpemente una
            facultad entre todas ardua y contraria a su naturaleza» (2012a: 85).</note>. Pero cuando
          las evidencias descubren la cara, ¿qué ingenio dócil no las respeta? Escribió las
            <title>Soledades</title>, <title>Polifemo</title>, <title>Panegírico</title> y muchas
            <title>canciones</title> y <title>sonetos</title> que, por lo ilustre de los asuntos,
          por la pompa del verso y por la alteza del estilo, pertenecen a la épica. Éstos fueron los
          poemas donde procuró lucir la agudeza, el ingenio, la sazón de la edad y los estudios de
          la erudición. De estos hizo honrosa gala y aprecio, que de las burlas y juguetes (con
          calificarlo tanto) siempre se dio por desentendido. Para lo escénico y lírico se valió de
          su natural solo, para lo épico o heroico del natural y <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p27.png"
            n="27"/> el arte<note place="bottom"> Desde el punto de vista de la dicotomía <hi
              rend="i">ars / natura</hi>, se establece aquí una contraposición llamativa entre la
            dramaturgia y las composiciones líricas gongorinas, que según estima Villar responderían
            tan solo a la capacidad creativa de «su natural», frente a las denominadas <hi rend="i"
              >obras mayores</hi>, que entran en el campo de la épica y que para componerlas tuvo
            Góngora que apelar al doble esfuerzo del «natural y el arte».</note>. Y no hemos de
          creer que consiguió más el ocio que el desvelo, o que pudo más el descuido que los
          conatos. Para hacerse conocido el poema heroico o épico ha de guardar tres cosas en el
          principio, como dice <persName type="authority" key="López, Diego" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Diego López</persName><note place="margin"> Lopez s<hi
              rend="sup">e</hi>. et lib. enei.</note>: <quote>la primera es proponer, la segunda
            invocar, la tercera contar lo que pretende, ejecutando lo uno y lo otro con estilo
            sublime, letras eruditas y palabras ilustres</quote><note place="bottom"> La cita
            procede probablemente del inicio del comento del libro primero de la <hi rend="i"
              xml:lang="es">Eneida</hi> realizado por Diego López, pero ha sido considerablemente
            reelaborada (1614: f. 257v).</note>. Y así el padre <persName type="authority"
            key="Cerda, Juan Luis de la" precision="4" unit="quote" quantity="1">Juan Luis de la
            Cerda</persName><note place="margin"> Cerd [in] lib 2 in not. 2.</note>, sobre el mismo
            lugar<note place="bottom"> El copista se equivoca en numerosos pasajes en la
            transcripción de números del original, leyendo casi continuamente el número 1 como 2. En
            verdad se trata de un fragmento de la primera nota que Juan Luis de la Cerda redactara
            en los comentarios al libro I de la <hi rend="i" xml:lang="es">Eneida</hi>: «<hi
              rend="i" xml:lang="es">Altiora haec sunt, grandiora, consonantiora: ut quae a primis
              longe dissideant, ut quae habeant cognationem cum mediis</hi>» (Cerda 1612:
          2).</note>, habiendo puesto división de los tres estilos, dice del heroico: <quote>altiora
            haec sunt, grandiora, consonantiora</quote><note place="bottom"> Como ha subrayado
            Mercedes Blanco en fechas recientes, el padre jesuita Juan Luis de la Cerda, famoso
            docente del Colegio Imperial de Madrid, «había publicado las <hi rend="i" xml:lang="es"
              >Bucólicas</hi> y <hi rend="i" xml:lang="es">Geórgicas</hi> comentadas en Madrid en
            1608, y la <hi rend="i" xml:lang="es">Eneida</hi> en dos partes en Lyon en 1612 y 1617.
            Aunque en el aspecto de la colación de manuscritos y de la crítica textual estos
            comentarios no constituyeron al parecer progreso alguno apreciable, esta obra, según la
              <hi rend="i" xml:lang="es">Enciclopedia virgiliana</hi>, funda la tradición moderna de
            la exégesis, y ha constituido un punto de referencia constante para la crítica. El abad
            de Rute nombra a La Cerda como amigo suyo y Díaz de Rivas cita a Virgilio por mediación
            de su comentario y de las observaciones de Escalígero, pero una lectura integral de la
            polémica permitiría ver que el nombre del humanista asoma con bastante frecuencia.
            Trabajos de Jeremy Lawrance y de Andrew Laird han puesto de relieve la calidad
            sorprendente de este comentario de Virgilio. Además de docto y agudo, manifiesta una
            carencia de prejuicios que sorprende a los dos estudiosos anglosajones en un católico y
            para colmo, jesuita. Laird incluso se confiesa defraudado por no haber conseguido
            pescarlo (leyendo el comentario del libro VI, el más religioso y político de todos) en
            flagrante delito de “mostrar sus colores ideológicos y su beatería religiosa” […]. La
            Cerda divide el texto en segmentos de unos diez versos, que resume, explica y luego
            anota. Su principal y casi único propósito es hacer entender la letra de Virgilio y
            exhibir la raíz de sus valores expresivos y estéticos (escasa redundancia y nula
            trivialidad, <hi rend="i" xml:lang="es">enargeia</hi>, patetismo, renovación de la
            visión de los hombres y las cosas, concisión y elegancia, riqueza de colorido en el
            ritmo y los sonidos, profundidad de visión, ingenio). Aunque tal vez sería más prudente
            atenernos a la lista de virtudes de la poesía virgiliana que él mismo da en su elogio
            liminar del poeta, publicado en el primer tomo de su comentario (Madrid, 1608): <hi
              rend="i" xml:lang="es">Imitatio-Proprietas-Sublimitas-Pictura</hi>. Observemos que son
            virtudes técnicas (<hi rend="i" xml:lang="es">imitatio</hi>), de expresión verbal (<hi
              rend="i" xml:lang="es">proprietas</hi>) y de efecto estético (<hi rend="i"
              xml:lang="es">sublimitas-pictura</hi>), todas propias de la poesía y que no tocan para
            nada a la filosofía, la ciencia, la moral o incluso la retórica. Para demostrar la
            superioridad de Virgilio, <hi rend="i" xml:lang="es">maximus poetarum</hi>, La Cerda se
            sirve de su profundo conocimiento de autores griegos y latinos que le permiten analizar
            cada expresión notable a la luz de los matices del idioma considerado históricamente;
            comparar el texto con los de autores griegos que el poeta imita para mostrar cómo y por
            qué los mejora; citar a numerosos poetas latinos posteriores que imitan a su vez a
            Virgilio, comparando sus logros con el suyo. Como escribe Laird, pese a que el proemio
            alabe la elocuencia de Virgilio y lo declare superior a Cicerón, el comentario efectivo
            apenas pone énfasis en elementos recuperables para un adiestramiento retórico, siendo la
            poesía su verdadera preocupación. Es muy notable el desdén que manifiesta el jesuita por
            los poetastros, que a diferencia de Virgilio dejan demasiado claras las cosas y resultan
            insulsos y triviales. También profesa un arrogante despego de los lugares comunes
            morales y del saber ya accesible en diccionarios, polianteas, enciclopedias
            mitográficas» (Blanco 2013: 33-35).</note>.</p>
        <p/>
        <p><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p28.png"
            n="28"/><persName type="authority" key="Zwinger, Theodor" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">El autor del</persName><title>Gran Teatro</title><note place="margin">
            Teatrum 2º Poeta.</note><note place="bottom"> Se refiere a Theodor Zwinger y a los ocho
            volúmenes de su compendio erudito <hi rend="i">Magnum Theatrum Humanae Vitae</hi>
            (1631-1707).</note> da por seña del poema heroico que ha de ser continuado el verso
          hexámetro (que es lo mismo que heroico) y que los sucesos refieran persona ilustre:
            <quote>Continuata poemata dicuntur quae continuata oratione a poeta enarratur, cuiquidem
            orationis continuo cursu carmen hexametrum, quo heroum gesta decantantur, sit
            aptissimum</quote><note place="bottom"> ‘Se denomina poemas continuos a aquellos en los
            que el poeta articula el relato de forma continuada, de manera que el verso hexámetro
            –en el que se cantan las gestas de los héroes– resulta del todo apropiado a cada uno de
            sus discursos, en un curso ininterrumpido’.</note>.</p>
        <p>Aún no significó tanto este nombre en el oído de <persName type="authority" key="Ennio"
            precision="3">Ennio</persName>, de quien dice <persName type="authority"
            key="Rodiginio, Celio" precision="4" unit="quote" quantity="2">Rodiginio</persName><note
            place="margin"> Rodig L 7 C. 6</note>
          <note place="bottom"> La abreviatura se refiere a Celio Rodigino: el verdadero nombre de
            este conocido humanista italiano era Ludovico Ricchieri (Rovigo, 1469 – Padua, 6 de
            marzo de 1525). Se dedicó a la docencia en su ciudad de origen (1491-1499; 1503-1504) y
            en otros grandes centros urbanos de Italia, como Milán (1511-1516). Después de un
            peregrinaje por varios focos académicos de prestigio, regresó a su lugar de origen en
            1523. La primera edición de su obra magna, las <hi rend="i">Antiquae Lectiones</hi>, vio
            la luz en 1516, distribuida en dieciséis libros. La publicación de la segunda edición
            ampliada de esta obra erudita salió de las prensas en 1542, varios años después de la
            defunción del autor. Sobre el erudito de Rovigo y su obra más conocida, véase Ruiz
            Miguel (2009) y Piovan (2013). Véase la nota <ref target="ref4" xml:id="ref3"
              >infra</ref>.</note> que lo mismo entendió por verso heroico que largo:
            <quote>heroicus versus vocabit <persName type="authority" key="Ennio" precision="1"
              >Ennius</persName> longos heroicus etiam hexameter dicitur</quote><note place="bottom"
            > La cita exacta reza así en el apartado <hi rend="i" xml:lang="es">De sepulchris
              pluscula et sepeliendi ritu</hi>: «<hi rend="i" xml:lang="es">Sepulchrum porro exstrui
              vetat altius, quam viri quinque diebus totidem excitare possint. Lapides non maiores
              quam ut possint defuncti laudes quatuor solum heroicis versibus aeditas comprehendere.
              Quos, ut Cicero inquit, longos vocavit Ennius. Nam et Diomedes : - Heroicus (inquit)
              etiam hexameter dicitur, et pythius vel epicus et pyrrhichius ac bucolius, super quas
              appellationes etiam Latine longus pes vocatur</hi>» (Ricchièri 1566: 651). </note>. Si
          la resolución de este autor <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p29.png"
            n="29"/> últimamente fue la nuestra<note place="margin"> idem L 27 c 26</note>:
            <quote>heroicum carmen laudes heroum</quote>, el padre <persName type="authority"
            key="Rader, Matthäus" precision="4" unit="quote" quantity="1">Radero</persName><note
            place="margin"> Rodero Sup[...]r C 32 lib. 5 man</note><note rend="I" type="app">
            Corrijo el error evidente del copista, que transcribe literalmente «Rodero» tanto en el
            texto como en la anotación marginal.</note> lo define mejor diciendo que el argumento
          del verso heroico ha de ser severo, grande e ilustre: <quote>Heroici enim carminis
            argumentum seuerum, grande et illustre</quote><note place="bottom"> La cita procede de
            las anotaciones del padre Matthäus Rader al sintagma <hi rend="i">seuerus herois</hi>,
            perteneciente al epigrama vigésimo del libro tercero de los <hi rend="i"
              >Epigrammata</hi> de Marcial (1611: 258-259).</note>. La mucha erudición y recóndita
          doctrina (a quien están vinculadas las atenciones y desvelos) hacen también conocido el
          poema heroico; y así ponderando estas obligaciones y precisos empeños deja <persName
            type="authority" key="Marcial" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Marcial</persName><note place="margin"> Martial lib. 6 C. 3 admian</note> este género
          de poesía<note rend="I" type="app"> El copista había escrito «poema», el corrector
            rectificaría el término superponiendo la sílaba «si» sobre la «m».</note>, como
          lastimándose de sus profesores, para los que se desvelan y pasan las noches de claro en
          claro sin dormir y él se acoge a sus burlas.</p>
        <p/>
        <pb
          facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p30.png"
          n="30"/>
        <quote><l>Scribant ista graves nimium nimiumque severi </l><l>quos media miseros nocte
            lucerna videt<note place="bottom"> Cita los versos 17-18 del epigrama tercero del libro
              VIII de los <hi rend="i">Epigrammata</hi> de Marcial. Una traducción aproximada sería:
              ‘Que escriban esas cosas los autores graves en exceso, los excesivamente severos, /
              los desdichados a los que contempla el candil en mitad de la
          noche’.</note>.</l></quote>
        <p rend="noindent">Tan graves han de ser las palabras, tan ilustre el estilo que levanten el
          ánimo y lo alienten a empresas altas. Y así aconseja y solicita lección <persName
            type="authority" key="Quintiliano" precision="4" unit="quote" quantity="1"
            >Quintiliano</persName>: <quote>ut sublimitate heroici carminis animus asurgat et ex
            magnitudine rerum spiritum ducat</quote><note place="bottom"> Quintiliano, <hi rend="i"
              xml:lang="fr">Institutio Oratoria</hi>, I, 8, 5: «<hi rend="i" xml:lang="fr"
              >Interim</hi> <emph>et</emph> <hi rend="i" xml:lang="fr">sublimitate
              heroi</hi> <emph>carminis animus</emph> <hi rend="i" xml:lang="fr"
              >adsurgat</hi> <emph>et ex magnitudine rerum spiritum ducat et</emph> <hi rend="i"
              xml:lang="fr">optimis imbuatur</hi>».</note>. Hasta que llega la madurez de la edad y
          la sazón del discurso no tiene el ingenio los quilates y fondos que pide el poema heroico:
          circunstancia advertida de <persName type="authority" key="expositores de Virgilio"
            precision="3">los expositores de</persName>
          <persName type="authority" key="Virgilio" precision="2">Virgilio</persName> sobre aquella
          palabra <quote>quondam</quote><note place="bottom"> Nuevamente apunta al arranque del
            proemio de la <hi rend="i" xml:lang="es">Eneida</hi> –atribuido a Virgilio– donde la
            colección de <hi rend="i" xml:lang="es">Bucólicas</hi> se plantea como obra juvenil
              («<hi rend="i" xml:lang="es">Ille ego, qui quondam gracili modulatus avena</hi>
            <hi rend="i" xml:lang="es">/ carmen</hi>»). El comentario completo de Juan Luis de la
            Cerda (1612: 3) al término <hi rend="i" xml:lang="es">quondam</hi> reza: «<hi rend="i"
              xml:lang="es">Adhuc iuuenis, nec dum aptus heroicae maiestati, grauitati, splendori.
              Audi, hoc, adolescens, neque aude id aetatis quod non ausus ingeniorum apex
            Maro</hi>». Como recalca Pedro Conde Parrado, el final de la afirmación del padre de la
            Cerda no significa lo que dice Villar, sino «Oye tú, mancebo, y a esta edad tuya no te
            atrevas a lo que no se atrevió Marón, el más alto de los ingenios». </note>. <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p31.png"
            n="31"/> Y el padre <persName type="authority" key="Cerda, Juan Luis de la"
            precision="4" unit="quote" quantity="2">Juan Luis de la Cerda</persName> como
          reprehendiendo los atrevimientos de algunos mozos y aun burlando de ellos dice<note
            place="margin"> Cerd. Sup l 2 eneid. not 2</note>: «<quote>Siendo de pocos años
              <persName type="authority" key="Virgilio" precision="1">Virgilio</persName> —palabras
            medidas a nuestro caso— escribió cosas ligeras, pero de los poemas heroicos trató en
            edad sazonada. Oye tú esto, mancebo, y no te atrevas a más que la primera regla de los
            ingenios</quote>. <quote><persName type="authority" key="Virgilio" precision="1"
              >Maro</persName> adhuc iuvenis dum aptus heroicae majestati, gravitati, splendori,
            audi hoc adolescens neque aude id aetatis quod non ausus ingeniorum apex <persName
              type="authority" key="Virgilio" precision="1">Maro</persName></quote>»<note
            place="bottom"> Al igual que hemos apreciado en la nota 131, de nuevo se produce el
            mismo error en la copia de los números, ya que la cita se corresponde a la nota 1 al
            libro I de la <hi rend="i" xml:lang="es">Eneida</hi>, que Juan Luis de la Cerda había
            dispuesto como glosa a la voz <hi rend="i" xml:lang="es">Quondam</hi>. Transcribo aquí
            la anotación completa del docto jesuita toledano (Cerda 1612: 3): «<hi rend="i"
              xml:lang="es">Adhuc iuuenis, nec dum aptus heroicae maiestati, grauitati, splendori.
              Audi hoc, adolescens, neque aude id aetatis, quod non ausus ingeniorum apex Maro.
              Ludendum tibi epigrammatis, odis, eclogis, elegiacis; heroica dignitas non attigenda
              nisi maturo iam et vegeto ingenio</hi>».</note>. Todas estas leyes guardó <persName
            type="polemist" key="Góngora, Luis de">nuestro poeta don Luis</persName> en las
            <title>Soledades</title>, <title>Polifemo</title>, <title>Panegírico</title>
          <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p32.png"
            n="32"/> y otras obras donde cumplió exactamente las obligaciones de lo heroico, con que
          parece que no nos deja ocasión de dudar<note place="bottom"> En la «Fe de erratas» al
            final del manuscrito se lee: «Pag. 32 línea 3 <hi rend="i">dudar</hi>, lee <hi rend="i"
              >duda</hi>».</note> y así <persName type="polemist" key="Díaz de Rivas, Pedro">Pedro
            Díaz de Rivas</persName> en la edición de Madrid le intitula el <persName
            type="authority" key="Góngora, Luis de" precision="3">Homero español</persName><note
            place="bottom"> Se refiere al famoso título de las <hi rend="i">Obras en verso del
              Homero español, que recogió Juan López de Vicuña</hi>, Madrid: Por la viuda de Luis
            Sánchez, 1627, existe una edición facsímil, con prólogo e índices de Dámaso Alonso
            (Góngora 1963). Puede sospecharse que Villar tenía noticia de la colaboración de Pedro
            Díaz de Rivas con Vicuña, ya que el volumen –recogido por la Inquisición– entre los
            preliminares incorporaba una advertencia <hi rend="i">Al lector</hi>, donde se prometía
            una segunda entrega que jamás llegó a ver la luz: «Y aun se aumentará el volumen con los
            comentos del <hi rend="i">Polifemo</hi> y <hi rend="i">Soledades</hi> que hizo el
            Licenciado Pedro Díaz de Rivas, lucido ingenio cordobés» (1627: ¶6v).</note>. Del
            <title>Polifemo</title> el mismo <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">don
            Luis</persName> confiesa que es heroico, a quien pertenece lo trágico. También lo es el
          asunto, por ser este gigante hijo del dios Neptuno y Europa<note place="bottom"> Sobre el
            linaje divino del monstruoso Polifemo no parecen existir demasiadas variantes
            mitográficas: hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, hija de Forcis, en la tradición
            griega; de Neptuno y de Toosa en la tradición latina (Grimal 1998: 440 y Ruiz de Elvira
            1995: 438). Sin embargo, Apolonio de Rodas en las <hi rend="i" xml:lang="es"
              >Argonáuticas</hi> (libro I, 179-184) establecía una línea de filiación diversa.
            Apolonio «dice que ese Polifemo, de admirable tamaño, fue hijo de Neptuno y de Europa,
            hija de Titio en estos versos: “Además, después de éstos, abandonando Ténedos llega
            Eufemo, al que, el más veloz corredor de todos, dio a luz para Posidón Europa, la hija
            del fuerte Titio. Este hombre corría incluso sobre las olas del verde mar y no sumergía
            los rápidos pies, sino que, rozándolo, se deslizaba por el húmedo camino con la punta de
            sus pies”». El mitógrafo renacentista Natale Conti se hizo eco de este otro linaje,
            reproduciendo el citado pasaje de la epopeya helenística. Lo más probable es que Villar
            conociera el dato no por una lectura directa de las <hi rend="i" xml:lang="es"
              >Argonáuticas</hi>, sino a través del admirable tratado mitográfico, uno de los más
            leídos en toda Europa. Véase Conti (1988: 682-683).</note>. Y el estilo del metro, el
          orden y la erudición claramente lo dicen y la misma obra lo testifica, de que harán
          argumento estas estancias<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255#l255.1"
              >OC255.1</ref>-32]</note>.</p>
        <p/>
        <quote>
          <p>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p33.png"
              n="33"/>
            <hi rend="i">Al excelentísimo señor conde de Niebla</hi>
          </p>
          <lg>
            <l>Estas que me dictó rimas sonoras</l>
            <l>culta sí, aunque bucólica Talía,</l>
            <l>oh excelso conde en las purpúreas horas</l>
            <l>que es rosa el alba y rosicler el día</l>
            <l>en tanto que de luz tu niebla doras,</l>
            <l>escucha al son de la zampoña mía,</l>
            <l>si ya los muros no te ven de Huelva</l>
            <l>peinar el viento y fatigar la selva.</l>
          </lg>
          <lg>
            <l>Y templado pula en la maestra mano</l>
            <l>el generoso pájaro su pluma</l>
            <l>o tan mudo en la alcándara que en vano</l>
            <l>aun desmentir el cascabel presuma,</l>
            <l>tascando haga el freno de oro cano</l>
            <l>del caballo andaluz la ociosa espuma</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p34.png"
              n="34"/>
            <l>gima el lebrel en el cordón de seda</l>
            <l>y al cuerno al fin la cítara suceda.</l>
          </lg>
          <lg>
            <l>Treguas al ejercicio sean robusto</l>
            <l>ocio atento, silencio dulce, en cuanto</l>
            <l>debajo escuchas de dosel augusto</l>
            <l>del músico jayán el fiero canto.</l>
            <l>Alterna con las musas hoy el gusto,</l>
            <l>que si la mía puede ofrecer tanto</l>
            <l>clarín y de la Fama no segundo</l>
            <l>tu nombre oirán los términos del mundo.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p>
          <hi rend="i">A la </hi>
          <title>Fábula</title>
          <note place="bottom"> Recuérdese cómo el inicio del epilio había suscitado ya los más
            altos elogios de Villar en la carta que dirigió a fray Juan Ortiz, misiva recogida por
            Cascales en sus <hi rend="i">Cartas Filológicas</hi> (I, 9): «Si nuestro poeta tratara
            de alguna historia, culpáramosle en hora buena, porque como los heroicos hechos y
            grandiosas hazañas se proponen para que todo el mundo las imite y entienda, es bien se
            imiten con estilo claro; mas conceptos sutiles levantados de punto, singulares
            alusiones, pinturas fabulosas, galanas fábulas a propósito, <hi rend="i">qui potest
              capire, capiat</hi>. Y si sabe hacer todo esto, díganlo sus obras todas y comencemos
            por el principio del <hi rend="i">Polifemo</hi>, que es pasmoso: “El mar sicilïano / el
            pie argenta de plata al Lilibeo, / bóveda o de las fraguas de Vulcano / o tumba de los
            huesos de Tifeo”. ¿Qué mayor gala, que más linda pintura de aquellos volcanes?, ¿qué más
            bien tocada la fábula de los gigantes?, ¿y qué más bien dispuesta la descripción del
            sitio? Y particularizando más mi intento, cotejemos a don Luis con los poetas latinos, a
            cuya superioridad todo el mundo reconoce vasallaje y se rinde, y veremos si les imita y
            aun si les excede y sobrepuja» (Martínez Arancón 1978: 200). Véase la edición digital
            del texto, cuidada por Margherita Mulas.</note>
          <title> de Polifemo y Galatea</title>
        </p>
        <quote>
          <lg>
            <l>Donde espumoso el mar sicilïano</l>
            <l>el pie argenta de plata<note rend="I" type="app"> El copista originalmente
                transcribió «planta», el corrector suprimió la «n».</note> al Lilibeo,</l>
            <l>bóveda o de las fraguas de Vulcano</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p35.png"
              n="35"/>
            <l>o tumba de los huesos de Tifeo,</l>
            <l>pálidas señas cenizoso un llano</l>
            <l>cuando no del sacrílego deseo</l>
            <l>del duro oficio da, allí una alta roza </l>
            <l>mordaza es una grata de su boca.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p>Las <title>Soledades</title> no quedaron acabadas, pero de los principios se puede hacer
          fácil conjetura para los fines<note place="bottom"> El carácter inconcluso del <hi
              rend="i">opus magnum</hi> gongorino ha sido objeto de una reciente aportación de
            Sánchez Robayna (2011: 289-312).</note>, con alusión a <persName type="authority"
            key="Virgilio" precision="3">Virgilio</persName>, que hasta el séptimo libro no
          introdujo las guerras de Turno y Eneas, que eran su acción principal, gastando lo
          precedente en episodios y digresiones, si bien importantes. Lo ilustre y heroico del
          forastero bien lo explica aquel apóstrofe que el poeta hace al Amor<note place="bottom">
              [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264C#l264C.665"
              >OC264C.665</ref>-671]</note>:</p>
        <quote>
          <lg>
            <l>Al peregrino por tu causa vemos</l>
            <l>alcázares dejad donde excedida</l>
            <l>de la sublimidad la vista apela</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p36.png"
              n="36"/>
            <l>para su hermosura</l>
            <l>en que la Arquitectura</l>
            <l>a la Geometría se rebela,</l>
            <l>jaspes calzada y pórfidos vestida.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p rend="noindent">Lo rico de su traje y vestido también dio indicios de su nobleza, pues
          dijo el anciano<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.516"
              >OC264B.516</ref>-530]</note>:</p>
        <quote>
          <lg>
            <l>Cabo me han hecho, hijo,</l>
            <l>de este hermoso tercio de serranas,</l>
            <l>si tu neutralidad sufre consejo</l>
            <l>y no te fuera obligación precisa,</l>
            <l>la piedad que en mi alma ya hospeda</l>
            <l>hoy te convida al que nos guarda sueño</l>
            <l>política alameda,</l>
            <l>verde muro de aquel lugar pequeño</l>
            <l>que a pesar de esos fresnos se divisa.</l>
            <l>Sigue la femenil tropa conmigo:</l>
            <l>verás curioso y honrarás testigo</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p37.png"
              n="37"/>
            <l>el tálamo de nuestros labradores,</l>
            <l>que de tu calidad señas mayores</l>
            <l>me dan que del Océano tus paños,</l>
            <l>o razón falta donde sobran años.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p rend="noindent">En esta obra (a juicio mío) parece que se halla el ingenio más admirado y
          el primor más subido de punto y la atención más desahogada, y por la novedad del verso,
          por la libertad de las cadencias y por la valentía y viveza con que logra en floreadas
            pinturas<note place="bottom">
            <hi rend="i">La valentía y viveza con que logra en floreadas pinturas</hi>: Francisco
            del Villar parece ponderar con esta frase la <hi rend="i">enárgeia</hi> o capacidad de
            sugestión visual de la inconclusa obra magna gongorina, inspirado en el paralelo con la
              <hi rend="i">pintura valiente</hi>. Véase a este propósito Blanco (2004: 197-208 y
            2012b: 261-298).</note> las mayores alusiones que presumió formar la idea. Sea ejemplo
          esta imitación de <persName type="authority" key="Virgilio" precision="3"
            >Virgilio</persName> donde nuestro poeta encarece con briosísimos hipérboles la ligereza
          de unos pastores tan adelantada que apenas le permite competencia a quien desprecia la de
          los mejores poetas [38] del mundo<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem264B#l264B.1025"
              >OC264B.1025</ref>-1064] </note>.</p>
        <p/>
        <quote>
          <lg>
            <l>Advocaron allí<note rend="I" type="app"> El copista escribió inicialmente «allí».
                Posteriormente el corrector rectificó introduciendo una forma adverbial
                «assí».</note>toda la gente</l>
            <l>cierzos del mar y Austros de la sierra</l>
            <l>mancebos tan veloces</l>
            <l>que cuando corres más dora la tierra</l>
            <l>y argenta el mar desde sus grutas hondas</l>
            <l>Neptuno sin fatiga</l>
            <l>su vago pie de pluma</l>
            <l>surcar pudiera mieses, pisar ondas,</l>
            <l>sin inclinar espiga,</l>
            <l>sin vïolar espuma.</l>
            <l>Dos veces eran diez y dirigidos</l>
            <l>a dos olmos que quieren, abrazados,</l>
            <l>ser palios verdes, ser frondosas matas</l>
            <l>salen cual de torcidos</l>
            <l>arcos, o nerviosos o acerados,</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p39.png"
              n="39"/>
            <l>con silbo igual, dos veces diez saetas.</l>
            <l>No el polvo desparece</l>
            <l>el campo, que no pisan a la hierba;</l>
            <l>es el más torpe una herida cierva,</l>
            <l>el más tardo la vista desvanece</l>
            <l>y siguiendo al más lento</l>
            <l>cojea el Pensamiento. </l>
            <l>El tercio casi de una milla era</l>
            <l>la prolija carrera<note rend="I" type="app"> Conjunto de palabras tachada tras
                «carrera».</note></l>
            <l>que los hercúleos troncos hace breves,</l>
            <l>pero las planta leves</l>
            <l>de tres sueltos bajeles</l>
            <l>la distancia sincopan tan iguales</l>
            <l>que la atención confunden judiciosa.</l>
            <l>De la Peneida virgen desdeñosa</l>
            <l>los dulces fugitivos miembros bellos</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p40.png"
              n="40"/>
            <l>en la corteza no abrazó reciente</l>
            <l> más firme Apolo, más estrechamente</l>
            <l>que de una y otra meta glorïosa</l>
            <l>las duras basas abrazaron ellos</l>
            <l>con triplicado nudo.</l>
            <l>Árbitro Alcides en sus ramas, dudo</l>
            <l>que el caso decidiera</l>
            <l>bien que su menor hoja un ojo fuera</l>
            <l>del lince<note place="bottom"> En el manuscrito se ve perfectamente la corrección: se
                ha escrito sobre la palabra incorrecta «línea», corrigiéndola como «lince». Figura
                al final del manuscrito en la «Fe de erratas».</note>más agudo.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p>
          <hi rend="i">Don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName>
          <hi rend="i"> fue eminente en lo lírico</hi>
        </p>
        <p>Pocos pertrechos de razones y menos aparatos de argumentos serán necesarios <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p41.png"
            n="41"/> para conseguir este intento, pues aunque <persName type="polemist"
            key="Díaz de Rivas, Pedro">Pedro Díaz de Rivas</persName> y la edición primera de las
            <title>Obras</title> de <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">don
            Luis</persName> le intitula el <persName type="authority" key="Góngora, Luis de"
            precision="3">Homero español</persName><note place="bottom"> Alude al título<hi rend="i"
              > Obras en verso del Homero español, que recogió Juan López de Vicuña…</hi> Sobre los
            posibles paralelos de la poesía gongorina con los textos de Homero pueden consultarse
            tres estudios recientes: Ponce Cárdenas (2009: 9-109) (en especial el apartado «Quiebros
            de la majestad épica: los poemas homéricos», p. 13-19), Bonilla (2011: 207-248) y Blanco
            (2012: 261-298).</note>, <persName type="polemist" key="Pellicer, José">un docto
            comentador</persName><note place="margin"> Pellicer en lut sol[…].</note> suyo le da el
          lauro de <persName type="authority" key="Góngora, Luis de" precision="3">príncipe de los
            poetas líricos</persName> y este parecer sigue el mayor resto de los aficionados a sus
            obras<note place="bottom"> Apunta de manera explícita al título de las <hi rend="i"
              >Lecciones Solemnes a las obras de don Luis de Góngora y Argote, Píndaro andaluz,
              Príncipe de los Poetas líricos de España. Escribíalas don Joseph Pellicer de Salas y
              Tovar</hi>, Madrid: Imprenta del Reino, 1630.</note>. Y yo, que en el ingenio de
            <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de" precision="3">tan grande
            poeta</persName> ni he conocido término ni he hallado suelo, sin desistir de mi primer
          intento, con facilidad me acomodo también a este<note place="bottom"> Según los parámetros
            de la <hi rend="i">imitatio</hi> y la <hi rend="i">aemulatio</hi>, en la estimativa de
            un poeta barroco se consideraban también las afinidades de su perfil con el de los más
            exquisitos poetas antiguos. Junto al paralelo con Homero (que a algunos no pareció
            convencer demasiado) y con Píndaro (que acabamos de ver en la nota precedente), la
            poesía gongorina se parangonó con la del más complejo poeta de la Antigüedad tardía, el
            alejandrino Claudio Claudiano. Baste recordar aquí una frase rotunda de don García de
            Salcedo Coronel: «a ningún poeta imitó más don Luis que a nuestro Claudiano». Esa
            primera aseveración <hi rend="i">cuantitativa</hi> habría aún de intensificarla el
            comentarista hispalense más adelante: «Claudiano, a quien <hi rend="i">siempre</hi>
            imita nuestro don Luis» (Salcedo Coronel 1648: 32 y 74). En tono similar se expresaría
            José Pellicer al mesurar el aprecio que el creador de las <hi rend="i">Soledades</hi>
            sintiera por la obra del alejandrino: «Claudiano, a quien fue <hi rend="i">grandemente
              aficionado</hi> el príncipe de los poetas líricos de España, don Luis de Góngora»
            (Pellicer 1630a: 166v). Todo ese <hi rend="i">renacer</hi> de la poesía tardo-antigua
            durante el siglo XVII movería también a otro culto humanista barroco, el cronista
            aragonés Juan Francisco Andrés de Uztarroz (1638: 244), a defender la identificación
            entre los dos poetas, definiendo a Góngora con un sintagma tan elocuente como «Claudiano
            cordobés». Sobre el paralelo Góngora-Claudiano son de obligada consulta las brillantes
            aportaciones de Castaldo (2013, 2014, 2015).</note>. El poema lírico pide estilo suave,
          palabras vivas y amorosas y dulzura y profundidad en el concepto, para que las
          consonancias y sentencias entretengan en la música o lira, de donde <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p42.png"
            n="42"/> tomó el nombre este poema<note place="margin"> Rodig l 7 cap 3.</note>, como
          dice <persName type="authority" key="Rodiginio, Celio" precision="3"
            >Rodiginio</persName><note place="bottom"> Sobre Celio Rodigino, véase la nota <ref
              target="ref3" xml:id="ref4">supra</ref>. En el capítulo tercero del libro séptimo de
            los <hi rend="i">Antiquarum Lectionum Libri XXX</hi> se abordan los temas siguientes:
              «<hi rend="i">Poetas quo pacto citra noxam legas. Interim quae dicantur amethysta et
              quid pedagogia. Pedagogiani pueri, paedisca, paediscium, paederos. Item de polypo
              denique mandragora scitu digna. Porro cuiusmodi sit poetica imitatione non de crepidis
              Demonidae claudi</hi>» (Ricchièri 1566: 224). La referencia que da Villar no es del
            todo exacta, ya que el nombre del género lírico no se halla en el capítulo tercero, sino
            en el cuarto, donde se consagra un apartado a los <hi rend="i">Poetarum genera</hi>:
              «<hi rend="i">Sunt qui excellentiae quadam proprietate, nullo utique peculiari
              insigniantur nomine, verum communi appellantur Poetae. Et Lyricorum quidem indicium,
              quo ab reliquis secernuntur et dicitur a Graecis γνώρισμα , id est praecipuum, quod ad
              lyram eorum concinuntur carmina, ut Pindari novem Lyricorum principis</hi>» (Ricchièri
            1566: 227).</note>. <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Don Luis</persName>
          cumplió tan fielmente estas obligaciones que el ingenio más presumido desespera el poder
          imitarlo, hallándolo adornado de una claridad artificiosa y una sutileza suave. Y así me
          atrevo a decir de él, como <persName type="authority" key="Quintiliano" precision="4"
            unit="quote" quantity="1">Quintiliano</persName><note place="margin"> Quint. L 20 Cap
            2</note><note place="bottom"> Se refiere en realidad a <hi rend="i">Institutio
              Oratoria</hi>, X, 1, 96.</note> de <persName type="authority" key="Horacio"
            precision="3">Horacio</persName>, que sus versos están llenos de gracia y donaires, que
          sus figuras son<note place="bottom"> Se aprecia claramente la corrección con tinta más
            oscura. Donde aparecía el término incorrecto «soi» puede leerse ahora «son». Figura al
            final del manuscrito en la «Fe de erratas».</note> hermosas, sus atrevimientos
          agradables y que últimamente él es casi solo digno de ser leído: <quote>ipse fere solus
            legi dignus est in iucunditatis et graciae et variis figuris et verbis felicissime
            audax</quote><note place="bottom">
            <hi rend="i" xml:lang="fr">Institutio Oratoria</hi>, X, 1, 96: «<hi rend="i"
              xml:lang="fr">At Lyricorum idem Horatius fere solus legi dignus est. Nam et insurgit
              aliquando et plenus est iucunditatis et gratiae et variis figuris et verbis
              felicissime audax</hi>».</note>. Den ejemplo estas letras, siendo suerte y no elección
            <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p43.png"
            n="43"/> trasladarlas, que ocurrieren antes<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem128#l128.1"
              >OC128.1</ref>-27] El giro explicativo («que ocurrieren antes» ‘porque ya han
            aparecido anteriormente’) podría apuntar a la presencia del mismo poema en algún punto
            anterior de las proposiciones primera a quinta, hoy lamentablemente perdidas. Pedro
            Conde Parrado lo interpreta diversamente y considera que «los versos que va a citar son
            los primeros que se ha encontrado al abrir las poesías de Góngora (o los primeros que le
            han venido a la memoria), y que si son tan buenos y tan adecuados para ilustrar lo que
            viene exponiendo, ello ha sido por azar y no porque él los haya elegido tras rebuscar en
            la obra del cordobés».</note>:</p>
        <quote>
          <lg>
            <l>Burlas de tortolilla </l>
            <l>y al tierno esposo dejas</l>
            <l>en soledad y quejas,</l>
            <l>vuelve después gimiendo,</l>
            <l>recíbete arrullando,</l>
            <l>lasciva tú si él blando,</l>
            <l>dichosa tú mil veces,</l>
            <l>que con el pico haces</l>
            <l>dulces guerras de amor y dulces paces.</l>
            <l>Testigo fue a tu amante </l>
            <l>aquel vestido tronco</l>
            <l>de algún arrullo ronco,</l>
            <l>testigo también tuyo</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p44.png"
              n="44"/>
            <l>fue aquel tronco vestido</l>
            <l>de algún dulce gemido,</l>
            <l>campo fue de batalla</l>
            <l>y tálamo fue luego</l>
            <l>árbol<note rend="I" type="app"> El copista había transcrito «arbor». Posteriormente,
                el corrector rectifica superponiendo una –l final a la –r.</note> que tanto fue
              perdone el fuego.</l>
            <l>Mi piedad una a una</l>
            <l>contó aves dichosas</l>
            <l>vuestras quejas sabrosas,</l>
            <l>mi invidia ciento a ciento</l>
            <l>contó dichosas aves</l>
            <l>vuestros versos suaves.</l>
            <l>Quien versos contó y quejas</l>
            <l>las flores cuente al mayo</l>
            <l>y al cielo las estrellas rayo a rayo.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p rend="noindent"><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p45.png"
            n="45"/> Y para que se conozca la misma dulzura en metro más grave, dentro de la esfera
          de lo lírico, léase este soneto a doña Brianda de la Cerda<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem174#l174.1"
              >OC174.1</ref>-14] Doña Brianda Sarmiento de la Cerda Guzmán y Zúñiga (¿Ayamonte, h.
            1599?-Granada, 1627), segundogénita de don Francisco de Guzmán y Zúñiga y doña Ana Félix
            de Zúñiga y Sotomayor, IV marqueses de Ayamonte, señores de Lepe y Redondela. Casó en
            primeras nupcias con el hijo favorito del duque de Medina Sidonia, don Rodrigo de Silva
            y Guzmán (Sanlúcar de Barrameda, 25-V-1585-Sanlúcar de Barrameda, 15-X-1614), I conde de
            Saltes. Tras el óbito de su primer esposo, volvió a contraer matrimonio en Madrid el 17
            de junio de 1616 con don Iñigo López de Mendoza (1580-1647), VIII conde de Tendilla,
            primogénito del marqués de Mondéjar.</note>, pasando a México con sus padres:</p>
        <quote>
          <lg>
            <l>Al sol peinaba Clori sus cabellos</l>
            <l>con peine de marfil, con mano bella,</l>
            <l>mas no se parecía el peine en ella,</l>
            <l>como se obscurecía el sol en ellos.</l>
            <l>Cogió con lazos de oro y al cogellos<note rend="I" type="app"> El copista había
                transcrito erróneamente «cogerlos». El corrector rectifica e introduce la forma
                verbal correcta: «cogellos».</note></l>
            <l>segunda mayor luz descubrió aquella</l>
            <l>delante quien el sol es una estrella</l>
            <l>y esfera España de sus rayos bellos.</l>
            <l>Divinos ojos, que en su dulce oriente</l>
            <l>dan luz al mundo, quitan luz al cielo</l>
            <l>y espera idolatrarlos Occidente, </l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p46.png"
              n="46"/>
            <l>esto Amor solicita con su vuelo,</l>
            <l>que en tanto mar será un arpón luciente</l>
            <l>de la Cerda inmortal, mortal anzuelo.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p rend="noindent"><hi rend="i">Al buen gusto que suelen los celos dejar a los amantes</hi>:
            <quote>Las flores del romero</quote> = folio 62<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem192#l192.1"
              >OC192.1</ref>]</note>. <hi rend="i">A una dama celosa, romance, en el cual no tuvo
            fiel copia quien estampó sus obras</hi>: «Las Auroras de Jacinta» (folio 228, página
            2)<note place="bottom"><p>El poema fue compuesto realmente por Antonio Hurtado de
              Mendoza. El texto impreso reza así:</p>
            <p rend="noindent">Las Auroras de Jacinta,</p>
            <p rend="noindent">nuevas esferas de Amor,</p>
            <p rend="noindent">de cuyos rayos apenas</p>
            <p rend="noindent">es un rayo todo el Sol,</p>
            <p rend="noindent">aquella deidad del Tajo</p>
            <p rend="noindent">con quien sus corrientes son</p>
            <p rend="noindent">mucho cristal para río</p>
            <p rend="noindent">aunque para espejo no,</p>
            <p rend="noindent">verdes galanes del soto</p>
            <p rend="noindent">olmos la reciben hoy,</p>
            <p rend="noindent">que la tuvieron por nieve</p>
            <p rend="noindent">y la juzgaron por flor.</p>
            <p rend="noindent">Músico arroyo la duerme,</p>
            <p rend="noindent">cristalino ruiseñor:</p>
            <p rend="noindent">Jacinta le paga en perlas</p>
            <p rend="noindent">lo que en plata le cantó.</p>
            <p rend="noindent">El calzado jazmín dio</p>
            <p rend="noindent">veneno para el abril</p>
            <p rend="noindent">y para el mayo favor.</p>
            <p rend="noindent">Serranos de Manzanares,</p>
            <p rend="noindent">milagros hace el Amor:</p>
            <p rend="noindent">yo he visto llorar al Alba,</p>
            <p rend="noindent">yo he visto celoso al Sol.</p>
            <p rend="noindent">Puede leerse en Hurtado de Mendoza (1948: 375).</p>
          </note>.</p>
        <quote>
          <lg>
            <l>Aquella deidad del Tajo</l>
            <l>llorosas tiene una ausencia,</l>
            <l>celosas tiene un temor,</l>
            <l>que han hecho soles y sombras</l>
            <l>campañas de dos a dos.</l>
            <l>Sus memorias enemigas</l>
            <l>Jacinta al campo sacó</l>
            <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p47.png"
              n="47"/>
            <l>por ver si en el campo vence</l>
            <l>batallas del corazón.</l>
            <l>A las lisonjas del prado</l>
            <l>el calzado jazmín dio,</l>
            <l>soberbia contra el abril,</l>
            <l>contra el agosto favor.</l>
            <l>Verdes galanes del soto,</l>
            <l>olmos, la reciben hoy</l>
            <l>que la temieron por nieve</l>
            <l>y la juraron por flor.</l>
            <l>Músico arroyo la duerme.</l>
            <l>Serranos de Manzanares</l>
            <l>milagros hace el amor,</l>
            <l>yo he visto llorar el cielo,</l>
            <l>yo he visto celoso al sol.</l>
          </lg>
        </quote>
        <p/>
        <p><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p48.png"
            n="48"/><hi rend="i">Al rendimiento de un amante y porfía del amor</hi>: <quote>Ya no
            más, ceguezuelo hermano</quote><note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem91#l91.1"
              >OC91.1</ref>]</note>, folio 68.</p>
        <p/>
        <p><hi rend="i">Don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName><hi rend="i">
            fue maestro de lo satírico y jocoso</hi> 4</p>
        <p>Cuestión ha sido controvertida, y su resolución no poco dudosa, qué estilo ha de guardar
          la sátira. Algunos dicen que ha de ser oscuro y dificultoso, lo uno porque la fealdad del
          vicio que reprehende no lleve descubierta la cara y ofenda el recato de quien la leyere y
          lo otro porque sea como la píldora que se receta cubierta de oro para que al enfermo le
          brinde su hermosa apariencia y lleve rebozado <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p49.png"
            n="49"/> su amargor y desabrimiento<note place="bottom"> Como introducción general a
            esta materia puede consultarse el magnífico panorama de Schwartz (2012: 21-48). De
            obligada consulta resulta asimismo Schwartz (1986).</note>. De este parecer he visto
          personas bien entendidas, y con ellas el licenciado <persName type="polemist"
            key="Cascales, Francisco de">Francisco Cascales</persName> en una de sus
            <title>epístolas</title><note place="bottom"> Véase la edición digital de la
            controversia Cascales-Villar, cuidada por Margherita Mulas
            [1634_carta-cascales-villar].</note>. Otros sienten que el estilo de la sátira ha de ser
          fácil y claro, vulgar y humilde, usando de versos puros y frases propias, así lo siente
            <persName type="authority" key="Horacio" precision="3">Horacio</persName> y el mismo
          licenciado <persName type="authority" key="Cascales, Francisco de" precision="3">Cascales
          </persName>en sus <title>Tablas</title><note place="bottom"> Francisco Cascales (1975:
            180-184) insertaba en el apartado de «Las cinco Tablas de la Poesía <hi rend="i">in
              specie</hi>» como tercer epígrafe de la <hi rend="i">Tabla Segunda</hi> el capitulillo
            «De la sátira».</note>. La razón es porque siendo su fin reprehender los vicios es
          conveniente retórica el ajustarse a términos que todos entiendan. <persName
            type="polemist" key="Góngora, Luis de">Don Luis</persName> usó en ella de ambos estilos
          y para conmigo su autoridad sola puede hacer opinión bastantemente segura<note
            place="bottom"> Entre las aportaciones modernas, véase Pérez Lasheras (1994, 1995 y
            2009).</note>. La regla general para este poema parece peligrosa porque no todo lo que
          es sujeto <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p50.png"
            n="50"/> de la sátira conviene que se muestre con claridad, ni sea para la vista de
          todos: antes tal vez importa ponerle velos para que parezca decente a los ojos más
          modestos. Adelantose <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">don Luis</persName>
          en este género de decir conocidamente a todos los ingenios de España, sin que haya quien
          niegue esta ventaja, ni aun la dificulte. Picó con todo donaire y reprehendió con singular
          agudeza, pero no sin ofensa de muchos que fueron (y aún hoy lo son) fiscales perpetuos de
          su fama<note place="bottom"> Si deshacemos la lítote («no sin ofensa»), Villar apunta aquí
            que muchos «fiscales» de la fama de Góngora se han sentido ofendidos por el conjunto de
            sus escritos satíricos, donde pica «con todo donaire» y reprehende «con singular
            agudeza». El juego de los verbos indica que la diatriba en torno al Góngora satírico
            viene de antiguo: «fueron (y aun hoy lo son) fiscales de su fama». Dado que el texto del
              <hi rend="i">Compendio</hi> puede datarse entre 1635-1636, los dos ingenios
            anti-gongorinos aún vivos y de mayor fama eran Juan de Jáuregui (fallecido en Madrid el
            11 de enero de 1641) y Francisco de Quevedo (que murió en Villanueva de los Infantes el
            8 de septiembre de 1645).</note>. De ejemplo le podrán servir, ya que no de disculpa,
          los más celebrados ingenios del mundo, tocados de tan peligroso contagio. Si bien al celo
          católico no hay cosa que satisfaga tanto como el conocido arrepentimiento que tuvo en la
          madurez de su edad<note place="bottom"> Alude aquí al contenido de un famoso pasaje de la
              <hi rend="i">Vida y escritos de don Luis de Góngora</hi>, que encabeza tanto el Códice
            Chacón como la edición de Hoces de 1633: «[Durante los años pasados en la Universidad de
            Salamanca] entre todos se hizo conocer por singular don Luis; mirado y admirado por Saúl
            de los ingenios, de los hombros arriba mayor que todos. No grandemente se adelantó en el
            estudio de los Derechos, porque desinclinado a ellos el genio y arrebatado de la
            violencia natural y amor de las Letras Humanas se entregó todo a las Musas. Festivas
            ellas en aquellos años dulces y peligrosos, le dieron a beber (desatadas las gracias en
            los números) tanta sal que pasó el sabor sazonado a ardor picante. La edad floreciente,
            el genio gallardo y gustoso, el ingenio singular, la libertad de la nobleza (mal
            obediente a siempre justa rienda de la razón) padecieron la tempestad sabrosa y luciente
            de su pluma. Ni los demás escaparon de ella: y a vueltas de las costumbres comunes que
            en doctrinales sátiras y españolas vivezas (cual ninguno otro, aunque vuelva Marcial a
            cortar su pluma) acusó la de don Luis, salpicó tal vez la tinta las personas. De este no
            corregido ímpetu se dolió una vez y otra. Sea quietud a los ofendidos […]. Y seale
            disculpa a don Luis este mismo sentimiento; pues en prosa, conversación y trato no ha
            visto España más ingenuo, más cándido hombre y más sin ofensa de otros, antes con suma
            estimación de los que parecía haber lastimado» (BNE, ms. RES/45, f. IIIrv). Véase la
            edición digital, cuidada por Adrián Izquierdo (1628_vida-chacon). Por otro lado,
            recuérdese cómo después de la página de presentación de contenidos en el Códice Chacón
            («Este primer tomo contiene»), figura un aviso bajo el encabezamiento «Adviértese». El
            cuarto epígrafe de tal advertencia se refiere a las «Obras satíricas» y nuevamente
            recalca el arrepentimiento de don Luis: «Que se han dejado de poner entre estas obras
            todas las satíricas, que en materia grave o ligera, con rebozo o sin él, han ofendido a
            personas determinadas, o sean de poca o mucha calidad, por no renovar a la memoria de
            don Luis el justo sentimiento que él tenía de la publicidad con que han andado hasta
            ahora» (BNE, ms. RES/45, f. VIIIr).</note>, diciendo ordinariamente <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p51.png"
            n="51"/> con <persName type="authority" key="Lipsio, Justo" precision="4" unit="quote"
            quantity="1">Lipsio</persName><note place="margin"> Lips. C. 20.</note>: <quote>utinam
            rebocare fas sit atque etiam delere</quote><note place="bottom"> La frase pertenece a
            una carta que Justo Lipsio envió desde Lovaina a Livino de Succa en septiembre de 1592.
            Al final de esta misiva puede leerse: «<hi rend="i">Ergo etiam alienorum verborum
              sententia, aut veritas, praestanda mihi est? Scilicet nescimus et insolens est,
              praesertim in Germania, immodicas illas laudatiunculas libris praefigi; quibus quam
              delecter, ego et amici scimus. Nec umquam tale aliquid in nostris, nisi verecundia
              recusandi. Et quod tamen superbum illud dictum? ‘Me astrum esse, illos stellas’. Est
              sane Gygantea uox et petit caelum. Sed ipse atque alii audiant : non ego astrum sum,
              nec quidem inter stellas; terram me esse scio et si quid caelitus infusum nobis, minus
              opinione vestra est, qui favetis. Sed talia sunt reliqua illic crimina: nisi quod unum
              non excuso, dictum alibi lasciuis aliquid, aut petulantius, in eius gentem. Utinam
              revocare fas sit, atque etiam delere! Faciam, si uiuo</hi>» (Lipsio 1611: 327). Véase
            la nota <ref target="ref6" xml:id="ref5">infra</ref>.</note>. No sea permitido a la
          imprenta lo que ofendió al decoro de personas particulares. Y es justo perdonar tan
          sazonadas vivezas. Y piérdanse tesoros tan peligrosos y nadie aumente su crédito con
          pérdida de reputación ajena. Entre los escritos que con menos escrúpulo pueden divertir el
          ingenio se valió mi elección de las siguientes, puesto que la imprenta les ha vadeado el
            peligro<note place="bottom">A continuación Villar ofrece el elenco de composiciones
            satíricas que ha ido seleccionando de la difundida edición de Hoces, impresa en 1633,
            reimpresa por segunda vez ese mismo año y por vez tercera en 1634. Véase Moll (1984:
            951-952).</note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Ejemplares para el estilo dificultoso</hi>
        </p>
        <p>Al túmulo que la ciudad de Córdoba hizo en las honras de la reina nuestra señora doña <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p52.png"
            n="52"/> Margarita de Austria, en ocasión que llovió mucho: <quote>Ícaro de bayeta, si
            de pino</quote>, folio 235<note place="bottom"> El manuscrito puede leerse con toda
            claridad «235», aunque en el volumen impreso <hi rend="i" xml:lang="es">Todas las
              Obras</hi> la composición se localiza en el folio 135. Nuevamente hallamos un caso de
            confusión numérica.</note>, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem239#l239.1"
              >OC239.1</ref>]</note>. A una dama que se dejaba llevar del interés: <quote>Mientras
            Corinto en lágrimas deshecho</quote>, folio 17<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem180#l180.1"
              >OC180.1</ref>]</note>. Al engaño con que los ojos juzgan las cosas: <quote>Cuán
            venerables que son</quote>, folio 6, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem257#l257.1"
              >OC257.1</ref>]</note>. Burla de un lugar de <persName type="authority" key="Plinio"
            precision="1">Plinio</persName> el cual dice que poniendo una rana viva sobre el
          menstruo de la mujer, hasta que allí muera, le hace aborrecer el adulterio: <quote>En la
            manchada holanda del tributo</quote>, folio 29<note place="bottom">
            <p>[NDE] Como se ha indicado anteriormente, Villar estaba leyendo del tomo de <hi
                rend="i">Todas las obras de don Luis de Góngora</hi> (Madrid: Imprenta del Reino,
              1633), donde figura en el f. 29r como «Soneto burlesco» este llamativo poema:</p>
            <p>En la manchada holanda del tributo</p>
            <p>que todas las Kalendas paga Lice</p>
            <p>cosió una rana Clito, el infelice</p>
            <p>esposo suyo, felizmente astuto.</p>
            <p>Púsole en odio el adulterio, fruto</p>
            <p>del ranicidio (según Plinio dice).</p>
            <p>De hoy más ni Ptolomeo a Berenice</p>
            <p>de casta alabe, ni a su Porcia Bruto.</p>
            <p>¡Oh César, oh República, oh Reyes!</p>
            <p>Si Lice excede a egipcias y romanas,</p>
            <p>edificadle a Clito estatuas y arcos.</p>
            <p>Perezca la Ley Julia, vengan ranas,</p>
            <p>pesquen los magistrados por los charcos,</p>
            <p>pues más pueden las ranas que los reyes.</p>
            <p>El burlón soneto, que circuló exitosamente en diversas copias manuscritas atribuido a
              Góngora, era obra en realidad del rector de Villahermosa, Bartolomé Leonardo de
              Argensola. Entre las páginas de la edición secentista de las obras del poeta aragonés
                (<hi rend="i">Rimas</hi>, 1634), cuidada por Gabriel Leonardo de Albión, se dice de
              estos versos: «Este soneto ha salido viciado, como andaba manuscrito, entre las <hi
                rend="i">Rimas</hi> de un gran poeta. Y aunque fue honralle mucho el juzgalle por
              obra digna de tal autor, es bien que no esté en duda cuál es el verdadero, como no
              estará, pues quien lo imprime agora no puede recibir engaño en esta parte». La alusión
              a la edición de las <hi rend="i">Obras de Góngora</hi> recogidas por Hoces e impresa
              en 1633 parece bastante clara. Véase la edición moderna cuidada por Blecua (1974:
              165). El contexto malicioso y picante de la composición propició que fuera imitada por
              un brillante discípulo de Góngora, Francisco de Trillo y Figueroa, en el soneto que
              comienza: «Por el rojo ordinario de su Lice, / Clito remite a su atención liviana / un
              aviso, que dicen no era rana, / bien que lo pareció, según se dice» (Trillo y Figueroa
              1951: 276-277). Estudió dicho ejercicio imitativo Jammes (1956: 479-480).</p>
          </note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Ejemplares para el estilo claro de don</hi>
          <persName type="polemist" key="Luis de Góngora">Luis de Góngora</persName>
        </p>
        <p>Al túmulo que hicieron las ciudades <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p53.png"
            n="53"/> de Jaén, Écija y Baeza en las honras de la reina doña Margarita: <quote>Oh bien
            allá Jaén, que en lienzo prieto</quote>, folio 137<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem240#l240.1"
              >OC240.1</ref>]</note>. Contra algunos inconvenientes que suceden a hombres poco
          cautelosos: <quote>Allá darás rayo</quote>, folio 268, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem122#l122.1"
              >OC122.1</ref>]</note>. Contra los que no quieren notar sus faltas: <quote>Que
            pretenda el mercader</quote>, folio 76<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem445#l445.1"
              >OC445.1</ref>]</note>. Contra algunas apariencias hipócritas: <quote>Tejió de piernas
            de araña</quote>, folio 76, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem407#l407.1"
              >OC407.1</ref>]</note>. Lo mal ganado poco luce: <quote>Los dineros del
            sacristán</quote>, folio 68<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem121#l121.1"
              >OC121.1</ref>]</note>. A un caballero de malas costumbres, que <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p54.png"
            n="54"/> blasonaba de su linaje y armas, no siendo así: <quote>¿Quién es aquel
            caballero</quote>, [folio] 202<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem111#l111.1"
              >OC111.1</ref>]</note>.</p>
        <p/>
        <p><hi rend="i">Don </hi><persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de
            Góngora</persName><hi rend="i"> fue el primero en burlesco §</hi> 5</p>
        <p>A lo burlesco, jocoso y entretenido dio <persName type="polemist" key="don Luis">don Luis
          </persName>las primeras (pero sin segundas) pinceladas, mostrando y haciendo camino a los
          principios, al mismo punto que ponía él el <hi rend="i">non plus ultra</hi> a los
            fines<note place="bottom"> Pondera cómo alcanzó la excelencia de modo tal que ningún
            otro poeta podría rebasar el punto al que Góngora había llegado. El confín occidental de
            la tierra conocida en el mundo antiguo eran las costas de Finisterre, pues más allá sólo
            existía la mar Océano (<hi rend="i">Non Terrae plus ultra / Non plus ultra</hi>). Como
            ha apuntado Pedro Conde Parrado en su introducción a los textos polémicos de Lope, en
            marcada coincidencia con lo que se señala ahora, «uno de los pilares de la argumentación
            de Lope en su censura sobre la <hi rend="i">nueva poesía</hi> es la imposibilidad de ir
            más allá en el muy discutible estilo poético de Góngora y, por tanto, de que su poesía
            pudiera crear escuela, pues aquel había llevado a la lengua poética española a un punto
            de proximidad a la lengua latina más allá del cual era imposible avanzar sin incurrir en
            la pura agramaticalidad por solecismo y barbarismo: es decir, que Góngora había apurado
            al máximo las posibilidades de –digámoslo así- escribir en latín pero empleando el
            castellano». </note>. En su escuela se han aprendido cuantos donaires ilustran la poesía
          española, sin que <persName type="authority" key="Marcial" precision="3"
            >Marcial</persName> ni <persName type="authority" key="Plauto" precision="3"
            >Plauto</persName> hayan sido superiores a nuestro poeta<note place="bottom"> La <hi
              rend="i">Carta de Lope</hi> menciona un detalle similar: «pues fueron sus sales no
            menos celebradas que las de Marcial, y mucho más honestas» (véase el texto en la edición
            digital cuidada por Pedro Conde Parrado). Como bien apunta el latinista de la
            Universidad de Valladolid en la introducción a dicho texto, «aquí resalta Lope de manera
            muy calculada e interesada una de las varias facetas de la poesía gongorina –la sátira,
            que se consideraba género menor- y un modelo clásico, Marcial, entonces tenido por
            ilustre, sobre todo en España, mas no como sublime, si bien es cierto que dicha faceta
            era realmente muy apreciada por sus coetáneos». En general, sobre la identificación de
            Góngora como heredero de los donaires de Marcial puede verse Ponce Cárdenas (2015), en
            especial, el apartado «Góngora como nuevo Marcial: relieves de un texto fragmentario»
            (2015: 54-65).</note>. Hoy se halla esta parte tan válida en certámenes poéticos, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p55.png"
            n="55"/> comedias y libros que se juzga una de las más importantes y que más solicita
          todos los buenos gustos<note place="bottom"> Con esta frase corona a Góngora como maestro
            de la corriente burlesca en la poesía áureo-secular. Este elogio cobra sentido en el
            contexto de la moda –irradiada desde la corte hacia las grandes ciudades del reino– de
            la poesía humorística del siglo XVII, relacionada con el entorno de las Academias. En
            esa veta jocosa triunfarían autores como Anastasio Pantaleón de Ribera, Alonso de
            Castillo Solórzano o Jacinto Alonso Maluenda, por citar tres casos bien
            conocidos.</note>.</p>
        <p>
          <hi rend="i">Ejemplares jocosos</hi>
        </p>
        <p>A Esgueva, río que limpia a Valladolid<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem149#l149.1"
              >OC149.1</ref>] Sobre el contexto polémico de estos versos, remito a Conde Parrado y
            García Rodríguez (2011: 57-94).</note>: <quote>¿Qué lleva el señor Esgueva</quote>,
          folio 138, p. 2. <title>Fábula de Hero y Leandro</title>: <quote>Aunque entiendo poco
            griego</quote>, folio 102<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem230#l230.1"
              >OC230.1</ref>]</note>, <quote>Arrojóse el mancebito</quote>, folio 206<note
            place="bottom"> [OC 77.1]</note>.</p>
        <p/>
        <p><hi rend="i">No le faltó a don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName><hi rend="i">
            espíritu para lo sacro §</hi> 6</p>
        <p>El genio de <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">nuestro poeta</persName> fue
          universal para todas las musas, sin dejar puerto alguno que no le costeara al Parnaso<note
            place="bottom">
            <hi rend="i">Sin dejar puerto alguno…costear</hi>: reaparecen algunas imágenes de la
            navegación, ya aclaradas en la nota <ref target="ref7" xml:id="ref8">supra</ref>.
          </note>. Y así por cualesquiera parte de sus obras siempre <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p56.png"
            n="56"/> camina la atención, hallando fértiles espigas y abundantes cosechas. Parece que
          con plena jurisdicción se subdelegaron<note place="bottom">
            <hi rend="i">Con plena jurisdicción se subdelegaron</hi>: aflora un tecnicismo jurídico
            en la prosa erudita del vicario-juez de Andújar. Por <hi rend="i">subdelegar</hi> se
            entiende la acción de «trasladar o dar su jurisdicción o potestad a otra persona»
            (RAE).</note>
          <persName type="authority" key="Marcial" precision="3">Marcial</persName> donaires,
            <persName type="authority" key="Plauto" precision="3">Plauto</persName> elocuencia,
            <persName type="authority" key="Ennio" precision="3">Ennio</persName> comprehensión,
          invención <persName type="authority" key="Furio" precision="3">Furio</persName>, suavidad
            <persName type="authority" key="Propercio" precision="3">Propercio</persName>, dulzura y
          grandeza <persName type="authority" key="Virgilio" precision="3">Virgilio</persName>,
            <persName type="authority" key="Persio" precision="3">Persio</persName> energía,
          destreza <persName type="authority" key="Horacio" precision="3">Horacio</persName>,
            <persName type="authority" key="Catulo" precision="3">Catulo</persName> agudeza,
            <persName type="authority" key="Ovidio" precision="3">Ovidio</persName> facilidad y
            <persName type="authority" key="Sannazaro" precision="3">Sannazaro</persName> su
            espíritu<note place="bottom"> En el curioso elenco planteado por Villar resulta
            llamativa la presencia de un autor moderno entre los restantes clásicos: Iacopo
            Sannazaro. También sorprende que figure junto a los máximos representantes de la épica
            (Ennio, Virgilio), el epigrama (Catulo, Marcial), la elegía (Propercio, Ovidio), la
            comedia (Plauto) y la sátira (Persio), el no muy conocido Furio. Probablemente se trate
            del vate neotérico Marco Furio Bibáculo, de cuya obra sólo se conocen hoy dos epigramas
            y el título de un epilio perdido (<hi rend="i">Los argonautas</hi>). Por otra parte, me
            indica Pedro Conde Parrado, quizá podría plantearse como hipótesis «una mala lectura del
            original, donde en vez de ‘Furio’ diría ‘Junio’, que podría referirse a Décimo Junio
            Juvenal. Aunque lo cierto es que [también sonaría] raro referirse a él por el <hi
              rend="i">nomen</hi> y no por el <hi rend="i">cognomen</hi>».</note>. Estos ejemplares
          y otros muchos que están en sus obras me sacarán del empeño. <hi rend="i">Al nacimiento de
            Cristo Nuestro Señor</hi>: <quote>Pende de un leño, traspasado el pecho</quote>, folio
            25<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem116#l116.1"
              >OC116.1</ref>]</note>. <hi rend="i">A la translación de una reliquia de San
            Hermenegildo al colegio de su nombre</hi>
          <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p57.png"
            n="57"/>
          <hi rend="i">En la compañía de Jesús de Sevilla</hi>: <quote>Hoy es el sacro y venturoso
            día</quote>, folio 42, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem78#l78.1"
              >OC78.1</ref>]</note>. <hi rend="i">Al amor que Cristo nuestro señor muestra al hombre
            en el Santísimo Sacramento</hi>: <quote>Oveja perdida, ven</quote>, folio 76<note
            place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem211#l211.1"
              >OC211.1</ref>]</note>. <hi rend="i">A la dureza incrédula del judaísmo</hi>
          <quote>Cuál podréis, Judea, decir</quote>, folio 73<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem299#l299.1"
              >OC299.1</ref>]</note>.<hi rend="i">Al parto virginal de la Purísima Virgen</hi>
          <quote>Caído se le ha un clavel</quote>, folio 78, página 2<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem369#l369.1"
              >OC369.1</ref>]</note>. <hi rend="i">Al nacimiento de Cristo nuestro señor</hi>
          <quote>Nace el niño y velo a velo</quote>, folio 122<note place="bottom"> [<ref
              target="http://obvil.sorbonne-universite.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem409#l409.1"
              >OC409.1</ref>]</note>.</p>
        <p/>
        <p><hi rend="i">Don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName><hi rend="i">
            trató con propiedad lo cómico §</hi> 6</p>
        <p/>
        <p><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p58.png"
            n="58"/> En la poesía escénica se ejercitó menos <persName type="polemist"
            key="Góngora, Luis de">nuestro poeta</persName>, mostrando con advertido descuido la
          comprensión que tuvo de las leyes que los antiguos pusieron a este poema; porque viendo el
          punto en que están hoy en España las comedias, se consideró obligado y sujeto, o a
            faltar<note rend="I" type="app"> «saltar»</note> a ellas en el arte, o a los oyentes en
          el agrado, efectos en su estimación incompatibles<note place="bottom"> Durante los últimos
            cincuenta años el único punto del <hi rend="i">Compendio</hi> de Francisco del Villar
            que ha merecido atención crítica es el referido al teatro. Se ocupó de analizarlo
            Canavaggio (1965: 245-254). Como reflexión general sobre Góngora y las comedias de su
            tiempo, puede remitirse a Dolfi (2011).</note>.</p>
        <p>La comedia, si hubiéramos de creer a los autores clásicos, es una acción humilde que usa
          de lenguaje casero y vulgar (perdone<note place="margin"> Aul. gel lb. 6. C. 17</note> el
            <title>Amphitruo</title> de <persName type="authority" key="Plauto" precision="3"
            >Plauto</persName>)<note place="bottom"> La referencia a la famosa pieza de enredo
            plautina se debe seguramente a que el comediógrafo latino introdujo en la trama dos
            divinidades (Mercurio y el mismísimo Júpiter, soberano del Olimpo), cuando los númenes
            sólo podían aparecer en el escenario sublime de la tragedia. El propio Lope de Vega
            adujo el mismo caso en los versos 165-167 del <hi rend="i" xml:lang="es">Arte
            nuevo</hi>: «Esto es volver a la Comedia Antigua, / donde vemos que Plauto puso dioses,
            / como en su <hi rend="i" xml:lang="es">Anfitrión</hi> muestra Júpiter» (1609: f. 204v).
          </note>, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p59.png"
            n="59"/> induciendo los ánimos a risa y pasatiempo. Y ha de estar tan ajustada a esta
          sencillez y llaneza que le niega <persName type="authority" key="Aristóteles"
            precision="4" unit="quote" quantity="2">Aristóteles</persName> las metáforas: <quote>nam
            comici poetae translationibus non utuntur</quote><note place="bottom">
            <hi rend="i">Retórica</hi>, III, 1406, b 5 y ss.</note>. Y en otra parte dice que no
          pide estudio ni cuidado: <quote>comedia vero quia in ea nullum studium positum est
            fefellit</quote><note place="margin"> Aris in art. C 5.</note><note place="bottom">
            <hi rend="i">Poética</hi>, 1449, a 36.</note>. No han ignorado estas leyes nuestros
          poetas, pero o se ha[n] dejado guiar de más acertado dictamen suyo o de más sazonado gusto
          del vulgo y no de los preceptos del arte, de lo cual haciéndose entendido <persName
            type="authority" key="Vega, Lope de" precision="4" unit="quote" quantity="1">el príncipe
            de las nuestras </persName><note place="margin"> Lope de vega en su arte de com.</note>
          <note place="bottom"> Debe notarse el elogio sin tasa que entraña referirse a Lope como
            «el príncipe» de «nuestras» comedias, ya que concede al Fénix el primer lugar
            indiscutido entre los dramaturgos españoles.</note> dijo: <quote>Verdad es que yo he
            escrito algunas veces siguiendo <pb
              facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p60.png"
              n="60"/> el arte que conocen pocos, mas luego que salir por otra parte veo los
            monstruos de apariencias llenos, a donde acude el vulgo y las mujeres que este triste
            ejercicio canonizan, a aquel hábito bárbaro me vuelvo y cuando he de escribir una
            comedia, saco a <persName type="authority" key="Terencio" precision="1"
              >Terencio</persName> y <persName type="authority" key="Plauto" precision="1"
              >Plauto</persName> de mi estudio, para que no me den voces, que suele dar gritos la
            verdad en versos mudos</quote><note place="bottom">
            <p>Cita el pasaje correspondiente a los versos 33-44 del <hi rend="i">Arte Nuevo de
                hacer comedias en este tiempo</hi> de Lope de Vega (2009: 167), omitiendo el verso
              41 (aquí en cursiva):</p>
            <p>Verdad es que yo he escrito algunas veces</p>
            <p>siguiendo el arte que conocen pocos;</p>
            <p>mas luego que salir por otra parte</p>
            <p>veo los monstruos de apariencias llenos,</p>
            <p>adonde acude el vulgo y las mujeres,</p>
            <p>que este triste ejercicio canonizan,</p>
            <p>a aquel hábito bárbaro me vuelvo;</p>
            <p>y cuando he de escribir una comedia,</p>
            <p rend="i">encierro los preceptos con seis llaves; </p>
            <p>saco a Terencio y Plauto de mi estudio</p>
            <p>para que no me den voces, que suele</p>
            <p>dar gritos la verdad en libros mudos.</p>
          </note>. Yo me persuado, sin desestimar lo dicho, a que la bizarría las tiene hoy en más
          alto punto que supieron darles Atenas y Roma, porque en las nuestras halla majestad y
          grandeza el épico, flores y dulzuras el lírico, severidades el trágico, burlas el cómico
            <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p61.png"
            n="61"/> y libertades el satírico; la variedad las compone, la grandeza de las personas
          las autoriza y el decoro las hermosea. La calificada aprobación de los buenos dictámenes
          (dichoso atrevimiento de los ingenios de nuestro siglo) ha mostrado otro arte diferente
          del que publicó <persName type="authority" key="Aristóteles" precision="3"
            >Aristóteles</persName>, que <persName type="authority" key="Homero" precision="3"
            >Homero</persName>, <persName type="authority" key="Virgilio" precision="3"
            >Virgilio</persName> y <persName type="authority" key="Plauto" precision="3"
            >Plauto</persName> quebrantaron tantas veces<note place="bottom"> Según la idea de que
            nuevos tiempos piden nuevas fórmulas, Francisco del Villar defiende aquí la licitud de
            las novedades dramáticas introducidas por Lope y consolidadas por sus seguidores:
            «dichoso atrevimiento de los ingenios de nuestro siglo». El Fénix se convirtió en España
            y en algunas regiones italianas de influencia hispánica en el máximo adalid de un ‘arte
            anti-aristotélico’.</note>. Díjolo eruditamente don <persName type="authority"
            key="Barreda, Francisco de" precision="3">Francisco de Barreda</persName><note
            place="margin"> Bared. 5º el panegirico […]dis.</note>, pero gánole a mi sentir por la
          mano, si bien con tan buen padrino salgo más confiado a la tela<note place="bottom"> En la
            línea habitual que venimos observando en otros pasajes, nuevamente el copista comete un
            error al transcribir el número, ya que el 5 que refleja debía ser originariamente un 9.
            En efecto, se apunta aquí al parecer expresado por Francisco de Barreda en la «Invectiva
            a las Comedias que prohibió Trajano y Apología por las nuestras», discurso IX de su
            comentario en <hi rend="i">El mejor príncipe Trajano Augusto. Su filosofía política,
              moral y económica deducida y traducida del Panegírico de Plinio</hi> (1622). Copio un
            pasaje significativo a este propósito en el aludido marco del noveno discurso: «El arte
            que dicen desampara nuestras comedias, o consta de los preceptos de Aristóteles, o de la
            imitación de los cómicos antiguos. Aquel, ni estos no acertaron (soberbia parece), luego
            mal nos acusan […]. Aristóteles, pues, no pudo darnos el arte que no tenía. No le tenía
            porque en su tiempo, confiesa él mismo, que no habían llegado a colmo estos poemas. Pues
            si no habían llegado a colmo, ¿quién le hizo el arte de ellas a Aristóteles?, ¿de qué
            ejemplos observó cuál era decente, cuál impropio?» (Barreda 1622: 124rv).</note>. La
          imitación prudente de las acciones humanas es el norte de la poesía y ésta siguen nuestras
          comedias con más atención y certeza que cuantas gozamos antiguas. Pregunto yo, ¿por qué no
          se han de mezclar pasos alegres <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p62.png"
            n="62"/> con tristes, graves con humildes, si los mezcla y eslabona la misma Naturaleza?
          La comedia es retrato de las obras; pues si es retrato, claro está que ha de referir y
          parecerse a su imagen. Aquella comedia será perfecta (bien sea el sujeto grande, bien
          humilde) que con puntual propiedad y prudente conveniencia imitare la acción que retrata.
          No es bien introducir indecencia alguna, si no se le ha de seguir ejemplar castigo. Hoy
          las aplaude España y las honesta<note place="bottom">
            <hi rend="i" xml:lang="es">Honestar</hi>: «dar visos de buena a una acción,
            justificarla» (RAE).</note>, por ser escuela general para el ajustado proceder de todos,
          porque en ellas la virtud se ha de ver premiada y aborrecido el vicio. El príncipe siempre
          ha de ser severo, la dama <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p63.png"
            n="63"/> honesta, el viejo recatado, el galán cortés y el criado entretenido, sin que en
          las mujeres nobles tengan disculpa los desaciertos (no sé con qué razón puedan sentir otra
          cosa las <persName type="authority" key="Polo de Medina, Salvador Jacinto"
            precision="3"><hi rend="i">Academias del jardín</hi></persName>)<note place="bottom"> Alude a la conocida
            obra del poeta murciano Salvador Jacinto Polo de Medina, <hi rend="i">Academias del
              jardín</hi>, Madrid: Imprenta del Reino, a costa de Alonso Pérez, 1630. En el marco
            fictivo, después de la representación de una obra de Pérez de Montalbán (<hi rend="i">No
              hay vida como la honra</hi>), los personajes discuten sobre el personaje femenino en
            la pieza teatral (<hi rend="i">Academia Tercera</hi>): «Muy buena es la comedia –dijo un
            bachiller, que sobran en todas ocasiones- pero no me acomodo que nos pinte a la dama,
            siendo noble, tan poco honesta que se arroje a entregar su honor con el riesgo de
            perderlo. Holgara –dijo Jacinto- no ser tan bisoño en el arte poética para no disimular
            tan vano y licencioso parecer como el de vuestra merced, pero me ayudaré de las razones
            fuertes que sobre sus preceptos da en sus <hi rend="i">Tablas poéticas</hi> el
            licenciado Francisco de Cascales. Que el poeta fingiese esta dama (como vuestra merced
            dice más atrevida de lo que es justo que sea una mujer noble) no es yerro, que no es
            deshonestidad dar licencias a su amante una dama si se encaminan al fin honesto del
            matrimonio. Y cuando demos que sea desenvoltura, ¿acaso las nobles se libraron de los
            desaciertos, si bien en ellos es menos contingente? Pues si esto es así, muy bien pudo
            el poeta fingirla como quiso, pues como dice Horacio <hi rend="i">Aut famam sequere, aut
              convenientia finge</hi>. Dice, pues, Horacio que la persona que introduce el poeta es
            histórica o es fingida. Si es fingida puede el poeta pintarla y fingirla como gustare,
            honesta o deshonesta. Y si es histórica y verdadera le es forzoso al poeta seguir la
            fama y nombre que la Historia le da. Y así el poeta tiene libertad, si la finge, a
            fingirla como quisiere; como tendrá obligación a seguir la fama que la Historia le
            ofrece» (Polo de Medina 1931: 192-193). Sobre el autor murciano, puede consultarse Díez
            de Revenga (2000: 63-112). </note>, ni en los hombres principales las bajezas. Si ya no
          es que la verdad del asunto obliga a ello, que en este caso no hablan las leyes de la
          poética, porque refiere narración cierta y no fingida y así pertenece a la jurisdicción de
          la Historia, con que tiene lugar la doctrina de <persName type="authority" key="Horacio"
            precision="4" unit="quote" quantity="1">Horacio</persName>, cuya observancia dice que si
          la comedia trata de narración cierta, sigamos la fama, y si de ficción, la conveniencia:
            <quote>aut famam sequere, aut convenientiam finge</quote><note place="bottom"> Horacio,
              <hi rend="i" xml:lang="it">Ars Poetica</hi>, v. 119-120 (1996: 544-545): «<hi rend="i"
              xml:lang="it">Aut famam sequere, aut sibi convenientia finge, / scriptor</hi>»
            (‘Escritor, sigue la tradición o crea algo que tenga coherencia’). En la edición
            bilingüe del <hi rend="i">Arte poética</hi> cuidada por Juan Antonio González Iglesias
            la traducción del pasaje en endecasílabos blancos reza así: «O sigues lo que otros ya
            dijeron, / escritor, o creas algo con su propia / coherencia» (Horacio 2012:
          67).</note>. Fue don <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de
            Góngora</persName> tan eficazmente aficionado a los antiguos que parece que pasó <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p64.png"
            n="64"/> a superstición su respeto, pues sólo por la fe de los aciertos de Grecia o
          Italia se negó a las evidencias de España. Escribió <title>Las firmezas de
          Isabela</title>, el <title>Doctor Carlino</title> y la <title>Venatoria</title>, si bien
          ninguna quedó acabada<note place="bottom"> Llama la atención este curioso despiste de
            Villar, puesto que Góngora sí llegó a concluir la redacción de <hi rend="i">Las firmezas
              de Isabela</hi>, que se imprimió en Córdoba por vez primera en 1613 en el volumen <hi
              rend="i" xml:lang="es">Cuatro Comedias de diversos autores</hi> (Córdoba: Francisco de
            Cea, 1613). La comedia completa volvió a ver las prensas en 1617, en 1633, en 1634…
          </note>, si no es la que intituló <title>El mundo al revés</title> (aunque esta no la
          hallo en sus obras)<note place="bottom"> La frase «Esta no la hallo en sus obras» parece
            apuntar claramente a que el texto aludido no se encuentra en el volumen <hi rend="i"
              >Todas las Obras de don Luis de Góngora</hi>, recogidas por Hoces e impresa en 1633.
            En un estudio pionero sobre el <hi rend="i">Compendio poético</hi>, Jean Canavaggio
            apuntaba sobre esta obra hoy desconocida: Villar «<hi rend="i">fait état d’une quatrième
              pièce</hi> –<hi rend="i">El mundo al revés– dont nous avons perdu la trace</hi>»
            (Canavaggio 1965: 252-253). En nota a su artículo el cervantista menciona la existencia
            de un entremés homónimo de Quiñones de Benavente y una mojiganga anónima del mismo
            título.</note>. De éstas puede sacar preceptos <persName type="authority" key="Terencio"
            precision="3">Terencio</persName> y <persName type="authority" key="Plauto"
            precision="3">Plauto</persName> y, aunque imperfectas, basta para que por todos caminos
          se haga conocido el singular talento de nuestro poeta.</p>
        <p/>
        <p>
          <hi rend="i">Proposición séptima.</hi>
        </p>
        <p>
          <hi rend="i">Don</hi>
          <persName type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName>
          <hi rend="i"> fue </hi>
          <persName type="authority" key="Góngora, Luis de" precision="3">el mayor poeta de
            España</persName>
        </p>
        <p><pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p65.png"
            n="65"/> Aunque cualesquiera comparación engendra aborrecimiento y parezca empresa
          culpable querer censurar ingenios tan superiores, no puede la inclinación (por más que el
          recato los modifica) enfrenar los afectos, pero aunque el empeño parezca grande, ni a la
          Justicia le saldrán colores al rostro por la resolución, ni tendrá mi dictamen temor de
          los riesgos de este juicio, supuesto que se presenta acompañado de valedores tan
          seguros.</p>
        <p>Hoy se han de poner a un lado y dar lugar a esta competencia, el orador<note rend="I"
            type="app"> Nos hallamos ante un probable error de copia, ya que el sintagma no parece
            tener sentido lógico. En el contexto de la serie literaria que aquí se plantea, a cada
            autor se atribuye un don que viene a ser su atributo característico: «espíritu,
            divinidades, suavidad, laureles, viveza, profundidad, pinceles, conceptos, agudeza»…
            Quizá sería conveniente plantear una <hi rend="i">emendatio ope ingenii</hi>, donde el
            término «orador» podría sustituirse por el sustantivo «ardor». </note> de don <persName
            type="authority" key="Ercilla, Alonso de" precision="3">Alonso de
            Ercilla</persName><note rend="I" type="app"> El copista había transcrito erróneamente
            «Ercida». Posteriormente el corrector rectifica y superpone «ll» sobre «d».</note>, el
          espíritu de <persName type="authority" key="Cairasco de Figueroa, Bartolomé" precision="3"
            >Cairasco</persName>, las divinidades de <persName type="authority"
            key="Figueroa, Francisco de" precision="3">Figueroa</persName>, la suavidad de <persName
            type="authority" key="Camões" precision="3">Luis de Camoens</persName>, <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p66.png"
            n="66"/> los laureles de <persName type="authority" key="Herrera, Fernando de"
            precision="3">Hernando de Herrera</persName>, la viveza del <persName type="authority"
            key="Silva y Mendoza, Diego de" precision="3">conde de Salinas</persName>, la
          profundidad del doctor <persName type="authority" key="Mira de Mescua, Antonio"
            precision="3">Mira de Mescua</persName>, los pinceles de <persName type="authority"
            key="Valdivielso, José de" precision="3">Josef de Valdivielso</persName>, los conceptos
          de <persName type="authority" key="Ledesma, Antonio de" precision="3">Ledesma</persName>,
          la agudeza del <persName type="authority" key="Tassis y Peralta, Juan de" precision="3"
            >conde de Villamediana</persName>, los aciertos de don <persName type="authority"
            key="Calderón, Pedro" precision="3">Pedro Calderón</persName>, los pensamientos de
            <persName type="authority" key="Bonilla, Alonso de" precision="3">Alonso de
            Bonilla</persName>, la facilidad y erudición de los <persName type="authority"
            key="Lupercio" precision="3">Lupercios</persName>, las flores de <persName
            type="authority" key="Pantaleón de Ribera, Anastasio" precision="3">Anastasio
            Pantaleón</persName>, los afectos de <persName type="authority"
            key="Villaizán, Jerónimo de" precision="3">Villaizán</persName>, la valiente erudición
          de <persName type="authority" key="Pellicer, José de" precision="3">Pellicer</persName>,
          los donaires del doctor <persName type="authority" key="Salinas" precision="3"
            >Salinas</persName>, la gala de don <persName type="authority" key="Mendoza, Antonio de"
            precision="3">Antonio de Mendoza</persName>, que aunque los crio el cielo tan
          aventajados, ellos se han querido hacer menos conocidos<note place="bottom"> El curioso
            elenco de «estrellas que felizmente han influido la poesía española» comprende
            diecinueve autores de los siglos XVI y XVII, algunos de ellos hoy no muy conocidos como
            Anastasio Pantaleón de Ribera o Jerónimo de Villaizán. A renglón seguido Francisco del
            Villar apunta cómo al lado de esos ‘astros menores’ se sitúan las luminarias mayores: el
            terno de maestros que se erigieron en el vate más admirado de sus respectivos tiempos:
            Juan de Mena en el siglo XV, Garcilaso en el Quinientos, Góngora en el siglo XVII.
            Parece bastante significativo que en el listado de escritores que componen estos <hi
              rend="i" xml:lang="es">happy few</hi> seleccionados por Villar no se encuentren ni
            Lope de Vega, ni Francisco de Quevedo, ni Juan de Jáuregui.</note>. Y aunque <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p67.png"
            n="67"/> los unos y los otros son estrellas que felizmente han influido la poesía
          española, su noble naturaleza gusta ceder su derecho y abatir su estandarte cuando pudiera
          cada cual hacer campo y desafío de luces a los luminares mayores<note place="bottom">
            Recuérdese el pasaje de las epístolas de Justo Lipsio donde aparecía la significativa
            imagen del <hi rend="i" xml:lang="es">astro</hi> de mayor tamaño que brilla entre las
              <hi rend="i" xml:lang="es">estrellas</hi>: «<hi rend="i" xml:lang="es">non ego astrum
              sum, nec quidem inter stellas</hi>». Véase la nota <ref target="ref5" xml:id="ref6"
              >supra</ref>.</note>.</p>
        <p>Ilustres esfuerzos dio a la poesía y lengua española el famoso cordobés <persName
            type="authority" key="Mena, Juan de" precision="3">Juan de Mena</persName>, cifrando en
          sus versos grave imitación de poetas latinos, agradable ficción de objetos, briosa
          facilidad de genio, con erudición continua y noticia de buenas letras. Más cortés debió de
          ser la presunción de aquel siglo, pues afectando este poeta la obscuridad por tantos
          caminos, tomándose ordinariamente <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p68.png"
            n="68"/> peligrosas licencias y tropezando a cada paso en cuantos vicios de la oración
          notan los retóricos, no le huyeron los laureles de Apolo, ni le faltó el valimiento del
          príncipe, ni dejaron de lisonjearle los aplausos de la fama. Obtuvo el principado de la
          poesía castellana sin que le despojara de tan justa posesión la calumnia, ni aun la
          emulación le perturbara. Pero llegó el excelente poeta <persName type="authority"
            key="Garcilaso" precision="3">Garcilaso de la Vega</persName> con mejor cultura de
          estilo, más suave mensura de versos y más pulido adorno de frases, con que siendo ambos
          luceros hermosos, los anocheció el uno cuando amaneció el otro. Diose a conocer tan
          superior ingenio, hízose lugar, aun tomó el preeminente, entre cuantos <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p69.png"
            n="69"/> españoles pretendieron asiento en el Parnaso y sus merecidas honras, cuando no
          hubieran tenido otro triunfo que la protección y finezas de nuestro invencible emperador
          Carlos Quinto, ejecutadas en vida y en muerte, varón benemérito<note place="bottom">
            Hipérbaton: ‘la protección y finezas, ejecutadas en vida y en muerte, de nuestro
            invencible emperador Carlos Quinto, varón benemérito’.</note>. Ellas mismas<note
            place="bottom"> Podría considerarse que el sintagma «merecidas honras» es el antecedente
            de «ellas mismas».</note>, aun viviendo muy oprimidas y reclusas, certificaron su
          prelación por general aclamación en el teatro de aquellos tiempos. Encargose la eternidad
          de sus escritos, celebrándolos todos los bien entendidos y aun la misma Envidia parece que
          no ha tenido cara para perderles el respeto. Ilústranlos con célebres notas el Maestro
            <persName type="authority" key="Sánchez de las Brozas, Francisco" precision="3"
            >Francisco Sánchez el Brocense</persName>, <persName type="authority"
            key="Herrera, Fernando de" precision="3">Hernando de Herrera </persName>y últimamente
            <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p70.png"
            n="70"/> don <persName type="authority" key="Tamayo de Vargas, Tomás" precision="3"
            >Tomás Tamayo de Vargas</persName>, cuya bizarra erudición dando leyes a los
          comentadores le ha tejido el laurel más victorioso<note place="bottom"> Alude aquí a los
            volúmenes de las <hi rend="i" xml:lang="es">Obras del excelente poeta Garcilaso de la
              Vega con anotaciones y enmiendas del licenciado Francisco Sánchez de las Brozas</hi>
            (Salamanca: Pedro Lasso, 1574), <hi rend="i" xml:lang="es">Obras de Garcilaso de la Vega
              con anotaciones de Fernando de Herrera</hi> (Sevilla: Alonso de la Barrera, 1580) y
              <hi rend="i" xml:lang="es">Garcilaso de la Vega, natural de Toledo, príncipe de los
              poetas castellanos, de don Tomás Tamayo de Vargas</hi> (Madrid: Luis Sánchez, 1622).
          </note>. Pero ni la Naturaleza apuró allí el caudal, ni le faltan prodigios que obrar
          hasta el fin del mundo. Tenga cada uno firme su balanza o porfíen cuanto quisieren o la
          Cortesía o la Justicia, pues cuando nos conformemos en que estos tres ingenios en lo
          natural corrieron iguales parejas y felicidades, comparada la lección de don <persName
            type="polemist" key="Góngora, Luis de">Luis de Góngora</persName> con los dos, o bien
          por el agrado y fuerza del uso, o bien por las mejoras de nuestro siglo. Hallaremos que es
          de más gusto, porque se hermosea <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p71.png"
            n="71"/> más con lo jovial y festivo; más varia, porque se acomoda a todo género de
          poesía, y de más provecho, porque nos sirve de llave maestra para abrir cuantos secretos
          nos había recatado la retórica<note place="bottom"> Esta manera de entender la poesía
            gongorina como «llave maestra para abrir cuantos secretos nos había recatado la
            retórica» puede ponerse en paralelo con la importancia que llegó a asumir Góngora en el
            texto de la <hi rend="i">Agudeza y Arte de Ingenio</hi>. Como es bien sabido, Baltasar
            Gracián recurrió a los poemas del cordobés asiduamente para ejemplificar muchas especies
            diversas de lo agudo. Sobre el giro «llave maestra», véase la nota <ref target="ref1"
              xml:id="ref2">supra</ref>.</note>.</p>
        <p>Con atención hoy en el año de 635<note place="bottom"> Esta marca temporal precisa sirve
            para datar el curioso texto apologético del erudito iliturgitano.</note> las voces que a
          fuerza de bien ponderados conceptos y no vistos aplausos dieron el principado de la poesía
          española y laurel de Apolo (sin guardar a nadie la casa<note place="bottom"> El giro
            lexicalizado <hi rend="i" xml:lang="es">guardar la casa</hi> aparece recogido en 1611 en
            el <hi rend="i" xml:lang="es">Tesoro</hi> de Covarrubias, con el sentido de «no salir de
            ella». </note>) al genio más abundante de nuestro siglo, a la dulzura más fácil y
          conceptuosa que vieron los pasados: <persName type="authority" key="Vega, Lope de"
            precision="3">Lope de Vega Carpio</persName>, abono no solamente de su fama<note
            place="bottom">
            <hi rend="i">Abonar</hi>: «acreditar o calificar de bueno», «hacer bueno o útil algo,
            mejorarlo de estado» (RAE).</note>, sino de cuantas cosas le prohijaron el nombre<note
            place="bottom"> Como generosamente me hace notar Pedro Conde Parrado, la parte final de
            esta frase «da la impresión de que alude a la célebre expresión <hi rend="i">ser de
              Lope</hi>, que, según bastantes testimonios de la época (incluido el del propio
            dramaturgo), solía emplearse para significar que algo (desde una obra literaria hasta
            una hortaliza del mercado) era excelente en su género».</note>. <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p72.png"
            n="72"/> Pero nadie ignora que los créditos de los poetas tienen menos jurisdicción en
          la verdad que en el deleite. Luciósele en tan celebradas honras la protección del más
          glorioso mecenas, el excelentísimo duque de Sessa, y la piedad del más cortés y agradecido
          discípulo, el doctor <persName type="authority" key="Pérez de Montalbán, Juan"
            precision="3">Juan Pérez de Montalbán</persName>, que cuando más lastimosamente nos da a
          sentir aquella muerte, nos consuela con mostrarse substituto de su espíritu. La barra
            tiraron<note place="bottom">
            <hi rend="i" xml:lang="es">Tirar alguien la barra</hi>: «vender las cosas al mayor
            precio posible» (RAE). Parece cuadrar también aquí el sentido que en 1611 atribuyera a
            este giro el lexicógrafo Sebastián de Covarrubias: «<hi rend="i" xml:lang="es">tirar la
              barra</hi>: haber hecho un hombre todo cuanto ha podido» (Covarrubias 1998:
            963a).</note> los hipérboles hasta donde no creyeron llegar las agudezas, pero ya que en
          aquel libro<note place="bottom"> Contamos hoy con la edición crítica y anotada, al cuidado
            de Enrico di Pastena (2001). Puede verse asimismo el reciente estudio de Blanco (2014).
            </note><note place="margin"> fama postuma de Lope.</note> viven imperiosamente
          embargadas todas las alabanzas y ocupados los encarecimientos y ya que la diligencia <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p73.png"
            n="73"/> ejecutó créditos tan cortesanos, valgámonos aquí de las demostraciones, pues
          nos las dejan libres. Y vuelvan por mi empeño las experiencias, pues quien a luz
          desengañada mirare las cosas, hallará que entre cuantos poetas galantearon las Musas
          (concediendo a <persName type="polemist" key="Vega, Lope de">Lope de Vega</persName> y sus
          imitadores la primacía en lo cómico<note place="bottom"> En su afán por exaltar la
            primacía de Góngora como el mayor vate de su tiempo, Francisco del Villar se aviene a
            conceder a Lope de Vega y sus discípulos el primado en el campo teatral sin muchas
            objeciones, pero en las demás especies de la poesía se lo otorga al escritor
            cordobés.</note>) y les<note rend="I" type="app"> Quizá debiera corregirse como
            «le».</note> rondaron la puerta a la retórica, sólo <persName type="polemist"
            key="Góngora, Luis de">don Luis</persName> fue el admitido por dueño y quien a fuerza de
          estudio rompió la cárcel a la erudición castellana; verdad que conocerá cualesquiera
          mediana advertencia, tan sin fatigarse en los sudores que a cada paso tropezará en los
          desengaños.</p>
        <p>
          <pb
            facs="http://gongoradigital.github.io/img/1636_compendio-poetico/1636_compendio-poetico_p74.png"
            n="74"/>
          <hi rend="i">Fe de erratas</hi>
        </p>
        <p>pág. 16<space rend="tab"> </space>línea 10 de juicio; lee de este juicio</p>
        <p>pág. 20<space rend="tab"> </space>línea 8 heroica, lee heroico</p>
        <p>pág. 22 línea 1 Pisierga, lee Pisuerga</p>
        <p>pág. 32 línea 3 dudar, lee duda</p>
        <p>pág. 40 línea 9 liner, lee lince</p>
        <p>pág. 22 línea 8 soy, lee so<note place="bottom">La grafía de la última línea parece
            deberse a una tercera mano, que trató de completar la «Fe de erratas» intentando acercar
            su grafía a la del copista.</note></p>
      </div>
    </body>
  </text>
</TEI>
